viernes, 2 enero, 2026

Izquierda Socialista derrota a Felipe González

¿Se ha vuelto por alguna puerta espacio-temporal a 1979 cuando Felipe González claudicó, brevemente, frente a los marxistas? No. El ex-presidente del gobierno y segundo secretario general más longevo del PSOE no se ha vuelto a tener que ver en aquellas circunstancias, pero con el paso del tiempo las posiciones que mantienen le alejan cada vez más de las bases del PSOE y de las estrategias que toman los órganos ejecutivos del mismo. Es en ese sentido en el que la corriente de opinión del PSOE ha vencido a Felipe González. Una victoria simbólica después de casi cuarenta años contra quien catalogaban como dios en su propio partido. Una victoria ideológica, a la par que simbólica, habría que añadir también contra la derecha del PSOE. Esa que conecta con los restos, en muchos casos pútridos, del felipismo-guerrismo y con las baronías del nacional-catolicismo socialdemócrata.

No es que la corriente de Izquierda Socialista haya hecho algo especial. Desde luego no lo ha hecho esa parte que tienen secuestrada algunos miembros destacados de la Ejecutiva Federal para su uso y disfrute (vamos para que les hagan tres personas de palmeros), sino la que está presente en agrupaciones y comités de diverso nivel a lo largo y ancho del partido, cuyos representantes democráticamente elegidos no son reconocidos por lo comentado. Esa corriente, el último bastión marxista de los dos grandes partidos de la izquierda habría que decir, ha venido defendiendo que el PSOE siempre debería pactar, dada la coyuntura, con los partidos de la izquierda. Lo pidieron cuando González pactó con Jordi Pujol (sí, ese nacional-católico independentista que funcionaba en base al 3% que quitaba a los catalanes); lo pidieron cuando José Luis Rodríguez también se abrazaba a los nacionalistas; y lo pidieron tanto en 2015 (José Antonio Pérez Tapias desgañitándose en un Comité Federal junto al tristemente fallecido Mario Salvatierra), como en todas las elecciones que han venido posteriormente. De hecho hicieron fuerza para que la situación que hoy está bajo rúbrica de un preacuerdo fuese similar en julio. Diversos comunicados así lo muestran frente a la parsimonia de la mayoría de la Ejecutiva Federal que miraba hacia otro lado. Tan sólo Andrés Perelló (miembro de Izquierda Socialista) insistió hasta el final, incluso en agosto-septiembre.

A González y sus compinches de la época les parece mal que Pedro Sánchez pacte no sólo con Podemos (como si la formación morada no fuese una especie de PSOE con treinta años menos), no pueden ver a Pablo Iglesias ni en pintura porque les ha recordado sus miserias constantemente, sino que tampoco pueden ni hablar con partidos como ERC. Algo que sí se apoya desde IS. González, paradójicamente, afirma que eso no se puede hacer porque son independentistas y la solución al problema catalán se resuelve por la vía democrática. Si no hablan ¿cómo van a traer a ERC a la senda democrática? Niega extender la mano González a quienes podrían volver a la senda de la sacrosanta Constitución, pero reclama democracia. Pero ¿no habíamos quedado (así lo dejó por escrito en un libro) que el diálogo habermasiano (dialogar y dialogar como fundamento democrático) era lo mejor para solventar los problemas? Ni se acuerda porque, como él mismo ha reconocido, siempre se ha entendido mejor con los políticos de derechas. En su acto de ayer ha afirmado que durante la construcción europea se entendía mejor con “Helmut Kohl que con los laboristas británicos”. Normal porque él estaba haciendo a los sindicatos y la clase trabajadora lo mismo que Margaret Thatcher en el Reino Unido. En eso le ha ganado también IS, porque ahora está extendida la opinión de que lo que ha de primar en las políticas del PSOE es defender a la clase trabajadora de la explotación neoliberal-capitalista.

Y como la soberbia le puede, González ataca también al PSOE y al resto de partidos de la izquierda por plantear el debate en el eje derecha-izquierda. Cuando habría que plantearlo en términos planetarios, diversos o digitales porque es lo que toca. Vamos el mismo discurso de la clase dominante, en la que él está incrustado, que no quiere que se le vean las costuras rotas del capitalismo. González parece apoyar la explotación general del capitalismo y la autoexplotación concreta que genera el neoliberalismo con eso que llaman emprendimiento (falsos autónomos más bien). Esta batalla la tiene perdida también dentro del PSOE, que sin ser un núcleo de bolcheviques a punto de tomar el Palacio de Invierno, sí que han recuperado la conciencia de clase, a la que añaden el feminismo y el ecologismo porque están unidas en un conjunto de transformación estructural. González está transmitiendo la ideología dominante y por eso le molesta que el PSOE se desmarque un poco de esa dominación superestructural. Él querría que Sánchez se dedicase a pasearse por la Unión Europea (que lo hace) obedeciendo lo que digan alemanes y franceses, de ahí que le moleste que el presidente desee tener una especie de agenda propia (algo que apoyan desde la formación morada).

Ni González, ni Ibarra, ni Leguina, ni el cacique añejo que ustedes quieran poner, tienen algo que ver con el actual PSOE, salvo ser parte de su historia. Como diría Jacques Derrida estas personas no son ni espectros de lo que fueron y por lo tanto no marcan el por-venir, ni pueden volver a aparecerse salvo como daguerrotipos antiguos que hacen gracia pero no se cuelgan en las paredes porque asustan. González, por mucho que se invista de dominar los flujos históricos (sus cuatro palmeros y la derecha mediática se lo repiten), no es capaz de ver que el eje derecha-izquierda sigue presente, mucho más de lo que pueda esperar o analizar porque es el propio sistema el que genera que lo material vuelva a la superficie y domine la escena. No son los jueguecitos de los burócratas europeos los que generan las contradicciones, sino el propio funcionamiento del capitalismo y su ideología de dominio, el neoliberalismo. Si González leyese los documentos de Izquierda Socialista se daría cuenta de que el austericidio, la precarización o tener la tercera clase trabajadora más pobre de Europa no es culpa de un simple burócrata sino de la expulsión de España, por parte de las potencias capitalistas, a la semiperiferia del sistema (el país de las ingenieras baratas y los camareros de piel morena).

Ha sentado mal entre la derecha del PSOE (de ahí la victoria moral de Izquierda Socialista) el acuerdo con Podemos pero es curioso que esos que siempre reclaman el pragmatismo (¿recuerdan “gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones?”), dada la coyuntura actual reclamen una gran coalición (que finiquitaría a PSOE y PP) en favor, no de España (que siguen sin reconocer plurinacional, pero como no saben distinguir nación de nacionalismo se pierden por el camino), sino de la clase trabajadora. Llevan tantos años olvidando las políticas de clase en sí que ahora en cuanto arriba un madurito a la secretaria general, que nunca destacó por ser un rojo, más bien al contrario, y decide que las políticas de clase han de volver (un poco al menos), se les erizan los pelos del cogote. Porque no piensen que PSOE y Podemos van a provocar la revolución (ya ha advertido Iglesias que tendrán que ceder en algunas cosas poniéndose el traje de vicepresidente), al contrario socialdemocracia con cierto toque de clase ya que, haciendo bueno el humanismo, no se puede permitir más hambre, ni más precariedad en España. Pragmáticos que no han entendido había que firmar el preacuerdo y estructurar el futuro gobierno cuanto antes porque llevamos años sin presupuestos (luego algún barón pedirá dinero por esa misma causa) y lo programático lo tienen más que redactado desde hace tiempo. Así que, haciendo caso a lo coyuntural y material, lo normal es actuar como han hecho por mucho que le moleste a González y Cía. No han puesto el carro antes de los bueyes, más que nada porque los bueyes están en la derecha a punto de embestir. Como embisten, que no invisten, esos odres antiguos que no permiten vino nuevo. Tan antiguos que se han avinagrado.

No nos falléis Pedro y Pablo, por favor

La noche del 14 de Marzo 2004 después de ganar de manera imprevista las elecciones generales, José Luis Rodríguez Zapatero pronunció una frase que ya forma parte de la historia de nuestro país. “No os fallaré” sonó contundente y la realidad es que no lo hizo.

