jueves, 1 enero, 2026

Ridículo espantoso del PP con Ayuso como heroína de la libertad

A punto han estado en el PP en tomar el ADN de Eugène Delacroix y resucitarlo para que pintase un nuevo cuadro de “La libertad guiando al pueblo” con la cara de Isabel Díaz Ayuso como modelo. En una campaña preparada de antemano, según nos cuentan fuentes del PP, tras las imágenes de la presidenta de la Comunidad de Madrid en la Final de la Supercopa de fútbol masculino celebrada en Arabia Saudí, las principales cuentas de redes sociales de la dirigencia del PP deberían trasladar el mensaje de que la popular estaba rompiendo las barreras de la libertad como jamás había hecho feminista alguna al vestir de forma normal en la dictadura saudí. Dentro de la batalla cultural (versión feminista) que están librando contra el legítimo gobierno de España, desde el PP no han pensado nada mejor que encumbrar a Díaz Ayuso como feminista “de verdad” sin percatarse algo sumamente importante para que la estampa que presentaban se pudiese producir.

Aducen desde el PP y su vocero ABC que la presidenta de Madrid ha sido valiente por ir descubierta, sin el ajab, y vestida con las mangas un poco recogidas, demostrando así que es más feminista que las feministas de izquierda que, según dicen, hablan mucho pero parece que hacen nada. Como puedan ver en los mensajes que muestra el artículo, todos y cada uno de los máximos dirigentes han comentado la supuesta hazaña de Díaz Ayuso. Así Pablo Casado ha escrito lo siguiente: “Díaz Ayuso dio ayer un ejemplo de verdadero feminismo ante millones de espectadores de todo el mundo. Estoy seguro de que muchas mujeres que no disfrutan de una libertad plena vieron en ella una referencia”. Teodoro García Egea por el mismo camino: “Sabíamos que Díaz Ayuso traería más libertad a Madrid, pero ha demostrado que la lleva allí donde esté presente”. Lo dicho sobre Delacroix igual es corto y habría que igualarla con Juana de Arco, por aquello del catolicismo que les pega más, porque pareciera que por lucir melena al viento estuviese consiguiendo cambiar los paradigmas saudíes respecto a la mujer.

En realidad todo es producto de la ignorancia. Son tan ignorantes en el PP que no se han enterado que desde hace unos meses, para tapar un poco el escándalo del asesinato del periodista Khashoggi (que como saben fue descuartizado), la teocracia dictatorial de Arabia Saudí permitió que las mujeres extranjeras que visitasen su país pudiesen ir descubiertas y aceptando las normas del vestir propias del país. Así que de libertad nada. Y si lo dicen por llevar la manguita levantada, como dan a entender en el diario monárquico y católico, ABC, pareciera que la mente pecaminosa estaría más bien en España que allí. Ignorante que quieren dirigir el país hablando de feminismo y libertad cuando la susodicha tan sólo estaba cumpliendo con la obligación que establece el país. Si no fuese así, ni Patricia Cazón, reportera de AS, podría haber estado estos días escribiendo sus crónicas desde la dictadura saudí. Ni otras mujeres como la jefa de prensa de la Federación, Marisa González, antigua jefa de gabinete de Cristina Cifuentes que igual ha ayudado a poner en el podio a Díaz Ayuso. Aunque tal y como la trataron en el PP igual hasta le ha sentado mal la cafrada ignorante del partido.

Angela Merkel en Arabia Saudí

El caso es que Díaz Ayuso aprovechó que nadie del Gobierno español, aún en trámites acudió a la final, para intentar venderse como una heroína del feminismo. Y no, no lo es por mucho que su asesor Jorge Vilches intente hacer una maniobra de distracción ante el escándalo que se ha producido en las redes sociales. Así el politólogo ha presentado imágenes de dirigentes socialistas en visitas a Marruecos que sí vestían el ajab. Lo que se le ha olvidado al asesor es que esas imágenes están tomadas en lugares religiosos, en los que es obligatorio cubrirse. Algo que le hubiese ocurrido a Díaz Ayuso de haber entrado en un mausoleo o en una mezquita. Así que feminismo de la presidenta poco, sino más bien una nueva muestra de su infinita capacidad de llegar a hacer el ridículo. De hecho, en sus visitas a Arabia Saudí tanto Theresa May como Angela Merkel fueron vestidas como acostumbran en su día a día, así como algunas directivas de compañías (incluso del Ibex-35) lo hicieron antes que la presidenta de Madrid y sin estar la última norma vigente. Por lo que el régimen saudí viene permitiéndolo a numerosas mujeres que son dirigentes políticas y económicas. Nada nuevo.

Juan Carlos Girauta, ahora que se aburre un poco escribiendo columnas en ABC, también salió a defender a Díaz Ayuso, metiendo la pata igualmente. Porque ¿saben si las imágenes de la entrega del trofeo fueron emitidas sin más por la televisión saudí? No lo saben y esto acrecienta más su capacidad de ser ignorantes pues, de no haberse visto las imágenes, el supuesto gesto de la popular no serviría para nada. Son torpes hasta llegar al extremo y quieren dirigir el país junto a un grupo autoritario como Vox. Como siempre en el PP haciendo el juego al patriarcado, utilizando a las epicleras para aparentar feminismo pero conservando el poder de decisión los hombres. Intentar vender feminismo liberal cuando son los primeros que tienen a la mujer propia como “abnegada compañera que se encarga de la casa y todo lo demás” es ya muy antiguo y por eso siempre les sale mal. El feminismo es otra cosa pero les cuesta entenderlo. En general les cuesta entender todo si no se lo dan por escrito.

Incultura de Arrimadas al criticar al ministro Castells

Al no recibir al cariño que cree se merece por parte de la prensa españolista y andar por la vida política como un espíritu errante, ya que no se han enterado aún que sólo tienen diez diputados y ya no engañan más a los españoles, Inés Arrimadas va pisando todos los charcos posibles para ver si la salpicadura de alguno provoca alguna reacción. Más allá de la cara de las personas mojadas, que le miran como solamente se mira a las niñas mimadas que se ponen farrucas, nadie hace caso ya a la candidata a dirigir Ciudadanos (y hacerlo desaparecer como partido político habría que añadir) y por eso la ha tomado con el nuevo ministro de Universidades, el prestigioso Manuel Castells, a ver si tirando a una pieza más grande acierta. Y no, no ha acertado porque ni los medios de derechas (casi todos) le han hecho caso. Tiro errado.

Tras esta introducción ustedes se preguntarán, en buena lógica, ¿para qué hacer un artículo sobre las cosas que dice o hace? Porque es tal la incultura que destila que es labor social mostrarlo al mundo para que aquellas personas que aún ignoren lo que es esta mujer tomen conciencia de su verdadero ser. El otro día mostraba, de forma clasista y entendiendo la democracia como una meritocracia de clase media (de falsa clase media para aquellos que no sigan estas columnas habitualmente), un folio intentándose reír de la inexperiencia de Adriana Lastra y resulta que ella misma es una inculta y una ignorante. Verán por qué. En un mensaje den redes sociales ha dejado esto por escrito: “Aquí tienen al ministro de Universidades del Gobierno PSOE-Podemos luciéndose en TV3. Vean cómo carga contra los jueces e insulta a los partidos constitucionalistas”. Si sólo leyesen, como suele hacer la mayoría, el texto parecería que Manuel Castells ha dicho lo más tremebundo sobre la derecha española y la justicia. Y, además, dicho en catalán es aún más deleznable para esas masas cretinizadas.

