sábado, 3 enero, 2026

«Mejor una mala coalición que unas buenas elecciones»

“Prefiero una mala coalición que unas buenas elecciones” dicen los papeles que dijo Andrés Perelló en la última reunión de la Ejecutiva del PSOE. El embajador junto a Odón Elorza fueron los únicos que “apretaron” en la reunión para no caer en la convocatoria de elecciones que parece más que probable, algo que no sorprende porque ambos siempre se han situado en lo que podría llamarse ala izquierda del partido socialdemócrata. Muy asertivo sin duda pero hay que preguntarse realmente si ¿es mejor una mala coalición que unas buenas elecciones? Lo obvio sería responder no, siempre serán mejor unas buenas elecciones en las que se gane, pero al final todo depende del contexto en que se desarrollen las mismas. La coyuntura, como siempre sucede, es sumamente importante para validar o falsar la proposición de Perelló.

“¿En qué coyuntura nos encontramos?” debería ser la primera pregunta a realizar antes de aceptar esa máxima que nos han expuesto desde el PSOE. A nivel global, ya que estamos tan interconectados, se nos avisa de una crisis del sistema capitalista, la cual aún no se sabe si es propiamente sistémica, si es financiera, si es comercial, una bajada cíclica o qué. Esta incertidumbre, aunque parece más comercial y de producción que financiera, impide tener claro qué tipo de recetas son las más aconsejables para responder ante ella salvando el bien común (que es lo importante en la zona zurda del espectro político) y qué personas serían las más adecuadas para ello. No es baladí el trasunto de las personas porque no es lo mismo Nadia Calviño, quien ha demostrado estar del lado de la clase dominante, que una economista más socialdemócrata. No es lo mismo tener a Podemos en el gobierno que no tenerlo porque, sobre el papel aunque no lo han demostrado en la acción, se supone que tendería hacia políticas más expansivas o de la Teoría Monetaria Moderna. ¿Con qué posición se sienten más cómodos en el PSOE, con Calviño o con Eduardo Garzón, por ejemplo? ¿Volverá el PSOE a apoyar un austericidio (como el cambio del art. 135 de la CE) o cambiará las políticas a aplicar? ¿Se asumirán desde el Gobierno los mandatos de Alemania/Deutsche Bank, vía UE, o se confrontarán estando Podemos o no en el Gobierno? Si Podemos está en el Gobierno ¿cambiará en algo la acción económica del mismo? Las respuestas, que hoy desconocemos aunque podríamos barruntarlas, serían significativas para hablar de mala coalición o buenas elecciones. Más allá de la demagogia televisiva, por lo que han demostrado hasta el momento, es posible que Podemos fuese completamente leal al Gobierno estando dentro (y con los economistas de IU bien lejos).

Bajando al contexto más estatal. La sentencia del juicio al procés se producirá antes de las elecciones. Ya han adelantado que habrá condenas contundentes, que no se sabe bien qué es pues ya toda condena es contundente de por sí. De ahí que, pese a la bajada de apoyo al procés (Torra no se ha enterado todavía que al final lo material es más importante que los subjetivo/nacionalista) y los problemas internos entre los secesionistas que se vislumbran, va a generar una tensión sistémica con la que hay que manejarse y dar respuesta. En principio el respeto a las decisiones de los jueces es parte del relato oficial del gobierno de Pedro Sánchez, algo que apoyan las baronías sin la mínima duda. Desde el PSC o Izquierda Socialista se entiende que habría que tener cierta condescendencia con los políticos que serán sentenciados. Ahí habrá un pequeño roce sin mayores consecuencias. En Podemos se habla abiertamente de presos políticos y de soberanismo (Jaume Asens así lo ha dicho, como una gran mayoría de los altos cargos de los comunes) por tanto ¿la sentencia perjudicaría las relaciones dentro del gobierno ya que la mayoría seguiría el dictado monclovita y la minoría defendería lo contrario? ¿Cómo resistiría un Gobierno que defiende la legalidad vigente y el diálogo con un Pablo Iglesias clamando desde fuera (y desde dentro) por un indulto o algo similar? Desde que el PSOE olvidó las resoluciones del 39° Congreso y la España plurinacional por amedrentarse frente al populismo naranja y la extrema derecha, no hay más que un españolismo encamisado en la cuestión de Estado. Sobre el papel un partido socialdemócrata y otro populista de izquierdas deberían afrontar, a ser posible juntos, de mejor forma una situación como la que se avecina en Cataluña. La realidad se parece más a lo expuesto antes.

A estas coyunturas hay que sumar, como es obvio para cualquier persona que se considera de izquierdas, que todos los medios de comunicación (salvo poquísimas excepciones) se posicionarían frente al gobierno de coalición de la misma forma en que ya están mintiendo sobre supuestas mayorías del trifachito. Comenzarán a sacar estudios manipulados y carentes de la mínima cientificidad (aunque el idealismo empirista puede con todo), plagios asombrosos, abrazos con etarras y todo lo que utilizan normalmente para asentar su ideología, que es parte de la ideología dominante. Bajo ese contexto de unos medios de comunicación se desarrollaría bien un mal gobierno de coalición, bien una campaña electoral. De ahí que quepa preguntarse, ante los ataques esperados de lo mediático, ¿soportaría un gobierno de coalición esa presión? ¿La presión ejercida por los medios no provocaría una mayor quiebra dadas las contradicciones que a priori existirían en ese gobierno? Dadas las contradicciones de los dos partidos (pues no se cuenta con que IU forme parte del meollo gubernamental) ¿acabaría Sánchez por cesar a los ministros morados o acabarían los ministros morados dimitiendo? Esto es algo a tener en cuenta y que no se ha valorado lo suficiente, ya que la prensa podría cargar las culpas hacia un parte del ejecutivo para abrir nuevas vías de desacuerdo en el Gobierno o alentar las contraadicciones internas por políticas públicas. Y como Pablo Iglesias antepone los cargos y las canonjías frente a lo programático (es su estrategia), esto induce a enfrentar la vida gubernamental sobre la base de unas propuestas que no son las propias y que se alejan en algunos puntos de los principios que se dicen defender. O ¿estará Iglesias defendiendo desde la tribuna del Congreso el programa máximo de Podemos mientras sus compañeros deben seguir las 370 propuestas de los socialdemócratas?

