sábado, 3 enero, 2026

El Santander obliga a los tribunales a declarar la nulidad de la compra del Popular

La semana pasada conocimos que el Santander ha admitido que la oferta de compra del Popular fue presentada fuera de plazo. Dicho acto propio del banco presidido por Ana Patricia Botín de reconocimiento se realizó en un escrito oponiéndose a los recursos contra la decisión de la Junta Única de Resolución (JUR) de intervenir y resolver el Banco Popular presentados por los grandes fondos (PIMCO, Anchorage, Algebris, etc.), la Sindicatura del Popular, el inversor chileno Andrónico Luksic, el inversor mexicano Antonio del Valle y otros afectados ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Dicho reconocimiento o admisión del Santander implica acto propio. Según las fuentes jurídicas consultadas por Diario16 ese acto propio tendría como consecuencia la obligación de los tribunales de declarar nula la compraventa por el propio reconocimiento del Santander con la consecuencia de que la subasta debería haber quedado desierta por no presentarse ninguna oferta dentro del plazo establecido en las condiciones del proceso.

Los abogados y especialistas jurídicos consultados han afirmado que «las condiciones y requisitos de un concurso se establecen para ser respetados y todo el participante en una licitación se obliga a cumplirlos. Si no son respetados escrupulosamente nos encontramos ante un incumplimiento que puede dar lugar a la nulidad del concurso y de la adjudicación. La exigencia del cumplimiento de las condiciones y requisitos del concurso se establecen para garantizar la seguridad jurídica de todos los participantes en la licitación».

De hecho, la carta de invitación del FROB, actualizada al 6 de junio, para participar en el proceso de subasta establece de forma clara que se deben respetar los términos y condiciones de la misma «under the terms and conditions set forth below» (bajo los términos y condiciones establecidos a continuación).

Del mismo, el FROB establece claramente, por dos veces, que la presentación de las ofertas vinculantes debía producirse no más tarde de las 24:00 horas del jueves 6 de junio: «No later than 6 June 2017 24:00 CET» y utiliza el imperativo «deben ser presentadas» (must be submitted).

Al no presentarse ninguna oferta dentro del plazo imperativo establecido, debió declararse desierta la subasta, máxime teniendo en cuenta que el BBVA había solicitado la ampliación del plazo para poder formular su oferta y se le negó tal posibilidad. Este hecho demuestra que el plazo para la presentación de la oferta era una condición fundamental imperativa del proceso de subasta.

Curiosamente, al BBVA se le negó la ampliación del plazo para presentar su oferta, pero al Santander se le admitió la presentación de la suya fuera de plazo. Este hecho, según los analistas jurídicos y abogados consultados, podría ser interpretado como una evidencia más del enésimo trato de favor concedido al banco presidido por Ana Patricia Botín. Téngase también en cuenta, por otro lado, que en una de las condiciones de la subasta del Popular se estableció que sólo aplicaba al Santander.

Por tanto, según las fuentes consultadas por Diario16, debería haberse declarado desierto el concurso, con la posibilidad de conceder un nuevo plazo en el que habría podido intervenir el BBVA. El  hecho de no hacerlo podría ser interpretado como una actitud presuntamente prevaricadora por parte de instituciones y personas a las que se puede reclamar desde la jurisdicción penal, desde el FROB como la institución permisiva de no declarar desierta la subasta a pesar de saber que se estaba realizando fuera de plazo hasta el propio ministro Luis de Guindos por ser el responsable último de los actos del FROB.

En este caso, algún juez tendrá que tener en cuenta estos hechos porque la Justicia no puede caer en un desprestigio como el provocado por la Sala de lo Pena de la Audiencia Nacional para desimputar al Santander en el Caso Popular.

Debe tenerse en cuenta que el Santander está acostumbrado a participar en concursos y subastas sin someterse a las condiciones y requisitos de las mismas como ha ocurrido con el Popular presentando su oferta fuera de plazo y como ya ocurrió con anterioridad en la subasta de Banesto en la que la oferta formulada por el Santander no llevaba la preceptiva firma del presidente del Santander, Emilio Botín, como reconocería el exgobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, que años después acabaría siendo consejero del Santander después de adjudicar Banesto al banco cántabro.

Ante esta nueva revelación por parte de Diario16, muchos de los despachos de abogados que representan legítimamente y sin ocultar conflictos de intereses a los afectados del Popular, deberían plantear a sus clientes la razón por la que no han determinado esta estrategia basada en la jurisprudencia y los preceptos del derecho arriba expuestos.

Por otro lado, algunos medios de comunicación también deberían tener presente lo anterior antes de publicar o decir cosas que induzcan a pensar en que la situación del Banco Popular es irreversible, algo que concuerda con la estrategia del Santander de intentar que sea Europa o el Estado español el que se haga cargo de las indemnizaciones a los afectados. La situación del Popular es absolutamente reversible y la licencia debe ser devuelta a los verdaderos dueños del banco. El daño patrimonial que sea irreversible, como la venta del TotalBank o de los activos inmobiliarios, debe ser indemnizado. En caso de que no lo sea, como el negocio principal o los activos que aún no ha liquidado el Santander, que sean devueltos y que sea el mercado el que determine el precio.

Además, existe un grupo de afectados que ganaron mucho dinero en su momento y que, en realidad, no han sido arruinados tanto económica como moralmente, como lo fueron las 305.000 familias a las que nos referimos que en su gran mayoría son pensionistas, trabajadores, pequeños y medianos empresarios e, incluso, los propios empleados del Popular.

En consecuencia, los abogados afirman que «ese acto propio del Santander reconociendo la presentación fuera de plazo de su oferta no puede pasarse por alto y debería llevar aparejada la declaración de nulidad de la compra del Popular», con la consiguiente devolución a las 305.000 familias afectadas de sus títulos y bonos.

“O nosotros o el caos”, pues igual eligen caos

La campaña electoral ha tenido su pistoletazo de salida con la presentación del lema electoral del PSOE, aunque ya desde el mismo sábado estaba el candidato socialdemócrata a la conquista del voto. Estos días vamos a analizar con sutil ironía y cierto humor la forma en que plantean la campaña los partidos políticos desde un planteamiento pedagógico. O lo que es lo mismo resaltar los errores y las contradicciones que se cometen día a día, eligiendo lo más destacado. Como ha pasado en otras campañas la derecha será la que aparezca más por aquí (y el errejonismo parece que también pasará bastante) pero hoy le toca al PSOE por ser el primero. En el artículo veremos una gran contradicción y una polémica estéril respecto al lema electoral elegido pero que pueden ser negativas para el propio desarrollo de la campaña.

El PSOE y su candidato Pedro Sánchez han planteado la campaña electoral en términos dicotómicos. En estos días repite constantemente el candidato que hay que elegir entre “el bloqueo o el PSOE”, “entre el Gobierno y la extrema derecha”, “entre la izquierda cabal y el resto”… Algo que puede ser movilizador siempre y cuando las dos partes en conflicto estén plenamente asentadas en la cosmovisión de las personas a las que se dirigen las palabras. Los estrategas, en especial Iván Redondo que cada día va teniendo más cara de Rasputín, han decidido mezclar distintos antagonismos pero sin ver si son eficaces o una simple fórmula oratoria que no consigue nada más allá de contentar a los propios que ya están convencidos incluso antes de comenzar. Ese tipo de discurso debe poseer algún tipo de antinomia bien asentada o con posibilidades de ser real o racional. Lo de la extrema derecha como peligro es algo que ya perdió su función movilizadora porque se ha visto que sí, que ladran pero no muerden. Vox como peligro quedó enterrado en el momento en que entregaron las armas en beneficio de PP y Ciudadanos. Como mucho siguen dando más miedo los populistas naranjas y deberían, ya que se desea restarles voto, ser más duros con ellos. El “Con Rivera no” debería tenerlo grabado a fuego el presidente en funciones pero, por no se sabe qué extrañas razones, sigue viéndolos como posibles aliados.