Si se toman la molestia de escuchar al sociólogo afirma que la alta justicia española es nacionalista (española) como lo son Ciudadanos, PP y, duda un poco, el PSOE. Ese es el insulto tan insoportable contra la judicatura y los partidos de derechas, calificarlos de nacionalistas. ¿No creen que Ciudadanos o el PP son nacionalistas? Seguramente la mayoría de ustedes lo creen y no ven en ello insulto alguno. ¿El PSOE es nacionalista? Depende de quién esté al mando sí. Felipe González y Alfonso Guerra no renegaron de ese calificativo cuando la revista Times lo dijo. Es más estaban orgullosos de llevar a cabo la revolución la que burguesía no supo realizar. A José Luis Rodríguez o a Pedro Sánchez I tampoco les molestaría ese calificativo porque, en cierto modo, son nacionalistas (recuérdese aquella foto con una bandera de España enorme tras él). A Pedro Sánchez II igual le molesta si se lo dicen con mala leche, pero tal y como lo afirma Castells lo entendería. Pero claro, el PSOE no entra dentro de los partidos constitucionalistas, ese eufemismo del trifachito para esconder que son de derechas y se juntan con los neofascistas. De hecho, aunque Arrimadas no lo sepa producto de su incultura, no existe nación sin nacionalistas y ello lo es.

El problema es que Arrimadas, como pueden ver en la segunda parte del mensaje, sólo entiende el nacionalismo como sectarismo (siempre hay algo sectario en el nacionalismo pero no como lo dice la naranja), como algo malo, ya que para ella sólo son nacionalistas los malos como Puigdemont o Torra. El pobre Castells, criado intelectualmente en Francia, ha mamado lo que es el nacionalismo francés, además de haber leído a Raymond Aron, Ernest Gellner, Elie Kedourie o Eric Hobsbawn entre otros intelectuales que se han dedicado al tema, y habla desde una perspectiva culta. Arrimadas como ni sabe lo que es nacionalismo (que pueden ser buenos, malos o mediopensionistas porque depende de los nacionalistas al final) en términos analíticos desconoce que ella misma es nacionalista, de la facción españolista pero nacionalista. Producto de esa incultura, que además sufre un doble agravante por su visión sectaria de la vida, sólo ve a los demás como malos españoles y nacionalistas asquerosos. Es evidente que la Universidad no pasó por ella, pero es que pareciera que razón tampoco. La mayoría de militantes de Ciudadanos o PP no se molestarían en que les llamasen nacionalistas españoles porque aman España, pero ella como carece de cultura y de inteligencia ve un insulto donde la mayoría vería una alabanza. De donde no hay no se puede sacar afirma el dicho… pues eso.

Fracaso absoluto de Vox en sus concentraciones contra Sánchez

En un poblachón manchego un hombre caminaba con una bandera de España guardada en una bolsa, de plástico por supuesto, por la plaza en la que se encuentra el Ayuntamiento. Miraba de reojo a personas que a las doce de la mañana se manifestasen “patrióticamente” junto a él y contra el Gobierno de los “socialcomunistas traidores a España”. Tras recorrer la plaza en dos ocasiones y en vista de que no llegaba nadie más decidió entrar a misa para purgar sus pecados. Esto mismo ha ocurrido en toda España, nadie ha hecho caso a las concentraciones a las que ha pedido Vox que se adhiriesen los patriotas para acabar con Pedro Sánchez. Fracaso absoluto de la ultraderecha en su intento de obtener el calor de las masas y, sin embargo, una imagen de fascistas cantando el Cara al sol que dice más de quienes convocaban que del patriotismo que se presupone debería existir en el corazón de “cualquier español de bien”.

Si se fijan bien ningún medio de comunicación ha hablado de éxito, en la derecha no lo han hecho de fracaso porque ya se sabe en qué lado se mueven, ni han ofrecido imágenes o vídeos donde poder ver a las masas (cretinizadas como gusta decir a Juan Manuel de Prada) mostrando su apoyo a Vox y sus dirigentes máximos. Javier Ortega Smith, que acudió a malmeter en Teruel, ha conseguido una foto con una decena de personas y poco más. Grupos ultracatólicos habían promovido las concentraciones a las que Vox, intentando aglutinar en su partido una posible victoria, se sumó con total jovialidad y que muestran su propio fracaso. Incluso el diario oficial de la extrema derecha, OkDiario, tan sólo ha hecho referencia a las palabras de dirigente máximo Santiago Abascal pero, en un gesto de vergüenza que no se le recuerda a Eduardo Inda, no se ha atrevido a hablar de éxito o grandes movilizaciones… porque no las ha habido. ABC habla de miles de personas en la concentración de Madrid, pero ninguna foto ampliada demuestra esa ingente cantidad de personas agrupadas en torno a los neofascistas patrios. Unos mil en una ciudad de más de tres millones no parecen muchos (contando que a muchos los han llevado de fuera de la capital).

Un fracaso absoluto que la derecha mediática no ha podido presentar contra el Gobierno porque han confundido la voluntad que le ponen a la manipulación mediática con la realidad social. En España sin duda hay patriotas, muchos, millones, pero también demócratas que si se tienen que manifestar lo hacen por un buen motivo, no porque les regalen un bocadillo de mortadela y una bandera de España. Por mucho que alienten desde los medios de comunicación a las masas contra el Gobierno, la realidad es que las personas son bastante más comedidas e inteligentes que los directores de los medios de comunicación. Paradójicamente, se hartan y no paran de hablar de la cultura de los españoles, de los estudios que acumula esa clase media que se ha ido formando a lo largo del tiempo “gracias a los Gobiernos del PSOE de antes” y no se percatan que esas mismas personas tienen capacidad de analizar y banalizar la coyuntura política con unos medios de comunicación que llaman constantemente a la rebelión. Les puede molestar el tema catalán, pues no en vano se han formado muchísimas personas en una historiografía de carácter reaccionario, pero de ahí a no respetar el voto del vecino hay un trecho que no entienden ni los convocantes, ni los medios de comunicación cavernarios.

En Barcelona, los cientos que han acudido, y que se las han visto con los CDR de la derecha catalana, no han tenido otra ocurrencia que cantar el Cara al sol de origen fascista para terminar de espantar a los demócratas y señalar lo que realmente hay debajo del pelaje de Vox, neofascistas con ganas de subvertir los principios democráticos e instaurar un régimen autoritario, reaccionario (ultracatólico) y entregado al capital. Muchas personas de derechas, sin embargo, no se ven reflejadas en ese fascismo y ese autoritarismo que demuestran pese a no estar contentas con que el Gobierno haya tenido que negociar con ERC. De hecho muchas de esas personas de derechas se preguntan constantemente ¿por qué Ciudadanos no pactó con Sánchez en abril un Gobierno de 180 diputados?, o ¿por qué Pablo Casado no ha tenido la misma deferencia que tuvo el PSOE con Mariano Rajoy y se ha abstenido en la investidura de Sánchez? Evidentemente es porque no querían a Podemos en el Gobierno pero ¿acaso no es mejor tener a Podemos en el Gobierno a que España se rompa según su propio pensamiento? Estas preguntas se las hacen muchas personas de derechas aunque no se las hagan los “iluminados” que dirigen los partidos de la zona diestra, ni los directores de los medios cavernarios.