Las políticas públicas que, sobre el papel volvemos a insistir, han defendido ambas formaciones contienen numerosas discrepancias. Por ejemplo, en el tema del feminismo el PSOE es abolicionista y no quiere saber nada de los vientres de alquiler, mientras que hay una parte de Podemos que quiere legalizar la prostitución (o al menos lo consideran un trabajo y no una explotación sexual que mantiene los patrones patriarcales) y no ven con malos ojos la venta del cuerpo de una mujer para que alguien con dinero satisfaga sus deseos (genéticos además). Respecto a la derogación de las leyes laborales Sánchez sólo aceptará un nuevo Estatuto de los Trabajadores como ley de Estado, mientras en Podemos quieren la derogación antes de abrir el tiempo de diálogo social para el nuevo Estatuto. ¿Aceptarán en Podemos negociar sin derogar lo que conlleva vérselas con PP, Ciudadanos o Vox y la amenaza de que se pacte por la derecha? Dado un gobierno de coalición, por malo que sea, ¿cambiará Sánchez su pretensión real de un nuevo Estatuto por la derogación sabiendo que igual se queda sin esa política de Estado que lleva buscando desde hace tiempo? No es una contradicción baladí para un gobierno de coalición. Como tampoco lo es el empeño de la Unión Europea de colocar en España la mochila austríaca y los planes de pensiones privados, cuya única función no es mejorar la vida de las personas sino dar fondos a los especuladores financieros. Esto se presentaría en un Consejo de Ministros, Calviño ya lo avisó, ¿qué harían los ministros de Podemos, aguantar y tragar con las peticiones de la UE contradiciendo su propio programa por seguir en el poder o dimitir y provocar una crisis gubernamental? Lo mismo se puede aplicar a los recortes que son obligatorios por mandato de la UE.

A esto pueden añadir más políticas públicas, pero el contexto mínimo de lo que viene es el presentado. No siendo posible por haberlo descartado los propios partidos el Gobierno de Frente Amplio, no habiendo una Gran Coalición en vista por deseo expreso de Sánchez, no habiendo pacto PSOE-Cs por deseo de Rivera, a cada uno de ustedes seguramente les queden muchas dudas sobre la mala coalición. Si es del PSOE porque se han cansado de la gente de Podemos que, en muchas ocasiones, van de sabelotodo y perdona vidas; si se es de Podemos porque no se fían de las intenciones de Sánchez e Iván Redondo. La realidad es que con esta coalición, pese a lo mucho que insiste Iglesias (como mecanismo de salvación de su proyecto), la realidad es que salvo que renunciasen a sus principios ser partícipes del Gobierno llevaría a crisis continuas y la apertura de numerosas contradicciones entre discurso y acción en el seno de Podemos. Si sólo nos dejásemos llevar por los principios es verdad que una mala coalición parece mejor que unas buenas elecciones (aunque mejor sería montar una revolución ¿o no?), pero los políticos ante estas disyuntivas no suelen dejarse llevar por los principios sino por los deseos y el mantenimiento del poder de la nomenclatura. De forma paradójica, quienes quieren cargos para sobrevivir políticamente pueden acabar desapareciendo por participar en el Gobierno; quienes quieren gobernar en solitario y con un mínimo programático pueden acabar haciendo justo lo que han dicho que no harían y salvar a quienes más enemigos considera (después de Vox y poco el PP). Una mala coalición donde los que participan no se fían los unos de las otras, donde no hay fraternidad, donde hay más insultos que buenas palabras, donde cada parte va a lo suyo, no sabemos si será mejor que buenas elecciones, pero sobre el papel y bajo el contexto actual no parece. Salvo que hay más miedo a la posibilidad de que las elecciones no sean buenas y eso podría valer para un mal pacto o una mala coalición. De manera objetiva, ni a Podemos le interesa estar en el gobierno, ni nuevas elecciones; ni al PSOE le interesa abrir el melón electoral por lo que viene en breve, ni sabe cómo se va a manejar a futuro. El problema es ¿por qué nadie ha planteado una buena coalición que evite unas malas elecciones?

¿La izquierda necesita un tsunami?

En el momento de escribir esta reflexión parece que todo apunta a que la izquierda no va a ser capaz de ponerse de acuerdo y por tanto estamos abocados a repetir las elecciones el próximo 10-N.

Jugar a hacer de pitoniso es complejo en un momento especialmente líquido como el actual, aunque a diferencia de los análisis que se hacen desde los oráculos de Moncloa, parece que en esa fecha podríamos estar en plena gota fría en lo político y en lo económico.

Un temporal que probablemente pueda perjudicar de manera especial a esa izquierda, que acaba de desperdiciar una oportunidad de oro para gobernar este país los próximo cuatro años.

A veces ese convoy sólo pasa una vez por nuestra estación y o lo coges en ese instante o ya nunca más vuelve a pasar.

El empecinamiento de los dos líderes, Pedro y Pablo, o Pablo y Pedro, y sus correspondientes equipos, han conseguido hacernos perder esta gran oportunidad.

Algún día se escribirán tratados sesudos sobre los motivos de ese fracaso, aunque lo más probable es que la culpa del fiasco sea de esa nueva cultura impuesta, de tomar las decisiones basándose en encuestas demoscópicas, ignorando que éstas son fotos fijas en un momento especialmente voluble y cambiante.

Tomar decisiones desde el mes de Septiembre, mucho menos aún con encuestas realizadas durante finales de Junio y principios de Julio, o sea antes del primer fracaso, puede llevar a un diagnóstico sociológico equivocado y radicalmente diferente que hacerlo en el mes de Noviembre una vez ocurrido el segundo.

Por eso quizás esa fecha nos pueda traer la sorpresa, ya que para entonces nos podemos encontrar con una situación de desánimo y frustración del electorado de la izquierda, que se ha dado cuenta de que sus respectivos partidos son incapaces de anteponer el bien común al partidista.

Mientras que la derecha rearmada podría llegar a esa cita electoral después de demostrar que ellos sí son capaces de acordar y gobernar juntos, además de haberse diluido el efecto disuasorio del hipotético peligro de VOX.

Si además son capaces de poner en marcha la experiencia de “Navarra suma” para el Senado y algunas provincias pequeñas, eso podría dar un vuelco al panorama actual.

En esa fecha estaremos afectados por una profunda “gota fría” provocada por la fusión del efecto del Brexit, más el inicio de una nueva crisis económica y el efecto imprevisible de la sentencia del “Proces”.

Además los pensionistas, que recordemos aportan casi nueve millones a la masa electoral, estarán en pié de guerra debido a que lo no formación del gobierno les lleva a la casilla de partida del gobierno Rajoy, empezando por la subida del 0,25 % de sus pensiones para 2020.

En el caso de que los resultados permitieran a la derecha extrema gobernar la pregunta sería: ¿ese hecho sería beneficioso o perjudicial para la izquierda?

Perece que lo evidente sería contestar que perjudicial, pero quizás este análisis permita deducir que antes al contrario sería muy beneficioso.

¿Cómo es posible?

Antes de responder deberíamos analizar que de lo visto en los últimos meses cabe deducir, que la izquierda ha sufrido una profunda transformación desde que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llegaron a la dirección de PSOE y Podemos.

