jueves, 1 enero, 2026

Carta abierta a Pedro Sánchez

Llega el final de un nuevo año y como cada vez que ocurre esto en los últimos tiempos te dirijo, Pedro, mi habitual misiva, cada vez más convencido de que esta vez sí es el momento adecuado.

Hace apenas unos días escuchaba e una entrevista al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero asegurar dos verdades ahora incuestionables; que Otegi resultó fundamental para conseguir la desaparición de ETA y que a esta durante años, los partidos democráticos le aseguramos que una vez desaparecida todo sería posible con su mundo, hablar, negociar, pactar.

Justo lo que en mi caso llevaba muchos tiempo asegurando y por lo que, una vez apartadas las mentiras y engaños, parece ser se me arrebató el carnet del PSOE.

A partir de esa entrevista reflexioné que para ser coherentes, una de dos, o se le quitaba el carnet también a Zapatero, o se me devolvía el mío. Parecería evidente que utilizando el sentido común, el menos común de los sentidos en los tiempos que corren, debería ser así.

Por eso una año más, esta vez con una mayor justificación, me decido a escribirte estas líneas.

Además existen más argumentos ya que en Navarra y en el Estado nuestro partido está siguiendo la senda que ayudé a trazar en el pasado. Pregúntale a José Luis que fue testigo de nuestras actividades al mando del desaparecido Rubalcaba.

Te recuerdo para añadir peso a mi solicitud Pedro (permíteme que te tutee al igual que hice en los dos contactos en persona que tuve contigo, el primero en plena campaña de las primarias 2014 en la sede del PSN, el segundo en la Casa de Cultura de Burlada durante la segunda campaña después del golpe de estado del 1 Octubre 2016) , que en aquella ocasión hablamos de que contigo en la SG del PSOE las cosas cambiarían y podría acceder a la militancia que me fue arrebata de manera inmoral, con manipulaciones y mentiras.

Recuerdo también que ese apoyo resultó tan explícito, que fui uno de los impulsores de la reunión que en Noviembre de ese 2016 realizamos en un lugar tan emblemático como el Ateneo de Madrid para impulsar tu candidatura.

Allí gentes de la izquierda del partido como Odón Elorza, Margarita Robles, Josep Borrell, Cristina Narbona, Manu Escudero, Manuel De la Rocha, con apoyos aunque no pudieron estar presentes como Pérez Tapias,  Andrés Perelló, o Toni Ferrer decidieron incluso a través de un documento animarte para que te presentaras, justo en un momento en el que las dudas te paralizaban.

A partir de tu decisión afirmativa mi apoyo resultó absoluto, más aún al escuchar que tus propuestas coincidían plenamente con las de aquel “Espíritu del Ateneo” que resultó definitivo para tu victoria.

Por eso en Burlada tu respuesta a mi interrogante fue positiva. Debo reconocer que en esa mirada tuya vis a vis observé sinceridad y te creí. Por esa razón justo al día siguiente de esa victoria me dirigí a la sede del PSN a tramitarla, posteriormente también lo hice a través del sistema informático que pusisteis en marcha.

El silencio fue la respuesta. Quizás fui ingenuo creyendo que eso fuera así, quizás entendí erróneamente que se haría justicia conmigo después de una expulsión vil e injusta.

Visto desde ahora cuando la figura de Otegi está normalizada, tal y como recuerda el propio Zapatero y las relaciones con Bildu atraviesan un momento dulce, también en Navarra después de la última reunión tenida con ellos, vuelvo a reclamarte lo que resulta más justo y evidente.

Al mismo tiempo que me interrogo y te interrogo Pedro. ¿Por qué no puedo militar en el que siento como mi partido, el PSOE? ¿Qué crimen tan abominable he cometido para que eso no sea posible ahora? ¿Cómo es posible si observo que coincidimos en la dirección que has decidido iniciar ahora?

Te puedo asegurar compañero Pedro que mi absoluta lealtad a mis ideas, ahora que coinciden con las tuyas, me sitúa con una mayor proximidad ideológica a ti que quienes impiden mi entrada.

Apoyo con mis intervenciones en las tertulias en las que participo, o los artículos que publico tu valentía en el momento actual. Considero que en la difícil etapa en la que entra nuestro país, la izquierda, el PSOE y tú necesitáis gentes como yo.

Probablemente tú también lo pienses Pedro y en un momento en el que los gestos son importantes sería vital que abras las puertas de tu proyecto a personas  como yo.

Gentes de izquierda, que luchamos contra el franquismo incluso siendo torturadas por miembros de la BPS como “Billy el niño” (por cierto, ¿para cuándo la retirada de sus medallas?), republicanas, que creemos que el conflicto de Catalunya se resuelve desde el diálogo, que a los políticos catalanes presos se les debe aplicar medidas flexibles en el régimen penitenciario, que debemos buscar alternativas legales pero novedosas a la demanda del “derecho a decidir”, o que las izquierdas deben ir juntas. En definitiva lo mismo que ahora tú planteas.

Nos necesitas a tu lado, porque vamos a necesitar a todos y todas en esta dura lucha que nos espera. Necesitas gentes forjadas en el acero de las luchas anti franquistas.

A mí se me arrebató el carnet del PSOE justo por defender lo que ahora tú estás llevando a la práctica. ¿No te parece una incongruencia que tú tengas carnet y yo no?

Pero te anticipo una cosa Pedro, aunque no me abras la entrada del partido seguiré apoyándote en la medida que sigas la senda iniciada. Aunque te abandonen muchos por el camino y nos vengan malos tiempos estaré a tu lado.

Ingenuamente termino esta carta esperando tu respuesta. No me defraudes Pedro. No nos defraudes.

Veremos………..

El “caso abogados de Podemos” es el miedo de la derecha al Gobierno de Coalición

No saben ya qué inventar en la derecha mediática con tal de intentar frenar el posible Gobierno de Coalición de las izquierdas españolas. Temerosos, no a los mil males que anuncian cada día sino a políticas contrarias a las deseadas por los poderosos, tergiversan cualquier situación que encuentran en la actividad de los partidos firmantes del acuerdo para intentar derribarlo. No quieren que la izquierda Gobierne en España y si hay que exagerar o inventar historias se hace, no sería la primera vez, ni la última que han sido desde la Brunete mediática partícipes de conjuras contra los partidos de izquierdas (y hasta contra Adolfo Suárez).

Hace poco se contó en estas mismas páginas que unos tuis de Emiliano García-Page contra el presidente del PP castellano manchego se tergiversaron y retorcieron, con toda una historia conspiranoica detrás (siempre la hay), para que pareciese que estaba lanzando puyas tuiteras contra Pedro Sánchez. También expusimos cómo Jorge Bustos, a la sazón director de opinión de El Mundo, reconoció que su intención era derrocar al presidente del Gobierno. El director de ese mismo periódico, Francisco Rosell, miente y falsea la sentencia de los ERE, por ejemplo, señalando cuestiones que ni están en la sentencia, ni son ciertas en cuanto tiene oportunidad. Aunque le dejaron pálido en directo en un programa matutino de la televisión cuando se inventó una historia sobre Miguel Sebastián, el cual llamó al programa y le espetó sin filtros que al día siguiente tendría una demanda judicial si no se desdecía… y se desdijo. Realmente en El Mundo se inventan hasta las entrevistas como ha señalado una sentencia judicial contra el cloaquero y amigo de los neofascistas Javier Negre. ¿Qué decir de Inda, Jiménez Losantos, Herrera, PedroJ. o Rubido? Lo mismo de diferentes formas y con todos los matices que admite la oscura paleta de la derecha mediática. En todos los medios inventan o exageran las cuestiones para acabar con el Gobierno de Coalición.

En esta ocasión, lo que han catalogado en ABC y OkDiario como el Gürtel de Podemos (¿Coincidencia?), es un caso del que, hasta el momento no hay prueba alguna, más que una factura sencilla y simple de un abogado que ha recibido un despido disciplinario por sobrepasarse con alguna que otra mujer. La información que este señor está transmitiendo (¿40 monedas habrán sido suficientes?) es la siguiente. Según dice dentro de Podemos los cuadros directivos de la formación morada vienen recibiendo sobresueldos de 300 a 600 euros que se abonan en dinero negro. La prueba una factura de trescientos y pico euros por gastos de viaje y representación de un alto cargo. Si se fijan existe ya una primera contradicción, si hay factura y eso se ve reflejado en la nómina (algo que no ha negado el acusador o ¿era acosador?), ¿en qué momento eso es un pago en dinero negro? Como ven que no cuela eso de los pagos en B, dicen que esas entregas no cotizan IRPF ni Seguridad Social, segunda contradicción pues ¿cómo va a cotizar un dinero que ha adelantado el trabajador para pagar unos gastos de desplazamiento? Estos liberales que quieren bajar tanto los impuestos y a la gente de Podemos se los quiere cobrar dos veces. No se sostiene hasta aquí lo afirmado por el abogado despedido disciplinariamente. Y reiteramos lo de disciplinariamente por acoso sexual para que se entienda el perfil de la persona.

Con esos pocos datos ya han montado una película en los medios de la derecha para criminalizar a una de las partes del acuerdo de las izquierdas. Van en esta ocasión contra el eslabón más débil y con una cuestión de régimen interno. “¡En Podemos mienten y ganan más dinero!” es el argumento que unen a “¡Carecen de ética, que dimitan!”; “¡Que les investigue la Fiscalía!” han dicho otros sin pensar en lo que decían; “¡Corruptos!” claman todos. Supongamos que es verdad que se pagan sobresueldos de 300 a 600 euros ¿por qué la derecha no dice nada de los sobresueldos legales y conocidos de los demás partidos? Pablo Casado está ganando más que el presidente del Gobierno y hasta hace un año y pico el PSOE pagaba más de cien mil euros a Sánchez. Se sabe que en Podemos, si se tienen hijos, se aumentan esos tres SMI famosos. También en muchas ocasiones es una forma de recompensar echar horas como salvajes en actos, viajes y demás. No lo justifiquemos, como hace la caverna mediática, y pensemos que es una falta de coherencia ética. ¿Desde cuándo la falla ética está en el código penal? ¿No cambian de opinión, pisando sus argumentos éticos, cada día en el PP o en Ciudadanos pasándose la ética por el arco del triunfo y ahí no dicen nada? ¿Por qué Bieito Rubido o Eduardo Inda no dicen nada del Gobierno Andaluz que ha gastado en dos meses el presupuesto anual para comidas institucionales a base de gambas onubenses?

