jueves, 1 enero, 2026

¿Qué ocurre con las elecciones sindicales en Telemadrid?

Andan las aguas revueltas en la cadena pública de Telemadrid. Después de unos años de franca decadencia, ahora parece que tras el impulso de Cristina Cifuentes a cierta independencia informativa, los madrileños han vuelto a conectar con el canal regional más allá de las muy visualizadas películas del Oeste. Sin embargo, hay cuestiones que hacen rechinar los dientes pues existe una polémica por la no convocatoria de elecciones sindicales desde 2011. Desde el PP y desde el Comité de Empresa se han enzarzado en una batalla por la necesaria convocatoria o no de la democracia empresarial. Los partidos de las izquierdas defienden al presidente del Comité, mientras que en las derechas sólo el PP parece defender la necesidad de la convocatoria (Vox si no puede blandir la bandera no habla; Ciudadanos hasta que no sepa si gana algo estará a la espera sin mojarse). Visto desde esta perspectiva lo normal sería situarse del lado de los sindicalistas y negar la mayor a la derecha madrileña. Pero ¿no tendrán razón en el PP?

En muchas ocasiones se ha dicho en estas páginas que, pese a que se requiera cierta simplificación para poder transmitir ciertos mensajes, las cosas nunca suelen ser negras o blancas sino que existen numerosos matices. Veamos los matices por tanto. Dicen los sindicalistas del Comité de Empresa (y así se lo han comprado los partidos de las izquierdas sin análisis alguno) que por culpa del infausto ERE no se pudieron convocar en su momento dado que habría demandas y demás litigios y actuaciones políticas. Eso ocurrió hace años, tantos como para que las imágenes de aquellos años se hayan nublado en las mentes de la mayoría. También dicen que al cambiar de una empresa a otra hay que esperar un tiempo. También aducen que habrá que ver qué pasa con las readmisiones si las hubiese. Y rematan diciendo que todo esto no es más que un ataque hacia el sindicalismo como mecanismo para acabar con la lucha sindical por parte de la derecha. Visto así hasta podrían dar pena. Eso es lo que intenta Luis Lombardo presidente del Comité de Empresa de Telemadrid y es algo que han comprado desde la izquierda (escuchen y vean la intervención del diputado socialdemócrata José Ángel Gómez Chamorro).

¿Qué dicen desde la derecha? Quien está llevando esta lucha adelante es Almudena Negro tanto en la Comisión asamblearia como desde los medios de comunicación. Especialmente mal ha sentado a Lombardo el artículo que publicó ayer la diputada donde ofrece una serie de datos (los que hemos resumido anteriormente) y un análisis de la situación. “De convocarse elecciones, al haberse reducido la plantilla, solo habría 13 o 17 delegados (dependiendo de si el número de plantilla supera o no los 500 empleados), con lo que más de la mitad tendrían que ponerse a trabajar” ha explicado Negro haciendo referencia a los casi 47 sindicalistas que hoy disfrutar de la delegación o la liberación. La diputada popular da en el clavo al señalar la pérdida de poder sindical en cuanto a liberados sindicales como elemento para no convocar las elecciones y no tanto la reversión del ERE, algo que no se producirá en la cantidad que dicen en las centrales sindicales.

La convocatoria de elecciones sindicales se produce mediante el preaviso de cualquiera de las secciones sindicales que tengan representación en el Comité de Empresa y puede darse durante el mandato de cuatro años o al finalizar éste. También se pueden convocar con las firmas de la mitad más uno de los trabajadores de la empresa. La legislación es clara al establecer que a los cuatro años de mandato hay que convocar elecciones y si se llevan ocho años pareciera que hay un fraude de ley por muchas excusas que pongan. Si desde el Comité de Empresa se afirma que están esperando a que se revierta el ERE se comete un fraude de ley porque a día de hoy son los trabajadores que son y hay que ajustarse a los hechos tal cuales son, no a factibilidades que igual no llegan a ser. Si la empresa tiene tan sólo 500 trabajadores desde hace años deberían convocar con la reducción que establece la legislación y, en caso de aumentar el número de trabajadores por la reversión, convocar de nuevo elecciones sindicales pues se lo permite la ley. Es más, el cambio de una empresa a otra también sería motivo de elecciones sindicales. ¿Tiene razón el PP al pedir que se convoquen elecciones? Sí, lo diga Agamenón o lo diga su porquero.

Estamos nuevamente ante unas acciones de las izquierdas que por mor de no se sabe bien qué acaban dañando la imagen de la lucha diaria. Defender a la “aristocracia obrera”, a pesar de incumplir la legislación, hace más daño a la izquierda que a la derecha. A quien, por cierto, se le dan argumentos para deslegitimar la lucha de clases que deberían llevar a cabo las centrales sindicales y que tienen tan abandonada en los últimos tiempos. Porque aquí no hay una lucha por una televisión pública de calidad y lo más neutral posible (o cuando menos plural y no teleaguirre), hay una lucha por privilegios aristocráticos (derechos son cuando se utilizan para la defensa de la clase trabajadora) y por tener más liberados sindicales que trabajen en el sindicato y no en la empresa (o empresas del sector que no tengan representación sindical). No es más que una separación de la realidad, por mucho que acudan a manifestaciones donde dejarse ver para aparentar, que propicia una desafección social respecto a una de las armas de lucha. No es que todos los sindicalistas estén entregados a la aristocracia (hay muchos y muchas que hacen una labor encomiable) pero es curioso este tipo de acciones (cuando además ganarían las elecciones) de protección de unos privilegios cuando hay personas que pasan hambre en Madrid.

Este tipo de comportamiento se observa cuando se abandonan los argumentos políticos y se pasa a la criminalización de las personas que denuncian los hechos. No hay contraargumento sino insulto personal, como el realizado por el presidente del Comité de Empresa. Si piensa que se derrotará a la derecha señalando, cual delator de régimen totalitario, es que se ha perdido el norte de lo que significa ser de izquierdas hace mucho tiempo. La diputada Negro y su pareja Jorge Vilches (un magnífico historiador de lo político, por cierto) han sido señalados por Lombardo sin exponer ni un solo argumento que justifique la no convocatoria de elecciones. Criminalización del adversario porque tiene razón y en Telemadrid se pasan la legislación por sálvese las partes. Cuatro años sin convocar elecciones sindicales porque se puede perder poder (esto es lo que hay detrás) en las peleas internas del sindicato no es el mejor argumento a defender. Los argumentos sobre el deseo del PP de politizar Telemadrid en su favor son legítimos y se pueden defender en la arena pública pero ¿qué tiene que ver convocar elecciones sindicales como dice la legislación si ganarían los sindicatos de izquierdas de calle para hablar de los deseos de un partido político? Nada que ver salvo cuestiones internas de sindicatos que a la clase trabajadora ni interesan, ni le gustan.

¿Pretende el PP cambiar la pluralidad de Telemadrid? Pues seguramente sí, como el PSOE tenía el control en Canal Sur y lo tiene en Canal Castilla-La Mancha. Con la salvedad de que en la Comunidad de Madrid hay que repartir entre tres partidos de la derecha y casi mejor les viene dejarlo como está no vaya a ser que acaben dando más presencia a Ciudadanos y Vox. ¿Qué partido político no desea que la televisión regional o estatal del lugar donde gobierna le sea favorable? Ninguno o ¿es que piensan que de gobernar la izquierda no intentarían sacar beneficio del control de los medios de comunicación? ¿Van a privatizar Telemadrid? Cuando lo intenten que se lance la lucha política y sindical. De ahí a no convocar elecciones sindicales que son en beneficio de las trabajadoras y trabajadores del ente regional hay un trecho. Si se respetan sus condiciones laborales y se logra un buen Convenio Colectivo al trabajador de turno le da igual PP que PSOE, lo que hay que defender son los derechos de los trabajadores y con salidas de tono o con la defensa de los “privilegios aristocráticos” a quien se hace daño es a la izquierda. ¡Como para dejar en manos de estas personas la lucha de clases!

Carmena condensa todos los males de la izquierda

En las últimas semanas se ha sabido que Manuela Carmena ha dejado tirado a Íñigo Errejón y el proyecto común que montaron destruyendo la posibilidad de que las izquierdas gobernasen en la Comunidad de Madrid después de casi tres décadas. La ex-alcaldesa afirma en estos momentos que no se habla con el “niño de las magdalenas” y que ella, por supuesto, jamás ha pertenecido a ese partido o movimiento o agrupamiento de voluntades que se conoce como Más País. Urano devoró a sus hijos e hijas por miedo al augurio de que le acabarían quitando de en medio, Carmena los ignora como millonaria cabreada de película de sobremesa pero ¿es todo un cabreo político o hay algo más?

Este apartarse del errejonismo, que es como apartarse de la nada en realidad, tiene una motivación personal con sillón institucional al fondo. Se viene comentando en los mentideros madrileños que Pedro Sánchez habría ofrecido ocupar algún puesto de relumbrón, que no de gestión directa en el Gobierno, a la septuagenaria. Un cargo que no sería el de Defensor del Pueblo, el cual parece reservado a Ángel Gabilondo, pero sí alguno de ese cariz. Y claro, la ínclita Carmena ha decidido que cuantos menos lazos de unión con el proyecto fracasado del populismo españolista mejor. Manos limpias y corazón abierto a nuevos amores políticos que reporten publicidad y, por qué no decirlo, un estipendio jugoso a sus ya llenas arcas. Realmente no se entiende que Sánchez persista en la idea de nombrar cualquier cosa a Carmena. Ni tiene necesidad, ni tiene carencias en su propio partido, ni esta incorporación le va a reportar algo simbólico o político. De hecho, vista su vida política, dejando de lado sus tiempos de sindicalista obrera (demasiado lejanos tanto en el recuerdo común como en su propia visión del mundo), lo que ha dejado es un rastro de muertes políticas y putrefacción de la izquierda que al secretario general del PSOE no convienen.

