viernes, 2 enero, 2026

El lado más conservador de Errejón

En cuanto ha aparecido un poco más de lo habitual en las televisiones y radios (el establishment le apoya para acabar con Pablo Iglesias), el ser interior de Íñigo Errejón ha salido a la palestra. Ese espíritu de clase escondido bajo capas de populismo y bohemia (burguesa obviamente), acaba saliendo en cuanto uno menos se lo espera. Ha querido convencernos que, como pedía en sus tiempos Louis Althusser, había asumido su condición y había bajado a la tierra donde habitan las clases populares (en su terminología). Nunca le gustó el sentimiento obrerista de Izquierda Unida, ni el olor revolucionario de Anticapitalistas y no era por una actitud posibilista sin más, sino porque la condición de clase sigue prevaleciendo dentro de él. Errejón deja de serlo por cambiar el lenguaje y hacer algunas citas de Karl Marx.

Le entrevistaron hace poco y en un alarde de sinceridad Errejón contestó que al igual que “todos los españoles ceden todos los días en sus trabajos, ¿por qué los líderes políticos no pueden hacerlo?”. Si aún no les ha dado un pasmo leerlo vayamos con el análisis. Para cualquier persona de izquierdas, sea socialdemócrata o anarquista, es obvio que las relaciones laborales no son un contrato libre como dicen los neoliberales. Es producto de una explotación (asumida dirían los más moderados), de una necesidad porque no tienen más que vender su fuerza productiva (sea manual o intelectual). Esto es de primero de izquierdas y por eso se apoyan las reivindicaciones sindicales, se piden la derogación de las reformas laborales de la clase dominante, existen las huelgas y demás luchas. Las personas, sean españoles o no (que esa es otra), no es que cedan, es que se ven obligados a imposiciones, condiciones precarias, gritos (muchas veces de ineptos totales) y muchas situaciones carentes de un mínimo de humanidad, todo ello con el fin de sobrevivir. No hay cesión sino explotación y alienación.

Se nota que no la corta vida del investigador becado, del intelectual de salón que se encuentra alejado de la materialidad de la vida misma. Mucho discurso radical de joven pero comida caliente al llegar a casa. No es el único son unos cuantos. Normal que una excompañera, como la diputada madrileña de Podemos Carolina Alonso, le haya recordado lo que significa ser de la clase trabajadora en el día a día, como pueden ver el tuit que encabeza este párrafo. Ese esfuerzo althusseriano de bajar del pedestal del intelectual pequeño burgués no lo ha hecho, ni intención de hacerlo tiene. Y es que se le nota en cuanto se descuida. Se jacta de leer a Marx en redes y en entrevistas pero ha debido leer toda la paja humanista desechable y los análisis que le escribía Friedrich Engels sobre historia (que publicaba en Estados Unidos, por ejemplo, como ha dejado claro Gareth Stedman Jones en su apabullante biografía),y ha olvidado un elemento clave como es el proceso de alienación. Así hubiese comprendido que no hay cesión voluntaria, sino utilización del trabajador como pura mercancía.

Con las cuatro cosas peronistas de Ernesto Laclau y lo agonista de Chantal Mouffe (y si se puede meter la hipótesis Polanyi mejor que mejor) ya tiene de sobra para parecer de izquierdas. Basta con decir que el capitalismo es malo y que mata el ecosistema (las personas como ceden no deben morir) para andar por los caminos del ecocapitalismo. Como hemos contado en más de una ocasión, el movimiento de Errejón lo mismo se presenta en una manifestación, que se hace querer por la aristocracia obrera, que es el primero en abrazarse a Albert Rivera en aras del consenso. Ese consenso, que es el mantra de la ideología dominante para que nada se mueva salvo lo mercantilizable, se asienta sobre una base tan espiritual como gaseosa de lo mejor para el país. Al final, como es conocido, ese “lo mejor para el país” curiosamente siempre encaja a la perfección con los intereses generales de la clase dominante. “El bloqueo quien más lo paga son los trabajadores y las familias de clase media en España. Hace falta anteponer la cultura del acuerdo a una cultura exclusivamente de los intereses de partido” es la frase típica para hacer caer en la trampa populista. Un “lo que quieren oír” señalando dos clases para captar voto, lo que hace siempre Rivera. Realmente la aspiración del errejonismo es establecer un peronismo occidentalizado.

Al final del camino, desconociendo la alienación, permitiendo la completa mercantilización del ser humano (vientres de alquiler) y la individualización del deseo construye un pueblo para que nada cambie. La hipótesis Polanyi de cambio social no es más que el tránsito, nuevamente, hacia posiciones que, como diría José Saramago, suena amable, dice cosas que parecen razonables, pero es lo que es. Demuestra con sus palabras que inmanentemente no es más que un pequeño burgués, la izquierda caviar, la bohemia burguesa que acaba mirando por los intereses de la clase dominante aun cuando parezca que la critica. Si se fijan bien tan sólo hablan de ciertos males del sistema (corrupción, mala gestión…) pero jamás les verán atacando la base del sistema. No les interesa porque sería acabar con su propia situación de clase, ahora transformada en oligarquía política. Mucho referéndum para elegir cosas y personas que ya estaban elegidas como método de engaño del pueblo del que dicen ser su transubstanciación, pero que como ocurre con la hostia consagrada no deja de ser un mito. La próxima vez que vean a Errejon y piensen que es majete, que habla bien, que parece amable, vuelvan a leer este artículo y verán que no deja de ser sino un peón de la clase dominante.

A modo de precampaña electoral izquierdista

El capitalismo no ha sido capaz de superar los desequilibrios de la economía durante los más de diez años desde que se produjo la gran recesión y,  en los momentos actuales, la economía mundial se encuentra totalmente trastornada y presenta algunos de los rasgos clásicos más perturbadores, muy similares a los que se produjeron en los años treinta, salvando las distancias.

Los ataques contra China y Europa por parte de Trump, con el agravamiento de la guerra comercial, anunciada contra la Uniòn Europea en su conjunto podrían tener consecuencias graves y no es lo mismo que lo gestione una derecha “Trifachita” en el Estado español, heredera natural de la Dictadura, que lo pudiese acometer un Gobierno de Izquierdas fuerte, pero eso va a depender, no solo del voto de la ciudadanía el próximo 10-N (aunque vamos con retraso), sino de la inutilidad o capacidad de los dirigentes de las izquierdas en formar un Gobierno favorable a la clase trabajadora.

Las acciones de masas han seguido creciendo con relación al año anterior y el proceso de polarización aumenta entre los bloques (derechas e izquierdas). Incluso la izquierda marxista sigue creciendo tanto en el interno del PSOE como desde fuera, tanto en términos cualitativos como cuantitativos; asimismo grupos y partidos de izquierdas  están proliferando, buscando cada vez una dirección más firme, pero en vez de marchar hacia la unidad, se camina en sentido contrario, hacia la dispersión, lo cual favorece a las derechas y debilita globalmente a las izquierda; sabemos  también que la debilidad invita a la agresión por parte de las derechas.