En todo esto, que a saber cómo acabará, no hay ilegalidad alguna. De ser cierto sería una contradicción ética condenable sin lugar a dudas, pero con las pruebas aportadas por el abogado despedido disciplinariamente por acoso sexual no se puede decir que haya “caso abogados”. A día de hoy. ¿No les parece extraño que siendo abogado no haya acudido al juzgado con las pruebas que dice tener? Cualquiera de ustedes lo haría  y más si interesase a la Fiscalía. El problema es que es un problema de régimen interno que sólo afecta a la ética y no a la legislación penal o administrativa. Sirve para hacer mucho ruido y malmeter contra el Gobierno de Coalición ahora que parece que, primero, Pablo Iglesias acepta rebajar sus pretensión programáticas vista la coyuntura que existe en España (más vale sacar unos mínimos que tener, que la tendrán, a la caverna mediática todos los días con extravagancias) y, segundo, visto que con ERC está casi todo cerrado (a la espera de ver cómo pueden ganar simbólicamente y partidistamente con el acuerdo). Esto es lo que hay detrás realmente del “caso abogados” porque no pueden ir al juzgado.

De todas formas, aunque al resto de las personas pueda parecerles poco ético el comportamiento de la cúpula de Podemos; aunque muchas personas entiendan que es feo predicar una cosa y hacer otra (nada nuevo en el mundo de los partidos políticos españoles, por otro lado); realmente quienes tienen que pedir dimisiones o ajustar cuentas son los inscritos, simpatizantes y votantes de Podemos. Son ellos los que deben hacer llegar sus quejas por los caminos que estimen oportunos para hacer ver que es una sinvergonzonería o que no le dan importancia alguna. Al no haber cuestión punitiva legal, son las personas que componen Podemos las que tienen que decidir qué hacer con sus cuadros dirigentes. Todo esto si es que hay algo más de lo que han dicho y mostrado hasta el momento (y eso que llevan varios días con el tema). No es nuevo que alguien hable más de la cuenta en el entorno morado. Unos montan un partido y otros se “venden” a Inda. Que es feo éticamente, de ser cierto, sí, que es una cuestión interna de Podemos también. A partir de aquí lo que se comprueba es que desde la derecha mediática, a pesar de toda esa Brunete mediática, no están haciendo mella en el ánimo de la ciudadanía española que cada vez ve con mejores ojos ese Gobierno de Coalición entre PSOE y Unidas Podemos. El problema es que las buenas personas que habitan España ya tienen calados a los medios cavernarios y saben que si fuese “uno de los suyos” el reclamo ético ni existiría. Por tanto, no merece la pena dedicar ni dos líneas más y sí denunciar que, al final, todo esto tiene como intención acabar con la izquierda española. Ni más, ni menos. Además, como ya contamos esta misma semana, después de José María Aznar nada puede ser peor en España.

Del partido político al movimiento político (o cómo se va ausentando la izquierda)

Siguiendo con cierta melancolía que empezásemos ayer a describir respecto a la vida política, en su sentido amplio, hoy es necesario hablar de la transformación de los partidos políticos en otra cosa, en otro tipo de estructura de poder, que no sólo perjudica a la democracia en general (exacerbando la tendencia al espectáculo y a la inanidad), sino a la izquierda en particular. Si rebuscan dentro de ustedes, en sus recuerdos, aunque en España quedan más limitados por la dictadura, seguramente recuperarán imágenes, sonidos e historias que les traerán al presente grandes mítines (ahora se exagera 7.000 personas cuando eso era casi habitual no hace mucho), peleas ideológicas en el interior de los partidos y discursos profundos que no caían en el olvido a los dos minutos de haberlos expuesto. Dirán que es culpa de la postmodernidad, de lo líquido o vaya usted a saber qué. Evidentemente ha habido una transformación paralela en el sistema político a los avances técnicos y a los cambios producidos en la base del propio sistema de dominación (con lo económico como determinante en última instancia siempre). El problema es cómo han afectado todos esos cambios a la propia concepción democrática y al juego político que se deriva de ello.

En términos generales podemos decir que se ha pasado, por esa transformación, del partido político al movimiento político en un orden de continuidad de cambios estructurales y los propios del campo político. Por decirlo con los términos de Pierre Bourdieu, los cambios en los habitus de las personas también se han producido en el campo político no como un proceso de causa-efecto sino como un proceso paralelo en el que hay influencia de uno a otro sin lugar a dudas. En este caso no es que haya habido un progreso que haya mejorado la democracia en sí, bien al contrario se puede decir que ha habido un proceso de regresión en numerosos aspectos democráticos como ahora veremos al analizar la transformación de los partidos políticos. Se piensa que hoy hay más democracia en los partidos políticos (debido a los procesos internos de votaciones y primarias) cuando la realidad es que hay menos y con una expulsión de la ciudadanía del entorno de cada organización política que perjudica al proceso democrático. La estructura política en sí ha acabado debilitándose realmente y es algo que se encuentra en cualquier país occidental (de mayor tradición partidista). Hay una menor calidad democrática no por la acción tenebrosa de la clase dominante, realmente poco han participado en esta transformación en sí, sino por la pérdida de ciertos valores democráticos fundamentales y algunos estratégicos que están más relacionados con la izquierda.

Hay una menor calidad democrática no por la acción tenebrosa de la clase dominante sino por la pérdida de ciertos valores democráticos fundamentales

El control de las áreas de incertidumbre de la organización.

Realmente la transformación de los partidos políticos en movimientos políticos no es similar en todos los países pero tiene unas características comunes. Existen barreras a esa homogeneidad en las distintas estructuras de cada campo político. No es lo mismo en los sistemas presidencialistas, que en los semipresidencialistas, que en los parlamentarios. En los sistemas presidencialistas y semipresidencialistas se ha agudizado mucho más el paso del partido político al movimiento, en muchas ocasiones unipersonal y ligado a un persona con ciertas capacidades comunicativas y el buen uso de las redes sociales (ahí tenemos los ejemplos de Donald Trump en un sistema presidencialista y de Emmanuel Macron en uno semipresidencialistas). En los sistemas parlamentarios también ha irrumpido la transformación pero existen constricciones mayores pues las circunscripciones electorales y el sistema de reparto de los escaños (proporcional, mixto o mayoritario) presuponen la necesidad de tener cierta implantación estatal. Decía el politólogo Xosé Vilas Nogueira que lo que separaba a un partido de otro en muchas ocasiones no era lo ideológico sino lo geográfico, la implantación y presencia territorial es un hándicap para los movimientos políticos como se ha podido ver en el caso de Más País o los problemas causados internamente en Podemos por todos conocidos. Tampoco viene mal recordar a Ramón Cotarelo, cuando se dedicaba a la Ciencia Política con maestría, quien observó que el sistema político español era un remedo del sistema caciquil por su forma territorial. Pero en buena medida todos los antiguos partidos se están moviendo hacia la forma movimiento político como veremos al analizar las áreas de incertidumbre del sistema político de partidos/movimientos.

Estas áreas de incertidumbre, que afectan también lo organizativo, fueron expuestas por primera vez por el politólogo italiano Angelo Panebianco en su libro Modelos de partido (Alianza Editorial). Gracias estas seis áreas veremos cómo se han transformado los partidos políticos en movimientos políticos vaciando de contenido el “partido” en sí y perjudicando a la democracia. Hay que tener presente que, por motivos analíticos, hablamos de modelos ideales y existen numerosas especificidades que cada persona puede adivinar de su partido/movimiento preferido que pueden ser añadidas. Todas estas áreas no dejan de ser receptáculos de poder y, por tanto, disputables en el interior de los partidos para controlarlas. Cuando van perdiendo capacidad se van difuminando como vamos a ver con la primera de ellas.

La primera área que vamos a ver es la financiación del partido/movimiento. La creación por los partidos socialistas y comunistas de partidos de masas tiene que ver con este aspecto. Al carecer de los apoyos que la burguesía prestaba a sus partidos, en buena medida uno obtenía la posibilidad de disputar el escaño si tenía posibles, los partidos de la clase trabajadora recurrieron a las grandes afiliaciones en masa, mediante el propio partido o los sindicatos hermanados, para facilitar todas sus acciones estratégicas. Desde la formación de las bases, enseñar a leer a las personas de la clase trabajadora, pagar salarios a huelguista, publicaciones o simplemente sostener la campaña electoral (cuando les dejaban presentarse), una amplia afiliación suponía tener recursos suficientes. Esto ha ido perdiendo sentido con el paso del tiempo y la decantación de los partidos por financiarse bancariamente (con el peligro de control externo de la clase dominante de las acciones) o por la cartelización de los partidos políticos al depender de la financiación estatal (constituida para cercenar los casos de corrupción, algo que como se puede ver no se ha producido pues si tienes más recursos puedes llegar a más personas) y, por ende, poner en primer plano la consecución de cuantos más escaños o curules mejor. Esto tiene su contrapeso, especialmente en los partidos del extremos centro, en que se pierden ciertas esencias, se genera un falso consenso que no afecta a la posible transformación del sistema y que sí afecta a lo interno pues no se busca ya al candidato o candidata con un discurso más articulado, sino al que pueda obtener más escaños y logre la supervivencia del partido. Se abandona el discurso ideológico y se acaba en la política espectáculo del más guapo, el más estrambótico, etc. De hecho el movimiento, a pesar de algunos intentos de financiación directa de los simpatizantes, tiene este mismo problema, aunque se libra de la mirada de los bancos. Si no hay escaños no se pueden pagar los microcréditos y de ahí a la moderación hay un paso.

Una segunda área es la competencia o el conocimiento experto. Los partidos políticos, antiguamente, tenían una división del trabajo adaptadas a los diferentes campos de experticia. Ahora, en muchas ocasiones, es el dirigente máximo quien contrata a asesores para todo y así mostrarse dominante de muchas competencias. Pero en cinco minutos no puedes aprender lo que lleva años (y se producen las meteduras de pata), lo que se adquiere con la experiencia del día a día (al profesionalizarse pierde contacto con esa realidad) o lo que se acaba conociendo del debate en el seno del propio partido. Ahora es el dirigente máximo y sus expertos (algunos del seno del partido pero la mayoría contratados a buen precio). Esto provoca la pérdida de importancia de la formación dentro de los partidos y el paso al adoctrinamiento en lo deseado por la cúpula del momento. Hoy puede ser verde y mañana amarillo. El militante (que es el afiliado activo que pelea dentro en muchas ocasiones desde posiciones ideológicas fuertes) va desapareciendo y, alentado por los expertos en todo tipo de cuestiones, se requieren activistas. Esto es, personas afiliadas o no que se dedican a transmitir el mensaje del partido, el meme, el artículo sin necesidad de haberlo leído y sin saber qué dice realmente. Sólo debe “moverlo” en redes sociales sin preguntar. Todo lo que diga el partido se transforma en verdad revelada. Una especie de teocracia o secta política donde la doctrina se impone desde arriba y los activistas la “menean”, que para eso hay expertos que son más listos (eso dicen aunque en las sociedades occidentales ya no hay analfabetos como antes).

