viernes, 2 enero, 2026

Auge del fascismo con el silencio cómplice de Casado y Rivera

Algo que está sorprendiendo a los analistas mediáticos es el ascenso del fascismo en las encuestas pre-electorales. La posibilidad de que Vox pudiera ser tercera fuerza política en el próximo parlamento salido de las urnas les asombra a quienes se han dedicado a decir que estas personas tan sólo eran de extrema derecha, populistas iliberales o cabreados del PP. Análisis, como se puede observar, muy profundos y sesudos que escondían realmente la existencia de un grupo neofascista (no neofranquista) al que se ha permitido dispersar su discurso del odio en medios de comunicación bajo el control de la clase dominante. Nada nuevo porque el capitalismo, siempre que se respete su ser y su negocio, se adapta a dictaduras o democracias con suma facilidad. Los poderosos, en términos generales, al controlar la base del sistema se saben protegidos en cualquier sistema político, de ahí que no les importe demasiado que los fascistas campen a sus anchas. Lo que no les gusta es que lo puedan hacer socialistas o comunistas.

El ascenso de Vox tiene una fuerte base estructural en España. El propio sistema permite la aparición de este tipo de grupos porque la ley les ampara en sus manifestaciones y aberraciones, tan sólo con portar la bandera de España pareciera que la persona es libre de ser un fascista. Como además presentan un programa de reformas económicas del capitalismo libertario, es decir, llevar todo a la máxima individualidad sin ningún tipo de protección social (el paraíso de la burguesía) y, paradójicamente, defienden el reino en la tierra de lo católico, les parecen menos fascistas. No hay que engañarse, los fascistas actuales actúan así. No llegan a neofranquistas porque sería un tipo de sistema que les cortaría las alas. Una vez que la acumulación capitalista ya se produjo, una dictadura del tipo franquista supone un hándicap para la burguesía española, la cual está muy internacionalizada. El autoritarismo de los neofascistas se produce mediante la ley y la porra, como sucede en Israel, país que es ejemplo para muchas cuestiones en el neofascismo.

Algunos dicen que Vox sube porque ha caído Ciudadanos, el partido que radicalizó la arena política con sus soflamas incendiarias. Una explicación corta y que numéricamente tampoco es mostrada por las encuestas. Cierto es que un 20% de los votantes de la formación naranja marchan hacia los fascistas, pero con eso no basta. Tampoco ha tenido Albert Rivera una impronta en la sociedad como para alterarla. De hecho si la hubiese tenido el PP seguramente hubiese desaparecido. Ese análisis simplista, por mucho que hayan situado en la palestra política el nacionalismo español mediante antagonismos, no se sostiene. Nacionalistas son las gentes del PP y durante un tiempo no hubo esa aparición, entre otras cosas porque el partido conservador los cobijaba y daba de comer en diversos chiringuitos. La aparición de los neofascistas tiene que ver con un proceso estructural de difusión de ideologías que se creían enterradas en el cementerio de la historia por parte de la clase dominante. Y todo para despistar frente al agotamiento del capitalismo y su nueva vuelta de tuerca para seguir con una extracción de rentas más salvaje aún. Un proceso que se consigue mediante una apelación identitaria, que como se ha visto a lo largo de los últimos siglos, es sumamente movilizadora, y el recurso al populismo (por la izquierda también ha habido el proceso contrario).

El problema es que tanto Pablo Casado como Rivera, que alardean de ser los más democráticos, han blanqueado continuamente a los fascistas. Pactando con ellos en comunidades y ayuntamientos y señalando que no tendrían ningún problema en hacerlo a nivel estatal. Bajo la excusa de acabar con el mal socialdemócrata (aún les queda ese mal gusto thatcheriano) y el populismo comunista, planteamientos dentro de los parámetros democráticos del sistema, han dado cabida las políticas de los fascistas. Casado nada dirá porque concuerda al 90% con Vox. Rivera, a quien siempre se le ha visto un regusto joseantoniano, ha puesto más peros aunque ha acabado por tragar con los de Abascal y sus propuestas con tal de tocar poder. Efímero poder como muestran las encuestas porque la ciudadanía les está poniendo en la puerta de salida. De haber sido un partido que dotase de equilibrio al sistema, tal y como querían los poderosos, a ser un partido extraparlamentario casi en una sola elección. Y como les interesa más el poder que la democracia callan ante las bravuconadas fascistas.

Los verdaderos culpables de que el fascismo campe a sus anchas hoy en España son Casado y Rivera que no se han atrevido a hacerles frente y sí a cobijarles bajo su manta de la derecha. No todos los votantes de Vox son fascistas, pero sí es cierto que hay querencias que perviven en el tiempo y se van transmitiendo. La dictadura pudo durar lo que duró no sólo por la represión sino porque se logró crear un nutrido grupo de personas que apoyaban el sistema fascista. Eso se ha mantenido oculto porque hubo dirigentes de la derecha que se encargaron de tenerlos a buen recaudo, una vez que los dirigentes de la derecha se han puesto a competir por ver quién era más español, olvidando la seguridad sistémica, han quitado la espita del fascismo en España. A ello, como se dijo, súmenle que a la clase dominante les conviene las políticas que ofrecen de privatización de todo lo público y tendrán una respuesta a ese auge. Si Rivera o Casado les hubiesen vetado, como Angela Merkel hace en Alemania por ejemplo, seguramente no verían este empujón electoral. El cual está siendo apoyado por algunos medios de la derecha, no se olvide.

Deben pensar que, al compartir buena parte del programa económico, ellas y ellos están protegidos de la ira fascista. Que como son de la derecha a ellas y ellos no les pasará nada. Pero como nos dejó dicho Martin Niemöller en su poema “Primero vinieron…” cuando ya no quede nadie a los que llevarse les tocará a ellos. Callar ante el fascismo, es más, compadrear con el fascismo como hacen Casado y Rivera es un atentado contra la democracia tan grave que debería estar penado. Dejar que los fascistas campen a sus anchas por España, mintiendo e inoculando odio, en una situación inestable porque el capitalismo boquea y busca donde conseguir las migajas que van quedando a repartir, es un ejercicio de filibusterismo político. Como bien hemos advertido en diversas ocasiones, el peligro de Vox es cada vez más real y tienen un impacto sobre las personas. Quieren acabar con la sanidad, los derechos laborales, los derechos sociales y encarcelar a gays, rojos de diversa condición y nacionalistas (recuerden lo que un dirigente de Vox le dijo a Aitor Esteban sobre ilegalizarlos). Cobardes que prefieren mantener lo poco que tienen en vez de asegurar el bien común. Todo esto están apoyando desde su cobardía Casado y Rivera porque en su fuero interno si tuviesen valentía harían lo mismo.

