jueves, 1 enero, 2026

Tremendismo político: ni 167 valientes, ni quiebra de la democracia

Quienes leen con cierta asiduidad estas columnas diarias sabrán que en ellas se viene criticando la política espectáculo en la que está inmersa la élite política española. Más allá de la determinación de lo mediático-digital que provoca esa espectacularidad y la inmediatez, la dirigencia política tendría que ser contrapunto a ese intento de determinación del medio. Más si se está en el lado zurdo del espectro político pues es conocido que ese canal comunicativo perjudica enormemente los intereses de la clase trabajadora ya que se pierde la racionalización y, por ende, la capacidad analítica de las contradicciones que genera el neoliberalismo como ideología dominante y el capitalismo como sistema económico que determina en última instancia toda la sociedad. La lucha de la clase trabajadora siempre se ha requerido de un sobresfuerzo para traspasar la telaraña construida por la clase dominante para ocultar sus intereses y lo que provocan por eso no se entiende lo que ha pasado estos días donde la dirigencia de la izquierda ha entrado en estado de pánico y se ha dejado arrastrar a la inmundicia de lo espectacular que es propia de la derecha desde, al menos, la revolución francesa.

El tremendismo siempre ha sido marca de la casa de la derecha, da igual reaccionaria, conservadora, liberal o fascista; siempre han utilizado los siete sellos apocalípticos como símbolo de los gobiernos de la izquierda. En mayor o menor medida, si la derecha es más liberal (pero de verdad) tiende a utilizar el raciocinio y menos los aspavientos, siempre han recurrido a mitos nacionales, a persecuciones soviéticas, al llanto en todas sus formas (ya Platón lloraba amargamente porque la sociedad de su época se encaminaba hacia la anarquía moral) para luchar contra la izquierda. Si a ello se le suma la ruina económica, la cual puede ser provocada por ellos mismos, adrede o dentro de sus peleas entre fracciones de clase, el panorama de las derechas cuando las izquierdas acceden al gobierno es similar al cuadro “El grito” de Munch. Ya se sabe cómo son y cómo actúan, incluyendo la posibilidad de llegar al autoritarismo político, por lo que sus arengas son una farsa constante.

Claro que la democracia no se liquida por el acuerdo de Gobierno, ni los apoyos recibidos por el presidente Pedro Sánchez. Persona que jamás se ha mostrado como un radical sino más bien todo lo contrario. Pablo Iglesias lo ha sido mucho en las formas pero tiene la inteligencia suficiente para saber que su propuesta socialdemócrata se debe vehicular, aunque sea por el camino de Swann, de forma sencilla y adaptable a las diversas coyunturas. Y Alberto Garzón es conocido que, una vez es ministro, es disciplinado y dirá sí a todo. No son pues cabecillas políticos revolucionarios ni nada por el estilo sino simples mortales que han llegado a un acuerdo de gobierno, con años de retraso (lo que les ha venido bien para centrarse y dejar los egoísmos fuera), que estará vigilado por la Troika. Si esto es lo que alimenta el tremendismo de la derecha, si se las hubiesen visto con verdaderos revolucionarios hubiesen infartado todos. Como hasta la fecha ningún tribunal (¿no es el Estado de derecho para la derecha el defensor de la democracia?) ha prohibido a alguno de los partidos presentes en el hemiciclo (da igual Eh Bildu que Vox) participar, todos los votos son válidos y democráticos. Más asqueroso fue la abstención del PSOE para que gobernase el PP y no se quebró España. Pero ya se sabe que la derecha siempre ve bien cuando le beneficia (hasta pactar con dictadores si hace falta) y mal cuando lo utilizan los demás.

Lo que no es tan comprensible es el tremendismo y el exceso de triunfalismo de la izquierda. Que se haya logrado un acuerdo de Gobierno vigilado por las derechas nacionalistas (PNV, nacional-catolicismo, y ERC pequeña burguesía catalana), tampoco es para descorchar botellas de champán. Siempre será mejor que un gobierno con los liberales pero las virtudes o defectos se verán en los presupuestos o en la acción de Gobierno. Y por lo que han manifestado hasta el momento ni acabarán con el régimen del 78, es más hasta serán los mayores defensores del mismo de las locuras de las derechas autoritarias, ni producirán nacionalizaciones. Será un gobierno socialdemócrata y ya. Ni esperen más, ni piensen que los poderes fácticos les permitirán más. Que la ilusión no acabe con la capacidad analítica y la racionalidad. Lo saben ellos y ellas y lo debería tener en cuenta todo el mundo. Siempre será mejor que un gobierno de la derecha, especialmente en cuestiones sociales, pero no piensen en grandes transformaciones salvo en una, la cual es mental más que material. A poco que hagan dos o tres cosas bien se romperá el mito del peligro socialcomunista que tan dentro de las personas se encuentra inserto por tantos años de ideología dominante con la matraca.

Ilusión toda lo que no es de recibo es presentar a las diputadas o diputados de la izquierda como los “167 valientes”. Este tipo de tremendismo ni ayuda a la clase trabajadora, ni sirve como elemento contrafactual frente a la derecha. ¿Qué valentía hay en votar afirmativamente a algo que se aceptó cuando el jefe partidista de turno le puso en la lista o no le vetó? De hecho valentía habría sido votar en contra por motivos éticos o políticos. Se puede llegar a comprender las lágrimas de Iglesias porque han sido cinco años de campaña personal contra sus personas, pero de ahí a afirmar valentía por el hecho de votar democráticamente un gobierno de coalición hay un trecho tremendista que la izquierda debería abandonar. Valentía era ser militante/diputado del PSOE en 1986 y defender el “No a la OTAN”; valentía era ser militante del PSOE (se fuese sindicalista o no) y defender la huelga general del 14-D; valentía era ser militante del PSOE en los años de “La conspiración” cuando por el hecho de serlo se les insultaba (“ladrones”, “asesinos”, etc., se les gritaba por la calle) y defender a su partido cuando todos los medios de comunicación, y todo es todos incluido El País (hay que recordar que el, hoy, amado catedrático de la izquierda Javier Pérez Royo pontificaba, como sigue haciendo, desde las tribunas del diario del grupo Prisa contra José Barrionuevo por estar en las listas del partido en 1996, mientras que hoy defiende la liberación de un condenado como Oriol Junqueras); valentía era ser diputado del PSOE y no votar en favor de la modificación del artículo 135 de la Constitución, sabiendo que eso te costaría la defenestración y no estar asustado por ¡¡¡recibir mensajes!!!. Esos eran comportamientos valientes porque se primaba la conciencia de clase o ideológica antes que el mandato del partido. Ir a votar como presidente del Gobierno a quien te ha puesto en la lista no es valentía sino fidelidad.

Es más, como se dijo en estas mismas páginas, el tamayazo que venían trabajando desde los poderes fácticos quedó desbaratado cuando Inés Arrimadas, en una nueva muestra de estupidez política, se adelantó y por destacar pidió el cambio de voto. En ese momento, por mucho que digan, se paró todo y quedó el pastel al descubierto. Así que toda esa vorágine de miedos infundados posteriores de las direcciones partidistas sobraba. Ni lo iba a haber, ni esa mieditis servía para reforzar la imagen del PSOE. Más bien justo todo lo contrario pues indica que ni en la propia Ejecutiva Federal confían en todos sus propios diputados y piensan que se pueden dejar comprar. Y eso que los han situado ellas y ellos en virtud del reglamento interno. No es valiente hacer lo que tienes que hacer sino obligación moral ya que nunca has manifestado contradicción alguna con los planteamientos de la ejecutiva de tu partido. Tremendismo mediático para jugar en el terreno de la derecha sin percatarse de que en ese terreno tienen comprados a todos los árbitros. Una cosa es decir voluntariamente alguna boutade para desviar la atención, algo que siempre hace la derecha, especialmente la neofascista, y otra es hacer tremendismo y victimismo de telenovela cuando lo importante no es la formación del Gobierno en sí, sino la aprobación de unos presupuestos generales donde se refleje la verdadera acción de Gobierno. ¿De verdad piensan que la clase dominante provocaría un tamayazo de diputados o diputadas del PSOE o Unidas Podemos sabiendo las consecuencias que eso tendría para sus intereses económicos? Que se hayan movido dos o tres de los más poderosos para achantar a cántabros y canarios no quiere decir nada más que le han puesto palos en las ruedas, no que quisiesen acabar ellos mismos con el régimen que les da cobijo, protección y del que sacan pingües beneficios. En la izquierda sobra este tremendismo, que no es lo mismo que la publicidad o el juego político de máscaras típico de la política espectáculo. La izquierda está obligada a llevar las aguas al cauce lógico para así poder señalar las contradicciones del sistema en sí y poderlo transformar. Lo demás es hacerle el juego a la derecha. Hacer pensar que se produciría un tamayazo dice más de la izquierda que de la derecha.

Primera medida del Gobierno: bajar el IVA de la vaselina

Tras la ruptura de los siete sellos, el toque de las siete trompetas y la libación de las siete copas (si quieren conocer el significado simbólico lean el Apocalipsis) que parece traer consigo el Gobierno de Coalición de las izquierdas, o así lo vienen vendiendo desde la caverna mediática y los partidos de la (ultra)derecha, nada mejor que comenzar con políticas sociales. La primera medida a tomar será baja el IVA, incluso la gratuidad debería ser estudiada, de la vaselina que tanto reclaman en las huestes diestras. Todo lo que haga el Gobierno no sólo estará mal sino que forzará a los españoles y muy españoles a utilizar grandes cantidades de vaselina para pasar las políticas públicas. Así lo dijo Emiliano García-Page y así lo han recordado Pablo Casado e Inés Arrimadas. Vaselina gratuita para todas aquellas personas que demuestren ser de derechas o cercanas como algún que otro “varón-dandy” del PSOE.