Cabe recordar que entró en la carrera judicial  y se dedicó a la defensa de los derechos humanos de los detenidos (aunque dejó libre en el caso Tabacalera a César Alierta, por entonces ya todopoderoso, por prescripción del delito) y a revolotear por toda la izquierda en busca de cariño y carguito. Tras abandonar en 1981 el PCE volvió a los orígenes e Izquierda Unida la propuso como componente del Consejo General del Poder Judicial. También estuvo vinculada a la Fundación Alternativas del PSOE, siendo asesora del ex-lehendakari Patxi López, para volver a posturas menos social-liberales y postularse para la alcaldía madrileña en el momento más álgido de Podemos, a quienes traicionó a puertas de las elecciones para fundar Más Madrid junto al errejonismo. Ahora que perdió la alcaldía y el proyecto de Más País ha quedado en un mero bluf vuelve a acercarse a los caminos del PSOE para ver si rasca algo. Esta carrera muestra que lo de izquierdas en Carmena es más estético que ideológico. Algunos dirán que hay cuestiones éticas en su actuar y no es menos cierto que toda estética tiene algún tipo de ética detrás. No hay nada detrás de Carmena salvo un posicionamiento estético que le permite brujulear por la izquierda en busca de seguir en el momio de lo simbólico-teatral.

Lo estético como recambio de lo ideológico.

En Carmena acaban condensándose todos los males de la izquierda postmoderna, esos mismos que llevan a autoubicarse en la izquierda del espectro político (eso que llaman progresismo) por una posición estética. La bohemia burguesa no quiere perder sus privilegios de clase pero sí que gusta de posicionarse en el lado zurdo porque “vende” más o les confiere un aura de compromiso social que luego no se consolida en políticas materialistas. Todo en Carmena, como en el resto de la bohemia burguesa, es post-lo-que-sea. Postfeminismo, postdeconstruccionista, postmarxista, postmoderno… pero siempre con un toque kitsch suficiente para engatusar y dejarse engatusar. Mucha camiseta del Che, mucha recomendación de ciertas músicas, mucha estética literaria (todo ello independientemente de la calidad de cada propuesta) pero al final del camino tratan a los pobres y a la clase trabajadora como lo haría un neoliberal católico. Piensan en las clases subalternas como personas que no han tenido la capacidad, ni las ganas de ser otra cosa… como ellas y ellos. El análisis de clase lo detestan porque les señala a todos estos estetas por ello prefieren lo ético-estético que es mucho más acorde con lo espectacular de los tiempos actuales. Son más de aparición fugaz en manifestaciones, con sus correspondientes mil tuits que dejen claro el compromiso, que de defensa en las instituciones de esas causas por las que muestran preocupación. Si mañana se ha olvidado el conflicto del taxi, por ejemplo, ya ni recuerdan los problemas del colectivo.

No se encuentra ideología, en el sentido fuerte del término, sino poses estéticas que recubren con una ética moldeable, voluble y con claras raíces liberales y/o cristianas. Eso le lleva a Carmena y el resto de la izquierda caviar a practicar el más elemental individualismo metodológico donde se piensa que la persona en sí, el sujeto fundamental de los bohemios burgueses, tiene más importancia que el colectivo. De ahí que idolatren a Greta Thunberg (pese a que sus posiciones son casi reaccionarias), que lo hagan con cualquiera que tenga un poco de publicidad y lo acaben confiando todo al dirigente máximo de sus movimientos políticos (da igual el carmenismo, el errejonismo…). Piensan que la persona, sin necesidad de mayor colaboración o unión con semejantes, es más capaz de transformar la realidad que un grupo de trabajadores y trabajadoras. Ese subjetivismo, plenamente incardinado en su conciencia estética, se asimila a la clásica teoría de las élites de los antiguos Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca o Robert Michels, pensadores que dejaron su poso en el mayor esteta de la izquierda intelectual Antonio Gramsci. Malinterpretándole, porque así lo hacen, se quedan en lo superestructural-hegemónico y dejan de mirar a la base del sistema. Entre otras cosas porque esa materialidad del sistema les ha permitido estar en las posiciones en las que están. Esto sí es un cierre social y no lo que piensa Alberto Garzón.

Tras debatirlo todo, tras la impugnación continuada, tras la transversalidad, la diversidad, lo postmoderno y demás cuestiones que conforman la estética de estas personas se esconde, al fin y al cabo, el pensamiento de clase dominante con sentimiento social. Si se fijan en la gestión de Carmena (como de otros políticos y políticas de la bohemia burguesa) todo es mera gestión que sea vendible en el mercado político de los medios de comunicación, de los lobbies del tercer sector o todo aquello que refuerce la estética propia. Demagogia y accidentalismo en lo público pero, eso sí, ortodoxia y carencia de libertad y análisis crítico (propio, del grupo o social) en lo interno. Toda la bohemia burguesa, sólo hay que ver como proponen debates donde se prohíba a los mayores de 65 años que voten, es dogmática y totalitaria con los suyos o a los que deberían representar, mientras que se muestran dóciles y sonrientes con los poderosos (misma clase social o esperanza de cooptación). La Operación Chamartín salió adelante pero barrios como Vallecas, Usera o Carabanchel se han dejado de lado. Eso sí, los sitios de moda de la bohemia burguesa muy cuidados.

¿Qué es lo que hoy vende la bohemia burguesa? Lo que está de moda. Feminismo, pero deconstruyendo el género y así poder dejar a la mujer como sujeto de dominación. Ecologismo pero de la mano del capitalismo para conformar un ecocapitalismo de lo vegano (que la clase trabajadora no prueben la carne) por ejemplo. La diversidad de identidades como summun del pluralismo individualista. Nada de lucha de clases, de criticar el capitalismo, nada de lucha colectiva por medio de los verdaderos instrumentos que dañan a la clase dominante. Todo en Carmena y demás bohemia burguesa son magdalenas, activismo ecofriendly, batukadas rebeldes y demás performances que idean para el espectáculo mediático que controla la clase dominante. Nada de trabajo en los barrios, empresas o comarcas (sólo hay que ver cómo piensan que es lo rural); nada de negar la acumulación masiva y esquilmadora del capitalismo; nada de posiciones materialistas; todo queda en la conquista de una supuesta hegemonía que se conseguirá sin tocar ni una sola estructura social y económica. En cambio enseñar el sujetador en una capilla propiciará la llegada de un Estado laico según estas preclaras mentes.

El posmopijismo que se extiende por toda la izquierda (miren las “senectudes socialistas”, por ejemplo) tiene uno de sus símbolos en Manuela Carmena. Esa gangrena política que va corrompiendo todo lo que toca. Se llevó por delante a Podemos, ahora a Más Madrid/País, por eso ¿qué sentido tiene que Sánchez le incorpore a un cargo por muy simbólico que sea? ¿Qué aporta Carmena sino dogmatismo y sectarismo? En algunos casos la vejez llega con sabiduría, en otros con un vaciamiento ideológico y la mera necesidad de reconocimiento perpetuo por creerse superior a los que están en las instituciones o al mismo pueblo que se dice representar. Si el PSOE sufre a Leguina, Rodríguez Ibarra, González, Guerra y demás momias del pasado (bastante más victorioso que el de la bohemia burguesa) ¿para qué incorporar a otra momia de la que sabes que su sectarismo provocará salidas de tono y maledicencias contra quien le nombró?

Iglesias no estará en el futuro Gobierno

La última ocurrencia de la caverna mediática es afirmar que Pablo Iglesias no estará en el futuro Gobierno de coalición. Incapaz la prensa de derechas en el trabajo de generar la desafección entre la población española, inventan noticias y rumores tendentes a deslegitimar a cada uno de los partidos participantes. Si contra Pedro Sánchez utilizan a los dos barones muy mucho españoles, contra el secretario general de Podemos utilizan bulos sin prueba alguna. Ya dijimos que el supuesto “caso de los abogados de Podemos” no tenía ningún fundamento jurídico (más allá de algún pleito laboral) pues pruebas no existen y todo lo que supuestamente dicen que ha pasado en la formación morada tendría mucho más que ver con la aceptación ética de sus seguidores. De hecho, si se fijan en las filtraciones, unos días se producen en el periódico cloaquero por excelencia, otros días en otros medios que aparentan ser más serios. Se van pasando la bola de unos a otros para aparentar que hay algo terrible detrás cuando no hay más que el enfado de una persona por haber sido despedida bajo la gravísima acusación de acoso sexual.

Campañas constantes de desprestigio que ahora están rematando con la desaparición de Iglesias del futuro Gobierno de coalición debido a los infundios de este abogado despedido. Para dar más veracidad a la no participación en el Gobierno se sitúa la vuelta a su país de Pablo Gentili (asesor personal de Iglesias) para ocupar un alto cargo pues, dicen los conjurados de la derecha, aquí no sería jefe de Gabinete del dirigente morado en la vicepresidencia. O igual se marcha a su país, habrá que recalcar “su país”, porque le apetece más trabajar en pos de un proyecto que mejore la situación social de Argentina; o porque le paguen más que en España (donde los altos cargos no ganan grandes fortunas). Con la caverna mediática nunca se saben los motivos reales pero sí es conocida su incapacidad de establecer un argumento sin contradicciones y si flecos que acaban destruyendo ese bulo. Veamos por qué.