Día decisivo para Pedro Sánchez

En una campaña corta y con una alta aleatoriedad como la que se está viviendo, tener un mal día puede significar la pérdida de un gran número de votos. Si todo transcurre de forma normal y como está previsto nadie duda que el PSOE logrará vencer el próximo domingo con suficiencia respecto a los demás competidores. Otra cuestión serán los pactos a realizar el día después, pero a día de hoy es claro que Pedro Sánchez deberá ser el encargado de formar Gobierno. Sin embargo, el día de hoy es clave para que ese gran porcentaje de indecisos (cerca de un 39% de los que acudirán a votar). Hoy se juega gran parte de su futuro el secretario general del PSOE porque de darse dos acontecimientos podrían cambiar las cosas y verse con el agua al cuello. Por suerte no será nada como lo acontecido aquel 11 de marzo, pero una concatenación de errores podrían poner en peligro esa victoria de los socialdemócratas.

Lo primero es la visita de Felipe de Borbón y familia a la entrega de unos premios muy monárquicos en Barcelona. Desde Moncloa se han asegurado de tomar la ciudad para que no haya altercado alguno por parte de los grupos violentos. “Toda precaución es poca” confiesan fuentes de Moncloa conscientes de que una simple algarada por parte de esos grupos será elevada a la enésima potencia por parte de las derechas y sus jefes mediáticos.  Dirán, como claman los fascistas, que se quiere acabar con la monarquía como los bolcheviques hicieron con el zar y cosas del estilo, pues tampoco es que sean muy inteligentes con las comparaciones. Saldrá la prensa más conservadora a hacer acontecimiento de lo que es anécdota. Los dirigentes de las derechas utilizarán esa exageración para lanzarse a la yugular de Sánchez y no habrá otro tema durante la campaña.

¿Desgastaría esto al candidato del PSOE? Pues considerando lo borbónicos que son en su mayoría los españoles, seguramente. Tanto programa alabando las virtudes inexistentes de esta familia ha creado un caldo de cultivo propicio incluso entre personas de izquierdas. A ello hay que sumar el debate por la noche entre los cinco candidatos. Imagen a Casado, Abascal o Rivera con el monotema de lo que suceda en Cataluña. Sacando todas las vísceras y poniéndolas sobre el atril para atacar a Sánchez, su impericia y su falta de mano dura con los independentistas. Si ya están hablando de que está siendo melindres con los catalanes, imagínense lo que podría ser ese debate de todos contra Sánchez y unas imágenes pervertidas tan cercanas en el tiempo. De primeras no se crean ni la mitad de lo que les cuenten hoy sobre el tema.

El debate de “todos contra Sánchez”, o al menos así deberían haberlo titulado, es el otro escollo que le queda al candidato del PSOE para vencer sin problemas en las elecciones del día 10. No es Sánchez una persona especialmente dotada para este tipo de acciones políticas. Siendo sinceros no ha ganado uno jamás, ni los de las primarias del PSOE. Ha mejorado al respecto en los últimos tiempos pero la brusquedad que se va a encontrar esta noche no es la misma de otras ocasiones. Si no se sale del guión que le preparen sus asesores y no entra en peleas innecesarias mostrando firmeza saldrá bien librado. El problema es que van a ser de tal tamaño los ataques, desde la derecha y la izquierda, que mantener la templanza será complicado. Igual que aguantarse no contestar a unos y otros. Como se vio en el debate de portavoces parlamentarios, contestar a todos es improductivo porque se gasta el tiempo necesario para presentar el programa. Y Sánchez, como viene haciendo en campaña, debe centrarse en las propuestas que lleva a estas elecciones y dejarse de batallas infecundas.

Casado y Rivera le buscarán por la parte económica (olvidando que se gobierna con los presupuestos del PP) y la identitaria. Abascal hará uso de su demagogia y desde Franco hasta los “miserables extranjeros” sacará todo el armamento racista y fascista (mejor ignorarle en todo momento). Iglesias ya se sabe que le dirá que siempre prefiere pactar con la derecha (ahí será bueno recordarle que no quiso los ministerios y una vicepresidencia para su pareja como imposición, en el momento justo, cuando le haga daño), que es un rehén de los poderosos y bla, bla, bla. Un debate duro y con la intención de hacer toda la sangre que se pueda del que salir vivo será casi una victoria. Un debate sangriento que el candidato del PSOE deberá manejar sin dar pie quedar mal. Así le saquen cosas de su tesis plagiada, de sus viajes en el Falcon, de sus golpes a los CDR o cualquier otra cuestión que pueda hacer daño a su imagen. Si cae en el error de, paradójicamente, debatir y entrar al trapo podría perder esos votos necesarios para vencer con comodidad. Deberá manear él sus tiempos y que no se los manejen sin salirse del guión que le hayan establecido. Y si parece soso mejor. Y si parece sin cuajo, mejor. Todo menos parecer incapaz porque, a diferencia de los demás candidatos, él es presidente y eso da un voto institucional. Mejor dejar la demagogia para los demás. Y si le llama fascista a Abascal tampoco vendría mal, que al fin y al cabo tiene que elevar la moral de los suyos.

Hoy es el día clave para Sánchez. El resto de la campaña es para recoger frutos pero hoy podría perder el cesto de la recogida. Si no sucede nada extraño y aguanta la presión del debate tendrá todo ganado. Si no lo hace perderá lo ganado en este tiempo de gobierno. Un día malo, pero un día clave, puede pesar en toda la campaña. La historia de los debates electorales está plagada de días así que cuando un candidato aparecía como el ganador claro, tras una mala impresión acaba hundido y derrotado. Le pasó a Aznar en 1993 cuando, tras un buen primer debate, se creyó el vencedor frente a un González que se preparó el segundo a conciencia y le dejó tres años más sin posibilidad de gobernar. Mañana debe evitar caer en la trampa del debate de “todos contra Sánchez”. Con dar imagen presidencial y no parecer un cabra loca le bastará y vencerá el día 10.

El PSOE vencerá contra los elementos

El PSOE ha batallado en campañas electorales duras y contracorriente (salvo en 1982 seguramente), pero a excepción de la campaña de 1996, la famosa de la conspiración de todas las fuerzas contra Felipe González, esta es seguramente la peor en años. No hay un solo medio de comunicación que apoye al presidente en funciones, de hecho los que se califican a sí mismos como medios progresistas desearían con la misma pasión que los de la derecha que cayese el 10 de noviembre. A eso súmenle que ninguno de los partidos políticos que compiten ha centrado sus esfuerzos en su propio programa sino en demonizar a Pedro Sánchez. Da igual que sean los franquistas, los conservadores, los populistas del sistema, los populistas del antisistema, los independentistas o nacionalismos varios, todos entienden que el PSOE es el culpable de todos los males que asolan España.