España acabará desapareciendo y por eso reza la élite eclesiástica, esa misma para la que el lujo y la ostentación sólo es pecaminoso para los feligreses, a la cual lo de la vaselina no le alcanzará porque ellos ya tienen el cielo ganado y deberán sufrir en la tierra lo que haga falta. Hasta no sería de extrañar la canonización de la Conferencia Episcopal por mártires de la democracia. El primer caso sin duda de martirio porque se respeta la voluntad popular, aunque todavía han sido incapaces de explicar qué unión existe entre la nación española y dios ya que todas las naciones son hijas de dios por igual, o al menos eso es lo apostólico de la religión católica. La realidad es que defienden sus intereses, no espirituales, sino económicos y de capacidad de adoctrinamiento en favor de la clase dominante. “Aguantar para ganarse el cielo aunque se lleve una vida miserable” vienen a decir en sus rezos, pero ellos no se privan de nada de lo material. Aunque ya que piden a los demás aguante que se apliquen el cuento y comiencen a entender que la soberanía popular española está por encima de sus necesidades materiales, las espirituales las pueden ejercer de igual manera sin dinero siguiendo los pasos de su maestro.

Junto a la vaselina habría que pedir también una bajada o gratuidad de las cremas hidratantes para la caverna mediática pues parecen tener la piel muy fina aunque la del rostro sea muy dura. Cuando gobiernan los que quieren sus jefes, pues desde el director hasta el último plumilla tienen jefes económicos, todo es factible, posible y positivo. Cuando no lo hacen la piel se les irrita y donde antes había respeto a la democracia, ahora hay negación de la misma y aparece el clasismo. Cuando no gobiernan las derechas comienzan a blandir títulos y tecnocracias frente a las gentes de izquierdas. Si éstas tienen títulos, son regalados o de menor valor. Si no los tienen se esgrime una muy aristocrática visión de que deben ser las personas que los poseen quienes gobiernen. Es paradójico que toda la derecha intelectual no para de hablar de la sociedad abierta de Karl Popper y se olvidan que esa misma apertura estaba basada en una crítica muy dura al platonismo idealista, aristocrático y tecnocrático. Aducen contra la izquierda lo mismo por lo que dicen luchar en contra, la igualdad de todos frente a la ley y la libertad para construirse como ser humano (lo que incluye la participación política). Títulos que son deméritos si los portan las izquierdas pero que se vuelven lo más valioso del orbe mundial si los portan las derechas. De hecho escriben los titulares manipuladores y las columnas de opinión escandalosas porque piensan que en la izquierda son estúpidos y carecen de formación. Y parece que no porque, incluso, sin estudios las gentes de izquierdas tienden a formarse dentro de sus capacidades y tiempo bastante más que las de derechas que se creen sabidas desde nacimiento. Al fin y al cabo piensan que el poder (político) es suyo porque sí. Por ello crema hidratante para esas pieles finas de la caverna mediática.

Es en estos momentos de cambio de ciclo político cuando las personas se percatan de lo poco avanzadas que están las personas de derechas con poder (sea mediático, político o económico). Afirman viajar mucho pero las anteojeras reaccionarias parece que no se les caen. En España la burguesía jamás tuvo la valentía de apoyar las revoluciones de la pequeña burguesía como sí hizo en otros países. En Francia, no siendo el sujeto de cambio, sí controló y condujo a las masas hacia una revolución que les resultase beneficiosa. Por eso en el país vecino Françoise Mitterrand y George Marchais, primero, y Lionel Jospin y Robert Hue, después, pudieron establecer gobiernos de coalición entre socialdemócratas y comunistas sin que se acabase el mundo, ni pasase nada malo, salvo el clásico temor de cualquier burguesía en cualquier país del mundo a que le rocen sus privilegios. Aquí, al contrario que en Francia, la burguesía siempre ha actuado en un sentido reaccionario porque no han innovado sino que han copiado y traficado con las vidas de las personas para su beneficio máximo. Escondidos tras las sotanas o el espadón (monárquico o dictatorial) han utilizado los aparatos del Estado en su favor como en ningún otro país occidental, no sólo en lo represivo sino también en lo reproductivo. En otros países, sin dejar de estar inserta la clase dominante en el Estado, al menos han sabido contemporizar y aceptar los principios democráticos mínimos. No es que no hayan utilizado su prensa contra ese tipo de Gobiernos, que lo han hecho y lo hacen, pero siempre han sabido parar antes de llevar al país al odio y el enfrentamiento. Aquí lo alientan desde los consejos de administración para que sus brazos mediáticos enrarezcan el ambiente contra aquellos que intentan gobernar en beneficio de todas y todos.

Fue la burguesía la que permitió el fascismo, porque no les tocaron sus privilegios y les servía como antídoto contra los movimientos de la clase trabajadora, como en el siglo XIX utilizaron el bonapartismo para domeñar a las masas y los deseos de una sociedad más igualitaria. Pero también esa burguesía supo entender que cierta cantidad de democracia les venía bien para aumentar sus riquezas. Ahora, con un mundo en plena ebullición y unas masas completamente idiotizadas por la vida en red, que conlleva un alto grado de individualismo, vuelven a los tics autoritarios pero lo intentan en Occidente bajo parámetros democráticos-espectaculares (“Manipula que algo queda” debería ser su lema), algo que la burguesía española ni se molesta en activar. Directamente apoyan la algarabía y el enfrentamiento entre las personas porque no conocen la decencia, ni los valores democráticos. La clase política de derechas no es ni más ni menos que el reflejo de la clase dominante española: clasista, reaccionaria y autoritaria. Una cosa es influir en las políticas públicas para obtener beneficios y otra bien distinta es influir sobre los cuerpos y mentes de la población para “esclavizarlos”. La burguesía española y, por tanto, su clase política no quiere ciudadanos sino masas cretinizadas que se agarren a una bandera mientras sus vidas pasan por la biopolítica neoliberal perdiendo hasta la salud (la cual no podrán recuperar porque les han privatizado el servicio). La burguesía española, desde hace años, no mira nunca a Europa, salvo para sacar tajada, sino hacia el Imperio estadounidense y eso se nota en la vida política pues intentan meter con fórceps cuestiones ajenas a la tradición occidental, cuando paradójicamente dicen sus tribunos que defienden la tradición.

De todo ello es evidente que la bajada del IVA de la vaselina para uso de la clase dominante y sus brazos políticos y mediáticos será una medida de carácter social. El Gobierno de Coalición será atacado por tierra, mar y aire hasta que se den cuenta de que no pasa nada, de que como en el resto de Europa la democracia liberal tiene altibajos para los intereses de la clase dominante. Tampoco sería de extrañar que en esta disputa contra lo político, fracciones de las burguesías europeas se lanzasen al apoyo del Gobierno para quitar poder y dinero a la burguesía española. No sería la primera vez, ni la última en que la burguesía utiliza al Estado para las batallas entre sus fracciones. De hecho, ya hay lobbies extranjeros que se manejan perfectamente dentro de España (véase Soros y sus amigos) y no temen enfrentarse a los patrios. Igual hasta tienen intereses en los fabricantes de vaselina y ven como aumentan sus beneficios a costa de la derecha española.

La derecha teme más a Iglesias que a la destrucción de España

La sociedad del espectáculo suele utilizar ciertas referencias míticas, despojadas realmente de su esencia, para poder implementar lo teatral a fin de desviar la atención de las cuestiones materiales. La política, como teatro principal del esa sociedad, eleva el espectáculo más allá de lo mítico para crear distintos fetiches con apariencia mítica y poder manejarse en un marco teatral donde lo importante siempre queda tras las bambalinas. Es obligación del analista político, al menos de aquel que no se encuentra embriagado por la ideología dominante, ver más allá de lo espectacular-fetichista para exponer la realidad no subjetivada del transcurrir diario en la vida de las personas. Denunciar las contradicciones, los secretos, la utilización de lo subjetivo para que el orden no pueda ser subvertido (o para subvertirlo en favor de la clase dominante) o lo que es lo mismo, la construcción de esa ideología dominante en todas sus formas. Esto, que parece sencillo dentro de la complejidad con que se muestra la realidad diaria, no es más que buscar la verdad de las acciones y la verdad en el caso de España es muy sencilla: hay más miedo en la derecha al Gobierno de Coalición  de izquierdas que a la destrucción de la nación española.

Ayer en sus discursos, o en las berreas de los diputados y diputadas, calificaron de socialcomunistas a las personas que están en las bancadas de la izquierda. Nada nuevo pues lo llevan diciendo desde que, tras las elecciones, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firmaron el preacuerdo para conformar Gobierno. Lo que puede ser visto como un insulto sin embargo es una muestra clara del inconsciente, de eso que les produce realmente terror. Así, durante el debate de investidura, más allá de las tontunas sobre la destrucción de España o la verdadera soberanía nacional, hubo algo que el trifachito dijo en coro, que el Gobierno de las izquierdas traería la ruina económica a España. Lo paradójico es que si la destruyen antes, como parecen indicar en PP, Ciudadanos y Vox, no podrán arruinarla económicamente pues ya no existiría. Cuando se mezcla la actuación teatral y el inconsciente suele ocurrir que las contradicciones del personaje se reflejan durante la actuación. Esta preocupación material se oculta con todo lo nacionalista, nada nuevo pues la ideología nacionalista surgió en el siglo XIX para ocultar lo material (las patentes desigualdades económicas) mediante un alegato a historicidades y emociones por parte de la burguesía. Como dijese Ernest Gellner, detrás del sentimiento nacionalista siempre existe una base capitalista. Y a eso súmenle que sin nacionalistas no hay nacionalismos.