En este incesante proceso de radicalización de la sociedad, entre el mundo del capital y el mundo del trabajo, vemos como sigue creciendo la desigualdad y se expresan con más crudeza las necesidades de la clase trabajadora, debido a que han consumido las grasas que tenían las masas cuando antes de la recesión se empezó a construir el Estado de Bienestar.

En los últimos años del Gobierno Rajoy, con su política de recortes, austeridad y ataques constantes a los derechos adquiridos, en caso de venir los mismos de nuevo,   traerán más intentos de recortes y austeridad; hostigada la clase trabajadora podría verse obligada a defenderse y saltar a la lucha, incluso por encima de los sindicatos de clase que están bastante acongojados y atrapados en sus pactos permanentes sin frutos que ofrecer a los asalariados.

Aquellos agoreros que dicen que la “clase trabajadora ya no existe”, que es imposible hacer nada o incluso que  la situación ha mutado y no existen las clases, están en un tremendo error, pues va creciendo el proceso molecular de toma de conciencia aunque todavía no se ha desatado el conflicto y las luchas.

Por otra parte, esos trabajadores que todavía se consideran capas medias, junto con los derechistas que aúllan desde fuera del movimiento obrero diciendo que hace falta un cambio social, unos que a la derecha y otros que a la izquierda, si en vez de estar en plan contemplativo, desde fuera de los partidos, sindicatos y organizaciones de clase, diciendo que hace falta el giro a la izquierda,  fueran consecuentes y entraran a luchar desde dentro de las organizaciones que más se acerque a sus planteamientos y lo hiciesen encuadrados en corrientes críticas o incluso en las tropecientas siglas que abundan en el panorama político, sindical y social, ya se habrían producido algunos cambios sociales avanzados que la mayoría del pueblo reclama.

Es cierto que existe  recelo, apatía o desgana con relación a los comportamientos de las Direcciones Políticas del arco parlamentario, pero está representada desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, por lo que no hay excusa para no querer participar en política.

Cualquiera podría encuadrarse en una organización, como están haciendo los fascistas que apoyan a sus organizaciones respectivas y por tanto, es legítimo que el trabajador que se considere progresista, socialista, comunista, anarquista o de cualquier otra ideología, pueda ayudar a producir ese cambio a la izquierda,  comprometiéndose en la lucha por ese giro social que reclama y que la mayoría de las encuestas señalan como un nuevo modelo que estaría a la izquierda de la socialdemocracia, que aparece como muy moderada, pero, a su vez, rechazando el estalinismo que aparece demasiado radical.

Días pasados se publicó un artículo muy interesante en Diario 16 titulado La tradición marxista del PSOE sigue viva escrito por  Santiago Aparicio, muy recomendable para los trabajadores en general en el que se hacía referencia a una de las corrientes internas del PSOE, Izquierda Socialista que viene luchando por el cambio hacia un programa Socialista Democrático, basado en el programa marxista de transición al socialismo,  legado por los fundadores del PSOE, UGT y JJSS, aunque actualizado, pero criticando la situación en la que han quedado atrapados, unos por el sectarismo de los modelos estalinistas, periclitados por la historia y otros por el oportunismo y falta de perspectivas y programa de la socialdemocracia, que está desapareciendo en toda Europa, porque se empeñan en mirar siempre a derechas, cuando tiene que formarse gobierno y sufre presiones de la clase dominante.

En democracia deben ser los votos los que hagan cambiar la correlación de fuerzas entre derechas e izquierdas, tanto en el plano organizativo como en la lucha entre las clases, pero para ello es preciso reconocer que falta potenciar y fomentar el activismo en las organizaciones de los trabajadores y la juventud.

Las encuestas dan unos pronósticos bastante pesimistas a la hora de mostrar datos de abstención que podrían crecer en las próximas elecciones del 10-N, lo cual es bastante preocupante para las izquierdas.

Comprendemos que muchos trabajadores, después de horas de trabajo cansino y mal pagado tengan pocas ganar de ayudar o colaborar en organizaciones sociales, políticas o sindicales, aunque existen muchos colectivos que sí se muestran cada vez más combativos.

Por desgracia ha calado bastante la filosofía individualista de la clase dominante y mucha gente va por libre y no están acostumbrados ni tienen ganas de entrar ni siquiera a debatir y exigir lo que necesitan, pero eso está empezando a cambiar, como vemos con los movimientos de los pensionistas, el feminismo, la lucha contra el Cambio Climático, las diversas batallas a nivel local por reivindicaciones puntuales, etc.

Existen países donde se ha empezado a dar esa batalla interna en los partidos de la izquierda, como por ejemplo en Gran Bretaña, que con su situación tan explosiva por el inminente Brexit a la que se enfrentan, ha aumentado la “polarización, la radicalización y la fase de politización”. Se ha expresado por un giro vertiginoso en el Laborismo con una subida de participación interna y reafiliación de miles de jóvenes y trabajadores, que le han dado el triunfo al socialista Jeremy Corbyn, derrotando al sector más moderado del laborismo, lo que representa un giro a la izquierda y empiezan a defender un “programa socialista democrático”.

Algo parecido está ocurriendo en EEUU con la subida de crecimiento de las izquierdas, enfrentadas claramente a Trump y con candidatos en el Partido Demócrata que se declaran socialistas como Bernie Sanders, que en un claro giro a la izquierda está subiendo como la espuma, o el caso de Jean-Luc Mélenchon que logró aglutinar en torno a la fuerza “Francia Insumnisa” a un amplio sector de las izquierdas francesas.

Igualmente en el Estado español ya se ha producido un procedo de “polarización, radicalización y la fase de politización” que se dio con el movimiento 15-M y el buen resultado que obtuvo Unidas-Podemos, dilapidado por los errores de Pablo Iglesias, pues las encuestas les pronostican un severo castigo que podría estar próximo, pudiendo afectar al conjunto de las izquierdas. La clase trabajadora tiene que movilizarse y acudir a las urnas, exigiendo un gobierno izquierdista el 10-N.

No está la situación para abstenciones de izquierdas. Los mayores sufrimos la Dictadura  que nos quitó 40 años sin acudir a las urnas, por lo tanto sigue siendo en cualquier momento el propicio para expresar políticamente con el voto, las ansias y necesidades de cambio o la indignación que se pudiese expresar por cualquier trabajado.

Derrotar al abstencionismo y a las Derechas “Trifachitas” debe ser el objetivo. Si no lo conseguimos ahora  llamados a las urnas quizás se tendría que producir en luchas y explosiones sociales, más temprano o más tarde, tomando calles y plazas con protestas masivas si la situación social y territorial sigue estancada o empeora.

No obstante hay un debate abierto que debe ser a fondo para analizar los errores en cuestiones orgánicas y programáticas que hayan cometido las direcciones del movimiento obrero y partidos de izquierdas, que debemos seguir fomentando,  exigiendo reuniones para que haya debates donde podamos expresarnos con libertad como clase trabajadora y ese debate hay que darlo y exigirlo en la campaña electoral.

