viernes, 24 abril, 2026

Libro de la semana: Diccionario de Adioses de Albiac

Ha venido una de las semanas flojas en el mundo editorial. Alguna que otra novela, de esas de autor bestseller a fuerza de publicidad, y poco más. También es cierto que no todas las editoriales han enviado sus notas de prensa y habiendo tantísimas tampoco es cuestión de gastar todas las horas del día en busca de una publicidad que se les va a hacer de forma gratuita. Por ello la recomendación semanal de esta semana es una reedición de un libro del filósofo Gabriel Albiac. Ha cabido una duda sobre si hacer este destacado al libro de Juan Manuel de Prada, Cartas del sobrino a su diablo (H. Ludens) pero como es una mera recopilación de las columnas pandémicas del autor en ABC, pues tampoco tiene más mérito el destacarlo.

Albiac, sin embargo, es de esos grandes intelectuales que han quedado ocultos por la sociedad del espectáculo, por la postmodernidad de lo instantáneo, por los innovacionistas que descartan todo raciocinio en favor del mero acto deseante. Sin embargo, es de las pocas cabezas lúcidas que nos quedan vivas. Este “quedar vivo” es algo que parece obsesionar al propio autor en sus columnas periodísticas, algunas de las cuales son de una tristeza y melancolía epatantes. No por ello hay que dejar de destacar en Albiac su compromiso con lo que siempre se ha considerado la figura del intelectual. Cuando era un althusseriano (sigue siéndolo aunque lo oculta) u hoy cuando deambula por los caminos de la modernidad ajada, Albiac ha dejado algunas de las reflexiones más agudas sobre la actualidad española y sobre el espíritu de época. Hoy le sitúan en la derecha, aunque es verdad que más bien mantiene una posición un tanto ácrata y de compromiso con la verdad (como cualquier otro pensador), lo cual es molesto a cualquier tipo de poder y de poderoso. Una trayectoria paralela a la que ha llevado uno de los que tomó parte de aquello que se llamó los nuevos filósofos en Francia, como Alain Finkielkraut, con pensamiento en ocasiones paralelos pero de una brillantez que sigue llamando a la reflexión.

Diccionario de adioses de Gabriel Albiac, Confluencias, 24 €

Cada una de las entradas de este personalísimo glosario es un breve ensayo; se refiere a los problemas centrales del mundo de hoy, particularmente a la situación de la sociedad, del individuo, de la filosofía, del arte y la literatura en el marco temporal que va de mayo del 68 a la caída del muro de Berlín y al periodo subsiguiente a la caída, es decir, a las raíces de la contemporaneidad y al ahora mismo.

El texto posee las virtudes propias del estilo de Gabriel Albiac: a un tiempo conciso y de elocuencia fulgurante, desengañado y entusiasta, lleno a la vez de coraje y desolación. No menos que un repertorio filosófico o una recapitulación ideológica, el presente libro es en la mejor tradición de los grandes pensadores, una brillantísima obra literaria.

Libros, libros, libros II

Presentamos las novedades literarias de la semana tal y como las ofrecen las editoriales. Una semana floja en lo que respecta a destacar alguna obra por su calidad, originalidad o impacto social. Lo que se expone en este artículo es lo mejor que, de forma subjetiva como siempre, se rescata de las novedades que algunas editoriales han enviado a los medios de comunicación. Lo mejor en una semana mejorable.

NOVELA

Los herederos de la mina de Jocelyne Saucier, Traducción de Luisa Lucuix Venegas, Minúscula, 18,50 €

Hay en este libro indicios de un estilo literario que parece poner en cuestión sus propios mecanismos, por eso resulta tan llamativa su estructura: conversacional y coral a un tiempo, una forma deliberada que se ajusta al propósito de lo narrado, sin esquivar ciertos efectos que oscilan entre lo crudo y lo paródico. Una escritora de un talento peculiar que en este, su segundo libro traducido al castellano, podríamos decir que nos enseña de dónde viene.

«En esta novela polifónica, Jocelyne Saucier vuelve a ofrecer espléndidas escenas donde los elementos y la naturaleza son los protagonistas. Mientras visitan las entrañas de la tierra, los lectores se encuentran con descripciones fascinantes». Le Monde des livres. «Una misteriosa explosión está en el corazón de la intriga de este libro, que discurre como un solo aliento. Los niños Cardinal cuentan por turnos su infancia anárquica, que tuvo lugar en medio del caos familiar. Jocelyne Saucier los hace hablar con una especie de urgencia que conducirá al desenlace, que se intuye trágico. Implacable.» Le Figaro Littéraire

Opus 77 de Alexis Ragougneau, AdN, 18 €

La familia Claessens lleva la música en la sangre. El padre es un director de orquesta que lo ha sacrificado todo para impulsar su carrera hasta lo más alto de la jerarquía musical y conseguir, al fin, la codiciada batuta. Ariane, la hija y narradora de la historia, es una pianista de gran talento, conocida a nivel mundial por la inteligente perfección y la sutileza de sus interpretaciones.

Pero hay otro miembro de la familia Claessens que está en boca de todos los melómanos y los músicos profesionales: David, el hijo, que abandona la música y rompe definitiva e irreversiblemente con su padre. ¿Qué motivó que, en una fracción de segundo, echara por tierra su inmenso talento y todos los años de dedicación? ¿Qué la impulsó a ella a adoptar ese papel de solista que se aísla mediante el respeto y la intriga que inspira su fría y enigmática belleza?

El asesinato de Platón de Marcos Chicot, Planeta, 22,90 €

Con esta nueva obra, Marcos Chicot demuestra otra vez su enorme destreza para transportar a los lectores hasta la Grecia clásica y ser testigos de todo lo que vivieron unos personajes sacados de una convulsa realidad histórica.

Altea, hija de Perseo y una de las más brillantes discípulas de Platón, no sabe que su vida y la del bebé que espera están en peligro, ni que tiene al enemigo en su propia casa. Por su parte, su amigo y maestro Platón arriesga la vida para intentar hacer realidad su gran proyecto: unir la política y la filosofía, con el fin de que gobiernen la razón, la justicia y la sabiduría, en lugar de la retórica vacía de los demagogos, la corrupción y la ignorancia. Como telón de fondo, el surgimiento de una nueva potencia y un general con aura de invencible ponen en juego la supervivencia de Esparta y de la propia Atenas.

NOVELA NEGRA

Villanos victorianos. Una antología de Michael Sims (ed.), Traducción de Raquel García Rojas, Siruela, 22,95 €

«Los ladrones respetan la propiedad. Simplemente desean que esa propiedad pase a ser suya para poder respetarla más». G. K. Chesterton

Un viaje en el tiempo a una época en la que los maleantes se armaban con ingenio más que con pistolas y el culmen de la tecnología en la lucha contra el crimen era la lupa de Sherlock Holmes. Editada por el galardonado autor y editor Michael Sims, Villanos victorianos es una colección que nos presenta, reunidos por primera vez en un solo volumen, los mejores relatos de criminales de la era del alumbrado de gas. Casi todos los ladrones legendarios aparecen en  estas páginas —desde el coronel Clay a Fortuna-Rápida  Wallingford—, robando en Londres y en París, estafando en Nueva York y en Ostende, riéndose de camino al banco. Además, se incluyen relatos de distinguidos autores que no suelen asociarse al género policiaco y de misterio, como Sinclair Lewis, Arnold Bennett y William Hope Hodgson.

Un tío con una bolsa en la cabeza de Alexis Ravelo, Siruela, 19,95 €

Un tío con una bolsa en la cabeza trata sobre un tío con una bolsa en la cabeza.Y ese tío es Gabriel Sánchez Santana —Gabrielo para los amigos—, alcalde corrupto del no menos corrupto municipio de San Expósito, a quien dos desconocidos han dejado maniatado con la cabeza metida en una bolsa de basura tras atracarlo en su propia casa. Sin posibilidad de liberarse o pedir auxilio, condenado, salvo azar o milagro, a la muerte por asfixia, Gabrielo dedicará sus últimos momentos a intentar averiguar quiénes son los asaltantes y si estos actuaban por su cuenta o seguían las órdenes de un tercero. De este modo, en el repaso a una vida de egoísmos, ambiciones y deslealtades, se convertirá en el peculiar investigador de su propio asesinato aún antes de su consumación. Este texto claustrofóbico y violento es, además de una poderosa y singular novela negra —cuyos códigos maneja y deconstruye—, una lúcida memoria de la vida política y económica española en las últimas décadas, un relato de oportunidades perdidas y relaciones truncadas que funciona también como una incisiva indagación ética sobre la justicia, la lealtad y el perdón.