Cuando menos es curioso que ninguno de los partidos políticos, a excepción del PSOE, vea cosas positivas en España. Son verdaderos cenizos políticos que hablan de supuestas potencialidades como el que habla de algo irrealizable. Cualquier política o acción de otro país les parece una maravilla sin llegar a pensar si esa política se corresponde con una situación coyuntural o contextual propia. Ninguno de los partidos tiene una análisis serio de lo que acontece en España, de la realidad material de España y su entorno, de los poderes ocultos o no que impiden ciertas acciones políticas; a lo sumo se quedan en señalar a uno u otro empresario como gran potencia del mal. Que eso se utilice en los medios de comunicación, que deben formar en ocasiones a la propia población mediante mecanismos simbólicos, tiene un pase. Pero que políticos de todos los partidos señalen cuando ellos mismos están abrazados a personajes como George Soros tiene su gracia. Ninguno, eso sí, parece creer en España y sus potencialidades si el gobierno está en manos de otros. Es la campaña más antiespañola, aunque muy españolista paradójicamente, de las últimas décadas.

Medios de comunicación en contra, partidos políticos en contra y un sistema capitalista que está boqueando nuevamente, a lo que hay que sumar una recomposición del tablero de fuerzas internacional, es a lo que se enfrenta un PSOE que tiene todo para ganar. A pesar de la errática estrategia de Iván Redondo y demás asesores de Moncloa; a pesar de estar descomponiendo las bases maestras del propio partido por culpa de esa estrategia; a pesar de la manifiesta incapacidad de algunos dirigentes (pueden señalar ustedes a quien les guste menos); a pesar de todo esto el PSOE volverá a vencer en las elecciones generales mal que les pese a muchas y muchos. Algo que a los finos analistas catódicos se les escapa una y otra vez, no llegan a comprender que por mal que vengan dadas la peor crisis del PSOE ya pasó y las personas saben que, a la izquierda, es el único confiable. Más allá de las propuestas populistas y las revoluciones de las sonrisas que proponen, la realidad es tozuda y permite al PSOE seguir hegemonizando la izquierda. Porque si en el PSOE se cometen errores y sus dirigentes no cautivan, los de las demás formaciones echan para atrás.

Por mucho que se culpabilice en solitario a Sánchez de la repetición de las elecciones, las personas del común saben que a Podemos se les ofreció y no aceptaron una vicepresidencia y tres ministerios. ¿Por qué? Porque eran poco destacados para cubrir la soberbia y la egolatría de quienes se piensan son mejores que los demás. Y tampoco las personas del común se han dejado engañar con las fullerías de Ciudadanos que pudiendo formar un gobierno estable de 180 diputados (con la que se veía venir en Cataluña y la economía) ni se dignaron en hablar con el candidato a presidente. Muy españoles pero sólo cuando pactan con franquistas. Por eso a ambos partidos se les está cayendo el sombrajo mediático que tenían. Y eso que desde medios de la derecha apoyan a Podemos y minimizan su caída en escaños. Es más lo alaban como un no hundimiento. No se asusten si fuese el PP el que tuviese factible gobernar dirían que es un fracaso. Es lo que tiene escribir con clara conciencia de a qué poderes se sirve y bajo un claro parámetro ideológico. Todo lo que dañe al PSOE es bienvenido salvo que perjudique a los propios.

Elementos externos e internos que hoy y mañana verán que no se ven reflejados en las encuestas previas a las votaciones. Salvo suceso extraño el PSOE vencerá, no como afirma el CIS, pero sí con la suficiente diferencia respecto a sus competidores de la izquierda para que estos se enteren de una vez que se trata de colaborar contra los malos que están al otro lado del tablero y en las cúpulas de control de la clase dominante, no en los demás partidos de la izquierda. Igual en esta semana entienden que sólo atacar al PSOE no les ayuda a crecer sino todo lo contrario pues al tener el mismo discurso que las derechas igual les da por pensar a las personas que algo raro hay en todo eso. De hecho parece que están contentos y felices de la existencia de una fuerza franquista que quiere acabar con todos los derechos sociales conquistados a base de lucha por la clase trabajadora. El 10 de noviembre se despejarán todas las dudas y se verá cómo queda el tablero político español, lo que es evidente es que al frente estará el PSOE… por mucho que moleste.

Gane quien gane, gobernarán Florentino Pérez y Ana Botín

Hay cuestiones en esta vida que deberían ser asumidas sin problema alguno. La primera es que el ser humano nace para morir, sin más trascendencia, sin más alharacas; lo bueno o malo que se haga en la tierra aquí queda. No se lleva el ser humano nada a la tumba, ni el espíritu de la historia engorda más por las acciones realizadas. La otra cuestión que debería quedar clara es que, sin cambiar la estructura básica del sistema capitalista actual, las elecciones generales dan igual qué partido las venza, o que coalición de partidos. Al final del camino quienes dominan, aunque no se presenten en sí a las elecciones, acaban mandando igual. Ese mandato puede ser más duro o menos dependiendo de quién gobierne, pero jamás dejaran de mandar y dirigir los que todos sabemos.

En el caso español los personajes simbólicos de este dominio son claramente Florentino Pérez (fracción empresarial) y Ana Botín (fracción financiera). Ellos son los que marcan las directrices básicas de la política económica española. Con Mariano Rajoy se impulsó la precarización y la elusión impositiva, ahora veremos qué más quieren y desean. La fracción financiera de la clase dominante necesita dinero fresco para seguir en su lógica especulativa y de ahí que se escuchen propuestas como la mochila austriaca. La fracción empresarial necesita privatizaciones de lo público para proseguir con su acumulación por desposesión. Se han vuelto tan improductivos per se que necesitan saquear hasta la última gota de los pequeños empresarios y la clase trabajadora.

Si venciesen los partidos de la derecha, España pasaría a ser un país propiedad de la burguesía para hacer y deshacer en la prosecución de la locura en que se ha convertido el capitalismo actual. Un capitalismo que es completamente incoherente en sí porque busca acumular riqueza con el único fin de poder seguir acumulándola en muy pocas manos. Se genera dinero, en muchas ocasiones ficticio, para generar más dinero. No hay ni búsqueda del bien común, ni mejorar la vida de las personas. Sólo acumulación por acumulación. Fíjense en lo que están haciendo en Andalucía o en Madrid los gobiernos del trifachito. Privatizaciones continuadas y entrega del dinero público a manos de ciertas empresas que acaban empeorando los servicios para acumular un dinero que se pone en el sector financiero para seguir el proceso especulativo. Una victoria de las derechas acabaría con la población española tal y como la hemos conocido hasta la fecha. Todas las personas al sector servicios salvo una élite y sus diversos cuadros. Porque necesitan cuadros directivos para cumplir una doble función de engaño. Uno, hacer ver que hay personas que progresan en este tipo de sociedad y que quien no lo hace es por incapacidad y debe autoexplotarse. Y dos tener personas que controlen y justifiquen el sistema contra las masas que pudieran levantarse.