La tercera área también ha sufrido una transformación que ha afectado a la estructura del partido y, por ende, a su democracia. Esta área es la relación con el entorno o la capacidad de diálogo con las organizaciones de la sociedad civil y de atracción de las personas hacia el partido. Como pueden observar, especialmente en los partidos de izquierdas, las oenegés o lobbies han penetrado hasta situarse en las propias ejecutivas de los partidos y copar buena parte de los escaños. Anteriormente, eran los militantes, en especial los cuadros dirigentes, los que cumplían esta labor de estar imbricados en los movimientos de la sociedad y eran los candidatos y candidatas los que lograban captar a los votantes. Ahora no es el partido el que habla con las organizaciones sino que esas organizaciones se sitúan dentro del propio partido, ejerciendo un veto de experto respecto al debate posible y la ideología del propio partido/movimiento. Quien antes ocupaba la secante marginal de influenciar en el partido y en la sociedad tenía poder, ahora las oenegés usurpan el poder no sólo de relaciones con el entorno haciéndolas desaparecer, porque no les interesa en sí, sino el del experto. Por mucho que la militancia que quede proteste ideológicamente, estos grupos incrustados para hacer lobby desde dentro ponen el veto incluso al debate. La cuarta área, la de comunicación, dada la estructura de medios materiales y de comunicación, recae en el dirigente máximo y las personas de su confianza. Un grupo reducido que controla las redes del partido, que controla lo que se debe decir (aunque siempre haya versos sueltos) y que establece con los expertos cómo decirlo y cuándo decirlo. A diferencia de los partidos políticos donde cada militante, bien formado, era un agente de comunicación. Con los medios electrónicos sólo el partido, es decir, su núcleo dirigente, tiene la razón y la voz. De ahí que los posibles intelectuales se marchen a otros campos y dejen de apoyar a los partidos políticos. No gustan las voces discordantes en ningún partido.

Un vaciamiento ideológico, una eliminación del debate, una constante acción contradictoria y un estar detrás de las demandas que viene dadas por otros actores

El área de las reglas formales (los estatutos y las normas y usos) queda en los movimientos en plena decisión de los dirigentes máximos que adaptan las reglas de juego internas a sus deseos e intereses. Antiguamente, incluso para mover una coma en un Congreso de partido, podía haber una disputa de horas o incluso provocar escisiones. Lo que sucedió a los partidos socialdemócratas cuando abandonaron el marxismo o a los comunistas en su paso al eurocomunismo son disputas no sólo de principios sino de normas y tradiciones de comportamiento en el seno del partido. Ahora lo que diga, producto de una mala aplicación de las primarias, el jefe va a misa y se cambian las reglas sin que haya una sola voz discrepante. Y de haberla se procede al juicio sumarísimo. La última área de incertidumbre es el reclutamiento, algo que ya carece de importancia salvo para decir que se tienen equis números de comprometidos. Anteriormente no sólo eran necesarios para la financiación, para las campañas, para la relación con el entorno y el debate en el seno del propio partido, sino que servían para ir moldeando a la clase política del futuro. Ahora son los dirigentes máximos los que casi prefieren que no destaque nadie en el propio seno y que haya poco reclutamiento (salvo para conseguir puestos derivados como los Consejos Nacionales, Estatales o Comités Federales). No quieren muchas personas porque eso les genera incertidumbre e imposibilidad de controlar la organización. Quieren la ley del mínimo esfuerzo para lo orgánico y cuantas menos personas haya casi mejor. Fíjense en Macron o Mélenchon que prácticamente no tienen militantes, ni contestación interna obviamente.

Pérdida democrática y desaparición de la izquierda.

Hasta el momento hemos tratado la transformación desde una posición relativamente aséptica, con algunos matices que orientaban hacia lo que aquí se va a analizar. Todos los partidos políticos en su paso (más o menos acentuado) hacia el movimiento político experimentan una regresión hacia el ideal que propugnase Auguste Blanqui en el siglo XIX como más eficaz para la revolución. El ilustre dirigente francés establecía que era necesario un partido pequeño, pero resuelto y disciplinado, para apoderarse del poder por la fuerza y, desde allí, utilizando el aparato del Estado, educar a todas las personas e instaurar un orden social igualitario. Si quitan de la frase desde “por la fuerza” les queda lo que hoy son los antiguos partidos políticos. Organizaciones pequeñas y disciplinadas de unos cuadros dirigentes junto a expertos que tienen activistas dispuestos a ayudar en la consecución de cuantos más escaños mejor. Lo ideológico o los fines, que en el caso de Blanqui eran claros, son producto de las circunstancias sin más. El movimiento lo es todo en sí y debe actuar según se marque la agenda. Y como la agenda política está marcada bien por lo espectacular-evanescente de los medios de comunicación o las necesidades del propio sistema para su perpetuación y reproducción (la autopóiesis), al final un día se apoya una cuestión y al día siguiente la contraria sin que el principio de contradicción haga aparición, ni los activistas acaben cuestionando las órdenes. Esto perjudica a la democracia mucho más que las peleas identitarias o de banderas que hay por todo occidente.

La voluntad general de la militancia se ha entregado a los expertos

Cuando los populistas logran marcar la agenda política, bien porque consiguen el apoyo de las masas, bien porque la clase dominante tiene interés en que así sea para que no se cuestione el sistema, no es porque comuniquen mejor sino porque al otro lado no hay más que activistas y carencia de ideología y proyecto de sociedad. Hay propuestas, que como hemos dicho se pueden cambiar a conveniencia de los cuadros dirigentes, y culto a la personalidad. Esto ha provocado que se pierda la ideología y el debate interno en las organizaciones políticas, lo que supone la desaparición de la izquierda realmente ya que la derecha siempre está del lado de la ideología dominante. La izquierda está ausente como tal (tomando el concepto de Doménico Losurdo) en el combate práctico y teórico porque carece de programa estable, de proyecto de futuro (dependen de quien esté al mando) y sólo se centra en destacar en el espectáculo político que han construido como fórmula de dominación. Evidentemente, sigue siendo preferible que gobierne la izquierda a la derecha, pero en términos transformadores el cambio a movimiento político impide tener esa conexión con la sociedad necesaria para movilizar. De hecho, hoy se apoya (o critica) al mundo del taxi y mañana ya se olvidan de que existen, por ejemplo. Salvo que sean cuestiones que interesen a los lobbies insertos en los movimientos o a la clase dominante, no hay realmente relaciones con el entorno social. Los lobbies acaban controlando en los partidos de izquierdas la agenda interna e impidiendo el debate. ¿En qué se han convertido los históricos periódicos de la izquierda como El Socialista o Mundo Obrero sino en vehículos de autolegitimación de las dirigencias y agencias de publicidad de los propios partidos?

Decía Enric Juliana que los partidos lentos de la lucha antifranquista eran más democráticos porque tenían más debate interno que los actuales. Tiene razón pero no es la velocidad en sí de los tiempos en política lo que hace perder el debate y con ello la democracia, sino la transformación en movimientos vinculados bien con un dirigente conocido, o el electo de turno que se hace con todo el control. Y al no controlar en sí las áreas de incertidumbre (los lobbies le pueden dar la espalda, puede equivocarse en la comunicación, puede que los supuestos expertos le hagan cometer errores…), cierra las puertas al debate, que es la práctica necesaria para la existencia de democracia y ofrece a cambio primarias y votación dicotómicas. Como ejemplo de esa pérdida de democracia, hace pocos días en España tanto PSOE como Podemos e IU han realizado unas votaciones para ver si apoya un Gobierno de Coalición, ¿han leído o escuchado algún debate interno o externo (más allá de lo opinólogos que hablan de todo sin saber de nada)? Realmente, ¿han leído o escuchado algún debate ideológico o estratégico en el seno de los movimientos políticos antes conocidos como partidos? ¿Cómo es posible que se pueda decidir sobre un futuro gobierno de coalición sin conocer ni ver opciones alternativas? Todo se reduce al deseo y a confirmar la decisión ya tomada. No hay más. El PSOE para acabar con el marxismo necesitó de tres congresos (28°, extraordinario y 29°, que fue cuando se terminó de eliminar el término); el Partido Comunista Francés necesitó dos, con broncas y abandonos de intelectuales y militantes, para aceptar participar sin poner muchas pegas en un Gobierno de Coalición.

Esto respecto al gobierno de coalición es un ejemplo paradigmático de lo que hay dentro de los movimientos. Un vaciamiento ideológico, una eliminación del debate, una constante acción contradictoria y un estar detrás de las demandas que viene dadas por otros actores. A ello súmenle que no es posible plantear un proyecto de partido pues los lobbies (desde católicos/cristianos hasta LGTBi) exigen, sí exigen, no presentan a debate, que “sus temas” sólo puedan ser tratados según sus propios parámetros. Se pierde toda amplia perspectiva social a estancar diversos temas y retirarlos del debate en sí. Total, lo importante no es la ideología sino los significantes maleables que puedan cambiar de significado o no tenerlo en sí. De ahí que todos los socialdemócratas y buena parte de las izquierdas alternativas hablen de medidas progresistas, ese significante de la ideología dominante que vale para un roto y un descosido. Cuando el partido era un partido y tenía militantes y no activistas no es que fuesen las cosas más lentas pero había que justificar los propios actos mediante el debate, aunque fuese en un Comité Federal de dos días (sí, no se asombren ha habido comités federales en el PSOE que han durado dos días con debates hasta altas horas de la mañana, y Congresos de cuatro días). Ahora, una vez se elige a alguien por primarias se le dan las llaves del movimiento, de la elección de los cargos (así no haya representatividad y pluralidad de ideas), del peso de la tradición y todos detrás sin rechistar. Miren cómo en el PP o en Ciudadanos expulsan a los disidentes (o les invitan a irse).

La democracia es de peor calidad porque los partidos han perdido democracia interna, capacidad de debate, de diálogo con la sociedad y, algo muy importante, control sobre sus propios dirigentes. La voluntad general de la militancia se ha entregado a los expertos, que por formación y extracción son burgueses sin engarce ideológico con las formaciones que acaban controlando desde la experticia y que nunca pondrán en tela de juicio el sistema ni permitirán debate alguno sobre sus propuestas. Todos estos cambios, al final acaban ausentando a la izquierda, lo que no deja de ser sumamente importante porque está en el lado dominado de la historia.