Fuego nocturno de Michael Connelly, AdN, 18 €

Cuando era un detective de Homicidios novato, Harry Bosch tuvo un mentor que le enseñó a tomarse el trabajo de forma personal y prender la llama de la tenacidad para no dejar ni un caso sin resolver: John Jack Thompson. Este ha muerto, pero, tras su funeral, su viuda le entrega a Bosch el informe de un asesinato que Thompson se llevó consigo cuando dejó la Policía de Los Ángeles 20 años atrás: el caso abierto del asesinato de un joven con problemas en un callejón usado para trapicheos de drogas. Bosch le muestra el informe a Renée Ballard y le pide ayuda para averiguar por qué el caso disparó el interés de Thompson hace tantos años. Ese será su punto de partida.  Bosch y Ballard se convierten en un equipo de investigación formidable y su vínculo se estrecha. Y pronto les surge una duda preocupante: ¿robó Thompson el informe para trabajar en el caso en su jubilación o para asegurarse de que nunca se resolviera?

H. P. Lovecraft anotado. Más allá de Arkham de H. P. Lovecraft, edición de Leslie S. Klinger, Akal, 50 €

Tras la publicación en 2017 de H. P. Lovecraft anotado, L. S. Klinger vuelve a reunir en un nuevo volumen veinticinco relatos más, así como una serie de revisiones y colaboraciones de Lovecraft con otros autores nunca antes publicadas. Entre ellas destacan «Las ratas en las paredes», una historia posterior a la Primera Guerra Mundial sobre los terrores del pasado, así como «El Horror de Red Hook», adaptado recientemente por Victor LaValle, introductor de la obra.

El exitoso editor L. S. Klinger revive a Lovecraft aclarando muchos puntos oscuros de la biografía y la literatura del autor (su método de escritura, sus vívidos sueños y los primeros borradores de las historias concebidas en su juventud), todo ello a partir de una laboriosa recopilación de datos históricos. Todos los relatos dan cuenta de la creatividad y la escritura innovadora del genio literario, a la vez que permiten vislumbrar el lado más personal de Lovecraft. Con cientos de anotaciones e imágenes, H. P. Lovecraft anotado. Más allá de Arkham ofrece una imagen completa de los logros literarios de Lovecraft, lo que permite asegurar que ningún amante de su literatura querrá quedarse sin esta edición.

NOVELA HISTÓRICA

El rey campesino de Andrea Camilleri, Destino.

Una de sus obras favoritas, escrita íntegramente en siciliano como homenaje a la lengua y sus diferentes variedades dialectales

Durante seis días, un humilde campesino fue rey de un pequeño pueblo siciliano.

Ésta es la fascinante historia de Michele Zosimo, un joven campesino siciliano quien, a principios del siglo xviii, se convirtió en el efímero rey de Girgenti, la actual ciudad de Agrigento, tras desarmar al ejército piamontés destacado en la zona. Un retrato, a veces hilarante, a veces dramático, de carácter excepcional: desde las increíbles circunstancias que dieron lugar a su nacimiento hasta su compromiso por defender a las personas contra el abuso de poder.

Andrea Camilleri, el desaparecido maestro de la novela negra contemporánea, nos regala una fascinante novela que retrata la sociedad siciliana bajo el dominio español, dividida entre un mundo campesino que vive al borde de la pobreza extrema y una minoría de aristócratas tan sólo preocupados por defender sus privilegios. Una mezcla de vigoroso anticlericalismo y humor descarado servido de una lengua explosiva, donde hay un lugar de honor también para la ternura y, en definitiva, para la literatura en mayúsculas.

RELATOS

Avería en los confines de la galaxia de Etgar Keret, Traducción de Ana María Bejarano, Siruela, 19,95 €

«En los relatos de Keret hay ternura, sabiduría, elocuencia y trascendencia porque él mismo tiene estas virtudes en abundancia… Me alegro mucho de que él y su obra estén en este mundo, haciendo que las cosas sean mejores». George Saunders

Hay pocos escritores como el israelí Etgar Keret. Sus relatos se desenvuelven entre lo fantástico, lo mordaz y lo hilarante. Sus personajes se enfrentan a la paternidad y a la familia, a la guerra y al juego, a la marihuana y a los pasteles, a la memoria y al amor. Estas historias nunca acaban como se espera, sino que siempre sorprenden, entretienen y conmueven. Avería en los confines de la galaxia, el nuevo volumen de relatos de Keret, tiene como hilo conductor la incapacidad de comunicarnos, de comprender el mundo que nos rodea y, sobre todo, de entendernos los unos a los otros. Pero de algún modo, a lo largo de sus páginas, a través del profundo amor del autor por la humanidad y nuestra desventurada existencia, hay una luz que brilla y mantiene viva la chispa de una conexión universal.

ENSAYO

Iura paria. Los fundamentos de la democracia constitucional de Luigi Ferrajoli, Traducción de Andrea Greppi, Trotta, 25 €

Luigi Ferrajoli es sin duda el teórico del derecho que, después de Hans Kelsen y de Norberto Bobbio, mayores energías intelectuales ha dedicado a la reflexión filosófica sobre la democracia. El objeto de esa reflexión, contenida en su intensa producción científica y sistematizada en Principia iuris, es la peculiar forma de democracia establecida en los principales países de la Europa continental de la segunda posguerra.

Pero, a diferencia de la obra de Kelsen y de Bobbio, en la de Ferrajoli la teoría de la democracia se encuentra estrechamente conectada con la teoría del derecho, de la que toma el léxico y las categorías. Es una teoría jurídica de la democracia, centrada en destacar el carácter diferencial de los actuales ordenamientos constitucionales: el posicionamiento en el vértice del sistema normativo de constituciones rígidas, garantizadas por medio de órganos jurisdiccionales encargados de sancionar sus violaciones. El problema de la validez de las normas jurídicas adquiere así una relevancia central en la construcción teórica del paradigma normativo de la democracia constitucional. Los textos reunidos en este volumen se organizan en los tres ejes principales de «Constitucionalismo y democracia», «Derechos y bienes fundamentales» y «Libertad e igualdad». Concluyen, así pues, con la valoración de los Iura paria (según la expresión ciceroniana), de esos «derechos iguales» que son los derechos fundamentales que todos tienen en común y que determinan la pertenencia a una misma comunidad política.

El crash de la Covid-19. Análisis de una crisis diferente a todas las demás de Juan Torres López, Pirámide, 24 €

El autor desarrolla a lo largo de la obra una crónica de una crisis diferente a todas las demás y que costará olvidar. A través de la lectura del libro podemos ir analizando lo que ha ido aconteciendo en nuestro país y en Europa y cómo las instituciones han dado respuesta, o no, a una situación sin precedentes. El autor trata de plasmar los hechos más relevantes durante la pandemia para que podamos entender sus efectos, sus remedios y lo que puede venir.

1980. El terrorismo contra la Transición de Gaizka Fernández Soldevilla y María Jiménez Ramos (eds.), Tecnos, 23,50 €

Entre 1976 y 1982 España dejó atrás su pasado dictatorial para transformarse en una democracia. La Transición no fue un proceso idílico, sino convulso y plagado de escollos. En 1980 el país se había sumido en una crisis generalizada que le llevó al borde del abismo.

La mayor amenaza a la estabilidad era el terrorismo. En 1980 hubo 395 atentados, que causaron 132 víctimas mortales y 100 heridos, y 20 secuestros. Fue, en definitiva, el año con mayor nivel de violencia desde la década de los sesenta hasta la masacre yihadista del 11 de marzo de 2004. Las bandas terroristas compartían métodos y rechazo frontal a la Transición, pero respondían a perfiles ideológicos muy distintos: el nacionalista radical, que soñaba con crear nuevos estados-nación; el de extrema izquierda, que buscaba instaurar una dictadura del proletariado; y el ultraderechista o parapolicial, que pretendía revertir la democratización resucitando el franquismo o decía combatir a ETA con sus propias armas. Las cifras desgranadas en la obra ponen en entredicho la visión idílica de un período en el que la violencia política, especialmente la que llevaba las siglas de ETA, se convirtió en cotidiana.

