domingo, 26 abril, 2026

El PSOE se vuelca en el apoyo a Carmen Calvo

Las bases del PSOE y buena parte de la dirigencia y cuadros intermedios se han lanzado a defender a la vicepresidenta primera del Gobierno de España de los ataques recibidos desde Podemos y sus satélites mediáticos. Carmen Calvo ha sido tomada como esa muñeca a la que se pueden dar golpes porque se saben protegidos por el camarlengo monclovita, Iván Redondo. Que Podemos utilice a Alberto Garzón para esas cosas, así la prensa afín puede vender que conserva su independencia crítica, no quiere decir que la vicepresidenta pueda ser utilizada de esa manera. Al menos así lo han entendido desde las bases del PSOE que se han lanzado a defenderla con toda la fiereza y razón. Incluso algunas baronías regionales han torcido el gesto cuando han visto el procedimiento utilizado desde dentro de Moncloa para intentar calmar las aguas. De momento callan de puertas para afuera pero la guardan, no como patriotismo de partido (que sería legítimo), sino porque ésta es sólo la primera de muchas que vendrán y, a lo mejor, ya no se tragan.

Adriana Lastra lanzó la primera andanada señalando que los ministerios del PSOE eran tan feministas, o más, que los de Podemos. Una advertencia que no ha sentado bien entre quienes se piensan que tienen la verdad siempre de su parte, mientras que en el PSOE bastante tienen con tener la suerte de haber sido elegidos para formar parte del Gobierno con semejantes seres inmaculados y dotados de una suerte de divinidad. Como se han creído que el lenguaje es performativo, esto es, que al pronunciar las palabras lo dicho se transforma en acción verdadera, todo lo que propongan para legislar contiene esa verdad inmutable. Esto se lo creen porque siguen a pies juntillas todo lo que dice la diosa de lo queer Judith Butler, esa misma que está detrás del transfeminismo, de lo queer, que es la base del feminismo podemita. Algo que choca frontalmente con el feminismo, entre otras cosas, porque el transfeminismo niega el sujeto mujer. La condición mujer ni es biológica, ni ella determina el rol social asignado por el patriarcado, lo que en términos normales es la alienación, la explotación y la sumisión de la mujer al hombre durante siglos. Para Podemos ser mujer es una elección de autodeterminación individual (¡qué guay es colar a Kant!) y si un ser humano, que genéticamente es hombre, mantiene su barba de leñador y va presumiendo de un pene de 25 centímetros, pero afirma ser mujer es mujer. Se podría seguir con diversos ejemplos de este tipo pero carecen de importancia analítica. Lo importante es que el supuesto feminismo de Podemos, que es donde está el quid de la cuestión, elimina al sujeto mujer. Y al eliminar el sujeto acaba disolviendo el feminismo en una especie de happening o fiesta de lo diverso.

No era problema la ley de agresiones sexuales, más allá de la incapacidad de redactarla, sino el fondo que hay detrás de ella y lo que se quiere hacer con el ministerio de Igualdad. No es un cabreo porque le hayan quitado ese ministerio al PSOE; no es una batalla por el liderazgo del feminismo (eso supondría no haber entendido la sororidad, que en algunos sitios no lo han hecho y lo ha señalado Marcela Lagarde en alguna ocasión); sino una lucha por el feminismo en sí y su potencial transformador. Para Calvo, como para la mayoría de las feministas del PSOE e intelectuales feministas (como Alicia Miyares), el patriarcado tiene una especial correlación con el capitalismo y por ello la lucha por el feminismo está imbricada, no de forma subalterna, en la lucha de clases. Eso lo dijo claramente Calvo no hace muchas fechas en una charla en Alcorcón. Esto no lo asumen en Podemos, entre otras cuestiones porque niegan la existencia de la lucha de clases en sí, sino que son más de las cadenas de equivalencias, de sumar apoyos de todos los enfadados del mundo para que el líder supremo consiga cambiar las cosas, sin necesidad de tocar las estructuras. A esto se niegan las feministas socialistas que, siendo conscientes de la complejidad de la transformación del capitalismo en su última mutación, entienden que mediante el reformismo siempre se avanza sin necesidad de esperar la llegada de un guía.

La disputa no es por la pérdida o no de un ministerio, como viene alentando Antonio Maestre, por ejemplo,  sino por algo más profundo, algo que afecta al movimiento feminista y a la clase trabajadora. Todas las elucubraciones del ministerio de Igualdad son perfectamente asumibles por el sistema, no le suponen ningún tipo de problema, es tan adaptable que las incorpora como signo de los tiempos. Ahí tienen a Cayetana Álvarez de Toledo defendiendo el feminismo amazónico de Camille Paglia, que es otra autora transfeminista y transgenderista. Las elucubraciones del postestructuralismo de Jacques Derrida, Michel Foucault o Gilles Deleuze se trasladaron con prontitud a EEUU donde han servido para el capitalismo de la diversidad y el feminismo sin sujeto mujer, o han servido para el populismo de Ernesto Laclau que es la base de la doctrina de Podemos. Biopolítica, bioideología, queer, colonialismo y demás abstracciones que lleva años fomentando la clase dominante porque no dejan de ser mecanismos de desactivación de la izquierda y del feminismo. Este debate va más allá de lo puramente estratégico y espectacular, tiene que ver con el feminismo y con la izquierda transformadora.

Tan es ideológico que si ustedes hacen memoria el día 8 de marzo ha pasado de ser el “día de la mujer trabajadora” al “día de la mujer” y al “8M” sin más. Se ha vaciado de sustancia al día reivindicativo. Ya no aparece ni la mujer como sujeto de cambio. Y la clase dominante tan contenta porque sin sujeto no hay cambio sólo medidas estéticas. Esto lo ha visto muy bien Elisa Beni que ha denunciado lo que pretendían hacer en el preámbulo de la “ley del sí es sí”, colar toda la ideología queer o transfeminista para acabar con el sujeto mujer. La ideología queer del equipo de Igualdad había escrito en el borrador una definición de identidad que borraba completamente a la mujer: “Identidad sexual o de género: vivencia interna e individual del sexo y/o el género tal y como cada persona lo vive y autodetermina, sin que deba ser definida por terceras personas, pudiendo corresponder o no con el sexo asignado al nacer y pudiendo involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal”. Con esas palabras, muy performativas y más allá de que no tienen hueco legislativo en sí, lo que se está haciendo es negar que la mujer sea un sujeto oprimido por el patriarcado. En la derecha están dando palmas con las orejas. No es que el ministro de Justicia sea un señoro, como ha indicado Pablo Iglesias, es que las definiciones ideológicas no van como tal en las leyes y menos cuando una ley que se presenta en defensa del derecho de la mujer a ser tratada de igual forma, sin que se vea sometida al machismo, sin que deba ser ultrajada por el hecho de ser mujer, haga desaparecer a la propia mujer de la ley. Menos mal que es un anteproyecto. Normal que se enfaden las feministas del PSOE, de IU (las que quedan claro), o de los movimientos sociales.

Las elucubraciones académicas están muy bien y ofrecen aperturas para el debate, pero en Podemos las han querido llevar a la legislación sin apoyo empírico, racional o de sentido común. Al no tener otra cosa a la que agarrarse, porque ya dijeron que se tragarían todos los sapos habidos y por haber con tal de estar en el Gobierno, han visto que este anteproyecto les venía muy bien para hacer su performance no sólo el día de la mujer sino para toda la legislatura. Aparentar para que no les vean como casta. Y si además logran tener el apoyo de los grupos minoritarios pero muy activos en redes sociales mucho mejor. Hasta Maestre, ese periodista que se declara bourdieuano pero confunde los conceptos de Pierre Bourdieu, se ha lanzado contra Calvo pidiendo un debate que, paradójicamente, es contradictorio con la lucha de clases que gusta predicar. Han visto que el camarlengo Redondo apoya a Iglesias en esta disputa, pues a ese señor lo que tenga debate jamás le interesa (no se sabe si por falta de capacidad o mera estrategia), y han visto el campo abierto. Pero desde el PSOE, sus bases, esas que nunca fallan, sí que están dando la batalla por la vicepresidenta. Y no sólo porque sea de su partido sino porque lo que está en juego es el feminismo en sí y, por ende, el socialismo.