Fracaso absoluto de Abascal que ya se veía como un caudillo guiando a las masas patrióticas a una nueva reconquista. Fracaso absoluto de la Iglesia católica que ha promovido por detrás estas concentraciones, al menos en su fracción carca y ultra. Fracaso absoluto de los medios de comunicación de derechas (casi todos) que ni ayer, ni hoy podrán tener a sus damas de la manipulación (Ana Rosa Quintana y Susanna Griso) hablando del patriotismo de los españoles mientras blanquean, otra vez, al neofascismo. ¡Cómo no habrá sido la vergüenza pasada por los directores de los medios que hasta El Mundo (primer periódico en cuanto a manipulaciones y número de columnistas de extrema derecha) ha sacado el vídeo de la canción fascista! Todo preparado para encumbrar a Abascal y su tropa para acabar haciendo como que ellos, los medios, no saben nada. Que la prensa cavernaria en España tiene un problema de análisis de la realidad es indudable. Entregados al salvajismo periodístico, donde todo lo inmoral es válido, han perdido contacto con la realidad y cada vez tienen menos capacidad de manipulación de las masas. En un país donde la mayoría de sus ciudadanos y ciudadanas son ácratas; donde las malas condiciones que la derecha instaló en sus vidas no se olvidan por mucho que vendan no-se-qué ruptura nacional;  intentar hacer de la mentira virtud parece que ya no surte efecto. Fracaso de Vox y de toda la derecha mediática en su campaña contra Sánchez.

En el PP ya están pensando en echar a Pablo Casado

Tanto alentar a la rebeldía dentro del PSOE acusando a las baronías de cobardes y mientras tanto en la propia casa ya están intentando levantarle el cargo de presidente del PP. Desde que en las últimas elecciones el PP persistió en el estancamiento en votos, habían salvado la cara con los distintos trifachitos regionales y municipales, dentro del propio partido algunas de las familias más moderadas han comenzado a ver con cierto desagrado la forma en que se maneja Pablo Casado. No les gusta el tono aguirrista, bravucón y asustaviejas que tiene el presidente del partido, el cual piensan que está más tiempo viendo qué dicen desde el populismo de ultraderechas a plantear un verdadero discurso propio del partido. Lo que al principio eran pocas voces discrepantes, ahora va cogiendo cuerpo en un runrún mucho más persistente.

La personalidad de Casado, mitomaníaca y bravucona, no ayuda a que la población opte mayoritariamente por su persona como el dirigente principal de la oposición y, por tanto, quien tenga la posibilidad de acabar con la mayoría del PSOE y logre posicionar al PP en el Gobierno con una mayoría suficiente para no depender por completo de Ciudadanos (partido que casi está ya amortizado) o Vox. Los dirigentes populares que están más imbricados en la Unión Europea o dentro de los poderes fácticos tienen que aguantar que colegas y empresarios les pongan la cara roja mientras les interpelan sobre sus acuerdos con la extrema derecha o el extremismo que muestra el dirigente popular. La mayoría de empresarios, desde luego, no deseaban un Gobierno de Coalición de las izquierdas pero tampoco desean que desde el PP alienten un fraccionamiento social que sí sería perjudicial para sus intereses. Saben que la Troika limitará las acciones del Gobierno de Pedro Sánchez (de hecho el nombramiento del expresidente de la Airef es sintomático, a lo que hay que añadir la vicepresidencia de Nadia Calviño), pero que al otro lado del espectro político esté un “asalvajado” no les gusta porque puede provocar la pérdida de inversiones en España al generar un enfrentamiento social que puede provocar que el Gobierno Sánchez decida aplicar políticas más extremas (como cambiar completamente el Estatuto de los Trabajadores sin necesidad de consenso con las derechas españolistas).

Muchísimos votantes del PP desearían ver a la cabeza del partido a alguien con un perfil más moderado en las formas y con mayor capacidad política, incluso con mayor capacidad en términos generales. Ante el sinsorgo que hoy sienta sus posaderas como jefe de la oposición echan de menos un perfil parecido a Mariano Rajoy, contundente en los principios pero con capacidad de diálogo y moderación en la acción de oposición/gobierno. Que el libro de Rajoy esté batiendo los registros de ventas, superando a Sánchez por ejemplo, es tomado como un indicativo no sólo del cariño personal hacia su persona por parte de las personas de derechas, sino una forma de expresar el gusto por un perfil más solvente como presidente del PP. El aguirrismo madrileño, que vencía en las elecciones dopado y con el control totalitario de los medios de comunicación, no encaja en las demás regiones españolas. De hecho, desde Andalucía apuntan a que allí no son casadistas y que siguen su propia senda más moderada en las formas. Cuestión bien distinta es que estén acabando con lo público a marchas forzadas y haciendo caso de todas las salvajadas de Vox, pero es cierto que el perfil de Juan Manuel Moreno Bonilla es muy distante del de Casado. Pero no se asusten que los tiros no van por ahí, no situarán al andaluz como próximo presidente del PP.

Lo que se comenta en los mentideros de la clase dominante es que habría que proponer a gente como José Manuel García Margallo, quien ha recibido multitud de felicitaciones por su mensaje de ayuda a la nueva ministra de Asuntos Exteriores. Una persona culta, con experiencia y de talante conciliador en las formas, algo que tan necesario es en la política chabacana que se ha instalado en los últimos tiempos en España. García Margallo cuenta con el apoyo de un sector importante del empresariado, especialmente el que tiene la mayor parte del negocio fuera de España, pero el verdadero objeto de deseo de muchas de las personas que mandan de verdad en España es Alberto Núñez Feijóo. Su perfil moderado pero su contundencia en la acción de gobierno en pro de los intereses de la clase dominante es muy valorado tanto por afiliados como por empresarios. Evidentemente es una apuesta a medio plazo pues tiene elecciones este año en Galicia, pero esperan que vuelva a ganarlas con mayoría para poder venderle como el necesario dirigente del PP en Madrid.

Aunque no lo digan en público, empresarios y cargos públicos (estatales, regionales y concejales) están cansados de Casado y sus nombramientos. Desde Madrid, donde la Comunidad controla a la Brunete mediática, igual no se percibe igual que Isabel Díaz Ayuso parece estúpida a la mayoría de personas de derechas, o que Francisco Núñez, el presidente manchego que ahora se dedica a imitar a Casado dejándose barba, es ninguneado por todo el mundo haciéndose chistes de todo tipo sobre sus capacidades. Por no hablar de Isabel Bonig en la Comunitat donde provoca vergüenza hasta en las gentes de Vox. Lo que molesta a empresarios y afiliados populares es que con esas personas, no sólo se desprestigia la política, sino que se estropean los negocios y se teme que no habrá forma de vencer a la izquierda (tienen claro que Ciudadanos desaparecerá) y menos si la opción es calentar el ambiente pactando con Vox. Los agricultores de Murcia, por ejemplo, que están contaminando estarán muy contentos con el trifachito pero los empresarios del sector turístico (incluidas las personas que alquilan sus apartamentos los meses que no están de veraneo) se acuerdan de las madres de todos ellos porque les perjudican en sus ganancias. Y todo por culpa de Casado y su colega de andanzas, el campeón del lanzamiento de huesos, Teodoro García Egea.