Utilizar el bloqueo como fórmula dicotómica tampoco está asentada entre la población de tal forma que permita el vuelco de los votos hacia la posición del PSOE como garante de la estabilidad. Los afiliados del PSOE seguramente verán a los demás partidos como los culpables de haber llegado a la situación límite de nuevas elecciones pero los datos de las encuestas no señalan que la culpa sea de Podemos, principalmente, sino que las culpas recaen en buena medida en el propio PSOE (la mitad de sus propios votantes). Y estando ante una campaña electoral tan corta no es sencillo cambiar la opinión de las personas respecto a algo tan cercano en el tiempo. La manipulación de las masas es posible pero no a corto plazo y sin un acontecimiento que produzca una sublimación de algún aspecto emocional que sirva de estímulo. Algo que cualquiera que haya estudiado psicología de masas sabe, de manual de primero (pero esto no lo han estudiado los asesores monclovitas). Por eso decir, como ha dicho Sánchez, que “somos la única fuerza política que puede romper el bloqueo, ofrecer estabilidad, sentido de Estado y una hoja de ruta clara para nuestro país” es una posición en clara disputa en el seno de la opinión pública.

 

Esta táctica de “o nosotros o el caos” puede provocar, como en la viñeta de Forges, que las personas elijan el caos. El peligro de situar a la ciudadanía ante un problema dicotómico, donde las dos posibles elecciones no están asentadas y claras, supone que te digan que mejor lo otro. Ha pasado con el referéndum del Brexit donde Cameron creía que ganaría el no y pasó lo que pasó. Cuando Rosa Luxemburgo estableció la dicotomía “socialismo o barbarie” estaba claro que era la barbarie. Es un error gravísimo lanzarse a una campaña pensando en captar el voto mediante un sí o no al candidato porque igual te mandan para casa cuando menos lo esperas. Y más cuando has iniciado un giro hacia el centro dejando todo el flanco izquierdo descubierto. Sólo hay que ver las referencias de Sánchez en su discurso para verlo claro: “España es una sociedad abierta al futuro, feminista, ecologista, tolerante, europeísta, dinámica y emprendedora. Un país que tiene demasiadas cosas que hacer como para seguir atrapado en el bloqueo”. La negrita bien podría ser el lema de un partido liberal europeo. Temas a los que unen todos y con el toque de ideología dominante como el emprendimiento, ese mantra que significa la destrucción del ser humano convertido en mano de obra barata, enferma y despojada de derechos.

Una fórmula populista han ideado Redondo y José Luis Ábalos para intentar ganar a populistas de todo tipo con el riesgo que ello conlleva. En esta campaña el PSOE ha quitado todas las aristas de la izquierda para ganar voto centrista desde la dicotomía propia del peronismo o, mejor dicho, de gaullismo (por Charles De Gaulle). De ahí que sea inevitable, dentro de la lógica populista de hacer pueblo, recuperar la bandera de España. El problema es que algunos se han lanzado a defender la postura del partido de forma un tanto extravagante. Daniel Viondi ha culpado a Podemos de ser la “izquierda acomplejada” recuperando el tono de la extrema derecha para referirse al PP como “derechita cobarde”. Un nacionalismo rancio no es lo que necesita el PSOE sino un patriotismo republicano, algo que no saben que es en el seno del partido la mayoría cuando ha sido la bandera del PSOE durante casi 120 años. Orgullo de ser españoles y españolas pero construyendo patria desde valores republicanos es lo que gentes tan dispares como Alfonso Guerra o José Antonio Pérez Tapias defendieron hasta hace unos días. Pero como hoy no hay quien le piense al PSOE pasan estas cosas, que sale en nacionalismo rancio inoculado por la ideología dominante.

Se entra en la campaña electoral sin referencias a la clase trabajadora que, como indican las encuestas, sigue optando por el PSOE preferentemente, pero estableciendo una cadena de equivalencias populista donde se suman todos los temas que han sido puestos en el tablero político por los medios de comunicación de la clase dominante. Una campaña para captar el voto centrista que se disputará a dos partidos populistas como Más País y Ciudadanos, haciéndose la victima (que puede funcionar) pero estableciendo una dicotomía que les puede mandar al pairo al menor viento de costado. Y todo ello con Cataluña de trasfondo y la crisis amenazando. Si sale bien y se obtienen 150 escaños habrá que decir que son unos genios los que han diseñado la campaña en esos términos porque lo normal es que no sea así. No quiere decir que vaya a peor, pero tampoco a mejor. Y al final del camino te encontrarás con la necesidad de pactar con un partido al que llevas criminalizando toda la campaña. En realidad, más allá de alguna referencia a lo sucedido, en vez de plantear la campaña en término dicotómicos hubiese sido mejor en términos un poco más positivos. En abril se ganó por el miedo a la extrema derecha como emotividad (una especie de frente popular), hoy establecer otra emotividad más allá de la típica demagogia mitinera puede no ser lo correcto y más cuando hay un nuevo actor electoral con los medios apoyándole. Si la ciudadanía no tiene esas divisiones claras igual cambian a otro que les ofrezca un llamamiento más claro.

Post Scriptum. Deberían los campañólogos del PSOE hacer una mínima búsqueda cuando busquen lemas. Una mirada a Google sin más no vaya a ser que “Ahora España” sea utilizado como nombre de algún grupúsculo franquista y que te lo echen en cara. Como pasó en las anteriores con el lema ya utilizado por Vox.

IRPH: la más que posible victoria del pueblo contra el poder de la banca

La historia bíblica de David y Goliat parece que se va a volver a repetir en España gracias a la Justicia europea. Una vez más, tiene que ser la Unión Europea la que dictamine que la banca abusó de sus clientes y, por ello tendrán que ser indemnizados. En España la banca siempre gana. Lo hemos visto en tantos casos que hacer una lista supondría realizar un ejercicio de documentación ímprobo. Desde la sumisión al Banco Santander de los tribunales que han llegado a crear doctrinas legales que retuercen hasta puntos inimaginables las leyes, pasando por las preferentes, las cláusulas suelo o las hipotecas multidivisa, por citar algunos ejemplos, hasta llegar al momento en que el Tribunal Supremo se quitó la máscara con la rectificación de una sentencia emitida por ellos mismos en referencia al pago del impuesto de Actos Jurídicos Documentados. ¿El tercer poder de la democracia rectificándose a sí mismo para favorecer a la banca? Esta aberración no es más que la confirmación de que el Estado derecho español está al servicio del poder financiero.

Sin embargo, en el caso del IRPH —el índice abusivo que está afectando a más de 1,3 millones de personas que contrataron su hipoteca referenciada a este índice en vez de al Euribor y que han estado pagando de más durante años— todo parece indicar que, una vez más, la banca va a perder y va a ser una derrota sin paliativos porque, además de la defensa que están haciendo del caso José María Erauskin y Maite Ortiz, han sido organismos como la Comisión Europea y el Abogado General de la Unión Europea se han enfrentado a los argumentos defendidos por la banca y por el Estado español.

Por esta razón, los afectados del IRPH van a poder con la banca. David va a ganar a Goliat. La Asociación Stop IRPH Gipuzkoa ha realizado un análisis del informe del Abogado General que afirma, entre otras cosas, que en la Directiva Europea 93/13 sobre las cláusulas abusivas, el artículo 1.2 dice que quedan libres del control de transparencia las cláusulas que reflejen disposiciones legales imperativas… pues bien, ¿es aplicable dicha excepción en el caso de la cláusula IRPH?

Para entendernos, lo que dice el artículo 1.2 es que no se puede exigir transparencia a las cláusulas que son fijadas por imperativo legal. Es decir, que a mi compañía de la luz no se le puede reprochar nada por no haberme explicado bien que me iba a aplicar el IVA. ¿Por qué? Porque no hay alternativa: el IVA me lo tienen que cobrar sí o sí. Es un imperativo legal.

¿Era imperativo aplicar IRPH a un préstamo? Obviamente no.

Entonces, ¿queda la cláusula IRPH libre del control de transparencia en virtud del artículo 1.2? ¡Obviamente no!

Y parece muy obvio, pero el Tribunal Supremo Español (salvo los magistrados que firmaron un voto particular) y el Gobierno Español han defendido justo lo contrario. La abogada del Gobierno de España María José García Valdecasas-Dorrego mantuvo esa postura en la vista oral, y se ganó 10 minutos de apuro intentando justificar lo injustificable ante las incesantes preguntas del atónito tribunal (puedes leer una crónica completa de la vista oral aquí).