Mi opinión es que debemos pelear como clase trabajadora en las organizaciones, cada cual en la suya, por las mejores propuestas democráticas explicando las carencias y necesidades que tengamos en nuestros centros de trabajo, pueblo, barrio o ciudad, allí donde existe un trabajador concienciado, sea progresista o más de izquierda.

Es el momento de auto/convocarnos a la luchar solidariamente por las problemáticas concretas representadas en las reclamaciones que salgan de nuestras carencias y necesidades; adherirnos a plataformas de luchan allí donde haya un activista y que existan debates populares para defender al conjunto de la sociedad, dejándonos de individualismos y localismos (que también), pero ver la cuestión levantando la vista.

Participar en debates abiertos y democráticos en el seno de la sociedad,  es necesario y posible porque en algunos sectores y corrientes lo estamos llevando a cabo. Sabemos que cantidad de luchadores han tirado la toalla, quemados por la situación y muchos de ellos, que antes quizás lo dieron todo por una causa noble y limpia de “un socialismo ético”, ahora se encuentran desanimados, pero debieran movilizarse también.

Quizás algunos están por la abstención y no quieren aportar nada a la lucha, ni siquiera su voto, pero una persona que se considere de izquierda y se comporte así, con todos mis respetos y pido disculpas de antemano, pienso que políticamente está muerta y se convierte en un lastre para la lucha social, porque si se entendiera bien lo que ha costado conseguir esta situación de libertades, como de reunión, libre sindicación, petición, manifestación y huelga, cuando luchamos bajo el franquismo y seguimos batallando tras nuestra jubilación, decimos que habría que salir en masa a votar y a luchar por mantener esos derechos y todavía muchos más de los que nos faltan, porque la burguesía nunca nos ha regalado ni nos regalará nada, al revés, si vienen otra vez, los recortes de Rajoy serán un pálido reflejo de lo que nos espera con el resurgir de la ultraderecha. 

Estamos en precampaña y por tanto es irregular que se pueda pedir el voto para un partido concreto, pero nadie me puede negar el derecho a pedir que luchemos todas y todos por buscar un camino y dar la batalla orientada al fortalecimiento de las izquierdas con una apuesta firme en defensa del bien común.

Concluyo: O luchamos por un Gobierno de los trabajadores lo más de izquierdas que podamos, con las fuerzas reales con las que contamos, buscando un entendimiento, pero dejándonos de neoliberalismo y gaitas o corremos el riesgo de que venga el Trifachito.

Los casoplones de la derecha (que se legalizan)

No hay nada como ser de derechas para construirte un casoplón de manera irregular, cuando no vulnerando flagrantemente la ley, para que acabe siendo legalizado. Si fueses Antonio Banderas, izquierdista peligroso donde los haya (léase con ironía), verías como tu parcela queda reducida en un momento por incumplir la ley. Si te llamas Juan Marín o Iván Espinosa de los Monteros, sin embargo, como por arte de magia acaban por legalizarse tus construcciones y puedes disponer de tu casoplón. Curiosamente, esas legalizaciones o esa permisividad con lo ilegal o lo alegal, se produce estando gobernando el trifachito tanto en Madrid como en Andalucía. Nada sospechoso de favoritismo o de, simplemente, presunta prevaricación.

Comencemos por el caso más sangrante como es el del vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín. Es de sobra conocido que el dirigente de Ciudadanos posee un casoplón (la piscina que no falte) en la localidad gaditana de Chipiona construido en suelo no urbanizable por ser de uso agrario, más concretamente de regadío intesivo como se denunció en abril de este mismo año. Su excusa es que ya compró ese casoplón construido y que se acogió al Decreto 2/2012 de 10 de enero de la Junta de Andalucía. Un decreto que no exime de la ilegalidad sino que tan sólo permite que los servicios básicos de agua y luz sean dados de alta, más alguna posible reparación del inmueble que se pueda acometer. Mientras tanto la finca con piscina era tan ilegal como antes de la compra. Ni más, ni menos. Compró una vivienda sabiendo que era ilegal y estaba en suelo no urbanizable.

Durante su apoyo a Susana Díaz nada cambió hasta ahora que ya está en el gobierno junto a Juan Manuel Moreno Bonilla. Como ha desvelado Crónica Sur, el gobierno de la Junta de Andalucía piensa legalizar todos estos asentamientos ilegales. El titular no puede ser más elocuente: “La barra libre de viviendas irregulares que propone la Junta legalizará el chalé pirata de Juan Marín”. Continúa el diario sureño: “Una actuación que el gobierno andaluz lleva con sigilo para no levantar demasiada controversia, al tratarse de edificaciones construidas sin obtenerse los permisos pertinentes mientras que la del resto de habitantes de la autonomía tuvieron que pasar por el proceso, con sus impuestos y tasas, para obtenerlo. Un agravio comparativo que las derechas ahora provocan al darle carta de naturaleza a estos inmuebles, intentando que pase desapercibido para no levantar críticas y sobre todo, para que no se descubran intereses ocultos de una medida ultraliberal”.

Juan Marín no ha dicho esta boca es mía cuando debería ser consciente de que aprobar eso en la junta de gobierno podría ser visto como un presunto delito de prevaricación cuando menos. La finca “Los cuñaos” (no podía haber elegido mejor nombre, por cierto) será legalizada con el voto favorable de Ciudadanos pero el trifachito andaluz nada dirá. Piensan que Andalucía es suya por una cuestión histórica y de “ordeno y mando”, por lo que supone retroceder más de cuarenta años en el tiempo en el que los poderosos hacían y deshacían a su antojo, que para eso eran los poderosos. El mismo pensamiento tienen ahora en el gobierno de la Junta de Andalucía, actúan con total impunidad (colocan a parientes forzando la ley, legalizan viviendas, persiguen a las feministas…) porque piensan que son los dueños del cortijo. Un escándalo mayúsculo que el establishment mediático ocultará, en estos tiempos electorales, sine die.

Espinosa de los Monteros tiene un año para legalizar su casoplón.

El caso del dirigente de Vox es diferente porque no ha cometido ilegalidad alguna, sino que se beneficia de la concesión de un periodo de gracia hasta arreglar las irregularidades de la construcción de su casoplón. En este caso tenemos dos versiones. La del propio Espinosa de los Monteros, quien hace un mes aproximadamente, cuando se supo que su casa no tenía la cédula de habitabilidad ni había legalizado la construcción realizada, explicó que todo se debía a la mala praxis del constructor que habían contratado para esa obra. No hay por qué no creerle, aunque es cierto que el constructor ha dicho en algún medio que no ha tramitado los expedientes correspondientes por una deuda por la misma obra. Al fin y al cabo un pleito particular que sucede en muchas ocasiones entre contratantes y contratados.