Ahora conviene recordarla 15 años después y que haya pasado el día D en el que habían depositado tantas esperanzas el equipo que asesora al Presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez, sin escuchar lo que les llegaba de la sociedad.

Porque los augurios antes de saber el resultado final no eran buenos. El resultado desvelaba el gran fracaso al que Pedro Sánchez y su gurú Iván Redondo habían llevado al PSOE, a la izquierda y especialmente al país con su insensatez. Eso sí, con la inestimable ayuda de Pablo Iglesias y su correspondiente asesor Pablo Gentili.

La noche salía fatal. El PSOE, UP y la izquierda bajaban, la distancia con la derecha disminuía de 17  a 6 diputados,  permitían recuperarse al PP aunque menos de lo que Pablo Casado preveía, hundían al centro de Cs, debilitaban a otro hipotético colaborador como ERC y dejo para el final el elemento más graves, permitían el ascenso incontrolado de la extrema derecha de VOX.

Vamos, para cum lauden, habría que decirles a los genios de PSOE y UP. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus palmeros situaban así al país en una situación de ingobernabilidad mucho más grave que tras el 28-A.

El día después dejaba así un panorama desolador. Este país no se merecía la recua de dirigentes que nos tocaba sufrir. De los seis de ámbito estatal que se presentaron este domingo, cinco habían quedado descalificados de una u otra manera.

Gracias a los errores del resto el mejor parado era el líder de VOX, pero o somos conscientes de que en este país ya existen tres millones seiscientas mil personas que confían y apoyan a un partido extremista, xenófobo, racista, homófobo, o difícilmente podemos frenarles. El grito que lanzaron esa noche era significativo: “a por ellos, a por ellos, oé, oé, oé. Oído cocina.

Y surgía la pregunta: ¿Para eso nos han metido en este nuevo lío? ¿Para encontrarnos otra vez un empate técnico y además que el independentismo (ahora mucho más cabreado) siga siendo imprescindible, excepto para un pacto izquierda-derecha anti natura? ¿Para qué entonces unas elecciones que han servido apenas para fortalecer a PP y VOX y debilitar a Cs?

¿Qué opciones quedaban a partir de ese instante?

La que lamentablemente adquiría mayor peso era la favorita de los poderes fácticos, desde los grandes bancos, al IBEX 35, la gran patronal y Bruselas; que PSOE y PP se pongan de acuerdo de alguna manera,  incluso con una “Grosse koalition” al estilo alemán.

Supongo que los estrategas de Moncloa fueron conscientes de que en el caso de que se optara por esa solución, lo normal es que el PP no quisiera abrasarse dentro del gobierno con la que se nos viene encima, conflicto catalán, sentencia de los EREs, Brexit y sobre todo la crisis económica.

Preferiría un apoyo externo tibio dándole los votos en la investidura pero sin implicarse en el gobierno, dejando al PSOE cocerse en el caldo de todos esos conflictos y que la legislatura sea corta, menos de un año, y en las siguientes elecciones arrasar con un electorado socialista indignado debido a esa traición.

En ese instante surgió el temor a esa reacción de las bases socialistas y probablemente la razón por la que se evitó ese pacto anti natura. Resultaba clarificador que esa militancia que se agolpó la noche electoral a las puertas de Ferraz 70, ya no gritaba “con Rivera no” sino “con Iglesias sí” o “con Podemos sí”, mandando un mensaje nítido a Sánchez y de rebote a Iglesias.

Su reacción resultó extemporánea. “Os veo muy participativos” les gritó visiblemente molesto. Claro Sánchez, como debe ser, como les pides en las campañas electorales para obtener votos, que sean participativos, como debe ser la militancia de la izquierda.

Conclusión: la izquierda al propiciar con su desencuentro esta nueva cita electoral se situaba en la encrucijada, de dirigirse hacia el paraíso si Sánchez escuchaba ese mensaje y busca un gobierno de izquierdas con UP y Más País más el apoyo externo de PNV y ERC, o el abismo de hacer lo que le pedían los poderes fácticos.

Supongo que la noche electoral fue muy larga en Moncloa y Galapagar, conscientes de que o espabilan de manera definitiva o se condenaban y con ellos a diez millones de progresistas, a un tránsito cruel por el desierto de duración imprevisible.

Con el peligro, ahora más evidente que nunca, de que si seguían cometiendo errores la derecha extrema y la extrema derecha podrán gobernar juntas y ya podemos intuir mirando a Andalucía y Madrid lo que puede suponer eso.

Esa larga noche les llegó el mensaje. Necesitábamos la unidad de la izquierda (incluyo aquí a ERC) con el apoyo del PNV. Necesitábamos políticas progresistas frente a la crisis, resolver las tensiones centro-periferia y frenar a la extrema derecha. Necesitábamos esperanza frente a la desolación de otras hipótesis.

A la mañana siguiente ambos despertaron, si es que llegaron a dormir algo, con la firme decisión de que lo que no fue posible antes debía serlo ahora. Así en apenas unas horas el acuerdo vio la luz para sorpresa de propios y extraños.

La foto del abrazo entre ambos líderes se transformó en viral y recordaba a otra que fue referente de la lucha antí franquista, la del famoso cuadro de Genovés.

Con una diferencia sustancial, que en éste el abrazo es coral, colectivo justo lo que falta ahora, que las bases socialistas y podemitas, que se han estado degollando durante meses, sigan el ejemplo de sus líderes y se abracen para caminar juntas por el complejo camino que se abre.

Pedro y Pablo, PSOE y Podemos, la izquierda en su conjunto y añado aquí a Más País, ERC, o BNG, incluso Bildu, tienen un reto histórico, gobernar juntos. Suman 172 que si añadimos a PNV supondrían mayoría absoluta para permitir cumplir los 4 años de legislatura con firmas de Presupuestos incluidas.

Vienen tiempos difíciles, a la amenaza de la extrema derecha se le suma la crisis económica que asoma su faz, más el reto de configurar una estructura del Estado que no genere tensiones entre el centro y la periferia, por eso hay que hacer un esfuerzo de imaginación, audacia y especialmente generosidad para desde lo que nos une intentar resolver lo que nos separa.

Tenemos tiempo para conseguir entre todos los progresistas que en 2023 a este país no lo conozca ni la madre que le parió, para bien claro

El título de esta reflexión rememora el compromiso de Zapatero en 2004 y hoy hay que pedírselo a Sánchez e Iglesias, pero también a Errejón, Rufián y Otegi. No nos falléis, esta vez no, porque si lo hacéis llegará la noche para todas y todos.

Veremos……….

Comienza la gran batalla contra las derechas

A partir de este momento se puede considerar por comenzada la gran batalla de nuestro tiempo en España. Tras la firma del pre-acuerdo para la conformación de un gobierno de coalición entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias o, lo que es lo mismo, PSOE y Podemos (a los que sumarán otros grupos), no sólo se acordaba un programa de gobierno y reparto de cargos entre dos partidos de izquierdas sino una batalla más profunda, soterrada y cuya victoria debería caer del lado de la izquierda. Tras décadas de neoliberalismo campante y victorioso ha llegado el momento, al menos a nivel local, de presentar batalla para derribar las estructuras del sistema. No se procederá a la nacionalización de los medios de producción, ni la proclamación y puesta en marcha de comunas o soviets. Eso queda para las impertinencias de las derechas. Pero sí que hay que empezar a derribar, mediante reformas estructurales, al sistema criminal que nos dirige en última instancia: el capitalismo español.

Lleva la clase dominante desde, al menos, tres décadas atrás haciendo y deshaciendo a su antojo. Privatizaciones y externalizaciones a la carta; salvamento financiero; apertura de fronteras a cargo de los presupuestos del Estado; concesiones mediáticas; subvenciones de todo tipo; y la posibilidad de eludir impuestos mientras a la clase trabajadora se la freía a los mismos (especialmente vía impuestos directos y nominas). Han dominado tanto en la base como, por un proceso que arrancó a nivel mundial con el neoliberalismo, en lo subjetivo. La ideología dominante es un cúmulo de agregados ideológicos encaminados a la dominación de la forma más sibilina posible. Sociedades que parecen más tolerantes cuando al final son más represivas porque si, por un lado, se abren a nuevos derechos individuales, por el otro se cierran los derechos colectivos mediante la utilización de diversos mecanismos. Contra esto hay que luchar en la batalla que se está desarrollando tanto como en la lucha económica.