Pues bien, Maciej Szpunar dice que, obviamente, no hay excepción que valga. Y si la sentencia del TJUE coincide con este criterio habremos saldado un gran escollo: la cláusula IRPH sí debe someterse al control de transparencia.

La siguiente pregunta planteada al TJUE también parece sencilla, y se refiere nuevamente a una excepción: el artículo 4.2 de la Directiva 93/13 dice que, para las cláusulas referidas al objeto principal del contrato (como sería el caso del tipo de interés), no cabe juzgar si el contenido es abusivo, y el control debe limitarse a verificar su transparencia. Según esto, los tribunales no podrían entrar a juzgar si el IRPH produce un desequilibrio entre las partes, y se tendrían que limitar a verificar que la cláusula fue redactada de manera transparente y comprensible.

Sin embargo, el Estado español, al transponer la Directiva 93/13 a su legislación, no incluyó dicho artículo. Y puesto que dicho artículo no ha sido transpuesto (y no era obligado hacerlo), la excepción no aplica en España y los jueces españoles sí pueden (deben) controlar el contenido de las cláusulas que afectan al objeto principal del contrato. Eso es al menos lo que han defendido los abogados de los consumidores (Maite Ortiz y José María Erauskin) y la Comisión Europea. Y el Abogado General dice en su escrito que, efectivamente, no hay artículo 4.2 en el Estado español. De modo que, si el TJUE coincide, habremos saldado un segundo gran escollo: la cláusula IRPH debe someterse además al control de abusividad de su contenido.

Pero si no ha sido transpuesto, ¿hacía falta discutir algo tan básico? Pues sí, porque el Tribunal Supremo Español y el Gobierno Español dicen que bueno, que vale, que el 4.2 no fue literalmente transpuesto pero que no por eso no lo vamos a aplicar, vamos a ver, que realmente sí que se quería transponer, pero que hubo un error en una votación en el Congreso, que tampoco nos pongamos exquisitos, que mejor lo aplicamos y respiramos más tranquilos. Pero el señor Szpunar no está por la labor de tragar, y recuerda que el no transponer ese artículo es perfectamente legítimo, que dota de mayor protección a los consumidores españoles, y que es algo que ya se ha discutido en el TJUE. El Abogado General hace una acusación gravísima al Supremo: le acusa de legislar al aplicar un artículo inexistente, es decir, le acusa de saltarse la separación de poderes. Y al Gobierno Español le acusa de actuar contra los principios de seguridad jurídica, de transparencia y de cooperación legal. Casi nada.

En la siguiente pregunta se pide al TJUE que establezca qué información debió facilitar el banco al consumidor para considerar que la incorporación del IRPH al contrato fue transparente.

El Abogado General coincide con los abogados del consumidor y con la Comisión Europea en que la exigencia de transparencia no puede reducirse al plano formal y gramatical y debe entenderse de manera extensiva. La información facilitada debe hacer posible que el consumidor pueda valorar las consecuencias económicas que se derivan de la cláusula IRPH, cuya fórmula califica de compleja y poco transparente. Y destaca algo que los afectados hemos denunciado siempre: para considerar que el consumidor ha comprendido el método de cálculo debe poder acceder a un dato muy importante, y es que el IRPH se calcula como una media de tipos TAE, que incluyen comisiones y gastos. Ese detalle está incluido en la definición del IRPH.

Maciej Szpunar opina que se debió facilitar no solo la definición completa del IRPH sino también las disposiciones de la normativa nacional pertinentes y, además, la evolución durante los dos últimos años naturales.

Tras establecer estas condiciones es cuando el escrito señala que las considera cumplidas en el caso particular que se juzga, y es éste el punto que ha querido destacar la banca española. Desconocemos si Bankia ha demostrado haber facilitado al consumidor la evolución pasada del IRPH (bien porque se incluía dicha información en las escrituras o bien aportando un documento firmado por el consumidor). En nuestros casos concretos y en todos los que hemos ido conociendo todos estos años de compartir experiencias con personas afectadas por IRPH de todo el estado nunca hemos visto tal información. Además, parece que la definición de IRPH incluida por Bankia en las escrituras no era completa, porque omitía precisamente el hecho de que el IRPH se calcula con tipos TAE. Por tanto, el caso particular analizado no superaría el control de transparencia propuesto por el Abogado General, y estaríamos ante una contradicción por su parte.

Pero, en cualquier caso, recordemos que al TJUE se le pregunta por la información que cabe exigir al banco, y no se le pide que juzgue si el caso analizado cumple o no, así que esta valoración no es relevante. Será el juez español el que revise si la información requerida fue o no facilitada. Así lo recuerda Maciej Szpunar: «corresponde al órgano jurisdiccional remitente efectuar las comprobaciones que considere necesarias a este respecto», teniendo en cuenta los requisitos «que el Tribunal de Justicia facilitará en respuesta a las cuestiones prejudiciales planteadas».

Por último, al TJUE se le pregunta sobre las consecuencias de una hipotética nulidad de la cláusula IRPH: si el préstamo debe quedar sin interés o si se sustituye el IRPH por otro índice como el Euribor, y si cabe o no la retroactividad. Es algo sobre lo que el Abogado General no ha opinado. ¿Por qué? En nuestra opinión, porque es algo sobre lo que el TJUE se ha pronunciado repetidamente: anulada una cláusula, se debe tener por no puesta, y por tanto el efecto aquí sería que el préstamo queda sin interés, con retroactividad es total. Y no lo decimos sólo nosotros. El diario Expansión recoge el 14 de septiembre unas declaraciones de una fuente de la banca que reconoce que la falta de opinión del Abogado General es negativa para ellos, ya que «si no hay mención explícita, el abogado general apuesta por aplicar la regla general. Y la regla general es retroactividad total».

Para no aplicar esta regla general el Gobierno de España ha defendido que pondría en riesgo la estabilidad del sistema financiero. Pero la Comisión Europea fue tajante durante la vista oral: el gobierno español no ha presentado ningún estudio que demuestre dicho riesgo, por lo que la retroactividad debe ser total en caso de nulidad.

Sobre la opción de sustituir el IRPH por Euribor para no dejar el préstamo sin interés, también sería algo excepcional, porque si se considera que la cláusula es abusiva no cabe moderarla. Es algo sobre lo que tampoco cabe ninguna duda jurídica. La única excepción la explicaban los abogados del consumidor en su escrito, y la suscribió la Comisión Europea: sólo si se considera que el préstamo no puede subsistir sin interés cabría sustituir el IRPH por otro índice como el Euribor (manteniendo el diferencial para no compensar la diferencia, porque debe haber castigo a la banca). La Comisión Europea destacó que esto no debería ocurrir porque un préstamo sin interés es totalmente factible según la legislación española, pero nos apostamos lo que queráis a que, llegado el caso, el Supremo opinará lo contrario, propondrá sustitución por Euribor y la discusión se alargará.

La aristocracia obrera se acerca a Errejón

Parece que los nuevos tiempos también llegan a las cúpulas de las organizaciones sindicales y se convierten a la “nueva política” con suma rapidez. O cuando menos eso parece escuchadas las declaraciones y los arrumacos que el secretario general del histórico sindicato socialista se hace con el errejonismo. Desde la separación entre Nicolás Redondo y Felipe González tras la reconversión industrial, los contratos basura para los jóvenes y la huelga general de 1988, lo que supuso una ruptura de facto entre partido y sindicato (UGT y PSOE), la central sindical se había mantenido en cercanía pero conservando vínculos con el hermano político. Cándido Méndez tampoco se salió de ese patrón de actuación. Parece que Pepe Álvarez desea otro tipo de relaciones más fraternas con otros partidos.

UGT, desde su autonomía sindical, siempre ha participado, como ha hecho CCOO, en actos de los partidos políticos, incluso de derechas. Aunque es cierto que cada uno se ha mantenido en su parte de la esfera política de la propia familia. El socialismo y el comunismo en cada caso. Ahora, con la nueva política presente, parece que UGT quiere jugar en otras ligas. En la celebración del 130° Aniversario de la fundación de la UGT contó con la presencia de Carmen Calvo e Íñigo Errejón. En ese acto volvió a pedir la derogación de la reforma laboral del PP criticando la idea de esperar hasta la conformación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores y anteponiéndola. Sabe que está en juego la autonomía sindical y el poder de los sindicatos para hacer valer la lucha en los Convenios Macro y no que prevalezcan los de empresa (que suelen ser más lesivos). Igualmente exigió la derogación de la Ley Mordaza que manda a la cárcel a los sindicalistas en lucha.