El problema viene derivado de la permisividad del Ayuntamiento de Madrid, dirigido por el trifachito, al conceder ese periodo de gracia, permitir que viva la familia como ha estado haciendo y no precintar la vivienda como sería preceptivo. Algo que han debido sufrir muchas personas a lo largo y ancho de España que tenían un suelo en el pueblo (heredado muchas veces) y levantaron una casa, no un casoplón, de veraneo o, incluso, vivienda habitual. Y todo porque Rocío Monasterio había cesado su actividad de arquitecta en el sótano construido. Evidentemente, al ser cargo público no ha tenido actividad profesional. Una triquiñuela que no han tenido en cuenta los técnicos municipales para concederles la prórroga. Curioso cuando menos, más si se tiene en cuenta que Vox apoya el gobierno de PP y Ciudadanos. Como se puede comprobar no hay nada como ser de las derechas para montarte un casoplón y que los problemas legales se regularicen ipso facto por, ¡Oh, sorpresa!, gobiernos de las derechas. Y luego dirán que todas las personas son iguales.

Polémico tuit del PSOE sobre historia

En campaña electoral diputados y diputadas suelen cometer los mayores errores discursivos de sus cortas o largas carreras. Es tiempo de conseguir votos y parece que a los políticos patrios se les calienta la tecla o la lengua y se lanzan a las bravuconadas o al cambio de la historia si hace falta. Lo malo es que los propios partidos en sus cuentas oficiales sigan la corriente a la diputada o el diputado lenguaraz o metepatas. Esos Gestores de la Comunidad digital en algunos casos tapan esos errores, especialmente si son los máximos dirigentes, pero en otros no piensan en la metedura de pata del político de turno y le siguen lo que piensan es una gracia y no es más que una incoherencia o directamente producto de la postverdad. Esto es, una mentira.

Esto le ha pasado al Gestor de la Comunidad de la cuenta de twitter del PSOE, que no sólo no ha evitado difundir la postverdad de un diputado suyo, sino que ha subido la apuesta haciendo parecer al PSOE un partido lleno de ignorantes. Que se esté en campaña no empece para sostenella y no enmendalla. Como ven en el tuit encima de este párrafo, la cuenta oficial del PSOE afirma lo siguiente: “¡Cómo duelen las verdades!”. 140 años de historia. Un único partido”. Esto sobre un tuit de Rafael Simancas que hay que analizar ya que es una gran postverdad, increíble en una persona que siempre se ha mostrado con un punto intelectual y conocedor de la historia, al menos la más reciente.

Veamos lo que escribe Simancas para comprobar el grave error que ha provocado alguna crítica en las redes sociales por ese motivo. Para mofarse de las escisiones que han surgido en el ámbito de Podemos, utiliza una especie de analogía para señalar que a la izquierda del PSOE siempre ha habido escisiones mientras que el PSOE jamás las ha tenido. Así Simancas dice: “Serra, escisión de Errejón. Errejón, escisión de Iglesias. Iglesias, escisión de Llamazares. Llamazares, escisión de Frutos. Frutos, escisión de Anguita. Anguita, escisión de Carrillo”. Muy gracioso pero falso. Clara Serra no se ha escindido sino que se ha marchado de un partido, como le ha pasado al PSOE en numerosas ocasiones, como la última de José Antonio Pérez Tapias. Ni Serra, ni el profesor son escisiones sino bajas individuales. Íñigo Errejón sí es una escisión de Podemos, como es posible encajar que Pablo Iglesias y toda su gente son una escisión de IU. Pero Iglesias no se escinde de Gaspar Llamazares, si acaso lo hace de Cayo Lara que era quien en 2014, tras no aceptar el encabezamiento de Iglesias de las listas al parlamento europeo que provocó la salida del actual secretario general de Podemos, estaba de coordinador general de Izquierda Unida.

Hasta ahí podría tener algún viso de verdad la afirmación de Simancas, que como hemos visto incurre en un error mayúsculo pues él era diputado en la época de Lara. Cuestión bien distinta es que quiera decir Llamazares para molestar por alguna cuita particular con él. A partir de ahí el tuit es un completo despropósito, porque ni Cayo Lara se escindió de Gaspar Llamazares, ni éste de Francisco Frutos, ni éste de Julio Anguita. Sino que fueron elegidos por las bases de IU en Congresos. Lo mismo que viene haciendo el PSOE en esos 140 años de historia. Lo curioso es que se olvida de Gerardo Iglesias, fundador de Izquierda Unida tras una primera iniciativa llamada Alternativa de Izquierdas que crearon en 1986 tras la campaña del referéndum de la OTAN. Así que Anguita, con suerte, habría sido una “escisión” de Gerardo Iglesias, no de Santiago Carrillo que fue el antecesor e histórico secretario general del PCE. Afirmar que las elecciones internas de un partido son escisiones supondría decir que Pedro Sánchez es una escisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, éste una escisión de José Luis Rodríguez Zapatero, éste de Joaquín Almunia, éste de Felipe González y éste de Rodolfo Llopis. ¡Uy, perdón! Que González sí es una escisión de Llopis.

Hay que remontarse hasta 1972, antes del famoso congreso de Surenes, para que la historia nos explique cómo se desligó del PSOE en el exterior, el PSOE en el interior, con apoyo de los militantes más jóvenes de ese exilio/exterior. El XII Congreso en el exilio fue convocado por la mayoría de miembros del interior que estaban en la Ejecutiva Federal del PSOE frente a la negativa de Llopis de convocarlo. De ahí salió una dirección colegiada que gracias a la labor de Francisco “Curro” López Leal y Pablo Castellano en la Internacional Socialista, en el SPD alemán y, dicen, en la masonería que fue legitimada como el verdadero PSOE, que hasta 1978 era considerado como PSOE renovado frente al PSOE histórico del secretario general más longevo en los 140 años de historia del partido (por cierto, ocultada su figura en la celebración de ese cumpleaños). La catedrática Paloma Román Marugán ha hablado de refundación, pero siguiendo la lógica simanquista se puede decir que fue una escisión que tuvo el refrendo de los grandes partidos de la época. A esto súmenle la escisión sufrida en tiempos de la II República que fue el comienzo del PCE. Por no hablar de todas las corrientes que ha tenido el PSOE a lo largo de la historio: prietistas, besteiristas, caballeristas, felipistas, guerristas, renovadores de la base, Izquierda Socialista, sector crítico hasta llegar a sanchistas.

El error del Gestor de la Comunidad del PSOE es reírle la gracia al diputado, el cual puede ser muy inculto, o puede mentir para dañar la imagen de los contrincantes, siguiendo la mentira. El PSOE como institución, con 140 años, debe estar por encima de las bromas de cualquiera de sus dirigentes. No puede quedar al albur de que alguien le señale o le indique la mentira que está sosteniendo, lo que acaba por dañar la imagen del propio partido. Difundir este tipo de mentiras y desprestigiar el modo de elección intrapartido supone mancillar la memoria de muchas y muchos militantes que pueden ver cómo desde un cargo de responsabilidad se dan muestras de infantilismo e incultura. Esa cuenta debería difundir noticias favorables al partido, las desfavorables de los demás, informar de decisiones tomadas y ya si, además, formase sería perfecta. El PSOE no es la ejecutiva federal, ni los numerosos cargos a lo largo y ancho de España, son sus militantes y la memoria de aquellos que lo fueron. Se desconoce si el Gestor o Gestora de la cuenta conoce la historia de España, o si es una persona de confianza de Simancas, pero hacer el ridículo sería mejor evitarlo.