Ellos y sus gurús han sido capaces en apenas unos años de convertir partidos de la izquierda clásica, en una especie de secta acrítica con cúpulas sólidas y pétreas y una base de palmeros incapaces de discutir los dogmas de fe de unos líderes inflados de ego.

Cualquier crítica a sus tesis provoca una campaña de feroz de machaques descalificadores, que para los socialistas que osan sublevarse llega en forma de acusaciones de podemización y en la orilla contraria a justo lo contrario.

Son estas nuevas condiciones las que nos podrían llevar a la catástrofe.

Esa izquierda desactivada y aborregada necesita una especie de tsunami electoral para romper con esa inercia autodestructiva.

Si PSOE y Podemos fracasan en esas nuevas elecciones, cada cual de diferente manera, y desperdician la oportunidad histórica que once millones de electores les dieron el pasado 28-M, ese tsunami puede llevarse por delante a ambos y a sus respectivos equipos.

Resulta evidente que esa ciudadanía de izquierdas cabreada y perpleja sufrirá las consecuencias de su fracaso, pero realmente será una inversión, un avance estratégico de cara al futuro.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es lo peor que le ha podido ocurrir a la izquierda en los últimos años y su desaparición fruto del arrastre que producirá esa inmensa ola será lo mejor que le podría ocurrir.

Una especie de limpieza, de purificación, que permita a otros u otras nuevos líderes conseguir lo que ellos han sido incapaces de hacer; la unidad de las diferentes izquierdas, para desde la síntesis gobernar juntos.

Será a costa de ocho años de travesía por el desierto pero a veces los cambios profundos necesitan de hechos terribles, sacrificios y tiempo.

La izquierda hoy necesita de un escarmiento que la haga reflexionar sobre los errores cometidos. El primero el excesivo seguidismo a la decisiones impuestas desde sus élites sin ninguna capacidad crítica o autocrítica.

Quizás el revulsivo de perder las próximas elecciones de esta manera tan cruel pueda ser la mejor inversión de cara al futuro.

Probablemente se necesitará tiempo y perspectiva para darse cuenta, pero resulta evidente que con lo que tenemos ahora no vamos a ningún sitio.

Bueno sí…………..vamos al abismo.

Veremos.

Althusser le quita la razón a Pablo Iglesias

Les puede resultar increíble que un pensador ya fallecido pueda dar o quitar la razón a un dirigente político que está en activo. Por suerte, la virtud que tienen los pensadores, cuando piensan y no copian a otros como sucede en la actualidad con pasmosa facilidad, es que sus análisis pueden servir en coyunturas similares pasado el tiempo. En una recopilación de artículo escritos en Le Monde sobre el fracaso de la Unión de la Izquierda en las elecciones francesas de 1978 (Lo que no puede durar en el Partido Comunista Francés, Siglo XII Editores), el pensador se queja amargamente sobre la falta de capacidad crítica, más bien de autocrítica, del secretario general del PCF, George Marchais, y del Buró Político. Incide Louis Althusser no sólo en esa carencia y en el cierre sistémico perpetrado en el partido (algo habitual en los partidos actuales), sino en las evasivas que todo lo mandan hacia lo futuro sin ver lo que ha salido mal hoy, más la carencia de análisis de las contradicciones que se producen con la actuación de unos y otros (habla también de la pérdida de utilización del marxismo para el análisis y cómo se oculta la lucha de clases en el mismo pero no viene al caso).

Ocurre en España que sucede algo similar. En Podemos, su dirigencia con Pablo Iglesias al frente, se dedican a decir, como hacía Marchais, que la culpa de todo es del PSOE que únicamente está al servicio del bloque en el poder, que prefiere pactar con las derechas y que sólo que una verdadera izquierda. Lean a quien lean, escuchen a quien escuchen del entorno podemita, ese mantra se repite constantemente. Ya nos preguntamos en su momento por las ansias de pactar de Podemos con el PSOE si consideraban al PSOE como neoliberal y no insistiremos. Una excusa simple para no ver las propias contradicciones, aunque en algún momento, especialmente viendo a José Luis Ábalos pedir la abstención, pueda parecer real, y no querer explicar los porqués de tantos errores. Son las propias contradicciones de Podemos y de Iglesias las que provocan que pierdan la razón día tras día y no se percaten de la ruina que se les puede venir en el futuro inmediato.

1.) Nunca han puesto por delante lo programático. El mayor error de Iglesias ha sido dejar de lado cualquier aspecto programático y no ponerlo por delante de la negociación. Pedro Sánchez, frente a los mismos puntos que presentaron con casi tres meses de retraso, habría tenido más complicado no sentarse a negociar después de las elecciones locales, si Iglesias hubiese insistido en sentarse a hablar de programa común de la izquierda. No lo hizo y generó una contradicción entre los principios que dice defender (el bien común de los de abajo) y las políticas públicas a desarrollar por un gobierno progresista. Hasta agosto no respondieron, paradójicamente, a una propuesta de programa que había presentado el PSOE a principios de julio. Un mes sin interesarse por lo tangible para la ciudadanía y queriendo ganar el relato de que Sánchez es de derechas. Si aceptaba entrar en el gobierno sin programa, entonces ¿aceptan en Podemos las políticas de derechas que supuestamente llevaría a cabo el PSOE en solitario? Dirían que gracias a ellos no, pero ¿qué pruebas reales tenemos de esa afirmación si no existe programa que sustente al acuerdo?

Louis Althusser

2.) Insistencia en los cargos para los fieles. No se ha dado cuenta Iglesias, en parte por el miedo a perder el control tras una derrota, en parte por la propia subjetividad inherente a su persona, de que insistir en la vicepresidencia es una contradicción ética. Irene Montero, hasta el momento, ha podido demostrar que es una buen oradora, pero no se sabe qué más puede ofrecer salvo (esto seguramente lo hayan tenido en cuenta en el PSOE) ser la espía del secretario general de Podemos en el Gobierno. Además, está el componente ético de la familia que si en la derecha es obviado constantemente (la hermana de Juan Manuel Moreno Bonilla, por ejemplo) en la izquierda no es aceptado así como así (véase lo ocurrido con la hermana enchufada de la alcaldesa Noelia Posse). Actúa Iglesias, al pedir que la vicepresidencia tuviese ya el nombre de Montero, de tal forma que es normal que las críticas sobre los Ceaucescu o los Perón cobren mucho sentido en el imaginario de las personas del común. Lo mismo puede decirse de la exclusión del coordinador de IU, Alberto Garzón, de las negociaciones (aunque estuvo a punto de conseguir el acuerdo él en julio) mostrando que no se fía de él. Bien porque le puede quitar proyección personal, bien porque no se fía de él. ¿Cómo explicar estas contradicciones?