Sorprende que, sin embargo, haya estado dedicando carantoñas al nuevo partido creado por Errejón, Más País, en los últimos días y le haya invitado a esa celebración cuando la vida política del candidato no es que haya estado marcada por una defensa de lo sindical como elemento de la lucha de clases en la praxis. Todo lo contrario, para Errejón la UGT no es más que una ficha a poder encajar en esa suma de demandas que es el populismo. Así sorprende que, más allá del apoyo que prestan a los tres partidos del espectro de la izquierda, Álvarez haya dicho lo siguiente de Más País en una entrevista: “Creo que su partido aporta frescura, hay gente que no iría a votar y ahora sí lo hará, y el sindicalismo tiene que ayudar a que haya más gente vaya a votar”. ¿Frescura? ¿Captar abstencionistas? Prestar la sede de UGT ¿ayuda a que las personas vayan a votar? O realmente existen otros motivos de apuesta a tener un partido amigo que sirva como cuña al PSOE por no hacer caso de las demandas sindicales. Todo esto pensando que CCOO se haga más presente en Unidas Podemos, evidentemente.

Lo malo cuando se llega a ser aristocracia obrera es que se pierde la perspectiva de la lucha de clases y se acaba entrando en la teatralización de la política espectáculo. ¿A qué viene ese acercamiento a Más País cuando es el partido, de los tres, que menos se preocupa en sí de la clase trabajadora? Al menos de las verdaderas demandas de la clase trabajadora. Porque en Más País esa clase, que a veces catalogan como plebeya en algunos análisis, sólo son masas a las que conquistar en el sentido de pueblo, no de clase trabajadora, ni clase subalterna. Y como pueblo es una masa informe a la que sí, hay que proveer de ciertos mínimos vitales, pero nada más. Un despotismo populista donde el pueblo lo es todo para no decidir nada frente a la “aristocracia popular”. ¿Acaso quiere Álvarez que le consideren aristocracia popular? Que un partido se sitúe en la izquierda, por autoubicación, no es óbice para que un sindicato como la UGT le haga carantoñas, salvo que como aristocracia obrera se haya perdido toda fe a la lucha de clases y no sean más que unos burócratas de o sindical.

Álvarez ha calificado como “hombre capaz” a Errejón, bastante más de lo afirmado respecto a otros candidatos, y ha añadido que “es un hombre con mucha perspectiva de aunar y trabajar por los derechos de las personas”. Y aquí tenemos la clave de la dejación de funciones del secretario general de UGT y la lucha de clases en la práctica. El errejonismo trabaja por los derechos de las personas, algo que es bello y hermoso, aunque con varias contradicciones inherentes: ¿qué derechos?, ¿para quién esos derechos?, ¿contra quién esos derechos? Hablar de los derechos de las personas es la forma más sutil de la ideología dominante para ocultar la realidad de la explotación. Álvarez acepta el discurso de la Justicia de derechos sin preguntarse si esos derechos son justos, si son derechos y en qué sentido benefician realmente a todo el mundo. Errejón pelea por los derechos de las personas, del pueblo, pero quieren legalizar la prostitución, por ejemplo. ¿Cree Álvarez que Errejón va a pelear derechos laborales así como así, por principios? Eso supone no conocer a Errejón y el populismo que representa. Lo hace en tanto en cuanto sume a su proyecto y como lo altermundista está de moda pues ahí saca su tuit de lucha. Claro y ese camelarse a los sindicatos con el aumento del poder sindical ¿poder dónde y contra quién?

El establishment preocupado porque Podemos no baja en las encuestas

Todos se las prometían muy felices con la irrupción de Más País. Al fin tendrían un partido  que protesta por cuestiones del sistema pero sin poner el dedo en la llaga. En el PSOE contentos porque quieren ver destruido a Pablo Iglesias y tener un socio más amable (aunque a largo plazo el errejonismo quiere ser el sustituto del PSOE) y adaptable a los requerimientos del dirigente máximo. Y parece que la fiesta que querían montar el día 10 de noviembre por la noche va a tener que esperar para mejor tiempo. A día de hoy Podemos no se hunde en las encuestas como querían y deseaban. Bien al contrario son otros partidos los que pierden voto y diputados.

Ayer un sondeo de La Voz de Galicia otorgaba 119 escaños al PSOE (hoy tiene 123), 41 escaños a Podemos (42) y 19 a Más País (con un 6% del voto). En ese sondeo el partido que se hunde, para dolor del cuñadismo patrio, es Ciudadanos que baja hasta los 27 diputados (Vox baja un poco pero era previsible). Otras encuestas ofrecen una estimación en la que Podemos baja un poco más pero manteniendo una posición muy por encima de los 20 escaños que era el sueño del PSOE y del establishment. En ninguno de los sondeos que ya se han hecho para medir el impacto del errejonismo Podemos desaparece como actor principal. Incluso el CIS de José Félix Tezanos le daba un aumento del apoyo a Podemos hasta superar el 15% del voto. En La Moncloa preveían una caída de Podemos y una subida del PSOE para poder negociar el 11 de noviembre en una posición de fortaleza y teniendo como elemento subalterno a la formación morada. Hoy eso es un mero sueño o un constructo de personas con poca visión política. Tras afirmar Pedro Sánchez que perdería el sueño si Podemos estuviese en el Gobierno, cualquier intento de culpar a Iglesias y su gente de los mil males acaba por el desagüe de la política. Y ahí Podemos ha salido reforzado. Con poner ese vídeo todos los días le llegarán unos cuantos votos.

El establishment mediático le está poniendo una alfombra roja a Más País pero deben estar viendo extrañados (lo decimos en masculino porque son hombres todos) los sondeos públicos y filtrados porque se malogra su estrategia de convertir a Podemos en una minoría que entienden como necesaria y posibilitar un gobierno de Gran Coalición. Si hiciésemos caso del sondeo de La Voz de Galicia PSOE-Más País-Podemos tendrían mayoría absoluta y Sánchez debería aceptar ministros morados con el peligro de perder el sueño por cuatro años. La clase dominante no quiere que Podemos desaparezca en sí. Quieren que siga desde una posición minoritaria a la que culpar o utilizar para despistar de lo importante. No quieren que se mire lo que vienen haciendo en los últimos años causando precariedad, pobreza y explotación (más la acumulación por desposesión de lo público). Aunque Podemos lo denunciase siempre podrían decir que son inventos de una minoría radical. Sin Podemos quedarían sin chivo expiatorio.

La reunión de Pedro Sánchez en Nueva York con las grandes empresas financieras (incluida la de su ahora amigo George Soros que tiene su particular batalla contra otra fracción de esa clase dominante) no es más que una más de las reuniones, en muchos casos secretas, que viene teniendo en Moncloa con diversos magnates. Algo normal para un presidente del Gobierno pero algo más de trasparencia permitiría no pensar mal. Pero en sí supone la clara conexión entre el secretario general del PSOE (con su entrepreneur friendly) y la fracción dominante del bloque en el poder. Allí aseguró que subiría un poco los impuestos pero no hasta el nivel que podrían imaginar (que sería pagar lo que dictamina realmente la ley hacendística). Con un Podemos fuerte eso no pasaría, con uno débil podrían gritar en el Parlamento pero les señalarían como comunistas peligrosos. Por tanto, que no se hunda Podemos no es una buena noticia para la clase dominante, el establishment o el bloque en el poder, como quieran llamarlo. Quedan días de campaña por delante, pero los primero augurios (aunque la casi desaparición de Ciudadanos es una alegría para los que mandan) no están gustando. Tanto apoyo a una opción política de bohemios burgueses que no conseguirá acabar con Podemos.

Los sudores fríos de Sánchez con Errejón

Si ayer mismo contábamos que en Podemos se ha pedido de manera sutil y en forma de goteo que se haga caso omiso a Más País, en el PSOE sucede lo mismo con la adenda de la formación morada. Ya se comenta en las redes del PSOE que cuanto menos publicidad se haga de Más País y Podemos mucho mejor. Si en el caso de la formación de Pablo Iglesias tiene la significación de haber partido ambas formaciones del mismo “núcleo irradiador”, en el caso del PSOE viene determinado por los sudores fríos que están comenzando a tener las personas del grupo electoral del partido ante los trackings que vienen manejando en la últimas horas.