No será, según la caverna, Iglesias quien ocupe la vicepresidencia sino Irene Montero. Tampoco sería extraño ni molestaría a las huestes de Podemos. Aquí viene la primera contradicción, si Montero está tan amenazada por la escolta y los abogados ¿por qué sería vicepresidenta sin problema alguno? La obsesión de la caverna con la destrucción de la imagen de Iglesias viene de largo y no merece la pena adentrarse en ello más (en el efecto de doppelgänger con Sánchez ya advertimos que le ven como el reverso tenebroso del maligno), pero el problema que están intentando vender como la “más alta traición a los principios”, como si la derecha tuviese más principios que ocupar el poder y quedarse con la riqueza de todos, afecta igualmente a la supuesta vicepresidenta. A esto súmenle otra cuestión, si el tal Gentili es tan bueno (ha hecho perder casi cuarenta escaños a Podemos) y se lleva tan bien con el otro “gran cerebro de la pérdida de escaños” Iván Redondo ¿por qué no habría de quedarse como jefe de gabinete de Montero? Sería bueno que, fruto de esa cordialidad en el trato, ambos pudiesen interpelarse para la buena coordinación monclovita. Como ven, la derecha lanza bulos pero se caen al primer vistazo.

¿Quiere esto decir que Iglesias será vicepresidente? A día de hoy no existe confirmación de ello y bien pudiera ser que Montero acabase de vicepresidenta y no de ministra de Igualdad. Pero que no exista confirmación sobre los nombres y los cargos no empece para que Iglesias acabe siendo vicepresidente si hacemos caso a las filtraciones sobre la estructura y el programa de Gobierno de las que ya se van disponiendo. Quien parece que sí se quedará sin sillón ministerial es Alberto Garzón, quien anda preocupado por el cierre social weberiano (algo que sirve para un roto y un descosido y evita asumir las culpas), pero a día de hoy existen tantas probabilidades de que Iglesias sea vicepresidente como Sánchez presidente.

Lo que molesta a la mayoría de medios de comunicación, especialmente los de la derecha, es que no haya información alguna sobre los dimes y diretes de las distintas negociaciones que se están manteniendo casi diariamente para dejar todo cerrado. Se dijo en estas mismas páginas que ya tenían los votos necesarios, no que estuviesen totalmente asegurados por mor de la coyuntura política catalana, pero la estructura ministerial y programática está casi cerrada a falta de establecer los distintos nombres que ocuparán los cargos según nos han confirmado fuentes de las negociaciones. Pero no conocer y poder concentrar los torpedos mediáticos les genera lanzar bulos de todo tipo y a los barones liberales del PSOE enfangando todo por unas míseras columnas periodísticas. Si esto es sin saber ¡imaginen cómo será sabiendo! Lo recomendable es no hacer caso de todos esos artículos con titulares extraños, extravagantes, alarmantes o irracionales de los medios de derechas. ¿Han visto a los supuestos medios progres decir algo? Pues salvo alguna metedura de pata, no y por algo será. O ¿piensan que no están deseando ofrecer noticias positivas y que les otorguen muchas visitas? Son progres pero el negocio también importa. ¿Será entonces Iglesias vicepresidente? Dependerá de una decisión personal que está valorando y que no se sabrá hasta el último momento, Sánchez desde luego no le ha vetado y si ha colocado a la ministra de la Troika como vicepresidenta por algo será.

Todos contra el “maligno” Sánchez y su “dragón” Iglesias

La vida política española, eso que ocurre mientras las personas tratan de llegar a fin de mes, tiene algunas transformaciones curiosas. Los firmantes del acuerdo para un posible Gobierno de Coalición de las izquierdas, con el apoyo de partidos regionalistas, han pasado de ser unos traidores a la patria a convertirse en la simbolización del mal en España. Pedro Sánchez es la llegada del maligno en sí mismo, ese ser que desea acabar con la muy católica, apostólica y romana España, ayudado por su otredad, Pablo Iglesias, que queda simbolizado como el dragón malvado del Apocalipsis. Ese ser maligno, que la ciudadanía española mediante un desdoblamiento en los firmantes del acuerdo, debe ser derrotado de todas las maneras posibles y con todos los mecanismos disponibles, sean o no legales, legítimos o éticos. Frente al mal todo es utilizable. Así al menos piensan los seres de la derecha, da igual mediática que política.

La prueba definitiva que han encontrado estos inquisidores postmodernos es que Sánchez e Iglesias se hablan con esos otros seres malignos que habitan en la Occitania. Unos catalanes malvados que piensan destruir ese espíritu de la Historia (utilizando el pensamiento hegeliano) que es España (y los beneficios económicos de la clase dominante). Sánchez e Iglesias entregarán ese designio espiritual y divino a catalanes, vascos y demás regionalismos generados por Belcebú para dañar a la más grande y libre que haya existido jamás. El acuerdo de coalición traerá la miseria y la destrucción a la tierra que debería ser considerada como el paraíso terrestre. Así lo piensan y lo dicen desde la prensa cavernícola, desde los partidos de la derecha reaccionaria e, incluso, desde el propio PSOE (es lo que dice Emiliano García-Page desprendiendo olor a incienso). Todos los males posibles van a caer sobre España por culpa del maligno desdoblado que son Sánchez e Iglesias.

Si España algún día desaparece lo más probable es que no lo haga por la simple acción de un Gobierno socialdemócrata (así lo han confirmado los dirigentes máximos de ambas formaciones). Es más que probable que antes se acabe cumpliendo la profecía paracientífica de Alexandre Deulofeu (La matemática de la Historia) para quien lo que hasta el momento se ha conocido como España, por el lento devenir de las leyes históricas de evolución, desaparecerá en 2029, a que PSOE y Podemos acaben con ella. De hecho es más que probable que sean los muy muchos españoles reaccionarios los que se acaben cargando el país (la nación hace tiempo que ya la dejaron para el arrastre). Pero la prensa cavernaria sigue erre que erre en la simbolización de Sánchez e Iglesias como el maligno destructor, olvidando que un liberal como Ernest Renan ya dijo que la nación no es más que un plebiscito de todos los días.

Si se fijan en los titulares que estos días pueblan la prensa española cualquiera diría que el apocalipsis ya está aquí. Los pecadores del PSOE y Unidas Podemos están hablando con catalanes (burgueses por cierto) que deberían estar todos en la cárcel, no como cuando los muy mucho españoles pierden la vida por visitar y hacer cambalaches con dictaduras como Arabia Saudí o democracias genocidas como Israel. Incluso la dictadura maoísta china es actualmente un país respetable, pero hablar con ERC es invocar al maligno en la persona de Sánchez y su reflejo Iglesias. También dicen que los ahorradores españoles, lo habrán leído, se llevan el dinero a Portugal por culpa del miedo que les genera un gobierno de las izquierdas. A estas personas no las catalogan de antipatriotas curiosamente. Y no lo hacen porque no son ahorradores, esto es, personas que poco a poco van guardando un dinero para el futuro, sino meramente especuladores financieros. Así el titular pasa de afectar a la clase dominante, esa misma que es capaz de poner en Moncloa a Vox si fuese necesario para sus intereses, a toda la población española. Una forma más de tergiversar la realidad pero que ayude a señalar como maligno a Pedro Sánchez.

Han dicho por activa y por pasiva que, dentro del austericidio que tiene impuesta la Troika, intentarán hacer políticas sociales (las pocas que se puedan) y plasmar en la realidad lo que la ley dice, esto es, que quienes más tienen sean fraternales con el resto de la población y aporten más. No supone en sí subir impuestos sino quitar exenciones que gobiernos anteriores han fijado para que las grandes empresas se escaqueasen de pagar. A esto sí que le tienen miedo desde la clase dominante pues, habiendo hecho negocio sobre la base de abaratar los salarios y menguar los derechos laborales, ahora que ya son incapaces de generar beneficios por esa vía (abandonando cualquier vía innovadora) temen que una recaudación ajustada a lo que determina la ley les impida acumular más riqueza en unas pocas manos (la fracción financiera tiene un campo mundial para seguir especulando). Paradójicamente si la derecha gobernase los problemas de todas esas empresas persistirían porque lo muy patriotas, los que se ponen la bandera de España hasta en la ropa interior, se han negado a pelear en el terreno internacional por los derechos de exportación de numerosas empresas. Cuando Estados Unidos impulsó los vetos a Rusia, la derecha que estaba en el gobierno se achantó y ahí se perdieron muchos millones y puestos de trabajo. Cuando Estados Unidos ha puesto sobretasas a los productos españoles, nadie se ha atrevido a decirle cuatro verdades a Donald Trump.

Realmente lo que les importa de España no es la población en sí, sino utilizar ese patriotismo construido sobre falsedades históricas (¿Han visto que la mentirosa, en términos históricos, Elvira Roca firma manifiestos contra el diálogo con ERC junto a profesores extranjeros que son reconocidamente conservadores?) para tener domeñadas a las masas. Dicho en otras palabras, comer mucha bandera porque otra cosa no habrá y todo sin rechistar. Defienden España realmente para defender los intereses de la clase dominante y los privilegios sociales que algunos y algunas se han apropiado por el sector productivo al que se dedican. Sánchez es el maligno no porque dialogue con ERC (no puede ir más allá de lo marcado en la Constitución, como han dicho por activa y pasiva en el PSOE), sino porque les impedirá utilizar el patriotismo casposo para tapar lo que realmente pasa en España en términos de pobreza, de ruptura de la igualdad, la destrucción del pequeño comercio y otros problemas que son patentes con sólo caminar cada día un poco por la calle (por cierto, lo mismo ocurre en la muy burguesa Cataluña).