¿Qué esconde tras de sí la noria de Villacís?

Anda revueltos en la capital española por la última ocurrencia del gobierno trifásico. No contentos con deshonrar la gloria poética de Miguel Hernández, han recurrido a una nueva ocurrencia que pretenden vender como lo más maravilloso del mundo: la construcción de una noria gigante. Ya que Londres tiene una, Madrid otra y más grande y bonita si fuese el caso. Más sorprendente, si es que cabe, es el argumento explicativo de la vicealcaldesa Begoña Villacís. Construirán la noria porque los populistas de Valencia lo han rechazado. Es más asumirán todas las cuestiones que rechacen los populistas, sin percatarse de que están utilizando un argumento plenamente populista (a la par que cuñadista).

Son muchas las dudas que dejan esas intenciones y esas palabras de la munícipe de Ciudadanos. Lo primero que se puede preguntar cualquiera es si Madrid necesita gastarse 125 millones de euros para construir una noria. Igual, sólo igual, sería mejor destinarlos a reformas en colegios, a mejorar los parques y jardines, en limpieza o inversión social en barrios deprimidos. La cantidad es muy alta para que un Ayuntamiento se dedique a gastarla en algo que estará separado de zonas turísticas (al contrario de lo que sucede en Londres), que a saber en qué momento se logrará recuperar la inversión, o que los prometidos puestos de trabajo directos (500) son exagerados y fuera de la realidad. Es más, como dijese la presidenta de Madrid, más bien parece una forma de “paletismo” de niño pijo del barrio Salamanca. Si Londres tiene una, Madrid también y más grande. Si el vecino tiene 6 vacas hay que tener 7 para parecer más… (pongan el calificativo que deseen).

Tampoco esa frase de remate “recogeremos lo que desechen los populismos” parece propia de alguien que se vende como muy lista y super-mega-guay. En primer lugar, lo que un supuesto gobierno populista podría no ser bueno en sí, por lo que asumirlo es de estúpidos. En segundo lugar, por ejemplo, si los populistas “de izquierdas” dicen que hay que permitir a todos los exiliados llegar a España, lo lógico es que Villacís lo negase. Pero también tiene a los populistas de derechas que dicen que no llegue ninguno. ¿Entonces qué haría? ¿Los echaría? ¿Los acogería? ¿Se le estallaría el cerebro con tal argumentación? O simplemente, ¿pensaría que los populistas de derechas, como su hermano conocido neonazi madrileño, son tan sólo unos chavales un poco despistados y equivocados en las formas, no como esos rojos de mierda? Ya saben los populistas de España, tras lo dicho por Villacís, que deben rechazar el aumento de gasto social; dar de comer a las niñas y niños pobres en los colegios durante las vacaciones; y así hasta que la vicealcaldesa enferme al ver que está haciendo política de izquierdas.

No sólo sobre las tonterías que expresan los políticos hay que pensar sino buscar el dinero. En Valencia no quisieron la noria por demasiado cara. ¿Por qué en Madrid sí la aceptan? ¿Hay algún interés o rédito económico en traer la dichosa noria? ¿Quiénes están detrás realmente de la operación? ¿La ubicación de la noria representará un beneficio económico para detentadores de pisos en alquiler como la familia Villacís? Hay muchas preguntas que a día de hoy no tienen respuestas y levantan demasiadas sospechas para pensar que todo es una cuestión de imagen de la que no beneficiará alguien o diversas empresas. Más allá de la estupidez de tener una noria para atraer el turismo (como si el Museo del Prado no fuese suficiente) todo es muy sospechoso. Huele raro. Huele a negocio del que sacarán réditos los amigos y los políticos se verán recompensados a futuro. 125 millones es mucho dinero y donde hay mucho dinero hay siempre intereses.

Girauta, el ingeniero social de la guerra cultural

Hace unos días que se hizo pública la entrevista que el filósofo Miguel Ángel Quintana mantuvo con Juan Carlos Girauta. Esa misma de la que entresacaron una parte que hizo enfadar a Adriana Lastra ya que decían que era muy simple su planteamiento de ser socialista por indignarse ante una injusticia. Establecer el socialismo en la fairness rawslsiana se les antoja corto tanto a liberales como a socialistas, pero como esto no lo entenderá la vicesecretaria general del PSOE, mejor correr un tupido velo. En esa charla, o “Café vienés” como la califica Quintana con toda la intención del mundo (tampoco lo entenderá Lastra), el ex-diputado de Ciudadanos se presentaba como un “agitador cultural” y un “amante de la literatura”. O lo que es lo mismo, un intento, por el primer calificativo, de participar en la guerra cultural que se está planteando entre izquierda o derecha. O como se dijo en la charla, entre una microesfera de la izquierda y el liberalismo, incluso más allá de las fronteras patrias. Una función que cumple desde las páginas del diario ABC.

Seguramente el titular que se ha escogido, por lo dicho en la charla (que pueden ver aquí), no le gustará al “toledano” pues su lucha contra la ingeniería social de los diversos colectivismos (bien apuntado que de derechas e izquierdas) parece que libera al propio liberalismo de ejercerla. Algo completamente falsable (Karl Popper sirve a muchos amos) pues el liberalismo no es puro en este sentido. Y lo que viene haciendo Girauta desde sus columnas mediáticas no deja de ser una forma, indirecta si se quiere, de ingeniería social. Cuando defendía en Ciudadanos los vientres de alquiler estaba haciendo ingeniería social de la de peor tipo al explotar a las mujeres en virtud de una contraprestación económica, de un contrato entre personas no libres (algo que enfurecería  a los padres del liberalismo y más a alguna madre). Más allá de esta cuestión puntual, el liberalismo como cualquier ideología política siempre tiene en esencia algo de ingeniería social, de ingeniería política, sin llegar al esencialismo. La conformación social del liberalismo está ahí, aceptando en buena medida la determinación en última instancia del capitalismo. Pero el grito de libertad de John Stuart Mill no dejaba de ser un intento de arrumbar la sociedad victoriana en pos de una sociedad más libre tal y como era pensada y deseada (como buen hijo del utilitarismo) por los liberales. Así que nada mejor que reconocer que se hace ingeniería social, o se intenta al menos, de otro tipo pero en esencia lo mismo.

Más interesante es su análisis de la situación política en España. Tiene razón en señalar que los mecanismos más simples de la publicidad son las que imperan en el mundo político. Se llega a conseguir miccionar a las personas y que piensen que llueve, en especial en el mundo nacionalista. O lo que es lo mismo, se reduce el ser humano a mero espectador de un espectáculo donde se pretenden conseguir risas fáciles, aprobaciones obligatorias (¿por qué ahora se ve mal patalear o protestar si se está ante una mala actuación teatral?), mientras se esconde el mecanismo de dominación social. Nuevos mecanismos morales que impiden la libertad del ser humano, especialmente de conciencia, pero contra los que Girauta, más que luchar, parece impelido a aumentar. Sí es cierto que, como sucede en estas páginas habitualmente, se tiene que jugar en el marco espectacular que nos sirven los medios de comunicación y los partidos políticos contra el deseable proceso de razonamiento, pero hay que saber transmitir el mensaje y no quedarse en lo aparente como le sucede a Girauta en algunas de sus columnas. Por tanto, en la guerra cultural que dice mantener acaba cayendo en la trampa del “enemigo”, que en muchas ocasiones se encuentra en su propio bando.