También hemos sabido discernir bajo la apelación a los sentimientos nacionales (el pathos de la retórica) que se oculta una cuestión monetaria y de poder económico con lo que han venido haciendo los independentistas en Cataluña. Destrucción de lo público pero aumento de las bolsas de la burguesía. Eso mismo hizo M. Rajoy que utilizó el conflicto catalán (incluso con el mandato a Soraya Sáenz de Santamaría de dialogar con Oriol Junqueras y Carles Puigdemont) para, mientras las personas estaban despistadas, colar la ley mordaza, la reforma de las relaciones laborales y el aumento de las desigualdades. Hoy el trifachito sigue insistiendo en el tema nacionalista (¿Se han fijado que las posturas de ambas partes son las mismas en esencia?) para esconder que sus temores se centran en lo material. El PP logró con su mayoría absoluta y todo el control de los medios de comunicación que se escandalizaban del tema catalán cumplir los deseos de la clase dominante respecto a la reproducción de las relaciones sociales, esto es, a la dominación de la población a la que se despistaba con cuestiones provocadas por la propia burguesía (no piensen que los burgueses catalanes se hayan enfrentados a los del resto de España) para ocultar los desahucios, la pobreza, etcétera.

Surgió Podemos y el establishment, no sólo puso a toda la maquinaria mediática contra el partido morado, sino que utilizó las cloacas del Estado para influir en la opinión de las personas y creó otro grupo populista como Ciudadanos para contrapesar. Iglesias y su alegre muchachada impactaron hablando de cuestiones materiales y señalando a los verdaderos detentadores del poder. Proponían, y siguen proponiendo, medidas socialdemócratas clásicas (las firmarían personas como Olof Palme sin duda),  pero cumpliendo las reglas del juego democrático. Algo que la clase dominante había conseguido destruir en las legislaturas de gobierno del PP marianista. Los temían entonces y los siguen temiendo ahora, mucho más en tanto en cuanto Sánchez no se encuentra incómodo con esas políticas y se cumplirán los deseos de la Troika. En lo interior los verdaderos guardianes de la democracia española ni van a entrar, pero hay que seguir las directrices europeas. Algo que no importa a la coalición recién creada. Tampoco Jospin y Hue se salieron del carril global en Francia y no se montó la que tienen aquí liada el trifachito. Porque, tal vez, la burguesía francesa está acostumbrada a tener que vérselas con la democracia mientras que la española no. No gusta que Iglesias esté en el Gobierno porque temen más que en España se respete la voluntad popular, la soberanía popular antes que los intereses de una clase. No van a tomar palacios de invierno ni nada por el estilo, pero se pensaban en la burguesía que con M. Rajoy ya habían iniciado una senda de sometimiento total de la población a sus intereses.

Iglesias saluda a Sánchez Fuente:Podemos

Sánchez, como es conocido, podría no tener que haber pactado con otros partidos democráticos y legales aunque secesionistas si PP y Ciudadanos se hubiesen abstenido e incluso votado a favor. El PSOE lo hizo con una coalición de esos dos partidos. ¿Por qué no responder con la misma deferencia? Muy sencillo porque Podemos estaba en la ecuación. Ni Pablo Casado, ni Inés Arrimadas (recuérdese que Albert Rivera tuvo en su mano un gobierno de coalición con el PSOE pero su egocentrismo le llevó a la ruina) quieren a Iglesias porque sus amos, la burguesía española, están en contra de políticos de izquierdas con políticas públicas de izquierdas. De izquierda suave pero izquierda. Ni PP, ni Ciudadanos podían abstenerse para que Iglesias sea vicepresidente porque, al final, lo subjetivo nacional-fetichista les da lo mismo, tienen claro que lo importante es lo material, los dineros y que la clase dominante pueda hacer y deshacer libremente. En Vox también lo tienen claro y son el arma reservada de la burguesía española para destruir el sistema democrático en sí e instaurar una pantomima con apariencia de democracia pero que no es más que un Estado de excepción perpetuo.

En términos generales han “obligado” a Sánchez a pactar con los partidos nacionalistas y regionalistas porque les conviene para su puesta en escena teatral. Es más sencillo acusar de traidor al presidente del Gobierno que enfrentar el control de los alquileres, la subida de los SMI, la derogación de la ley mordaza, etc., es decir, es más sencillo lanzarse a lo emotivo que a lo racional porque en lo segundo tienen todas las de perder. Y con Iglesias en el Gobierno suman otro de los mantras clásicos de la derecha cavernaria española, el peligro de los comunistas. Leerán sesudos análisis de columnistas que siguen la senda de la ideología dominante capitalista hablando sin parar de soberanías y derechos de autodeterminación (fetiches emotivos sin duda) pero nadie les dirá que el problema que tiene la burguesía española y, por ende, los partidos políticos de derechas no es nacional sino material. Por eso tienen la desvergüenza de llamar a los diputados del PSOE para que traicionen a su propio partido porque son conscientes de que lo fetichista-nacional es inocuo, aunque en privado les han hablado de las cuestiones materiales. El problema es que España como nación le importa poco o nada a la mayoría de españoles si no llegan a fin de mes; si sus hijos no tienen qué desayunar; si sus trabajos son precarios y cuando protestan les meten en prisión; si les echan de sus casas (compradas o alquiladas) en favor de instituciones financieras; si se mueren porque están sacando los fondos públicos de la sanidad para regalarlos a la burguesía; lo nacional acaba chocando con lo material en algún lugar del camino, así ha sido siempre y no dejará de serlo. Y los españoles saben que, más allá de las cualidades de Sánchez o Iglesias, el tema catalán huele mal y es todo una mentira para machacarles.

En este teatro de lo espectacular, la trama quiere marcarla siempre la clase dominante, por eso no se permite que haya intervenciones fuera del guión marcado por los poderes fácticos. El lenguaje utilizado, las alegorías, las referencias cruzadas, toda la retórica en sí se deconstruye para acomodarse al neoliberalismo (vean aquí un análisis del uso del lenguaje neoliberal), por eso le sienta mal a Santiago Abascal que un Gobierno de Izquierdas pretenda reubicar a los medios de comunicación para que dejen de difundir mentiras, infamias o manipulen sin tener que pagar algún tipo de peaje (económico o social). En esa desconstrucción lingüística constante, tan del agrado de algunos bohemios burgueses que se dicen de izquierdas, por cierto, el neoliberalismo se establece como ideología dominante. La traición a España (algo que bajo los parámetros legales actuales es imposible) se utiliza como eufemismo de políticas de izquierdas. Traicionar a España es eufemismo de no querer que haya un gobierno que va a quitar los privilegios a la institución eclesiástica (esa que pide rezar por España curiosamente), la primera en fomentar lo espectacular-teatral en la Historia. Traicionar a España es eufemismo de no querer que una de las mayores glorias intelectuales de este país, Manuel Castells, pueda enderezar la educación superior y extirparla del mundo de los negocios en el que se ha instalado. Traicionar a España es eufemismo de no querer que la izquierda vuelva al lenguaje político fuera de los cánones espectaculares del neoliberalismo. Por eso tienen más miedo a Iglesias que a la ruptura de España, saben que lo segundo igual no se produce nunca, pero lo primero ayudará a desenmascarar esa ideología dominante. Decía Louis Althusser que también había que llevar a cabo la lucha de clases en la teoría y nada mejor que comenzar por la batalla del lenguaje como han hecho Sánchez e Iglesias durante el debate de investidura. Volver a llamar a las cosas por su nombre. A esto le tienen pánico las derechas.

J. S. Mill desmonta el liberalismo de PP y Ciudadanos

John Stuart Mill es considerado, igual junto a Alexis de Tocqueville, como el padre del liberalismo moderno. El heredero del Utilitarismo (James Mill su padre le educó en casa para seguir sus pasos y los de Jeremy Bentham); el diputado whig; el hombre cuyos Principios de Economía Política eran la biblia de la economía en la universidad victoriana; el hombre cuyo Sistema de Lógica influyó en las generaciones posteriores de filósofos; el pensador que escribió la más ardiente defensa de la libertad (Sobre la libertad) y del sistema representativo (Consideraciones sobre el gobierno representativo); la persona que sigue presente en las reflexiones de todas las teorías de la Justicia actuales; el diseñador del concepto de emprendedor en la gestión empresarial (en sus reflexiones sobre la Compañía de Indias que retomaría Joseph A. Schumpeter muchos años después); el gran liberal decimonónico en definitiva sigue dando lecciones a los liberales de más de siglo y medio después. Y si son españoles no sólo son lecciones sino que supone sacar la vergüenza (algunos dirás si la tuviesen) a la dirigencia de PP y Ciudadanos que siempre se reclaman liberales.

Visto el comportamiento y el discurso de Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso, Inés Arrimadas o Juan Carlos Girauta, entre otros y otras, es evidente que jamás han leído, ni por referencia al gran liberal que dejó sentada la vía liberal dentro de las democracias representativas. La lucha en favor de la libertad de expresión y de opinión de Mill sigue teniendo una vigencia impresionante, más si cabe en este tiempo de acosadores digitales, de plataformas totalitaritarias donde se premia al delator, de impedimento de un pensamiento alternativo y público, y de liberales que son reaccionarios disfrazados en el mejor de los casos. En Sobre la libertad afirmaba el pensador británico: “Se necesita también protección contra la tiranía de la opinión y sentimiento prevalecientes, contra la tendencia de la sociedad a imponer, por medios distintos de las penas civiles, sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta a aquellos que disientan de ellas […] Todo lo que da algún valor a nuestra existencia, depende de la restricción impuesta a las acciones de los demás”. Esto lo aducen en muchísimas ocasiones cuando se les señala por alguna bravuconada antisocial, pero lo olvidan en el momento en que una amplia capa social pretende ejercer ese derecho a disentir del pensamiento oficial de la clase dominante.