Durante el Comité Federal de ayer, si prestan atención a las palabras de Pedro Sánchez, en ningún momento pronunció los nombres de las otras candidaturas que pugnan en el espectro de la izquierda, tan sólo se refirió a Podemos con un lacónico “no hay tiempo para lamentos por una victoria que otros malograron”. Todo el discurso pergeñado por Iván Redondo se situaba en un intento de proyección: “sólo los socialistas nos focalizamos en lo que importa, avanzar en paso firme y ofrecer una salida al bloqueo” o “España necesita un gobierno progresista y estable para garantizar el Estado del bienestar y la cohesión territorial”. Todo aquello de mirar a la izquierda ha quedado en el baúl de los recuerdos para centrarse en lo “progresista” sin más. Una búsqueda del centro político para poder lograr una mayoría de cara a la futura crisis que asoma en lontananza y porque el giro a la extrema derecha de Ciudadanos permite al PSOE volver al punto en el que peleó en 2015.

La estrategia del PSOE de virar al centro es inmanente al propio candidato. Se encuentra más a gusto en esa zona de confort por su propia formación y posición de clase. Se vio claramente en su primera etapa como secretario general. Una socialdemocracia más centrada en elementos de Justicia social que en transformación sistémica y un PSOE como eje vertebrador de la estructura política española. Una estrategia que ya había tenido la mayoría de sus antecesores, especialmente Felipe González. Todo ello trufado de las nuevas demandas identitarias salvo lo nacionalista (aunque cabe recordar aquella imagen con una enorme bandera de España detrás de él). Al no funcionar esa estrategia, en la vuelta a la secretaría general decidió virar hacia la izquierda tanto por presión de los militantes como por la oportunidad de distanciarse de Susana Díaz. Esto no empece para que siempre haya considerado al PSOE como eje vertebrador de la estructura del sistema como ha demostrado en sus intervenciones y en su acción de Gobierno.

ahora no se puede dar publicidad negativa ni de Más País ni de Podemos porque perjudica a la hora de captar el voto

Con la llegada de Más País en el PSOE aplaudieron con la orejas. Engañados por los resultados madrileños que se dieron bajo una coyuntura especial y un espacio regional distinto, no dudaron en apoyar la iniciativa del errejonismo como fórmula para acabar con Podemos, especialmente con su dirigente máximo Pablo Iglesias, persona a la que señalan como la gran causante de la no-investidura de julio por su empeño en pedir cargos que, entienden en el PSOE, no podían ceder para un gobierno de coalición. Y como tampoco quiso lo que se ofrecía, y eso que desde el PSOE se garantizaba la vicepresidencia a Irene Montero (como punto crucial para negociar), prefieren verle abatido y en lo mínimo posible para no tener que negociar con él más nada, salvo alguna cuestión programática. Por eso tanto mensaje en las redes aplaudiendo que Compromís, Equo y demás grupúsculos se unan al proyecto errejonista. Por eso los medios afines al PSOE alabando la “izquierda amable” que supone Íñigo Errejón según su parecer. Por eso una campaña de apoyo desde las filas del PSOE para dejar a Podemos con los siete de Francisco Frutos. Errejón ocuparía el lugar de Podemos en el espectro de la izquierda sin dañar prácticamente al PSOE ideaban en la factoría de Redondo con una subida en escaños hasta los 154 que vaticinaba José Félix Tezanos. Pero…

La palidez de algunos de los asesores al ver los últimos trackings (encuestas para determinar el progreso del voto), según nos cuentan fuentes de la sede presidencial, fue mucho mayor que la aludida como belleza en el clásico de Procol HarumA Whiter Sade of Pale”. Una palidez tirando a verdosa por el mordisco que comenzaba dar el errejonismo al voto del PSOE para las siguientes elecciones. El CIS quedaba en papel mojado frente a esos datos que hablaban de bajada, no muy fuerte en estos momentos, del PSOE y casi mantenimiento de Podemos. En Madrid los datos son distintos por la composición ideológica de la región y porque la batalla autonómica se presentó más entre dos partidos (Podemos-Más Madrid) que en términos de espectro de la izquierda. Y ya en aquel momento Errejón había quitado más de cien mil votos al PSOE pero quedaba amortiguado por lo que perdía Podemos en favor del PSOE y lo que captaban de Ciudadanos. Esto no lo supieron ver las mentes privilegiadas que tiene como asesores Sánchez y ahora, con una coyuntura distinta, donde el electorado culpa a ambos partidos de la izquierda de fracasar, con distintas gradaciones según la clase social, la irrupción de Más País torna de izquierda amable a izquierda peligrosa. De ahí que el propio secretario general socialdemócrata haya calificado al PSOE como “izquierda cabal”. No han sabido ver que el errejonismo quiere situarse como el partido clave, aunque lo podrían haber leído aquí.

Los trackings son tan evidentes que la estrategia se ha debido modificar deprisa y corriendo

Ciudadanos pierde cada día votos en favor del PP pero la transferencia hacia el PSOE, que es lo que piensan los inteligentes de Moncloa que pude pasar, está muy contenida y compitiendo con los de Errejón. Los trackings son tan evidentes (ayer mismo Electomanía ya daba 100 escaños al PP y bajada del PSOE) que la estrategia se ha debido modificar deprisa y corriendo para que el errejonismo no acabe con las posibilidades de victoria holgada del propio PSOE. Desde estas página ya se advirtió del peligro potencial del errejonismo y la configuración de un marco donde las únicas soluciones serían una Gran Coalición (lo que desean fervientemente desde la clase dominante) o un gobierno de Frente Amplio. Esto para la formación de Gobierno sino se va a nuevas elecciones, algo que ni la sociedad ni los poderes establecidos permitirían. Este cambio en la estrategia del PSOE se ve en ciertos grupos de las redes sociales del PSOE donde han comenzado a pedir que se evite hablar de Más País y de Podemos. Tan sólo dedicarse a hacer publicidad positiva del PSOE.

La utilización de publicidad negativa puede funcionar en según qué contextos electorales y dependiendo de las condiciones de partida de cada formación política. Le resultó muy útil al Podemos de 2015 y al PSOE de 2019 (abril) cada uno con sus antagonistas, pero entiende el equipo de Iván Redondo que ahora no se puede dar publicidad negativa ni de Más País ni de Podemos porque les perjudica a la hora de captar el voto. Ya han avisado en algún que otro grupo y pronto lo harán en casi todos. Más País ha pasado para el PSOE de ser el partido majete que recoge el voto que se puede ir a la abstención y quitarle a Iglesias, al partido que a poco que se descuiden pueden dañar al PSOE en las zonas urbanas, justo aquellas donde hábilmente se presentarán los errejonistas. Al no analizar los datos con un perspectiva de clase, sino como elementos empíricos puros y claro (el idealismo empirista), no han visto que el errejonismo, igual que pasa con Podemos, les quita mucho voto de las clases medias, especialmente urbanas y con formación universitaria.

Tenemos, entonces, a PSOE y Podemos, cada uno por sus especificidades pidiendo a sus bases que no hay que dar publicidad a Más País no vaya a ser que se paguen las consecuencias. En el PSOE, además, tienen la historia de Andalucía muy reciente donde Susana Díaz se lanzó a clamar contra el peligro de la extrema derecha y acabó activando un voto durmiente que provocó su salida de San Telmo después de cuarenta años de hegemonía del PSOE. Por tanto, ningún tipo de publicidad para Errejón y sólo a difundir los mensajes del partido, aunque cada persona pueda entrar en algunas peleas dialécticas de modo puntual. Tras ver que Más País les roban un buen caudal de voto y que Podemos no se hunde (las manifestaciones de la pérdida de sueño de Sánchez tampoco han ayudado) hay que evitar darles cualquier tipo de publicidad. Ahora queda por saber si la estrategia de posicionarse en el centro de la contienda para ser el eje vertebrador de la estructura sistémica, para vertebrar España, se va a mantener, pues están dejando descubierto el flanco izquierdo, o se jugará al todo o nada bajo los designios del iluminado Redondo, de quien piden el cese algunas de las personas de la Ejecutiva por sus continuos errores. Tras lo escuchado en el Comité federal apuestan por la moderación… de momento.