Aún no se ha dado la orden de acabar con Casado desde los lugares de mando de la clase dominante porque se espera a las elecciones gallegas y a ver cómo se desarrolla el comienzo de la legislatura. Pero en cuanto todo el mundo político se estabilice, por mucha algarabía que monten Casado y la extrema derecha, no se tardará en comenzar a criticar al presidente del PP desde los medios preferidos del establishment para estas cuestiones (no El Mundo no está entre esos, las cosas que dicen es porque hacen periodismo cavernario por sí solos). También comenzarán las entrevistas a Feijóo, a García Margallo y a otros dirigentes del pasado reciente (tipo María Dolores Cospedal, por ejemplo) para ir creando el caldo de cultivo antes de darle el hachazo final. No se piensen que esto es nuevo, no hace tanto desde la clase dominante dieron la orden a Albert Rivera de pactar con el PSOE un gobierno de 180 diputados. Se rebeló, pensó que él era más importante que el poder que tenía detrás respaldándole y, hoy en día, anda buscando trabajo. Mucho debería cambiar Casado, al quien tiene ya por amortizado en la clase dominante, para salvar su cuello. Al carecer de capacidad y estar entregado a la actitud vocinglera es complicado que alguien se trague una moderación futura. Sánchez tiene el apoyo de la clase dominante para arreglar el tema catalán por vía del diálogo porque les viene bien para sus negocios, pero no es una cuestión importante en sí. Sin embargo, el posicionamiento geopolítico de España para poder confrontar los vetos de Trump y abrir mercador son más importantes y eso no se consigue agitando banderas, ni calentando el ambiente. Y eso justo por ahí por donde Casado sobra ya, tanto para los poderosos como para muchas personas que votan o votaban PP.

Un Gobierno al gusto de la Troika

Pensar que Pedro Sánchez, como buen tecnócrata, iba a seguir una senda distinta a la marcada en su primer gobierno tiene un componente utópico enorme. El presidente del Gobierno es un hegeliano, sin haber leído a Hegel, que sigue al pie de la letra eso de que la clase media (Hegel calificaba así a esa clase de tecnócratas y burócratas que sostenía el Estado, aunque sería Marx quien añadiese que en connivencia con la clase dominante) debe ocupar los cargos del Gobierno. La Administración Pública (no sólo española) como fuente de la que extraer al personal directivo del poder legislativo haciendo uso de la meritocracia del curriculum más que de la llamada de la ciudadanía. Nada nuevo pues es algo que lleva produciéndose desde hace años en los demás países europeos. En Francia la legión de enarcas (Ecole Nationale d’Administration) o en Gran Bretaña las gentes de Oxbridge (Oxford y Cambridge) el neoliberalismo viene imponiendo un culto al curriculum que es la marca de ese establishment que se separa de la propia sociedad a la que dirige. ¿Recuerdan a Inés Arrimadas exhibiendo el vacío CV de Adriana Lastra? No es algo contrario al espíritu de época que inspira a la actual dirigencia española.

Así Sánchez ha seguido la senda marcada por esa directriz marcada desde altas instancias donde el curriculum señala la puerta de entrada o no a la dirección política de la democracia. Él mismo no deja de ser un tecnócrata y quiere que su Gobierno sea de ese estilo. Nada de añadir personas con cariz político y menos con un marcado componente izquierdista, como se le pedía ayer en estas mismas páginas, tecnócratas con los que amansar a la clase dominante y a la Troika que se muestra vigilante de las acciones gubernamentales. Si antes ya se sabía que la mujer de negro estaba en el Gobierno, Nadia Calviño ahora ascendida a vicepresidenta económica, Sánchez le suma un nuevo hombre de negro del gusto de los poderes fácticos que controlan las cuentas españolas. Y nada mejor que el mayor hombre de negro que el expresidente de la Airef José Luis Escrivá, del que no se tienen noticias de que tenga un pasado de izquierdas sino todo lo contrario. A él le entrega la Seguridad Social para cuadrar las cuentas y veremos qué ocurre con las pensiones, en concreto con el cálculo de las mismas.

A la espera de saber quién se hace cargo de Cultura y Justicia, añade Sánchez otra persona muy del gusto del establishment, especialmente la casta diplomática, como Arancha González. Feminista y preocupada por el medio ambiente con un perfil comercial de apertura total de fronteras comerciales, con tendencia a asumir las tesis imperiales que se traga la Comisión Europea. Desde luego defiende a la Unión Europea como ente participante con mando en la locura de la globalización pero no de una forma altermundista, sino siguiendo los patrones del “No hay alternativa” neoliberal. O lo que es lo mismo las tesis de Francis Fukuyama (otro hegeliano por cierto), mercado y liberalismo. Un nombramiento alabado por los populares Josep Piqué y José Manuel García Margallo, como dato indicativo del corporativismo diplomático y del establishment. Dos nombramientos que miran más allá de España para contentar a la Troika y a los mercados internacionales, algo que como ya se ha contado aquí, aceptan de buen gusto en Unidas Podemos siempre y cuando puedan obtener alguna ventaja competitiva en cuestiones simbólicas.

Que Manuel Castells esté en Universidades es un alivio para la fracción educativa (tanto en el plano institucional como en el editorial); que Alberto Garzón esté en Consumo no le preocupa a nadie en realidad, pero no asusta pues casi no tiene competencias; que Irene Montero esté en Igualdad sólo preocupa a los reaccionarios y a algunas feministas que no se fían que se entregue a lo queer; y ya Pablo Iglesias y Yolanda Díaz tienen asumido que sólo se modificarán algunas partes de la legislación laboral.

Un Gobierno de tecnócratas para calmar a la clase dominante, en general, y a la Troika en particular. Un Gobierno de personas que siempre han trabajado vinculadas a instituciones públicas que es lo que gusta al espíritu de la época neoliberal que vivimos, y pocos perfiles políticos. No le gustan a Sánchez los perfiles de ese estilo, salvo Ábalos por razones evidentes, porque supone introducir matices importantes en la acción de Gobierno y el discurso gubernamental. Esa parte más política se la dejará a Podemos sin duda, pero ya se advirtió que eso puede tener un peaje caro a medio plazo para el PSOE. Algo que no le importa al presidente pues su principal intención es salir bien librado y poder retirarse con alguna medalla colgada y nada mejor que evitar personalidades que oscurezcan su actividad mediática. Lo político en el PSOE lo marca su figura y lo técnico los demás, que para eso los elige con ese perfil. Contenta la Troika y contento Sánchez. No es ni bueno ni malo apriorísticamente, todo dependerá de la coyuntura en la que se trabaje. Puede salir bien, como puede salir mal, pero no es menos cierto que por mucho curriculum que se intente vender algo de patriotismo de partido parece que sí le piden algunas personas del PSOE. Claro que tampoco conviene jugar con fuego porque igual le daba por nombrar a Santos Cerdán y sería más que susto, muerte. Realmente, pese a la inmensa ilusión de las gentes de izquierdas, todo huele a gatopardismo.