Llegados a este punto, por concretar, ¿qué correlación de fuerzas y con cuántos efectivos se cuenta para la batalla? La izquierda carece de grandes grupos de comunicación. Casi todos los periódicos y televisiones están al servicio de la clase dominante y de los partidos de derechas. Quedan periódicos menores y un par de grandes a favor, en principio, del gobierno de coalición. Pero son medios que, al final, tienen que rendir cuentas a sus propietarios y las necesidades de estos por lo que el apoyo de hoy será la crítica feroz de mañana si así lo necesitan. En este punto de la lucha, a priori, no se disponen de fuerzas suficientes salvo que los efectivos hagan y cumplan su labor de combate. A todas horas y por todos los canales conocidos, las derechas hablarán (mal) y no pararán contra el Gobierno de coalición. Así suba el PIB un 100% dirán que es malo para el país. Así que frente a este tipo de argumentos, los habrá más barriobajeros (con Inda y Negre a la cabeza de las mzquindades), se necesitará una acción en positivo suficiente para contrarrestar. A lo que habría que añadir la fuerza y voluntad de las personas que se mueven en las redes sociales.

Llegamos, entonces, al problema de los efectivos con los que contará el gobierno de coalición. Y aquí la correlación de fuerzas se equilibra sobre el tapete pero igual no es efectiva. Sí, hay muchos intelectuales, columnistas y analistas que se inclinan hacia la izquierda pero ¿participarán en la batalla? Hay muchos doxósofos (los que sólo hablan sin profundidad de lo que está de moda para que entiendan el palabro) que nunca se mojan, que siempre eluden las cuestiones peliagudas, que se esconden sobre sus “títulos” y “posiciones” para no hablar en contra de la opinión establecida (ideología dominante). Hay más doxósofos (los tribuneros o columnistas), que ustedes conocen bien porque están todo el día en las televisiones, que más que no mojarse el problema que tienen es que cambian tanto de opinión como de chaqueta o zapatos. Se posicionan en la izquierda pero no son más que una especie de gauche caviar televisiva, a diferencia de los doxósofos académicos éstos y éstas levitan cuando andan de los divinos que son.

Luego están los intelectuales con libro. Mucho más comprometidos que los anteriores, con su punto de divinidad (han escrito uno o más libros), y que todo aquello que se salga de los márgenes de su libro (sus libros) deja de tener sentido para ellos. Da igual lo que ocurra en el mundo, todo es en referencia a su libro o su artículo último. Si lo que haga el gobierno de la izquierda les viene bien, lo alabarán, si lo que hacen entra en contradicción con su libro, lo criticarán. “Su idea” impregna todo su ideario izquierdista y no hay más que seguir la senda marcada por él o ella. Tienden, por tanto, a ser doctrinarios e implacables. Los hay con libro que se salen de este marco autorreferencial, pero casi no tienen cabida en los medios más consumidos porque, como es lógico, llevan mucho tiempo atacando a la base del sistema. Así, en términos generales, estos son los efectivos con los que se cuentan, que siendo muchos, como no se ajusten las políticas a “su idea” (que por mucho libro o columnas que hayan escrito tiene flaquezas por todos lados) o a su divinidad, casi actuarán en comandita con las derechas.

¿Son tan importantes estas personas para la batalla? Sí porque, más allá de los conocimientos de cada persona en sí, se sigue necesitando formar a las masas. No tanto por enseñarles algo novedoso o adoctrinarles, sino porque la potencia mediática de la clase dominante es tal que de no activar las mentes críticas de esas masas sucumbirían en la batalla. Formar mentes críticas, que analicen, busquen alternativas y se fíen poco de las noticias estrambóticas (pero que causan efecto inmediato) y de los medios de las derechas. Con opinadores bastante menos soberbios y más pedagógicos esas masas, que se juegan mucho en esta batalla, no sólo serían parte del sustrato crítico, sino que se impediría que la Brunete mediática tuviese todas las de ganar. Se ha visto, y se sigue viendo, en el blanqueamiento del fascismo ultraliberal. Eso no es nada comparado con lo que se les viene encima a Sánchez e Iglesias (algo que ya se comprobó hace años contra el PSOE de González). Esto no significa que no haya críticas a la acción de gobierno (algo imposible en alguien de izquierdas por aquello de la dialéctica y la negación de la negación, o sea la búsqueda de contradicciones), pero que tampoco sean agentes sin cabeza que aplauden o atacan al compás que les marcan desde Ferraz o Princesa (o Moncloa en este caso). El combate no es tanto en favor de las políticas del Gobierno como contra la publicidad de la clase dominante. Lo ideal sería tener agentes pedagógicos para explicar ciertos porqués y negar las atrocidades que se dirán. Y el simple traslado de memes o noticias del partido no sirve para nada.

No pinta bien el panorama antes de la batalla porque la correlación de fuerzas se inclina hacia la derecha (ya estaban buscando una Gran Coalición), pero eso no significa que hay que quedarse cruzados de brazos y no batallar y vencer incluso. No sólo en la acción política se juega el futuro sino también en las ideas, la teoría y lo mediático-espectacular (lo que se llamaba lo superestructural). Y para esa batalla son fundamentales todas las cabezas posibles. Ahora toca que tome conciencia de su posición y de su potencia de acción toda esa intelectualidad llena de divinidades y soberbia a raudales. La lucha de clases en la teoría es importante. Como el PSOE carece de intelectuales propios y Podemos veremos si le duran los suyos (salvo Juan Carlos Monedero), lo mejor es que las masas se formen para actuar en consecuencia en la batalla que se está librando ya. Vencer al neoliberalismo, como ideología dominante, no es sencillo, lo que no quiere decir que sea imposible. Para eso hay que ser graníticos y no hacer cada uno la guerra por su lado (esto va para los “diversos” que como los que tienen libro sólo ven la historia desde su punto de vista corto y sesgado). Total sólo se tienen que perder las cadenas.

Espumarajos en la caverna

Advertencia: Este artículo contiene material que puede afectar a la sensibilidad de personas de izquierdas. Si prosigue la lectura tenga en cuenta que no son más que la bilis que viene soltando la carcunda.

Lo mejor del Gobierno de Coalición (pongámoslo en mayúsculas que molesta más) que han cerrado Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es que toda la derecha mediática ha entrado en estado shock y está comenzando a soltar espumarajos por la boca. Una muestra de la rabia que llevan dentro desde tiempos inmemoriales y que se manifiesta de esa forma. Que en lo periodístico queda plasmado en artículos mendaces, en titulares estrambóticos y mentirosos, y que en general muestran que la carcunda mediática y política carece de ilustración alguna. Por mucho que se muestran dignos, al final se les ve el desconocimiento de la Historia, salvo la suya claro. Si en Francia los gaullistas (que gobernaron durante décadas) se llevaron las manos a la cabeza con el gobierno de François Mitterrand, con sus ministros comunistas (de los de verdad, entregados a la URSS pese a su eurocomunismo), y no pasó nada. Aquí con una dos partidos con postulados más radicales en las formas que en el fondo, seguramente vaya tan bien como en aquel entonces (recordemos que el neoliberalismo político estaba en auge con Reagan y Thatcher). Pero aceptar esto sería tener conocimientos y saber razonar, algo que en la derecha española llevan sin hacer años.

Entrando en materia de bilis y espumarajos, comenzaremos por el decano de la prensa de derechas, ABC. Desde su director Bieito Rubido que ha proclamado la llegada de la Hydra y dragones de siete cabezas por el acuerdo (él que estaba conjurado con la clase dominante para un gobierno de concentración) pasando por sus columnistas, no ha habido alguno que se haya escapado de echar espumarajos. Ramón Pérez Maura (que ha venido apoyando los asesinatos del uribismo en Colombia, como dato a tener en cuenta) se ha querido acordar del culo de Sánchez. Como está en un medio muy católico y lo leen señoronas del barrio de Salamanca ha titulado su artículo con un sinónimo: “El tafanario de Sánchez y el artículo 99” en el cual saca a colación que no haya esperado a las visitas institucionales con Felipe de Borbón para pactar cualquier cosa. Les ha dejado tan descolocados que recurren a cualquier memez. Ignacio Camacho ha sido más contundente y ha titulado: “Moncloa bien vale un ridículo”. O José María Carrascal que se preocupa por el sueño del presidente del Gobierno en “¿Hasta cuándo Pedro Sánchez?”.