Sin nacionalismo que blandir sólo cabe inventar un nuevo maligno que acecha España y lo han encontrado en Sánchez e Iglesias. Si se consigue que el procés se pare por el acuerdo con ERC, todo virará hacia las políticas materiales y esto no gusta porque significará hablar con otras palabras ya en desuso por parte de la derecha española. Supondrá volver a nombrar lo que hasta el momento es innombrable. Supondrá hacer visibles mucho del armazón podrido del capitalismo español. Y esto, en última instancia, no lo pueden permitir quienes controlan los medios de comunicación. De ahí que se inventen o busquen algún arcángel que acabe con el dragón y el maligno (algún dirigente del PSOE se cree que podría ser él porque se lo han debido decir los arzobispos que tanto frecuenta). Y si no lo encuentran tensarán la situación hasta el punto de provocar un estado de excepción, bajo el cual la ley mordaza parecerá una broma. Recuerden que el capitalismo de la hégira neoliberal sólo tiene dos salidas: capitalismo salvaje con gobiernos corruptos o capitalismo salvaje bajo fórmulas autoritarias. Y un gobierno de coalición es un freno a esas salidas que condenan a la mayoría de las personas, por eso se le criminaliza y se le maldice. Hay que acabar con esa posibilidad de todas las formas posibles, incluso recurriendo a lo sacro y al exorcismo neofascista.

Los problemas de Page con la vaselina y el alma de Pedro Sánchez

En España existe una palabra para todas aquellas personas que, da igual lo que se haga, piensan que sólo en su cabeza está la verdad absoluta y que todo el mundo debe ajustarse a ella. Y como la realidad es tozuda y compleja a la par, todas sus acciones y declaraciones van encaminadas a criticar a quienes no actúan tal y como piensan ellos o ellas. Esa palabra es porculero o porculera. Y ustedes mismo podrán aplicársela a cualquier persona de su entorno cercano y en el mundo político a diversos dirigentes y analistas. En el caso concreto del PSOE hay varios dirigentes regionales que podrían ser calificados de tal forma. Tanto Javier Lambán como Emiliano García-Page son ese tipo de personas que critican una y otra vez a los demás porque no hacen las cosas tal y como ellos piensan que es la verdad absoluta. Si hace unos días el aragonés dijo su maledicencia habitual, ayer fue el castellano-manchego que, en un alarde de intelectualidad hasta se atrevió a hablar del alma de las personas.

En una presentación caciquil típica de presidentes regionales (la inauguración simbólica de las emisiones en 4k de la televisión regional, como pueden comprobar un evento tecnológico que cambiará la historia de Castilla-La Mancha), García-Page debió sentir que llevaba varios días sin que los medios de cobertura estatal le adorasen y le glorificasen (¡Lo que le gusta a este hombre las lisonjas del ABC!) y no tuvo mejor idea que hacer la gracia contra su secretario general, contra su partido y en pos de la salvación de España. Salvación que, como veremos, no sólo es territorial sino moral pues hay que purificar el alma de las personas que participan en política. Así, el presidente manchego ha pedido que los reyes magos no le traigan a él y a toda España vaselina como regalo. Más allá del tonillo homófobo que pudiera aventurarse de sus palabras, bien podría haber dicho que no traigan calzadores, el dirigente social-liberal del PSOE vuelve a criticar a Pedro Sánchez y su intención de pactar con diversos partidos que están legalmente en el parlamento. No quiere García-Page que se pacte con ERC… ni con Podemos (hay que recordar que ya se mostró contrario al acuerdo entre Sánchez y Pablo Iglesias, que refrendó el PSOE con un 92%, que todo hay que recordarlo).

Si García-Page hubiese pedido que los clérigos abusadores de niños y niñas no recibiesen vaselina tendría incluso un sentido. Pero le gusta demasiado rodearse de prelados y olor a incienso para decir algo que es de justicia. Pero lo ha pedido para toda la población española, eso sí, sin preguntárselo a cada uno porque igual quien la necesita solamente es él y no el resto de personas. De hecho, no se han visto manifestaciones contrarias a ese pacto, sólo bilis desde la derecha; ni las encuestas dicen que las personas del entorno del PSOE o de Unidas Podemos digan que no se debe pactar con ERC; ni nadie con dos dedos de frente y que quiera arreglar el conflicto político catalán ha dicho algo en contra, además, cuando desde ERC están haciendo lo imposible para separarse del procés. Lo que da a entender el presidente manchego es que Sánchez pretende sodomizar a los españoles y quitarles su ser patrio. Siendo García-Page muy mucho español (por eso abre un canal de toros, en 4k eso sí, en la televisión regional, cuando seguramente hay necesidades más apremiantes en su región, como el salario de solidaridad que no se entrega desde agosto porque se quedó sin presupuesto) no puede tolerar que se pacte con personas que no tienen ese mismo sentimiento, ni con rojos que quieren hacer muchas cosas sociales.

Al final con este tipo de reacciones, que no dejan de ser las líneas rojas que le pusieron a Sánchez en 2015, muestra el presidente manchego que es más de derechas que el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, famoso por sus proclamas antifeministas. No se conoce que sea el confesor personal de García-Page pero igual leyendo sus filípicas dominicales es de donde ha sacado el presidente manchego las ganas para conocer el alma de las personas. ¿Por qué querría conocer el alma de las personas? Igual porque es muy dado al chisme, aunque realmente lo que le gustaría es conocer lo que se está diciendo en las reuniones entre PSOE y ERC y ver si las almas que allí están son negras, rojas o amarillas para poder señalar e incluso llevar a la hoguera (que en estos días son los medios de comunicación). Según ha afirmado el presidente de Castilla-La Mancha, le gustaría que hubiese más transparencia y gracias a la tecnología 8k ver las almas de los allí reunidos.

¿En qué mundo vive García-Page para pedir transparencia en una negociación? ¿Cree que si Apple se fuese a fusionar con Huawei lo dirían? Pues lo mismo sucede con esta situación en la que se han dado comunicados y con eso va que andan todas las personas. Como está embebido de ideología dominante y su postura es conservadora nivel ABC o El Mundo, García-Page no quiere conocer lo que allí se cuece por un interés político de beneficio para su partido, el PSOE. Más bien quiere conocer para intentar ejercer de contrapoder a Sánchez y venderse con el padre del “verdadero socialismo”, del socialismo que es muy mucho españolista. Le gustaría saber qué se cuece en las reuniones para darse más publicidad, aunque esa publicidad sea negativa para su propio partido. Ese mismo partido que desea ver en metástasis para que lleguen los “buenos” (¿se referirá a Lambán, Díaz y él mismo?) como ha dicho en más de alguna ocasión en la sobremesa de alguna comida que otra. Le molesta no estar en la pomada de las críticas a Sánchez, no en la pomada de la defensa de las políticas socialistas que podrían resultar de un Gobierno de Coalición. Ese tipo de políticas no parecen interesarle (¿Saben que en Castilla-La Mancha no se cumple la ratio taxi rural/VTC en algunas provincias?; ¿Saben que hay problemas en algunos hospitales por falta de personal médico y que están saturando a los profesionales de la medicina para que no se note y suban las listas de espera?), sino aparecer como el más español en franca pelea con cualquier Santiago Abascal de la vida.

Le interesa ver el alma porque lo material no parece interesarle. Curiosamente esa cuestión de la visión del alma es muy clerical, muy de sotana e incensario, muy de gulag. Se quiere ver el alma para ver si hay pecado, si se es un desviacionista (desde la verdad absoluta que tiene la persona que quiere saber), si se es un pequeño burgués, no por la sana curiosidad o poder desvelar los propios secretos del alma (si es que existe algo que se pueda llamar alma y no conciencia), sino para señalar, condenar y acabar con la persona. Bien sea por medio de la vergüenza social (con una marca escarlata o un capirote); bien sea por la muerte social que puedan ejercer los medios de comunicación de la derecha (siempre los de la derecha cabe remarcar); bien por la misma muerte física de la persona por ese alma que no encaja en la verdad absoluta.

Ni Lambán, ni García-Page pueden estarse callados un momento. Deben pensar que el futuro del PSOE pasa por ellos, cuando la realidad es bien distinta. Cada vez son más los militantes que están cansados de sus abusos vocales y su falta de respeto por las decisiones que han aprobado. Dirán que es necesaria la crítica para la democracia en el partido y tienen razón, el problema es que ellos laminan las disidencias e impiden la crítica en sus propios territorios. Indudablemente a García-Page los reyes magos sí le van a traer vaselina en cantidades industriales, tanta que va a poder deslizarse desde el palacio toledano a cualquier lugar de España sin necesidad de más transporte. Lo curioso de todo es que en esta disputa no hay una defensa de principios socialistas, sino de un conservadurismo extremo que atenta contra las raíces del PSOE. No se laminan principios socialistas sino mediáticos de la derecha cavernícola que les señala como hombres de Estado, aunque mañana no dudarán en pisotearles siempre y cuando sigan en el PSOE, si se pasasen a Ciudadanos o el PP les beatificarían (que igual es lo que quieren). “¡¡¡Porculeros del mundo uníos!!!” debería estar inscrito en el blasón de estas baronías, aunque al ser tan monárquicos les bastará con el Plus Ultra… y la militancia pensará que sí, que se vayan “más allá” y dejen gobernar a la izquierda por una vez.