El PP de Madrid enloquece o vive en una realidad paralela

Empieza a ser preocupante lo que sucede en el PP en términos generales y en el madrileño en particular. Cierto es que tener el en cogote constantemente a los neofascistas o populistas (como suelen decir en el propio partido conservador) de Vox les provoca pavor y sudores fríos porque, al fin y al cabo, les están quitando votantes a espuertas. También es cierto que alimentaron a la bicha concediéndoles prebendas y cuota de mercado mediático y electoral por este miedo que les impide criticar a la formación de ultraderecha. Y es el miedo a que les quiten el pastel de la derecha el que provoca esa subversión de la realidad, esa vida constante en la subjetividad creada por ellos mismos para dotarse de un círculo de protección mental. De ahí que todo lo que sucede en España, en general, y en Madrid, en particular, sea visto de forma distorsionada pero encajando perfectamente en el inconsciente de la dirigencia conservadora.

La última ocurrencia es presentar una Proposición No de Ley para que el Gobierno de la Comunidad de Madrid inste al Gobierno del Estado (dicen nación pero es normal que no entiendan que lo nacional no tiene gobierno en sí al carecer de materialidad) para, en términos generales, tocarle los bemoles en base a su visión distorsionada de la realidad. Así, proponen a Pedro Sánchez que “rechace públicamente las exigencias planteadas por ERC y Bildu” por condenar la transición y pedir la autodeterminación. Lo segundo es comprensible, pero que hablen de transición heroica en un partido donde la mitad de sus diputados pedían la abstención o el voto negativo tiene su gracia. La transición como hecho histórico puede, es más hasta debe, ser analizada con perspectiva crítica, lo cual no atenta contra la Constitución en sí sino que, si se fuese demócrata realmente, la refuerza. Pero hay que colgarse la medalla, después de tantos años, de constitucionalista. En esa perversión de la realidad no se han dado cuenta de que UCD no era AP-PP. Esto no es más que palabrería, con un fuerte tinte autoritario (ya verán por qué), y no tiene sustancia.

También le piden al presidente del Gobierno que no revierta “políticamente las condenas que la Justicia ha impuesto a los condenados por sedición” o lo que es lo mismo que no utilice la prerrogativa que posee el Gobierno de conceder indultos. Nada nuevo, aunque sí que es curioso que no les moleste que se haga un referéndum a nivel estatal para decidir la autodeterminación de Cataluña o País Vasco. “Sin que en ningún caso se pueda someter a consulta de manera exclusiva en un determinado territorio, como Cataluña o País Vasco” dicen en el escrito, alentando a que los euskaldunes pidan un referéndum. La verdad es que para defender el Estado suelen dar pie a los secesionistas de todos los lugares con sus acciones políticas. ¿A quién se le ocurre pedir un referéndum a nivel estatal o alentar al PNV a pedirlo? Sólo a quien tiene una visión distorsionada de la realidad. Pedir un referéndum a nivel estatal igual traía una sorpresa y la mayoría de españoles votaban que se vayan de España. Con lo guasones que son los españoles, mejor no jugar con fuego. Dejando la ironía a un lado, la realidad es que piden algo que no tiene en mente el presidente del Gobierno. ¿En qué momento el Gobierno ha interferido en las decisiones de la Justicia? Curioso que digan estas cosas quienes sí han interferido en la Justicia y conocen las decisiones judiciales con tiempo de antelación, como sucedió con Pablo Casado y la JEC. ¿Acaso piden a Sánchez que instaure un totalitarismo?

Más gracioso es el siguiente pedido que hacen a Moncloa: “Respetar, dentro del alcance establecido por la doctrina constitucional, la libertad de expresión, sin que en ningún caso se apliquen llamados “cordones sanitarios a las ideas” cuya consecuencia pueda desembocar en un control de los medios de comunicación”. Vamos que hay que permitir las difamaciones e inventos de OkDiario o El Mundo. Curioso que hablen de respeto a la libertad de expresión cuando es el partido de la Ley Mordaza. O que hablen de control de los medios de comunicación cuando implantaron teleaguirre o telecospedal y ahora van en busca y captura del director de Telemadrid para cargársele y montar teleayuso. De verdad que eso del ojo, la paja y la viga es marca de la casa. Lo curioso es que hablan de cordones sanitarios a las ideas para defender la libertad y se muestran incapaces de decir qué es la libertad. En estas mismas páginas ya demostramos que no son liberales por no seguir los principios del liberalismo, por lo que el término libertad parece que, más allá de la falsa libertad de mercado (curiosamente todos los gobiernos de derechas legislan para regular el mercado, al menos en favor de la fracción dominante), sólo les sirve como comodín ante la escasez de capacidad discursiva. Si algo no les gusta es un atentado a la libertad, como esa defensa que hacen de los colegios confesionales a los que riegan de millones con conciertos, los cuales todo el mundo sabe son suplementarios de lo público. Ya sabemos que en la derecha eso de adoctrinar sobre la masturbación y la pobreza les viene de siglos.

Alfonso Serrano ha intentado que el resto del mundo piense que los siete sellos se romperán y que en Madrid tiene el Gobierno un problema en defensa de España. De la España de la clase dominante, evidentemente. No ha hablado del aumento en las listas de espera en atención primaria, ni del aumento del gasto en consejerías, ni cómo van a acabar con los 30.000 millones de deuda que acumula la Comunidad, ni de las cosas materiales. Todo lo contrario habla de cuestiones que no son de competencia autonómica y que están mucho más en su cabeza, bueno en la de todas las personas del PP, que en la agenda política. Los conflictos políticos sólo existen si hay bolivarianos o comunistas por en medio. Si un grupo de ciudadanos españoles piensan que se quieren independizar y protestan, eso no es un conflicto político, sino una algarada que debería acabar con todos en prisión. Ya decía Michel Foucault que la derecha política siempre ha sido muy de dañar el cuerpo y la mente, lo que no se imaginaba es que llegasen a distorsionar la realidad de esta forma. Si el PP sólo tiene estas cosas para hacer oposición mal va. Si tienen miedo a Vox (que lo tienen y mucho) mal van. Tendrán sus minutos de exhibición en la Asamblea de Madrid, claro que provocar este debate donde las gentes de Vox (Ciudadanos ya no cuenta porque es un expartido) van a tener su cuota de mentiras y salvajismo mediático igual no es una buena idea. Que igual los asesores del PP no lo han visto y luego se arrepientes. La verdad es que son únicos para alimentar a sus contrincantes.

Sánchez necesita un “rojo” del PSOE en el Gobierno

La conformación de Gobierno, que en el lado del PSOE no se espera tenga muchas sorpresas (alguna salida o algún cambio hacia secretaría de Estado), no sólo ha de contar con las capacidades técnicas de los seleccionados, sino las políticas. Es conocido que Pedro Sánchez prefiere los perfiles tecnócratas, de bajo perfil político, porque se asemejan más a su propio perfil. Personas con una marcada acción técnica durante su vida política y profesional antes que un perfil político que tenga mayor brega en el día a día. Salvando a José Luis Ábalos y Josep Borrell, el resto de los elegidos en el anterior gobierno tenían un claro perfil técnico, también producto de la especial coyuntura en la que se movía cuando fue elegido tras la moción de censura: una Troika permanentemente fiscalizando la acción de Gobierno para no separarse ni un milímetro de sus mandatos.