En el medio monárquico y conservador han sido, comparado con los demás, hasta cuidadosos con las formas. En El Mundo han sido directos y vocingleros como sólo ellos saben ser. Sabiendo que Jorge Bustos es jefe de opinión ya marca que lo que allí se escribe. “El abrazo de la vergüenza” han titulado el editorial donde hablan de cinismo y podemización, siendo conscientes de que no saben el significado de esas palabras. ¿Recuerdan lo comentado sobre la historia de Francia? Pues en este medio (donde se permite a sus periodistas estrella inventarse entrevistas, como Javier Negre) dicen que no, que fue malo. Tergiversar la historia para acomodarla a sus propios deseos y que la realidad no les chafe su deseo de ver a Vox gobernando.

¿Habrá seguido esta línea Francisco Marhuenda?, ¿lo dudan? No lo hagan, en La Razón han seguido la línea marcada. El señor de las cloacas del PP,  Jorge Fernández Díaz, ex-ministro de Interior, ha recurrido a un tópico “Frente popular”. “Vuelta al NODO” escribe Sandra Golpe con algo relacionado con el Valle de los Caídos. Desde las caricaturas afirman que el acuerdo impedirá dormir a los españoles para acabar pidiendo, cayendo en lo estrambótico, al nuevo gobierno que ejecute el 155. Aunque lo mejor se lo ha guardado el propio director: “Todo el mundo sabe que la libertad de prensa es más firme en los regímenes totalitarios, es más sólida en Venezuela, en Cuba, es mucho mejor”. Como si le fuesen a quitar de su momio. Una estupidez pero que indica que esta derecha va a intentar por todos los medios dar la impresión de que se reducen las libertades (lo mismo que dijeron con González en Moncloa y no paraban de hablar libremente todos). Para justificarlo le dejan escribir a Julio Valdeón que los firmantes del pacto de las izquierdas son “Los enemigos de la democracia liberal”.

Aunque lo mejor ha sido el periódico más florentino de España, el de Eduardo Inda. Aquí han sacado parte de la rabia que llevan dentro (toda es imposible salvo que explotasen) y no sólo han sido los columnistas sino los titulares de las noticias. “Sánchez tendrá que arrodillarse ante Bildu” el editorial del señor de las patillas. “Sánchez e Iglesias hunden el Ibex”; “Sánchez ofrece al ERC entrar en el Poder Judicial a cambio de su respaldo a la investidura”;“Un acuerdo que destrozará la economía y reventará la unidad de España”; y así todas las salvajadas que ustedes puedan pensar. No hay una sola noticia donde el titular tenga que ver realmente con el desarrollo de la misma. Amarillismo financiado por la fracción constructora y con el claro objetivo de acabar con la izquierda en España. No con los dirigentes políticos sino con toda la izquierda.

Y esto es sólo el comienzo…

El pacto del miedo o cómo aplicar el 155 a las derechas

Ayer pudimos asistir al Pacto del miedo que es la suma de 155 escaños para acabar con la prepotencia, la chulería y las malas formas de las derechas españolas. Ustedes se preguntarán por qué del “miedo” y con toda razón. No es el miedo a Vox, como algunos analistas han querido hacer ver con demasiada prontitud. ¿Quién tiene miedo a los neofascistas sino los propios que les ayudan y les blanquean porque les están devorando desde los tobillos? Vox es inutilizable completamente y no tiene armas ni apoyo real dentro de un ejército sin soldados ni casi armamento. Miedo a los neofascista no. Miedo entonces a qué o a quién se preguntarán. Miedo a un acuerdo de las izquierdas y miedo entre la clase dominante española desde luego. Y miedos personales seguramente entre los dirigentes de la operación.

En cuanto se ha sabido la operación llevada a cabo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias privativamente, en el PP han palidecido porque se veían ya como imprescindibles en la operación que vienen gestando desde la clase dominante para alcanzar la gran coalición en favor de sus beneficios y el penar de la clase trabajadora. Pablo Casado, entre espumarajos que les salían por las comisuras de los labios, ha vuelto a su ser, abandonando al marianista en que se había camuflado, para hablar de todos los males que acecharán a España con la unión entre el PSOE y los peligrosos radicales. Claro como él no pacta con radicales pues ve en Vox a lo que le gustaría ser en realidad, el resto es todo radicalismo. Habría que para radicalismo la ley mordaza, la reforma laboral de la precarización y la violencia del propio sistema capitalista que tanto le gusta. Inés Arrimadas, por su parte, ahora ha pedido un acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos cuando ayer mismo echaba pestes del “sinsorgo Sánchez”. Y Cayetana Álvarez de Toledo pidiendo un gobierno de concentración no se sabe muy bien por qué. Santiago Abascal ha expectorado estupideces como pueden imaginar hablando de no-se-cuál golpe de Estado que se estaba produciendo. Lo curioso es que no era por el pacto, ni es factible que sea por lo que acontece en Bolivia ya que son sus amigos los que están dando el golpe.

Les ha entrado el miedo a las derechas y eso, por sí sólo, ya es motivo de alegría para todas las izquierdas, desde los firmantes hasta las gentes del PCOE. Ver a las derechas venirse abajo y agotar las existencias de papel higiénico (o toallitas para los más fisnos) es algo impagable. No siendo un Frente Popular, como algún inepto de la izquierda intenta catalogarlo, les ha escocido porque ni se lo esperaban, ni les gusta. Son más de trifachitos que acaban con la Sanidad, la Educación y todo lo que tenga una perspectiva social. Miedo a no poder hacer y deshacer a su antojo con el respaldo de la clase dominante y sus extensiones mediáticas. Bieito Rubido y Francisco Marhuenda sacarán todos los días la artillería pesada contra PSOE y Podemos, pero que ayer no hayan probado ni bocado (algo que no les vendría mal) es buena noticia. También se verán los programas más llenos de carnaza, aunque eso no les preocupe demasiado a carniceras de la información como Ana Rosa Quintana o Susanna Griso. Y ese Javier Negre saliendo con la camisa parda, directamente, en los programas a los que le llevan a blanquear fascistas.

Todo eso se viene y, aunque se presenta oscuro el futuro, no deja de ser un buen síntoma de que el acuerdo no sólo era necesario (en términos prácticos) sino ideológicos. Ideológicos en términos de cosmovisión y configuración del pensamiento dominante. Porque hasta el momento, salvo en los niveles institucionales más bajos, cualquier acuerdo a nivel estatal entre las izquierdas era desactivado desde los diferentes aparatos ideológicos de la clase dominante y desde dentro del propio PSOE por las ramificaciones de aquella mediante un proceso de desconfiguración de lo lógico, esto es, maldecir ese tipo de acuerdo como si fuera la culminación de todos los males patrios. Un pavor a la unión de las izquierdas que se había extendido entre amplias capas de la población por efecto de la acción ideológica de los poderosos. Este acuerdo sirve para que, a partir de ahora, se compruebe que las coaliciones de izquierdas son mucho mejores que las de las derechas (que nos las venden como las únicas posibles). Algo que, incluso dentro del PSOE, hará mucho bien en algunas capas dirigentes derechizadas a nivel pensamiento.

¿Por qué ahora el pacto y no antes?

La respuesta sencilla al título de esta parte sería porque hay otras circunstancias. Eso nos llevaría a ver el pacto como una reacción frente al auge del fascismo. Lo cual es bastante estúpido. Ya antes estaban crecidos y haciendo daño en todos los sitios donde el resto del trifachito les deja hacer. La relación de fuerzas entre las derechas y las izquierdas casi ni se ha movido. Así que habrá que buscar cuestiones tan banales como los miedos personales de cada dirigente, pues ha sido un acuerdo de dos personas (por mucho que hayan salido a la foto los edecanes), o una cuestión tan preocupante como el tema catalán. Respecto a los miedos de los dirigentes máximos, es obvio que Pablo Iglesias estaba siendo cuestionado, incluso dentro de Podemos, por su fracaso al perder siete escaños (por mucho que vendiesen otras cuestiones como se explicó ayer). Algo similar le estaba pasando a Sánchez por no haber aumentado los escaños, haber perdido la mayoría en el Senado y ver negro su futuro personal al estarse moviendo entre las sombras sustituirle por otra persona de su partido en una gran coalición.