3.) Subalternidad o complementariedad. En todo este espacio de tiempo no ha salido de las tripas de Podemos una mínima reflexión sobre la conveniencia de ser subalternos al PSOE o ser complementarios. Algo que supondría estar en el Gobierno trasformar el propio espíritu dejando las posiciones de alteridad en el limbo. Pasar a ser un partido/movimiento subalterno, como mucho un Pepito Grillo, del PSOE y caminar hacia la socialdemocratización que se viene vislumbrando en los últimos tiempos. Dejar de ser un movimiento que busca la alternativa, no sólo al PSOE sino al sistema, es algo que ni se ha planteado en la dirección de Podemos. Aceptar sin más la estructura ideológica del sistema, mostrar que se es de la bohemia burguesa, ser postmodernos pero no alternativos son cuestiones que vienen acompañadas de la insistencia en entrar en el gobierno. Podría haber optado por la complementariedad para mantener lo que le es inmanente, al menos sobre el papel (que lo aguanta todo), y estar afuera del gobierno en estado vigilante ofreciendo alternativas. Pero esta opción se ha negado siempre desde la dirección porque sólo se quieren canonjías sin necesidad de programa. No les importa ser subalternos con ministerios y coche oficial.

4.) Cargos para salvar Podemos. La mayor contradicción que se encierra en la formación morada es la necesidad de obtener cargos institucionales para la propia supervivencia. Es intrínseco al desarrollo de los movimientos sin estructura partidista asentada la necesidad del acceso a cuantos más cargos públicos mejor. En tanto en cuanto quedan fuera del poder institucional el movimiento se diluye. No extraña que en La Rioja matasen por cargos o a nivel estatal hayan dejado postrado lo programático para sólo hablar de cargos y coalición. Sin esos cargos todo el entramado del movimiento se diluye y se pierde la posibilidad de sostenimiento de las redes internas de poder (cuadros, funcionarios y altos cargos), algo que está ocurriendo en Podemos. Iglesias es hoy un dirigente político que se sostiene sobre la nada en buena medida, sobre una inexistente estructura política. Sólo le queda la estructura personal del poder central. No extraña, entonces, que se haya lanzado contra Teresa Rodríguez en Andalucía para hacerse con algo más de estructura (el día 13 de septiembre estuvo Rafael Mayoral haciendo el trabajo sucio en Sevilla).

5.) Inexistencia de democracia interna. No es privativo de Podemos esta carencia sino de la mayoría de los partidos políticos. En cuanto hay una oligarquía en el poder se olvidan de los buenos momentos y las promesas de democracia que les auparon al mismo. Pero no siendo privativo de Podemos, lo que acontece en la formación morada es más grave pues su mayor apuesta era articular los círculos para hacer llegar a la cúpula las propuestas de la base tras período de debate. No existe debate alguno ya, desde hace tiempo, en Podemos. Las consultas sin debate son una estafa en sí, una perversión propia de los demagogos y la forma más sencilla de controlar los mecanismos ideológicos del propio movimiento. Hoy los círculos son una cosa del pasado, no se ha planteado debate alguno sobre la conveniencia o no de acceder al gobierno (preguntar no es debatir, ni es democracia, sino buscar la aclamación de la decisión tomada unipersonalmente), a los críticos y resto de la izquierda se les persigue desde las propias redes controladas desde la cúpula. En términos sistémicos, un cierre total que busca la perpetuación de la cúpula actual que no quiere perder los privilegios. Y todo esto cuando llevan años hablando de ser la organización donde los apuntados deciden todo, algo que al negar el debate es falso. Los apuntados deciden sí o no sobre la decisión tomada de una persona sin contar con todos los datos necesarios, lo que genera que cada consulta realmente sea un plebiscito sobre Iglesias y no sobre el tema dado.

6.) Caer en el absurdo. A causa de la incapacidad de que la propia voluntad de Iglesias se vea reflejada en acuerdos con la otra fuerza política, el dirigente morado y su oligarquía se han lanzado al absurdo más absoluto. Pedir al jefe del Estado que interceda por su formación para lograr canonjías es la última de muchas propuestas incoherentes, como los «ministerios melón» (a cata y prueba) o como preguntar al Gobierno si les han presionado para no formar coalición con su mesianidad. Esto último no sólo es absurdo sino que supone tomarse los mecanismos institucionales por el pito del sereno. ¿A qué viene preguntar al Gobierno cuestiones ajenas a su trabajo institucional? Que Sánchez esté en el Gobierno no implica que se deba utilizar lo institucional para cuitas afectadas de partidos políticos. Pero son tan estrambóticos y populistas, en el sentido demagógico del término, que no les importa reírse de lo institucional en pos de sus deseos. Como buenos bohemios burgueses postmodernos se piensan que salvo lo que ellos hacen lo demás carece de sentido. Sólo sus deseos deben ser satisfechos y sus acciones catalogadas de las mejores. El resto es neoliberalismo o fascismo.

Si el viejo pensador Louis Althusser estuviese vivo seguramente tendría para escribir siete u ocho volúmenes con las contradicciones y memeces de quienes se dicen herederos de los partidos comunistas. Ya dijimos que, ni por asomo, se les puede catalogar de ese palo, pero las contradicciones son continuas y sin posibilidad de debate porque Iglesias está instalado en la purga y la persecución del que piensa distinto. Queda la última gran contradicción que han intentado explicar pero nadie les ha creído ¿por qué rechazaron la vicepresidencia de Montero y los tres ministerios? Nadie en la izquierda sabe el porqué, ni ha colado eso de tener pocas competencias ya que la última oferta de los ministerios melón seguía la senda de aceptar lo que en julio se rechazó. Y todo ello con la derecha mediática apoyándoles, lo que hace que todo huela mucho peor porque parece que no son conscientes de estar enterrando Podemos en favor de la derecha. Iglesias lo fundó y lo quiere enterrar, así son los movimientos personalistas que tanto daño están haciendo a la izquierda. Una izquierda que hay que reconstruir pero sin egos.

¡Felipeeee que Pedro no me ajunta!

En el tiempo de la política espectáculo en su mayor auge, donde los populismos, la mentira y lo estrambótico campan a sus anchas, la clase política de la mediocridad está disfrutando. Para los espectadores (que no ciudadanos) el espectáculo tiende a ser vergonzoso, triste, incomprensible y/o impropio de seres racionales (o que al menos deberían serlo). En todo este esperpento político ayer Pablo Iglesias bordó lo surrealista, pero no como acción revolucionaria tal y como pensaría André Bretón, sino como acción situada fuera de la mínima conexión entre los principios que se dicen defender y los actos que se llevan a cabo (sean de palabra, de fuerza o de omisión).