Cuando mandaba la izquierda y se podía hablar de todo

Viendo el triste transitar del mundo actual, en muchas ocasiones no queda más remedio que recurrir a la nostalgia. El mundo parece gobernado por la mayor cantidad de mediocres que generación alguna haya podido situar en los distintos gobiernos estatales. Apoyados en miríadas de asesores, de comunicólogos, de pelotas, la clase política parece que fuese a peor y se produjese una quiebra entre representantes y representados. ¿Son los distintos parlamentos y jefaturas de Estado reflejo de sus sociedades? Sin duda no. En redes sociales (olvídense de Twitter) se pueden ver debates interesantes en ambos lados del espectro político; en las revistas académicas no busquen porque sólo hay artículos, en Ciencias Sociales y Humanas, que siguen el patrón pautado para que ciertas universidades sigan siendo las más prestigiosas y las que más ingresen, pero sí es cierto que existen numerosos ensayos (menos en la parte anglo del mundo) donde el pensamiento crítico florece; pensar en la sociedad como una masa amorfa es irreal pues las capacidades de buena parte se ven reflejadas en pequeños comentarios y en los avances de empresas, asociaciones y demás organizaciones de la sociedad civil.

Entonces ¿lo peor acaba llegando al poder? No lo peor, pero sí los que carecen de sentido crítico de la vida. Para ascender dentro de un partido político, sin necesidad de ser pelota (que los hay a patadas), tan sólo se requiere manejar el lenguaje de ese partido (sin componentes propios); ser muy activista, que no militante; venderse bien entre la gente más cercana y entre los jefes, sin dudar en ponerse méritos de los que se carezcan; y, muy importante, no pensar por sí mismo, o cuando menos no decir lo que se puede pensar. Una vez conseguido el objetivo de ascender y situarse entre los cuadros dirigentes del partido, ahí sí, apuñalar a quien sea para no dejar vacante la plaza. Da igual el partido que se analice, por culpa de la maldita ley de hierro de la oligarquía ha sido y sigue siendo así. Aunque siendo justos, la oligarquía anterior debía cuando menos mostrar cierta capacidad analítica e ideológica, algo que hoy se ha perdido. Con hablar de centro moderado, de liberalismo de progresismo se va caminando sin avanzar nada. Y, repetimos, da igual el partido que ustedes quieran analizar. Si a esto sumamos que ya los partidos carecen de intelectuales orgánicos o de intelectuales compañeros del camino, el resultado es una degeneración de la clase política. Antes también había personajes de este estilo (siempre ha habido arribistas), pero eran “machacas” de la clase dirigente. Políticos profesionales siempre habrá pero hay que cuidar que tengan algo más que lo mostrado. No miren sólo en el propio país, es una causa que se propaga por todo el orbe, más allá de populistas y demagogos varios.

No se trata de llegar a ideales como los del filósofo-rey platónico, ese tipo de pensamientos acaban proporcionando regímenes totalitarios. Ni es cuestión de llenar los parlamentos de pedantes y creídos (como actúan algunos parlamentarios españoles). Bueno creídos hay bastantes pero por otros motivos. No. Se trata de que la clase política sí sea parecida a la sociedad que dice representar. Ni más, ni menos. Realmente las personas saben dónde están sus propios límites (excepto que seas español que naces sabiendo de fútbol y política); hasta dónde llegan sus capacidades y cuáles son sus puntos fuertes. Esto no lo encontramos en la clase política mundial actual. Y quienes saben en muchas ocasiones carecen de la ironía socrática (aparentar cierto desconocimiento) suficiente para no resultar soberbios. Y ¿cómo hemos llegado hasta aquí si antes nos parecían las cosas, no mejores en sí, pero más reales y cercanas? Haciendo honor al titular, porque antes la izquierda disputaba realmente el monopolio de la opinión a la ideología dominante del sistema. De esto se derivan ciertas cuestiones que llevan no a una modernidad líquida que diría Zygmunt Bauman, sino a un tiempo hedonista e individualista.

Cuando mandaba la izquierda.

Siendo honestos no se puede decir que la izquierda haya mandado, tuvo una enorme capacidad de influencia en la agenda política gracias a las distintas luchas sociales que era capaz de aglutinar, a lo que hay que sumar una fuerte competencia en el plano intelectual contra los capitalistas. Fueron las luchas de la clase trabajadora, arropada por una ingente intelectualidad, las que arrancaron a la clase dominante las políticas de los años dorados para avanzar en la construcción del Estado de bienestar. El problema es que la izquierda política, por un lado, se quedó en esas políticas pensando que ya se había logrado la sociedad socialista (sin tocar la base del sistema paradójicamente) y, por otro lado, dejó el pensamiento revolucionario abandonado. Se acomodó la izquierda política y la intelectual se vendió al mejor postor o se dedicó al idealismo y lo postmoderno. Bien es cierto que existía la URSS para tener asustada a la clase dominante occidental pero no era el objetivo de la izquierda en general acabar en un régimen totalitario como aquel, aunque estemos en otro casi tan totalitario como veremos.

La izquierda disputaba en la práctica y en la teoría a la ideología dominante el dominio en ese campo. Mientras los sindicatos alentaban las movilizaciones laborales, el cuerpo de intelectuales definía las situaciones en lo teórico. Había una conjunción político-sindical-teórica que permitía esa disputa antagónica. Frente al marxismo como epistemología, la derecha hubo de acudir a la teoría estructural-funcionalista de Parsons y Merton, al empirismo idealizado (aportar números sin análisis sobre qué significan en realidad), a la teoría de la elección racional (individualismo puro), al positivismo y otras tantas teorías que eran premiadas con el Nobel para dotarlas de legitimidad. Cuando la izquierda realizó la inversión en el estructuralismo, se inventaron la teoría de sistemas para autorizar que el sistema tan sólo se retroalimenta, que es autopoiético. Tantas horas gastadas y tantos dólares invertidos para contraponer al pensamiento de izquierdas. Al final hubieron de inventarse la clase media (que no deja de ser clase asalariada) para introducir una contradicción en la lucha de clases. A ello se apuntaron desde los pensadores y políticos de derechas (todos los partidos de derechas se reclaman de clase media si se fijan) hasta algunos intelectuales de la izquierda (¿Sabían que José Félix Tezanos era el verdadero pope del análisis estadounidense y de la clase media en los años 1970s?, por ejemplo).

Aprovechando, además, el hedonismo individualista de las revueltas de mayo del 68 (que al menos legó para la izquierda el feminismo y el ecologismo) y las luchas raciales, la derecha se dedicó a establecer compartimientos estancos para quebrar a la clase trabajadora en sus luchas. Los negros sólo podían reivindicar su exclusión racial, no la de clase, por ejemplo. Y dentro de esta racialización, las mujeres no podían ser feministas. Así se introdujeron los estudios afroestadounidenses o afro-el-país-que-sea, los estudios feministas (desde que se comprobó al feminismo como potencial sujeto revolucionario, por cierto, les han colocado lo queer para desestabilizar), los estudios culturales y demás compartimentaciones. Algo que la izquierda ha comprado y que muestra bien a las claras con sus demandas identitarias múltiples, hasta llegar al paroxismo del deseo individual cambiante. Súmenle que se cambió el sentido de fraternidad (de comunidad de hermanos y hermanas que comparten una misma explotación) por el de Justicia. Así aparecen todas las teorías idealistas de la Justicia que van desde John Rawls a Michael Sandel. Lo que no deja de ser, al final del camino, sino un intento de control moral de las personas, especialmente la clase asalariada y la pequeña burguesía.

Desde que la izquierda dejó de pensar globalmente y de analizar las contradicciones del sistema capitalista se abrazó a todo lo que acabamos de decir abandonando lo material como base del pensamiento y la acción política. Dejó el antagonismo contra el sistema para ser el justiciero del mismo. El problema es que el sistema es capaz de asumir los criterios de justicia y transformarlos en caridad y señalamiento individualista. Y lo que es peor, estas peticiones de un mundo más justo (que no es que sean malas, pero no son eficaces en sí) ha servido a la ideología dominante para establecer lo políticamente correcto, un nuevo concepto moral que restringe la vida social (más allá de ir al centro comercial a consumir) y que criminaliza al disidente. Lo políticamente correcto no deja de ser un totalitarismo moral, un autoritarismo kantiano, un debate sin fin y sin sentido, una persecución a quien opina distinto. La izquierda política se siente cómoda tanto como la derecha política con lo políticamente correcto porque es una moral manipulable y que sólo es rígida contra la disidencia y la lucha en la calle. Entre políticos sirve para escenificar una pelea entre unos y otros que acaba no teniendo consecuencias para la base del sistema. “Tú has hecho esto y has dicho lo otro” suele ser todo el debate que se mantiene en los parlamentos, salvo cuando se habla en versión feminista hay que destacar (aunque en algunas ocasiones se dejan llevar por esa moral de la que es difícil resistirse, todo sea dicho).

… y se podía hablar de todo.

Curioso es leer a ciertos energúmenos que campan por la derecha (mediática o de redes sociales) afirmar que la izquierda sigue apoyando a lo que significó la URSS y demás totalitarismos cuando la realidad es tan tozuda que niega esas visiones. Cuando la izquierda mandaba se hablaba de todo, no sólo antagonizando con la derecha en debates que tenían como fundamento las condiciones materiales de las personas, sino discutiendo el camino llevado por los regímenes socialistas y las propias posiciones totalitarias. Michel Foucault criticaba el gulag desde una posición de izquierdas; Louis Althusser criticaba el totalitarismo encerrado en Antonio Gramsci (¿Se criminalizó a Althusser para no criminalizar a Gramsci?); y mientras hacían eso no dejaban de criticar la dominación de clase y al neoliberalismo. Ahora esto no existe, ni en la derecha, ni en la izquierda. No es que no se piense, que se hace, pero todo queda dividido al final en escuelas de pensamiento que aglutinan a una persona en muchas ocasiones. Y mucha ética que oculta al final una represión moral.