Son costumbristas, por tanto, conservadores de esas esencias que dicen inmanentes al espíritu de España y sobre las que no cabe discusión o debate, ni posibilidad de avance. Cuando esto lo defienden en el PP o en Ciudadanos (casi todos los días) se saltan la máxima “progresista” que legó Mill en la obra ya citada: “El efecto de la costumbre, impidiendo se promueva duda alguna respecto a las reglas impuestas por la humanidad a cada uno, es tanto más completo cuanto que sobre este asunto no se cree necesario dar razones ni a los demás ni a uno mismo”. Un individualismo de la duda y puesta en cuestión de la “verdad” dictada bien por la opinión publicada, bien por iglesias, que jamás han aplicado en el PP o Ciudadanos salvo con los demás. Se olvidan de ese “ni a uno mismo” que solicita el pensador liberal. ¿Esto en qué queda reflejado? Por ejemplo, en imponer la religión católica como asignatura computable y dentro del currículum académico. Por ejemplo, cuando quieren meter en la cárcel por manifestarse a las personas con la ley mordaza. Por ejemplo cuando se niegan a debatir (esto por carencias intelectuales evidentemente) cuestiones relativas a poner en duda la lógica del capitalismo o las posibilidades de la democracia en sí. Sí que se les puede aplicar otra máxima de Mill: “Otros prefieren soportar casi todos los males sociales antes que aumentar la lista de los intereses humanos  susceptibles de control gubernamental”. Como actuar contra la violencia machista, los vientres de alquiler o la prostitución en toda su cadena de producción.

Individualismo sí, pero contrario al despotismo de la costumbre, bien por cuestiones religiosas (de los primeros en escribir sobre el respeto que se debería tener a los laicos, imprescindible su lo que dejó por escrito al respecto en su texto La naturaleza), bien por cuestiones sociales (en realidad reglas sociales establecidas por la élite hacia la mayoría de la población). No hay que olvidar que Mill estuvo enamorado de una mujer casada (Harriet Taylor), a la que esperó hasta que enviudó para casarse con ella y a la que respetaba por sus capacidades intelectuales. De ahí que considerase como necesaria la participación electoral de la mujer en iguales circunstancias que los hombres, pues el ejemplo de su amada y algunas otras mujeres de la época, le habían demostrado que el “despotismo de la costumbre” apagaba y ocultaba las mismas capacidades del ser humano mujer. Bajo la implacable moral victoriana esto era verdaderamente una defensa de la libertad y lo liberal sin precedentes. De ahí su lucha con el despotismo de la costumbre que “es en todas partes el eterno obstáculo al desenvolvimiento humano, en incesante antagonismo con esa tendencia a conseguir algo mejor que la costumbre, denominada según las circunstancias, el espíritu de la libertad o del progreso o mejoramiento”. Cuándo habla de libertad Díaz Ayuso (siempre con la palabra en la boca) seguro que no está pensando en esto de superación de la costumbre, más bien lo que hace es defender la costumbre, lo reaccionario (que también lo hay en la izquierda postmoderna ¡ojo!) ante que la libertad que produce progreso humano. Para la gente del PP, entregados al economicismo (como ha denunciado el liberal Jorge Vilches), el progreso sólo es económico, ni social, ni político, ni humano. Por eso defienden todo lo simbólico tradicional, sean corridas de toros o trasuntos religiosos. Especialmente los imbricados en lo nacional-tradicional.

Y para estas cosas nacionalistas, el liberal John Stuart Mill, también tiene receta liberal que no siguen, ni por asomo, en el PP o en Ciudadanos. En su ensayo Consideraciones sobre el gobierno representativo, esto es, un ensayo sobre la forma democrática en sus principios fundamentales, habla sin tapujos de la necesidad de que las naciones tengan sus propios Estados, siempre y cuando se carezca de “compañerismo” entre las distintas nacionalidades. Pero indica la posibilidad de acciones federalizantes o la concesión de la autodeterminación. Así dice: “Cuando el sentimiento de nacionalidad existe en alguna medida, hay una justificación prima facie para unir a todos los miembros de esa nacionalidad bajo un mismo Gobierno exclusivamente para ellos”. Esto, como entenderán, no lo apoyaría nadie ni en PP, ni en Ciudadanos, ni algunas personas en el PSOE o en Podemos. Aunque matiza al decir que esto no implica que “la cuestión del gobierno deba ser decidida por los gobernados”. Hay que pensar que detrás de todas aquellas expresiones estaba el romanticismo y el capitalismo en búsqueda de unir diferentes nacionalidades bajo un mismo Estado y una misma lengua para provocar un comercio interior potente y sin trabas. ¿Por qué apoyaba la separación Mill? Porque en un pueblo con distintas lenguas y sin compañerismo es imposible, al final, la formación de una opinión pública. Claro que esto era en casos extremos de pueblos sometidos a imperios distintos (austrohúngaro, por ejemplo), ya que Mill pensaba que “todo lo que tienda a mezclar nacionalidades y a fundir sus atributos y características en una unión común es un beneficio para la raza humana”. Algo que ni PP, ni Ciudadanos apoyarían porque, siguiendo la tradición francesa, son más imponer un modelo cultural al resto. Un modelo tan inventado como los nacionalismos románticos y con la misma base económica capitalista.

Si hubiese posibilidad de afinidades, eso que desde el futuro Gobierno de Coalición pretenden encontrar, desde luego la fórmula federal sería óptima según Mill. No obstante, en pensador londinense se mostraba escéptico de que en un Estado con diversas lenguas y culturas al final se pudiesen desarrollar instituciones libres, que era lo que él realmente andaba buscando. En España ya se sabe que más que instituciones libres PP y Ciudadanos, por no hablar de fuerzas neofascistas, más que instituciones libres buscan instituciones entregadas a los intereses de la clase dominante. Y siendo liberal, no marxista ni nada por el estilo, esto añadía Mill: “Uno de los mayores peligros de la democracia, lo mismo que de todas las otras formas de gobierno, reside en los intereses siniestros de quienes ostentan el poder: el peligro de una legislación de clase; de un gobierno dirigido (independientemente de que lo consiga o no) a lograr el beneficio inmediato de la clase dominante; para detrimento duradero de todo el resto”. Jamás reconocerá Casado que hace política de clase y aún menos Arrimadas. Pero esto es lo que escribía un liberal del siglo XIX, algo que asusta por su fuerza actual. Y sorprende porque en realidad PP y Ciudadanos son más bien conservadores y el filósofo pensaba que los conservadores eran “por ley de su propia existencia el partido más estúpido”. Ni una coma hay que quitarle.

La derecha parduzca quiere imponer el Estado de excepción

La investidura que hoy comienza va a contar con la derecha más reaccionaria de Europa, por no decir de Occidente ya que Donald Trump podría ganar en ese sentido. La derecha más parda que se ha visto en España, incluso saliendo de la dictadura franquista, y que más deseos de establecer sin pudor alguno un estado de excepción permanente sobre la población española. No se dejen engañar por sus constantes diatribas sobre el nacionalismo secesionista, sobre el regionalismo o sobre la identidad nacional. Nada de eso les importa en realidad porque, en esas mismas regiones que insultan, está gobernando la burguesía expropiadora de lo público que se reúne en comandita con la burguesía “española”. No se dejen llevar al terreno de lo sentimental porque detrás de todo no hay un sentimiento nacionalista en sí, sino un ansia material en defensa de los intereses de clase de la burguesía.

Da igual Pablo Casado que Santiago Abascal, cada uno a su forma y con sus argumentos, defienden lo mismo: que los ricos sigan siendo ricos y que los dominados piensen que las cadenas (legislativas, políticas, económicas, etc.) no existen. El nacionalismo españolista es utilizado, como lo utilizan en País Vasco o Cataluña, por los partidos de derechas para ocultar lo material de la vida misma. Mientras hablan y no paran de la nación (española, vasca, catalana…) la burguesía sigue haciendo negocio, en muchos casos a causa de esa reivindicación nacionalista. Así, no es extraño que el nacionalismo españolista baje impuestos a los ricos en Madrid o Andalucía, mientras que en el País Vasco o en Cataluña se crean guetos económicos para beneficiar a sus respectivas fracciones burguesas. Con esto, lo que se pretende es señalar que al final no es que les importe si se destruye España, si se pacta con ERC o PNV (llevan décadas pactando desde el PP) sino que realmente toda esta algarabía está determinada en gran parte por la inclusión en el Gobierno de Coalición de Unidas Podemos.

Olvídense de las banderas porque la clase dominante y sus brazos políticos están apelando a lo identitario para esconder que no quieren una izquierda (por muy socialdemócrata que sea) gobernando en favor de la clase dominada. Desde que el neoliberalismo se erigió como ideología dominante, desde la burguesía global o estatal o nacional se han promovido a todos los grupos parduzcos que han sido necesarios para colar lo identitario como mecanismo de agitación de la agenda pública y así ocultar lo material. ¿Qué es lo material? La precarización constante de la clase trabajadora a lo largo y ancho del orbe mundial. Si hay protestas en Bolivia, sacan a pasear lo religioso. Si hay protestas en Chile, asesinan impunemente y se dice que es una conspiración rusa-bolivariana. Si las protestas son en Europa, aparecen los Salvini, los Abascal y las derechas clásicas o conservadoras apelan a sentimientos nacionales y soberanistas que camuflen el estado en que tienen a la población. Y por el camino se privatizan las pensiones y los seguros de desempleo. Si frente a esto se levanta una izquierda socialdemócrata (como es el caso de PSOE y Podemos) con propuestas a salvar la situación mínimamente, entonces el brazo político de la burguesía estatal actúa haciendo apología del autoritarismo.