También es curioso que señale como nacionalistas a los movimientos de corte regional y no vea esa gran viga que tuvieron en Ciudadanos y mantienen en el PP. El nacionalismo es una ideología que corroe por dentro a la persona, al grupo y a la sociedad en general. Elie Kedourie nos advirtió de ello. Y si bien hizo bien en señalar que el nacionalismo catalán no es más que un instrumento de control social para dominar de forma autoritaria una sociedad, mientras por detrás saqueaban las arcas públicas, se creaban pesebres mediáticos y sociales y se engañaba a las personas, no es menos cierto que le confrontaron con otro nacionalismo igual de putrefacto. En Ciudadanos más que fomentar el patriotismo constitucional (que diría Jürgen Habermas), un buen mecanismo de unión y de desenmascaramiento, se lanzaron a defender una España nacionalista tan esencialista y emotivista como la de Puigdemont. Y lo peor es que esa defensa permitió la llegada (al mover la ventana de Overton, que cita en la entrevista) del populismo de extrema derecha. Algo completamente contrario al ideal liberal y que en Europa es combatido por los liberales con vehemencia. Cosa que en España no se hace por a saber qué mecanismo del inconsciente colectivo. De hecho durante la entrevista, cuando Quintana le pide explicaciones por no haber defendido otra forma de España (como idea moral, por ejemplo), Girauta cae en contradicción al sorprenderse de que haya personas en la izquierda que defiendan que la misma no puede ser nunca nacionalista. Pero si es lo racional razonable no serlo.

De esa contradicción de combatir al nacionalismo con nacionalismo, por mucho que lo recubriese con el concepto constitucionalista, se pasó a una mayor. Durante la entrevista se lanza a criticar que Pedro Sánchez (el “doctor Sánchez” como suele escribir en sus columnas) esté entregado en cuerpo y alma a los nacionalistas, con concesiones que chocan tremendamente con los postulados de igualdad, y señala al PSC como parte del problema en Cataluña (con toda la razón del mundo hay que decir), pero olvida que pudieron evitarlo en Ciudadanos. Todo el establishment les pidió que pactasen con el PSOE un Gobierno de coalición con una mayoría suficiente, algo que hubiese aceptado Sánchez pese a que le gritaban “con Rivera no”, y se lanzaron al abismo. Porque la clase dominante no perdona y les pasó la cuenta. Pudieron evitar la “traición” y por no se sabe bien qué estrategia, desde luego nefasta para sus intereses, han acabado siendo los causantes de lo que querían evitar. Una contradicción que no explica Girauta. Igual porque es inexplicable.

Ahora se encuentra en una guerra como agitador cultural desde el liberalismo. Se ha vestido de Raymond Aron para defender el liberalismo. El problema es que al otro lado no hay un Jean Daniel. Lo que lleva a mantener una guerra sin adversario posible. Una guerra en el aire. Una guerra en un terreno espectacular donde es una voz más clamando en el desierto (como sucede con Quintana o Jorge Vilches, por citar a otros liberales). También le sucede a la izquierda materialista que no se distrae con diversidades y cuestiones etéreas. Hoy la disputa está en la diversidad, esa nueva moral victoriana, y en los elementos identitarios (esos que han llegado a asustar a un hegeliano como Francis Fukuyama). El debate intelectual en España realmente es un páramo porque la ventana de Overton está tan cerrada que sólo caben las nimiedades y no hay posibilidad de grandes debates sustanciales y no esencialistas. Malos tiempos para la guerra cultural en buena lid entre adversarios y no enemigos. Tiempos de populismo, identidades y desvíos de atención en los que por mucha inteligencia que le eche Girauta, que la tiene, va a ser complicado que agite el avispero. Igual es melancolía ese deseo de debate sobre las cuestiones sustanciales no sólo de la política sino del ser humano en sociedad. Igual la intelectualidad ha perdido la batalla. Igual han ganado Platón y Gramsci. Igual… mejor disfrutar de Peter Gabriel.

Casado gana más dinero que Sánchez e Iglesias

Andan preocupados en la derecha mediática por los dineros que ganan o dejan de ganar en el Gobierno de Coalición. Asumiendo que los dirigentes de derecha son casta política (son tan increíblemente ineptos que así lo hacen), ahora miran los sueldos de la izquierda, especialmente los sueldos de Podemos. Ha sido incluir en el documento ético de la candidatura de Pablo Iglesias la eliminación de los tres Salarios Mínimos Interprofesionales para echarse cual jauría a señalar la conversión del pecador, como si a la gente de Podemos le hubiese derribado un rayo del caballo (sí siguen con las reminiscencias de Saulo de Tarso). Y la realidad es bastante distinta, no sólo no se subirán los sueldos sino que se los fijarán por debajo de los 3 SMI.

Como saben a la derecha mediática eso de leer los documentos, analizarlos, digerirlos, entenderlos e informar nunca le ha interesado. Los miran a ver si encuentran algo con lo que confirmar sus pareceres, invierten la carga de la prueba y se lanzan a la caza y captura de crédulos que se traguen sus manipulaciones. Y la realidad es que crédulos hay a porrillo en la derecha y en la izquierda. Como Ramón Espinar que, sin haber leído el documento, ya avisó de los siete males que suponía abandonar los 3 SMI en materia ética. Así funciona la derecha mediática. Manipulando la realidad en provecho de la clase dominante. Y ¿cuál es esa realidad? Pues que Iglesias no va a subir los salarios en sí a los cargos de Podemos sino que va a fijar un Salario Mínimo, por debajo de los 3 SMI en muchas ocasiones. Todo para no sobrepasar el nivel de austeridad que se tenía en la formación morada en torno a los 2.800 euros mensuales.

Esto no se lo han contado en los medios de derechas porque no les interesa contarlo. En algunos casos es que no han entendido el texto. Que de todo hay entre los columnistas de la bilis. Lo que es seguro es que no les han contado que el político que más cobra es Pablo Casado. Sí, el dirigente máximo del Partido Popular, gana más que Iglesias y Pedro Sánchez siendo miembros del Consejo de Ministros. Los compañeros de El Plural indicaron hace tiempo que Casado debía estar ganando como 250.000 euros anuales por los sobresueldos (los legales claro) de su partido. Podría ser esa cantidad porque era la que se embolsaba M. Rajoy en su momento. Ahora hay una coyuntura distinta. El PP ha perdido muchísimo poder institucional (cargos públicos) y eso redunda en los ingresos públicos que perciben y están bien fiscalizados. Las donaciones de empresarios amigos y de donantes anónimos también se han reducido por los casos de corrupción, al menos las visibles. De ahí que Casado se haya tenido que bajar el sueldo algo. O al menos así parece por su declaración de bienes donde oculta datos como verán.

En su declaración del Congreso de los Diputados Casado afirma que ha recibido del PP un sobresueldo de 47.700 euros, a lo que habría que añadir unas conferencias que le han reportado 1.720 euros. Ofrece unos ingresos de 49.420 euros a los que habría que añadir, que esto lo esconde en su declaración (¿por qué?), los salarios devengados por ser el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados con el añadido de pertenencia a diversas comisiones y una cantidad no renunciable de 12.838 euros al año. En total ingresa como cargo público más de cien mil euros. Unos 107.000 aproximadamente. Por el contrario Iglesias sólo ganó el año pasado 46.460 euros y siendo parte del Gobierno como máximo ganaría 82.978 (habría que ver si el límite se sigue manteniendo en esos 47.000 euros). En el caso de Sánchez el año pasado ganó unos 95.000 euros (65.000 como presidente, 16.000 por derechos de autor y 14.000 de un arriendo) a los que habría que descontar los derechos de autor si va a cumplir su palabra de entregarlos a causas sociales y los del arriendo no son por su cargo público. El año que viene, como máximo, ganaría como presidente 95.000 euros. Casado les vence y sin ningún tipo de responsabilidad real.

Nuevamente la derecha manipulando e intentando dar lecciones éticas. Una vez más quedan con las posaderas al aire pues, incluso, no gobernando se adjudican salarios mayores que los de las personas de la izquierda. Y si hablásemos de merecimientos, como les gusta a los clasistas que pueblan las columnas mediáticas, Casado con 14.000 euros al año tendría más que de sobra, pues carece de méritos, capacidades y/o experiencia canalizable en algo que traiga el bien común. Los medios de comunicación se han lanzado voraces a señalar a Iglesias, también mintieron sobre pensiones de Sánchez, pero siempre callan con las cuestiones que tienen que ver con los candidatos del PP, de Ciudadanos (donde en su momento Albert Rivera llegaba a casi 150.000 euros al año) o de Vox (donde Abascal se embolsa, eso admite, más de 100.000 euros).