Los motivos ocultos para privatizar las pensiones, la Sanidad o la Educación

En otros tiempos, cuando la izquierda tenía suficiente capacidad analítica y no estaba arrinconada por las bravuconadas de la derecha, lo que hoy está oculto o latente se les mostraría los diferentes cuadros y dirigencias políticas de la izquierda como algo patente. Pensar que la derecha global quiere privatizar todo lo público para quitar derechos sociales o que las personas lo pasen mal mientras las grandes corporaciones llenan sus bolsillos, típico discurso de la izquierda, no es en modo alguno el motivo principal. De hecho, la realidad es que el riesgo sanitario o educativo no lo suelen asumir las empresas privadas tan sencillamente como se dice. Si observan lo que ocurre en España con los conciertos, la realidad es que el riesgo es mínimo porque el pago está garantizado por el Estado y así pueden reclamar, con toda la cara del mundo, más recursos mientras se los quitan a lo público.

Las pensiones, al ser un producto financiera a largo plazo, aunque no se garantice su cobro al final de la vida laboral, sí interesan y mucho a la fracción financiera de la clase dominante porque es flujo de dinero es fundamental para seguir acumulando y obteniendo beneficios mediante un proceso que hemos dado en llamar como hiperplusvalía, pues son los accionistas y grandes detentadores de capital los que acaban arrancando a los trabajadores otro extra de su trabajo. En la Sanidad con las derivaciones desde lo público o con la gestión, a precio de oro, de los hospitales públicos ya sacan un buen rédito. Los capitalistas son voraces pero no estúpidos y conocen perfectamente el terreno que pisan y la coyuntura especial que existe en Europa. Privatizar el servicio pero con la seguridad de los fondos públicos para la obtención de beneficio. Bien sea mediante becas (el modelo que el PP y Vox quieren implantar en la Comunidad de Madrid), bien sea mediante financiación directa. Esta forma de extracción de capital es conocida y lleva funcionando años, pero hay algo más detrás de todo ello. Algo que la dirigencia de izquierdas ni se ha molestado en analizar u observar pero que es un aspecto esencial para el futuro.

Da igual que ustedes tomen como referencia a Nicos Poulantzas, a Göran Therborn o a Bob Jessop, a marxistas, postmarxistas o postestructuralistas, en todos los casos las diferentes epistemología que sirven de análisis acaban viendo lo que está latente u oculto en las intenciones de la derecha global, que ejemplificaremos con el caso español para mejor comprensión, se quiere privatizar los social para que desde el Estado no quede ningún tipo de oposición al neoliberalismo y al capitalismo financiero y globalizado. No quieren que haya personas, ni estructuras que muestren las contradicciones internas en el Estado y que enlazan con las relaciones de producción y reproducción social sobre las que se asienta en dominio de la clase burguesa. Cuando Santiago Abascal habla de acabar con chiringuitos públicos, o cuando, ahora que se ha pasado a la ultraderecha, Pablo Casado pide que se quiten puestos de funcionarios de los servicios sociales no lo hacen tan sólo por una cuestión de presupuestos, un Estado mínimo o por un intento de gestión más racional, sino porque son conscientes (no ellos sino los que tienen detrás y sí piensan) de que en el propio Estado hay elementos estructurales que se oponen a sus pretensiones de dominio total y totalizante.

Los distintos aparatos y recovecos administrativos del Estado no son tan sólo lugares donde hay funcionarios que gestionan la cosa pública, detrás de cada rama de la administración hay toda una serie de luchas que las han ido configurando tal y como son. Los servicios sociales, la Seguridad Social, la Educación o lo cultural han sido conquistados a la clase capitalista por las luchas de los partidos de izquierdas, de los trabajadores y trabajadoras de los distintos servicios sociales o de las mujeres en lo que respecta a la cuestión feminista. Un maestro de escuela pública, una profesora de instituto pública o una catedrática de Universidad no son sólo agentes de lucha sino los ojos de la verdad de una sociedad que tiende a excluir a los que menos tienen, a la clase trabajadora y a los innombrados. Un maestro de escuela observa cada día como le llegan niños y niñas desnutridos; una profesora de instituto observa cómo el machismo campa libremente en su instituto; un médico ve enfermedades que se agravan por carecer de los recursos mínimos; las personas de los servicios sociales se asombran cuando llegan a ellas gentes con titulaciones y que se ven empujados a la pobreza máxima por el sistema. Todas estas personas ven lo que ocurre realmente en la sociedad y que las estadísticas “oficiales” no nombran e intentan esconder. Lo cuentan en muchas ocasiones y generan opinión para luchar contra esas lacras producto de la dominación capitalista.

Abascal, Casado o Inés Arrimadas son conscientes del poder de estas personas, cuyos aparatos estatales están impregnados de esas luchas sociales y políticas, y nada mejor que ir destruyendo, poco a poco, esos aparatos donde es patente la lucha de clases, la lucha feminista, la lucha por una vida digna y posible. Los aparatos de servicios sociales y culturales del Estado están en la diana de la derecha porque desean quitarlos para desnutrir al propio Estado y que quede tan sólo como mero reproductor de la dominación de clase y la policía. Un Estado que proteja la propiedad mercantil, la única que les importa a los capitalistas (con deuda pública y austeridad para salvar el sistema financiero) y que ejerza de policía contra aquellos que protesten (ley mordaza mediante). No quieren destruir el Estado porque sea como un Minotauro que va tragando y tragando recursos, sino porque saben que en cada médico, cada profesora, cada jueza o cada asistente de servicios sociales hay un agente en potencia de la lucha contra el dominio capitalista. Por tanto, un agente que posibilita mantener la lucha de clases en el propio seno del Estado y, haciendo proyección, en el seno de la propia sociedad.

Privatizar las pensiones, como quiere la Troika, para llenar las arcas sin tanto flujo como desearían desde la fracción dominante; mochilas austríacas para acabar con los servicios de empleo donde se ven realmente las desgracias humanas que produce el capitalismo; pasar la gestión sanitaria o educativa a manos privadas para que los elementos díscolos y, esto tiene su importancia, muy formados no ejerzan acciones encaminadas a la lucha contra el sistema; acabar con las subvenciones sociales para todas aquellas asociaciones, incluida la Cáritas católica, para que no muestren la pobreza y el mal que se está insertando en la propia sociedad; acabar con la lucha de las mujeres, recortando funciones estatales y apoyos tan necesarios como pisos donde esconderse,  porque han demostrado ser un sujeto de transformación importante; y así con todas las ramas administrativas y de gestión que se vinculan a lo social. No es que sean desalmados que desean el mal a sus conciudadanos sino que intentan evitar que esta parte de la lucha de clases, fundamental pues están dentro del Estado y confrontan las contradicciones de la reproducción capitalista, siga activa y pueda unirse a otras luchas de la sociedad. A la clase dominante no le asustan los pensionistas de Bilbao o Santa Cruz de la Zarza que se reúnen cada lunes, les pueden molestar, pero temen a todas las personas y la existencia misma de la Seguridad Social. En ese aparato estatal no sólo hay gestión sino las marcas patentes de una serie de luchas que han llegado a conformarlo.

Casado, Abascal y Arrimadas saben que ahí existe un motivo de lucha en favor de la clase capitalista, de la que son destacados representantes públicos y políticos, lo que no es tan claro es que en buena parte de la izquierda española (y global) se hayan percatado de esta cuestión. Cuando hacen una defensa de lo público, algo necesario todo hay que decirlo, no es posible que lo hagan pensando que no sólo esos servicios son garantes de igualdad, de libertad o justicia social (Emiliano García-Page después de defender los conciertos educativos, un canal de toros y la derivación sanitaria seguro que de esto no tiene ni idea) sino partes de la propia lucha por eso de lo que son garantes. Y no sólo garantes sino parte cualificada de la propia lucha de clases. Dirán que es antigualla por la utilización de unas palabras que quieren que sean antiguas, pero la realidad muestra que los pensadores del capitalismo temen más un análisis de este tipo que otro que hable de los significantes vacíos y esas cosas. Desde un punto de vista completamente materialista, que no excluye nunca los valores de igualdad, libertad y fraternidad, es obvio que la destrucción de ciertos aparatos del Estado no es más que un paso para derrotar a las fuerzas de izquierdas insertas en el Estado. Verán a la derecha pelearse por defender a policías y militares, pero nunca a maestros, médicos y trabajadores sociales, tiene un porqué y hoy algo les hemos explicado.

Casado necesita a Cayetana para parecer aceptable

Las personas mediocres, por muy bien pagadas que estén de sí mismas, siempre tienden  a rodearse de personas de su misma calidad, raras, estrambóticas o inferiores para aparentar algo que no son. Si esas personas han surgido de los aparatos de partido, la situación suele empeorar a más porque no sólo llevan la mediocridad personal a cuestas sino unos cuantos cadáveres y puñaladas traperas múltiples en sus alforjas, las cuales presentan como algo brillante en su curriculum. Esto es lo que le sucede a Pablo Casado, que a su conocida mitomanía personal, añade una mediocridad en el análisis y la capacidad política. Un sinsorgo de los que hoy pueblan los escaños de las Cortes españolas con el añadido de ocupar el máximo puesto de representación en el principal partido de la oposición.

Más allá de las dudas sobre su formación universitaria (con el lapsus de confundir Aravaca con Harvard), en ningún momento de su prolífica carrera, tanto a los pechos de Esperanza Aguirre como bajo las barbas de Mariano Rajoy, el presidente del PP ha demostrado algo que no fueran eslóganes o soflamas encendidas sobre un sentimiento constitucional, justo en el partido que se abstuvo en la votación de la Carta Magna. No es necesario que posea capacidad intelectual, de hecho haber plagiado textos para libros de algún que otro ministerio demuestra que esa capacidad brilla en él por su ausencia, pero sí sería deseable que mostrase algo más. Una visión sobre el país, sobre lo que necesita España más allá de los lemas prefabricados en una asesoría política. ¿Conoce alguien qué quiere para España realmente Casado? Seguramente no lo sabe ni él dada la futilidad de sus palabras y acciones políticas. A esto hay que añadir el pavor que siente por tener el aliento de Vox en el cogote, lo que le provoca un estrabismo político: un ojo mirando a su extrema derecha y otro a lo que haga el presidente del Gobierno.