¿Cambiarían las cosas si venciesen las izquierdas? Algo, no piensen que mucho más. Cuando menos las privatizaciones no se harían como se vienen haciendo, lo público tendría algún apoyo, y se intentarían poner parches de todo tipo para evitar la quiebra social. Pero, mientras no haya voluntad de cambio radical, que no la hay en ninguno delos partidos de izquierdas, gobernarían Florentino y Botín de igual forma. Ni Pedro Sánchez, ni Pablo Iglesias se enfrentarán de cara a la clase dominante, la pueden asustar un poco, pero no mucho más. Entre otras cuestiones porque la clase dominante tiene el apoyo del centro de sistema, lo que en Europa significa el apoyo de Alemania como fuerza hegemónica, cuasi imperial. España es un país del centro en el sistema-mundo capitalista, pero eso no empece para que no sea en sí un país semi-periférico en el sistema-continental europeo de ese centro. Esto supone que se está a lo que mande la fuerza hegemónica que en este caso es Alemania. Una vez que se garantizó, frente a Rusia, su propia periferia industrial, España es vista desde Berlín como un país de apoyo para especulaciones varias (suelo, finanzas, etc.), puerta a ciertos mercados y un país de servicios para el imperio.

Angela Merkel no permitiría acabar con la precarización española, más allá del austericidio, porque le interesa a sus empresas. I+D+i low cost, sol y turismo para su clase pequeño burguesa y el control del Mediterráneo. A partir de esos mínimos impuestos desde la Comisión Europea, esto es, Berlín y el BCE, en lo demás hay libertad. Y son esos intersticios en los que viene jugando la izquierda española. Sánchez más por la cuestión de la justicia (poética) social, que no es más que sostener lo poco que hay de Estado de bienestar; e Iglesias más por una versión radical socialdemócrata (que se cumplan los derechos ya existentes) en busca del bienestar para la mayor parte. No supone acabar con el sistema (algo difícil) pero sí de procurar que los españoles vivan decentemente. Por todo ello, la base de ambos programas electorales es situar la carga impositiva de la clase dominante en los parámetros europeos.

Normal que Iglesias se queje de que todo en esta campaña es Cataluña y poco lo económico. No interesa a los poderes económicos hablar de economía porque viene otra crisis sistémica (algo que niega para sorpresa de todo el mundo la ministra de Economía Nadia Calviño) que no se sabe bien qué deparará a los de siempre. Lo que sí es claro es que ninguno de los partidos de izquierdas mira más allá de Berlín y eso que a España le interesaría mucho más abrir puertas con Rusia. Alemania no quiere porque tiene el control de los países del Este (incluso apoyando a los neofascistas ucranianos), pero para la agricultura española, por ejemplo, es un mercado necesario. Más cuando Donald Trump la ha tomado con España (vetos a los productos agrícolas) y el tablero geoestratégico más lógico y favorecedor es el europeo. Nadie toserá a Merkel en este tema porque, en unión con Estados Unidos, componen el eje imperial del capitalismo occidental. Ante esto, nadie se ha movido ni se moverá. ¿Han visto a Podemos en el parlamento europeo decir algo al respecto? España está secuestrada por los acuerdos que en su momento sirvieron para mejorar la calidad de vida de los españoles.

Pérez y Botín, además, están fuertemente imbricados en la economía alemana por lo que cuentan con esa gran aliada que es la presidenta. Realmente están imbricados en la economía-mundo y se consideran empresas TBF (Too Big to Fail, demasiado grandes para caer). Por eso mandan, hacen y deshacen en España esté quien esté en el Gobierno. Esto no debe llevar al desaliento y la abstención. Como se dijo en párrafos anteriores si tuviesen el gobierno las derechas sería peor, por lo que lo deseable en estas próximas elecciones es que venza la izquierda. Esta reflexión tan sólo sirve para tener constancia que por muchos anhelos que se tengan hay un tope infranqueable. Cataluña  al carecer de peso en la economía-mundo, aunque se piensen que lo tienen, no deja de ser un entretenimiento de una pelea intraburguesa que sirve a las derechas para ocultar lo que harían realmente. Darwinismo social que con Rajoy sólo se pudo ver la punta de las intenciones y autoritarismo político.

El sistema está intranquilo y recurre a la represión (que no es lo que ha pasado en Cataluña, eso son juegos de algaradas que no afectan al sistema). Si se tiene un gobierno de izquierdas esto se podrá evitar. Por eso es tan importante que las personas de izquierdas voten y no se queden en casa, siendo conscientes que los límites del juego ya han sido marcados por la clase dominante y en centro del sistema capitalista. De momento, frente a las fuerzas reaccionarias toca aguantar el envite para poder, en cuanto se factible, atacar a la base de un sistema que cada vez muestra con mayor claridad sus contradicciones. Hoy supone votar en masa a los partidos de izquierdas para que tengan una mayoría suficiente (y no, los partidos nacionalistas no son de izquierdas aunque se disfracen de ello) porque será necesaria para la lucha terrible que asoma en lontananza. Si los primero párrafos les asustaron es el momento de que tomen conciencia y sepan qué hacer ahora: que cuando menos ni Florentino, ni Botín duerman tranquilos cuatro años.

10-N: ¿paraíso o abismo?

Justo en el instante de comenzar esta reflexión quedan 10 días para el 10-N. Precisamente comienza la campaña la noche en la que se conmemora el día de los difuntos, de los muertos, ante lo que surge un interrogante: ¿serán esos muertos las derechas o las izquierdas, o quizás ambas?

Si hacemos caso al oráculo de Tezanos, antes llamado CIS, la respuesta estaría clara, las primeras y además por goleada, pero me temo que de nuevo este señor vuelve a barrer para casa sin ser consciente de que esa bravuconada les puede salir fatal.

No es la confianza precisamente lo que necesita una izquierda entre cabreada y decepcionada, sino todo lo contrario. Un CIS con la amenaza de que la derecha extrema y la extrema derecha pudieran llegar al poder podría haber sido mucho más eficaz que este.

Es curiosa la mala puntería que está demostrando Pedro Sánchez a la hora de colocar a sus gurús. Entre Iván Redondo y éste le van a mandar a la oposición a poco que sigan metiendo la pata.

Porque el resto de las encuestas y la percepción social, indica que en el mejor de los casos se va a repetir el resultado anterior, al menos en lo referido a la suma entre bloques.

¿Para eso nos han metido en este nuevo lío? ¿Para que nuevamente haya casi un empate técnico y además que el independentismo (ahora mucho más cabreado) siga siendo imprescindible, excepto para un pacto izquierda-derecha anti natura?

Con un agravante al menos para las opciones del PSOE, que esta vez se elimina la opción de sumar con un Cs en decadencia absoluta.

¿Para qué unas elecciones que servirán apenas para fortalecer a PP y VOX y debilitar a Cs?