Inda reconoce haber “conspirado” contra Iglesias

Cuando se es un pillo pero en otras materias se carece de la suficiente materia gris acaba pasando lo que le ha ocurrido a Eduardo Inda, reconoce que participó de las cloacas del Estado montadas por Villarejo contra Pablo Iglesias. En general se podría decir que contra todo lo que huela a Podemos, pero eso no es tanto conspiración como fijación obsesiva compulsiva marcada por el verdadero impulsor de OkDiario. Sí, el mismo que le ordenaba en sus tiempos de Marca cómo atacar a los enemigos de lo blanco. Participar de la guerra de las cloacas aprovechando sus conexiones profundas, esas mismas que le pasaron cierto video de una presidenta robando cremas. Porque, aunque parezca muy mefistofélico, el director no es capaz de generar por sí solo un complot como el que se viene produciendo contra Podemos. El amarillismo necesita de aliados e Inda sabe conseguirlos.

El uso del silogismo, como solía hacer la Escolástica para confirmar sus hipótesis, tiene sus pros y sus contras. Por un lado parece que se está estableciendo un argumento cargado de racionalidad, pero por el otro puedes acabar reconociendo tu culpa por el mal uso de las partes del silogismo. Esto le ha pasado a Inda respecto a Iglesias. El sábado el secretario general de Podemos participó en un mitin en Galicia donde afirmó que contra Podemos habían participado tramas mafiosas que inventaron pruebas falsas contra la formación morada. Esto lo elevó a publicaciones surrealistas Inda, que daba cobijo a periodistas que veían dos cucarachas en el Ayuntamiento de Madrid y hablaban de peligro de infección. La realidad es que Inda viene dando cobijo a todas las sinvergonzadas que salen, normal que Iglesias le incluyese en su perorata: “Pues bien, a pesar de Villarejo, a pesar de Inda, a pesar de las cloacas, a pesar de todas las tertulias que durante horas y horas le dieron voz a los sicarios, a pesar de los titulares de prensa mentirosos, a pesar de toda la presión de los poderes oligárquicos para que no estuviéramos en el Gobierno, se podía. Y estamos en el Gobierno”.

De esa frase donde no se le señala directamente, sonsaca Inda que Iglesias le ha calificado de mafioso y sicario, ¡a él que también fue investigado por Villarejo! Lo que no cuenta Inda es el porqué de pincharle el teléfono. Igual tenía que ver por sus frecuentes conversaciones con Florentino Pérez, al que espiaba Villarejo por orden de ciertas empresas en pugna con el señor de ACS. Una lucha dentro de la fracción dominante en la que Inda jugaba un papel determinante por su posición mediática (director de El Mundo y luego OkDiario). Nada mejor que confraternizar con Inda y suministrarle información  respecto a Podemos y a la par espiarle para otro cliente. Lo que es un agente doble de toda la vida. Tras quejarse de que a él también le espiaron se lanza el director amarillista a realizar su silogismo que es el siguiente: Iglesias habla de mafiosos y sicarios, me sitúa en su discurso como causante de difundir mentiras, por tanto Iglesias dice que soy mafioso y sicario del poder. De ahí que se queje, aunque es cierto que casi toda España piensa que es un mafioso y un sicario del poder. A algunas personas les parece bien y a otras mal.

Lo que no ha logrado entender el director es que al quejarse confirmaba que sí ha estado enredando con las cloacas del Estado. En ningún momento afirmó Iglesias que Inda participase de las cloacas, sólo que está al servicio del poder económico. Algo que no puede negar porque es más que evidente y conocido dentro del mundo periodístico. Ahora bien, al verse reflejado en los calificativos de sicario y mafioso, subconscientemente acaba reconociendo que sí ha estado al tanto de los chanchullos. Si se dice que hay periodistas mafiosos, salvo por un no sé qué corporativista (que no es habitual porque se sabe que haberlos haylos), aquellos que salgan más furibundos serán los que admitan la culpa. Ese es el caso de Inda que no sólo se ha sentido reflejado en esas palabras sino que lanza un artículo contraatacando “Las cloacas eran Podemos”. Allí lanza sus diatribas, además de insultos e invenciones variadas, defendiendo su supuesto honor ante los ataques de él mismo. Lo que ocurre es que nuevamente vuelve a caer en el error de asumir que es un mafioso y un sicario del poder. Y eso que utiliza el término del silogismo, que conoce perfectamente porque siempre lo utiliza, sin percatarse de que está reconociendo sus tejemanejes. Una cuestión es que puedan tener interés periodístico ciertas informaciones (como alguna sobre cuestiones de bragueta que circula por Madrid respecto al director) y otra bien distinta que se saquen papeles inventados (como la financiación de Podemos de la que no dice nada); que se perviertan las informaciones; que se manipulen los textos de los periodistas, como es conocido y público, para que encajen con la realidad paralela que se crea.

La realidad es que Inda tiene miedo, mucho miedo. Y no es porque España se destruya, como dicen los columnistas de derecha extrema que tiene al sueldo y que no quieren en los demás medios. No es porque el Gobierno cause un perjuicio económico al país (el establishment está tranquilo). Más bien es porque le puedan llegar informaciones del CNI de las actividades que haya podido cometer en el pasado o siga cometiendo. Esto le tiene sin dormir. Claro que igual es porque no conoce la legislación y el funcionamiento del CNI, donde no se tiene acceso a los informes pasados y sólo podrá tener acceso a los informes actuales. ¿Podría ser que estuviese Inda conspirando aún por detrás? Pudiera ser y eso sí lo podría llegar a conocer Iglesias, como Pedro Sánchez. De ahí su miedo y la intención de hacerse la víctima (como cuando simuló que le habían dado con una cámara), porque en su pasado periodístico hay muchas cuestiones oscuras. Igual no con Villarejo. Pero pasar de llevar los cafés a los compañeros en la redacción de Pradillo a director, a base de escándalos, sólo se logra sirviendo al mejor postor, que casi siempre es un poderoso hombre de negocios. Eso sí, nada mejor que reconocer que se ha conspirado un poco contra Iglesias antes de seguir en la intifada contra Podemos.

Tríbada, el teatro al que se puede llamar teatro

El teatro se haya en estos tiempos afectado, no de la eterna crisis de cincuenta años, sino del traslado del fetiche de la mercancía televisiva. Así, casi sólo se llevan a cabo obras teatrales que reúnen monólogos o diálogos “guionizados” para obtener la risa fácil, el elemento desternillante o el aprovechamiento de la popularidad de la persona de turno. En la sociedad del espectáculo prima, como saben ustedes, lo fetichista-espectacular antes que el arte milenario. El teatro, por suerte, no es monocorde y por ello se puede disfrutar de recreaciones más clásicas, de adaptaciones o de nuevas obras que pretenden, desde cierta óptica de avant garde, deconstruir el teatro para trasladarlo a otro lugar nuevo. No ha escapado el teatro a la irrupción de la postmodernidad, sin embargo eso no empece para que algunas de las obras que se representan en esos teatros medio escondidos sean una magnífica oportunidad de disfrutar del Teatro. Así, con mayúsculas.

Tríbada es una obra que tiene algo de ese postmodernismo que inunda todo pero donde se mantiene la esencia del clasicismo. Es una obra teatral donde las actrices y actores no son meros fetiches espectaculares sino que actúan, interpretan, interactúan, intentan transmitir algo más que el mero diálogo. En esta ocasión, la compañía (que mal queda hablar de producción) Teatro en Movimiento cuenta con la magnífica actriz María Bigeriego acompañada de los no menos magníficos Maite G. Tejedor, Raúl de la Torre, Pablo Lanzillotta. Todo ello bajo una muy cuidada dirección de Jorge Serra. Adaptar un clásico del teatro moderno como “Noche de las tríbadas” de Per Olov Enquist no resulta sencillo, que ya saben que los suecos son muy particulares en sus expresiones literarias. Y, como ha sucedido en otras ocasiones con Bigeriego, parecen haberlo conseguido. Una adaptación en la que han participado, además de la citada, Virginia de la Cruz y De la Torre. Con música de Elisa García Tejedor y escenografía y vestuario de Juan José González Ferrero. Como estamos en una época digital también hay que reconocer la labor de Laura de la Isla en la fotografía y del diseño gráfico de mic_e meek.