Más allá de los criptogramas que lanzó en su momento y que nadie, incluso él mismo, llegó a comprender para qué los difundía,  y el dejarse barba para ver si la población le confunde con Rajoy (lo que ya es una demostración de falta de carácter como se aventuró aquí), Casado ha puesto en práctica la teoría de la mediocridad y se ha rodeado de lo peor que ha podido ir encontrando en el partido. Allí donde ha podido colocar a alguien, con el dedo “democrático” de la presidencia popular, ha elegido a lo peor que había en la casa: léase Isabel Díaz Ayuso en Madrid, Francisco Núñez en Castilla-La Mancha o Isabel Bonig en la Comunitat Valenciana. También lo ha hecho en las listas electorales del PP para rodearse en el Grupo Parlamentario Popular de lo más granado (no confundir con Granados y sus volquetes de putas) a fin de destacar algo y no mostrar su verdadera esencia como político. Especialmente le ha venido bien tener a Cayetana Álvarez de Toledo a su lado, porque la hispano-argentina borda la estupidez verbal, las meteduras de pata y el desconocimiento de lo que es España.

Con Cayetana a su lado, diciendo estupideces como que en la época de los atentados terroristas de ETA se vivía con más tranquilidad que ahora (esta señora, por ser elegantes, no sabe lo que es llegar a tu puesto de trabajo y que explote el mil pedazos por una bomba del grupo terrorista, por ejemplo), con no hablar, Casado ya parece hasta inteligente. Es bueno recordar que Casado fue el único dirigente político que olvidó la celebración del día del libro (al día siguiente corriendo fue a comprar un libro de “historia” de Pérez Reverte para aparentar), mostrando ser un ignaro, pero Álvarez de Toledo, quien presume de cultura (la derecha caviar que también existe), le supera con su completo desconocimiento de lo que España ha sido y es. Como no sabe estarse callada le acaba haciendo el juego a su jefe que aparece como moderado cuando, como hemos contado en infinidad de ocasiones, no lo es. Si se pidió en estas mismas páginas el IgNobel para el presidente del PP, ahora habría que pedir para su portavoz parlamentaria la destrucción de todos los premios habidos y por haber y crear sólo uno con su nombre.

¿Cree Álvarez de Toledo que la colocación de bombas, los tiros en la nuca, los secuestros y amedrentar continuamente a las personas que tenían una opinión distinta es mejor que colocar unas urnas inútiles de plástico, hacer declaraciones insustanciales o un parlamento pluripartidista? Igual, viendo la historia de su país de origen, piensa que era mejor la dictadura de Videla, con sus asesinatos, que la agonística situación actual (y eso que gobierna Macri, uno de los suyos). ¿En qué mundo vive esta persona para hacer una calificación semejante sin que se le caiga la cara de vergüenza con sus compañeros y compañeras de Euskadi? No es sólo tener un carácter mediocre, es caer en la máxima desfachatez intelectual que tiene, posiblemente su origen, en la no aceptación de los resultados electorales y la posibilidad de un Gobierno de coalición de las izquierdas. La derecha, da igual su origen natal, piensa que el poder es suyo, bien por naturaleza (en el caso de Cayetana naturaleza aristocrática of course), bien por designio divino, pero es gracias a tener algo en la sesera, así sólo sea sentido común, lo que proporciona pasar de la mediocridad total a la normalidad del ser humano corriente.

Tampoco es que Teodoro García-Egea o Javier Maroto superen la criba. Están, con suerte, a la misma altura que su jefe de filas en lo referente a mediocridad. No se trata de tener estudios, no vayan a pensar eso porque los hay con estudios que son mediocres, sino sentido común y cierta visión de lo que se quiere hacer. Así sea puro pragmatismo y tecnocratismo en la mera gestión de la cosas (en su vertiente de derechas y apoyo al capital) como hacía Rajoy o hace Alberto Núñez Feijóo. El presidente de la Junta de Andalucía, más allá de colocar a su hermana y su sobrina, no se le conocen virtudes salvo las gastronómicas, pues pasa de comer en una hamburguesería a gastarse todo el presupuesto de comidas oficiales en gambas de Huelva. Una vez preguntamos si en el PP no había gente con mayor capacidad; hoy se puede decir que todo es un plan preconcebido por su dirigente máximo para parecer aceptable ante la opinión pública y los medios de comunicación, toda vez que Ciudadanos se está autodestruyendo y Vox no se sabe si se los comerán o se desinflará más allá de sus bravuconadas. Quien afirmó que pasar de 137 diputados a 66 suponía un ascenso ha eliminado a cualquier persona con sentido común, con capacidad, con cultura e, incluso, con savoir faire para que no le hagan sombra y parecer el mejor, de los mediocres sin duda, pero el mejor. Desde luego España no se merece una derecha tan cavernaria y mediocre como la que tiene en estos momentos.

La dictadura del habla que quiere imponer la derecha

“¿Dictadura del habla?” se habrán preguntado al leer el titular del análisis que hoy les traemos en estas páginas. Sí, dictadura del habla por parte de toda la derecha española sobre lo que acontece en nuestro país. No supone recurrir a eufemismos o demás figuras lingüísticas sino, más bien, prohibir la enunciación de palabras y conceptos políticos en el discurso público de los partidos de la izquierda o las derechas regionalistas. Imponer un lenguaje que encaje con su cosmovisión del mundo e impedir que se pueda hablar con normalidad entre personas de distintas ideologías. No se trata de impedir el nombrar las cosas innombrables, como suele hacer la ideología dominante, sino de impedir el hablar democrática (dentro del sistema) lo que supone impedir la democracia en sí mismo.

El primer ejemplo de esta dictadura del habla lo tenemos en el comunicado del PSOE tras la reunión con ERC donde se establecía que había que dar los pasos necesarios para resolución del “conflicto político” en Cataluña. Esas dos palabras “conflicto” y “político” según la derecha española (mediática y política) son impronunciables juntas y en referencia a cualquier situación que se produzca en España. Desde Pablo Casado hasta Francesc de Carreras (fundador de Ciudadanos) han salido a la palestra para señalar que esa unión de las dos palabras, que acaba constituyendo un concepto político, no se puede pronunciar, escribir e, incluso, imaginar respecto a lo que sucede en Cataluña. Nunca ha habido, ni hay, ni habrá un conflicto político en Cataluña. ¿Qué es lo que existe entonces? No lo saben explicar a ciencia cierta, bien por impericia en la formulación de conceptos, bien por impericia en la utilización de la rica lengua española, bien por un deseo de imponer una sola visión sobre lo que sucede en Cataluña (o en cualquier región española donde suceda algo parecido). De ahí su deseo de imponer una forma de hablar que diga que sucede una “sublevación”, una “traición” o un “intento de destrucción de la nación española”.

Si se piensa con serenidad, de la que carecen en la derecha, una sublevación no deja ser un conflicto político aunque lleva estructuralmente una carga peyorativa e ideológica propia que el concepto utilizado por Pedro Sánchez o Pablo Iglesias no contiene. Porque detrás de este juego de la imposición de una dictadura del habla, como se habrán imaginado, hay un componente ideológico profundo. Sublevarse o destruir la nación supone que se está provocando un (¡vaya por dios!) un conflicto político destinado a superar un orden establecido, el cual, en el pensamiento de la derecha española, es perfecto por coincidir con una especie de orden natural. Orden natural que, por tanto, se convierte en inmutable, cuando no sacralizado como perteneciente al orden las cosas que ha concedido dios. Esa es la mentalidad que se encuentra detrás de la dictadura del habla respecto al concepto “conflicto político”. Sólo hay que leer o escuchar a Francisco Rosell (director de El Mundo), quien no ha parado de lanzar soflamas contra el uso del término en cuestión. La realidad, empero, es tozuda. Se podrá llamar como se quiera a los aconteceres entre secesionistas y no secesionistas, pero la existencia de un conflicto político es obvia y el término utilizado es el más aséptico que se puede encontrar en la rica lengua española.

Si nos atenemos a lo que dicta la RAE, un conflicto sería un enfrentamiento, una controversia o un litigio. Y que sepamos, por lo visto hasta el momento, enfrentamiento existe entre dos posiciones; los secesionistas postulan una controversia sobre su pertenencia o no al Estado español; y hay un litigio respecto a su propia concepción nacional. A ello, indudablemente, hay que añadirle político porque se ha manifestado, además de socialmente, mediante la utilización de los aparatos estatales (Generalitat, Parlament, Alcaldías…) que son privativamente más políticos. Además, están siendo dirigidos no por elementos de la sociedad civil en singular, sino por los partidos políticos secesionistas. Más político que todo eso no se puede entender realmente. Aquí esa dictadura del habla que intenta imponer la derecha esconde otra cuestión ideológica inmanente, quieren que lo político quede reducido a mera gestión de la cosa pública para desarmar a la izquierda, mucho más imbricada en la sociedad que la derecha. Si no hay conflicto político, si no existe ese conflicto, las demandas de la izquierda pasan a ser morales (aquí es cuando paradójicamente en la derecha se vuelven laicos), a ser utopías o simples intentos de imposición de algo imposible dadas las circunstancias.