Cuando hace unas semanas nos sorprendimos de la petición que realizó el secretario general de Podemos al jefe del Estado, pues lo republicano no se le cae de la boca (de hecho en el parlamento esta misma semana ha hecho una broma con el presidente del gobierno y su falta de republicanismo), pensamos que igual estaba enfermo, había tomado algo que le habría provocado delirios o el chupito después de comer era de unas yerbas en malas condiciones. Pues no. Parece que la petición en aquel momento de pedir ayuda al monarca para entrar en el Gobierno no era producto de un proceso febril, sino que era seria. Le dan igual los principios, le da igual que el jefe del Estado no esté para esas cosas, ÉL pide a Felipe de Borbón que le diga a Pedro Sánchez que les meta en el gobierno aunque sea sólo un poquito. Vamos para catar lo que se siente al estar en una poltrona.

Como buen conocedor de la historia española debería Iglesias saber que cada vez que la borbonada se ha metido en política hemos acabado mal. Cada vez que han tomado parte, más allá de los trasuntos de las comisiones y los saqueos de la caja de caudales que ya hicieron los antepasados del actual Borbón, el país lo ha pasado mal y se ha dividido. De ahí que resulte extraño que pida al monarca ejercer cierto absolutismo para ponerse de lado de Podemos. Y además es que las palabras que ha pronunciado son falsas e incoherentes para alguien que dice haber estudiado Ciencias Políticas (aunque lo hizo tras Derecho y el sistema de convalidaciones es lamentable) y se ha doctorado en la materia (aunque perteneciendo a un departamento donde prima la historia y la geografía política y social). “Creo que el rey debería hacer entender a los candidatos que la coalición es una vía de dar estabilidad a nuestro sistema parlamentario” ha dicho obviando que la función de jefe del Estado no es esa y que el sistema no se estabiliza más o menos por tener coaliciones.

El sistema parlamentario tiene estabilidad, lo primero, si existe una clase política capacitada para lo mínimo, como es la deliberación y el debate. Esto hace años que no existe en el Congreso y puede ser que por ello exista menos estabilidad y más adanismo y soberbia. Los acuerdos, que no tiene por qué ser coaliciones, entre personas que debaten, deliberan, piensan y consensuan sí dan estabilidad. Pero esto es algo que Podemos no ha hecho desde el 28 de abril. Hasta el dos de agosto, por tanto algo más de tres meses después de las elecciones, no presentaron algo sustancial con lo que poder debatir y consensuar. Antes de eso todo se limitó a cargos y canonjías, pese a que a primeros de julio el PSOE ofreció unas pautas previas programáticas para establecer las vías de consenso. Hasta Alberto Garzón se desgañitó hablando de lo programático, pero Iglesias y su comandita que cargos y canonjías. No son los gobiernos de coalición los que dan estabilidad parlamentaria (miren cómo acabaron los británicos y su pacto Conservador-Liberal), sino los acuerdos tangibles. Y pactar cargos solamente es hacer castillos en el aire, o construir una torre de Babel sin ladrillos, parafraseando a Georg Lukács.

Tras el primer esperpento semanal como fueron los “ministerios melón”, esos que eran a prueba y cata, llegó el segundo, que es reiteración, de pedir a Borbón que indique a los dirigentes políticos a fin de que haya coaliciones que estabilicen el parlamento, no el sistema político que seguirá igual que hasta la fecha, lleno de soberbios, de mediocres e incapaces de pensar en el bien común. Al final de todos los discursos, relatos y demás zarandajas que se traen ¿qué queda? ¡Que me des un cargooooo! Ni una sola aportación programática al debate. Quiere cargos para vigilar a Sánchez y Sánchez no se los da porque no quiere que lo vigilen. Mientras la derecha velando armas por si se diese la casualidad de que la fortuna (esa que Maquiavelo decía que ayudaba al gobernante) les diese el gobierno a ellos. No quieren ni un gobierno de frente amplio, ni de programa, sólo cargos en base a una legitimidad que está más cerca del mundo de las formas platónicas que de la realidad. Abandonado el materialismo histórico les queda la ensoñación gramsciana tamizada de populismo peronista. Pero con cargos y haciendo la pelota al monarca que dicen que no es legítimo. Todo muy lógico dentro del mundo espectral de la política espectáculo.

Gobierno de Frente Amplio: la última oportunidad de Sánchez

Después de rechazar la estrambótica propuesta de Pablo Iglesias para conformar un gobierno de coalición, tener ministerios hasta la aprobación de los próximos presupuestos generales (que igual no se ha dado cuenta el dirigente morado que éstos se aprobarían en unos meses), a Pedro Sánchez sólo le queda una vía para solucionar el problema en que tiene sumida a la sociedad española: un gobierno de Frente Amplio. Es tal la incapacidad de las dos fuerzas de la izquierda para acordar algo más allá de la vanidad de cada grupo dirigente que la salida más lógica es buscar un gobierno de amplio espectro en el que ambos partidos se vean forzados a negociar con más fuerzas políticas día a día. Igual así aprenden algo del sentido que tiene la política democrática (así sea a escala de base). No sólo es una salida para Sánchez sino para toda la izquierda. Les puede parecer una locura pero está siendo planteada por diversos intelectuales, así que lo mejor es analizarlo con mimo.

En el PSOE no se fían de Podemos y dicen que lo que desean es crear un gobierno dentro del gobierno y hacer oposición desde dentro. Algo que no habría que descartar en base al histórico de Podemos compartiendo gobierno en ayuntamientos y comunidades autónomas. En Podemos dicen que de no estar en el gobierno el PSOE se lanzaría a pactar casi todo con las derechas (PP y Ciudadanos) en temas fundamentales para la población. Y también hay que darles la razón porque el histórico del PSOE ha sido pactar con Ciudadanos donde ha podido antes que con los demás partidos de izquierdas (caso Andalucía con Susana Díaz) o el alborozado abrazo de Sánchez con Albert Rivera en 2016. Ambos tienen razones de peso para desconfiar de los otros y más después de la vergüenza que están haciendo pasar a las personas de izquierdas con este juego que se traen en las últimas fechas.

¿Qué sería un gobierno de Frente Amplio? Un gobierno en el que estuviesen no sólo Podemos y el PSOE sino ERC, PNV, Compromís, IU o el PRC (incluso los comunes catalanes o gallegos). Un gobierno de 19 ministerios y dos vicepresidencias (una para PSOE y otra para Podemos) donde 12 ministerios serían para el partido mayoritario y los siete restantes 1 ERC, 1 IU, 1 PNV, 1 PRC, 1 Compromís y 3 para Podemos. De esta forma todos tendrían cargos y los que no son propiamente de la formación morada no sólo estarían cumpliendo su función sino que ayudarían a la convivencia de los dos grupos mayoritarios. Un Consejo de Ministros donde el PSOE tendría mayoría, en base a su posición parlamentaria y haber ganado las elecciones, y el resto ayudaría en la gestión de las cuestiones de Estado. Un Gobierno con mayoría en el Parlamento y que podría aguantar los cuatro años de legislatura, sacar los presupuestos y hacer frente a la crisis que ya se vislumbra en lontananza.