Tríbada

“Tríbada es una palabra extraña, inusual y misteriosa que desprende intensas evocaciones. Como si el autor quisiera decirnos que las cosas no están tan claras. Que por mucho que queramos controlar la experiencia humana y sus significados hay algo que siempre se nos escurre. Y si esto ocurre con las palabras, que son hijas ilegítimas de la realidad, podríamos decir lo mismo de la propia realidad: su naturaleza inasible.

Hay una historia dada sobre las cosas. Una versión oficial, más mítica o más científica, que cada cultura dictamina y antepone. Y luego está todo lo que ocurre en los márgenes. Dirijamos ahí la mirada, a la versión que cada uno se cuenta de sí mismo. Por mucho que tratemos de negarlo, en el fondo sabemos que hay muchas cosas que no encajan, y esto suele ser algo muy inquietante.

En La noche de las tríbadas, Enquist reúne en el teatro Dagmar de Copenhague a cuatro personas que tratan de ensayar la obra La más fuerte de Strindberg. Estas personas son el propio August Strindberg, Siri Von Essen, su mujer, Marie Caroline David, la amiga de Siri y el actor danés Viggo Schiwe. Estas personas-personajes se muestran con crudeza. Viven dañadas por el peso de la identidad. La identidad familiar, de género, sexual, profesional, etc… Una identidad que los ha convertido trágicamente en objetos. Saben también el daño que se infringen. Saben que están a la intemperie y bajo la lluvia. Sin el amparo del paraguas del moralismo o de la ideología, que vienen a condenar o justificar todo aquello de la existencia que nos es incómodo”.

Los viernes y sábados desde el 6 hasta el 28 de marzo, en Nave 73 (Calle de Palos de la Frontera, 5. Madrid) podrán disfrutar del buen hacer de este grupo de actores y actrices. Una oportunidad para disfrutar del teatro con sentimiento, con diálogos, con expresividad, sin resultar casposo ni retrógrado.

La derecha mediática fracasa en su primer asalto al Gobierno

El primer asalto de la conspiración mediática contra el Gobierno de coalición ha fracasado estrepitosamente. No es que no lo hayan intentado por tierra, mar y aire, que lo han hecho. Si no que la población parece que no presta la más mínima atención a sus “denuncias” e inventadas quiebras del orden constitucional. Ni la creación de un segundo sindicato del crimen por parte de periodistas de ultraderecha, ni la animosa recreación de la verdad por parte de ABC (que si no tenía bastante ha fichado a Juan Carlos Girauta como columnista), ni las mentiras continuadas de El Mundo (la última, aunque no en referencia a la política ha sido inventar que la actriz Beatriz Rico es soltera cuando lleva dos años casada), ni lo que quiera que sea eso que hace Eduardo Inda en OkDiario, ni la constante bilis de la Brunete mediática que montase Esperanza Aguirre (Jiménez Losantos, Periodista Digital…), ni los vaivenes de El País han dañado, según dicen las encuestas, al Gobierno.

El tema Venezuela, en sus diversas elucubraciones (Ábalos, financiación imaginaria de Podemos, etc.), ni ha calado entre la opinión pública, ni tiene más recorrido que la falta de argumentos e ideas de la oposición. Bien al contrario se han llevado una buena tunda desde PSOE y Podemos, a la cual se han sumado las corruptelas típicas del PP (esos 500.000 euros gastados por la policía política de las cloacas) o las cuentas del emérito Borbón. Lo curioso del caso es que ya en la primera intentona de abusar del tema venezolano, más allá de llenar las mañanas televisivas de Griso y Quintana (nunca dice nada de las informaciones de la relación tan cercana de su marido y el comisario Villarejo), resultó un completo fracaso. Salvo las mentes débiles de ciertas personas que se creyeron realmente, normal con tanto bombardeo, lo de la financiación, el voto persistió. Hizo más daño a Podemos la operación del errejonismo (tan fomentada por el medio de comunicación que controla Ana Botín) por la cuestión de imagen que el tema venezolano. Lo han intentado con el tema boliviano pero ha quedado en tres artículos y alguna bravuconada de los habituales de la bilis.

¿Supone esto que se van a calmar? No. A pesar de que la ruptura de España no funciona; a pesar de que José María Aznar está controlando las operaciones entre bambalinas; a pesar de que Cayetana Álvarez de Toledo se lanza ahora a criticar al presidente francés Emmanuel Macron (como también es francesa tiene nacionalismo para repartir ex aequo); a pesar de que las encuestan no salen como querrían; a pesar de tantas cosas no van a parar hasta que el Gobierno caiga y pueda llegar al Gobierno… algo de derecha. Porque no tienen muy claro qué partido tendrán que apoyar dentro de un tiempo. Pablo Casado está destruyendo con toda la publicidad posible al PP, tanto como para que ciertas encuestas (SW Demoscopia) apunte a que Vox está ya muy cerca. Ciudadanos se disuelve en su camino hacia la fusión con los fracasados azules. Y la ultraderecha acaba repeliendo, al menos de momento, a gran parte de la población de derechas. Como los medios de derechas reciben mucha publicidad y algunas subvenciones de los gobiernos del trifachito no se acaban de decidir por alguno, mientras que en la izquierda están las cosas claras. Incluso la desaparición de IU en la práctica. De ahí que sea importante seguir batallando en el plano de la ideas como se aventuraba en estas mismas páginas.

Este fracaso no debe hacer bajar la alerta contra las manipulaciones constantes de la prensa de derechas (casi toda). Hay dos procesos electorales que pueden marcar un antes y un después a nivel político. Si ganase Núñez Feijóo se lanzarían a por la cabeza de Casado (lo de Euskadi huele a debacle) y en Cataluña habrá recomposición total del parlamento. Ahora tornado las críticas hacia Alberto Garzón y sus propuestas, pero eso era algo asumido en el propio Gobierno. Sabían que necesitaban un ministro en el que centrar las iras de la derecha mediática. Él lo ha asumido. No hará mella. Lo que no se percibe en estos momentos es claridad en los disparos desde las tribunas de la vergüenza. Mejor así. Claro. Pero encontrarán un nuevo monotema para persistir en el asalto al Gobierno de izquierdas. No vaya a ser que, como se ha dicho en estas páginas de forma continuada, el ejemplo de la coalición se convierta en un elemento simbólico que traspase fronteras. Y eso sería más preocupante. Mientras tanto dejémosles que loen a Donald Trump frente al Gobierno de España (nunca se darán cuenta de esa contradicción que hace más en favor de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que de sus muñecos políticos); dejémosles que se pierdan en cuestiones estéticas; dejémosles que sigan en sus dudas sobre a quién apoyar decididamente, porque al apoyar a los tres del trifachito permiten mejor comunicación de la coalición; dejémosles que sigan vomitando bilis; pero siempre con la atención necesaria porque en algún momento, aunque sea de casualidad, se darán cuenta de sus errores. Y en ese momento saldrán como una manada de búfalos, en estampida. Y ahí habrá que estar preparados.

Impedir que la derecha gane la lucha de clases

Decía el denostado y casi olvidado Louis Althusser que los intelectuales (realmente decía los filósofos pero se puede ampliar el abanico a los que se manejan en la vida teórica o escrita) que no sólo existía un clara y obvia lucha de clases (que permitía la reproducción de las relaciones de producción) a nivel económico sino también en otras estructuras, la política y la teórica principalmente. Obviando la determinación en última instancia de la base económica, hay que señalar que la lucha de clases política y teórica (donde se incluye los mediático) está siendo el coto central del PP y la extrema derecha (naranja o verde). Y esta situación es realmente preocupante si se quiere que el Gobierno de coalición triunfe y logre no sólo los objetivos económicos y legales, estos últimos en parte políticos, sino conformar una alternativa real en el ámbito político y en el teórico. O lo que es lo mismo la posibilidad de ofrecer un componente de combate en la lucha de clases en la teoría contra la ideología dominante.