A ello hay que sumar la preocupación de toda la derecha, incluida la clase dominante, por un Gobierno de las izquierdas (pese a que Iglesias ya ha comunicado que sus propuestas más radicales igual deban dormir un tiempo en el baúl) que impida la continua extracción de rentas y riquezas de las clases subalternas como se ha producido desde la aplicación del austericidio. Decía Marx, que en esto supo ver lo interno al proceso político, las clases populares podrían participar en los político (elecciones, partidos, etc.) siempre y cuando no hiciesen uso de su poder para cuestionar el poder social. Y se temen en la clase dominante que eso es lo que podría pasar con un Gobierno de izquierdas, que usase su poder político para cuestionar su poder estructural. Por eso la dictadura del habla es tan importante para la derecha, impedir que se nombre lo que no se nombraba o lo que no se quiere que se nombre tal cual es. Como recuerda Bob Jessop al recordar que la “acumulación dominada por las finanzas conduce a crecientes desigualdades de renta y riqueza debidas a la desregulación, la liberalización y la interpenetración del poder económico y del político” (El Estado, Libros de la Catarata). Hasta el momento esa interpenetración, que es patente en lugares como Andalucía o Madrid (donde gobierna el trifachito), no se habría puesto en duda “desde” el poder y desea la clase dominante que persista.

A más, a más, también creen necesario desterrar del lenguaje político y social la palabra nacionalidad o nación junto a cualquier territorialización (nación vasca, por ejemplo). La exageración del inculto Miquel Iceta respecto a ocho naciones en España, ante lo que ha salido toda la dirigencia de la derecha a criticarle, no debe impedir ver que la realidad es que el Estado español es plurinacional. No es que la derecha tenga una visión republicana o jacobina que piense el Estado como Estado-nación con todas las consecuencias que ello conlleva. Al contrario su visión ni es estatalista, ni es republicanista sino más bien tradicionalista o franquista, según el caso, pero la prohibición de hablar de naciones o nacionalidades en cualquier acto político está ahí de forma clara y contundente. Que Iceta sea un inculto, pues no existe nación sin nacionalistas y sin personas que se adhieran mayoritariamente a esa nación (las estadísticas demuestran que no hay ese sentido de pertenencia nacionalista más allá de Cataluña y Euskadi), no empece para reconocer que en otras regiones la ideología nacionalista sea patente y activa políticamente. Esta realidad, en la visión estrecha de la derecha (incluyendo la periférica que no admite más nación que la suya también), es política y real por lo que hay que nombrarla. Se puede intentar despolitizar, pero ese proceso no se consigue con la dictadura del habla; con la imposición de una cosmovisión única, de ahí que lo afirmado por el PSOE en su texto no sea más que nombrar lo que es, no lo que gustaría que fuese. La dictadura del habla impide la solución del conflicto, la adecuación del aparato estatal a las circunstancias sociales y políticas y la posibilidad de construcción de una fraternidad interregional que suponga ir más allá del localismo que fomenta, realmente, el discurso de la derecha.

Estrechar la visión a Estado-nación, como hacen las derechas de uno y otro lado, no conduce a solucionar conflictos y sí a aumentarlos por mucho que se quieran eliminar vocablos y conceptos políticos. España es lo que es gracias a la cultura supranacionalista, esa es su esencia (si es que es posible encontrarle algún tipo de esencia a una unión política), pero el destino universal o teleológico ni está escrito, ni determinado por espíritus de la historia. Intentar construir una visión común de España, lo que quieren hacer PSOE y Unidas Podemos al fin y al cabo, no quiebra la nación española tal y como es vista de forma estrecha por los nacionalistas de la derecha. El impulso a las políticas lingüísticas e historicistas en la Comunitat Valenciana y Galicia por parte del PP confirman que han sido, según su forma de entender España, fabricantes de posibles nacionalistas. Lo hacían para subsumir las demandas sociales en cuestiones culturales realmente y ahora, cuando se avecina un nuevo ciclo crítico del sistema, sacan de nuevo lo cultural, apoyado en una dictadura del habla, para desviar la atención de las personas, las cuales comerán banderas y defecarán nación porque otra cosa no habrá para llevarse a la boca. Pero, eso sí, el conflicto que realmente les interesa, el económico y social, se esconderá y no se nombrará. Y aquí emerge nuevamente el gobierno de las izquierdas como contrapeso de acción política distinta, dentro de los márgenes que permita la Troika, y no en favor únicamente de los intereses de la clase dominante. La derecha de la dictadura del habla tiene a España casi una década con guerra de banderas y cultural, mientras tanto la pobreza y la precariedad aumentan, pero eso no se nombra porque la dictadura siempre tiene sus cortinas de humo. Lo mismo sucede en Cataluña con su derecha nacionalista, mucho procés para esconder la precariedad y el robo sistemático del pujolismo que sigue gobernando.

Sánchez e Iglesias ya tienen los votos necesarios

Curioso que hasta el momento nadie se haya percatado de las distintas palabras emitidas por dirigentes políticos de uno u otro color para comprobar que los distintos acuerdos que permitirían el Gobierno de Coalición de las izquierdas están ahí mismo. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias callan. Sus equipos callan. Gabriel Rufián se hace el despistado sufriendo por su equipo de fútbol. Pero sólo hay que comprobar las acciones de unos y otros, añadir las declaraciones de personas importantes de ERC y verificar que los rumores que circulan por la capital del Estado son ciertas: PSOE y Unidas Podemos tienen ya los votos necesarios. Igual no se ha enterado Inés Arrimadas, quien insiste en pedir al PP que se abstenga y que Ciudadanos votaría sí con sus pírricos diez diputados, pero hasta Pablo Casado se rumia que ya no hay marcha atrás en el proceso.

Siguen los medios de comunicación de la derecha intentando (¿Cuándo han dejado de hacerlo?) enfangar las diferentes negociaciones, pendientes de los matices, pero se va asumiendo con parsimonia y pesadumbre que sí, que habrá un gobierno de las izquierdas. Hasta alguien tan procaz como Juan Carlos Girauta, en su columna de ABC, medio irónicamente y con toda la mala leche que utiliza contra Sánchez, va asumiendo lo que se viene encima. La fase de duelo comenzará en breve pero teniendo casi asegurados los votos, no todo está resuelto en sí. Pese a declaraciones como las de Carles Campuzano o Joan Tardá señalando que igual sería mejor para el secesionismo hacer presidente a Sánchez y luego ver qué se hace, en este juego tienen que ganar todas las partes participantes. No puede ser un juego de suma cero, como sería del gusto de la derecha, más o menos reaccionaria. Y ahí es donde queda el resquicio para que todo se trunque y el castillo de naipes construido con mimo se venga abajo.

Está claro que Sánchez e Iglesias consiguen estar en el poder del Ejecutivo. El PNV ganará lo de siempre. Los demás regionalistas lo que puedan rascar pues no es otra su naturaleza que ser pedigüeños. El problema es lo que ganaría ERC en sí. Desde luego cambiar la Constitución para incluir un etéreo derecho de autodeterminación es casi imposible, al menos con la relación de fuerzas existente. Así que, dado que vivimos en la sociedad del espectáculo, en la política espectacular, en las máscaras y lo mediático, el terreno donde deben obtener la victoria, al menos a ojos de sus huestes, es en lo simbólico. Un campo político que es sumamente importante tanto para la dominación como para la unión de los propios. Y ahora se está jugando en la com-unión de los propios y las posibilidades a futuro de ERC.

Si esta sociedad fuese democrática, en los términos en que siempre el liberalismos y los demócratas del sistema la intentan vender, el puro razonamiento de los motivos y la conveniencia de un voto u otro sería suficiente para abstenerse o apoyar el Gobierno de Coalición. Pero no se está bajo la égida de la racionalidad sino en la fantasmagoría de lo espectacular, lo teatral y lo sentimental. Que en las reuniones, por ejemplo, no sean partícipes personas de Unidas Podemos, aunque tras las cortinas se muevan, y sólo estén el partido del actual gobierno y el partido independentista es una batalla simbólica en la que se concede la victoria mínimamente a ERC (a lo que hay que sumar la presencia de un ministro). También el PSOE juega con sus elementos teatrales y sitúa a Adriana Lastra como jefa del trasunto y no a José Luis Ábalos (que no sólo es secretario de organización, sino ministro), como si fuese una cosa del partido y no de su secretario general. Teatro, puro teatro político donde los personajes que parecen principales, acaban resultando secundarios y viceversa. Porque se sabe y se es consciente que tanto Lastra como Gabriel Rufián no son más que los heraldos de Sánchez y Oriol Junqueras.

¿Qué tiene que ganar simbólicamente ERC en todo esto? Que no les vean en Cataluña como unos traidores al procés. Por ello son significativas las palabras de Campuzano, que no sólo es del partido de Carles Puigdemont (Quim Torra está ya amortizado para ellos), sino representante político de la patronal nacionalista catalana. O lo que es lo mismo, el poder verdadero detrás del procés en última instancia. Esas palabras, que son contrarias a las del personaje cobarde que huyó dejando en la trena a los compañeros de escaramuzas, marcan un antes y un después para la obtención de una victoria simbólica de ERC. Rufián y Junqueras pueden vender que ellos sí dialogan, vista la situación de gravedad social que sufre Cataluña, e intentan avanzar más allá de acciones que han demostrado que no pueden tumbar al Estado español. Pueden vender que la política se ve más cómoda desde Waterloo que desde Lledoners (la prisión donde se encuentran los políticos catalanes condenados). Pueden vender simbólicamente, porque la realidad es que más allá de ciertos reconocimientos no sacarán más y lo saben, todo eso, lo que puede propiciar un futuro gobierno tripartito catalán entre ERC, PSC y lo que quede de En Comú/Podemos. Y de esta forma, sin moverse del propio Gobierno catalán, el partido independentista logrará más capacidad de acción. Sin duda muchas personas lo pueden ver como una bajada de pantalones y venderse por la presidencia de la Generalitat dejando atrás el procés. Y tendrían razón, pero desde Waterloo lo que piden es acabar con muertos en las calles. Muertos que nunca, por lejanía y cobardía, serían ellos.