Esto ocurre en España claramente. Desde medios de comunicación manipulando la información hasta acusaciones de traición a los valores patrios (sin explicar cuáles son esos valores no vaya a ser que no les apoyen). Algún columnista ha hablado de guerracivilismo, pero no van por ahí los tiros en sí. Llegar a ese extremo supondría un grave perjuicio económico para la burguesía. ¿Creen que el Ibex-35 permitiría una dictadura que perjudicase los movimientos bursátiles donde tienen buena parte de su patrimonio? No. Pero sí que aspiran a ese Estado de excepción del que nos hablase el pensador italiano Giorgio Agamben. Un Estado de excepción, sin necesidad de instaurar una dictadura en sí (aunque en términos marxistas no deja de ser una dictadura de clase), que acaba actuando no sólo contra la diversidad de opiniones, de proyectos vitales sino incluso contra el cuerpo del propio ser humano. Todo ello dirigido desde el poder político en clara connivencia con la clase dominante. Supone negar la capacidad, por medios legales (¿recuerdan la ley mordaza?), de pensar por sí mismo, de plantear proyectos alternativos, de salirse del camino marcado por los poderes fácticos. Si el Pedro Sánchez quiere mejorar mínimamente la vida de las personas se le acusa de traición y felonía para no querer señalar que lo que no gusta es su programa político. Si Pablo Iglesias es vicepresidente se le acusa de comunista (apelación que dentro del imaginario colectivo español sigue sonando a peligroso) para ocultar que lo que da miedo es que desarrolle políticas sociales.

No es problema que se vaya a destruir la nación española, total tampoco existe desde hace tanto tiempo como nación (ni doscientos años), el problema es que se piensa gobernar en beneficio de la mayoría. Y si por el camino consiguen atajar el problema de los secesionismos y nacionalismos (incluido el español), acabarían por quitar a la burguesía ese escudo sobre el que vienen instaurando el Estado de excepción contra la personas en su globalidad. Se quedarían sin el mantra del peligro de la izquierda gobernando y sin el conflicto centro-periferia que vienen utilizando para tapar el austericidio, los suicidios de personas que ya no pueden más, la pobreza que se está extendiendo por la población o la creciente desigualdad en todos los ámbitos de la vida. Sólo podrían echar mano de la xenofobia y eso vende peor que el patriotismo cuartelero. De ahí que hoy Casado y Abascal (Ciudadanos ya no cuenta más que como sucursal de los neofascistas) acudan al hemiciclo a instaurar el Estado de excepción que conviene a la clase dominante nacional e internacional. O lo que es lo mismo, impedir por todos los medios un gobierno de izquierdas. Olviden lo identitario porque eso ni les importa pues es parte de su mecanismo de ocultación de la realidad, lo que no quieren de ningún modo es que haya un Gobierno de izquierdas con políticas de izquierdas. La gran mentira nacionalista oculta una realidad muy material. De hecho pudiendo hacer negocios les daría lo mismo que Cataluña fuese un Estado independiente.

Los poderes fácticos buscan un nuevo tamayazo

Llevan avisándolo desde hace más de dos meses y ahora mueven las fichas para perpetrar un golpe al sistema democrático para defender sus intereses. La clase dominante, a través de sus medios de comunicación, han venido alentando algún tipo de respuesta al futuro Gobierno de Coalición, bien fuese por el tema catalán (algo que les interesa poco en sí pero que saben es un nutriente de irascibilidades), bien por historias inventadas sobre los neocomunistas (lo de neocomunistas se refiere a los socialdemócratas clásicos de Podemos, porque los socialdemócratas postmodernos son los del PSOE). No se han escondido a la hora de hablar y loar discursos, más propios del conservadurismo que de la socialdemocracia, de las baronías rancias que aún quedan en el PSOE, tanto como para inventar que Emiliano García-Page se mostraría dispuesto a asumir la presidencia del Gobierno si hubiese una unión PSOE-PP-Ciudadanos. Como ya se contó en estas páginas, el “varón-dandy” manchego en ningún momento participaría de esa estrategia pues está esperando momentos mejores para suceder al actual inquilino de la Moncloa.

Sin embargo, pese a los reveses de la actualidad, desde El Español (diario oficial de los mensajes de la clase dominante), ABC (el periódico de a derecha ultraconservadora) u OkDiario (la voz de la fracción mercantil y constructora de España) se ha insistido en la necesidad de que algún número de diputados y diputadas del PSOE se rebelen y voten contra Pedro Sánchez, impidiendo con ello la investidura del actual presidente en funciones. No ha sido ni una, ni dos, sino varias las ocasiones que desde editoriales, artículos sin firma o columnas de opinión de estos tres medios de comunicación se ha insistido en la vía del tamayazo para acabar con el futuro Gobierno de Coalición. Desde el diario de Pedro J. Ramírez se ha hablado de movimientos (falsos) dentro del PSOE para propiciarlo y el apoyo que tendría ese tipo de movimientos por parte de la clase dominante (verdadero). Desde el medio de Bieito Rubido se ha hablado, esencialmente, de la ruptura de España como argumento legitimador de una acción de traición al partido por el cual han sido elegidos los diputados. Y desde el digital de Eduardo Inda, además de las consabidas mentiras y manipulaciones, se ha hablado de todo con tal de generar un clima social que permitiese a las baronías socialdemócratas tomar el mando de la acción. Hasta el momento más bien han conseguido lo contrario, que las dudas existentes respecto a un gobierno de coalición se disipen. Por el camino han dado pie a  querer meter en la cárcel al presidente o intentar judicializar toda la vida política.

No contaba el poder fáctico con que la parte derecha del establishment político carece de inteligencia política y capacidad de comunicación (más allá de tres o cuatro frases sin gracia y que demuestran su autoritarismo). Un rebaño de ovejas, posiblemente, podría lograr una movilización mayor que la dirigencia política de la derecha. El factor humano, eso que siempre se deshecha en los manuales de pseudoliderazgo salvo para introducir moralina, impide que los deseos de la clase dominante puedan tomar forma en un nuevo tamayazo. Eso no empece para que se hayan movido entre las baronías del PSOE e, incluso, dentro de Unidas Podemos (como ya pasó en el tamayazo que sí funcionó) para intentar trastocar el acuerdo. La burguesía catalana, que no deja de ser parte de esa clase dominante, está tan dividida y en una pelea intraclase con la pequeña burguesía catalana que a este juego no ha querido participar moviendo ficha dentro de ERC. Así pues queda en manos del resto actuar, como vienen actuando, en favor del golpe contra la democracia que se pretende. Eso sí, como suelen hacer las derechas mundiales, sea por golpe blando, duro o invasión militar, justificado como una defensa de la democracia. Por eso no paran de decir que se va a romper España (no se han percatado que ese nacionalismo reaccionario no funciona como movilizador de las personas del centro-izquierda a la izquierda más extrema); que pactan con etarras (cuando ya no existe ETA es difícil movilizar con estos argumentos); y demás estupideces de la derecha mediática que replican los sinsorgos de la dirigencia política.

Para colmo de males del establishment, aparece Inés Arrimadas, que ha escuchado algo pero no sabe bien cómo, qué y por qué, y se lanza a requerir públicamente la traición de las baronías del PSOE. Dice la candidata a ser presidenta de Ciudadanos, ese mismo partido que por los pelos no ha desaparecido tras ser tercera fuerza política, que va a llamar a todas las baronías del PSOE para pedirles que digan a “sus” diputados que no apoyen el gobierno populista y nacionalista de Sánchez. Lo dice desde el populismo y nacionalismo del otro lado, cabe recordar. Esto se lo podría haber ahorrado, como Juan Carlos Girauta su gruñido en redes sociales, porque ha estropeado la acción secreta, que no quiere decir que con buenos resultados, de la clase dominante estaba llevando a cabo con algunos altos cargos del PSOE. De hecho, cuando la presión de empresarios sobre esos altos cargos les estaba llenando de dudas, aparece Arrimadas para unir a todo el PSOE alrededor de Sánchez.

Además demuestran no conocer cómo funciona la mentalidad de las gentes del PSOE. Si algún diputado o diputada provocase un tamayazo no tendría España donde esconderse. Esto con los que pudiesen ser dudosos pero, como no prestan atención a lo que publican medios serios, ni se han enterado que la gran mayoría de diputados son, por decirlo así, “sanchistas”. Y los que no lo son están callados a la espera de poder optar a la sucesión de, por ejemplo, García-Page (se retira de Castilla-La Mancha al finalizar la legislatura actual) o Susana Díaz. Lo cual, a largo plazo, y para gente que no sabe vivir fuera del cargo es esencial. Siendo complicado, pese a las presiones recibidas que han confirmado fuentes internas, con la actuación como salvapatrias de Arrimadas ha provocado que no sea posible ese tamayazo. De hecho ya le han respondido las baronías pidiendo que voten a favor para evitar el acuerdo con ERC. Lo que no saben esas baronías, tan engañadas como el público en general por el tema catalán, que lo que no quieren en el establishment es a Podemos. El problema de toda la investidura no es quebrar España (bien saben que no lo hará nunca Sánchez por mucho que le tilden de ególatra), es que se hagan políticas socialdemócratas que destruyan el falso eslogan de que cuando gobierna la izquierda la pobreza surge por todas partes. Tras Portugal (que es calificado como excepción), si España mejorase económicamente y con beneficios para la clase trabajadora, serían ejemplos para otros países mucho más centrales de la Unión Europea como Francia o Alemania.