¿Dónde iremos el 10-N los socialistas enfadados?

Íñigo Errejón acaba de anunciar que ha decidido liderar un nuevo proyecto, “Más país”, que pretende ser una alternativa sensata y pactista desde la izquierda, que favorezca su entendimiento ante su reciente fracaso que nos lleva a elecciones el próximo 10-N y al mismo tiempo para evitar el ascenso de una derecha crecida.

Una reciente encuesta del medio más próximo al PSOE, El País, señalaba lo que muchos detectan en la ciudadanía, que el 90 % está enfadada y decepcionada ante la incapacidad, especialmente en el seno de la izquierda, de entenderse para poner en marcha un nuevo gobierno.

Resulta sorprendente que esa situación no haya sido prevista por las cúpulas de PSOE y Podemos, quizás porque sus máximos gurús haya ido de sobrados, más empeñados en la batalla del relato que en bajar al mundo real para poder detectarlo.

Asomarse a las redes sociales, con los partidos de la izquierda transformados en una gran maquinaria de palmeros dedicados en cuerpo y alma a destrozar al otro, te puede hacer entender los motivos de esa posición autista de sus cúpulas.

Pero la realidad puede ser que ese altísimo porcentaje lleve, así lo indicaban algunas encuestas, a un incremento importante de la abstención, especialmente en el seno de quien resulta responsable máxima del fiasco, la izquierda.

Algunos gurús de la demoscopia como Narciso Michavilla incluso se atrevían a vaticinar que esa abstención prevista podría situarse entre el 5 y el 8 %, o sea de 1,5 a dos millones de electores.

En ese apocalíptico panorama para la izquierda, que podría suponer un vuelco electoral sin precedentes que trajera la vuelta de la derecha, aparece Íñigo Errejón y su “Más país”.

La aparición de un nuevo proyecto siempre genera ilusión y expectativas, especialmente cuando los existentes han traído tanto enfado y decepción.

¿Será suficiente para conseguir un buen resultado? ¿Conseguirá que los votantes de la izquierda cabreados que pensaban ir a la abstención no lo hagan y les apoyen?

Esas son las preguntas clave y quizás las que de responderse afirmativamente podrían conseguir parar la sangría de la izquierda. Pero existen otras que podrían tener una influencia vital en los resultados del próximo 10-N.

En el seno del PSOE en las horas previas se palpaba euforia, porque se teorizaba con que la casi totalidad de votantes de la nueva formación les vendría de Podemos. De ahí las primeras declaraciones de Pedro Sánchez y Carmen Calvo con loas indisimuladas a Errejón.

Pero algo ha cambiado en las últimas horas, quizás manejen algunas encuestas recientes, y las últimas declaraciones de su portavoz Rafael Simancas han cambiado el tono respetuoso de sus mayores.

No me parece que haya que ser muy listo o un gurú demoscópico para darse cuenta, que “Más país” puede ser el refugio electoral de mucho votante socialista sensato y alejado de la secta afiliativa, después del enfado provocado por el PSOE y su rígida postura en la parte final de la negociación.

Quizás esa gente que apoyaba y estaba de acuerdo con ese partido en la primera fase y la generosa propuesta ofrecida a UP de una vicepresidencia y tres ministerios, no haya comprendido la rigidez del final retirándola que llevó a la ruptura.

Un sector de votantes socialistas que no han entendido que se ponga en riesgo una mayoría amplia de la izquierda, en un momento de flexibilidad del nacionalismo vasco y catalán, abriendo la posibilidad de recuperación de la derecha.

Esos votantes socialistas leales enfadados y defraudados jamás cambiarían su voto por el de Podemos, pero sí podrían hacerlo hacia la nueva formación de Íñigo Errejón que además tiene ante sus ojos una buena imagen muy diferente de la de Pablo Iglesias.

Votarle les daría la tranquilidad de que su voto jamás servirá para la quiebra y el enfrentamiento entre la izquierda, sino antes lo contrario para su entendimiento y acuerdo.

Por último son votantes que apoyaron a Pedro Sánchez para los que su figura es admirada y respetada y saben que votar a “Más país” servirá precisamente para facilitar su investidura, pero al mismo tiempo resultará un aviso a navegantes.

Por eso   la respuesta a la pregunta anterior es que esos votantes socialistas enfadados con lo ocurrido, que jamás votarían a Podemos, que les dolería mucho ir a la abstención después de toda la vida votando socialismo, vean en Errejón y su partido un refugio para sus votos, un tirón de orejas a sus líderes y al mismo tiempo sin que resulte un riesgo para la izquierda y Pedro Sánchez.

Sí, el 10-N muchos votantes socialistas lo harán a “Más país” y seguirán siendo leales al PSOE en el que creen y al Pedro Sánchez al que apoyaron en los momentos difíciles y probablemente si ven un cambio en el futuro vuelvan a ser votantes socialistas.

Pero si yo fuera Pedro Sánchez haría una campaña de inversión de futuro. Intentaría demostrarles, aunque ahora ya sea tarde, que sus propuestas, pero especialmente sus hechos, le llevan a recuperar al que ganó las primarias.

Y quizás utilizando un concepto del pasado, intentaría controlar durante la campaña a sus dóberman.

Somos votantes socialistas enfadados, no traidores infectos.

Podemos pide a su gente hacer caso omiso de Más País

De forma sutil, sin querer darle más importancia, desde la dirección de Podemos deslizan a sus bases militantes, especialmente las que son más activas en redes sociales, que a Más País se le niegue el pan y la sal en las distintas redes para evitar que tengan una publicidad. No es una orden como tal que surge de un grupo de Telegram, que suele ser lo habitual en las campañas en redes que maneja Juanma del Olmo. Bien al contrario, en esta ocasión se están utilizando cuentas muy cercanas a la dirección, cuentas estratégicas si lo prefieren, para ir difundiendo con la técnica del goteo la no utilización de noticias relacionadas con Íñigo Errejón y el errejonismo para evitar darles publicidad gratuita.

Unas pocas cuentas escogidas estratégicamente para ir difundiendo el mensaje de no hacer publicidad gratuita al errejonismo, así sean artículos donde se demuestre la verdadera faz de ese constructo al que van sumándose pequeños grupúsculos regionales o con pretensiones (como Equo que tiene más cargos que militantes). ¿Por qué la táctica del goteo y no una orden directa? Porque son conscientes de que en las bases moradas existe un cabreo explicable contra quien consideran un traidor. Por mucha razón que se pudiera tener en el fondo, se perdió en las formas. Esa traición, especialmente en Madrid, dolió mucho porque se hizo con nocturnidad y con la intención de dañar a Podemos. No fue una escisión buscando una pureza ideológica (de eso no manejan en Más País) sino buscando el poder y por el camino cargarse Podemos. Así que impedir que el cabreo fluya, cuando desde las cuentas de la dirección ya se atizará si hace falta, no era opción. Mejor que poco a poco las personas vayan leyendo en cuentas estratégicas o en comentarios en Facebook la idea de hacer caso omiso.

Es la misma estrategia que se intentó hacer a nivel general con Vox a propuesta de ciertos intelectuales, al ser conscientes que poner un tuit o colgar un artículo con la última burrada de la batalla cultural que mantiene la extrema derecha es darles publicidad gratuita. Lo mismo se espera hacer con el errejonismo, quitarles publicidad aunque sea negativa. Que Tania Sánchez dice que son los hijos de la revolución, ni caso.  Si Errejón dice que salvará a España de los males que le afectan, ni caso. Y así con todas y cada una de las proclamas que lancen desde Más País. Hacerles el vacío en las redes para que se queden ellos solos y poco más. Evitar que capten publicidad de cualquier tipo. Digan lo que digan, hagan lo que hagan como si no existiesen. Prudencia y no contestarles, ni atacarles en redes no vaya a ser que suceda como con Joan Baldoví que obtuvo una publicidad gratuita por los ataques desde Podemos. Procurar que no hagan del victimismo una forma de generar pena y conseguir votos de las gentes de Podemos. Alguna persona les dirá traidores, seguro, pero mejor que sean casos sueltos antes que algo más orquestado.