La consecución de este gobierno de Frente Amplio (término muy propio de la izquierda para otras cuestiones) debería pasar, lo primero y esto es importante, por un acuerdo programático en el que se sentasen todas esas fuerzas políticas a ello. No sirven acuerdos de tú a tú entre PSOE y los distintos partidos. Al contrario, eso es completamente desaconsejable. Todos sentados a negociar y aprender a transigir en beneficio del bien común. “Bien Común”, un concepto que parecen haber olvidado unos y otros, otras y unas en todo este tiempo de hastío y espera en el que han hecho entrar a la sociedad española. El bien común como máxima para la negociación entre todos los grupos y la consecución de un gobierno de Frente Amplio que, hoy, es una necesidad imperiosa en España porque enfrente están tres fuerzas políticas a las que el bien común y los bienes culturales de las nacionalidades parecen importarles poco o nada. Son tres fuerzas que tienen en común acabar con derechos y bienes comunes para entregarlos como mera mercancía a la clase dominante. Una clase, que como ya hemos expuesto en numerosas ocasiones, le hace falta dinero fresco y nada mejor que conseguirlo saqueando las arcas del Estado. Todos esos partidos se han manifestado contrarios a este tipo de desposesión, de la que tenemos dos ejemplos claros, los trifachito andaluz y madrileño.

Un gobierno de Frente Amplio que permitirá sacar a España de la anomia en la que se encuentra, que no será sencillo, que servirá de aprendizaje para muchos de los que quieren estar en él y que permitirá a España, por primera vez, unir a personas de distinto espectro y de distinta concepción del país en el día a día de llevar el peso de la gestión de la entropía. Un gobierno donde las vanidades (porque con la Hoguera de las Vanidades al final ganan las derechas y pierde España) queden en la puerta o en lo íntimo y se avance en los cambios estructurales que necesita en país con urgencia. No sólo las políticas públicas como pensiones, investigación, cambio climático, etcétera, sino derribar la ideología dominante que pone por delante a las empresas de unos cuantos (porque las pequeñas y medianas empresas no cuentan), que pone por delante el proceso de acumulación de riquezas de unos cuantos, que pone por delante la reproducción de las condiciones de vida impuestas desde arriba.

Pensarán ustedes que es complicado y lo es. Tal y como se han mostrado las diversas personalidades en todo este embrollo (de ahí dejar fuera las vanidades y la soberbia, que ya dijeron los clásicos que era el gran pecado de los estadistas, es fundamental) no es esperanzador ni que lo intenten, pero es la última salida entre dos grupos políticos que están encerrados en sus propios cascarones, pensando en lo propio y no en el bien común. Si nos llevasen a elecciones culpables serían todos, pero lo acabaríamos pagando los de siempre. Que por una cuestión subjetiva o de estrategia mal entendida haya la mínima posibilidad de entregar el gobierno de España a la extrema derecha sería para correrlos a gorrazos hasta la frontera a todos y todas, o lanzarse a la revolución que tampoco es descartable. Un gobierno de Frente Amplio en el que las fuerzas regionales tendrían la obligación de estar por el bien superior que defendería ese ejecutivo de amplio espectro y donde la moderación y el radicalismo se complementaría y, tal vez, se lograse en esta parte de la clase política actual algo de templanza, mesura y visión. Le vendría bien a unos y otros para bajarse del pedestal en que se/les han subido y pensar, ya que se dicen de izquierdas, en lo material, en lo fundamental si es que se quiere transformar algo. Cierto que las derechas echarían espumarajos pero ¿cuándo ha preocupado eso a la izquierda? Un Frente Amplio como única solución o caer en la barbarie. Ellos y ellas eligen.

La nueva crisis ya está aquí: el mercado hipotecario en Estados Unidos se hunde

El sistema de financiación para la compra de vivienda en Estados Unidos se encuentra en peor situación que en el año 2008, año en que estalló la crisis global tras la quiebra de Lehman Brothers por las hipotecas subprime. Así lo han advertido funcionarios de Donald Trump y congresistas republicanos.

Dos empresas controladas por el gobierno norteamericano, Fannie Mae y Freddie Mac, que respaldan el 50% de las hipotecas, están demasiado subcapitalizadas. El congresista republicano John Kennedy afirmó en una audiencia del Comité Bancario del Senado sobre la propuesta de la Casa Blanca de revisar la forma en que Estados Unidos financia las hipotecas que nos encontramos en una situación similar a la de un accidente automovilístico. «Gastamos 190.000 millones de dólares de los contribuyentes y estamos en peor forma», afirmó refiriéndose al rescate de Fannie Mae y Freddie Mac, que fueron intervenidas por el Departamento del Tesoro hace una década para evitar pérdidas catastróficas en la crisis.

Esta audiencia dio inicio a un debate que será muy polémico sobre los planes lanzados la semana pasada por el Departamento del Tesoro y el de Vivienda y Desarrollo Urbano para reducir el papel excesivo que tiene el Gobierno federal en el mercado hipotecario.

El anteproyecto del Tesoro revisaría a ambas empresas antes de liberarlas del control gubernamental. Un componente importante del plan es construir el capital de las empresas para que puedan resistir una recesión económica sin recurrir nuevamente a los contribuyentes. En este momento, a las compañías solo se les permite retener un capital combinado de 6.000 millones de dólares a pesar de poseer o garantizar 500.000 millones de hipotecas. «Si no hacemos nada, esto va a terminar muy mal», afirmó Mark Calabria, director de la Agencia Federal de Financiación de la Vivienda, el regulador de las compañías.

Además, se ha detectado a miles de personas a las que se les concedió una hipoteca y no cumplían con los estándares mínimos en cuestión de riesgo. Igual que en 2008. La crisis ya está aquí.

Nace Red de Abogados y Abogadas, un contrapoder para remover los cimientos de la Justicia

La Red de Abogados y Abogadas nace como una asociación entre letrados y letradas de oficio pero, en realidad, es un contrapoder que se opondrá con firmeza a las injusticias que la Justicia está perpetrando en España, algo que debilita de manera significativa a la democracia española.

La Justicia española se encuentra, en realidad, secuestrada por los intereses de las élites que son los que, finalmente, se acaban imponiendo en los tribunales. El tercer poder de la democracia se encuentra secuestrado por una serie de lobbies que defienden los intereses de los poderes fácticos, sobre todo de los económicos, y que tienen capacidad de acceso hasta las más altas instancias del Poder Judicial y de la Fiscalía.