En esta obra un equipo multidisciplinar de especialistas analiza con detalle la violencia terrorista desatada en 1980: los atentados, los perpetradores, sus víctimas, la respuesta del Estado, la sociedad, el contexto internacional, la prensa, etc. Su investigación pone de manifiesto, que pese al embate del terrorismo y la amenaza del golpismo, la Transición resistió y, con ello, ahuyentó definitivamente el fantasma de una nueva guerra civil. Se trata de un libro indispensable para comprender mejor un periodo tan fascinante y complejo de nuestra historia reciente como el de la Transición. Como define la escritora Luisa Etxenike en el prólogo del libro «porque el conocimiento de ese año crucial es un material de construcción formidable para el presente y el futuro».

Marxismo negro. Pensamiento descolonizador del Caribe anglófono de Daniel Montañez Pico, Akal, 22 €.

Desde principios del siglo XX, organizaciones y movimientos antirracistas de población negra se acercaron a los postulados del marxismo. Su razonamiento era sencillo: si esta era la teoría de los pueblos explotados, seguro que sería un aporte interesante para la población negra, una de las más explotadas del mundo. Este binomio de marxismo y antirracismo produjo algunas de las más potentes reflexiones del pensamiento crítico a nivel mundial, anticipando elementos fundamentales de teorías contemporáneas en boga como las perspectivas del sistema-mundo, el colonialismo interno, las teorías de la dependencia o los enfoques poscoloniales y decoloniales. Sin embargo, debido a un intenso racismo intelectual y académico, estas contribuciones son aún muy desconocidas y no forman parte de la oferta curricular de casi ninguna universidad. La población negra fue fundamental para erigir el sistema capitalista a nivel mundial. Es hora de que dejen de ser meros objetos de estudio de interés etnográfico y empecemos a tomarles en serio como sujetos productores de un conocimiento social crítico de alto valor para la comprensión de nuestros tiempos.

NOVELA GRÁFICA/CÓMIC

La divina comedia de Oscar Wilde de Javier de Isusi, Astiberri Ediciones, 29 €

La novela gráfica La divina comedia de Oscar Wilde, de Javier de Isusi, es la ganadora del Premio Nacional del Cómic 2020 que otorga el Ministerio de Cultura y Deporte. El premio tiene una dotación de 20.000 euros. Javier de Isusi ha dedicado cinco años a trabajar en esta obra, que reconstruye los últimos momentos de la vida del autor irlandés en París, alcoholizado, enfermo e incapaz de escribir una línea.

El jurado ha elegido esta obra “por su guion perfectamente articulado con una introducción y coda final que evocan la representación del teatro de la vida, y una brillante caracterización de los personajes mediante el acertado recurso de entrevistas individuales”. Ha destacado además que “las ilustraciones, muy sugestivas y al servicio de la narración, son el resultado de un excelente dominio de la acuarela de tinta sepia, con sutiles transparencias y diferentes planos de profundidad marcados por el virtuosismo en el empleo tonal de una misma gama cromática”.

Oscar Wilde murió exiliado en París en noviembre de 1900 a la temprana edad de 46 años, tan sólo tres después de salir de prisión, en la ruina moral y económica, fuertemente alcoholizado, incapaz de escribir una línea. El escritor, dramaturgo y poeta irlandés entendía la vida como una obra de arte y según dijo en numerosas ocasiones era en su vida donde había puesto todo su genio, mientras que en su obra sólo su talento. Le gustaba mirarse en el espejo de La Divina comedia y comparar sus momentos vitales con los de la obra de Dante. Su vida es el drama perfecto de quien ha alcanzado todo lo que el mundo puede ofrecerle para luego perderlo de golpe.La divina comedia de Oscar Wilde, de Javier de Isusi, ateniéndose fielmente a lo que se sabe de la existencia del escritor, desborda esos límites para imaginar lo que podría haber pasado por dentro de su alma en esos tres últimos años. Rinde además un prolijo homenaje a toda su obra mediante citas y referencias textuales que transmiten buena parte de las ideas de Wilde, todo ello contado a través de sus encuentros con las personas que más le acompañaron durante ese periodo final.

POESÍA

He roto los abetos de Carlos Pena, Talón De Aquiles, 16 €

Carlos Penas en He roto los abetos ha escrito un poemario sorprendente, mágico, suavemente inquietante, delicioso por inesperado en su asunto, deseable por ser un maná nutricio y sanador, pero sobre todo modélico en su brillo literario y en la belleza de un lenguaje estrictamente personal. Nos trasporta a un universo desconcertante: las cuatro cavidades del estómago de los rumiantes y sus divisiones: el retículo, el rumen, el omaso y el laberíntico abomaso que, como en La Caverna de Platón o en los círculos de la Divina Comedia de Dante, son un lugar lleno de sombras y de fulgores; también de imágenes literarias que iluminan con el misterio de las luciérnagas, y otras frescas y descaradas como ganchos de izquierda pintados por Basquiat.

OTRAS LECTURAS

Consciencia. Guía breve sobre el misterio fundamental de la mente de Annaka Harris, Gaia Ediciones, 10 €

¿Qué es la consciencia? ¿Cómo se origina? ¿Y por qué existe? Nuestra existencia en el mundo es algo que damos por sentado. Sin embargo, el simple hecho de que la consciencia exista plantea profundos interrogantes. ¿Por qué en el universo determinados conjuntos de materia habrían de estar dotados de consciencia? ¿De dónde procede nuestra capacidad para reflexionar sobre esta cuestión? ¿Y por qué deberíamos hacerlo? En este libro asombrosamente accesible, Annaka Harris nos guía a través de las diferentes definiciones, filosofías y hallazgos científicos que ponen de manifiesto nuestra limitada comprensión de la consciencia.

¿Dónde reside y qué origina su aparición? ¿Podría tratarse de una ilusión, o es una propiedad universal de toda la materia? El mero hecho de indagar en este tema hace surgir cuestiones ineludibles, como de qué manera definimos la consciencia y, en la era de la inteligencia artificial, quién o qué está provisto de ella. Consciencia ofrece una interesante reflexión sobre el yo, el libre albedrío y la experiencia sentida, y presenta argumentos brillantes que desafían toda lógica y modifican nuestra visión de la consciencia, animándonos a desarrollar nuestras propias ideas al respecto… si es que eso es posible en realidad.

Nuestros mayores. Entre el sufrimiento y la esperanza de Victòria Cardona, Luciérnaga, 16,95 €

Victoria nos brinda la voz sincera de su experiencia durante la pandemia global de la Covid-19 que tanto sufrimiento ha provocado. El shock del coronavirus nos ha obligado a replantearnos nuestras prioridades y centrarnos en lo esencial. Ya nada será como antes. Aprenderemos a usar la flexibilidad adecuada a cada momento de la vida y a ser mejores. La autora, nos insta a que nuestros mayores se encuentren siempre queridos, acompañados y valorados. Tiene esperanza de que de tantos males pueda surgir algo muy bueno.

Y al final no pasa nada de Kathryn Nicolai, Diana.

Dormir debería ser fácil, pero a veces, en cuanto cierras los ojos, tu mente no puede evitar darle vueltas a todo una y otra vez… Así que, en vez de limitarnos a cerrar los ojos, ¿qué tal si intentamos algo distinto? Deja que te cuente una historia: es un cuento sencillo, donde al final no pasa nada, tu mente se prepara para descansar y logras conciliar un sueño reparador.

