Fuente: Sevilla FC

Las comparaciones pueden llegar a ser odiosas, pero cuando se hacen de forma consciente llegan a la mezquindad. Ayer mismo, un entrenador de fútbol no tuvo mejor ocurrencia que comparar una chanza de unos jugadores con las violaciones que sufren las mujeres. Julen Lopetegui, más conocido por Llorotegui por su capacidad de quejarse de todo menos del champú, asemejó lo que puede ser tildado de gamberrada a violar a una mujer. Todo porque un jugador del Betis se tiraba una botella a la cabeza y se hacía el desmayado. Comparar esto con las justificaciones que utilizan los violadores es impresentable.

Los hechos, para aquellas personas que no sepan de qué se habla, son los siguientes. Tras marcar el Betis el gol del empate mediante gol olímpico (directamente desde el córner), un palo de PVC hueco impacta en la cabeza del jugador Jordán, quien cae al suelo. Tras refrescarle y ver que no había más daños, el jugador se incorpora y se vuelve hacia la grada bética haciendo el gesto de darse tortas en la cara. “Mucha cara” es lo que venía a decir. El árbitro tomó el palo, de unos 15 gramos de peso, y se lo entregó al delegado de campo, solicitando que pidiese por megafonía que no se lanzasen más objetos.

La comedia

Mientras esto ocurría, Llorotegui reunía a todos sus jugadores para darles indicaciones técnicas y ánimos para seguir jugando. De repente, el jugador Jordán, tras cinco minutos en perfecto estado, parece sufrir un desmayo y es cuando el entrenador sevillista conmina al colegiado a que suspenda el partido e, incluso, dentro ya del vestuario pidan los jerarcas sevillistas que se les dé por ganado el partido sin jugar más. Cabe recordar que les quedaba poco más de cincuenta minutos que jugar, El encuentro se suspende, se reanuda el domingo –el Sevilla no quería y pedía jugar otro día sin haber espacio- y el equipo más antiguo del mundo –tanto que ya Julio César iba con una camiseta del equipo al cruzar el Rubicón- queda eliminado de la Copa del rey.

Lo que no esperaban en el Sevilla es que jugadores del Betis escuchasen a Llorotegui decir al jugador Jordán que se tirase al suelo y se hiciese el desmayado. Tras el impacto de un palo de unos 15 gramos y no con la punta, hace más daño un bocadillo de mortadela, tras quejarse y enfrentarse a la grada, cinco minutos después el jugador se desploma como Tyson le hubiese noqueado. Esto es lo que molesta al entrenador sevillista, que los jugadores del Betis digan que ha dicho y de ahí pasa a compararlo con las violaciones a mujeres por llevar la falda corta.

Cancherismo

El cancherismo es parte del fútbol. Si quieren pueden llamarlo el otro fútbol. Desde los famosos alfileres de Bilardo, a las drogas en bebidas, tirar arena a los ojos de los porteros y todo tipo de desmayos teatrales para sacar ventaja son tretas que utilizan todas las personas. Lanzar un palo o lo que sea a un campo de fútbol es deleznable y al Betis que le cierren el campo tres partidos –aunque vayan ustedes a saber si el tipo estaba celebrando el gol y se le soltó el palo de la bandera, cayendo en la cabeza del jugador-. El cancherismo de Lopetegui y Jordán es parte del fútbol, pero si te pillan, aguantas y te tragas la derrota.

Siendo un equipo protegido por el estamento arbitral, casi más que al Real Madrid y al Barça este año, quejarse de que jugadores del Betis hagan bromas con esas tretas y compararlo con violaciones es infumable. De hecho el presidente del Sevilla, por muy antiguo que sea su equipo, debería cesar al entrenador. No por el cancherismo, sino por impresentable. Intentar comparar una lacra social con una mierda de partido de fútbol, en el que todo el mundo ha visto el teatro, y teniendo a los Biris (ultras del Sevilla) bien protegidos cuando son navajeros y macarras, es para bajarles a segunda (por aquella vez que no lo hicieron por impagos).

Te han pillado con el carrito del helado

Condenable el lanzamiento de objetos –difícil controlar a 55.000 personas-, pero tampoco es que un palo de PVC hueco y con unos 15 gramos de peso, que impacta no con la punta, sea para la tragicomedia que se ha montado. Han intentado ganar con el otro fútbol y no ha colado. Mala suerte. Como siempre que le van mal dadas, Lopetegui ha salido a llorar equivocándose, y mucho, en la comparación. Tiene poco encaje este tipo que, cabe recordar, traicionó a España en el último mundial. Y lo peor es que se ha enzarzado de forma violenta con Manuel Pellegrini, entrenador del Betis, que es un tipo prudente en las formas y los modos.

Claro que de quien compara una gamberrada y una broma canchera con una violación es que no entiende la sociedad en la que vive. Otro ofendidito haciéndose la víctima para buscar que en futuros arbitrajes le favorezcan más, que le pongan árbitros amables o que se huele que no le da más para pelear la liga y se huele que los que vienen por detrás le pueden dar caza. ¡A saber! Pero toda su argumentación sobre el perjuicio que puede haber sufrido queda fuera de lugar al comparar las risas por el supuesto teatro con las violaciones. Impresentable, se mire como se mire.

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