Unos miedos que han provocado lo que en julio no pudo ser. Se han tragado la soberbia de cada cual y han accedido a pactar cuanto antes para evitar que les moviesen la silla desde fuera o desde dentro y evitar unos días de ambiente irrespirable y con la burguesía catalana mandando a su chavalería a montarla cada día. Porque el tema catalán planea, mucho más que las políticas sociales, sobre el acuerdo. Con la entrada de Podemos es más sencillo que el diálogo, al menos con ERC, sea más sencillo y tengan los pequeño burgueses catalanes una vía de salida (así les llamen botiflers) a una situación enquistada y que ya no camina hacia ningún sitio. Para que ERC entrase por la vía constitucional nada mejor que incorporar a Podemos. A cambio de sus sillones éstos renunciarán a su posicionamiento duro en Cataluña y, se nota a la legua, algunas de las cuestiones más radicales de su programa.

Entre una socialdemocracia liberal (PSOE) y una socialdemocracia radical (Podemos) el acuerdo sobre las distintas materias será casi instantáneo. Por eso el preacuerdo es tan banal y evanescente en sus postulados. Ambos están de acuerdo en lo poco que se podrá hacer ya que la Troika aprieta y tienen ambos partidos en mente lo que pasó con Varoufakis. Lo programático no será problema porque unos ya tienen los cargos que deseaban y otros la posibilidad de permanecer en el poder. No harán revoluciones, ni transformaciones radicales, pero el acuerdo permite algo que hasta el momento, como ya hemos dicho, no se había producido, romper el tabú de una coalición de izquierdas sin que lleguen los efluvios del frentepopulismo guerracivilista. Una unión de dos partidos que se diferencian en matices, algunos importantes pero matices, y que llevará a España por la senda de políticas de izquierdas en la confrontación de la crisis económica que se viene. Frente a las políticas del austericidio y la precarización, ahora se actuará desde el otro punto de vista. El cual será criminalizado desde hoy mismo por la clase dominante y sus ramificaciones mediáticas, pero esto ya se conocía y se sabía.

Más complicado será cerrar algunas heridas que desde ambas cúpulas han fomentado entre las bases de los partidos. Los insultos y las humillaciones no se olvidan. Por eso no sería de extrañar que si ambos partidos deciden cumplir sus estatutos y presentar el futuro acuerdo a votación de sus bases, el número de votantes que apuesten por el no sea más alto que el habitual de estas cuestiones plebiscitarias. Hay tiempo para curar heridas hasta que comience la actividad parlamentaria y termine de dar forma a todo lo que rodea el acuerdo. Aún habrá algún cabreo, que podría tener que ver con la función futura de Alberto Garzón por ejemplo, y algún amago de marcha atrás. Pero eso no es más que parte de la sociedad del espectáculo. Lo importante es que dos partidos de izquierdas, al final, han decidido unirse en un proyecto común. Y en estos momentos cabe recordar a la corriente Izquierda Socialista que llevaba luchando por ello desde los tiempos de Felipe González y a la que se viene negando el pan y la sal dentro del PSOE. También recordar a los Anticapitalistas de Podemos que revisen sus manuales marxistas de estrategia porque este paso vale más que sus apoyos a la CUP. Más vale tarde que nunca afirma el dicho, aunque lo que vendrá va a ser terrorífico. Pero sólo por ver las caras de las derechas y el 155 que les han aplicado…

Nueva encrucijada postelectoral tras el 10-N

Los  resultados electorales del 10-N nos dejan prácticamente en similar situación con dificultades  para formar un gobierno estable. Los datos estatales consolidan la mayoría Parlamentaria del PSOE con 120 escaños pero perdiendo tres. El PP da un buen salto de rana, queriendo salir de la charca y se coloca con 88 asientos en segundo lugar, consolidándose como lider de la oposición, al haber fracasado su intento de tomar la Moncloa con el Trifachito.

La sorpresa la ha dado VOX con 52 asientos produciendo a su vez el “sorpasso” a C’s al que deja descarrilado y descabezado ante la dimisión de su líder. Unidas Podemos también ha sufrido un pinchazo desinflándose y quedándose en 35 escaños. Más País, el fiel escudero voluntarioso, casi se estrella consiguiendo solo 3 asientos. Pero el verdadero batacazo se lo pega Rivera que es el perdedor con su C’s quedándose con solo 10 Escaños, abandonando sus posiciones tras el revés sufrido.

Pero aparte de estas macro-cifras estatales también conviene conocer algunas micro-cifras de algunos distritos periféricos de las grandes ciudades como Málaga en la que estuve en una mesa de su Distrito 9 Barriada Campanillas, donde se vienen obteniendo unos resultados ganadores para el PSOE desde el año 1977, aunque nos hemos encontrado con algo sorpresivo:

El censo de electores de este barrio es de 14.035 votantes, donde hubo una participación del 67,55 %.   Resultó ganador el PSOE con 3.464 votos (37,03%) El segundo fue Vox con 1.949 votos (20,83% lo que representó una sorpresa ya que derrotó a PP que obtuvo 1.295 votos (13,84 %,  Unidas Podemos con 1.291 votos  (13,80 %) y C’s que solo consiguió 736 votos (7,87 %),   quedando el último Pacma  ocupando el farolillo rojo con 175 votos (1,87%)

Profundizando más concretamente,  relato los datos obtenidos en la mesa que me tocó llevar en dicho distrito, “El Tarajal-Los Chopos”, mesa única de un pequeño barrio de 715 votantes, donde los resultados han sido igualmente muy sorprendentes con los anteriores procesos electorales a los que he acudido en esta misma mesa durante varios años.

Aquí el PSOE consigue 153 votos. Salta casi de la nada al segundo puesto Vox con 111 votantes, derrotando a todos los demás como al PP y a U.P. que empatan a 74 votos respectivamente dejando a C’s con 36 votos en quinto lugar. Más País consigue 12 votos y Pacma 7. El resto de fuerzas como PCTE, PCPA, PCOE, ANDxSi y PUM+J suman todos juntos 5 votos.

La dispersión de votos de las izquierdas es enorme, pues de las 13 fuerzas que se presentaban 10 eran de izquierdas y 3 de derechas. Todas son legítimas y tienen su derecho a disputarse los votos, pero objetivamente hacen el juego a las derechas que se presentan en una especie de Trifachito anunciando incluso que su objetivo es la Unidad para gobernar en contra de todos los demás.

La actual situación tras el 10-N atisba una difícil formación de Gobierno que requerirá mucha tolerancia por todos los dirigentes, sin líneas rojas, sin vetos y sin malos modos, de lo contrario podríamos desembocar en otro desastre peor con otra repetición que sería inadmisible por la ciudadanía:

¿Cuáles son los mimbres principales que el puedo ha decido para que los dirigentes formen Gobierno? ¿Nos van a seguir llamando a las urnas hasta que salga lo que la clase dominante o sus dirigentes les plazca ?

Les guste o no a los dirigentes, eso son los resultados que deben gestionar. Le corresponde al PSOE con 120 escaños tomar la iniciativa urgente de hablar con todos los representantes que el pueblo ha elegido, sin vetos ni distinciones. El socio prioritario debería ser U.P como fuerza más afín y que junto con Más País que ha obtenido 3 sumarían 158. Tendrían que intentar sumar el voto de Cantabria y los de Canarias que serían 3 más, o sea 161 escaños. También está el PNV que es un partido de los más serios y razonables que con sus 7 asientos se alcanzarían los 168 y para llegar a 176 todavía faltarían 8 votos.

Por lo tanto, sería oportuno y necesario abrir el diálogo con ERC que tiene 13 escaños, para intentar conseguir un aplazamiento del conflicto, pidiéndoles al menos su abstención, que junto a los votos afirmativos o abstenciones de las anteriores fuerzas mencionadas, si sería factible poner en marcha una investidura y no es ésta una sola ecuación matemática parlamentaria, sino que caben algunas más.