Si leyesen a Jorge Vilches (intelectual liberal muy crítico) verán que, a su modo y bajo los patrones de la ideología dominante, critica profundamente las sociedades actuales y toda la moralina existente. Es bueno leer a los antagonistas para que te abran la visión y te muestren contradicciones del sistema que por la situación ideológica de cada cual pueden no verse. No es algo que sólo sea una invención de algún izquierdista desamparado sino que el propio sistema neoliberal acaba adaptando la moral (evangélica en unos casos, con tintes izquierdistas en otros) a las coyunturas pero con la intención de seguir dominando y no hablar de lo económico, más allá de la gestión pública. El sistema capitalista es determinante en última instancia por lo que muchas de las discusiones que se producen en los parlamentos, medios de comunicación o ámbitos intelectuales no dejan de ser modas, moralina o puro espectáculo. Ahí no interviene casi nunca, pero cuando está en juego su posición como clase dominante puede ayudar a reconfigurar la ideología dominante (que siempre lleva inserto el veto al disidente y al que pone en cuestión el sistema) y el propio sistema político. En el caso español lo entenderán muy bien. Cuando surgió Podemos se promovió a Ciudadanos como contrapeso y dejar libres a los dos partidos sistémicos. Ahora que la formación naranja no funciona porque hay cuestiones de la lucha cultural (feminismo, ecologismo, pobreza) potencian a los neofascistas que se meten en esa batalla cultural despistando a las masas de la verdadera lucha que es por lo material. No toda la ideología dominante es producto de la clase dominante, por tanto, incluso la socialdemocracia ayuda a situar algunas cuestiones éticas en ella, pero sí que la modifica siempre que puede en cuanto las miradas se vuelven contra ella.

La izquierda consiguió, desde la irrupción de los primeros movimientos de masas de la clase trabajadora, ampliar el espacio de debate político y social. Cuanto más debate y más opiniones era más sencillo mostrar las contradicciones del sistema. Ahora hay debate sobre el libro que cada cual lleva en su cabeza o ha llegado a publicar. Ahora se entiende que cualquiera tiene una opinión válida aunque no contenga verdad en esa opinión. La opinología o doxacracia de lo políticamente correcto lleva hasta el extremo la individualización de lo que es válido, aunque no contenga verdad insistimos, porque así el debate se hace eterno e inoperante (ya tenían al renombrado Habermas para ese debate por el debate que esteriliza a la izquierda). No se llega a ningún lado que es lo que desean quienes mandan. Y no, no cualquier opinión es válida, ni cualquiera puede opinar de lo que sea. No es cuestión de tener estudios (aunque estos permiten manejar ciertas herramientas de análisis) sino de formación y presencia en la acción del día a día. Que alguien que es funcionario, por ejemplo, opine sobre sobre las condiciones de trabajo en una fábrica queda bien en una tasca pero no en el ágora pública. Pero tampoco los especialistas, que es lo que pretende el sistema con la compartimentación, tienen toda la verdad, ni toda la autoridad, en tanto en cuanto no la someten a verdadero debate público, que no lo hacen. Si se dan cuenta acaban diciendo, con bastante desprecio, “esa es su opinión” sin entrar a debatir. O “los datos son los que son” sin explicar el porqué de esos datos o lo que hay detrás de los mismos.

Cuando mandaba la izquierda y se podía hablar de todo, aunque no hubiese tanta tecnología, se era más libre y había más pluralidad que en la actualidad. El sistema nos quiere todo lo homogéneos que se pueda para controlarnos mejor. Con la tecnología electrónica actual, además, han dado el paso de poder controlarnos, como en el panóptico de Jeremy Bentham, desde un solo centro de control. Y encima les dejamos que lo hagan aduciendo una libertad para poner un tuit y cuatro fotos en cualquier red social y creernos que así hay libertad de expresión. Unas redes creadas para no pensar; una prensa diseñada para que lo espectacular prevalezca sobre lo verdadero; una homogeneización para reprimir mejor y simplificar el consumo compulsivo; mientras se deslegitima a sindicatos, movimientos asociativos de izquierdas, intelectuales críticos y todo lo que ponga en cuestión el sistema. Antes la represión se veía y se sentía (ahora sólo en momentos críticos), pero había más libertad porque la izquierda pensaba, cuestionaba y tenía una unidad de acción que ahora no existe y eso obligaba al sistema a permanecer abierto para poder producir y reproducir sus intereses económicos e ideológicos. Hoy hay ocurrencias (como todas las que diga o pueda llegar a decir Thomas Piketty) pero no acción contrasistémica. Aunque sólo se consigan reformas, como sólo se consiguieron en su momento, sin visión antagónica que mira a las estructuras de poder del sistema sólo hay migajas para unos cuántos, a los que acabarán señalando como privilegiados para introducir otra lucha intraclase. Una clase trabajadora disgregada en mujeres, razas, religiones, hedonismo o individualismo para que carezca de unidad de acción. Saben que la unión de la clase, el feminismo y el ecologismo será de donde salga el sujeto revolucionario (aunque se quede en reformas) y por ello lo dividen y le dejan sin voz mediante la moral y lo políticamente correcto.

¿A quién van dirigidas las puyitas de García-Page?

Cuando, como es nuestro caso, tenemos la obligación de analizar los sucesos políticos y sociales diariamente, nos encontramos en multitud de días bien con la marabunta informativa (como fue el caso de ayer), bien con el más absoluto vacío. En el primer caso, en muchas ocasiones no merece la pena seguir el juego de los demás pues se produce una distorsión comunicativa que impide que la idea que se quiere transmitir llegue con claridad. En el segundo caso, queda recurrir a alguna historia que puede ejemplificar el debate que se tiene en ese momento, comentar alguna anécdota (donde Díaz Ayuso y Rivera suelen tener protagonismo por su verborrea) o puede investigar entre lo que escriben los demás para ver si existe algún nexo común que permita conocer las estrategias del establishment. Habría un tercer caso que es contar lo que hacen los neofascistas de Vox, pero como dicen mucho y hacen poco no hay que seguir su juego verbal o la bronca del día y sí confrontarlos con las cuestiones materiales.

En el caso que hoy nos ocupa, tratamos una media anécdota, una media estrategia. El presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, viene publicando en sus redes sociales su firme compromiso con la Constitución Española, acompañando a los artículos de la misma sus pensamientos derivados del artículo citado. De esta forma se puede conocer la ideología que posee el presidente manchego y a la vez pensar que está lanzando diversas puyitas, diversas indirectas a alguien. En todos esos mensajes lo que queda claro es que García-Page es muy mucho español, más que nadie del partido que sea, y que otros tendrán que superarle en españolidad. Una muestra de nacionalismo españolista donde se comprueba que, más allá de lo estratégico para mantener el gobierno de su Comunidad, ese nacionalismo es real en él. Y como todo buen nacionalista no admite que alguien cuestiones la identidad que deben tener todos los que viven dentro del territorio llamado España. Un nacionalismo burgués (desde Ernest Gellner y Eric Hobsbawn sabemos que el nacionalismo como ideología proviene de la burguesía), afrancesado (el Estado y la Nación son lo mismo) y lleno de todo el folklorismo posible (ha señalado que la televisión autonómica tendrá un canal exclusivo para el mundo de los toros, ya se verá el porqué). Un nacionalismo que no concuerda con el pensamiento socialista, desde luego, pero que sí tiene conexión con el del otras baronías regionales (paradójicamente Susana Díaz defiende Andalucía como nación histórica). Liberalismo social que no tiene en cuenta lo que dijo en su momento John Stuart Mill al afirmar que para un país lo mejor es tener varias naciones en su interior porque les dota de una riqueza social (Consideraciones sobre el Gobierno representativo).

Este afecto nacionalista ha llevado a la caverna mediática a utilizar esos mensajes como una clara muestra de desacuerdo con Pedro Sánchez y con la cúpula del PSOE. Es más, han hecho acopio de toda la imaginación de la que son capaces en la caverna mediática (que al no ver la verdad de la luz y vivir en la penumbra imaginan de todo, de todo lo que perjudique a la izquierda evidentemente) para crear una Teoría de la Conspiración, la cual tiene sus puntos de anclaje en los medios más cavernarios, si cabe, de la prensa: El Mundo, OkDiario y ABC. Según esa teoría conspiranoica, García-Page estaría mandando estos mensajes para marcar su posición respecto al secretario general del PSOE y pasar a la acción “cuando la metástasis haya hecho presa”. O lo que es lo mismo, se está posicionando para suceder a Sánchez en cuanto caiga por la acción de Gobierno o las urnas. Todo ello bajo el título “Débiles operaciones (aún) para cargarse a Sánchez” u otras disquisiciones de los habituales. Como toda teoría inventada, aunque el presidente de Castilla-La Mancha pueda pensar que llegado el momento él será designado, tiene errores por no analizar la coyuntura o las contradicciones de la misma.

¿Alguien puede decir a día de hoy que la coyuntura interna del PSOE dentro de un tiempo permitirá García-Page ser elegido? Salvo alguna quiromántica posiblemente nadie puede predecir el sentimiento y lo que pensará la militancia llegado el momento. A día de hoy, el presidente manchego no tendría el voto asegurado de la militancia socialista pues le observan como un agente no sólo de la clase dominante sino de las derechas españolas. Las críticas realizadas con la bandera de España puesta al cuello han llegado a exasperar a la militancia por ser dirigidas contra quien ella ha elegido con mayoría absoluta. La bronca que acabó con el infausto “1 de octubre socialista” tampoco es que le dote de una imagen de socialista responsable ante la militancia. Igual puede tener esperanzas, lo que nadie le ha dicho es que igual son ensoñaciones y que las baronías podrán presionar pero el voto es secreto y no se sabe qué candidata o candidato le confrontaría. En la caverna, por su parte, olvidan que en el PSOE hay cierta democracia y que elige la militancia, esa misma a la que no pueden controlar por muchas teorías maliciosas inventen. A poco que haya una candidata o candidato que aparente ser de izquierdas García-Page no saca ni un 20%.

Todo esto, al final, no son más que disquisiciones y paranoias de la caverna mediática que está malmetiendo contra Sánchez utilizando al único barón socialdemócrata que entienden es más fuerte por haber conseguido la mayoría absoluta en su región (gracias a una treta de Dolores Cospedal que rebajó el número de diputados para asegurarse ganar siempre y que se ha vuelto contra el PP). Aunque haya dicho boutades como querer que Inés Arrimadas fuese fichada por el PSOE, lo que muestra su nacionalismo y su conservadurismo social, García-Page no está sacando los comentarios a la Constitución para atacar a Sánchez, ni está participando de ninguna conspiración, los conjurados son los de la caverna como hemos contado. Bien al contrario las puyitas están dirigidas al presidente del PP castellano-manchego, que siendo incapaz de proponer algo contra el gobierno del PSOE sólo se le ocurre catalogar a García-Page de anticonstitucional. Francisco Núñez, alías el “hay que privatizar la Sanidad”, es un político que se palpa y logra no tocarse y con unas propuestas que ni un niño en segundo de Primaria haría. Dentro de su ineptitud demostrada como político, debe recurrir a triquiñuelas infantiles que, para su desgracia, no calan en la población castellano-manchega. De hecho la mayoría de las personas no saben ni quién es.