Un ejemplo de estos lobbies lo pudimos comprobar con la presentación del libro del letrado Manuel Medina Se vende banco por un euro, acto en el que se reunieron representantes del poder político (Pablo Casado), del poder empresarial (Florentino Pérez), del mundo jurídico (Baltasar Garzón, Dolores Delgado (aún era fiscal y no había accedido al ministerio) o Fernando Andreu) o del poder financiero (Juan Manuel Cendoya o Ángel Corcóstegui).

El 85% de la abogacía española está compuesta por abogados y abogadas que trabajan solos o agrupados en pequeños despachos. Son profesionales para los que clasificaciones en «juniors» o «seniors», tan querida para los grandes bufetes, les es totalmente ajena. Estos profesionales están ligados a sus clientes por nexos personales que hacen de su víncull profesional una relación personalísima y donde la identidad y características del abogado o abogada son determinantes de su elección.

Esta abogacía, que no sale en las páginas de economía de los diarios ni en sección alguna de la prensa salmón, que no mide su éxito en términos del beneficio económico y cuya cuenta de resultados no se expresa en dinero sino en términos de defensa de los derechos de sus clientes, tiene problemas específicos que siente que no son adecuadamente defendidos.

Esta abogacía independiente no puede disfrutar la maternidad o la paternidad como el resto de la ciudadanía pues los plazos procesales les impiden incluso agonizar sin la amenaza de incurrir en responsabilidad. Esta abogacía ve cómo su camino hacia la precarización no es obstaculizado por ninguna de las instancias que estarían obligadas a ello. Han aparecido ya bolsas de pobreza en esta abogacía y, mientras la legislación favorece a bancos o aseguradoras, se castiga a estos profesionales que defienden la libertad y los derechos de todos.

Esta situación es sentida con no poca irritación por los profesionales que la integran y, convencidos de que, si en décadas nadie ha tomado medidas eficaces, tampoco lo hará ahora, han decidido tomar su futuro en sus manos y han convocado un congreso en Córdoba para tomar acuerdos sobre los problemas que le afectan y acordar las medidas a llevar a cabo.

Saben que son mayoría en la abogacía, conocen de su especial cualificación, intuyen que pueden volver a repetir acciones comunes anteriores coronadas por el éxito y, por todo eso, se han convocado en Congreso. Estos abogados y abogadas tienen la absoluta convicción de que en la república de la abogacía nadie es mejor que nadie y que, de la primera al último, todos son lo mismo: abogados y abogadas; y es por eso que nadie sobra y que la responsabilidad de afrontar los problemas les corresponde a todos y no sólo a una élite cuya inoperancia perciben como evidente.

En Córdoba estos abogados y abogadas van a hablar de conciliación profesional y familiar, pero también de precarización y, cómo no, del turno de oficio; no dejarán de analizar cuál es su relación con los grandes despachos y cuál va ser la evolución del sector, con sus oportunidades y amenazas.

Esta abogacía siente que es la verdadera garantía de los derechos de la ciudadanía; no vinculada a grupos económicos ni a más interés que los derechos de sus clientes se sienten la abogacía necesaria, la única capaz de defender los derechos de todos.

Y en Córdoba van a organizarse, lo cual ha puesto muy nerviosos, precisamente, a esos lobbies, puesto que una abogacía independiente, una abogacía necesaria, una abogacía libre y ética, se convierte en un poder muy importante a la hora de oponerse a la situación actual de la Justicia y ser el trampolín para la reforma integral que necesita el tercer poder en España. ¿Podrá esta abogacía parar el monopolio que tiene el Banco Santander con la Justicia que supone 500 millones de euros al año? Desde nuestra independencia estaremos atentos a los avances y a la necesidad de iniciativas como esta para poder informar sobre ello al pueblo español.

La concentración bancaria de Luis de Guindos dejaría el sistema financiero en manos del Santander

Luis de Guindos no es un hombre que deje su trabajo a medio hacer. Es constante y efectivo, como se pudo comprobar con el Caso Banco Popular. Cuando abandonó el Ministerio de Economía de España para tomar posesión de la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), De Guindos dejaba sin terminar su gran proyecto: la concentración bancaria, cuyo objetivo es dejar el sector bancario en dos grandes bancos, presidiendo él uno de ellos.

Tras la primera unificación producida en la segunda década de este siglo con las fusiones de las cajas de ahorro y su transformación en bancos y la posterior fusión o adquisición a bajo coste de estas entidades resultantes por las principales sociedades bancarias, el siguiente paso comenzó a darse con la resolución del Banco Popular y continuó con la fusión entre Bankia y BMN, entidad de la que De Guindos formó parte de su consejo de administración.

Sin embargo, la situación actual de las entidades bancarias españolas que, de un modo u otro, están cumpliendo con los mínimos regulatorios, ha frenado las operaciones corporativas. Ha habido negociaciones, tal y como ocurrió con Unicaja y Liberbank, pero estos procesos de fusión no han tenido éxito por diferentes razones. Por ello, De Guindos, desde Frankfurt continúa moviendo los hilos y ya ha encontrado un nuevo objetivo al que debilitar para que ceda a la hora de iniciar nuevas operaciones corporativas: el BBVA y, en concreto, su actual presidente, Carlos Torres.

Según fuentes consultadas por Diario16, personas muy cercanas, personal como profesionalmente, estarían aconsejando a Torres que deje la Presidencia del BBVA, ante la presión que está recibiendo por, entre otras cosas, el caso Villarejo. Sin embargo, si lo hiciera estaría dando una imagen de debilidad y cometería el mismo error de Ángel Ron quien abandonó al Popular cuando no lo tuvo que hacer y que le dejó en una situación de debilidad manifiestas ante sus enemigos en todos los ámbitos.

Los poderes que están detrás de esas presiones o esas «recomendaciones» consideran que Carlos Torres «no está al nivel», es decir, no está dispuesto a hacer lo que la presidenta del Santander. Por si fuera poco, agrava la delicada situación del presidente del BBVA en el consejo de administración de la entidad el hecho de tener en su contra a De Guindos, que actúa por su ánimo de revancha contra Francisco González, ya que lo dejaron tirado en la colocación de Bankia y en la creación de SAREB.

El abandono por parte de Carlos Torres de la presidencia del BBVA haría más fácil el siguiente movimiento de la concentración bancaria de Luis de Guindos: una gran operación corporativa que consistiría en la fusión entre la segunda entidad de España con Bankia y Banco Sabadell. Este objetivo podría ser fatal para el gran banco surgido de esa operación, dado que es en esa entidad en la que pretende recalar De Guindos como presidente. Para ello no tendría ningún problema en abandonar su puesto en el BCE y, de otro lado, ayudaría al desarrollo del Banco Santander, dado que el banco cántabro tendría el apoyo para lograr adquirir Unicaja para que, por un lado, continuara como primer banco español y, por otro, regularizara las ratios en las que está más débil la entidad presidida por Ana Patricia Botín.