Pienso que Pedro Sánchez debe acometer con decisión ese intento de  un profundo giro  social, ofreciendo a toda la ciudadanía una alternativa de gobierno de izquierdas, bien elaborada buscando los máximo consensos y  apoyos, de forma incluso más democrática, consultando con las bases del Partido como se comprometió, cuando tengan el programa de gobierno acordado, que represente claramente un inicio para la transformación socialista de la sociedad, derogando las leyes reaccionarias que dejó el Gobierno Rajoy, presentando un plan para resolver los dos problemas fundamentales a los que nos enfrentamos como son, las cuestiones sociales y el conflicto territorial,  buscando la máxima colaboración con las izquierdas políticas y sindicales, dejando claro que no se harán pactos contra-natura con las derechas, como se ha dicho y repetido tanto por la militancia como por el propio candidato Pedro Sánchez en la campaña, pues debemos ser críticos y contundentes contra el avance de Vox que representa la involución hacia el antiguo régimen franquista que tendremos que combatir.

¿Qué nivel de derrota necesita Iglesias para dimitir?

Debe existir algún nivel, alguna magnitud, que marque la posibilidad de dimisión de Pablo Iglesias. Porque, salvo que sean masoquistas, no se entiende que elección tras elección bajen escaños, alcaldías y concejalías y nadie asuma alguna responsabilidad, por pequeña que sea. Esas caras de pena elección tras elección detrás del dirigente máximo y señor todopoderoso de Podemos son significativas de una realidad que jamás se acaba asumiendo. Al final las culpas nunca son del propio partido sino de cualquier señor o señora que pasaba delante de la sede en ese momento, cuando no del empedrado. Ni un análisis sobre la realidad y no sobre los deseos. Un análisis mínimo serviría para que sus menguantes votantes supieran qué piensan sus dirigentes sobre lo acontecido. Pedir autocrítica se antoja excesivo visto lo visto, pero al final se la están haciendo esos mismos votantes a los que ningunean constantemente.

Fíjense bien que en todas las elecciones se repite el mismo patrón de acción de Iglesias y su menguante troupe morada. Los primeros en salir para captar el primer impacto televisivo, sin análisis de la realidad y sí con la petición de cargos y prebendas al PSOE. Desde su primera aparición, dijeron los intelectuales orgánicos del régimen morado, estelar no se han parado a explicar algo, sólo pedir ministerios casi con nombres y apellidos. Daba igual con setenta diputados, con cuarenta o con treinta y cinco. Menguan los apoyos pero la soberbia en la petición se mantiene a lo largo del tiempo. Ni una sola referencia al programa común, que sería la única base posible de un acuerdo. Nada de programa porque no les interesan más que los cargos y esos bien que los piden constantemente y a toda hora. Adelantando, además, el pecado que sufrirán si no le dan esos cargos o la estrategia inventada de pactos con la derecha. Fíjense que siempre Iglesias pide, ¡perdón!, exige sus ministerios (para su pareja y él en primer lugar), luego dice que es una obligación dárselos si se quiere ser de izquierdas y finalmente afirmar que la realidad es que Sánchez quiere pactar con el PP. Luego la realidad, que es tozuda, confirma que es todo una gran mentira. Pero siempre sale a marcar territorio, algunas personas dirán que como los perros orinando, con exigencias y mentiras.

Cuando llegan a observar que la realidad les señala y que esos 35 diputados, que es perder más de la mitad de los apoyos que se tenían hace poco menos de cuatro años, es una bajada, aparecen los “intelectuales de la verdadera izquierda” y sus foliculares mediáticos. Así, Juan Carlos Monedero lanza un análisis, sin datos porque el populismo no necesita datos, culpando a alguien o algún estrato de la sociedad como método de disipar la derrota y el fracaso y es reproducido por las redes controladas por Juanma del Olmo. ¿Recuerdan cuando se culpó a los pensionistas en la repetición de 2015 cuando ya se veían desplazando al PSOE? Fue una turra constante contra ese estrato social llegando a pedir incluso que les retirasen el voto y se lo diesen a los chavales de 16 años (más fáciles de engañar por carencia de formación y experiencia vital). En las últimas elecciones la culpa era de ciertos estratos de la clase trabajadora que, no sabiendo entender el mundo, se habían dejado engañar por Pedro Sánchez y el apoyo mediático del establishment (justo cuando ellas y ellos copan todos los días y todas las horas las televisiones, con el añadido de contar con uno o dos periódicos de uso exclusivo a sus posiciones, eso sin contar ramificaciones y minoritarios). Ahora, Monedero y demás ecuménicos del podemismo han dicho que la culpa es de Íñigo Errejón “el traidor”. Y así llevan un día de turra y ataques cuando saben que están manipulando. Y si no lo saben es que no son tan listos como decían que eran.

Es interesante hacer un pequeño inciso sobre las críticas. Como pasó con Indra, a la que acusaban de quitarles ¡¡¡1,5 millones de votos!!!, Errejón es un ente malvado que les ha quitado sus votantes. Parten de una premisa falsa. Monedero y demás manipuladores mediáticos cuentan como propios votantes que, puesto que han cambiado de opción, muy suyos, muy fieles, muy encantados no estarían con “amado líder”. Si alguien que antes votaba a Podemos ahora vota a Más País por algo será y ese algo es lo que jamás admitirán. Al ser gramscianos caen en los mismos errores teóricos y prácticos del pensador italiano, todo lo subsumen en ellas y ellos como centralidad, como hegemonía, sin prestar atención al verdadero motor de la acción. ¿Esto qué significa? Que jamás aceptarán que ya no les quieren ver ni en pintura algunos votantes. Esa realidad, esa dura realidad, esa dura materialidad, no la quieren ver o la ven y la esconden que es casi peor. Enfrascados en su mundo superestructural, en su mundo de lo ideal, se ven como los únicos, como los verdaderos, cuando elección tras elección las personas del común toman conciencia de que ni son puros, ni verdaderos (en términos badousianos). Esta realidad la invierten en Podemos y nos quieren hacer ver que la realidad es que la mayoría es la que está equivocada y carece de conciencia de lo bueno, de lo ideal, de ellos y ellas. Hace tiempo que habían perdido esos votantes, como los perdieron antes PSOE e IU. El procedimiento democrático liberal tiene estas cosas. En el mundo imaginario de Podemos no hay estas contradicciones, ni hay escisiones, todo es perfecto y en el trono central se sienta Iglesias.

Como se muestran incapaces de hacer una mínima reflexión, y eso que Alberto Garzón lleva repensando la izquierda cuatro años, hay que preguntar con crudeza ¿cuál es el nivel mínimo de escaños en el que considerarán en Podemos que Iglesias y sus menguantes edecanes deben dimitir? Sería interesante que diesen la cifra para que el común de los mortales tuviese alguna certeza respecto a Podemos, ya que hasta el momento sólo tiene dos: son puros y quieren cargos. Ramón Espinar también ha dicho algo similar, sin pedir responsabilidades pero sí solicitando pararse a pensar qué pasa, por lo que ha caído en un nuevo anatema. ¡Cómo se atreve a criticar las decisiones de “amado líder”! O igual es una estrategia para acabar con parte de la izquierda, como dicen algunos conspiranoicos, apoyados por George Soros y la burguesía catalana. O igual es que apoyar a la burguesía catalana, a la vasca y todas las propuestas magufas del mundo mundial les hace pasar por cualquier cosa menos personas de izquierdas. La bohemia burguesa es lo que tiene. Salvo honrosas excepciones (Mayoral y García Sempere) el resto de candidatos y electos parecen sacados de los despojos de la pequeña burguesía. Por comportamiento y pensamiento. El día que sepamos cuál es el nivel de ridículo mínimo que están dispuestos a aceptar Iglesias y su corte del idealismo burgués se podrá pedir su dimisión con conocimiento de causa. Ahora se pide que dimita por sus constantes fracasos, pero no habitamos en su mundo ideal y perfecto e igual no captamos bien el significado de fracaso. Lo que es seguro es que parecen trabajar para la clase dominante y contra los intereses de la clase trabajadora.