Apartando lo puramente relativo a políticas públicas del análisis, aunque es sumamente importante para dar una base material a la otra parte de la lucha, donde el Gobierno debería ser mucho más pedagógico, porque cuenta con una amplia red de activistas en redes sociales que necesitan nutrirse de argumentos en esa batalla política que se presenta en las redes sociales y la calle, hay que centrarse en el apartado más teórico-mediático del conflicto. El PP y la ultra derecha, armados como están de una potente red de medios de comunicación a su favor porque la dispone para ellos la clase dominante, no están jugando como se ha podido comprobar en el terreno de las políticas pública. Incluso, salvo algún apunte por aquí o por allí, en el terreno de la base económica, sino en los aspectos más ideológicos del combate. Existen diversos aparatos ideológicos en el Estado (y más allá que diría en cierta película) como los medios de comunicación, las instituciones religiosas, ciertas instituciones administrativas, instituciones sociales de diverso tipo, las instituciones educativas y la internet en términos generales. Desde ahí, por diversos mecanismos, la derecha está planteando la batalla en términos hegemónicos, no tanto en el sentido gramsciano, como en el marxista. Esto es, ganar en el pensamiento lo que han venido perdiendo en las urnas. Es obvio que el cuestionamiento del sistema está casi muerto a nivel oficial (pese a ello el “hijoputismo” del sistema, que diría Jesús Ausín, provoca reacciones contrarias a nivel individual más que colectivo), pero a nivel ideológico hay una cierta batalla por conformar la mentalidad de las personas. Ahí precisamente se centran los discursos del PP.

Es evidente que si usted es una persona de izquierdas con alto compromiso lo que viene a continuación le resultara en muchos momento obvio, pero es que usted ya está convencido de la batalla mientras que millones de personas no. Esos millones de personas que no acceden a las redes sociales de forma política pero que sí leen las manipulaciones de la prensa de derechas y acaban entrando por el aro ideológico de la clase dominante. Hay gente, por ejemplo, que sólo sigue cuestiones del último espectáculo de telerrealidad, que no se preocupa realmente por lo político, pero que sí se asombra cuando le llegan ciertas informaciones altamente modificadas. Todas ellas tienen conceptos como “constitucionalista”, “inmigrantes delincuentes”, “libertad”, “traición a España”, etcétera. Ese tipo de expresiones conceptuales, que en un principio parecen desprovistas de ideología, de hecho usted (salvo lo de los inmigrantes) quiere que haya libertad, que se respete siempre y al pie de la letra lo que dice la constitución o que España siga siendo el país tan bonito que usted adora, sin embargo, llevan una carga ideológica conectada a mecanismos simbólicos que las hacen muy potentes. En contra, en esta ocasión del Gobierno, como es evidente. Porque si fuese contra la oposición de derechas no se habría escrito este artículo.

Si observan a Isabel Díaz Ayuso utiliza, sin saber realmente lo que significa, el concepto de libertad. Todo es libertad para ella, todo tiene que ver con la libertad, mientras que el Gobierno quiere imponer cosas malas. Nunca dicen realmente ni lo que hacen bajo el paraguas de la libertad ni las cosas tan terribles del Gobierno. Utilizan una especie de deconstrucción del lenguaje donde la realidad que tan sólo en un concepto al que se acaba vaciando de sentido para que sea un elemento simbólico. Juegan con esa deconstrucción, la aprendieron muy bien con el ex-nazi Martin Heidegger, para que cada cual se conforme su realidad. Usted que es una persona de izquierdas formada sabe perfectamente que la libertad en boca de Díaz Ayuso, o cualquier otro dirigente popular como Pablo Casado, significa conceder dinero a las escuelas privadas para adoctrinar en la ideología dominante; significa desviar dinero a la iglesia para que se sume a la lucha de clases (no vaya a ser que salga algún cristiano rojillo); significa quitar dinero a la sanidad pública para entregarlo a la privada (salvo casos graves que se siguen tratando en la pública que tampoco están para perder dinero); significa pauperizar y explotar a las personas que como son libres han elegido una mala forma de vida y deben pagar por ello, cuando la realidad es que el sistema tiene algo que ver; y así mil cosas. Todo esto lo sabe usted pero no su vecino o la compañera de trabajo. Y con eso cuentan para ganar la batalla en la teoría. Ustedes saben que la constitución les importa bien poco. Ustedes saben que España sólo les importa como finca particular de una minoría. Ustedes saben todo eso porque están formados y se preocupan, pero no hay que dar por hecho que todo el mundo lo sabe.

Con esta petición de participar en la lucha de clases en la teoría, esa que se produce dentro y en los bordes de la ideología dominante, lo que se quiere decir, más allá de pedir al Gobierno más pedagogía, es que los intelectuales, los periodistas, las gentes que tienen formación (que no quiere decir estudios), deben actuar en consecuencia para plantar cara en esta batalla. Es complicado ganar de una vez la lucha pero sí se pueden ir ganando batallas. Periodistas que se ponen las banderas de izquierdas pero se lanzan a despellejar al Gobierno en base a la pureza (que se vanaglorian de entendidos de Pierre Bourdieu y luego no saben utilizar los conceptos de este pensador); intelectuales que están en ese mundo de la perfección teórica para la consecución de una doctrina de la Justicia que no deja de ser moralina barata y asimilable por la ideología dominante; sesudos analistas de la revolución que siempre está a punto de llegar; o postmodernos no son los que hacen falta en estos momentos. El combate no es pelear en el terreno del otro, aunque tenga realmente el campo en casi propiedad (que estas gentes de derechas son muy suyas), sino invertir la prueba del concepto. ¿Esto qué significa? Si les hablan de libertad, háblenles ustedes de igualdad. Si les dicen que están destruyendo España, díganles que es una pena porque con una España unida se podrían hacer muchas cosas en favor de todos pero que los barones populares no lo hacen. Y especialmente cuando se refieren al nacionalismo, háganles ver que también ellos son nacionalistas. Desnúdenles ideológicamente en ese sentido pidiéndoles que les digan las características del nacionalismo y comparándolas con las de los partidos de derechas.

Y, por supuesto, animar a los supuestos intelectuales que bajen al barro, que se manchen, que suden en la lucha de clases. Que es muy fácil escribir desde la pureza ideológica pero que hay momentos en que la batalla en la teoría hay que darla de forma más contundente. Menos bonita pero más efectiva. Porque en el terreno de la configuración de las mentalidades la derecha va poco a poco ganando terreno. De hecho, el propio Gobierno está manejándose en esa agenda política que les están marcando desde los aparatos ideológicos (la Unión Europea es el aparatazo) porque no hay aliados que se sitúen en los intersticios ideológicos para dar batalla. Es evidente que el Gobierno no puede estar siempre en la batalla teórico-mediática pero el resto sí, incluyendo a los propios partidos que parecen languidecer. Deben estructuras de combate, no sólo de difusión de tuits, en el plano ideológico. ¿Utópico? Puede ser. Pero sin utopía no hay transformación (ni revolución). En la derecha tienen claro la forma de la lucha de clases y habrá que lucharla. ¿O no?

Sánchez encuentra en Iglesias su mejor aliado en el Gobierno

Había bastantes dudas, en Podemos y PSOE, respecto al encaje que iban a tener dos personalidades como las que poseen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Se sospechaba desde el lado socialdemócrata que el secretario general del Podemos intentaría actuar como una oposición dentro del Gobierno, con el consiguiente ejercicio espectacular de presentarse ante la sociedad como el “bueno” frente al entregado a la clase dominante. Se temía el personalismo de Iglesias tanto como en Podemos temían el personalismo de Sánchez, de quien pensaban que arrinconaría a la formación morada de las grandes decisiones para hacerse con todo el voto de la izquierda. Al final las dudas y sospechas parecen haber quedado diluidas por la compenetración que están mostrando entre ambos dirigentes políticos. Ni Sánchez ha convertido a Iglesias en mera apariencia, ni Iglesias se muestra como opositor al presidente del Gobierno.