Los pobres analistas de la caverna mediática, sufragados por la clase dominante no se olviden, enfermos de odio a que en España pueda haber un Gobierno de Coalición de las izquierdas, no saben dónde buscar para confrontar a Sánchez. En algunas ocasiones García-Page les ha permitido utilizarle contra su secretario general, pero en esta ocasión es una cuestión de régimen interno de la Junta. Una pelea entre políticos regionales que nada tiene que ver con conspiraciones o con disgustos que alienten un asalto de Ferraz por parte de las baronías. Para darse esto último necesitarían cuando menos un ejército pero ninguno lo tiene, salvo algunos mercenarios, ni está en su ánimo hacer lo de la otra vez. Si García-Page quiere ser secretario general del PSOE tendrá la posibilidad, como el resto de la militancia, cuando toque. Y cuando toque veremos si tiene ganas o apoyos. Más allá de eso no hay nada y sí peleas de barrio que no interesan más que a los contendientes. O ¿piensan que García-Page iba a permitir que le dijesen en “su casa” que es menos español y menos constitucionalista que nadie?

Errejón se olvida de lo que es Vox

Sombres oscuras se ciernen sobre el proyecto de Íñigo Errejón de conformar un movimiento populista desde el lado izquierdo del arco político. Tanto como para acabar olvidando lo que son los neofascistas de Vox, algo no intencionado pero cargado del buenismo y del institucionalismo que sobra en la izquierda. Al verse frente al espejo de lo que le gustaría que llegase a ser Más País, la dicotomización de la política para agregar todas las demandas, Errejón no calcula realmente sus palabras y le acaba pareciendo bien que Vox haya obtenido una vicepresidencia en la Mesa del Congreso “porque les ha votado mucha gente”. Como pueden observar una incongruencia total típica de los laclauianos y de los politólogos de lo institucional.

Salvo que obtengan mayoría absoluta, por muchas personas que les voten, lo ético cuando menos es que el resto de partidos impidan a los neofascistas tomar cualquier tipo de poder institucional. Tener esa vicepresidencia les puede servir para muchas cuestiones administrativas o jurídicas que pueden llegar a perjudicar el normal desarrollo de la vida política si llega a haber Gobierno y éste es una coalición de las izquierdas. Ni estratégicamente tienen sentido esas palabras. Recuérdese que los nazis no tenían la mayoría del Reichstag y acabaron aniquilando a la oposición y a los judíos. Por mucho que uno, ese uno es Errejón, quiera quedar bien con todo el mundo, e incluso aspirar a captar a los supuestos descontentos que votan a Vox (lean lo que escriben sus coequipiers del movimiento que ha montado), hay barreras que no se deben traspasar. Como ya abandonó hace años la lucha de clases y esas cosas de rojos, se le ha olvidado que a los neofascistas se les combate siempre y en todo momento.

Errejón piensa “combatirles con ideas”. Aquí el chascarrillo se transforma en patetismo. ¿Piensa disputarles con ideas quien ha demostrado que las suyas no son capaces de captar a casi nadie? Igual piensa que sigue en Podemos y tiene una base social potente, pero la realidad es que está allí arriba del hemiciclo en el grupo mixto porque, quitando Madrid, no ha sido capaz de sacar ningún diputado más y sí fastidiar algunos, como en Málaga por ejemplo, a otros partidos de izquierdas. Se pensó que como la traición en la Comunidad de Madrid salió medio bien, iba a asaltar España con su populismo verde. Y como lo ecológico es transversal, esa palabra que utilizan para todo los populistas, pues está tan extendido entre todos los nichos electorales que no le sirve nada más que para cargarse Equo y dos diputados ramplones.

Un problema es que algunos intelectuales, que han pasado a la acción y dejan de influenciarse por las luchas cotidianas, creen que la realidad acabará siendo como lo han pensado en sus papeles y artículos. Al contrario, la realidad siempre acaba superando las disquisiciones por muy inteligentes que parezcan. El populismo latinoamericano que quiere importar Errejón no penetra en Europa, por mucho que existan populismos, porque la estructura social y la de pensamiento son casi radicalmente diferentes a aquellas. Apelar al pueblo o dicotomizar el discurso (algo que llevan haciendo todos los partidos desde hace siglos) no sirve como proceso indentitario y más cuando mezclas churras con merinas como le pasa a Más País. Las contradicciones no sólo son del sistema capitalista sino que son patentes en cualquier tipo de movimiento, facción o grupo de amigos, pero en el marco político acaban penalizando si sumas feministas con queer o a clase trabajadora con burgueses bohemios y todo bajo la estructura de cultura política europea. Como esto no lo ve, o si lo ve tardará quince años en analizarlo bajo su prisma epistemológico, pues piensa que sus ideas bastarán para acabar con el monstruo. Al cual sólo ve una cabeza y no las tres que tiene (PP y Ciudadanos como fieles aliados).

Menos Chantal Mouffe, menos Antonio Gramsci, menos Ernesto Laclau (y menos leerse entre los mismos con el mismo pensamiento) y más materialismo. Si Diego Fusaro, o un tradicionalista católico como Juan Manuel de Prada parecen más de izquierdas es que algo estás haciendo mal. Y el problema es que el sistema capitalista acaba por desaparecer de sus análisis, recurriendo a citas de Marx para parecer lo que no son en la realidad. Si Friedrich Engels es más feminista que tus posiciones después de más de doscientos años es que igual tienes un problema de análisis. Con este armamento ni puede, ni podrá con la catexia de las personas que apoyan a Vox. A los neofascistas sólo se les puede confrontar desde el materialismo (no confundir con el empirismo, que suele llevar al idealismo) y la construcción de un sujeto político que aminore las contradicciones, no que las amplíe como sucede en Más País. En Vox apelan con ciertos mitologemas o narraciones míticas que están insertas en el inconsciente colectivo, por ello sólo cabe contraapelar desde lo material o utilizando mitologemas propios de la izquierda, esos mismos de los que reniegan los populistas por oler a obrerismo y sudor. Tanto la izquierda caviar como la bohemia burguesa, ambas posiciones captadas por la clase dominante, carecen de las armas de lucha contra la ultraderecha. Por tanto, salvo en su mundo de las ideas verdaderas y perfectas (su mundo y el de sus escasos correligionarios), la lucha se debe dar en otros campos, justo los que ha repelido y no le gustan a los errejoners.

Post Scriptum. A todo esto hay que tener en cuenta que los medios de comunicación cada vez le están dando más de lado y sólo le utilizarán si critica a PSOE o Podemos, preferiblemente a los segundos.

La hipocresía ecológica del PP se condensa en Martínez Almeida

Si algo tiene el PP, además de cientos de casos de corrupción en los juzgados, es una hipocresía que supera con mucho a sus propios principios ideológicos y éticos. En roman paladino, en el PP tienen mucha cara porque siempre se apuntan los logros de otros y se suman a cualquier tema que esté de moda, incluso afirmando que ellos ya lo habían pensado antes. Adolecen de vergüenza alguna para sumarse a un tema como el ecológico después de haber negado en revistas, ponencias y debates la gravedad del cambio climático. Del negacionismo al ecologismo más ferviente en el PP hay un desayuno o la oportunidad de hacerse una foto a codazos (como pasó en la imagen de Colón). Y quien mejor condensa  esa capacidad hipócrita de apuntarse a todas las modas es el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida.

Curioso que quien se ha hecho fotos quitando maceteros y cuya campaña se basó casi únicamente en quitar Madrid Central para frenar las emisiones de CO2 en el centro de la capital, hoy afirme ser el más ecológico de los ecologistas que habitan en la política española. Martínez Almeida sabe que no ha cancelado totalmente las limitaciones de tráfico en el centro de Madrid no por voluntad ecológica sino judicial. Han sido los tribunales los que se lo han impedido ya que por su parte metería hasta camiones diesel de hace cuarenta años (aquellos Pegaso de cabeza redondeada) para que descarguen en las grandes cadenas de distribución de moda que son las que tienen copada la venta en el centro de la capital. De hecho se ha gastado 3 millones de euros en un atentado lumínico en su pelea por ver quién es más pazguato con el alcalde de Vigo. Sólo encender las luces navideñas produce una contaminación energética impropia de quien se dice ecologista y defensor de la Tierra. Lo mismo se puede aplicar, igual con mayor gravedad, Abel Caballero. A eso súmenle la contaminación lumínica que, por si el señor alcalde no lo sabe, existe.

Un alcalde que rápidamente se ha unido al lobby energético para hacer su paseo triunfal por la COP25. No se ha fotografiado con los indígenas a los que Florentino Pérez está devastando su hábitat, no. Lo ha hecho con el responsable de una empresa energética que está haciendo un poco de greenwashig (o limpieza de imagen ecológica) en la citada reunión. Martínez Almeida, como no puede ser de otra manera, está siempre con los poderosos, la clase dominante, y como buen edecán del verdadero poder negará que todo esto del cambio climático y demás cuestiones ecológicas sea producto del capitalismo. Lo negará porque él defiende el capitalismo salvaje que depreda el planeta y que somete a las personas. Es de los que afirma que el cambio climático provoca movimientos de masas pero nunca mirando la cuestión principal, si el capitalismo está detrás. Jamás admitirá que el sistema que defiende y la ideología que lo acompaña (que es la suya propia) están devastando el planeta. De hecho en la COP25 poco escucharán culpabilizar al sistema económico porque los ecocapitalistas son mayoría en estas reuniones.

Eso sí tiempo para la hipocresía e intentar colocar una distinción que Madrid no tiene el que haga falta. Como pueden ver en el tuit anterior, Martínez Almeida, mediante un video, califica a Madrid como Green Capital (Capital Verde), distintivo que no tiene la capital porque no cumple los requisitos mínimos. De hecho la Unión Europea podría multar al consistorio madrileño porque las emisiones de contaminantes se encuentran muy por encima de los mínimos esenciales para una vida limpia. Lo que valía para Manuela Carmena, vale para el actual primer munícipe. En Madrid el aire es irrespirable pero eso no le impide al alcalde ponerse medallas que no ha ganado y para las que ni ha competido. Debe ocurrir como con los masters de gran parte de los dirigentes del PP, que se los inventan (Hardvaravaca) o se los regalan. En este caso es inventado pero eso no le hace perder la sonrisa a Martínez Almeida, ni tener la caradura de afirmar que su partido está comprometido con el medioambiente y que aplicará todas las medidas que se adopten en la COP25. ¡¡¡Si no es capaz de aplicar las medidas que obliga la Unión Europea!!!