Autora del podcast de éxito mundial Nothing Much Happens, Kathryn Nicolai conjuga la magia de los cuentos de buenas noches con sus décadas de experiencia como profesora de meditación y yoga para crear un mundo cálido y acogedor que te invita a relajarte antes de dormir y a volver a conciliar el sueño si te despiertas en mitad de la noche. Un mundo donde disfrutarás de pequeños momentos de paz y alegría, como la sensación de ponerte ropa cómoda al llegar a casa, comer algo rico y sencillo, escribir una carta a un amigo, contemplar la lluvia desde la ventana de la cocina… Impregnadas de los conceptos del mindfulness, estas historias donde al final no pasa nada te proporcionarán el espacio mental que te ayudará a bajar revoluciones al final del día y a construir mejores hábitos de sueño para que descanses como un niño. «Nos contamos cuentos antes de irnos a la cama por una buena razón. Los cuentos nos ayudan a encontrarles sentido a las cosas; pueden señalarnos un camino útil y nos permiten distanciarnos del presente para adentrarnos en un lugar y un tiempo nuevos. Nos ofrecen nuevas perspectivas y nuevas maneras de imaginarnos nuestras vidas, y las vidas de otros. Y cuando se cuentan de cierta manera, nos pueden ayudar a calmarnos».

Reina del grito de Desirée de Fez, Blackie Books, 18,90 €.

«Un libro lúcido y valiente sobre cómo el cine de terror ayuda a pensar el duelo, la soledad, la violencia sexual, la locura y ese pavor que te sigue, de noche, en una calle oscura.» Mariana Enríquez.

Tengo miedo a caminar sola de noche por la calle. Miedo a no ser aceptada. Miedo a obsesionarme con el amor romántico. Miedo a desactivar los roles tradicionales en mis relaciones sentimentales y familiares. Miedo a desear. Miedo a mi propio cuerpo y al ajeno. Miedo a engordar y envejecer. Miedo a fracasar como madre, y a la presión social por la maternidad. Miedo a la pérdida. Miedo, en general, a no estar a la altura. Tengo mucho miedo. Todo el rato. Pero el cine de terror me ha ayudado desde que era niña: a la vez que alimentaba mis temores y generaba muchos nuevos, me ha brindado un lugar en el que cobijarme, en el que aprender. Ahora que tengo más herramientas para combatirlo soy capaz de enfrentarme a él. De ganar al miedo.

Tras el espectáculo ¿se ponen a trabajar?

Desde la antigüedad los pensadores, los hombres de gobierno (hombres porque a las mujeres no se las permitía gobernar) y hasta los teólogos más iracundos siempre tuvieron claro que el primer principio de cualquier república –desde la más sencilla ciudad-Estado hasta el Imperio que ustedes prefieran- es lograr el bien común. Pueden decir, y no faltarán a la verdad, que el bien común es muy diverso según las épocas, los políticos y la ideología de que se trate. Cierto pero, siempre hay un pero, dentro de ese bien común diverso siempre hay una primera obligación a partir de la cual desarrollar los aspectos diversos: la seguridad. Sin seguridad, que incluye la salud de las personas, no hay Estado, no hay posibilidad alguna de buscar el fin más deseado de ese bien común, no hay personas a las que gobernar o con las que confraternizar socialmente.

A Baruch Spinoza, por ejemplo, le preocupaba la fortificación de las ciudades-Estado y tener buenos embajadores para la existencia de paz. De ahí se podría generar la riqueza de la nación. Sin esa seguridad no cabía esperar generar riqueza alguna. Y sin personas saludables, como entendía  Johann Friedrich Struensee en Dinamarca, no podía haber fortificaciones, economía sana y libertad. Hoy en día la dirigencia política no habla de seguridad (salvo la extrema derecha de forma racista, es decir, seguridad contra el Otro, sea quien sea), no habla del cuidado de las personas en sí, no se preocupan por los fundamentos primeros de la palabra más gastada de todas las utilizadas, la libertad. Se asiste a un espectáculo constante de insultos, de medias mentiras, de “y tú más”, de ocultamiento de datos o informes, un espectáculo infernal que sirve para distraer a los espectadores con fórmulas agonísticas, pero que esconde que lo primero, el primer principio para la dirigencia no es la seguridad sino la economía. Hablan y hablan de medidas fito-sanitarias pero las decisiones que se toman acaban siendo siempre en favor de lo económico.

La semana que llega a su final ha asistido al espectáculo del neofranquismo en el Congreso. Un espectáculo que han aprovechado el resto de grupos parlamentarios, salvo el PNV, para insistir en su propio papel dentro de la función. El que era estulto, ahora es elevado a los altares de la derecha por un discursito muy de partido. Pablo Casado ganó su derecho a ser actor principal en la opereta que se representa. Discursos vacíos, huecos, efectistas y con mucho lugar común para ganar la cuota de protagonismo. Mientras tanto centenares de personas muriendo y miles enfermando sin que se tomen medidas, todo lo ajustadas a derecho que deseen, efectivas en pos del bien común. Isabel Death Ayuso ajusta los horarios de cierre de las actividades lúdicas y alimenticias (las laborales ni tocarlas) para no tener que ayudar a esas empresas y darles margen de maniobra… O lo que es lo mismo para que restaurantes y tabernas de tapas cuadren resultados y los borjamaris tengan donde salir.

El presidente del Gobierno, tras su discurso vaticanista, sigue haciendo vida política normal en la Unión Europea con cosas de cultura, de ecología y demás preocupaciones no esenciales para el bien común. No pasa nada, ya tiene las redes del PSOE para extender los lugares comunes de lo políticas efectistas que se van a aplicar… sin dotación económica en presupuesto alguno. Por lo que es como declarar la socialización del Universo sabiendo que casi nadie va a poder salir de la Tierra. Hay que concederle que está en busca de los millones de la UE que salvarán su gobierno, más el aumento de impuestos más reaccionario (porque aumentan los impuestos que pagan por igual ricos y pobres) de los últimos tiempos, porque en realidad no tiene la valentía de decir que no hay dinero en la hucha de Hacienda. Que se lanzaron a salvar empresas sin pensar si había dinero o no. Un dirigente que sea valiente le diría al pueblo la situación que hay. Pero como el camarlengo monclovita es de estimular los sentimientos antes de buscar el bien común, se acaba por no reconocer la realidad y escaparse por los cerros de Úbeda. Al fin y al cabo el espectáculo de la política lo permite.

Los demás, a sus batallas estériles contra ficciones o personajes ocultos que en realidad no son más que sombras o fantasmas personales. Si se fijan bien, da igual el partido al que pertenezcan, casi ningún dirigente político ha tomado decisiones efectivas que salven a la población. Ni a la economía porque a la pequeña burguesía de autónomos y pequeños y medianos empresarios los están dejando tirados desde las instituciones que tienen la posibilidad de ayudarles. Millones para Florentino Pérez, los que quieran. Para Juan el taxista rural, ni uno. Da igual que sea Death Ayuso o Juan Manuel Moreno Bonilla o Javier Lambán, las decisiones sólo llegan cuando la realidad les ha atropellado. Y son decisiones que no atajan las actividades de las personas realmente, sino que sirven para fingir que se hace algo. ¿Tiene algún sentido perimetrar poblaciones si se puede ir a trabajar todos los días en un metro atiborrado? ¿Tiene sentido cerrar la universidad impulsando que esas personas acaben en los bares porque éstos no se han cerrado ya que no tienen intención de ayudarles? ¿Tiene sentido estar peleando entre distintas instituciones estatales cuando se engaña con los datos? ¿Tiene sentido poder ejercer la soberanía y no hacerlo?

Si los pensadores que han antecedido a las generaciones actuales viesen lo que está sucediendo se alarmarían y con razón. Para ser libres hay que tener seguridad/salud. Sin salud no hay economía y por tanto no hay riqueza y por tanto no hay Estado y por tanto no hay servicios públicos y por tanto se llega a la distopía o al totalitarismo. Decían los pensadores que la democracia tenía como antítesis la anarquía. Y efectivamente sin seguridad y salud el resto de supuestos vitales para el bien común desaparecen y llega lo anárquico. Y ¿cómo pensaron que se resolvía la anarquía? Sin la libertad de la mayoría. Cuando desde la derecha dicen que las medidas de restricción del movimiento de las personas coartan la libertad de las mismas están escondiendo en realidad que para ellas y ellos el único bien común es que la economía de la clase dominante siga funcionando. Les da igual vivir en la anarquía del más fuerte (que ya se sabe en esta época quienes son), saben que a las malas se puede recurrir al autoritarismo (donde seguirían ocupando lugares políticos, claro). La diferencia es que hoy en día no hace falta dar un golpe de Estado para lo dictatorial, con aumentar las dosis de espectáculo (la época dorada de los sofistas), con alimentar los egos de los fieles y con controlar los medios de comunicación está todo hecho. Por algo los sabios de la historia eran sabios, se las sabían todas.