La clase dominante va a aprovechar cualquier resquicio que se deje para potenciar, más si cabe, los planteamientos de Errejón y los suyos. Planteamientos que son copia de Podemos y del PSOE. No es que sorprenda esto. Mas se intenta evitar que pueda haber algún tipo de comparación del tipo “Errejón es mejor que Iglesias y sus gentes no insultan en redes sociales”. Evitar que se haga un mártir y que eso impida que el mensaje del propio partido se difunda en la maraña de estupideces que se ven en las redes sociales. Como se dijo antes, es claro y evidente que, por ejemplo, Juan Carlos Monedero atacará con fiereza las veces que haga falta y ahí habrá tiempo de repicar el mensaje pues, al fin y al cabo, será un mensaje pensado y bajo una coyuntura específica. Algo que, sin embargo, no importa que se haga contra el PSOE con el argumentario ya conocido. Porque se sumarán esas críticas a las que lanzarán desde la derecha y no se verá solamente a Podemos como la fuerza de ataque. Evitar dar argumentos a los medios para extender su poder ideológico contra Podemos por cuestiones banales al fin y al cabo. Así que goteo para difundir que es mejor hacer caso omiso de todo lo que tenga que ver con el errejonismo, algo que aprendieron de la campaña madrileña.

Errejón no necesita programa

Más País, el grupúsculo errejonista de “posmopijos” (la calificación se la debemos a Francisco Arnau, o al menos ha sido al primero que se lo leímos), no necesita ningún tipo de programa. Le valen todos y ninguno a la vez. Andan en los medios de comunicación preocupados por conocer qué tipo de programa presentarán quienes hablan de progresismo todo en todo momento como si eso fuese fundamental para el populismo nacionalista que encabeza Íñigo Errejón. Ellas y ellos con hablar de los problemas del país, así de grosso modo, les vale porque es inmanente a su propia constitución. El ser del populismo, precisamente, es no tener un programa fijo sino hacer de la transversalidad virtud. Todo lo transversal es el programa de un populista postmoderno como Errejón.

Intentando no ser densos, aunque el pensamiento del populismo errejonista lo es, explicaremos eso de que no necesitan de un programa electoral en sí. En general, tampoco nos creamos todo lo que nos venden, los programas electorales ni son un contrato con la sociedad, como dicen algunos iluminados, ni se presentan para cumplirlos al cien por cien. Entre otras cosas porque nadie se los suele leer y prefiere que les suelten píldoras edulcoradas en declaraciones y análisis someros en los medios de comunicación (o de configuración del tablero como contábamos ayer). Así que pedir a Más País que ofrezcan un programa electoral sólo es parte del combate electoral porque quienes lo piden saben perfectamente lo que se encontrarán. Reduciendo un tanto sin llegar al absurdo ¿recuerdan las 370 propuestas del PSOE y los puntos que ofreció en agosto Podemos? Ahí tienen el programa de Más País porque tomarán todas esas cuestiones. Recurrirán a los lugares comunes (esos que sirve para plagiar manuales) y a las demandas que entiendan que encajan mejor con la campaña electoral y ya está. A eso súmenle un nacionalismo que llamarán del pueblo, más lo que vayan tomando prestado durante la campaña electoral y tendrán el completo de los posmopijos.

Por definición los populistas carecen en sí de ideología, como mucho comienzan aprovechando un hueco libre en el continuo ideológico del país en cuestión (aunque suelen tender a aparecer en la derecha en Europa) y se intentan extender a todo el tablero político. Los populismos son inmanentemente totalitarios. Intentan cubrir todas las rendijas que les permite el sistema y abarcar cualquier capa o demanda que surja. De ahí que, como los falangistas (que eran tan populistas como los actuales) dijesen que ni de izquierda, ni de derecha. Ahora, dada la coyuntura española, el errejonismo se sitúa en el espectro de eso tan intangible como lo progresista. No dicen la izquierda porque no son de izquierdas. Es una categoría que les sobra y les impide lograr su verdadero objetivo: la obtención del poder por el poder. Pueden ser ecologistas, feministas (aunque apoyen la prostitución), falangistas de nuevo cuño, desear el bien del pueblo y confortar a la clase dominante todo a la vez. Eso que los teóricos llaman cadena de equivalencias supone que en el plano ideológico y de lucha política les da igual ocho que ochenta. Cualquier demanda les vale y por ello su programa debe ser lo suficientemente etéreo para encajarlo en esa cadena de equivalencias.

La utilización de palabras huecas (o significantes vacíos) es su forma de expresarse ya que les permite, como sucede con la palabra progresista, captar a unos y otras. Por eso utilizan país, pueblo y demás ocurrencias. Establecer un programa electoral, digamos, fuerte es una limitación para sus verdaderos propósitos. Como buenos postmodernos e hijos de la burguesía que sienten que el poder debería ser suyo pues son los filósofos-rey de Platón, porque el clasismo y el elitismo se huele a distancia en Más País, viven en un medio completamente líquido y etéreo. Lo sólido, el verdadero compromiso (como puede ser el compromiso de clase) les espanta ya que no les sirve para alcanzar la totalitarización del poder y la sociedad como es su intención. Llegar a todos los lugares y a todas las personas necesita no someterse a ideología alguna. Han encontrado hueco en el sector izquierda y desde ahí lanzarán su ataque al resto de partidos. Si lo hubiesen encontrado en la derecha habrían atacado desde el otro sector porque no se casan con nadie salvo con ellos mismos y aquello que movilice. También es cierto que el cuñadismo de Ciudadanos (que es un populismo del sistema) les impide situarse en esa posición pero les tienen en su punto de mira por mucho que hoy digan que no dejarán al PSOE acercarse a Ciudadanos. Si mañana otean que el “pueblo” quiere juntar a PSOE con Ciudadanos y tiene el beneplácito del establishment cambiarán de opinión. Errejón ya se mostraba dispuesto a pactar con Aguado en la Comunidad de Madrid.

Desde luego la clase dominante, al observar que no les produce ningún daño a sus intereses, como contamos hace unos días, les va a dar toda la cobertura necesaria para desgastar a Podemos y PSOE. Quieren una Gran Coalición o un triunvirato PSOE-Cs-Más País y a eso se aplicarán, aunque sin permitir un desbarajuste demasiado amplio. Les interesa, para persistir en la mentira social en que la sociedad del espectáculo tiene a la ciudadanía, que existan disputas aunque éstas sean ficticias y teatrales. Todo con tal de que no haya ninguna fuerza que se vea con capacidad de levantarse frente al capitalismo, así sea de forma rebelde para empezar. Fíjense lo que ha penetrado en los partidos y sectores de izquierda la ideología dominante que Anticapitalistas piden un programa ecologista, feminista y de democracia radical sin más. Puede ser como mal menor seguramente pero ahí está ya el bicho de acabar con posiciones alternativas al sistema.

La clase dominante quiere al errejonismo porque no es un peligro para su posición de dominio. José Antonio Zarzalejos en El Confidencial ha afirmado que la diferencia entre Errejón y Pablo Iglesias es que el primero es competitivo y el segundo destructivo. Desde luego Iglesias no llega a ese límite, pero les genera más miedo porque, cuando menos, impugna al sistema. Los errejonistas no lo hacen desde la visión de la clase trabajadora sino desde el nacionalismo progresista cambiando los parámetros de lucha política. Como buenos seguidores de Chantal Mouffe, entienden la política desde lo agonístico que significa que siempre habrá contendientes en lucha pero lo mejor es hacerlo desde las reglas del juego establecidas. Pedro Sánchez, como socialdemócrata postmoderno, entiende el ruedo político como un sitio de deliberación y consenso, Errejón de lucha bajo unas reglas de juego reconociendo que el otro tiene la misma legitimidad, e Iglesias como un lugar de impugnación. Faltaría un grupo que viese la política como uno de los lugares donde se produce la lucha de clases, pero hoy no está ese espacio ocupado. Todos están en posicionamientos postmodernos de lucha dentro del sistema, no contra el sistema, aunque las diferencias son evidentes y lo que pueden conseguir también. Si les ha calado Zarzalejos es evidente dónde está el engaño, en plantear una lucha que no sofoque a los poderosos.