¿Qué opciones quedan si aciertan, no ya la previsión del CIS, sino las del resto? Una, que precisamente es la favorita de los poderes fácticos, desde los grandes bancos, al IBEX 35, la gran patronal y Bruselas; que PSOE y PP se pongan de acuerdo de alguna manera, o bien con la abstención de los segundos, o incluso con una “Grosse koalition” al estilo alemán.

Reconozco que me tiembla la mano a la hora de escribir sobre esta opción, pero con un PSOE con 120/125 diputados y un PP en torno a 100 la presión para que sea así va a resultar brutal.

En el caso de que se opte por esa solución, lo normal es que el PP no quiera abrasarse dentro del gobierno con la que se nos viene encima, conflicto catalán, sentencia de los EREs, Brexit y sobre todo la crisis económica.

Preferirá un apoyo externo tibio dejando al PSOE cocerse en el caldo de todos esos conflictos y que la legislatura sea corta, menos de un año, y en las siguientes elecciones arrasar con un electorado socialista indignado debido a esa traición.

Conclusión: la izquierda al propiciar con su desencuentro esta nueva cita electoral podría encontrarse con el paraíso, si se cumplen los vaticinios de Tezanos en los que les da mayoría absoluta, eso sí han sido capaces de aprender del pasado reciente, o el abismo de hacerlo el resto de las previsiones y el pálpito social que indica justo lo contrario.

Pase lo que pase a 10 días del momento de la verdad convendría indicarles a las izquierdas, especialmente PSOE y UP, que o espabilan de manera definitiva o se condenan y con ellos a once millones de progresistas, a un tránsito cruel por el desierto de duración imprevisible.

¿Paraíso o abismo? ¿Triunfo o debacle? ¿Futuro o pasado? ¿Risas o llanto? El domingo 10 a la noche el futuro de este país, el futuro de la izquierda quedará más clarificado.

Veremos……….

Si tuviese ética Casado dimitiría

Básicamente con el titular del análisis bastaría y no haría falta escribir ni una sola línea más. Si Pablo Casado conociese el significado de tener ética, si tuviese esa ética democrática necesaria, ayer mismo hubiese presentado su dimisión y dejaría de hacer campaña. Pero es más sencillo que la mafia vaticana, como se ha conocido esta semana, asesine a otro papa a que alguien en el PP sepa lo que es la ética y la ejerza. Incluso quienes leen estos párrafos dirían que si tuviesen la mínima vergüenza lo harían. No lo harán porque en su perversa visión del mundo entienden que ellas y ellos pueden cometer todas las tropelías del mundo sin tener por qué dar explicaciones o arrepentirse de ello. España es suya y dejan a los demás jugar al juego ese de la democracia, pero hasta ahí. Cuando desean hacer trampas, las hacen porque se creen los dueños de todo por el mero hecho de pertenecer al PP y estar al servicio de la clase dominante.

Casado, por mucho que se deje barba, no deja de ser el sinsorgo de la última campaña, el mitomaníaco que se inventa un mundo donde él es perfecto y los demás deben hacer lo que diga. En realidad, ya hizo cosas raras para obtener sus títulos universitarios, algo por lo que podría ser inhabilitado durante siete años. Es una persona que no ha tenido ningún reparo en pisotear incluso a personas que le apoyaron para llegar a donde ha llegado, que es poco más que la nada. No tiene conciencia moral el presidente del PP porque ni estudió (algo se le hubiese quedado del moralismo kantiano), ni lo aprendió a las faldas de Esperanza Aguirre, ni tiene intención de cambiar el sistema de funcionamiento de su partido. Es más, lo que han intentado con las trampas, como contamos ayer, es un recuerdo de otras épocas donde el pucherazo era la táctica habitual. Cánovas o Maura son sus referentes a este respecto. La reacción que no gusta de la democracia, ni la orgánica del fascismo incluso.

En el PP es conocido que, salvo que los estén llevando esposados, jamás dimiten por algo. Así sea corrupción, así sea haber creado las cloacas del Estado para acabar con Podemos, así sea por cualquier hecho contrario a los principios democráticos. La democracia es para los demás; lo ético también; meter la mano en la caja es connatural a su ideología partidista, por ello una cuestión como intentar adulterar las elecciones mediante el incentivo de la abstención sin dar la cara es casi algo inmanente al PP. Porque lo grave no es pedir la abstención de la izquierda, eso sería hasta comprensible, sino esconderse tras afiliados y asesores para hacerlo y que parezca hecho por gentes de la propia izquierda. Pero son tan estúpidos y tan ignorantes que no se han percatado que en la izquierda, salvo excepciones, la mayoría de las personas por culpa de las políticas laborales del PP están bajo el precariado. Para que lo entiendan, están tiesas. Así que ya olía mal tanta pegatina y tanto cartel sin firma y atacando a PSOE y Podemos. Y para rematar querían culpar a los errejonistas, que bastante tienen con lo suyo como para gastarse lo que no tienen en carteles. Acostumbrados como están a saquear las arcas públicas para financiarse o que lo hagan los empresarios, piensan que los demás hacen lo mismo.

Si España fuese una democracia asentada los medios de comunicación de la derecha estarían clamando al cielo y pidiendo la dimisión de Casado. Al ser una dictadura de clase en muchos de sus elementos, que cada vez son más evidentes, lo ocultan y lo callan. Por suerte hay la suficiente democracia para que algunos medios de comunicación se atrevan a sacar los trapos sucios. No se meten con los bancos y demás trapicheos pero sí denuncian estas cosas. Carentes de ética, de Casado y de los medios de la derecha que le sustentan no se puede esperar la dimisión, sólo difundir las noticias y denunciar lo que hacen podría servir para intentar que los que tienen formación cristiana y siguen votando al PP al menos tengan esa duda ética que sus dirigentes no tienen. Hasta el momento le han permitido a Casado plagiar, hacer un master donde no encuentran convalidaciones, mentir continuadamente y ahora adulterar las elecciones. Cuando dicen que la izquierda siempre alardea de una superioridad moral que analicen, si tienen la mínima capacidad, que por cosas como estas es por las que esa superioridad es clara y patente.

El PP vuelve a intentar adulterar unas elecciones

Lo negarán todo como suelen hacer, porque buena parte de la prensa les protege en todas sus tropelías, pero lo que ha quedado claro con la campaña de fomento de la abstención promovida desde cuentas abiertas por personas vinculadas al asesoramiento del PP, es que el partido conservador no se ve capaz de vencer en unas elecciones sino es haciendo algún tipo de trampa o adulteración de la campaña. Desde los tiempos de Manuel Fraga, con el respaldo financiero del banco de Santander y sus préstamos en barra de hielo o con contraídos por mendigos, hasta estos últimos de Pablo Casado el PP, pasando por la célebre conspiración contra Felipe González, siempre ha utilizado todos los mecanismos ilegales e inmorales que ha podido para vencer en las diversas elecciones. Nunca han confiado, ni en sus candidatos, ni en su discurso.