Los innovacionistas

Ahora que los franquistas han dejado de hacer sus cosas de franquistas y que por ello no hay que darles ni cuartelillo; ahora que los medios de comunicación de la clase dominante (prácticamente todos) intentan vender que Pablo Casado ha avanzado hacia… la nada realmente porque no hay que dejarse engañar; ahora es un buen momento para hablar de un sujeto social, por ende político, que puebla el mundo, los innovacionistas. Por no hacer el artículo demasiado largo y denso, se hablará de este sujeto transversal en términos políticos o lo que es lo mismo, cómo se comportan en el mundo de la política los innovacionistas. Término que está inspirado por algunos apuntes del profesor Gregorio Luri, aunque él no lo haya utilizado de esa forma, pero al que “robaremos” algunas ideas al respecto.

¿Quiénes son los innovacionistas?  Son el resultado de la inflación ideológica de lo deseable. Son el deseo hecho carne, por así decirlo, y cuyo único principio es el progreso por el progreso. Un progreso que es pura innovación, pura tecnologización, pero una completa carencia de visión de futuro (a lo máximo que llegan es al relato del día siguiente), por tanto un progreso sin meta, sin fijeza y sin recuerdo. En otras palabras la distopía. Cuando ustedes oyen hablar a derecha e izquierda que fomentan el progreso, que son progresistas (“Yo soy más progresista que nadie” podría ser su lema), cuando apuestan todo a la última moda política, ahí, en ese preciso momento, están ante un innovacionista. Ustedes se preguntarán que todo en la vida no tiene por qué tener una teleología, una final espiritual, una meta clara y definida. Cierto, pero una cosa es no tener una meta definida, en términos humanos-políticos, y otra es no tener meta. Bueno, los innovacionistas sí tienen una meta, proseguir en el poder pase lo que pase.

Como dice Luri, los innovacionistas viven “en la fascinación de la continua inminencia de lo nuevo […] La forma emergente tiene para ellos más fascinación que la forma realizada”. Por ello es normal que se desprecie cualquier logro del pasado (“Felipe González es facha y no hizo nada por España”, por ejemplo) y se vanaglorie cualquier nimiedad del presente. En cualquier manifestación o rebeldía los innovacionistas acaban viendo al nuevo sujeto revolucionario -cuando se sabe que no va a revolucionar nada pero hay que darle un toque para tapar las contradicciones de la gauche caviar– o la llegada de una nueva era de libertad y bonanza económica –esto es muy de la derecha innovacionista-. Al final todo son sucesos históricos, todo es lo mejor que ha existido hasta el momento, enterrando no sólo el pasado (del que aprender) sino el propio presente con todas sus determinaciones y tendencias, dando prioridad, como no podía ser de otro modo, al movimiento antes que la práctica.

Los innovacionistas cambian los dispositivos políticos de día en día. Si ayer lo ideal era hacer campaña en Facebook, hoy lo es el twitter, al otro en tik-tok y el futuro… ¿qué importa el futuro? Pero al utilizar dispositivos que no sólo son tecnológicos sino que tienen un alto componente social (como han explicado Giorgio Agamben o Alain Finkelkraut), acaban cayendo en nuevas formas de dominación. Si antes, dentro de un partido, la participación en asambleas, en grupos de trabajo o lo que se organice permitían el contraste de opiniones, la crítica o la denuncia de la falsedad. Hoy todo eso ha desaparecido insertándose en un dispositivo (el móvil, la Tablet, el ordenador…) que acaba controlando al afiliado en vez de darle un canal de participación. Desparecido el debate, aparecen los vídeos de innovacionistas loando al jefe de turno, criticando al otro, sin importar que lo que se diga sea contrario a la ideología que se dice defender y sin posibilidad de debate. Y sin debate no se conoce al Otro, no hay posibilidad de llegar a algún tipo de verdad relativa. La innovación histórica acaba siendo el autoritarismo.

Los innovacionistas son panglosistas, es decir, viven en un continuo optimismo ante lo nuevo. Da igual qué, pero la nueva moda es lo mejor. Si aparece una niña que se salta el colegio pero apuesta por el capitalismo verde y hacerse rica, se le invita. ¿Mañana? Ni el tate se acuerda de Greta Thunberg o de cualquier otro títere del sistema. Si hay que apostar todo a la tecnología verde, a la robotización, se hace sin parar a pensar qué sucede con las personas reales. Se quitan aceras para poner carriles-bici porque es lo nuevo y todas las personas deberían ir en bici (en una España que la que no existen las cuestas debe ser). Si hay que inventar dinero se inventa para que los bancos o las empresas no se arruinen. ¿Las personas? No parecen existir, sólo hay perfiles de redes sociales. Fíjense que los innovacionistas han acabado por acaparar la administración pública. Desde el Estado se exige a la ciudadanía estar enganchado a un dispositivo tecnológico. No importa que se sea anciano o no se tenga dinero suficiente para renovar los equipos. Hoy si se quiere hacer cualquier papeleo, o se hace con firma electrónica o se pierde la oportunidad de acceder a becas, ayudas, etc. No sólo eso, existe la obligación de tener un teléfono a ser posible móvil para mandar comunicaciones. ¿Ven cómo se acaba dominando y controlando? Todo esto es obra de innovacionistas que no piensan en el ser humano como lo que es, humano. Hay que llenar todo de algoritmos, robots, máquinas y más máquinas para producir, de forma verde eso sí, productos que… ¿al final quien los va a consumir sin seres humanos?

Los innovacionistas, que como habrán comprobado son postmodernos, no entran jamás en contradicción. Lo que ayer se dijo es pasado, es la inanidad completa, sólo importa lo que se diga hoy. Y como lo de hoy mañana no tendrá valor, entran en una espiral de la completa autocontradicción que les permite erigirse todos los días en los campeones de lo bueno-nuevo. Como todo es movimiento no hay posibilidad de análisis y por ende de control de las cúpulas dirigentes, con lo que se llega al bonapartismo político tecnológico. Culto al líder, desaparición de la crítica, carencia de análisis, idealismo constante basado en datos y más datos completamente desagregados y sin ligazón y una constante repulsa hacia la realidad. Que no sólo es tozuda sino que no avanza al ritmo y los deseos de los innovacionistas. Pero no se preocupen, para ello tienen dos recursos: uno, recurrir a un lenguaje que no entienden ni ellos pero de carácter supuestamente científico; y dos, recurrir a eslóganes del pasado, incluso a palabras con raigambre (como lucha de clases, biopolítica…), para aparentar que existe algún nexo de unión con la historia –esa misma que no existe para los innovacionistas, salvo si sirve para utilizarla contra alguien-.

La política actual está plagada de innovacionistas. Los pueden ver a derecha e izquierda. Se conoce también a los innovacionistas porque a quienes piden análisis, debate, crítica, materialismo los califican de reaccionarios (a derecha e izquierda), anticuados, desubicados… Y todo porque no acaban de entender, como hacen los innovacionistas, que lo que hoy sucede es histórico, cuando con suerte será una nota al final de los libros de historia del futuro… si es que quedan libros e historiadores. De historicidad en historicidad acaban por ser un mecanismo ideológico perfecto para la clase dominante. La cual, por cierto, no se mueve, sigue ahí acumulando y acumulando sobre sociedades que están en el límite de ser completamente pobres pero enganchadas a la tecnología. Decía Louis Althusser que el marxismo no era un humanismo (ni un historicismo), pero lo de los innovacionistas va más allá, porque les importa todo lo humano sin humanismo y sin materialismo. Eso sí, todo lo tratan como un acontecimiento que cambiará la vida de las personas pero ¿han preguntado a las personas qué quieren o lo saben porque se lo han dicho desde los aparatos ideológicos de la clase dominante? Los innovacionistas son los intérpretes del espíritu de época, da igual si son individualistas, colectivistas o medio-pensionistas, ellos interpretan y castigan a todas aquellas personas que les dicen no. La distopía ya está aquí.