Bien al contrario, aquellas personas que transitan por la Moncloa hablan de la buena sintonía que existe entre ambos dirigentes. Una buena sintonía que ha llegado a encandilar al camarlengo monclovita, Iván Redondo, quien se encuentra prendado de las capacidades políticas de Iglesias. Lo adora. Lo ama en secreto. Lo querría para él. De ahí que haya asesorado a su jefe que le incluyese en la Comisión del CNI. Una comisión en la que, para desgracia de algunos, no podrá saber y conocer lo que pasó en Gobiernos anteriores. Una comisión de la que no podrá dar cuenta de lo que allí se dice y comenta. Pero una comisión en la que, más allá del interés del ser humano como “cotilla”, se tratarán temas de importante calado a nivel informativo. Algo que parece preocupar al facherío, especialmente a Eduardo Inda, Pablo Casado o Francisco Rosell, pero que confirma las buenas relaciones entrambos. Felipe González dice no saber la relación entre la Agenda 2030 y el CNI. Ni los españoles su defensa de los intereses de EEUU en Venezuela, salvo que sea por su amistad con ciertos millonarios venezolanos. Aunque las cosas que preocupan a González en los últimos tiempos tampoco es que preocupen a los españoles en demasía. Desconectó del sentido vital de la ciudadanía española hace tiempo y no le coge el pulso. Igual porque se siente cómodo como lacayo de la clase dominante.

Hablando de González es bueno recordar que si él tuvo en Alfonso Guerra a su escudero de batallas profundas, ahora es Sánchez quien ha encontrado ese tipo de figura en Iglesias. La confianza que se ha generado y el grado de unión política activa que tienen parece un remedo de aquella. En plan postmoderno eso sí. Hasta la fecha las huestes de Podemos en redes sociales y en la misma calle están defendiendo con virulencia incluso las políticas del Gobierno. Pese a que algunas se hayan quedado cortísimas respecto a lo prometido. Juan Carlos Monedero hablaba de “comerse sapos en el Gobierno”, otros de “cabalgar contradicciones”, pero la realidad es que la coordinación entre presidente y vicepresidente segundo es total. Tanto que la figura de Carmen Calvo se va diluyendo a un ritmo asombroso. Ha quedado para la gestión administrativa del Gobierno mientras que son Sánchez e Iglesias quienes trabajan todos los aspectos discursivos. Tanto como para cambiar hasta las formas de responder a la oposición. Si se han percatado, la respuesta del miércoles de Sánchez a la oposición, recordándole a Javier Maroto que comparte residencia con una asociación de fomento de la cría del búfalo, es muy podemita. Muy guerrista también. Como lo fue la respuesta de José Luis Ábalos recordando al PP que mintieron en el 11-M o en el Yak-42. En otros tiempos habrían balbuceado una respuesta más cómoda, más soft, más blandita. Ahora se le devuelve la medicina a la oposición asalvajada.

Incluso, como hacía Guerra en sus tiempos, Iglesias no ha tenido ningún tipo de problema en reprender públicamente al ministro de Consumo, Alberto Garzón, a quien le ha aconsejado que si va a sacar algún tipo de medidas, no se quede a las puertas de lo prometido con algo tan fútil. Que el coordinador de IU iba a ser el muñeco de “pim, pam, pum” ya se comentó en estas páginas, pero Iglesias ha actuado en consonancia con lo que habla y comenta con Sánchez. No es sólo lealtad sino trabajo en equipo para beneficio de las dos fracciones en el Gobierno. Y si hace falta darle un coscorrón a Garzón, quien es más conocido por decir lo uno y lo contrario en la misma frase, se hace. No está el Gobierno para ir perdiendo el tiempo en cuestiones que se quedan cortas (si se prohibió la publicidad del tabaco, se puede hacer con la del juego), ni para que uno de sus miembros intente destacar quedándose en la nada. Seguramente Iglesias habrá advertido a Garzón de la senda que debe tomar si quiere mantenerse en el Gobierno. Y Sánchez también se lo habrá dicho. Que una cosa es que le tengan para llevarse los golpes y los chistes y otra, bien distinta, que se piense la estrella del espectáculo. Y más con la que ha liado él solo con la expulsión del Partido Feminista y que ha revuelto al colectivo feminista, no queer, contra Garzón en un momento en que no había necesidad de ello.

El único aspecto donde habrá verdaderamente roces y confrontaciones será con el ministerio de Igualdad. No está gustando a la feministas del PSOE, ni a las feministas fuera del PSOE habría que señalar, esa deriva por la postmoderna diversidad, ni esos ataques al sujeto transformador del feminismo que es la mujer, ni las reuniones con la chupipandi colgadas en las redes sociales… Ni entienden lo que se está haciendo (la jefa del Instituto de la Mujer defendiendo lo queer en redes sociales ha sido el culmen), ni quieren montar una bronca estando ambas formaciones en el Gobierno. Sí han recordado los porqués de Calvo para no ceder Igualdad a Podemos, porque iban a ser los agentes de la diversidad que disuelve a la mujer dentro de una batalla que está llena de misóginos recalcitrantes. ¿Qué es eso de calificar a la mujer como sujeto gestante o ser humano con vagina? ¿Cómo es que quieren legislar sobre los vientres de alquiler? ¿Qué es eso de hablar de trabajo sexual y no explotación sexual (cuando no directamente de trata) respecto a la prostitución? No vale la respuesta de Irene Montero (“Es algo complejo”, ese que utilizan para salirse por la tangente) a las feminista del PSOE. Ahí puede haber problemas dentro del Gobierno, más teniendo en cuenta quién está al frente del ministerio de Igualdad, y sabiendo que eso va a ser aprovechado por la derecha para dañar a la coalición. Si se fijasen en las redes de derechas, verían que las mujeres del PP (las de Ciudadanos comparten doctrina plenamente con Podemos) utilizan la polémica.

Más allá de ese punto de fricción la realidad es que la compenetración entre Sánchez e Iglesias es total y caminan de la mano juntos hacia la consecución de los objetivos que ambos imaginen por el camino. Una vez abandonados los programas electorales y el pacto de Gobierno, Iglesias y Sánchez se han unido, con el apasionado visto bueno de Redondo, en una lucha por sobrevivir y sacar adelante el Gobierno. Si en lo económico se van a seguir a pies juntillas las recomendaciones de Bruselas (que para eso es ministra de Economía Nadia Calviño, la mujer de negro de la Troika), en los demás el tándem Sánchez & Iglesias va a intentar conseguir la hegemonía en el discurso (están tan contentos de que la oposición esté enredada con Venezuela), el éxito de la unión de España (ríen al ver la irritación de la prensa de derechas) y la derrota electoral de PP-Cs. Saben que es su oportunidad y la van a aprovechar. Una vez que sus egos se han fundido en una estrategia común, ahora que se miran con cariño y respeto, ahora que tienen lo que tanto querían, justo ahora, ya pueden actuar conjuntamente en el mantenimiento del poder estatal. Y aquellos que pongan trabas, léase Garzón, pasaran a mejor vida. Que para eso tienen a Enrique Santiago (más pablista que el propio Iglesias) calentando banquillo en el Congreso y haciendo de edecán parlamentario en las preguntas (siempre pregunta por cuestiones que serán política pública en meses).

¿Por qué se mantiene y aumenta el voto a la ultraderecha?