Según han desvelado diversos medios de comunicación, y han denunciado desde Más País pues se ha venido utilizando una falsa cuenta de Íñigo Errejón, gentes al servicio de asesores del PP han intentado desalentar al voto de la izquierda mediante la petición de una abstención masiva contra PSOE y Podemos. No es que lo pidan cargos del PP, que sería lo lícito, sino que se hace desde los intersticios de las redes sociales con el único objeto de conseguir la victoria del PP y de la derecha en general. Una treta que ya utilizaron durante la campaña andaluza contra Susana Díaz al utilizar cuentas que hablaban del odio entre la candidata y el secretario general del PSOE y que pudo resultar vistos los resultados de baja participación en el flanco socialdemócrata (aunque Juan Manuel Moreno Bonilla sacó los peores resultados de la historia del PP andaluz). Ahora intentaban la misma jugada metiendo en el saco a Podemos y utilizando al errejonismo como ariete.

El problema es que el sistema de provocar una gran abstención, con pegatinas o mensajes en redes sociales, en unas elecciones tan polarizadas en las posiciones de cada partido, igual podía parecer extraño. Más si intentando que fuese el errejonismo el que cargase con las culpas pues esa acción no cuadraría con sus propias posiciones hechas públicas. El conflicto Díaz-Sánchez podía pasar desapercibido porque estúpidos dentro de un sector los puede haber, pero pensar que en toda la izquierda son estúpidos y no se extrañarían e investigarían sólo puede ser producto de un personaje tan estúpido como piensa él de los demás. Claro que “iba a cantar” una campaña así, además empapelando ciudades como Granada con esas pegatinas. Olía a la primera que era una táctica de las derechas, una táctica fascista de desorientación por cierto, y así se ha acabado demostrando.

Lo increíble es que el Partido de la clase dominante deba recurrir a estas tretas y a estrategias tan elementales que no cuelan cuando dispone de la mayoría de medios de comunicación. El sinsorgo de Casado la verdad es que no despierta pasiones ni callado, pero de ahí a tener que utilizar métodos inmorales hay un trecho. Claro que hablamos del partido que ha acudido dopado hasta las elecciones de 2012 gracias al saqueo de las arcas públicas (ahí tienen los casos valencianos y madrileños) y que viene adulterando la democracia siempre que puede. No sólo en favor de la clase dominante (lo que se conoce como acumulación por desposesión de lo público), sino de sus mitos e intereses personales. No partidistas solamente sino personales como se comprueba en la negación de comisiones de investigación y demás. Una forma de adulterar la democracia desde su propia base… otra vez.

Pedro Sánchez tiene razón

La búsqueda de la verdad, que es parte del proyecto ilustrado y de la modernidad (por mucho que ahora se esté en una postmodernidad o modernidad tardía o líquida), siempre ha estado imbricada con la racionalidad. Dar la razón a alguien, por tanto, es reconocerle que mediante la racionalidad, el análisis de la realidad y cálculo de sus afirmaciones ha llegado a esa verdad, de ahí que negarle a una persona la razón, cuando ha demostrado tenerla, es mero ejercicio de funambulismo teórico o estar en el lado del fanático o el inculto. Esto ha pasado ayer con Pedro Sánchez, que ha dicho una verdad que no se quiere aceptar por parte de aquellos a los que esa verdad desnuda. Y si tiene razón hay que dársela y aceptarlo con la mayor naturalidad. Algunos dirán que para una ve que la tiene…, pero más allá de la mala leche que se pueden gastar algunos veámos en qué tiene razón el dirigente del PSOE.

En una entrevista en Antena3, para pesar de alguno que siempre estaba allí y que ahora purga sus penas naranjas, Sánchez afirmó que tanto a los independentistas como a las derechas españolas les acaba uniendo su forma de pensar. Esto es, que ambas partes sólo conciben sus naciones como únicas e indivisibles. Esta simple afirmación, sobre la que hemos escrito largo y tendido en estas páginas (en las últimas fechas señalando a Podemos como partícipes del apoyo a una de las partes), ha causado gran malestar en el entorno catalán y en el españolista. Esa simple verdad, que ahora analizaremos, les ha dejado desnudos ante la gran mayoría de las personas. Un acierto del presidente en funciones para desenmascarar la ola de patrioterismo barato que se gastan las derechas y afines. El tema catalán, que no deja de ser el tema español, no es más que un problema de fanatismos cuasi religiosos, de historias falseadas, de encubrimientos varios y de una lucha por cuestiones muy lejanas de lo cultural (entendido como algo que va más allá de la industria del espectáculo).

Da igual el tipo de nacionalismo al que se acojan, si más centralista o más periférico, si más cívico o más étnico, el caso es que todos los nacionalismos son iguales. Dependiendo de la coyuntura dada pueden ser más o menos beligerantes pero en el fondo están todos infectados con el mismo virus. Y hablamos de nacionalismos no de naciones en sí que en numerosas ocasiones son creadas después de la aparición del nacionalismo o por la acción del mismo. Por tanto, Sánchez tiene razón al decir que ambas posiciones, la de los independentistas y la de los “españolistas”, parten del mismo supuesto de univocidad nacional y por ende irreconciliables en ese punto de fanatismo. Además, ambas parten de un sentido nacional-católico donde se vincula la religión con la nación. Mientras unos engañan con la cruzada histórica, otros lo hacen con los derechos naturales perdidos. En ambos casos los otros no sólo son enemigos de la nación, sino que también son pecadores y traidores al sentido de la historia que el divino redentor ha marcado a sus respectivas naciones. Ambos nacionalismos reaccionarios, uno más carlista y otro más franquista.

Esto tiene consecuencias estratégicas que es lo que intentaba explicar Sánchez. Desde el momento en que ambas posiciones son frentistas y fanáticas no hay diálogo posible hasta que accedan ambas a entrar en la lógica de la racionalidad y, por tanto, el diálogo sin observar derrotas o victorias. El amaneramiento político de Sánchez se debería a intentar que los catalanes entrasen  en la senda constitucional del diálogo y que las derechas quedasen señaladas como incapaces de gestionar un problema de tal calado. No hay que olvidar tampoco que detrás de ambos nacionalismos hay potentes intereses económicos de las respectivas fracciones de la burguesía, en busca de sus propios intereses económicos y que manejan la ideología nacionalista como mecanismo de ocultación de la estrategia de dominio. El presidente, no siendo consciente de esto con total seguridad, empero sí ha sabido captar que deben cambiar sus acciones y discursos unívocos si es que se quiere evitar la confrontación. Cuestión bien distinta es que ambas derechas quieran confrontar hasta el final porque, en último término, el racismo/supremacismo de ambas posiciones se lo impida.