Hoy en día esa fiscalización persiste y es algo que Unidas Podemos tiene claro antes de pactar, pero igual sí necesita algún ministro o ministra de un perfil más político y más a la izquierda que la mayoría de los que conformaron el Gobierno anterior pues la coyuntura ha cambiado al producirse la coalición. En resumidas palabras necesita a un “rojo” o “roja” del PSOE, con fuerte sentido político para contrabalancear a los ministros y ministras de Unidas Podemos. Ciertamente ese tipo de perfil no es habitual entre los “sanchistas” del PSOE que tienden a moderados, social-liberales en muchas ocasiones, y que son de “izquierdas” de boquilla más que de convicción o acción. Demasiados representantes de lobbies, de “qué hay de lo mío”, y pocos izquierdistas que es lo que necesitaría para actuar dentro del Gobierno. No abundan entre los sanchistas de primera hora (ahora hay muchos “sanchistas” que se han subido al carro) aunque los hay más allá del sanchismo que han demostrado su compromiso con el PSOE desde hace tiempo, incluso desestimando los cantos de sirena de otras formaciones políticas. Pero no son sanchistas en sí sino solamente socialistas y esto es algo que al propio Sánchez y a algunos de los factótums de la Ejecutiva no les agrada demasiado pues los quieren fieles antes que leales.

Se preguntarán ¿por qué incluir un “ministro rojo” en el Gobierno? Por dos motivos, uno interno al propio desarrollo del Consejo de Ministros y Ministras y otro de carácter externo-simbólico. En el ambiente flota que las ministras y ministros de Unidas Podemos van a tragar con casi todo lo que proponga en presidente del Gobierno. Dicho de otra forma, que van a renunciar a muchos de sus “principios” por permanecer en el Consejo porque no se verán en otra igual en la vida seguramente. Lo cual no empece para que dentro del mismo Consejo interpelen a los demás ministros y ministras con cuestiones de ética izquierdista. Alfonso Guerra, como deliciosamente contó Jorge Semprún, solía hacer todo ese tipo de extravagancias o postureo dentro del Consejo aunque luego era el primero en tragar y defender lo propuesto incluso defenestrando a compañeros y compañeras de UGT si hacía falta. Frente a perfiles técnicos Iglesias o Garzón, este último como casi no va a tener competencias con mayor razón, pueden convertir el Consejo de los viernes en un toma y daca de principios y teorías de la izquierda. De ahí que sea importante contar con alguien de su perfil izquierdista para confrontar cuestiones, baladíes en muchas ocasiones, pero que pueden dar al traste con el Gobierno por cansancio.

Lo más importante, sin embargo, es que desde Unidas Podemos van a jugar la carta de “vender” y explotar todo lo que suene a izquierdas como un producto de su intervención en el Consejo de Ministros y Ministras. Aunque Sánchez no lo quiera es obvio y patente que van a intentar ver que existen dos Gobiernos en uno. El de Sánchez que será el que haga todas las cosas de neoliberales y el de Pablo Iglesias que será el más izquierdista. Un juego simbólico que les permita llegar a la ruptura, que se producirá en cuanto vean que sus opciones de obtener más escaños se reflejan en los sondeos, aunque nunca antes de los dos años, en inmejorables condiciones de señalar como un “traidor” a la causa de la izquierda a Sánchez. Es algo que se ha producido a lo largo de la historia, de forma muy cainita en España pero en todos los países de Europa y dentro de la derecha incluso, por lo que hay que tenerlo en cuenta. Hasta que llegue esa ruptura intentarán, como se ha dicho, mostrarse como los más izquierdistas. Con perfiles tecnocráticos, que no se manejan bien, como se ha visto en las lides parlamentarias, en la retórica de la disputa ideológica, no estaría de más que Sánchez incorporase a alguien de perfil más “podemita” pero militante del PSOE para contrarrestar ese juego simbólico que van a usar desde Unidas Podemos. Alguien que sepa manejarse con un lenguaje que no sea el típico del aparato socialdemócrata típico, que es el utilizado por Ábalos o Adriana Lastra.

No es sencillo encontrar ese perfil desde luego. Algunas personas podrían pensar en Odón Elorza o en Manuel Escudero, son dos buenos candidatos pero socialdemócratas sin el simbolismo de izquierdas que podría tener Andrés Perelló, por ejemplo. Como Juan Antonio Pérez Tapias salió del PSOE no puede ser considerado, aunque su perfil moderador entre ambas partes también lo reúne el valenciano. Incluso un perfil más marxista y con más mala leche no estaría mal, entre otras cosas porque desde Unidas Podemos, sin dejar de ser “leales”, van a moverse con todo el aparato mediático que tienen detrás y del que carece en buena medida el PSOE. Frente a eso se necesitará algo más duro que no tendría por qué tener un ministerio con importante dotación sino algo como los que tenía Adolfo Suárez, ministro asociado al propio presidente, así que con una secretaría y poco más valdría para no aumentar gastos. Perelló sería el ideal por su pertenencia a Izquierda Socialista (la de verdad no la secuestrada por la ejecutiva) pero no hay mucho más entre los fieles sanchistas. Más allá sí hay gente pero igual no le gustan ni a Sánchez ni a las baronías y también hay que jugar con esas cuestiones internas al partido. Pero que se necesitará un ministro rojo o una ministra roja para contrabalancear las acciones simbólicas de Iglesias y compañía es evidente. Al tiempo…

El PP manchego proclama a Puigdemont “patriota español”

El PP de Castilla La Mancha es conocido por reunir a las personas más inteligentes de la región, tanto como para que se conozca que su presidente Francisco Núñez sea conocido por dos cuestiones: la primera, que quiere privatizar la sanidad manchega (así lo dijo nada más llegar al cargo); y la segunda que su cuerpo suele llegar diez minutos antes que su mente a los sitios. Ayer no fue Núñez quien ofreció la muestra de esa inteligencia concentrada en tan poco espacio, sino Carmen Riolobos y Vicente Tirado, los cuales ofrecieron a las masas su visión de lo acontecido en la investidura de Pedro Sánchez.

Lo primero que han querido transmitir es que el nuevo gobierno está repleto de traidores, a los que habría que añadir a Emiliano García-Page por no impedir que se formase ese gobierno. No explican de qué forma el presidente manchego podría evitar el nombramiento de Sánchez, seguramente lo sepan en su interioridad y no lo ofrezcan a las personas para no quedar maravilladas por tanta inteligencia, pero esto no es lo importante sino que todos en el PSOE son traidores por cumplir con lo estipulado en la Constitución. No como Pablo Casado que hablando sólo de ETA y peligro económico ofreció el “único discurso de un hombre de Estado”. Tampoco han querido contar a la audiencia qué significa ser un “hombre de Estado” salvo que tiene algo que ver con ser constitucionalista aunque no se respete la Constitución.