Mentiras de la derecha sobre la elección de la judicatura

Charles Louis de Secondat, señor de la Brède, barón de Montesquieu, está siendo recordado constantemente por la derecha política y mediática ante la intención del gobierno de rebajar el nivel de mayoría para la renovación de los cargos del CGPJ. Una afrenta, dicen, que lleva a España hacia una dictadura –les falta añadir comisarial- porque conculca los principios establecidos por el barón citado en su libro El espíritu de las leyes. Montesquieu, quien no era precisamente un demócrata (el pueblo quedaba excluido siempre de cualquier opción política), estableció con gran influencia que los tres poderes del Estado –porque creyó ver tan sólo tres poderes, algo discutible-, el legislativo, el ejecutivo y el judicial debían estar separados… Hasta aquí es donde leen los columnistas incultos u osados de la derecha porque evitan decir que esos tres poderes estaban relativamente separados pero se controlaban unos a otros. Curiosamente Montesquieu veía peor que existiese un poder ejecutivo emanado de un parlamento, a que los jueces fuesen nombrados por el rey, el parlamento o ambos poderes. Citan al francés sin haberlo leído, comprendido o taimadamente tergiversado.

Añaden los medios cavernarios, las huestes todólogas, los leguleyos de cuarto de página y, ¡cómo no!, Pablo Casado que desde Europa critican que el cambio que pretende hacer el Gobierno atenta contra la democracia y vulnera cierta ética. A más aparece una carta del GRECO (Grupo de Estados contra la Corrupción del Consejo de Europa) donde se señala que la iniciativa se “aparta de las normas del Consejo de Europa y puede violar las normas anticorrupción”. En realidad no es el GRECO sino su presidente, el croata Marin Mrčela, quien pide al gobierno que consulte con las instituciones europeas y, a ser posible, posponga la iniciativa legislativa. Auspiciado por la derecha se señala a España desde un órgano anticorrupción, no de alma legislativa, como conculcador del espíritu democrático europeo. Entonces ¿ha enviado el señor Mrčela una carta a cada responsable de la Unión Europea donde los distintos jueces son elegidos por el poder legislativo o ejecutivo sin mayorías cualificadas?

El propósito del Gobierno es un error, como lo es la propuesta del PP o todas aquellas que dicen que los jueces se elijan entre ellos. Como se ha explicado en estas páginas, y parece que ha copiado Íñigo Errejón días después, la selección por los grupos políticos no permite “proporcionalidad social”; la elección entre el personal jurídico conlleva discriminaciones territoriales (no nacionalistas), discriminaciones por rama jurídica, más las posibles deudas a pagar a los que apoyen a cada candidato; de ahí que el sorteo o la aleatoriedad sea  la mejor fórmula de independencia e igualdad entre pares. Pero que las propuestas sean erróneas no quiere decir que conculquen presupuestos democráticos si las comparamos con la elección que hacen en otros países de los altos cargos de la judicatura… a dedazo más salvaje que en España cabe avanzar.

En EEUU, esa que califican como patria de la democracia, la elección de los jueces depende del estado federal o de la propia federación. En algunos lugares se elige mediante elecciones donde participa la ciudadanía, aunque hay que señalar que sin el apoyo de alguno de los dos partidos es complicado acceder al cargo; en otros directamente son elegidos por el sacrosanto dedo del gobernador o alcalde. Ninguna independencia judicial. A nivel federal en EEUU, los jueces del Tribunal Supremo son elegidos, a propuesta del presidente, por el Senado mediante mayoría sencilla y el cargo es vitalicio. ¿No existe politización de la Justicia? En realidad depende de las personas que accedan al cargo, como sucede en cualquier lugar. Si quieren y tienen tiempo, para todos los fanáticos de las series, podrían ver la australiana Janet King y así comprobarán la politización de la judicatura en otras democracias. Mayor que en España.

En Europa, Francia tiene un Consejo donde las personas que lo componen son elegidas por los altos miembros de la judicatura, el Consejo de Estado, los colegios de abogados, el presidente de la república, el presidente de la Asamblea Nacional y el Senado. Esto para los jueces de las altas instituciones judiciales, el resto de jueces los elige el ministro de Justicia con el visto bueno de ese Consejo Superior de la Magistratura. Vamos que los políticos meten mano en la Justicia. En Alemania el Tribunal Supremo es elegido por parte de una comisión en la que están los ministros de Justicia de los Länder (consejeros autonómicos para que se entienda en términos a la española) y una representación del Bundestag (Congreso). Los miembros del Tribunal Constitucional son elegidos, una mitad por el Bundestag y la otra por el Bundesrat (Senado). Elegidos por los políticos ¡madre mía! En Austria es el ministro de Justicia, en solitario, quien elige los cambios en el Tribunal Supremo a petición de los altos dirigentes del mismo. En Bélgica, el sistema es mixto. 22 jueces elegidos por los jueces del país y el resto de sus miembros (otros 22) elegidos por el Senado (abogados, personas de la sociedad civil o lobbies y profesores de universidad). En Italia está hasta el presidente de la república incluido como presidente de ese Consejo eligiendo los jueces dos tercios y el otro tercio el Congreso. En Gran Bretaña, madre de todas las democracia, se selecciona a los jueces la corona a petición del primer ministro (le dan los nombres mediante una comisión de políticos). Y así en todos los países que ustedes consulten hay una implicación política.

¿Por qué el señor Mrčela se preocupa de que en España haya peligro de corrupción pero calla sobre lo que sucede en el resto de Europa? No hay más explicación que la política porque la estupidez humana en su caso podemos descartarla. Como deben estar aburridos en el Consejo de Europa y el grupo GRECO la han tomado con España por este motivo mientras se bajan los calzoncillos o las bragas con los países más poderosos (económicamente). Mientras tanto en la propia España vemos a toda una caterva de mastuerzos de la opinión que señalan carencias democráticas en un mecanismo que, en comparación, hasta es más democrático que en otros países. Países con los que tienen sueños húmedos esos columnistas de la nada, por cierto. El PP europeo mueve sus hilos para hacer política en España, pero no se han percatado que su candidato ibérico es un estulto que sólo tiene apoyo en la derecha por descarte (no gustan los otros). En cuanto hay un gobierno mínimamente de izquierdas en un país, la derecha fraternalmente se mueve para hacer oposición hasta desde las instituciones europeas. Por cierto, ¿los parlamentarios socialdemócratas e insumisos qué hacen que no protestan con argumentos parecidos a los de este artículo?

Comentarios sobre la moción franquista

Al franquista ni agua. No se le debate, se le combate y se le echa de las instituciones mediante la ley.

El casoplón del fachorrón

Según han podido descubrir las buenas gentes de Infolibre, el dirigente de la formación ultraderechista Vox ha ocultado al Congreso la compra de una casa mediante escritura de más de 700.000 euros. Lo que viene siendo un casoplón con todas las de la ley. Una ocultación que es contraria a la obligatoriedad de dar a conocer cualquier cambio en las propiedades de diputadas y diputados. Más allá de esa falta y ocultación cabe recordar que las huestes voxistas han hecho de la tenencia de “propiedades de lujo” una de las armas contra las personas de izquierdas. Entonces ¿ahora qué? ¿El casoplón del fachorrón no es malo?

Que Santiago Abascal no ha pegado un palo al agua en su vida es harto conocido. Que lleva viviendo de las mamandurrias y el escaqueo tampoco. Ahora bien ¿tanto dinero genera la política para tener las propiedades de lujo que tiene? O ¿piensa estar en política toda su vida para abonar las hipotecas y vivir a todo trapo con un sueldo de diputado? Es conocido que hay diputados que llevan toda una vida saltando de cargo en cargo, de todos los partidos, que no tienen la posibilidad de hacer esos gastos en casoplones. Quienes lo han hecho, por cierto, o han caído en las redes de la corrupción, o siempre han existido ciertas sospechas sobre “favores” que pueden haber recibido.