Sánchez debería encargar toneladas de valeriana

Las encuestas se empeñan en derribar la estrategia que diseñó el PSOE con las nuevas elecciones. Ese “O yo, o el caos” no está surtiendo el efecto deseado, ni puede explicar el porqué de unas elecciones para llegar al mismo punto de salida o peor. Porque las encuestas no sólo no otorgan al partido en el Gobierno una mayor cantidad de escaños (ni de porcentaje de voto) sino que, en algunos casos, incluso le dan menos escaños que los que posee en la actualidad. Con un añadido, en este caso, pese a los ofrecimientos casi amorosos de Albert Rivera, Pedro Sánchez no tendrá oportunidad de pactar hacia su derecha (Ciudadanos) y pedir una abstención a la izquierda ya que los números son risibles.

El PSOE está sufriendo en sus carnes partidistas lo que le benefició en las elecciones del 28 de abril. En aquellas el hundimiento del PP le permitió ganar en algunas circunscripciones pequeñas y llevarse el “escaño del primero”, en las medianas aprovechó para obtener un tercer o cuarto escaño por la diferencia con el partido conservador. Hoy, lamentablemente, las encuestas muestran que esos escaños van a estar más disputados cuando no perdidos. El hundimiento de Ciudadanos hasta casi la última plaza de los cinco partidos asentados ya le proporciona una ventaja al PP no sólo por los votos que puede recuperar sino por los escaños que va a ganar y quitar al PSOE en circunscripciones pequeñas y medianas. No extraña que algunas encuestas les otorguen 100 escaños a los conservadores pues, con un aumento en las circunscripciones más conservadoras, pasan a dominarlas y ganar ese plus que el 28 de abril les quitó la ciudadanía.

Además de los escaños perdidos por el simple hecho de una disputa más igualada con su Némesis, Pedro Sánchez debe afrontar en las grandes circunscripciones el no hundimiento de Podemos y el ascenso del errejonismo. Pablo Iglesias no sufre una gran pérdida según la mayoría de encuestas, unos cinco o seis diputados, mientras que Íñigo Errejón tampoco les daña tanto como habían imaginado en la clase dominante. De hecho, la irrupción de  Más Pais puede ser más perjudicial para los socialdemócratas que para los morados, no tanto por el robo de voto (que compensa el PSOE desde otras formaciones) como por el reparto. Cuando Errejón y su muchachada se presentaron en sociedad tenían claro que quitarían diputados a PSOE y Podemos pero sumarían igualmente. Lo que no sospechaban es que el PP subiría tanto como para disputarle (y ganarle) al PSOE las pequeñas circunscripciones. Paradójicamente, y esto lo han entendido ahora en la sede de Ferraz, teniendo el mismo porcentaje de voto podrían acabar teniendo menos escaños.

Como Sánchez afirmó que le quitaría el sueño que gente de Podemos estuviese en el Gobierno, lo mejor que puede hacer a día de hoy es ir encargando alguna tonelada de valeriana para poder conciliar el sueño. No tiene otra salida que pactar con los partidos de la izquierda, que pedirán entrar al Gobierno, y los terribles independentistas a los que ahora amenaza con aplicarles el artículo 155. La suma PSOE-Cs-MP no da para gobernar pues una de las partes jamás aceptará una abstención de ERC y PNV (e igual los nacionalistas tampoco aceptarían a Rivera). Así que, si quiere ser consecuente con sus palabras, sólo le queda con la salida por la izquierda con incorporación de Podemos al Gobierno. Eso, o hacer lo que quieren en la clase dominante, la Gran Coalición. En este caso la valeriana sería para la gran mayoría de españolas y españoles. Ganar, ganará. Falta saber por cuánto y cómo.

No se puede subir el SMI a 1.200 euros

Poder, lo que se dice poder como “Gobierno de algunas comunidades políticas” (RAE) claro que se puede. Poder, como acción tomada tras un análisis exhaustivo y profundo de la situación, no es plausible. Las ofertas electorales siempre tienen mucho de voluntarismo y de intenciones pero en muchos casos no son realistas ni posibles. Este es el caso de la oferta que ha hecho Pedro Sánchez de subir el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta los 1.200 euros durante la legislatura. Una oferta que es resultona y de justicia social si se compara con los salarios que existen en países de la Unión Europea con un PIB similar al nuestro. Pero que sea de justicia no implica que sea posible por más voluntad que se ponga salvo que se sea un frívolo. También Podemos la propuso en su momento, aunque últimamente lo van fiando más a las posibilidades reales de implantación.

Curioso que quien por motivos económicos no quiso subir la última vez el SMI más allá de los 900 euros (su propuesta era de 800 euros antes de negociar), ahora se lance a ofrecer 1.200 euros sin analizar ni el estado de la macroeconomía, ni la estructura empresarial de España. Más allá del electoralismo, la realidad siempre manda y a día de hoy es imposible subir el SMI a esa cantidad salvo que se quiera arruinar a casi todas las pequeñas empresas, a los autónomos con trabajadores y a unas cuantas medianas. Especialmente en el ámbito rural, ese que quieren proteger y que llaman España Vaciada, una medida como esa supondría el cierre de muchas empresas que sobreviven. Si el SMI a 900 euros era medianamente sostenible, a 1.200 euros con todas las cargas que ello implica (calculen aproximadamente 1.600 euros por trabajador) supondría despedir a empleados o el cierre de negocios directamente.

Ocurre con los malos economistas que tan sólo se fijan en el salario medio, donde entran desde las grandes fortunas hasta los más bajos, y piensan que esos 1.970 euros brutos al mes indican una potencialidad de las empresas que deja mucho de ser real. Realmente el salario modal, el más común, es de 1.456 euros brutos. El 30% de los trabajadores españoles no llega a los 1.230 euros brutos al mes y un 40% se sitúa entre los 1.230 y los 2.100 euros brutos. Subir a 1.200 euros el SMI supondría empujar el resto de salarios hacia arriba, algo que ya la estructura salarial marca como complejo. Más allá de los empresarios como explotadores y como acumuladores de riqueza, lo que nos dice la estructura salarial es que España mantiene empleo reduciendo costes salariales para ser competitivos, especialmente, en el sector servicios y de las exportaciones. Además a ello se le añade la estructura empresarial española, constituida en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas muy dependientes de los flujos de capital y de las crisis económicas.