Es tal la inteligencia mostrada por Riolobos y Tirado que expresaron que la formación de Gobierno reúne a “los comunistas de Podemos, los populistas bolivarianos, los separatistas de ERC y con los pro-etarras de Bildu”. ¿Quiénes son los populistas bolivarianos si las gentes de Podemos son comunistas? ¿Se han desdoblado? O ¿han escuchado que todo el mundo enlaza comunistas-populistas-bolivarianos-etarras-secesionistas y se han lanzado a decirlo sin pensar que estaban metiendo la pata? Igual sólo leen y escuchan a Eduardo Inda y por ello se despistan y cuentan dos veces a los mismos, algo que es normal porque en el PP son de contar muchos billetes sacados de las arcas públicas para beneficio personal y partidista. Pero lo mejor estaba por llegar…

En su inteligencia infinita, Riolobos, quitando el micrófono a Tirado, ha calificado de verdaderos patriotas, de verdaderos constitucionalistas (como pueden ver en el video adjunto), a las huestes de Carles Puigdemont. Así, como lo leen, los populares manchegos han sumado a los separatistas de Puigdemont, Torra y demás al grupo 165 valientes diputados que se han opuesto a la traición a España que se estaba consumando. Se han quejado en redes sociales de que no querían decir eso, pero lo han dicho porque al final les acaba uniendo lo mismo a los burgueses de Puigdemont. Son hermanos de clase que luchan contra la “ultraizquierda” en todas sus formas y sentimientos. Han descubierto su verdadero ser, la patria les importa poco o nada, pero asegurar los intereses de la clase dominante sí. Por eso añaden a los puigdemonts a sus patriotas, porque son patriotas del capitalismo y el resto les da igual. Por eso se juntan con los neofascistas o los populistas de derechas porque no les une la nación sino el interés pecuniario. España les da igual y por eso se juntan con Puigdemont en una alianza patriota, pero de patriotismo del establishment. Son tan inteligentes que han mostrado sus intenciones.

No ha sido en esta ocasión Núñez quien ha dejado patente la inteligencia del PP de Castilla-La Mancha, él estaba preocupado por mostrarse como muy mucho español. Por eso no ha dudado en dejarse barba para, a ver si hay suerte, y le confunden con Casado y le cae alguna tertulia o algo. Desde luego su personalidad va pareja a la velocidad de su inteligencia y aún no ha aparecido para deslegitimar lo dicho por sus compinches de partido. Por tanto, es de suponer que también considera a Puigdemont como un patriota español que lucha contra la ultraizquierda. Uno de los 165 patriotas que no han sucumbido a la traición de Sánchez, la cual provocará la ruptura de los siete sellos, el toque de las siete trompetas y la libación de las siete copas. Al final uno de los suyos.

Leguina reconstruirá el PSOE si no fallece antes

La inmediatez de la información y el voluntarismo parecen ir de la mano en la política española. Se dicen estupideces mucho más rápido que antes y se cree que por expresar deseos los mismos se cumplen. Así le ha pasado a Joaquín Leguina quien, en un alarde de voluntarismo, de soberbia y de carencia de escrúpulos, ha aventurado que se va a juntar con unos amiguetes más para reconstruir el PSOE y “sacárselo de las manos al traidor Sánchez” (le ha faltado decir). No se sabe lo que desayuna el expresidente de la Comunidad de Madrid, pero sano no debe ser por las palabras que profiere. Entre otras cuestiones porque, analizando la realidad, está más cerca de que le pongan las dos monedas en los ojos que de llevar a las masas a la conquista de Ferraz. Con 78 años cumplidos y estando la sanidad madrileña como está, le convendría más bien cuidarse de los resfriados y dejarse de batallas.

Si lo ha dicho para fardar con Carlos Herrera, locutor al que esperan en Somalia con los brazos abiertos, y que le siga llevando al programa, se pueden aceptar sus palabras. El problema es que lo ha dicho en serio y creyéndoselo él mismo. Es más hasta reconoce no estar solo en tal esfuerzo de acoso y derribo contra Pedro Sánchez. Supóngase por un momento que realmente se diese esa posibilidad de que un grupo de gentes se junten para derrocar al secretario general actual ¿quiénes son los que le acompañarán a día de hoy? ¿José Acosta, Jaime Lisawetsky, Joaquín Almunia y Tomás Gómez? ¿Habría que añadir a Alfonso Guerra y Juan Carlos rodríguez Ibarra? ¿Les apoyarían algunos barones actuales? Sólo con leer los nombres da pánico y pesar a la vez, entre otras cuestiones porque si setentones que sólo juran en neoliberal piensan que las bases del PSOE les pueden apoyar es que hace tiempo que no saben ni lo que hay dentro del PSOE. Además, de que sería una reconstrucción para poco tiempo ya que al resto de conmilitones de Leguina les quedan también pocos años de vida.

Supóngase que sí que se juntan todos esos ¿saben que aún quedan dos años para que se convoque un Congreso y primarias? Con eso de que no les gustan las primarias igual han pensado que se las pueden saltar. O tienen cierta demencia propia de la edad que les impide ver que están en otra coyuntura que no es la de la mesa camilla de antes. Es más ¿de dónde han sacado la idea de que habría gente dispuesta a apoyarles para derribar al presidente del Gobierno? Otra cosa no, conspiraciones todas las que quieran gustan a los socialistas, pero son bastante disciplinados y respetan a quien ostenta el Gobierno. No todos los militantes del PSOE son sanchistas, pero de ahí a apoyar a Leguina y Guerra hay un gran trecho. Es más sólo de pensar que esos son los opositores igual hasta se convertían a la fe sanchista. Si no han palmado en estos dos años y no han perdido la chaveta más de lo que han hecho hasta el momento (curioso que la derecha sólo encuentre septuagenarios para criticar al gobierno del PSOE), igual podrían participar en las primarias.

¿Para qué quitar a Sánchez? “Para recuperar el PSOE que se formó en las afueras de París en 1974” ha afirmado Leguina. Lo primero es que eso no se lo cree ni con grandes cantidades de licor en el cuerpo porque, hay que recordar, él fue uno de los enterradores del PSOE marxista que surgió de Suresnes. Un PSOE que apoyaba la autodeterminación de los pueblos de España, propalestino, imbricado en la lucha de clases y republicano. Es más, en lo orgánico los delegados eran elegidos directamente por las agrupaciones locales y había pluralismo ideológico, tanto como para permitir a Leguina (que por cierto en 1974 no militaba en el PSOE sino en grupúsculos de vanguardia pequeño burguesa que luego conformarían Convergencia Socialista) y otros ser socialdemócratas y no ser expulsados del partido. La falta de memoria igual le puede a Leguina porque es casi seguro que el PSOE de 1974 no lo quiere, sino el de la línea que se mueve de Guerra que surge tras el abandono del marxismo con su carencia de democracia interna. Ese es el que le gusta a Leguina, mandar y que callen todos. Un PSOE entregado a lamer las posaderas al monarca, besar las botas del Imperio y tragar con lo que digan en las altas esferas. Sin un cuerpo ideológico definido pero muy mucho español. No es que el actual PSOE sea mejor y tenga clara la ideología (con decir que se es de izquierdas vale), pero peor que el que quiere Leguina sin duda no lo es.

Derechos Humanos y el “efecto boomerang”

Nuestras sociedades occidentales han convertido los derechos humanos en un fetiche. Los han transformado en el nuevo “dios” al que todos debemos pleitesía. Es más, se llega a mezclarlo con el término democracia, y ya tenemos los conceptos para construir la “santísima trinidad” del siglo XXI, junto a la panacea al que la cosmovisión burguesa reduce todo: la libertad.