El Mundo calificando a Franco de Caudillo

Como Iglesias ya ha bajado sus expectativas respecto a la agenda política del futuro Gobierno, como ERC va viendo expedito el camino para ganar lo simbólico y como Sánchez conseguirá seguir siendo presidente del Gobierno, se han acelerado las conversaciones entre PSOE y Unidas Podemos para cerrar el tema programático y estructural que habían dejado un tanto aparcado. Esa aceleración es sintomática de un gran avance que pende de un hilo, el que sujeta el campo simbólico de la política actual. Lo que puedan decir los medios de comunicación de la derecha ya ha hecho callo en el caso de los demás partidos que no son el trifachito. Por cierto, ¿se han dado cuenta que en El Mundo titulan las noticias sobre Franco hablando de él como Caudillo? Sintomático del grado fascista que está tomando el periódico de Francisco Rosell, porque no dicen el dictador, que lo fue, ni evitar catalogarlo con algún título. Le nombran nada más y nada menos que como Caudillo. Retomando el tema, el arsenal de mentiras, falacias, invenciones y demás trucos de los conjurados de la derecha parecen no ser útiles para hacer mella en la sociedad, la cual desea un Gobierno (casi el que sea) que se dedique a trabajar para solventar sus problemas y todo vuelva a la normalidad. Creían que soliviantando a las masas lograrían tumbar el gobierno de las izquierdas pero sólo han conseguido que Casado sea visto por los suyos como un pusilánime que carece de sentido de Estado (devolver el favor de la abstención) y que está más pendiente de Vox (a quienes tiene pánico).

De hecho quienes pierden en todo esto, no siendo completamente un juego de suma cero, son el PP (los neofascistas tienen el campo abierto para criticar el “gobierno de los bolcheviques”), Ciudadanos (que aún no se han enterado que sólo tienen 10 diputados); Íñigo Errejón (que está sentado tan arriba que ya ni importa lo que diga); y Alberto Garzón (al que están haciendo la cama dentro de su organización delante de sus propias narices). Están todos los votos necesarios, sólo falta que de aquí al día en que se proceda a la investidura no pase algo extraño y todos puedan ganar algo en el envite. Porque tras la investidura seguirá la embestida de la caverna mediática sin importarles eso que sitúan todos los días en sus portadas: España.

Cholismo o barbarie

Lo que tanto querían los chiringuiteros al servicio de su santidad florentina al fin ha llegado, el Atlético de Madrid se encuentra en crisis por su objetiva carencia de gol. Curiosamente ahora que, según los expertos y los aprendices de entrenadores, está jugando mejor al fútbol; que presiona más al rival; que hace más ocasiones que nunca (47 tiros para ningún gol); que juegan los jugones inventados por los medios; justo ahora el equipo rojiblanco se encuentra con una crisis. Catalogada por Diego Pablo Simeone como ansiedad y necesidad de un triunfo para que la cabeza de los jugadores (los que van quedando) se libere y todo lo bueno que se está haciendo fluya de nuevo.

Cualquier análisis racional de la situación del equipo, como las que ofrece Simeone sin esconderse en ningún momento, es rechazada por los medios entregados al florentinato y por la caterva de ismos atléticos que sólo conocen el fútbol de videoconsola. La culpa de todo es del entrenador por feo, llevar muchos años, no saber manejarse con, atención a esto, “la mejor plantilla de la Historia” y las siete plagas de Egipto además. Acostumbrados a esta época gloriosa, sólo comparable a los tiempos de Helenio Herrera o los años setenta del siglo pasado, tanto medios como humanoides han llegado a la conclusión de que el “Ferguson” rojiblanco debería cambiar todo lo que le ha llevado hasta donde está para jugar como el Brasil de 1970, el Milán de los holandeses, o el Bayern de Beckenbauer. Con el presupuesto que se tiene hay que jugar mejor y marcar más goles. Por ello la culpa es de Simeone y no de la directiva, ni de los jugadores, ni de nadie más. Quieren acabar con el cholismo porque molesta que exista alguien que aspira, al menos mentalmente, a disputar algo a los dos dominadores habituales. El cholismo es como esa clase trabajadora que se rebela contra la clase dominante y a la que se le trata de destruir como sea para que no molesten y sean meras comparsas de la acumulación de riquezas de los ricos y poderosos.

Es indudable que el equipo rojiblanco tiene carencias y dificultades durante este tramo de la temporada pero de ahí a acabar con el constructor de todo hay una diferencia. Nunca el Atlético ha estado tan alto tanto tiempo, ni ha molestado tanto como en día y eso se debe no a los directivos, ni a los jugadores que van y vienen como si la plantilla del Atlético fuese un supermercado, sino de un cuerpo técnico, que con sus errores y aciertos, sacan oro de auténticas rocas. Porque la clave de todo está en la constante devaluación de la plantilla por culpa de los mercaderes que asientan sus posaderas en el palco del Metropolitano. Bastante hace el Cholo Simeone con no largar con las medianías que le traen. ¿Cuántos jugadores que han abandonado el equipo han hecho algo importante? Bien por estar en la cuesta de sus carreras, bien porque Simeone les ha sacado todo lo que tenían, no sin esfuerzo. Si el equipo tiene carencias de gol sólo es achacable a la falta de inversión y a la mala planificación deportiva de Andrea Berta. Pareciera que con un Diego Costa, más lesionado que activo en estos tiempos, y Morata valiese para ganar todo y por eso le traen a Šaponjić que ni juega. Se va el jugador estrella (por voluntad propia eso sí) y traen un proyecto de estrella a precio de consagrado perdiendo treinta goles por el camino.

¿Qué decir del centro del campo? Vitolo se lesiona cada vez que se mira en el espejo, Lemar no es mejor que el Arda Turán y el Diego en un día de pereza sobre el campo; Savic tiene lesiones sólo de pensar que se tiene que levantar de la cama; Giménez no consigue jugar más de 20 partidos seguidos (y suerte que Felipe y Hermoso son eficaces pero no asustan a nadie, de momento). Llorente era un monstruo para la prensa madridista pero no se le ha visto nada especial aún. Herrera parece que se va asentando pero, a día de hoy, no es ni Gabi, ni Tiago. Lodi es otro proyecto sin madurar y no tiene recambio. Ninguno de los jugadores actuales, exceptuando igual a Saúl, serían titulares en las 10 mejores plantillas de los equipos más potentes de Europa y se les pide que sean Maradona y Pelé a la vez. La directiva ha devaluado, por negocio y circulación de mercancías (por eso no renuevan a los treintañeros con más de un año), la plantilla pero la culpa es del entrenador. Los vendemotos de los programas televisivos, especialmente los que dicen saber de fútbol internacional (Jovic iba a sentar a Benzemá ¿recuerdan?), por ganar seis visitas en sus medios han vendido un producto que no es el real.

Estando mal el equipo los atléticos tradicionales saben que no hay más problema que fichar goles y eso sólo se hace gastando dinero. ¿A que no había problemas con Falcao, Forlán, Agüero, Mandžukić…? João Félix igual la rompe en breve, pero hoy no es mejor que lo que había hace dos temporadas y no puedes sustentar el equipo sobre un chico que acaba de cumplir 20 años y sin experiencia. Si fichan de verdad gol, se gastan el dinero de verdad, igual así el resto de cuestiones comenzarían a encajar. ¿Está la directiva dispuesta a ello? ¿Tiene informes Andrea Berta de algún jugador con experiencia y a buen precio? La clave del gol no está en el banquillo sino en el palco. Ese palco al que parece que nadie quiere mirar; que se esconde cuando se criminaliza a los jugadores o al entrenador; que sólo habla cuando la inversión peligra (Clemente Villaverde no ha dicho esta boca es mía ni en la Federación, ni en La Liga y tiene que hablar de transiciones).

Si existe una garantía en el Atlético de Madrid, no dejen que les engañen, es la presencia de Simeone. Sin el entrenador argentino no se hubiese conseguido el crecimiento económico, los títulos, la pelea, el Metropolitano, ni nada de lo que hoy parece se ha olvidado. Sin el entrenador argentino, incluso hoy en día, no se estaría donde se está y con la esperanza de que sólo él puede llevar la nave a buen puerto. Bastante hace con la plantilla que le han hecho y aun así parece haber encontrado cierto equilibrio a la espera de algo más de calidad en las filas. Seguramente lleve al Atlético a clasificarse de nuevo para Champions y diga a los dueños de la SAD que hasta ahí llegó. Entonces sí que les entrarán los sudores a todos los que ahora hablan y más al palco porque les mirarán a ellos. Los que tienen memoria para recordar los años de Gil padre (esos jugadores fichados de aquella manera como Maguy o Tilico), con esos dos años en el infierno, saben que lo que hay hoy es gloria bendita. Aquello era la barbarie y la mediocridad completa. Por eso, hoy más que nunca, Cholismo o Barbarie. Y como sucede en la sociedad algunos gritarán “barbarie, barbarie” mientras les entrevistan los chiringuiteros y les aplauden los vikingos y culés.