Tezanos se pasa a la brujería

Afirmó nada más llegar a su cargo de presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que ofrecer los datos en bruto, ajustándolos al censo, era ciencia, lo demás (proyecciones, simulaciones, datos elaborados…) brujería. Siguiendo esa misma lógica, se puede decir, sin equivocarse en la afirmación, que José Félix Tezanos se ha pasado a la brujería abandonando la sociología electoral. Las proyecciones y estimaciones realizadas en el sondeo previo del CIS para las elecciones generales del 10 de noviembre no son más que brujería. Y vistos los datos parecen que incluso brujería de andar por casa.

Jamás ha sido Tezanos experto en sociología electoral. Su ámbito de estudio ha estado enfocado en otros dimes y diretes sociales. De hecho, jamás ha acertado una encuesta electoral de las muchas que ha hecho en más de cuarenta años de profesión. En el PSOE de antaño confiaban mucho más en Julián Santamaría o en Ignacio Varela que en los sondeos que hacía Tezanos. Incluso estando en el CIS, el sondeo previo a las elecciones andaluzas fue un fracaso estrepitoso. Que en las últimas elecciones fuese el que más se acercó (aunque la mayoría rondaban los datos) podría deberse a la suerte, porque la pericia del sociólogo nunca ha quedado demostrada. ¿Hay que hacer caso a los datos ofrecidos por el CIS ayer mismo? No. Así de claro y de rotundo. La brujería tiene su gracia cuando es magia blanca, pero cuando es magia negra siempre hay peligros que acechan a la vuelta de la esquina. Y lo que el CIS presentó ayer es pura magia negra. ¿Quiere decir esto que el PSOE no ganará las elecciones? No. Las ganará con toda probabilidad (salvo que ocurra algo imprevisto o extraño) pero no en los márgenes que ofrece Tezanos en su curso de brujería para mentes despistadas.

José Luis Ábalos, por ejemplo, no ha querido excederse en los comentarios sobre los datos, aunque ha jugado con ellos electoralmente como no podía ser de otra forma. Sabe que no son muy fiables porque en el PSOE llevan trabajando desde hace meses con sondeos propios que reflejan algo muy distinto, según fuentes internas de Moncloa y Ferraz. De hecho, los trackings (sondeos diarios) de los últimos días no muestran esa posibilidad de llegar a 150 escaños, casi ni a los 133 de la estimación más corta. “El PSOE sigue siendo la opción de gobierno preferida y, curiosamente, es la opción de gobierno que más factible ven el conjunto de los electores [asegurando que] tenemos que trabajar en esta línea de procurar un gobierno que lleve adelante una agenda de cambio reformista” ha afirmado el ministro en funciones. No podía tirar piedras sobre su propio tejado y se ha dedicado a valorar lo que, en realidad, dicen todos los sondeos que se publican semanalmente: que el PSOE ganará y es quien debería formar gobierno. Rafael Simancas, quien tanto le debe a Tezanos, sin embargo, se ha lanzado a glorificar los datos mediante un tuit en el que refleja que el CIS no se equivocó en abril. Muy electoral pero, como ya se ha dicho, tampoco hay que sacar pecho por la primera vez que acierta el sociólogo. Y además, a estas alturas y con la aleatoriedad que muestra la propia encuesta del CIS (35% de indecisos), no es lo más prudente en términos electorales. Pero Simancas, de derrota en derrota, no ha sabido nunca ver los datos.

Después de estos párrafos se preguntarán ustedes ¿qué es lo que está mal en los datos del CIS? Aquí van las contradicciones encontradas. La primera que han destacado la mayoría de periódicos y doxósofos de la cosa en cuestión es que la recogida de datos se realizó antes de la sentencia del procés y de la exhumación del dictador. Cierto es pero no se sabe en qué sentido eso tendría que ser negativo para el Gobierno en funciones o por qué afectar negativamente al PSOE y no a los demás partidos. Pareciera, bajo esos parámetros analíticos, que el nacionalismo catalán contase con aguerridos partidarios en toda España (cuando no es cierto) o que la salida de la momia aumente la participación de las derechas (¿son los españoles todos franquistas?). Alguna influencia existe pero no para cambiar más de dos puntos porcentuales. El problema principal de la muestra está en que se ve claramente sesgada hacia la izquierda, no por voluntad de las personas, sino por la muestra realizada.

Imaginen que les toca hacer una encuesta en el barrio de Salamanca (o el barrio más conservador de su ciudad) y en la misma los datos que se le ofrecen dicen que allí votarían todos a Izquierda Unida. Desde luego se sorprenderían porque no hay datos anteriores de ese cambio, ni demográficos, ni de intención de voto. De cuatro encuestas, debido a la aleatoriedad de la muestra, han coincidido con tres votantes de IU y una persona que se abstiene. Esto mismo, pero a lo grande, es lo que muestran los datos provinciales del CIS. Hay un claro sesgo hacia la izquierda que no han querido modificar y eso no es alterar la muestra sino corregir errores (de hecho todas las encuestas tienen numerosas preguntas que luego no se publican pero que sirven de control de mentiras y de estas cuestiones). Esta es la gran contradicción que acaba dando lugar a que el PSOE casi se salga del mapa de escaños (hasta 150), que Podemos suba (o no baje) y que además Más Madrid gane 4 diputados. Estos datos serían factibles si los parámetros anteriores, incluso los del propio CIS, dijesen que eso es algo habitual. Y no hay ninguna proyección que diga que España haya virado hacia la izquierda de esa manera.

Y como hay un sesgo hacia la izquierda, existe una minusvaloración de los partidos a la derecha del espectro. Así PP sube poco, casi lo que pierde Ciudadanos, y Vox incluso pierde votos. Si ven los porcentajes estimados los naranjas y los neofascistas bajan considerablemente sin que el PP acabe por captar ese voto. El de Ciudadanos bien podría ir al PSOE, pero las transferencias de voto que el CIS marca no ofrecen unas transferencias tan amplias como para llegar a ese casi 33% de voto. Toda la izquierda sube, el PP sube y los pocos votos que pierden los demás partidos no suman lo suficiente para que suban los que suben. Esta es una gran contradicción que se deriva del error muestral antes comentado. A ello hay que sumar que existe un 35% de indecisos en la muestra y parece que la mayoría se adjudican hacia el espectro izquierda y no la abstención. Según el CIS, no sólo no bajará la participación sino que a este ritmo incluso subirá y marcará un record estatal. Cosas de brujería sin duda.