Viene una crisis económica, aún no saben de qué magnitud los economistas, que es más comercial que financiera (aunque estén interconectadas ambas partes del sistema). Por tanto una crisis que penalizará a España por tener una estructura empresarial muy poco competitiva sino es por el abaratamiento de los salarios. Muchas pequeñas empresas van a límite entre IVA, impuestos diversos y costes de producción, por lo que aumentarles el coste salarial en medio de una crisis económica podría significar provocar el cierre de muchas de esas empresas. Al consumir menos las personas, una cooperativa de aceite pequeña en Castilla-La Mancha, por ejemplo, tendrían menos ventas y si se les aumentase el gasto en personal se quedarían sin beneficios o con pérdidas. Y así pasaría con peluquerías, tiendas de ropa, colmados y demás pequeñas empresas que sobreviven más allá de las fronteras mentales de los economistas de salón. España no es sólo Madrid, Barcelona, Bilbao y algunas capitales de provincia, sino miles de pueblos y ciudades pequeñas que se verían perjudicadas mientras la crisis frena el movimiento económico.

Guste o no a los proponentes del PSOE, siendo realistas, hasta dentro de cinco o seis años, cuando la economía española se sitúe cerca del 3,5% de crecimiento anual, no se podrá implementar el SMI a 1.200 euros. La realidad es muy tozuda por mucho que se ponga voluntad para hacer las cosas. Salvo revolución y cambio del sistema productivo, algo que no va a pasar, esa promesa electoral es aire. A día de hoy no se puede subir el SMI salvo que se quiera acabar con el tejido productivo de buena parte de España. La realidad es tozuda por mucho que el papel aguante casi todo y la justicia social esté en el fondo de la propuesta, pero es mentir sabiendo que no se podrá cumplir. Más si cabe cuando es una cifra redonda y no algo así como subiremos un 5% anual que es más difuso. Esa cifra, como los 800.000 empleos de Alfonso Guerra en 1982, puede ser un hándicap posteriormente. Otra cuestión es que no se sepa lo que puede pasar por la estructura empresarial y la crisis que ya está aquí con esa subida salarial, entonces estaríamos ante otro problema.

Un escenario político decepcionante

No creo que sea el único que piense esto, que realmente existe mucha gente que probablemente acuda a votar el próximo 10-N con la nariz tapada, porque se avergüenza de lo que ve en el escenario político.

Escuché con interés lo que comentaba alguien como Pérez Reverte, al que se le podrá acusar a veces de sus excesos verbales, pero que dice verdades como puños y siempre con una extrema lucidez.

Comentaba Reverte que entre los políticos actuales sólo encontraba uno con un cierto interés, Pedro Sánchez, aunque reconocía que no tenía escrúpulos que mentía sin ningún complejo. Quizás le faltó añadir que aplica los mismos principios que en su día señalaba Groucho Marx; “estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros”.

Coincido con él en que el panorama de políticos y especialmente de dirigentes actuales resulta desolador, pero discrepo de incluir sólo a Sánchez en el comentario anterior.

Hoy en día la política, los políticos son aplicados seguidores de la técnica que denominan “Fake news”, o sea en castellano paladino mentir sin ningún pudor y cambiar de criterio de la misma manera.

La última experiencia la hemos tenido con la solemne declaración del líder de Cs, Albert Rivera, señalando a su manera, probablemente acuciado por las últimas encuestas, que levanta el veto a Pedro Sánchez.

La respuesta de éste mirando igualmente las mismas encuestas y sabiendo que esta vez la suma no les va a dar, ha sido contundente, señalándole que ahora sólo quiere su abstención, que por cierto tampoco la va a valer para nada si no consigue al mismo tiempo la del PP y ese va a ser un hueso más duro de roer.

Sánchez por su parte también practica esta superflua “política del péndulo” al más puro estilo Marx (Groucho claro) y así lo que hace poco era UP para él, o sea socio único y preferente, ahora lo desprecia sin apenas sonrojarse.

Por cierto al hilo de este comentario resulta cuando menos sorprendente el aspecto hierático de nuestros líderes actuales, no cambian ni siquiera un pequeño pliegue de su cara, mucho menos su rictus estudiado durante horas ante el espejo, digan blanco o negro, sea algo triste o gracioso. Utilizando un símil que viene mucho a cuento, es como si tuvieran su cara esculpida en piedra.

Por su parte Pablo Iglesias a veces da la sensación que no se sabe muy bien si va o viene, quizás aturdido por los últimos acontecimientos. El revolcón que se llevó durante las últimas negociaciones sumado a la aparición en la escena estatal de su ex amigo Íñigo Errejón, le han dejado sin capacidad de respuesta y a veces en las últimas entrevistas se nota ese balbuceo de quien sabe que tuvo una oportunidad de oro y la dejó escapar, sin saber muy bien si se volverá a repetir.

Mientras tanto Casado espera pacientemente sentado a la puerta de Génova ver los cadáveres de sus enemigos pasar. Los únicos sobresaltos que alteran su placidez vienen de sus filas, desde Cayetana Álvarez de Toledo, pasando por Isabel Díaz Ayuso y el último Mariano Rajoy que imbuido del “espíritu Felipe González” se ha descolgado señalando que el futuro pasa por copiar la “Gran coalición” alemana.

Parece una vez más que los poderes fácticos se han dado cuenta del batacazo previsto de Cs y ante la llegada, parece que ahora sí, de una nueva crisis económica esa es su apuesta fundamental, el entendimiento contra natura PSOE-PP.

¿Traicionará Pedro Sánchez sus principios y a la base social socialista que le encumbró? Pues a la vista de todo lo anterior no sería descartable y claro, lo haría sin despeinarse teorizando que el futuro de España (España, España y más España) con el peligro de la recesión, del Brexit y de la situación explosiva en Catalunya tras la sentencia del “Proces” así lo aconsejan.

Todo sea por España, hasta la traición.

Éste es el terrible panorama que nos va a tocar sufrir, al menos a quienes aún creemos en los principios, en la verdad, la ideología y seguimos leyendo a los clásicos.

Las encuestas que van saliendo en los últimos días ya avanzan que la situación entre bloques (ya se sabe…derecha e izquierda) va a cambiar poco el 10-N y que todo va a depender de si el 11-N Pedro Sánchez se levante con el ropaje de quien ganó las segundas primarias, o las primeras.

Reconozco que en el instante de escribir estas líneas me invade el pesimismo, aunque aún me quede un leve poso de esperanza. En la política actual, con los políticos actuales todo es posible, hasta la “Grosse koalition” lo que a las gentes de izquierdas debe abrirnos las carnes.

Lamentablemente vivimos malos tiempos para la lírica decía el sabio, malos tiempos para la altura de miras, para las posiciones educadas e inteligentes. Ya no existen sabios, al menos en política.

Vivimos una escasez preocupante de estadistas que actualmente se encuentran en vías de extinción y así la representación de la soberanía popular está en manos de estos gañanes impregnados de incultura. Con minúsculas excepciones como Iceta, Urkullu, Junqueras, o Domènech, estos dos últimos lamentablemente fuera de escena.

¿Dónde quedan aquellos tiempos en los que teníamos a Tierno, Camacho, Suarez, Carrillo, Herrero de Miñón, Roca, Peces Barba, González, Solé Tura, Curiel, incluso el mismo Fraga y otros muchos? Aquella época de riqueza ideológica, donde lo blanco era blanco y lo negro, negro se nos fue, probablemente para no volver porque los que vienen detrás tampoco apuntan buenas maneras.