Esto es lo que pretenden impedir no las cosas de la burguesía y la pequeña burguesía catalana, que al fin y al cabo son parte de la misma clase social. Y pese a que nieguen la existencia de las clases y de la lucha, los ricos saben perfectamente de qué parte están. Cuestión distinta es que utilicen los aparatos del Estado para sus cuitas internas, sus batallas entre fracciones, pero frente a la clase trabajadora son un conglomerado sólido. De hecho prefieren que esté por ahí el PNV o ERC antes que Podemos porque no dejan de ser partes de esa clase dominante. El problema es que sus lacayos políticos y mediáticos equivocan la forma de presentar la lucha (no se dirá aquí cómo se debería realizar para hacer daño como es evidente) y por eso no consiguen nada más que la movilización de los que ya están convencidos de antemano. Eso sí, está demostrando la clase dominante algo que es históricamente verificable, la democracia es un instrumento para ellos y si tienen que recurrir al autoritarismo lo harán sin ningún tipo de problema. Lo han hecho a lo largo y ancho del orbe y de la historia y lo seguirán haciendo.

El clasismo escandaloso de PP y Vox

La formación del nuevo Gobierno de Coalición de las izquierdas, algo que en cualquier país occidental no supondría mayor problema, está sacando a la luz la verdadera faz de los cachorros y cachorras de la derecha española. Lo inmanente de su verdadero ser se escucha y lee a partes iguales en medios de comunicación y redes sociales. Si ya han solicitado que Pedro Sánchez sea llevado ante los tribunales de justicia por traidor, o felón según quien lo diga, demostrando que el autoritarismo es su verdadera forma política (un bonapartismo inherente a su ser se podría matizar), ahora nos enseñan el clasismo de su pensamiento respecto a los gobernados. Para ellos no existe ciudadanía, que al fin y al cabo no sería más que una forma de reconocimiento del hecho social que siempre niegan en favor de la individualidad y suma de individualidades, sino gobernados que deben someterse a todo lo que desde el Poder (da igual político, que eclesiástico, que militar) se ordena. Sin más porque ya se verá cuál es la fórmula de legitimación de ese poder.

Curiosamente la mayoría de los políticos de la derecha española son unos parias que han aceptado gustosamente ser meros administradores de la clase dominante. Unos parias que han asimilado la conciencia de esa clase y, por tanto, se muestran como clasistas irredentos. En términos hegelianos, si se permite este uso, no son más que esclavos que han aceptado esa condición, que están a gusto con esa condición, pero que se entregan a los amos para sacar el rédito de ejercer como gobernantes de las clases populares. Son la clase media necesaria para que la clase dominante pueda ejercer su dominio sin problemas y sin tener que estar siempre presentes en el poder político y como tal ejercen con su concepción de los gobernados como meros individuos bajo su control y obligación de aceptación de sus deseos personales o de clase. Esto, que no deja de ser un análisis cualitativo, se refleja en las palabras de Casado o Álvarez de Toledo respecto a la investidura del nuevo Gobierno. Quejas por las fechas que no por el perjuicio que pudieran tener los trabajadores implicados en tal evento.

Que las fechas no parecen las más propicias por estar en el período vacacional de las festividades navideñas, eso para quienes disponen de vacaciones en estos días porque hay muchas otras personas que deben trabajar, es obvio. Pero llevar sin gobierno desde hace casi un año también indica cierta urgencia que beneficiará a todo el país y, por tanto, siempre ha de primar el interés general. Esto es algo que suelen decir todos los políticos pero que luego parece que cuando les toca de cerca viran hacia lo privativo, especialmente si se es de derechas. Tampoco es problema del futuro gobierno que la sesión de investidura sea tan decimonónica y deba pasar tanto tiempo para las votaciones y los debates en sí. Igual con un par de días con todas las votaciones que hagan falta, hasta el amanecer si hiciese falta, bastaría, pero la exageración del simbolismo institucional es así. ¡Que lo cambien para la próxima!

En esta situación las declaraciones de los dirigentes de la derecha han sido clasistas y egoístas a más. Cayetana Álvarez de Toledo se ha mostrado preocupada porque les va a pillar en fin de semana con el añadido de que muchos parlamentarios han de cesar en sus vacaciones (como si hubiesen trabajado mucho) y no poder compartir la cabalgata del día de reyes con sus hijas e hijos. Lo primero es que la mayoría de los próceres de la patria tienen retoños, como suele decir el vulgo, con pelos en las partes pudendas por lo que no son tantos los que se verían afectados por esa cuestión. Y como esto ya no cuela, porque además tendrán tiempo de quejarse de las cabalgatas (pues en la mayoría  de ayuntamientos gobiernan las izquierdas), resulta de la hispano-francesa-argentina afirma que es todo una trama para acabar con las tradiciones españolas. Desde luego hay mentes enfermas en el mundo de la política patria para que lleguen a pensar eso. Como la continuación del pensamiento de la diputada por Barcelona donde afirma que es para quitar boato y preponderancia a la Pascua Militar porque aparece el monarca. ¡Como si a los españoles les hubiese interesado el día 6 de enero lo que haga o diga la borbonada!

Pablo Casado tampoco se ha quedado atrás en sus disquisiciones propias de seres paranoicos. “Qué avergonzado tiene que estar un candidato de sus socios y programa para agendar su investidura en pleno fin de semana víspera de Reyes. Sánchez se esconde de la opinión pública para no ser humillado por sus contradicciones y cesiones a los enemigos de España. No acabará bien” ha escrito en la red social Twitter. Aquí el trasunto es que Pedro Sánchez, además de felón (lo dice en otro mensaje), tiene miedo de ser puesto en la palestra de los medios de comunicación y por eso elige situar la sesión de investidura en fin de semana. Ni urgencia por el interés general, ni necesidad de Estado, tan sólo vergüenza. Sí, esta es la oposición que existe en España aunque lo que realmente le molesta es que, como las personas están a lo suyo y pasan de política durante las navidades, él no pueda tener el protagonismo que quiere tener. No es una cuestión de vergüenza del candidato sino de sentirse el feo de la fiesta de Casado. Como piensa que la ciudadanía es estúpida y estará a sus cosas, negándole la capacidad de prestar atención a hechos importantes como una investidura, no le escucharán a él llamar traidor a Sánchez. Esto es lo que le importa realmente, que le hagan caso a él y sólo a él. Como le ocurre a su compañera de partido, tan sólo piensan que los españoles son estúpidos, sólo viven para la fiesta y son incapaces de prestar atención a los sucesos políticos (¿Esto lo pensaban cuando robaban a manos llenas para financiar su partido?).

Como ven desde el PP solamente se muestran preocupados por los elementos simbólicos que protegen la monarquía, la religión “oficial” y la publicidad del propio partido político. Ni el beneficio común, ni los derechos de los trabajadores que tendrán que cubrir la investidura. En ningún momento, pues su posición de clase se lo impide, han dicho algo en favor de los trabajadores del parlamento o de los medios de comunicación que tendrán que hacer ese extra en días festivos y familiares (pues aunque no se lo parezca a estos ganapanes del PP, la clase trabajadora tiene familia). Ni una sola muestra de condescendencia por la vulneración de los derechos laborales (como son las vacaciones) porque es algo que a ellos y ellas no les importa en sí. Como se dijo antes, para la dirigencia del PP el resto de los mortales que no son clase dominante tienen que estar a su servicio exclusivo.

Ni una sola palabra que señale la fecha de la investidura como algo que perjudica a la clase trabajadora. De hecho, en el tema más político del acuerdo de Gobierno, la derecha ha salido en tropel a señalar como más “impúdicos” los artículos que benefician a la clase trabajadora. Aunque, al fin y al cabo, tan sólo se trata de recuperar parte de los derechos arrancados a esa clase durante el Gobierno del PP, ese mismo que situó cerca de la mera esclavitud a las clase populares en España. Con decir que España se rompe, sin explicar nunca qué es España más allá de la típica y falangista unidad de destino en la universal, y que el Gobierno va a traer la ruina económica (como si la clase trabajadora estuviese boyante y le saliese el dinero a borbotones de las carteras), les vale. Tampoco en Vox, tan preocupados como parecen andar últimamente por el estado de la clase trabajadora, se han quejado del perjuicio que se causa a los trabajadores. Realmente como todo su discurso basa sobre la ruptura de España, la xenofobia, la aporofobia y la bandera les da igual cuándo sea la investidura. Ellos embisten a todas horas y en cualquier momento, les da igual la fecha.

Clasismo asumido con todas las consecuencias por los peleles de la clase dominante, el cual tratan de ocultar mediante el uso de todos los elementos simbólicos que el franquismo sociológico incrustó en el inconsciente colectivo y que el régimen de 1978 no se ha atrevido a desmontar. Patria, espada y religión para ocultar la dominación de clase en términos políticos. “¡Van a romper España!” claman las derechas mientras entregan el país al Imperio y al capital (que a veces son lo mismo y otras no). “¡Desafuero el que hacen con el rey y el ejército!” sollozan desde las columnas de la caverna mediática, mientras tapan las comisiones y la utilización de la jefatura del Estado para los negocios de cuatro o cinco, mientras los exportadores agrícolas perjudicados por el veto a Rusia tienen que cerrar negocios. “¡Están acabando con las fiestas católicas!” señala el facherío mientras todos y cada uno de los días incumplen los mandatos de esa religión que quieren imponer a todos, como mecanismo de sojuzgamiento evidentemente. Al final todas las apelaciones al pathos, a lo emotivo, tienen el mismo fin desviar la atención de la lucha de clases cuando la clase trabajadora intenta recuperar algunos derechos, que se consiguieron mediante la lucha de muchos y muchas de las que hoy quieren manipular con el tema de las pensiones (esas que les congelaron durante años, mientras se gastaban la caja de la Seguridad Social en especulación financiera). Son como los kapos en los campos de exterminio nazis, extractados de la clase dominada para ser los más duros con los propios (sean patriotas españoles o de la clase trabajadora, comúnmente llamada media como mecanismo de engaño y aceptación de su esclavitud).