Y como la hipocresía no es de una sola persona, nada mejor que mirar un poco más arriba en la escala del poder del PP para encontrarse con el mayor hipócrita, su presidente Pablo Casado. No sólo ha afirmado que está muy preocupado sino que el mejor exponente del ecologismo en España y la Unión Europea (le ha faltado decir el mundo) es el ex-consejero de Energía y Acción Climática de la Unión Europea Miguel Arias Cañete. El consejero que más veces se ha reunido con los lobbies que campan a sus anchas dentro de la UE. Vamos que ha hecho un gran avance contra los combustibles fósiles junto al presidente de Repsol, por ejemplo. O con Telefónica y el banco de Santander para que les arregle sus problemas. Un compromiso único el mediar en los problemas ecológicos reuniéndose con los principales culpables, no para llevarles por la senda de lo ecológico, sino para que las medidas aprobadas no perjudicaran demasiado a las empresas químicas y petroleras. Y la segunda persona que más reuniones ha tenido con los lobbies energéticos ha sido su director general de Energía, Dominique Ristori. Como se puede comprobar, todo un apoyo a lo medioambiental gracias a las reuniones con los lobbies negacionistas del cambio climático o los que piden que no se les graven sus beneficios con tasas ecológicas.

Tienen cara para esto y mucho más. Niegan cualquier realidad que les pueda chafar apuntarse cualquier medalla. De hecho en Ciudadanos, que son los cuñadistas más capaces de estar dentro y fuera a la vez, han aprendido de ellos ese fariseísmo. Lo que en el tema ecológico se traduce en decir que sí a todas las propuestas y después tan sólo ejecutar aquellas que sean obligatorias y que no perjudiquen los intereses de la fracción energética española o internacional. Son negacionistas, como lo es su principal mentor en la sombra José María Aznar, y ecologistas al mismo tiempo. Mejor dicho, ecocapitalistas porque si se puede sacar un beneficio a la lucha contra el cambio climático pues se apoya siempre. ¿Por qué creen que Martínez Almeida apoya la COP25? Porque dejará buenos millones de euros en las arcas. Donde hay pasta que rascar allí estarán siempre apoyando aunque ello conlleve banalizar el mal.

Los dirigentes del PP amedrentados por Vox

Lo reconocen en voz baja, off the record, pero una gran parte de los dirigentes del PP se encuentran totalmente amedrentados, o acongojados si lo prefieren, con Vox. No es que la dirigencia del partido ultraderechista haya amenazado con darles un par de mamporros si dicen algo que no les guste. No. Al fin y al cabo comparten un tronco común de derecha neocon y autoritaria. El problema radica en que, viéndose atrapados por el “populismo reaccionario” (como lo califican más de tres dirigentes populares) para gobernar, no se atreven a criticar o divergir con Vox en nada de lo que dicen o piden que se haga. Los ejemplos palmarios se encuentran en Andalucía y Madrid donde la extrema derecha campa a sus anchas sin que nadie les diga hasta aquí se ha llegado con el exceso verbal.

Desde Pablo Casado al último concejal madrileño saben que no deben interactuar con Vox en sus cafradas, pero también que deben ser cautos, muy cautos en sus comentarios. Isabel Díaz Ayuso ofrece uno de los dos ejemplos más claros del miedo que tienen los dirigentes populares con los ultraderechistas. En una reciente votación en la Asamblea de Madrid, a propuesta de Vox se pedía las persecución de ideas políticas, la presidenta de la Comunidad de Madrid afirmó que el PP había apoyado la moción de los neofascistas para “no dejarles solos”. No es que el PP, según las palabras de Díaz Ayuso, quisiera apoyar esa persecución de ideas diferentes, es que les tienen miedo. ¿Miedo por qué o de qué? Miedo de que dejen de apoyarles y que Ciudadanos, que como buenos cuñadistas no les ríen las gracias cuando pueden ganar tres votos (y tal y como están de necesitados tres votos son un mundo), decidan abandonar el gobierno para unirse al PSOE. Lo mismo ocurre en la capital donde Begoña Villacís, de momento, se ha negado a ser alcaldesa con los apoyos de PSOE y Más Madrid… pero la tentación está ahí. Y para el PP supondría perder muchísimos cargos públicos, mamandurrias necesarias para su supervivencia como partido.

Casado también tiene miedo. No sólo el que le produce perder poder institucional, con las consecuencias de perder toda esa red de compra de voluntades que han venido ejerciendo desde hace más veinte años en la Comunidad de Madrid y que han comprobado lo letal que puede ser en la Comunidad Valenciana; tiene miedo de que le acaben sobrepasando a medio plazo. Vox les está comiendo la tostada en casi todos los antiguos bastiones de la derecha (Murcia, por ejemplo); les están mordiendo en los tobillos en todos los lugares en los que gobiernan con su apoyo (Andalucía el mayor ejemplo); les están acusando de blanquear a la ultraderecha, algo que sus socios europeos les recriminan cada vez que algún alto cargo se pasea por Bruselas; les han hecho abandonar el marianismo, o lo que es lo mismo la moderación, para embarcarse en una carrera por ver quién es más de derechas, lo que podría ser utilizado por Ciudadanos para reconstruirse (Luis Garicano está luchando por ello y separarse del riverismo radical). Casado tiene un suelo bajo sus pies que no tiene firmeza alguna a pesar de sus resultados en las últimas elecciones, donde logró salvar la barba pero a cambio de entregarse a los neofascistas. Lo sabe y, de momento, no parece dispuesto a cambiar pues cree que la formación naranja ya está enterrada y puede acabar con la verde jugando en su terreno. Y ahí es donde comete su gran error. En Vox no tienen nada que perder mientras que el PP todo y, además, como se ha comprobado a lo largo de la Historia, si juegas en el terreno de juego de los neofascistas acabas perdiendo siempre.

Esto no lo sabe, ni lo tiene presente Casado que, en vez de recoger el guante del PSOE de vetar la presencia de Vox en la mesa del Congreso de los diputados, les ha ofrecido los votos que necesiten del PP para estar allí. Pasa de blanquear por miedo, a institucionalizar a la ultraderecha en la mesa del Congreso. Siempre y cuando lleguen a sumar porque, por el estilo de votación que existe, igual acaban perdiendo hasta sus propios representantes. Eso no le importa a Casado que prefiere perder, como dirían los antiguos, hasta la honra antes que el poder institucional que tiene y que le sirve para colocar a sus cuadros. De hecho, si analizan con detalle la disyuntiva que ha planteado en el Congreso de los Diputados, o Sánchez o España, ha deslizado que en el PP quieren seguir siendo la firme oposición al socialismo. No al PSOE en sí, sino al socialismo. Lo que le lleva a tomar el mismo discurso que los neofascistas que son sus aliados. No quieren apoyar con su abstención al Gobierno de Coalición (no se le pide otra cuestión) porque sabe que eso será utilizado por Vox contra ellos. Aunque esa opción no les impida ser oposición, el miedo a sus aliados de ultraderecha, le impide devolver el favor que el PSOE sí les hizo en tiempos de Rajoy. Acongojados ante sus antiguos afiliados (eso dijo en la batalla por la presidencia del PP), antepone sus propios intereses a los de España, como les gusta decir.

Luego están los despistados andaluces con Juan Manuel Moreno Bonilla que no se entera de la misa la media, porque sólo a él se le puede ocurrir pedir que el PSOE quite a su secretario general (¡Otra vez! Habría que exclamar) cuando ha conseguido un apoyo del 92% para su gobierno de coalición. Como sólo lee El Mundo y ABC, el presidente andaluz tiene una percepción de la vida completamente atrofiada. Igual no se ha percatado no ya que en el PSOE no quieran quitar a Pedro Sánchez (al menos de momento), sino que tampoco ninguno de sus preferidos tendría posibilidad alguna de alcanzar la secretaría general. Han hecho y dicho tantas cosas en los últimos tiempos que la mayoría de la militancia les está cogiendo manía. Pero Moreno Bonilla propone que se quite a Sánchez y así salvar España. ¿De quién? Porque hasta la fecha son las políticas del PP en alianza con Vox y Ciudadanos las que están destrozando la Sanidad y la Educación andaluza, madrileña o murciana. Igual son más peligrosos ellos que el PSOE para España, más respecto al tema catalán donde quieren meter en la cárcel a todas las personas que les apetezca. Sin quitar gravedad al asunto catalán (donde gobierna la burguesía supremacista y autoritaria, vamos el mismo pensamiento que PP y Vox), lo que sucede en España, como dicen PSOE y Unidas Podemos tiene un cariz social que el PP quiere ocultar porque es la herencia que han dejado.

Miedo a Vox para que no les quiten las mamandurrias ni el puesto en la política española, es lo que les provoca ciertos problemas gástricos a los dirigentes del PP. Una diarrea continua que les sirve para blanquearlos, para institucionalizarlos, para llevar a cabo sus políticas (contra la mujer por ejemplo). Una falta de carácter, contrario a lo que hizo el PSOE cuando confrontó con Podemos, que les lleva por la calle de la amargura. ¡A ellos! ¡A los salvadores de la patria! Aunque, en realidad, todo podría ser un embuste y más que miedo lo que están es deseando compartir todo con Vox porque piensan igual. No sería justo con algunos dirigentes del PP cultos, racionales, conservadores, moderados y españolistas (que no nacionalistas), pero muchos en la ejecutiva nacional piensan igual que los dirigentes de Vox. Al fin y al cabo salen de los mismos colegios opusinos, de la misma escuela de FAES neocon y de las ubres del franquismo, pero no todos piensan igual, ni tienen ese ramalazo autoritario. Pero el miedo es libre y ahora en el PP están acongojados.

Caso Popular: nada que ver con la salida a Bolsa de Bankia

La información publicada por Diario16, y la que resta por publicar, demuestra con claridad que la única razón real por la que fue resuelto el Banco Popular fue la crisis de liquidez, dado que la entidad era solvente y viable el día de la resolución. A pesar de esto, aún se están presentando demandas y querellas que pretenden apuntar a que la causa de la ruina de más de 1,2 millones de personas fue una supuesta manipulación de las cuentas. El argumento presentado son una serie de primera instancia emitidas por jueces que no han tenido tiempo de analizar toda la documentación que se encuentra, por ejemplo, en el Juzgado de Instrucción 4 de la Audiencia Nacional. En realidad, lo que están defendiendo es la paralelización del Caso Popular con la salida a bolsa de Bankia.