Cuando Pablo Iglesias e Irene Montero compraron su casoplón en Galapagar, con un daño de imagen que no han llegado a superar, se cuestionó desde la propia izquierda por incumplir su discurso ético, no la legitimidad que pudieran tener en hacerlo. La estética arruinó la ética. Esa crítica es legítima por el discurso de los propietarios de Galapagar. Más allá de eso, sin embargo, desde la derecha, que tiene mucho que callar siempre, se habla y no para de “los marqueses de Galapagar”, de “los Ceaucescu” y les hacen visitas guiadas a su casa para insultarles. Todo ello jaleado por la prensa cavernaria y los columnistas de la todología patria. ¿Dónde están ahora para criticar el casoplón del fachorrón?

Parece que para las gentes de derechas, las personas que se identifican con la izquierda deben vivir debajo de un puente, no se deben lavar –por no gastar agua parece-, no pueden leer, no pueden hacer nada que se asemeje a los hábitos y conductas de la clase dominante. Lo cual es estúpido pues no hacen más que promocionar ese estilo de vida como mecanismo de reproducción social y, por ello, dominación. Sin embargo, las gentes de derechas se pueden comprar lo que sea, cuando sea y de la forma que sea tan sólo porque “son de los nuestros”. Como se dijo párrafos antes, no dirán en los medios cavernarios ni una sola palabra del casoplón del fachorrón pese a que su vida laboral está vacía. Cuando hacen una crítica a los excesos de la clase política, en realidad, lo hacen a la posibilidad de que los políticos de izquierdas adopten una forma de vida igual a la de los de derechas. Molesta que salgan la ministran en Vogue, en Hola y que se compren casoplones porque, al fin de cuentas, es entrar en espacios reservados a la élite y sus mandados políticos. Por eso no dirán nada, porque Abascal es uno de los suyos.

Desde la izquierda que los políticos que se presentan por partidos de la izquierda hagan eso mismo es condenable tanto como si lo hacen aquellos que se presentan por los de derechas. La ética de la austeridad, que no significa vivir mal, que siempre ha estado del lado zurdo del pensamiento, entre otras cosas porque el boato y el lujo son distinciones de una clase antagónica, sirve para condenar a los propios y a los contrarios. Que los políticos españoles compitan por ver quién tiene la casa más grande supone que viven realmente alejados de la realidad que les rodea, de la situación que viven millones de familias en España. Da igual a derechas o izquierdas, si es Abascal, Iglesias, Sánchez o Casado –otro que está construyendo un imperio urbanístico-, siendo políticos profesionales como son ¿por qué amasan propiedades sin saber qué les deparará el futuro ya que la política debería ser efímera? La mayoría de españoles no puede ni soñar con casas de un millón de euros, o de medio millón, y ellos gastan como si el salario lo tuviesen garantizado de por vida. Pero esto no verán que lo critiquen en la prensa cavernaria… al menos el casoplón del fachorrón Abascal.

Impresentable subida del IVA a los libros por parte del Gobierno

Las arcas del Estado están con telarañas, no se sabe cuándo llegarán los fondos europeos que se observan como el maná, de ahí que hayan decidido aumentar los impuestos indirectos (esencialmente el IVA) que son aquellos que pagan por igual los ricos y los pobres. Una medida muy ortodoxa que afectará a la hostelería, el transporte, el ocio y la cultura tal y como han recomendado desde la Airef. En otras palabras, los menos pudientes no deben tomar cañas, no deben utilizar taxis –VTC sí que para eso no pagan los impuestos en España-, no debe ir al cine, ni comprar libros. El argumento para esta subida impresentable que se plantean Nadia Calviño y María Jesús Montero es el siguiente: “Los tipos reducidos, al disminuir los impuestos al consumo, benefician en una cuantía mayor a las rentas altas, que son las que más gastan. Este efecto se acentúa en aquellas partidas de gasto a tipos reducidos que más consumen los hogares de rentas altas (restauración, paquetes turísticos, hostelería, libros, jardinería…)”. Si usted no es clase pudiente no compra libros, ni toma cañas según esta visión clasista del consumo.

La ministra Calviño no se ha escondido y ha dado el visto bueno con estas palabras: “No es que estemos subiendo el IVA, estamos quitando una bonificación o un IVA especialmente reducido para algunos productos, por no considerar que sean productos cuyo consumo tengamos que incentivar, a diferencia de los de primera necesidad”. En casa de Calviño no leen y por ello piensan que los demás españoles tampoco lo hagan. De hecho cuanto más incultos mejor para manejarlos, típico argumento de la derecha de toda la vida. Además de la mentira que supone el decir que se quita una bonificación, porque en el IVA hay numerosos tramos y productos a los que se puede subir o bajar el impuesto libremente. No hay una bonificación al pan, por ejemplo, sino que la UE permite que se le asigne una cuantía menor o mayor.

Si se toma como ejemplo el tema del aumento a los libros, es curioso que se suba el impuesto a aquellos que se editan en papel, pero no a los libros electrónicos. Lo cual acaba por desmontar el propio argumento de la ministra sobre la necesidad o no y las clases altas o no. En principio quienes tienen un e-Book o libro electrónico (cuyo coste va entre 100 y 200 euros) no son precisamente familias ni personas de rentas bajas, mientras que quienes compran libros pueden o no tener una renta alta. Curiosamente, los dos libros electrónicos más utilizados pertenecen a dos empresas: uno llamado Kindle que pertenece a Amazon y otro que se llama Tagus que pertenece al grupo Planeta. ¿Se fomenta de esta manera a estas dos empresas en detrimento de los libreros que venden en papel? Porque la sola mención de que el IVA va a ser aumentado afectará en las ventas de esas familias de autónomos que dedican horas y estudio a su negocio (libreros y editoriales pequeñas). Sin olvidar que, por mucho que esos aparatos electrónicos tienen una luminosidad muy trabajada, afectan directamente a la vista de las personas que los utilizan en mayor medida que la lectura en papel. No sólo dejan a los pobres sin libros sino que les incentivan para quedarse ciegos.

¿Son los libros productos de primera necesidad? Evidentemente no se comen y no alimentan el cuerpo, pero sí son el único alimento del alma, del espíritu, de la formación del ser. En el Gobierno, por mucho que aparezcan los días señalados mostrando libros, es evidente que se mira a esa parte de la cultura como algo superficial. Si para la izquierda de todas las épocas que las personas tuviesen acceso a la cultura para poder ser autónomas y liberarse de las ataduras del sistema –además de procurar cierto ascenso social, que dirían los socialdemócratas-, para los postmodernos parece que es malo que las personas se culturicen. Mejor que vean series en plataformas de pago (a las que no tienen acceso), mejor que vean telebasura, mejor que no salgan a la calle a confraternizar, mejor que no piensen y hagan caso tan sólo de los que le digan los autoerigidos.

https://twitter.com/culturagob/status/1318587421282455553?s=20 El ministro José Manuel Rodríguez Uribes mientras tanto a sus cosas sin pestañear en este tema. Mandar a la ruina a miles de libreros y editores debe ser que no es competencia del ministerio de Cultura. Si al frente del mismo estuviese un malandrín del aparato del partido que está ahí por algún pago, como cuando estuvo Esperanza Aguirre que no sabía quién era Saramago, se entendería. Pero este hombre ha crecido y se ha hecho persona gracias a los libros. Incluso ha escrito algunos. ¿Cómo puede estar callado ante tamaña ofensa a la Cultura? Una persona igual puede ahorrar para gastar 20 euros en un libro pero si se lo aumentan a 25 igual no puede comprarlo, mientras que a un rico le da lo mismo ese pequeño aumento. Al final se establece una cultura para élites, una cultura de clase dominante, eso sin hablar de la manía de los innovadores que quieren al ser humano enganchado a cualquier apéndice electrónico –es lo que debe defender en el mensaje de más arriba-. Sea un teléfono móvil, una tablet o un libro electrónico. Es inhumano ese tipo de propósito de un ser lleno de ortopedias electrónicas que acaban por controlarle. Esto lo sabrían si leyesen libros claro, por eso igual los machacan… El IVA que afecta a las constructoras, por cierto, no se sube y es superreducido ¡qué extraño! ¿O no?

¿Ganará Casado la moción de censura que le presenta Vox?