Lo más leído de 2019

Estas son las noticias que más les han interesado durante 2019 en Diario 16 Mediterráneo. Son sus preferencias, sus gustos, sus temores o, simplemente, su curiosidad por un texto que, en algún caso, ha resultado profético. Aquí encontrarán algunos artículos y análisis de actualidad que siguen estando vigentes y otros que perecieron ya pasto de las llamas de esa inmediatez de la postmodernidad digital y del fragor de la batalla política.

El artículo más leído tiene como epicentro analítico la Sanidad andaluza y la pretensión de Juan Manuel Moreno Bonilla de acabar con la exclusividad de los médicos andaluces de la Sanidad pública y poder, de esta manera derivar medios humanos y pecuniarios a la privada. “La primera medida del Gobierno andaluz: bajar el sueldo a los médicos” se tituló el artículo mientras el trifachito andaluz estaba en plenas negociaciones. La intención de Moreno Bonilla y su equipo era aumentar la oferta de médicos para la sanidad privada y así reducir los costes salariales.

Los oscuros intereses de Rivera y Casado en el golpe de Estado en Venezuela” también atrajo la atención de miles de personas. El artículo analiza la instrumentalización de los dimes y diretes de la política venezolana para hacer oposición dentro de España, más el añadido de la entrega personal de los dos dirigentes de la derecha a la política imperial de EEUU. Hoy Albert Rivera, buscando trabajo de conferenciante, ya no está en la primera línea de fuego de la política española tras el batacazo de Ciudadanos, pero en aquellos momentos peleaba por ser el mayor defensor de la política expansionista del Imperio militar y económico americano. Pablo Casado, por su parte, habla mucho de España y de su defensa pero sigue en la misma posición de arrodillado ante el poder imperial. La diferencia de esos momentos con los actuales es que hoy en día a nadie le importa ya las tropelías y estupideces de Juan Guaidó y Lilian Tintori ha desaparecido de los medios de comunicación.

El becario de Florentino se lanza contra el Cholo Simeone” ha sido el artículo deportivo más leído en este año 2019. Las andanzas de un becario de la prensa madrileña en busca de presencia y cariño por parte del controlador de esos medios de comunicación que día tras día hacen del madridismo su esencia periodística. Un control mediático el que tiene Florentino Pérez que sigue presente hasta hoy mismo y que no deja de señalar a Diego Pablo Simeone para intentar hundir al equipo rojiblanco. Una manía personal del presidente de ACS, quien ha reconocido que le molesta más perder con el Atlético de Madrid que con el FC Barcelona, que se traslada a medios de comunicación escritos o televisivos.

Preocupados por la situación de la Sanidad andaluza preguntábamos “¿Dónde está Spiriman ahora que sí están destrozando la Sanidad?”. Y eso mismo debían estar preguntándose las miles de personas que se enfrascaron en la lectura de artículo donde se contaba la pérdida de poder de convocatoria del médico andaluz; sus coqueteos con el presidente de la Junta de Andalucía Moreno Bonilla y la reducción de su personaje a pura astracanada.

Un caso de corrupción que prosigue su curso a la espera de la imputación final del alcalde de Roquetas de Mar, Gabriel Amat, y que supone el primer caso de corrupción del PP de Moreno Bonilla también tuvo su seguimiento masivo en estas mismas páginas. “Moreno Bonilla deberá afrontar su primer caso de corrupción” se titulaba y en él se contaba que las cifras que se manejan en la UDEF superan los 2.000 millones de euros despistados de las arcas públicas hacia un entramado empresarial y familiar del vigente alcalde roquetero. Un caso de corrupción del que no se habla en Canal Sur porque tiene numerosas ramificaciones por toda Andalucía y podría dejar los ERE en un mera pesquisa de pobre.

El “Ocaso y desaparición de Errejón” ha sido otro de esos artículos analíticos que han atraído las miradas de un buen número de lectores. Calificado de traidor por sus ex-compañeros de Podemos, Íñigo Errejón se encuentra en la más completa soledad intelectual y política al carecer de los apoyos sociales que pensaba que podrían llegarle. Entre acusaciones de apoyo interesado del PSOE para hacerle creer que podían sacar más votos, la tozuda realidad ha demostrado al político madrileño que “Roma no paga traidores” y que toda su construcción teórica está muy bien para rellenar páginas pero no para dirigir a las personas. Hablar raro y parecer simpático (señalando a Pablo Iglesias como antipático) no sirve en la arena política. Todos esos libros que no ha leído, por mucho que quiera fardar, se lo habrían hecho ver antes de embarcarse en una aventura que ha acabado con su carrera política casi antes de empezarla.

La denuncia de las trapacerías laborales en países asiáticos y africanos de Amancio Ortega interesó a los lectores de Diario 16. En “Amancio Ortega, donaciones para tapar el trabajo esclavo en sus fábricas” se analizó la doble moral del empresario español. Por un lado, donar equipos (mediante un procedimiento largo y sinuoso, no de hoy para mañana) para la lucha contra el cáncer, lo cual puede y debe ser alabado, pero , por el otro lado, llevar a la semiesclavitud de sus trabajadoras (porque la inmensa mayoría son mujeres) en los más diversos rincones de la Tierra. Una doble moral típica de los capitalistas quienes hacen obras de caridad mientras sacan hasta la última gota de sangre de sus propias trabajadoras. Quedar bien con su conciencia negando que esa capacidad de donación esté incardinada en la explotación más salvaje de seres humanos.

Cuando se escribieron los párrafos del siguiente artículo en la lista de más leídos, jamás se pudo sospechar que se quedaría corto el redactor en su análisis de las pretensiones del trifachito en sus anhelos privatizadores: “Ciudadanos quiere la Sanidad y la Educación andaluzas para privatizarlas”. En aquellas fechas la formación dirigida por Juan Marín quería quedarse con las dos consejerías para poner en marcha el proceso de privatización, mediante la derivación de fondos y recursos a manos privadas (lo que es el mayor ejemplo de acumulación por desposesión), de la Sanidad y la Educación. Al final sólo la parte educativa ha quedado en manos de Ciudadanos, pero su consejero Javier Imbroda (que sólo piensa en hacer al alumnado deportista) ha actuado con un rigor privatizador (sus antiguos socios empresariales bien que han aprovechado esos dineros) que no se podía sospechar mientras se negociaba el acuerdo de Gobierno. Sanidad quedó en manos del PP pero el resultado es el mismo.

Por último, un artículo producto de la batalla diaria de la política española. Sorpresivamente los lectores y lectoras quisieron enfrentar a Louis Althusser con Pablo Iglesias en una disputa en la que el fallecido filósofo marxista difícilmente podía ganar. En “Althusser le quita la razón a Pablo Iglesias” se advertía de la disputa que tras las elecciones de abril Podemos había tomado un deriva de acusación continuada al PSOE de todos los males habidos y por haber cuando existía la posibilidad de un gobierno de coalición que las peticiones moradas ponían en peligro (como así sucedió). No hablar de lo programático; subalternidad o complementariedad; caer en el absurdo; la política intrapartido como salvación y otras cuestiones que criticase Althusser del PCF eurocomunista se reproducían en esta nueva repetición de la Historia.

La derecha impedirá por todos los medios los acuerdos firmados

El “lunes de firmas” queda enmarcado para la historia como el día en que varios partidos, incluso con discrepancias ideológicas evidentes, lograron llegar a diversos acuerdos programáticos para intentar que España avance de una vez por todas. Animados por la concordia y las ganas de que el pueblo español abandone la senda del austericidio impuesto por la fracción financiera de la clase dominante a nivel europeo (¿o mundial?), se han llegado a acuerdos de mínimos que pretenden sacar al país de la situación de impasse en que la derecha ha tenido al mismo. Si Ciudadanos hubiese mostrado su apoyo al PSOE en abril, esto de ayer no estaría pasando. Pero la tropa de la derecha siempre ha pensado que cuanto peor mejor para ellos y más cuando tienen un motivo subjetivo como lo nacional al que agarrarse para que no se vean sus corrupciones, su entrega al poder del capital o que España les importa bien poco en sí.

Pedro Sánchez, que tuvo a bien conceder al PNV el privilegio simbólico de ser los primeros en firmar el acuerdo programático, cerró con Andoni Ortuzar el apoyo de la formación vasca mediante una serie de puntos que ya se preveían porque desde el Euzkadi Buru Batzar lo habían comentado. Cuestión bien distinta es que los medios de comunicación estuviesen a otras guerras más teatrales y no se les prestase la suficiente atención. Hoy la derecha mediática se escandaliza, no se sabe muy bien por qué, pero el contenido estaba ahí a disposición de todo el mundo que quisiera tenerlo, pero ya se sabe que el nacionalismo vasco siempre será etarra y terrorista para esos próceres de los medios de la derecha. El presidente del PNV, que en la estructura del partido es quien realmente manda, ha confirmado lo que era evidente, más si cabe cuando la triple derecha se encuentra echada al monte y en plan fascista.

Posteriormente Sánchez ha cumplido el acto de rigor con Pablo Iglesias para corroborar el acuerdo de Gobierno de Coalición con un programa, que salvo en lo que respecta a la abolición de la prostitución (no gustará demasiado a las feministas del PSOE ese tema), era lo esperado en materia de subida impuestos a ese 1% de la población española que gana más de 100.000 euros al año, por ejemplo. Un gesto que simbólicamente supone acabar con algún pensamiento tradicional enquistado en el inconsciente colectivo español del peligro de la unión de las izquierdas. Pensamiento muy enclavado en las cabezas de algunos barones del PSOE que dicen ser socialistas pero piensan en reaccionario-falangista en muchas ocasiones (conviene recordar que los falangistas siempre han pedido sanidad pública, nacionalizar la banca y demás cuestiones sociales que encubrían el Estado totalitario. Para aguantar una dictadura hay que dar algo a la población pensaban).