Como se dijo en un artículo anterior, hay que evitar dar publicidad a Vox utilizando su nombre, a pesar de la crítica que se les pueda hacer. De ahí que se use para el titular el calificativo que están comenzando a utilizar muchas personas en las redes sociales, verdadero caldo de cultivo del partido de extrema derecha. No se asusten entonces y piensen que hay un nuevo partido o plataforma electoral que se llama así. Entrando en la materia del artículo, asombra comprobar cómo el efecto de Vox no sólo no se ha calmado como algunos sociólogos y politólogos aventuraron, no sólo no bajan sino que en muchos de los sondeos de opinión que se vienen publicando los ultras aumentan su número de potenciales votos. Si se tiene en cuenta que ahora la mayoría de las empresas poseen datos anteriores para definir los perfiles y sonsacar del voto oculto aquel que se dirige hacia las huestes de la extrema derecha, es un buen momento para preguntarse ¿por qué ese voto se mantiene y aumenta en la mayoría de España?

Hasta el momento se sabe que en Cataluña y en Andalucía el voto a la extrema derecha aumenta. Se dan dos salvedades como son Galicia y País Vasco donde no obtendrían representación pero sí se observa un aumento del voto. Insuficiente pero aumento, al menos en las encuestas. ¿Hay tantas personas de extrema derecha en España? Seguramente muchos de ustedes conozcan a personas que votan a Vox y que, más allá de su tendencia de derechas, no sean personas con una personalidad autoritaria, ni contrarios a la democracia, ni franquistas en sí. Por eso es curioso que ese voto siga subiendo a la par que el PP fagocita a Ciudadanos. Evidentemente, el voto a Vox es un voto perdido por el PP, pero también hay mucho cabreado que ha votado (según el CIS) como mecanismo de protesta. ¿Cuáles son las causas de ese aumento del voto?

Hipótesis 1. En España hay más nostálgicos del franquismo de los que se piensa. Sin duda hay muchos nostálgicos pues una dictadura, sea del tipo que sea, no se sostiene tan sólo con represión sino que el componente ideológico es fundamental para sostener todo el entramado autoritario. Esa ideología difundida por los aparatos ideológicos en el Estado deja impregnadas consciente e inconscientemente a muchas personas, las mismas que ahora pueden sentirse atraídas por el movimiento de extrema derecha y que han transmitido parte de esa cultura a sus descendientes. Aun así, esta tesis es la que mantendría alguien como Miguel Urbán, nunca se han manifestado esos nostálgicos en la misma cantidad en que Vox suma votos.

Hipótesis 2. Hay muchas personas de derechas cansadas de la derechita cobarde. Siendo una mera hipótesis, es verdad que muchas personas pueden haberse sentido huérfanas de más mala leche durante los años del moderado en las formas Mariano Rajoy. Esta hipótesis es la que mantendrían en la actual cúpula del PP y de ahí su giro al aznarismo y a la bronca permanente. El problema es que, por mucho que agiten la bandera de la libertad (habiendo sido los promulgadores de la ley mordaza), en ningún momento desde el partido ultra han hablado de las cosas que hace el PP. Por mucho que exista una maraña de voces que hacen complicado escuchar alguna, el discurso de Vox en estos instantes está muy definido y saben perfectamente a quién se dirigen sus bravuconadas. Xenofobia, guerra cultural, defensa de la unidad de España sin autonomías y turbocapitalismo. En el PP hay voces que pueden defender cosas parecidas, pero no en su cúpula. Algo que tampoco extraña pues son bastante incultos. Y ahí está el problema del PP, que tiene una capa dirigente que no gusta entre sus posibles votantes.

Hipótesis 3. Blanqueamiento del partido por parte de los medios de comunicación de la clase dominante. Sin duda no hay más que blanqueamiento por parte de los medios de comunicación de derechas, incluyendo a El País, como sucedió en el período de entreguerras en Europa en el siglo XX. A la clase dominante, sin duda, Vox no les molesta porque comparte completamente los postulados del capitalismo globalizado y precarizador que está implantándose como ideología dominante. Los capitalistas saben perfectamente, porque lo han probado en países periféricos de Europa como Hungría, que el autoritarismo y el capitalismo son compatibles. No les asusta y les puede servir una extrema derecha como instrumento de viraje del sistema hacia sus posiciones (de derechas evidentemente) y así destruir cualquier intento de rebelión desde la izquierda. De hecho, si se fijan, el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos es bastante moderado y que la agenda política hay virado hacia esas posiciones más hacia la derecha es culpa no de un cambio de mentalidad dentro de la sociedad sino del miedo generado en la élite política anterior. El blanqueamiento ayuda y es instrumento de la clase dominante para favorecer a la extrema derecha.

Hipótesis 4. Algo mal está haciendo la izquierda. Sin lugar a dudas algo estará haciendo mal la izquierda cuando se permite que vire el sistema de valores políticos hacia la derecha. No es culpa de Gobierno en sí sino de ese global que es la izquierda política, intelectual y cultural. Cuando desde Vox se habla de guerra cultural saben perfectamente dónde están y contra quienes actúan. La izquierda, en los últimos tiempos, se ha engarzado a la postmodernidad más obtusa, más idealista y más inane. Encantados con la batalla por la hegemonía cultural, en cierto sentido mal entendida, que propuso Antonio Gramsci y que han desarrollado personajes como Ernesto Laclau, algunos movimientos ecologistas (especistas y veganos especialmente) o el mundo LGTB, han abandonado cualquier tipo de análisis materialista que tenga en cuenta los movimientos estructurales del sistema (lo económico no como número sino como sistema) y las consecuencias subsiguientes. En esa suma, que proponía el sardo, de luchas distintas se ha acabado por diluir la lucha verdadera de la clase trabajadora o las clases populares. No hay tontería del lenguaje performativo, de la invalidación del género, de la disolución de la clase trabajadora o del pesimismo antropológico del globalismo postmoderno macerado en las universidades estadounidenses al que no se sumen. Esto genera una imagen de la izquierda alejada de la lucha de clases y vinculada a rarezas o individualidades egoístas de todo tipo. ¡Si hasta están destruyendo al feminismo con tonterías queer!

Como es obvio cada uno de los que están leyendo este artículo tendrán su propia hipótesis. Algunas serán factible y pensadas, otras no. Pero es evidente, como sucede en Alemania donde la Grosse Koalition ha permitido la subida de la extrema derecha de Alternative für Deustchland al dejar todo el hueco de la izquierda abandonado (hasta la llegada de Die Linke). O como sucede en Holanda, Dinamarca y otros países europeos. El ejemplo de Francia es paradigmático en este sentido. La izquierda clásica (PSF y PCF) prácticamente ya no existe y aumenta el apoyo de la clase trabajadora al partido de Marie Le Pen. Más allá de los nostálgicos, teniendo en cuenta el apoyo de los medios de comunicación (sólo hay que ver los que se han juntado en la asociación de periodistas para acabar con el Gobierno), es necesario que la izquierda no sólo se sitúe a la defensiva (esto facilita la cosas a la clase dominante) sino que sea más atrevida, abandone todas las tonterías postmodernas y se ponga a la lucha de clases. Porque muchas personas que votan a Vox lo hacen porque están cansadas de esa guerra cultural de imposiciones, reaccionarias en muchos casos, y exceso de moralismo de la individualidad. La izquierda debe hacer pedagogía y no apología de inventos estadounidenses. ¿Piensan que EEUU difundiría esas ideas si pudiesen ser dañinas para el sistema capitalista? Evidentemente no. Mientras se ponen a la faena, ya saben, al moco verde ni agua, ni hacerles publicidad salvo las críticas.

Post Scriptum. Cabe hacer una precisión cuasi-metodológica. Si ustedes piensan que en la derecha ni se informan de los debates y teorías que se manejan en la izquierda están muy equivocadas. Bien al contrario de lo que suelen hacer algunas personas de esencia pura de izquierdas, que se autocalifican de intelectuales o analistas, los que están detrás de los políticos de la derecha, leen y analizan los discursos y teorías para poder justamente actuar al núcleo mismo del discurso. Estudian los movimientos y deseos de las clases trabajadoras para lanzarse sobre ellas y conquistarlas. Lo hacen sin inmutarse y con fiereza sabiendo perfectamente lo que dicen y por qué lo dicen. No piensen que son tan estúpidos… como algunos listillos que ejercen de asesores y no las ven venir.