Sánchez debería deshacerse de Iván Redondo hoy mismo

Alegría en la cara de Pedro Sánchez tras la pírrica victoria conseguida en las elecciones de ayer. Una alegría que contrasta con la decepción de buena parte de la militancia socialista que esperaba, al menos, no perder diputados ni la mayoría en el Senado. Engatusados por el CIS de José Félix Tezanos, del que ya avisamos que estaba escorado hacia la izquierda de en la base de la muestra, al ver que su partido no sólo no aumentaba los escaños sino que los perdía pasaron la noche con un sabor agridulce. Por no decir enfadados en una gran mayoría. Sí, se ha ganado, pero con peores números que en las anteriores elecciones y sin capacidad de alternativa a algo que no sea un gobierno de coalición con Podemos, salvo que el establishment le obligue a Sánchez a pactar con el PP. Una victoria pírrica, por el gran gasto personal que ha sufrido el PSOE, que deja las cosas como estaban o peor, porque los fascistas han aumentado su presencia. Y todo gracias a su gurú personal Iván Redondo y su ejecutiva federal.

Sánchez debería cesar hoy mismo a Redondo y mandarle de vuelta a su empresa tras comprobarse el fracaso en todas las estrategias que le ha presentado una tras otra. Tras arrogarse una victoria en las primarias del PSOE, algo que él jamás controló, se pensó que la mínima victoria de las elecciones de abril servirían para hacerse un Rajoy y aumentar de votos porque la población culparía a Podemos. Y la formación morada en su pecado ha llevado el castigo perdiendo 7 escaños, pero el PSOE también. ¿A quién se le ocurre no haber intentado algo en agosto/septiembre sabiendo lo que vendría en Cataluña cuando sabe que su protector se maneja fatal con cuestiones como Estado plurinacional y demás conceptos políticos? Sólo a alguien tan incapaz de ver el sentido de la historia y leer las coyunturas como Redondo. Lo único que ha conseguido este señor para el PSOE es copiar campañas de otros países. Es un asesor magufo que está dañando al partido más antiguo de España y uno de los más antiguos de Europa. Y sólo Sánchez puede impedir que lo siga haciendo.

Desde la ejecutiva del PSOE igual no se atreven a pedir su dimisión porque, salvo excepciones como Andrés Perelló, todos apoyaron la decisión de Redondo. No es que el nivel de conocimientos politológicos y sociológicos de la ejecutiva esté extendido, pero con la de años que llevan algunos y algunas medrando en el interior del partido deberían haber aprendido a verlas venir como poco. José Luis Ábalos ha sido uno de los pocos que han tenido la mosca tras la oreja con el señor Redondo, como buen perro viejo, pero el resto sólo aplaudían lo que les decían. Y sin capacidad crítica un partido se muere. Fíjense lo que ha pasado con Ciudadanos y Podemos. De hecho cuando el PSOE ha permitido esa crítica interna ha ganado más porque ha permitido a la sociedad verse más reflejada en el partido. Ahora, al haber tanta mediocridad, se calla y se aplaudo hasta dentro de la Ejecutiva Federal, cuando hasta hace bien poco ha habido discusiones y broncas políticas.

Dijeron que se iba a nuevas elecciones para mejorar los resultados, como no se ha conseguido el cese de Redondo debería efectuarse a la menor brevedad posible. Y algunas dimisiones en la Ejecutiva del PSOE debería haber por su incapacidad manifiesta. No las habrá por algo que es patente ¿a dónde van a ir? Sánchez ahora tiene la obligación de intentar formar gobierno con los mejores elementos posibles y no está para ceses (salvo Redondo y alguno más en Moncloa) o reformas ejecutivas, pero no debería dejar de pensar en ello alguna vez. Se han perdido diputados, otra vez, y se tiene al fascismo a las puertas del gobierno. Hay que dar un giro a todo porque, por desgracia, la crisis que está a las puertas no respeta a nadie y ya se sabe cómo las gasta la caverna mediática. En el interior del PSOE sería motivo de alegría el cese de Redondo… y cuesta tan poco conceder eso a su militancia.

Rivera esconde su fracaso tras un Congreso Extraordinario

Cuando un dirigente político, después de una derrota sin paliativos, no se atreve a dar el paso que se considera correcto y ajustado a la magnitud de aquella sólo puede ser calificado de cobarde. Ese calificativo toma mayor magnitud si el dirigente en cuestión no sólo no admite su derrota sino que convoca un Congreso extraordinario de su partido para que decidan sobre su continuidad o no. Este es el caso de Albert Rivera. Personaje que será recordado en la historia de las elecciones generales de España por pasar de la posibilidad de haber sido vicepresidente y dar estabilidad al país a quedar casi fuera del parlamento. “Que los afiliados de Ciudadanos tomen las riendas del futuro del partido” no es más que una forma de escapar de la humillación que le han infligido los españoles y no asumir el fracaso dimitiendo.

Si se piensa que de la actual ejecutiva de Ciudadanos casi todos tienen que empezar a buscar trabajo o volver al que tuvieran desde hoy mismo, la magnitud de la derrota indica que es momento para que quien les ha llevado a esa situación se vaya. Juan Carlos Girauta volverá a sus conspiraciones inventadas o se colocará en algún lugar que le procuren sus amigos del lobby judío. Miguel Gutiérrez lo tiene más fácil porque el lobby armamentístico funciona a pleno rendimiento incluso en épocas de crisis. José Manuel Villegas tendrá que volver a su tierra y abandonar Almería si piensa trabajar. Y así una larga ristra de damnificados de los desvaríos de su dirigente máximo. Se lo advirtieron desde el establishment pero se creyó por encima de los deseos de los poderosos y lo ha pagado todo su partido. No es que se lo hayan cargado desde poder económico, sólo han permitido que los medios les criticasen al mismo nivel que al resto de partidos, sino que los españoles no han aguantado más la soberbia de Rivera.

Y no sólo la soberbia del hombre que huele perros le ha llevado a la derrota, sino que como liberal se esperaba que basculase en sus apoyos hacia el PSOE o el PP donde cualquiera de estos partidos ganase para generar estabilidad. No ha sido aceptar el apoyo de los fascistas lo que ha sentado mal a sus votantes sino su negativa a apoyar al PSOE y llevarle a entregarse a Podemos (partido por el que siente un amplio desprecio). Dejar que Sánchez se abrace a Iglesias para gobernar es peor para los votantes de Ciudadanos que el abrazo de Rivera con Abascal. No lo supo entender en su momento y cuando se ha dado cuenta de su error ya era demasiado tarde y le habían abandonado para siempre. No saber leer, como partido eje del sistema, los tiempos y las necesidades del bien común (según el pensamiento de derechas); no saber que su función era pactar con unos y otros; creer que podía vencer al PP sin una estructura y presencia territorial suficiente; o pensar que era el más guapo, listo y capaz han sido sus pecados y los que han propiciado la histórica derrota del partido naranja.

Al ser una persona que ha sido devorada por su personaje, convoca un Congreso Extraordinario no para que le dimitan los afiliados sino para intentar aguantar al frente del mismo. Está tan pagado de sí mismo que piensa que no tiene culpa de la derrota y que el espaldarazo de las bases de su partido bastará para recuperar un carisma que jamás tuvo pero él piensa que sí tiene. El problema para Rivera es que las sectas, como lo es Ciudadanos, aguantan hasta que se quiebra la confianza en el gurú de turno y le acaban abandonando o aniquilando. Ya habrá quien esté moviendo los hilos por detrás para apuñalarle en el Congreso y hacerle pagar la cobardía de no asumir que es un simple mortal que debía dimitir después del tremendo fracaso. Desde luego con esta derrota, es más que posible, que desde lugares de poder recomienden una fusión con el PP a medio plazo y a corto la sustitución de Rivera por Inés Arrimadas. La soberbia y la cobardía son mal entendidas en casi todas las sociedades y el dirigente naranja es el ejemplo palpable de esos dos pecados. Y ya se sabe que los pecadores acaban en el fuego del infierno… o como dicen algunos memes de palmero en el grupo de Malú.