Alegría en las redes sociales, abrazos y sollozos que igual no sirven para nada. Lamentamos ser pesimistas pero más vale señalar lo que va a ocurrir a partir del momento en que se invista a Sánchez. Todos los acuerdos que se han firmado y los que falten por firmarse serán triturados por la apisonadora de la derecha, hablando en términos generales. Cada proyecto de ley que se apruebe (y que no cuente con el apoyo del trifachito, que serán la mayoría pues están en su propia pelea para ver cuál es más fascista) será denunciado ante los tribunales, preferentemente al Tribunal Constitucional, como mecanismo de impedir avanzar las propuestas aprobadas. Cada acción del Gobierno, igualmente, será judicializada por la acción del trifachito en diversos tribunales. Incluso, como ya han avanzado que quieren hacer con Sánchez (meterle en la cárcel), denunciarán a los miembros del Gobierno individualmente para no sólo practicar la guerra judicial (o lawfare que dirían los anglosajones), sino para realmente acabar con esas personas en sí.

Pedro Sánchez y Andoni Ortuzar

Partidos. Tanto PP como Vox tienen los suficientes diputados en el hemiciclo para poder presentar denuncias al Tribunal Constitucional. Esta es un arma que no hay que desestimar y pensar que van a seguir las directrices éticas de la supuesta democracia que se posee en España. Por ejemplo, el programa del Gobierno de Coalición presenta el blindaje de la Sanidad Pública impidiendo la gestión indirecta de la misma (lo que es una privatización encubierta que existe por doquier). Esta propuesta de legislarse podría ser llevada al TC aduciendo que la gestión de la Sanidad está transferida a las Comunidades Autónomas y reside en éstas esa capacidad de gestión siempre y cuando las personas sean tratadas sin coste alguno. ¿Se fían de los jueces del tribunal para pensar que no darían la razón a las derechas? Es ese mismo tribunal que ha señalado que si alguien enferma puede ser despedido sin problemas por si no lo recuerdan.

Medios de Comunicación. La derecha no sólo se compone de partidos políticos sino de la mayoría de medios de comunicación que hay en España. Da igual el nivel institucional en el que trabajen (estatal, regional o local), la mayoría están en manos de la derecha pues son los más interesados en establecer la agenda política e intentar cambiar la opinión de los votantes a la hora de elegir a unos partidos u otros. Hasta el momento hemos visto que manipulan sin sonrojarse; que son capaces de alentar las mayores bazofias nacionalistas que se puedan imaginar; que no responden a criterios democráticos sino a intereses de la clase dominante, tanto políticos (¿Recuerdan cuando Pedro J. Ramírez presionaba todos los días a Albert Rivera para que aceptase el mandato de Ana Botín y gobernase junto al PSOE? Hoy Rivera no existe políticamente) como, principalmente, económicos; que en definitiva responden a intereses de la reproducción capitalista.

Si hasta el momento les ha parecido que están muy exaltados ante la mera posibilidad de un Gobierno de las izquierdas, en cuanto se consiga la investidura será la guerra total. Día tras día señalarán todo lo malo, sea cierto o no, y darán cobijo, que para eso están enlazados por un fin común, a todas las denuncias personales y políticas del trifachito. Si Vox presenta denuncia contra la ministra de Trabajo, por ejemplo, dirán que es el mayor escándalo de la democracia; que cómo puede ser que una ministra denunciada siga en el cargo (la típica guerra judicial de las derechas); y así con los demás casos. Si se suben los impuestos a los ricos dirán que la clase media se ve perjudicada. Y como en España todo el mundo se cree de clase media se verá reflejada en la denuncia, así sea falso una y otra cosa. Porque, a diferencia de los escasos medios de izquierdas, aquellos sí saben utilizar el pathos, mientras que esto se quedan en el ethos. O lo que es lo mismo, lo emocional frente a lo racional.

Clase dominante. Y como no podía ser de otro modo, no hay que esperar que la clase dominante vaya a permitir al Gobierno actuar con libertad. No sólo serán las presiones a través de sus medios de comunicación; no sólo serán sus amenazas privada y públicamente; sino que habrá que contar con todas las estratagemas de las que son capaces mediantes sus lobbies, sus políticos comprados en la Unión Europea (a los españoles ya sabemos cómo los manejan) o en otros países; las presiones de sus aliados de la clase dominante internacional mediante el uso de otros gobiernos; y así hasta provocar si hiciese falta el Estado de excepción social. De hecho depende de lo que haga la clase dominante, como suele ser normal, si actúa como una sola clase o se hacen patentes sus divisiones (fracciones) de clase. Si la fracción financiera (que es la fracción dominante) apoya al Gobierno, el resto de las fracciones se moverán en consecuencia y aminorarán o excederán sus acciones contra el Gobierno, según les vaya en el envite. Aunque no parece, a priori, que exista una lucha entre fracciones para establecerse como fracción dominante en España, por lo que lo normal sería que todas las fracciones actuasen unidas como clase dominante. De ahí que, si la clase dominante actúa unida, la tormenta contra el Gobierno, sin descartar despidos masivos, será determinante para la aplicación o no de ciertas políticas pactadas.

El problema para el poder constituido y real en España (donde hay que incluir ese poder judicial estancado) es que si el Gobierno de izquierdas consigue hacer progresar la economía con acción social; consigue apaciguar los ánimos del problema territorial; consigue que todo funcione como debería según lo establecido, se romperé el mitologema franquista y de derechas que está insertado en el inconsciente colectivo, la unión de izquierdas y nacionalismos siempre trae la ruina a España. Curiosamente siempre ha habido asonadas para que no se pudiera saber qué hubiese pasado y paradójicamente, desde que hay algo parecido a un sistema parlamentario durante el 90% del tiempo ha gobernado la derecha y se ha hecho lo que dictaba la clase dominante del momento. La ruina de España siempre ha venido de la mano de la derecha, no se dejen engañar. Retomando, si el Gobierno de la izquierda rompiese ese mitologema franquista y derechista, la derecha en España tendría muy difícil ser lo que es en la actualidad. Eso es algo que no se va a permitir por las buenas o, casi seguro, por las malas. Mucha felicidad por los acuerdos firmados pero no piensen que van a poder aplicar esas medidas sin problemas. Habrá una lucha desequilibrada porque la clase dominante tiene los medios, tiene las armas y no tiene ningún compromiso democrático como ha demostrado a lo largo de la historia. Y no piensen que todas las personas no se dejarán influenciar por “todos” los medios de comunicación.

Las familias siguen yendo al circo tradicional

No hace tanto tiempo los circos de animales, por tanto, los circos tradicionales, recorrían el mundo cumpliendo dos funciones sociales, por un lado el entretenimiento y por otro acercar los animales salvajes a gentes que tan sólo podían imaginarlos. El movimiento animalista ha conseguido que poco a poco se vayan prohibiendo este tipo de atracciones, el uso de animales salvajes, pese a que las condiciones de vida se atengan a la estricta normativa. Sin embargo, las familias españolas siguen acudiendo al circo tradicional, no a esos falsos circos soleados, en una cantidad que ha asombrado hasta a los más reacios.

Como informa Europa Press, el circo Quirós ha logrado en el primer mes de funciones congregar a más de 60.000 personas en la capital madrileña. La cual, por cierto, en tres meses activará la prohibición de espectáculos circenses con animales salvajes. Como ya hiciera el popular David Pérez en Alcorcón, otro cargo del PP, José Luis Martínez Almeida, se suma a la lucha animalista de esa progresía que detestan. De hecho podría haber cambiado las ordenanzas (de Manuela Carmena) mediante votación y no lo ha hecho. Mientras tanto, por la pista de “arena y serrín” del circo seguirán pasando leones, tigres y elefantes, a lo que añadir a equilibristas y payasos “de toda la vida”.

Desde el circo afirman sentirse “orgullosos de ser el último circo tradicional” con sus animales perfectamente tratados. Pero no quieren quedarse en “lo animal” tan solamente y señalan que también tienen un espectáculo único como la troupe Lozada que hacen equilibrios sobre un alambre a diez metros de altura, motos encerradas en una bola de hierro haciendo acrobacias a más de cien kilómetros hora o espectaculares juegos de luces y rayos láser. Frente a los animalistas afirman que los animales que tienen en su espectáculo tienen a su disposición a dieciocho personas para su cuidado, además de poseer grandes espacios para correr y jugar más un veterinario durante las 24 horas del día, habiendo superado todas las inspecciones con éxito. Los dueños del circo afirman que los animales “son tratados con amor y cariño, porque son parte de la gran familia del propio circo”.

Sin duda la cifra de 60.000 espectadores supone un empujón a una forma de ganarse la vida que, tras surgir de los deleites de la clase alta, pasó a las grandes masas ávidas de ver de cerca a esos animales salvajes que podían conocer por las novelas de Emilio Salgari, por ejemplo. La última oportunidad de ver este tipo de espectáculos que tocan a su fin arroyados por la postmodernidad y el cuidado de los animales salvajes. Bueno esto último menos porque se están extinguiendo presas de la voracidad capitalista en sus núcleos originarios. La infancia de muchas personas viene reflejada en la mente de cada cual por esa ilusión de acudir un día al circo, ahora la infancia tendrá impresiones digitales que igual se pueden imprimir en 3-D. Con la muerte de los circos muere también un poco la modernidad.