Por último, cabe destacar que no es posible que todas las encuestadoras (las hay para todo tipo de periódicos) estén marcando unas tendencias muy dispares con respecto a lo que señala el CIS. Sin hacer caso en sí a los datos de las encuestas, éstas marcan tendencias de subida o bajada que en todas son similares. En unas sube más el PP, en otras baja más Podemos, pero en casi todas el PSOE se mantiene a la espera de ver si el porcentaje les permite más o menos escaños que en las elecciones de abril. Si haces 18.000 encuestas con una muestra mal elaborada tienes más errores que encuestas de 2.000 encuestas pero bien hechas. La cantidad no marca la calidad en sí. Y claro es difícil abstraerse de todas esas encuestas y trackings que se están realizando y que muestran tendencias completamente dispares a las del CIS. No puede ser que el PSOE, en promedio, tenga un 27,5% y en el CIS casi un 33%. Que Podemos baje en todas hasta casi un 11% y en el CIS se sitúe como tercera fuerza política. Que el PP suba hasta los noventa y tantos escaños en todas y en el CIS ni roza esa cifra. Son datos demasiados dispares de muchas empresas (por tanto distintos intereses, por si lo quieren ver desde ese lado) con respecto a lo del CIS. Es como cuando te dicen que no vayas por un camino que es pedregoso cinco o seis personas y no haces caso y acabas rompiendo la transmisión del coche. Si todos dicen que no parece ese el camino por algo será.

Y esto tiene una consecuencia clara, puede activar la abstención de la izquierda. Una vez que se ven datos así de esperanzadores y de posibilidad de mayoría absoluta con acuerdos, eso sí, los votantes pueden decidir que ese día no acuden a votar porque está hecho. Y lo que era una victoria se puede transformar en un susto. Por eso en el PSOE jamás hicieron caso a Tezanos, que siempre daba casi como ganador a su propio partido, porque saben que siempre comete errores gordos. Algo que parece haber trasladado a su presidencia del CIS. El PSOE haría bien en olvidarse de estos datos que tienen pinta de brujería electoral y centrarse en los que van recogiendo día a día. Es más no deberían ni difundirlos más si quieren lograr una victoria clara que las demás encuestas no marcan. Dejar la magia negra de Tezanos que, como reverso tenebroso, tiene la desmovilización de la izquierda y la movilización de la derecha. No es tiempo de brujos sino de acción política y ya se verá qué sale. O igual como mañana es la noche de Halloween ha querido celebrarla…

Los juguetes rotos de la burguesía mediática

Los tuvimos hasta en la sopa, como se suele decir. Hubo un tiempo que todo pasaba por ellos y las personas no podían desprenderse de sus caras, voces y propuestas desde el amanecer al anochecer en todos los medios de comunicación del  país. Frente a dos dirigentes sosainas como Rajoy y Sánchez, nos vendían a Albert Rivera y Pablo Iglesias como la perfección hecha político, como los que en breve dominarían el cotarro de la política española, como los que revolucionarían la estructura del sistema y nos traerían una arcadia maravillosa. Hoy, en el breve lapso de cuatro años las cosas han cambiado tanto que casi han desaparecido de los medios de comunicación y sus personas se asemejan mucho más a unos juguetes rotos que a quienes cambiarían la faz de la tierra.

Perfiles populistas en ambos casos, uno más pijo, otro más bohemio. Demagogos profesionalizados que vendían su producto con el apoyo de la burguesía mediática, no tanto por lograr llevar sus demandas al parlamento, eso ya lo conseguían con los demás, como por captar unas audiencias que bajaban estrepitosamente y con ello la cuenta de resultados de sus empresas. Rivera e Iglesias sirvieron de nutriente para los bolsillos de la fracción mediática de la burguesía. Los medios consiguieron recuperar visitas y audiencias gracias a estos dos políticos que no paraban de salir desde el desayuno al late Night. Ambos, además, repartiéndose bien en los dos espacios que había creado la burguesía mediática. Los de Soros y Roures apoyando con todos la intelligentzia que tienen contratada a Podemos; los de la fracción financiera apoyando a Ciudadanos. Un reparto equitativo de los beneficios entre ambas partes. Una clásica unión de capitalistas que no desean perder todo su poder de acumulación y se alían para quedarse con el pastel entero. Mientras Rivera e Iglesias como dos simples marionetas manejados por ese poder mediático.

En Podemos transmiten en los últimos tiempos que en La Sexta ya no les apoyan; que los medios de comunicación ya no dan prioridad a sus denuncias de mochilas y demás mangoneos del establishment (tampoco ellos apoyaron esas denuncias cuando algunos medios las sacaron, es justo decirlo); que los poderosos les quieren fuera por ser peligrosos y demás argumentos de plañidera de funeral de pobre. Jamás se quejaron cuando los mayorales, las belarras, las monteros, los echeniques, los espinares, los errejones, las serra, las díez, las rodríguez, los assens y los anticapis aparecían a todas horas y por cualquier circunstancia. No supieron ver que les estaban utilizando para beneficio empresarial y ahora que, políticamente cuentan poco o casi nada, han dejado de ser rentables. Mientras hubo posibilidad de superar al PSOE, por aquello del morbo, les dieron cuartel no fuese que… En cuanto Sánchez se hizo con las riendas del Estado, y por tanto con la posibilidad de influir en la reproducción sistémica, Podemos y demás amigos pasaron a un segundo plano. Sin capacidad de alcanzar el poder Iglesias y su cada vez más pequeño grupo dirigente no les sirve y lo poco que aparecen es para cubrir el expediente. Ahora les llaman para dejarles mal o señalarles como esperpénticos.

Lo mismo ocurre con Rivera. De ser el campeón del españolismo, ser el freno populista de la derecha financiera contra el de la izquierda y quien acabaría con el PP, ha pasado a ser el apestado de la derecha. El PP, como pasó al PSOE, no se hundió y nació la extrema derecha que le sirve mucho más a la burguesía. Además, Rivera y sus secuaces cometieron el error de no hacer caso a la fracción financiera de la clase dominante. No pactaron con el PSOE un gobierno con mayoría de ciento ochenta y tantos diputados y eso supuso su ruina. Un partido de derechas que no sirve a los poderosos está condenado a morir. Y eso le está pasando ahora a Rivera. No le queda ni un medio de comunicación que le ría las gracias. Los cafés prefieren tomárselos ahora con los abascales de turno y sus bufonadas no tienen más que el apoyo de algunos columnistas. No serán crueles en su derrota, pero tampoco les darán árnica para curarse las heridas.

Dos ególatras aupados por los medios, que han llevado sus organizaciones como verdaderas dictaduras unipersonales, con vaivenes constantes y mucha soberbia por el camino, les ha llevado a ser dejados de lado por el establishment mediático. Una clase dirigente que, por cierto, no supo analizar realmente que no era tan sencillo quebrar las estructuras políticas de España. Se pensaban que, por el simple deseo del poder económico, las cosas cambiarían descuidando el factor subjetivo de la tradición. Por mucho que vendieron a sus neófitos, las preferencias de las personas no cambian de un día para otro en materia política. Esa estructura se maneja con mecanismos más profundos que el simple cambio de unas mercancías por otras. Y como los dirigentes a los que apoyaron tampoco es que cayesen bien al común, más bien lo contrario, es de esperar que hasta les haya costado dinero la inversión. Les estaría bien empleado.