Ahora son los liberales los que construyen muros

Paradójicamente los liberales de todo el orbe que celebraron ayer la caída del Muro de Berlín están hoy en día construyéndolos por todo ese mismo orbe. No son todos de piedra, los hay psíquicos, los hay económicos, los hay militares o los hay mediáticos, pero no dejan de ser muros al fin y al cabo. Distintos muros para distintas formas de contener a las masas dentro de un orden que unos pocos han establecido. Muros, como el berlinés, ideados para que nadie sepa que existen alternativas, que no todo es como nos venden, que sigue habiendo Historia por conquistar y pelear. Muros para que no se vea cómo una clase dominante ejerce un dominio imperial sobre las vidas de la mayoría de las personas que malviven dentro de ese orbe.

La caída del Muro de Berlín, al menos en términos occidentales, no supuso la rendición de la izquierda. Ese tipo de explicación que hoy les están contando desde todos los medios de desinformación masiva es contraria a la realidad. Como mucho la caída y la Perestroika supusieron a la clase dominante del capitalismo quitarse una molestia. La izquierda socialdemócrata había abandonado la senda de lucha contra el sistema en los años 1960s y se fue diluyendo hasta nuestras fechas en las que ha quedado como simple defensora del Estado social, democrático y de derecho (burgués no se olvide). El comunismo languideció en los años 1970s con aquella posición eurocomunista que no era sino una socialdemocratización de los partidos bolcheviques. Una aceptación del sistema en su totalidad en sí, olvidando la crítica a las estructuras fundamentales del sistema. En términos marxistas se puede decir que tanto la socialdemocracia como el comunismo se centraron en la superestructura del sistema (ética y moral, defensa de derechos individuales…) abandonando lo que es fundamental para hacer temblar al sistema, la base económica del mismo.

Que Francis Fukuyama ejerciese de pope del liberalismo anunciando el Fin de la Historia tras la caída del Muro no puede verse como una relación de causa-efecto. El neoliberalismo llevaba desde los años 1970s captando adeptos, bien por la fuerza (Chile), bien por la alienación de las masas entregadas durante un tiempo al consumo masivo (hasta que llegó el momento, el actual, en que se les ha quitado esa posibilidad al abrirse nuevos mercados), bien por potencia adquirida por la ideología dominante o por la extensión de lo financiero y comercial a escala terrícola. Hoy la famosa TINA de Margaret Thatcher (There is not alternative, No hay alternativa) es el producto de consumo ideológico incluso dentro de la izquierda. Esto lo estuvieron diseñando gentes como Samuel Huntington en la Trilateral (donde Fukuyama también hizo sus pinitos) desde mucho tiempo antes, como diseñaron la guerra de religiones para tener entretenidas a las masas con fuegos artificiales. Hacer caer el Muro fue más dañino para el poder imperial de lo que han reconocido alguna vez. Se asombran y se asustan los constructores de esa ideología dominante de lo que han provocado (sólo hay que ver el histerismo de Fukuyama en su último libro contra el nacionalismo y las distintas identidades) porque, en cierto sentido, se les ha escapado de las manos.

No hay que olvidar, algo que ya no se comenta en ningún medio de comunicación, que todo este sistema se asienta sobre una violencia no visible, aunque en los años 1960-1970s era común hablar de la misma. Todo el entramado capitalista y de dominio imperial se basa en las armas nucleares. Estados Unidos las tiene y manda. China las tiene y manda, Rusia las tiene y manda. Francia las tiene y manda menos pero sigue ahí, algo que ocurre igualmente con Gran Bretaña (¿Por qué piensan que se les concede tanto en el Brexit? ¿Quién quiere misiles nucleares mirando hacia la Europa continental? Sin olvidar a la India y Pakistán). La geopolítica tiene dos ejes: armas nucleares y capacidad económica (bien por empresas financieras-tecnológicas, bien por petróleo), lo que queda reflejado en la geoestrategia. ¿Por qué se levantan muros económicos como el que se tiene con Rusia o China? Porque tienen recursos y fuerza dentro del sistema capitalista. Si los chinos quisiesen podrían causar un quiebra financiera importante, pero no se les puede atacar militarmente (el recurso típico del imperio para acabar con los que se oponen al sistema de dominio) porque tienen suficiente capacidad de respuesta y se recurre a arañazos comerciales, como se recurría a la publicidad con la URSS.

En occidente, empero, vivimos bajo un dominio como no se recuerda ni cuando la iglesia católica otorgaba los títulos de poder político. Pueden leer artículos parecidos a este porque saben que es un grano de arena en el desierto de la potencia mediática de confusión que han creado (se pueden leer pero no en alguno de los grandes medios del capitalismo). No quieren que, con los problemas que tienen a nivel geoestratégico, y los propios de agotamiento del sistema productivo y financiero, se puedan plantear alternativas al propio sistema. Por eso ayer todos los medios se felicitaban de la caída del Muro ya que estaban realimentando el inconsciente de las masas con la imposibilidad de alternativas. En cuanto hay un poco de rearme de una parte de la izquierda y tiene cierto apoyo surgen del propio sistema partidos fascistas que, curiosamente y dada la pobreza en que se encuentra, hablan de marxista, de rojos y demás eslóganes del neoliberalismo ochentero. El muro ideológico, esa ideología dominante, es devastador pues, aunque hagan soflamas de todo tipo, incluso los populismos de izquierdas no dejan de trabajar sobre los parámetros de esa misma ideología que domina.

No piensen que es baladí el tema del discurso pues el lenguaje condiciona la forma de pensar y, por ende de actuar ya que los conceptos sirven a la causa. Ya casi nadie habla del proletariado (desapareció) y casi nada de clase trabajadora. De hecho cuando se utiliza este concepto es fuera del contexto de la lucha económica y con apellidos (clase media-trabajadora, por ejemplo). Como tampoco se utiliza lucha de clases, dominio de clase, aparatos de Estado y demás jerga que cumplía una función doble, significar a la izquierda y diferenciarse del lenguaje de la clase dominante. Hoy todo el mundo habla en neoliberal. Por ejemplo, transición ecológica no supone poner patas arriba al capitalismo sino caminar junto a él para que siga acumulando riqueza pero de forma más sostenible. Los populistas de derechas (tipo Donald Trump) o los neofascistas (Marie Le Pen, Santiago Abascal, Matteo Salvini, etc.) apelan a la clase trabajadora en el contexto de lo nacionalista, fuera del contexto entonces de la lucha de clases, porque la izquierda ha dejado de hacerlo o porque saben que esa identificación es movilizadora. ¿Piensan que con unos comunistas o socialistas de verdad en Francia la clase trabajadora y los pequeños comerciantes se hubiesen echado en manos de la Rassemblement National lepeniana? Que no haya ocurrido en España, aunque los neofascistas ya van abriendo el marco lingüístico, no quiere decir que no ocurra.

El neoliberalismo, en sus diferentes concepciones (neofascismo, populismo, lo políticamente correcto…), es la ideología dominante que permite al capitalismo (que determina en última instancia, no se debe olvidar) construir distintos muros en su favor. Los muros militares, los muros ideológicos, los muros legales (Ley mordaza por ejemplo), los muros mediáticos o los muros económicos internacionales son todos construidos por los que se llaman liberales y se dan golpes en el pecho ejerciendo de demócratas y defensores de la libertad. Ayer todos se adjudicaron la victoria contra un Muro que sólo era físico, pero la realidad es que ellos son los que han construido cientos más a lo largo y ancho del mundo. La dominación de clase es más amplia que nunca en la historia y cada vez daña más al ser humano. Sólo hace falta leer a un tipo tan poco peligrosos como Byung-Chul Han para observar que el propio sistema ha logrado la autoexplotación de las personas con todas sus enfermedades derivadas. Una sociedad completamente anómica pero regalada de fetiches en cada una de las estanterías de sus propias casas. Muros invisibles pero mucho más poderosos que el berlinés. Aquel se podía derribar con picos, estos sólo se pueden derribar con lucha constante con la dificultad de que al ser invisibles la concienciación, frente al impacto de lo espectacular del capitalismo, es durísima. Pero siendo dura no es imposible, sigue habiendo alternativa y hace falta una organización (u organizaciones) que lo tenga claro y no se deje llevar por los cantos de sirena del propio sistema.