En el nombre de dicha “santísima trinidad” nos permitimos disfrazar la expropiación de los pueblos y declarar “estados fallidos” a aquellos que no sirven a los intereses del capitalismo global. Y para justificar el hecho de que Occidente juega el papel de libertados de esos estados fallidos acuñamos un nuevo término: el de injerencia humanitaria.

Danilo Zolo define perfectamente el objetivo real que esconde nuestro humanismo: “Para alcanzar las metas de la seguridad global, las potencias industriales deberán dejar a un lado el clásico principio westfaliano de la no injerencia en los asuntos internos de los estados soberanos. Deberán ejercer y legitimar de hecho un derecho- deber de “injerencia humanitaria” en todos los casos en que se consideren necesaria su intervención para resolver situaciones internas en determinados países”.

1989 cae el Muro de Berlín y es derrotado el stalinismo. La Burocracia deja de ser una casta y abraza el capitalismo. Fin de la Historia! Ya no hay alternativa! Pero lo que realmente se inicia es otra historia. El lenguaje cambia y se envía a la basura de la historia las conquistas sociales [incompatibles con el capitalismo]. La desarticulación de la URSS conlleva un retroceso cultural y civilizatorio. Algo que ya profetizó León Trotsky en su Revolución traicionada. La derrota del stalinismo nos adentró en la Barbarie capitalista. Y después de un siglo volvieron las “guerras” a las puertas de Europa. De nuevo los Balcanes estallaron, la Yugoslavia de Tito desaparece y aparecen de nuevo los Estados étnicos del final de la I Guerra Mundial.

El capitalismo triunfante [neoliberalismo] es el que provoca las guerras, es el que da el zarpazo a la propiedad social y el que aplica el derecho a la autodeterminación de una manera vergonzosa y criminal. Sólo defiendo sus intereses espúreos y al asalto de las riquezas. Por otra parte, los derechos de los pueblos y de propiedad social son destruidos. Es interesante leer los textos de Catherine Samary para olvidarnos de lo que supusieron las conquistas sociales entre las que destacan los derechos de propiedad, los derechos de las nacionalidades o el nuevo significado de ciudadanía en la extinta Yugoslavia como República Confederal. Pero esto al neoliberalismo poco le interesaba. Para ellos fue más importante la “injerencia humanitaria” que les permitía conseguir sus intereses.

Además, cuando no con la violencia o la guerra, implementaron al mismo tiempo políticas económicas que llevaban al mismo resultado: el empobrecimiento de las poblaciones que suponía la vuelta de la pobreza y la miseria. El FMI y el BM basaron su ayuda en una política económica ya aplicada en Latinoamérica: el ajuste estructual. Política que consiguieron aplicar en todos los países del bloque soviético y que trajeron la guerra en algunos países como en Yugoslavia.

El comienzo de siglo, después de la derrota del stalinismo, abre la puerta a un nuevo mundo: fin de la historia, fin del trabajo, junto al “no hay alternativa” El paraíso capitalista abría su arca para asentar a los buenos. La Globalización/Mundialización [capitalista] era un sin fin de parabienes. Pero la realidad siempre aparece y acaba con lo virtual.

La barbarie de la “internacionalización del capital” nos despierta a una realidad que nos acerca al infierno. Una nueva doctrina aparece: la injerencia humanitaria, término pseudoético, que esconde la realidad que ya descubrió Rosa Luxemburgo: el militarismo, que pretende colocar al mundo bajo el imperio del capital.. Perto esta tendencia sólo es posible si el instrumeno no es otro que el de la “guerra permanente”. Una guerra con dos caras: los tratados transnacionales y la contraofensiva militar esta vez a nivel mundial, que permite recuperar la hegemonía político-militar. Ya que como dice Claudio Katz: “el sistema construido por las grandes potencias aleja el peligro de guerras interimperialistas, pero es sometido a otras tensiones. La tendencia de los Estados Unidos a transformar su supremacía en un control desmesurado constituye un factor de inestabilidad permanente”.

La década de los 90 y comienzos del siglo XXI se encontraba en su apogeo la globalización, la mudialización. Para hablar con terminlogía marxista, la internacionalización del capital. Los pensadores que defendían dicha globalización nos hablaban del “fin de las ideologías” y de que el paraíso estaba a punto de llegar. Que lejos estaban aquellas premoniciones de la barbarie capitalista actual. La realidad es que frente a la globalización nos hemos dado de bruces, al mismo tiempo, con una miseria global que ha tirado los derechos humanos al basurero de la historia. Pero este proceso ha traido como consecuencia la aparición de algo nuevo: el hombre desechable

Como dice André Tosel, esta internacionalización del capital está convirtiendo el mundo en un inmenso apartheid para la mayoría de las poblaciones basado /cuidado por una guerra permanente contra los pobres. Una internacionalización basada en una profunda acumulación por desposesión  de amplias masas de la Tierra. El capital vuelve a utilizar la acumulación tal y como Rosa Luxemburgo analizó en su Acumulación del capital:  “La segunda condición indispensable para la adquisición de medios de producción así como la realización de la plusvalía, es el acceso al comercio y la integración en el seno de la economía mercantil de las organizaciones sociales cuya economía natural ha sido destruida. Todas las clases y sociedades no capitalistas deben comprar las mercancías producidas por el capital y venderles sus propios productos”.

El capitalismo no puede llevar a buen puerto toda esta política económica si no es mediante el militarismo (aunque se disfrace de injerencia humanitaria). Pero para realizar esta política es necesario que se cumplan dos condiciones: tener un enemigo y “destrozar” la democracia interna de los paises occidentales. El capitalismo buscó un enemigo después de la derrota del estalinismo y lo encontró en el yidhadismo. Esta situación tiene su retrovisor en la búsqueda de leyes que amordacen la libertad en las sociedades democráticas.

Y esta política  económica también tiene su “efecto boomerang”. Este capitalismo globalizado ha creado una fuerza de trabajo mundializada, un gran ejército de reserva mundial. Pero dicho proletariado global no tiene trabajo y es “desechable de la producción. El capitalismo en su constante expansión no tiene problemas en buscar nuevas formas de guerras, en destruir poblaciones, en expropiar los recursos naturales (aunque para para ello tengan que dar un golpe de Estado con la Biblia en la mano). Pero al mismo tiempo tiene que acallar a sus clases populares en las metrópolis. Y ese proletariado desechable puede convertirse en el nuevo enemigo para esas mismas clases populares. Al menos está siendo el acicate  para esa nueva derecha posfascista.

Así hoy se vuelve a cumplir la tesis sobre el imperialismo de Rosa Luxemburgo:

  • La violencia exterminadora sobre los pueblos y grandes masas de trabajadores
  • La destrucción de la potencia revolucionaria de una parte del movimiento obrero
  • La transformación radical de los cuadros políticos y la invención de instrumentos que lleven a los Estados hacia el autoritarismo y la “destrucción” de la democracia

Pero sobre todo este efecto boomerang lo vemos cuando el capitalismo senil prefiere la desaparición y/ o muerte de masas de trabajadores que huyen de las guerras (de expropiación) que les hemos llevado. Y para lo cual el capital necesita acabar con los derechos humanos y si no utilizarlos como coartada de sus actuales y futuras guerras de apropiación de los recursos naturales del planeta.