Los jovencitos y jovencitas que nos llegan a la política más parece que vienen a buscarse un buen puesto de trabajo que a hacer lo que deben y los principios y las ideas son cosas del pasado.

Decepcionante……..

Rivera alimenta al independentismo catalán con la mocion de censura

Las mociones de censura, mecanismos institucionales para derrocar gobiernos por impericia o corrupción, se están utilizando alegremente en esta nueva época de los partidos hedonistas, esto es, que se mueven por el deseo mucho más que por el análisis de la situación. Podemos presentó la suya en un remedo de la presentada por el PSOE en 1981 contra un Adolfo Suárez que languidecía y las guerras personalistas de su partido UCD. Una moción para presentar un programa y lograr a futuro ser visto como presidenciable. Fracasó, no por la carencia de votos, sino por la cuestión propagandística. Ahora Albert Rivera, una vez ha liquidado a Inés Arrimadas (a la que el establishment quería como sustituta), se saca de la manga una algarada sin sentido alguno. Bueno, uno puede existir, como es salvar la cara ante unos sondeos que le tienen peleando por ser el último de la derecha.

¿Qué ha cambiado en la situación catalana para presentar hoy esta moción y no hace un año? Nada. ¿Por qué la presentan ahora? Porque es el último clavo al que agarrarse para demostrar su españolidad aunque el PP no le ha ido a la zaga y eso se va al traste. Sus acciones algunas veces acaban beneficiando al partido contra el que compiten. Primero es la gente de Ciudadanos los que aparecen frente a las cámaras haciendo el más completo ridículo, el PP ni se mancha. Segundo, presentan una moción sin negociar con alguien. Y tercero son incapaces de hacer un análisis de la situación de forma racional y dejando fuera sus prejuicios anti-todo. ¿En qué cabeza cabe presentar una moción de censura si necesitas el apoyo de esas gentes a las que llamas bolivarianos y las tratas con desprecio? ¿En qué cabeza cabe presentar una moción de censura donde necesitas a los que casi calificas de terroristas como la CUP? Sólo en unas cuantas, la de Rivera y su troupe de chisgarabises. Así, por intentar señalar a Pedro Sánchez acaban engordando a su “enemigo máximo”, Quim Torra.

Rivera con su farsa en un acto lo que ha conseguido es legitimar el discurso de Torra y Carles Puigdemont. Esa unión de la espada y la cruz que tan folklóricamente representan en la Abadía de Montserrat. Con esa pantomima en busca de dañar a Sánchez, Rivera acaba legitimando el discurso de la burguesía catalana. Ese discurso que excluye a los que no piensan como ellos. Ese discurso de la diferencia racial. Ese discurso de la supremacía cultural. Ese discurso que entronca con el siglo pasado. Igual no se percata Rivera de las implicaciones del discurso totalitario, escondido bajo una falsa petición democrática porque es parte de su cultura política. Pero lanzarse a una acción electoralista que engorde al independentismo de Puigdemont es para negarle hasta el saludo.

Cataluña, como problema enquistado y que señala a la base del propio sistema español, no merece ni a una oposición echada al monte, ni a un gobierno que se ha olvidado de gobernar. No es la primera vez que la burguesía recurre al totalitarismo para ejercer su dominación utilizando a las masas, dándoles “cerveza y salchichas” como decía Karl Marx en el 18 de Brumario hablando del bonapartismo, y escondiéndose detrás de las sotanas. Lo han hecho en numerosas ocasiones y en España tenemos recuerdo de casi 40 años de espadón y cruz mientras la burguesía seguía engordando sus cuentas corrientes. Lo que proponen desde el independentismo, salvo en ERC, no es una democracia plena del pueblo catalán, sino un régimen totalitario burgués. Y eso es lo que está alimentando Rivera con sus fantochadas.

Se lo ha dicho Miquel Iceta claramente en el pleno, pero no son capaces de entender que no dañan a Sánchez, de hecho la noticia casi ni ha trascendido, sino que engordan a Puigdemont y Torra.

No tiene circo y ya le crecen los enanos a Errejón

Nos vendían que este nuevo movimiento iba a ser completamente distinto, que iba a ser una especie de Arcadia feliz donde el núcleo irradiador iba a ser colectivo, donde los vestigios de la vieja política del centralismo democrático de reminiscencias comunistas daría paso a la alegría de la democracia real y no han pasado ni quince días desde su salto a la política estatal cuando ya tienen las primeras bajas. Y no bajas de cualquier persona que se apuntó en un pueblo perdido que hoy está enfadado, sino de la persona que era la número dos de las recientes listas a la Asamblea de Madrid, Clara Serra.

Mediante un duro comunicado, la exdiputada ha sido trasparente en los porqués de su marcha de Más País. Más allá de haber situado en primer lugar el enfrentamiento contra Ada Colau, que visto lo que significan los comunes en el ámbito de la izquierda era casi mejor, lo interesante es lo que viene a continuación. La rapiña existente por tener el cargo más fardón y la dedocracia que impide a las mujeres ostentar cargos visibles de representación.

Íñigo Errejón ha dejado su cargo de portavoz y no ha situado en su lugar a la número dos de la lista, la mujer que hizo gran parte de la campaña a su lado y quien ya se había desempeñado en ese mismo cargo durante la última etapa de la anterior legislatura cuando era de Podemos. Y antes que ella estuvo Lorena Ruiz-Huerta, quien fue defenestrada por el errejonismo perdiendo a una magnífica portavoz. Tampoco ha situado en ese puesto a una mujer sino a uno de los fieles a su persona. La fidelidad, al final, antes que la visibilidad de la mujer denuncia Serra en su despedida: “Si algo hemos aprendido con claridad las mujeres feministas estos años es que es precisamente el hecho de estar desprovistos de una sólida organización y estar atrapados en la informalidad lo que primero expulsa a las mujeres. Sin formalidad y organicidad las feministas no tenemos siquiera las condiciones materiales para ponernos a trabajar y a corregir las desigualdades de nuestra organización”. Destrucción del feminismo de Más País en un párrafo y dos minutos.

La parte más truculenta del texto que ha colgado en su página de Facebook se refiere a lo orgánico: “Si algo hemos aprendido de nuestros errores es que en nombre de las prisas hemos dejado siempre en un segundo plano la construcción lenta y cuidadosa de la organización. Si algo hemos aprendido estos años es que la verticalidad y la falta de estructuras que acompañan a los hiperliderazgos dejan a las organizaciones sin los suficientes contrapesos. Hace falta hacer lo contrario de lo que hicimos cuando nos equivocamos: hace falta dejar de convertir las primarias en un trámite de cara a la galería, hace falta dejar de utilizar a la militancia solo para los refrendos de decisiones ya tomadas […] hace falta habilitar espacios de deliberación donde se incluya y se normalice la crítica y el disenso y hace falta dejar atrás la nociva cultura del enemigo interno consistente en estigmatizar al que tiene una voz diferente”. En resumidas cuentas que salió huyendo de la guerra fratricida para entrar en el apuñalamiento constante.