No merece la pena pedirles un programa electoral porque no lo necesitan en sí. Son más de conquistar la hegemonía utilizando desde una magufada a una huelga, pasando por todas las demandas identitarias (por absurdas que sean) y hedonistas que se ajustan a la perfección a los intereses del Capital. A ver, que si hace falta no presentan un programa sino siete. El corta-pega es su principal forma de actuar en política. Pero bien es cierto que hoy te dirán que blanco, mañana que verde y al siguiente que azul. Según se sitúe ese día la opinión publicada irán corriendo a subirse al carro. Son los hijos bastardos de los nuevos filósofos, como Bernard Henri-Levy, y salvo los derechos humanos (principal mantra postmoderno) el resto les sirve para actualizar su acción. No les verán pedir que se acuda a tomar el Palacio de Invierno, ese no es su estilo, aunque se consideran la vanguardia del país ya que ese regusto leninista es parte del ser de la bohemia burguesa. Althusser o Sacristán se cogieron un cabreo de mil demonios con los partidos comunistas por aquellos cambios del eurocomunismo, hoy en día dirían que estas gentes son burgueses que engañan a la clase trabajadora. En realidad más que Gramsci o Laclau, el referente inconsciente del errejonismo son González y Guerra que tenían su punto populista y nacionalista. Por tanto, no pidan programas porque el errejonismo no lo necesita, es meramente un artificio formal para presentarse que plagiarán hasta al PP si hace falta. Aunque ya estaremos para contárselo.

Lo que ha unido el Ibex que no lo separen los votos

Parafraseando la frase del cura de Escopeta Nacional podríamos haber dicho que “lo que ha unido el Ibex en la tierra no lo separa ni dios en los cielos” pero, además de cierta irreverencia con los creyentes, no termina de ajustarse a la realidad de los hechos. Las estructuras de poder son mucho más fuertes y persistentes que los designios de dios, que para algo aportó el libre albedrío. Y para la clase dominante ese libre albedrío es dominar y que se haga lo que es voluntad propia. Por tanto lo que esa clase dominante, cuyo mayor representación es el Ibex-35, tiene entre manos que los votos que hayan de venir el 10 de noviembre se ajusten a su voluntad, por las buenas o por las malas.

No es un secreto que los poderes dominantes han respirado tranquilos al saber que Pedro Sánchez no se coaligaba con Pablo Iglesias. Pese a la moderación del programa morado, ese que ahora catalogan de socialdemócrata, desde la clase dominante no se fían demasiado. Bien porque consideran que el dirigente de Podemos es bastante «inestable» (escuchado en los mentideros del poder), bien porque le ven como un peligro para sus intereses, esos que nos intentan vender como los intereses de España y los españoles pero son privativos. De ahí que vayan a poner todo su empeño, utilizando todos los medios que tienen bajo su control y que, al final, son los que conforman la “opinión pública” en dar publicidad a lo que pueda surgir de la propuesta de Íñigo Errejón (no es la primera vez que lo hacen). Saben en lo práctico que el errejonismo, como ha demostrado en Madrid y en algunos de sus papeles, no es contrario a los intereses del capitalismo. La Operación Chamartín salió adelante gracias a las buenas relaciones entre el establishment y la formación errejonista. Siendo hijas e hijos de la burguesía tampoco era extraño. ¿Ha perdido o ha ganado presencia Clece, empresa de Florentino Pérez, en la capital? No y le ayudaron con una permuta de terrenos que le ha producido una ganancia de unos cuantos millones.

Desgaste, por tanto, de Podemos en todo lo que se pueda ya que la mayoría de peticiones del errejonismo son asumibles por las estructuras capitalistas. De hecho todo el ecocapitalismo se encuentra recogido en los programas de la formación nacionalista. Lo del nacionalismo o patriotismo, por cierto, es otra cuestión que gusta y mucho en la clase dominante pues, pese a las alusiones al pueblo constantes en Errejón, ya sabemos que la visión dominante del sistema es confundir España con Capital. Apoyarán desde las distintas regiones que pequeñas erupciones sistémicas (como mareas y demás) tengan posibilidad de obtener diputados. Cuestión bien distinta es que lo consigan o no, pero que lo van a intentar es obvio. No es acabar con Podemos, ahí quedará Francisco Marhuenda y los distintos altavoces mediáticos, sino dejarle sin posibilidad real de acuerdo si ganase el PSOE.

Porque lo que les tiene sobrecogidos no se encuentra tanto en esa hipotética izquierda a la izquierda del PSOE, sino el propio PSOE y Ciudadanos (saben de sobra que el PP es fiel y leal, como así lo son las gentes de la extrema derecha de Vox). Albert Rivera no ha cumplido con el mandato que se le encomendó. Le tienen enfilado a él y a la que pensaban sustituta, Inés Arrimadas, por creerse que podían hacer lo que les diera la gana. Desde el Banco de Santander les avisaron, como hizo una de las voces autorizadas de la clase dominante como es Pedro J. Ramírez, pero ellos se pensaron que podían gobernar el mundo (España es demasiado pequeña para sus egos). Por eso le han dado un toque de atención que ha surtido cierto efecto, no el deseado, pero cierto efecto al estar algo más amable Rivera con Sánchez (al menos ya se quiere reunir con el presidente). Esto no empece para que se fíen del dirigente naranja y no les importaría que Errejón algunos votos les quitase. Y si Ciudadanos desapareciese no les importaría. Las encuestas ya vislumbran que no serían determinantes para un gobierno con el PSOE y eso será utilizado por los medios del establishment para desviar el punto de mira hacia otros partidos.

Y si no se fían de Rivera, que ya les ha fallado como hemos dicho, menos lo hacen de Sánchez. Pese a que el presidente del Gobierno entiende la postura de la clase dominante, se reúne con sus dirigentes todas las semanas de forma fraternal, no las tienen todas consigo porque saben que en cualquier momento puede virar por ganar tres votos más o acabar con Podemos (que parece que es una auténtica obsesión del máximo dignatario). Con Rivera, como ha desvelado Óscar Puente, sí quiere pactar Sánchez. Bueno mejor dicho con Ciudadanos en general ya que, como se demostró en 2016, comparte mucho más en lo económico y en lo personal (son todos burgueses), pero la suma no daría y Sánchez, pese a la crisis económica que ya asoma en lontananza, jamás pactaría con el PP. Esta es la verdadera ilusión del Ibex una Gran Coalición que gobierne España durante una década como poco y Sánchez seguramente no la aceptaría porque quedaría señalado en la Historia. Por eso al establishment no le importa que Sánchez, al final de las nuevas elecciones, no tenga capacidad para conformar mayoría absoluta con nadie excepto el PP. Pablo Casado ha dicho con la boca pequeña que no lo haría pero es de sobra conocido que lo haría. Al final como dice el brillante liberal Jorge Vilches ambos están en la hegemonía socialdemócrata.

Las intenciones, desde hace tiempo, es que se forme una Gran Coalición o, cuando menos, un gobierno social-liberal. La entrada de Errejón, al que apoyarán con todo, permitiría un gobierno ecosocialdemócrata con el apoyo de Rivera, o un gobierno social-liberal con apoyo de Errejón. Un punto por debajo de los deseos de la clase dominante pero que sirve igualmente a sus intereses. Así controlarían a Sánchez para que no se desvíe de lo que dice en privado y aseguran ministras como Calviño y ministros como Ábalos (a quien el establishment cada vez tiene más simpatía) en diversas reuniones. Un gobierno social-liberal sería perfecto para una fracción de la clase dominante española (la financiera) mientras que la gran coalición gusta más en otras fracciones (servicios/construcción) si es que el PP no acaba por ganar las elecciones. Habiendo abierto el melón electoral Sánchez la clase dominante siempre preferirá a los suyos en el Gobierno, aunque los sondeos, que son una imagen en un momento dado, podrían ir cambiando dependiendo de la abstención o el enfado de la ciudadanía. Las proyecciones que manejan ahora en los cuarteles del establishment es que gana el PSOE, no sobrado, pero gana. Así que harán todo lo posible para que los votos no estropeen los deseos de la clase dominante. Y así, queridas amigas y amigos, es como se subvierte la democracia liberal.