El informe presentado por los peritos del Banco de España ha destrozado esta estrategia judicial, al afirmar claramente que en el año 2016 el Popular era solvente, a pesar de que se pretenda dar información contradictoria desde foros cercanos a Emilio Saracho que confunde a los afectados. La realidad es que los peritos son claros cuando afirman en las conclusiones del informe que «a diciembre de 2016, su patrimonio neto era de 11.088 millones de euros y tenía una capacidad de generación recurrente de beneficios antes de provisiones en torno a 1.150 millones de euros».

Otro punto clave del informe que desmonta toda la estrategia de quienes pretendían llevar a los afectados a reclamar la ampliación de capital es la capacidad que tenía el Popular para «materializar plusvalías por ventas de negocios», tal y como llevamos afirmando en Diario16 en referencia a las ofertas de activos no estratégicos recibidas del BCI chileno para TotalBank y de Värde para WiZink.

Las sentencias, además, tienen una fundamentación muy débil. Suelen coincidir en que los reclamantes no tienen formación suficiente y que su inversión desapareció con la intervención del Popular. El argumento de la intervención es utilizado en las sentencias como fundamental para determinar que el Banco Popular no tenía las cuentas en el estado en que se informaba en el folleto informativo de la ampliación. «Si el banco fue intervenido entonces las cuentas deberían estar mal o eran irregulares», es un argumento al que se ha recurrido en repetidas ocasiones. Sin embargo, los jueces que dictan esta sentencia no tienen en cuenta un hecho que es fundamental: el Banco Popular superó los test de estrés del Banco Central Europeo sin ningún problema tanto en los años 2010, 2011, 2014 y 2016.

El informe de los peritos del Banco de España expone cuál fue la causa verdadera de la pérdida del dinero por parte de los afectados: «la entidad tenía un grave problema de liquidez siendo en todo momento antes de la resolución solvente, sus fondos propios eran positivos». Además, inciden en el hecho de cuándo se produjeron esas fugas de liquidez: «La decisión de resolver la entidad se basó en el deterioro de la situación de liquidez por una salida de depósitos especialmente intensa desde abril de 2017, concentrándose en fechas concretas».

Por otro lado, el propio informe pericial del Banco de España afirma claramente que las «pérdidas sufridas por los inversores son consecuencia de la decisión administrativa de resolver la entidad y proceder a su venta a través de un procedimiento de subasta competitiva».

Fueron, precisamente, los peritos del Banco de España los que determinaron, en un informe similar al que reclamó la Audiencia Nacional, que la salida a Bankia fue fraudulenta al determinar que los recursos de la entidad no cumplían con la normativa, algo que no ocurrió con el Banco Popular en el año 2016.

Recordemos que el Popular fue intervenido bajo el mandato del Consejo de Administración presidido por Emilio Saracho. El informe de los peritos del Banco de España certifica que el ejercicio de 2.016 se cerró con solvencia y liquidez suficientes, tal y como reconocieron tanto el Banco Central Europeo como el Gobierno español.

El BCE, a través del anterior vicepresidente, Vítor Constancio, el Gobierno de España y el propio Banco Santander han reconocido públicamente que la intervención del Banco Popular fue consecuencia de una crisis de liquidez, no de solvencia, achacando ese problema a un pánico bancario que generaron enormes fugas de depósitos que son la consecuencia de las actividades y estrategias de Emilio Saracho, tal y como hemos informado en Diario16 durante años. Toda la operación estaba orientada, según diferentes comunicaciones internas del propio Popular, a bajar al máximo el precio de la acción y, de este modo, hacer insostenible la entidad para que fuera comprada al menor precio posible.

Por tanto, los verdaderos responsables de la caída del Popular no están en quienes diseñaron e implementaron la ampliación de capital y el plan de negocio que fue frenado por el Ministerio de Economía sino en quienes, a través de movimientos poco éticos y, por supuesto, fuera de la buena praxis, llevaron al Popular a ser declarado inviable.

Si Pablo Iglesias Posse levantara la cabeza…

Felipe González afirmó en una ocasión que los viejos políticos eran como los jarrones chinos, muy valiosos pero que no se sabe donde colocarlos. Eso es lo que está ocurriendo con los viejos socialistas que han creado un frente contrario al pacto con Unidas Podemos, en el que no están dudando en utilizar un discurso que, no sólo hace daño a Pedro Sánchez, sino que está alentando a los ultras de Vox.

Todos estos viejos «socialistas» deberían recordar cómo llegaron a hacerse con el poder en el PSOE en el Congreso de Toulouse (1972). En aquellos años había una lucha interna entre los jóvenes del interior (Felipe González, Nicolás Redondo, Alfonso Guerra, Pablo Castellano) y los veteranos del exilio liderados por Rodolfo Llopis. Fueron los jóvenes los que tuvieron el respaldo de la Internacional Socialista, además del apoyo fundamental de los socialistas guipuzcoanos, porque su proyecto se adaptaba más a la realidad de los españoles en contra del que tenían los históricos del exilio que era menos realista por el desconocimiento de lo que se estaba viviendo en los últimos años del franquismo.

La historia es cíclica, el «eterno retorno» de Heráclito, y ahora son aquellos dirigentes que se hicieron con el poder del PSOE en Toulouse y en Suresnes los que olvidan las verdaderas necesidades de la ciudadanía al oponerse frontalmente al pacto firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (con alguno de sus herederos que siguen en activo convertido en portavoz de la irracionalidad). El problema, a diferencia de aquellos años, es que estos viejos «socialistas» no sólo están haciendo daño al PSOE, sino que están alentando a la extrema derecha.

El último ejemplo lo tenemos en Alfonso Guerra —quién le ha visto y quién le ve— al afirmar que la Ley de Violencia de Género se aprobó porque el Tribunal Constitucional cayó en las supuestas presiones de la sociedad. ¿Ha acusado al Constitucional de prevaricar? ¿Está diciendo Guerra que una ley cuyo objetivo es defender la vida de las mujeres era ilegal? ¿Por qué Guerra no hace el mismo discurso con la Reforma Laboral de Rajoy que tanto ha favorecido a las élites y que sí vulnera claramente varios artículos de la Constitución? La Ley de Violencia de Género es fundamental y, con un Constitucional con mayoría conservadora, las palabras de Alfonso Guerra no tienen ningún sentido. Además, han encendido a los ultras negacionistas de la violencia machista, un hecho imperdonable en alguien que representó lo que representó.

Lo que Alfonso Guerra ha afirmado sobre el proceso legislativo de la Ley contra la Violencia de Género no es más que la implementación del discurso negacionista de Vox. Sin embargo, lo afirmado por Guerra es mentira porque él sabe y es consciente de que, como también dijo el Tribunal Constitucional, no era aplicar distinta pena para el mismo delito, sino añadir una serie de agravantes, como sucede en muchísimos delitos no relativos a la violencia machista. Guerra ha lanzado un torpedo a la línea de flotación de la izquierda y el feminismo, y, lo que es más grave aún, ha dado más argumentos al discurso machista de Vox y de todos los grupos ultra católicos que están atacando la legislación. Por otro lado, la referencia a la presión recibida como algo negativo es un ejemplo de estulticia democrática puesto que cualquier político que se declare demócrata debe asumir asume esa presión de la sociedad civil.

La derechización de Alfonso Guerra no se cura con dos chascarrillos en un mitin que hacen reír a los allí presentes. Sentirse un «padre de la patria» le ha hecho pensar que todo lo que diga será aceptado por todos.

Para muchos socialistas es una decepción la derechización de Alfonso Guerra y, tras escuchar cómo ha afirmado que piensa que la Ley de Violencia de Género es injusta con el hombre (lo mismo que afirma Vox), se ha llegado a la repulsa por las alabanzas que está recibiendo de las huestes de Santiago Abascal.

Todos estos viejos «socialistas», en su ansia de hacerle daño a Pedro Sánchez y en su odio hacia Podemos, están demostrando que su cercanía a las élites durante sus años en el poder les ha convertido en las herramientas útiles para que la clase dominante siga ejerciendo de Jefe de Estado en la sombra que lleva a la clase política a actuar en base a sus intereses en vez de a los de la ciudadanía. Esto último debería ser prioritario para alguien que se autodenomina «socialista».

Cuando se aprobó la Reforma Laboral de Mariano Rajoy algunos de estos viejos dirigentes afirmaron que era una medida dura pero necesaria porque era lo que Estado necesitaba. Felipe González, incluso, llegó a afirmar con orgullo que él había sido el primero en proponer que los empleos de 8 horas se dividieran en 2 contratos de 4 horas. El sevillano no olvidará jamás la huelga de 1988 donde la clase trabajadora frenó sus planes de precarización del empleo.

La incoherencia ideológica de todos estos viejos dirigentes del PSOE supone, además, que las huestes del establishment se sientan amparados por una especie de coartada que no es más que las palabras vacías de un falso progresismo que sólo se sustentan por la personalidad de quien las pronuncia.

Felipe González, Alfonso Guerra, Joaquín Leguina, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Nicolás Redondo Terreros o José Luis Corcuera son algunos de estos dirigentes que definitivamente han abandonado el socialismo para convertirse en los secuaces útiles para el sostenimiento de la injusticia y la ignominia. Sus palabras en contra de Pedro Sánchez no son más que el reflejo de la corrupción ideológica en la que han caído por defender a quienes, en teoría, deberían defender. Llevan tanto tiempo con su carnet de militante del PSOE guardado en la cartera que la frase de Pablo Iglesias Posse que está impreso en esos carnets se ha borrado, no sólo físicamente, sino también en sus almas. El fundador del PSOE dijo que «Sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes». Las palabras de Felipe y de Alfonso son todo lo contrario a este pensamiento de Pablo Iglesias Posse.

Los discursos de estos viejos «socialistas» no son el único problema que tiene Pedro Sánchez. En su propio gobierno también tiene «agentes doble» que sirven de freno a la revolución social que necesita este país. La presencia en ministerios clave como Economía o Justicia de dos personas que, por sus relaciones personales y profesionales, defienden más a las élites que al pueblo y son el dique de contención para las reformas que son fundamentales para que la ciudadanía recupere lo que la clase dominante les arrebató durante la crisis.

Ha llegado el momento de la conciencia social colectiva, es el momento solo de creer y actuar como mujer y como hombre individualmente con su moral y con el único objetivo de la igualdad real.

Es cierto que las dictaduras están instaladas por igual en la derecha que en izquierda. Entonces, ¿por qué deberíamos ahora creer en ningún «padre de la patria», en la justicia controlada por las élites, en tantas y tantas mentiras? ¿Un líder es un vendedor de mensajes cargados de mentiras y corrupción?