No es nuevo que, desde el primer minuto, tuvo encontronazos varios con Tania Sánchez (conocida en la izquierda por destrozar IU Madrid, por destrozar Podemos, y por destrozar Más País) y con personas que, al llegar al cargo, se han transformado en depredadores. Más si cabe al haber listas a nivel estatal. Que la vida en una institución regional opaca mucho la pretendida lucidez que venden algunas personas de su propio ser. Cuchilladas al amanecer como algo normal porque llevan haciéndolo años desde que estaban muchas de esas personas en IU. La política como forma de vida pasando por encima de quien sea. Algo que es innato a todos los partidos políticos. Y con esto no ha podido Serra, como bien indica en su carta, y ha querido apuntillar Ramón Espinar pues los conoce perfectamente. ¿Que hay un poco de envidia por no haber sido la elegida? Es posible pero cuando no se es leal a muchas personas para salir de donde estabas y los que antes creías compañeros hoy los ves con la sangre brotando por los ojos pues acabas abochornada.

La misiva de Serra deja bien claro lo que es Más País y que sólo está al servicio de unos pocos que son fieles al dirigente máximo. Sin necesidad de programa porque le valen todos, con un dedo elector que ni el dedo de Carlomagno pero apoyado por la clase dominante. Al final un grupo de personas que hacen política por un sentimiento de culpa católico, un remordimiento por ver tanto pobre y explotado, pero sin dejar sus privilegios de clase, que al final son los que acaban reclamando. Como élite autodesignada piden que les den el poder por ser los elegidos de España. Al final, lo que ocurre es que ni son chicha, ni son limoná. Lo único cierto es que Errejón sin tener el circo montado ya le crecen los enanos.

La clase dominante utiliza Más País para acabar con Iglesias

No ha habido una reunión para decirles que les apoyarían. No ha habido contactos con los grandes directivos del Ibex-35 para sentar las bases de una competencia virtuosa. Ni las ha habido, ni las han querido realmente en Más País, pero eso no impide para que el errejonismo cuente con el apoyo de la clase dominante para acabar de una vez por todas con Pablo Iglesias. Quieren, por así decirlo, una especie de “Podemos amable” y por ello ponen todo su empeño en ensalzar hasta la nimiedad más absoluta de lo que hacen en el errejonismo. Todo es perfecto y hermoso en Más País a ojos de los escritores del sistema, lanzando siempre y en todos y cada uno de los artículos que publican la referencia negativa hacia la formación morada.

El método es sibilino porque no hacen referencia directamente a Iglesias o Podemos, pero siempre cuelan la coletilla “como no pasaba en su anterior partido”. Se intenta de esta forma dañar la imagen de Iglesias de tal forma que quede en el inconsciente de la persona que lee esas informaciones lo positivo de Íñigo Errejón y lo negativo de Iglesias. Sin citar a Podemos suelen hablar de expulsiones (que no se han producido), de centralismo democrático, de verdaderos izquierdistas adaptados al sistema (lo que supone que en Podemos no están adaptados al sistema, ni son buenos izquierdistas) y todo ello sin un programa que llevarse a las manos. ¿Por qué? Porque da igual el programa que presenten, que ya se sabe será una copia, con una redacción llena de palabras extrañas, de lo sistémico del PSOE y lo social de Podemos más cosas verdes (vendidas con anglicismos tipo Green New Deal). Y si no presentasen programa daría igual porque el apoyo de la clase dominante ya lo tienen.

Conocedores del terreno de juego en el que se disputan los votos de Podemos (profesionales principalmente y algo de clase trabajadora), los medios de comunicación no tienen ningún problema en presentan al errejonismo como lo que son. Artículos alabando las raíces nada obreristas de los máximos dirigentes pero con la clara pretensión de dañar a Podemos en ese estrato social muy urbano. Justamente en los lugares donde Más País se va a presentar. Todo muy pensado para acabar con Iglesias y Podemos a los que ven como el mal absoluto. Mucho más ahora que se presentan, no tanto como populistas, sino como socialdemócratas radicales (o neocomunistas, según a quien se lea). Los plumillas de la clase dominante son perfectamente conscientes del trabajo que hay que hacer desde esas columnas de análisis o reportajes, siempre bien colocadas para que las personas las vean y lean.

A todo esto hay que contar que este tipo de acciones pueden llevarse a cabo gracias a las redes del PSOE, que ávidas de acabar con Iglesias, mueven esos artículos sin percatarse de la paradoja que encierra su propia acción: el errejonismo puede dañar al PSOE lo suficiente para que “su” partido no aumente el número de escaños. Porque las encuestas muestran que  ganan escaños de uno y otro partido y no provocan que la formación morada desaparezca, como desean en la clase dominante. No quieren que haya un partido que señale con el dedo de la verdad a quienes ejercen la dominación en España y pongan en primer plano los problemas reales de las personas. De esos españoles y esas españolas a las que hoy se dirigen todos los partidos cuando en sus lemas de campaña sitúan la palabra España en el centro. Un eufemismo que siempre se ha utilizado para ocultar los problemas reales y poner como prioritarios aquellos de la clase dominante. Por eso molesta Iglesias y les quita el sueño a algunos. Más país es la valeriana del sistema para tener una izquierda tan dividida como la derecha y así llegar a la Gran Coalición.

Acabar con Iglesias al precio que sea, incluso potenciando a un partido parido de las entrañas del propio sistema. Son hijos e hijas de los guardianes del sistema y como tales no permitirán cambio alguno en la correlación de fuerzas. Detrás de la utilización de Gramsci está la ideología dominante marcando el camino recto. El ecocapitalismo está ahí para asumir las demandas verdes. El gaycapitalismo para hacer lo propio con temas de la diversidad. Pero las clases populares siguen viendo como sus demandas siguen quedando en el limbo. Jugar a preocupación por España, al final, tiene el resultado de siempre: preocupación por los dineros de la clase dominante; preocupación por la situación financiera de los bancos; pero nunca preocupación de los Sin-Parte.

Iglesias no ha hecho muchas cosas bien seguramente. Cada afín al partido morado tendrá un motivo de crítica, pero al menos ha expuesto con claridad los problemas reales de las personas. La precariedad, el desempleo de los mayores de 40 años, la ley mordaza, etc. Y esto no gusta porque señala a los poderosos. Ahora con Más País van a intentar cambiar el “Podemos de las personas” por el “Podemos amable”. Es algo que se repite a lo largo y ancho de la historia. Cuando no han conseguido cambiar la ideología de un partido, han hecho todo lo posible para acabar con él o ellos. Lo hicieron con los partidos socialdemócratas (que hoy languidecen como liberales con sentimientos), lo hicieron con los partidos comunistas (llevándoles a renunciar a sus principios) y lo seguirán haciendo con todos aquellos que pongan en duda su dominación. Hoy, aquí, utilizan a Errejón para acabar con Iglesias. Lo malo para la clase dominante es que parece que no cuela.