Esta semana se va a producir una situación curiosa, el Gobierno en pleno va a estar encerrado dos días en el Congreso, sin atender sus obligaciones, más en este tiempo pandémico, por culpa de una moción de censura que se presenta… contra otro partido del hemiciclo. A nadie se le escapa que la moción de Vox, más allá de las bravuconadas y aullidos en el desierto que suelen proferir, no se presenta contra el presidente Pedro Sánchez y su “gobierno socialcomunista” –calificarlo así ya es surrealista- sino contra Pablo Casado y su inestable PP. No es la primera vez que se presenta una moción contra el gobierno sino contra la oposición desde la oposición. Cosas de la “nueva política” cuyo adanismo les lleva por la calle de la amargura. Si en la primera gustó más la censora (Irene Montero) que el aspirante (Pablo Iglesias), en esta ocasión apunta a que los gustos van a estar parejos, no gustará nadie. Si en la primera, la moción supuso la caída en picado en la intención de voto, en esta ocasión… He ahí el dilema.

Sánchez y el resto del gobierno acuden por obligación, aunque sea simbólica, pero podrían dedicar las horas de estupideces que se van a escuchar en aras del populismo de ultraderecha a cuestiones mejores. Iglesias, por ejemplo, a terminar de ver una de esas series que son su inspiración. José Luis Ábalos a planificar una red ferroviaria decente y transversal, por ejemplo. Alberto Garzón a repensar o rezar un rato que lo tiene abandonado. Y así todo el resto del gobierno porque, lo que digan desde la ultraderecha, ni les va, ni les viene. No deberían ni responder. Con salir y decir “Pues vale machotes”, tendrían todo el trabajo hecho. Total, los discursos de los voxeros van a ser un refrito de discursos de Onésimo Redondo, de Blas Piñar (le fascina a Santiago Abascal copiar partes de sus discursos) y de Gustavo Bueno –algo que alegrará a la extensa red de buenistas que se sitúan a derecha e izquierda-.

El problema lo tiene Casado realmente. De momento el verso suelto –aunque llamarla verso es un atrevimiento-, Cayetana Álvarez de Toledo, ha afirmado que hay que votar que sí. ¿Los motivos? Igual compadreo tradicionalista, igual está viviendo en el siglo XVIII mentalmente, o lo dice por tocar las narices al presidente de su partido. Pero si hasta Carlos Herrera ha dicho que es un error la presentación de la moción y que el PP no debe entrar al trapo, el peligro para los peperos es evidente. El dilema que se le plantea a Casado es cómo criticar al gobierno (que lo hará) sin que parezca que apoya las tesis de la ultraderecha. Si tuviese valentía y ética democrática diría que a las fuerzas de ultraderecha ni agua porque antes está la defensa de la libertad y la democracia que la posibilita. Y a sentarse. Vamos, lo mismo que dice contra Podemos pero aplicado a la derecha. El presidente pepero, sin embargo, no tiene esa valentía y por tanto entra en un dilema complejo.

Como se sabe que carece de capacidades intelectuales y su oratoria es más bien pobre –sólo repite aforismos y frases hechas que le escriben-, incapaz de hilvanar dos frases con sentido y sin errores, lo más probable es que acabe haciendo de monaguillo congresual de lo que digan los voxeros. Es decir, se apuntará al “y yo más” olvidando ofrecer un discurso de corte liberal, con fuerte compromiso ideológico y lejano al populismo. Ya lo hizo en la reunión de Colón, a donde acudió para empujar, dar codazos -esto más bien Cristiano Brown el de esa cosa etérea que dicen que existe y se llama UPYD-, por no parecer menos patriota que los demás. En aquella ocasión le costó unos millones de votos, no tantos como al andoba de Ciudadanos, pero unos cuantos en favor de quienes hoy le presentan la moción. Si elige parecer más de derechas que nadie ganarán los que son más de derechas que nadie desde el principio.

Igual, aunque esto asombraría, los asesores de Casado piensan, recapacitan y le dan para que se aprenda un discurso sobrio pero radical –como le gusta a Jorge Vilches– que le aleje del histrionismo que suele ofrecer. Él y los voxeros. Un discurso donde, desde su subjetividad, ofrezca una crítica al gobierno y una alternativa a la sociedad. Porque contar con el apoyo de la mayoría de medios de comunicación en España no es suficiente si lo que se dice son banalidades y lugares comunes. Menos aún si lo que se ofrece es más de lo mismo respecto a lo que ofrecen desde la ultraderecha. No vale con catalogarlos de populistas, de falangistas, de reaccionarios, hay que tener valentía para hacerse con la moción y los medios puedan ofrecer algo a sus lectores para ganar su confianza. Al menos por la derecha. No lo hará porque le puede el ego, la incapacidad intelectual sublimada en soberbia. Por ello se echará al monte intentando batir más piezas que los verdaderos monteros. ¿Ganará la moción Casado? Pinta a que no… lo que supondría su muerte política y reemplazo.

Cuando los bebés se compran, se tratan como pura mercancía

Ayer comenzó el juicio que ha de dirimir si los hijos comprados por Miguel Bosé y su ex-pareja Nacho Palau son hermanos o no lo son en virtud de la genética y de la compra de los mismos. Puede parecerles exagerada la utilización del término compra, pero no es más que el reflejo de la verdadera situación. Bosé se “compró” con su esperma dos hijos mediante los vientres de alquiler y Palau otros dos. Al llegar la separación de cuerpos y almas hicieron con ellos lo mismo que con otras mercancías, repartirlas entre ambos como si fueran servilletas, un cuadro o una cubertería. Estos que son míos, para mí. Y estos que son tuyos, para ti. No hay seres humanos sino mercancías compradas fuera de España porque aquí es ilegal utilizar a una mujer para que geste mercancías humanas genéticamente propias.

Cuando, incluso desde el gobierno (sección morada), se afirma que los vientres de alquiler –gestación subrogada no es más que un eufemismo para que no se compruebe la esclavitud a la que se somete a una mujer- son un derecho no se hace en el sentido de derecho humano, sino de derecho de propiedad. Y como bien saben para los liberales de todo color y signo, el derecho de propiedad es una entidad sagrada. Ninguna persona tiene derecho en sí a procrear, tiene la posibilidad natural o jurídica (adopción) de tener descendencia. Sin embargo, el esencialismo postmoderno, la necesidad de pureza genética (algo muy liberal del siglo XIX) quieren colar como humano lo que no es más que una pieza más del mercantilismo extendido hasta la esclavitud… de las mujeres otra vez.

Que dos personas se dividan los hijos como mercancías debería ser suficiente para que cualquiera, con un poco de raciocinio, compruebe que los vientres de alquiler no es más que otro mercado donde la explotación del cuerpo de la mujer se naturaliza en base a deseos, los cuales bajo el capitalismo se entiende pueden ser comprados si se posee el dinero suficiente. La mujer y los niños comprados no son más que objetos, en ningún caso son seres humanos con derechos humanos. Para cumplir los deseos de un hombre, la mujer tiene que perder sus derechos y los descendientes acaban teniendo la consideración de mercancía, de lujo (¿cobrarán un IVA de superlujo?), pero mercancía al fin y al cabo. Explotación del cuerpo de la mujer (como sucede en la prostitución, por cierto), que es tratada como un mero medio de producción, una máquina de parir, una gestante inanimada, hasta que se gasta y se cambia por otra máquina –con la salvedad de ser humana- y unas mercancías que se pueden devolver si vienen defectuosas. Esto y no las moñerías que intentan vender desde el gaycapitalismo son los vientres de alquiler.

Los deseos de unos pocos transformados en derecho por santa postmodernidad. Algo que, por muy nuevo que lo intenten vender, huele a rancio. Tan rancio como la esclavitud donde seres humanos son tratados como mercancía y/o medio de producción. Tan rancio como imponer los derechos del hombre sobre la mujer en base a una potencia peculiar (en este caso el dinero). Tan rancio como pensar que las mujeres tan sólo son seres gestantes ad maiorem gloria de la raza. El caso Bosé-Palau, que será tratado como alimento de baja calidad con lo que llenar los paladares menos exigentes, es realmente una muestra del tratamiento mercantil de los menores y las mujeres.