Por otro lado, la posible salida de Nadia Calviño del Gobierno podría favorecer la independencia del BBVA y a no sucumbir ni al Santander y a De Guindos, algo que se apoyaría desde el propio PSOE y que sería impensable con un gobierno del PP y Vox. La actual ministra de Economía no se opondría a la llegada del actual vicepresidente del BCE a la presidencia del BBVA, dado que Calviño, no es que sea amiga íntima de Luis de Guindos, pero no hará nada contra él.

Por tanto, esta operación tendría una consecuencia inmediata: el sistema financiero de España quedaría en manos del Santander, una especie de monopolio oculto tras la cortina de un falso duopolio, que controlaría totalmente al Estado, convirtiendo a este país a lo más parecido a una dictadura, privada en este caso. Ya hay motivos para ello porque todos los poderes están en manos del Santander, dado que no hay nada que se le oponga.  Ni poder ejecutivo, ni del poder legislativo ni del judicial, ni las instituciones europeas, ni el propio Estado cuestionan las evidentes irregularidades. Tarde o temprano la ciudadanía tendrá que saber por qué.

IRPH: Calviño mintió

El pasado martes, el Abogado General de la Unión Europea presentó las conclusiones sobre la transparencia en la comercialización de hipotecas IRPH. Su informe establece la información que el profesional debe suministrar al cliente para cumplir con la Directiva 93/13. Basta leer una sola línea de dicho documento para percatarse de que casi la mitad de hipotecas contratadas con este índice incumplen el criterio.

En efecto, en la página 43 del informe se señala como necesario que se especifique «la definición completa del índice de referencia», cosa que parece obvia pero que, al analizar los contratos de préstamo, descubrimos uno de los puntales del engaño del IRPH.

La susodicha «definición completa» la encontramos en numerosas publicaciones del Banco de España, y es ésta: «Se define como la media simple de los tipos de interés medios ponderados por los principales de las operaciones de préstamo con garantía hipotecaria de plazo igual o superior a tres años para la adquisición de vivienda libre iniciadas o renovadas por los bancos y cajas de ahorro en el mes a que se refiere el índice. En el cálculo de la media se utilizan tipos anuales equivalentes».

Según ha confirmado a Diario16 Guillem Bou, matemático que ha realizado informes para organismos oficiales sobre el IRPH, «en la mayoría de hipotecas que he observado se omite de diferentes maneras que el IRPH se calcula promediando TAE. Las redacciones que he visto suprimen este aspecto y dan a entender que se promedian tipos simples (TIN), los cuales son más bajos». El presunto engaño que llevó a cabo la banca fue, por tanto, hacer creer a los clientes que en las renovaciones pagarían un interés medio, como por ejemplo “Euribor + 1”, y, en cambio, estaban firmando que se les aplicaría un tipo de interés hinchado con comisiones, gastos y, obviamente, el efecto de los diferenciales altos cuando la banca subiera sus márgenes. Contratar el IRPH era, por tanto, convertir a los bancos en juez y parte para decidir el tipo de interés al renovar las hipotecas.

Una de las cuestiones importantes en el juicio del IRPH era, precisamente, que este tipo de hipotecas deben llevar diferenciales negativos para compensar que el índice IRPH es un promedio «hinchado» (el de las TAE, que son más altas que los TIN), tal y como afirma circular del Banco de España 5/1994 del 22 de julio.

Por tal motivo, un juez de Barcelona elevó una serie de cuestiones al TJUE y, en concreto, preguntó si era necesario «Explicar cómo se configuraba el tipo de referencia; es decir, informar que este índice incluye las comisiones y demás gastos sobre el interés nominal, que se trata de una media simple no ponderada, que el profesional debía conocer y transmitir que debía aplicar un diferencial negativo».

No habían pasado dos horas de la publicación del escrito del Abogado General y Nadia Calviño, ministra de Economía, compareció ante las cámaras para comentar las conclusiones. Señaló que había leído el documento por encima y que había que esperar la sentencia del TJUE. A la pregunta de una periodista sobre los derechos de los consumidores respondió literalmente que: «El Gobierno de España está comprometido con la protección de los ciudadanos, con la protección de los consumidores, particularmente en el ámbito de los servicios financieros…».

¿Cómo la ministra Calviño puede afirmar algo así, sobre todo después de no retirar a la Abogacía del Estado del proceso del IRPH? Por cierto, una personación que tampoco ha sido retirada en el Caso Banco Popular.

En la vista del IRPH, María José García-Valdecasas Dorrego, la abogada del Estado no sólo defendió a los bancos ante los derechos de los afectados y los consumidores en general, sino que, en su escrito de respuesta, omitió la palabra «negativo» del texto original. Es decir, la señora García-Valdecasas terminó la frase así: «… y transmitir que debía aplicar un diferencial».

Por tanto, el escrito de la abogada del Estado no respondía a la pregunta del juez de Barcelona. En cambio, contenía una serie de divagaciones sobre los «diferenciales menores» que supuestamente se aplican al IRPH, en la línea de la sentencia precedente del Tribunal Supremo.

Los afectados del IRPH tenían la esperanza de que, con el cambio de gobierno tras la moción de censura, se retirara a la Abogacía del Estado del proceso en el TJUE, que el nuevo gobierno no defendiera los intereses de la banca y mantuviera al Estado neutral en el procedimiento retirando su personación, un hecho que, al igual que en el Caso Popular, le hubiera desmarcado de la política pro-banca del Partido Popular. Sin embargo, no fue así, la señora García-Valdecasas defendió los intereses de las entidades financieras frente a los de la ciudadanía, en general, y los de los afectados por el IRPH, en particular. Incluso, llegó a afirmar que, en caso de que se declarara nulo el índice, que no se aplicara la retroactividad, es decir, que no se devolviera el dinero cobrado de más a los afectados. En la sesión, además, se quedó sin argumentos en más de una ocasión y terminó su intervención bastante alterada, con su famoso «y ya está».

Así, las cosas, con la Justicia europea una vez más poniendo en duda la justicia española, con la complicidad del gobierno del PSOE en defender un IRPH que cada día más parece una estafa descomunal, entró en escena la ministra de economía. Nadia María Calviño Santamaría aportó su grano de arena a la crispación de los afectados porque, insistimos, ¿cómo puede decir que se está del lado de los consumidores cuando no se ha retirado a la Abogacía del Estado para defender los intereses de los bancos y utilizar los recursos públicos para evitar que el poder financiero pague por sus cláusulas abusivas? Vivir para ver.

¿A qué va Rivera al Congreso?

Eso deben estar preguntándose los votantes de la formación naranja. ¿A qué va Albert Rivera al Congreso? Pues salvo a montar el guirigay cada vez que acude poco más. En ningún momento le escucharán defender principios liberales, si es que sabe qué es ser liberal más allá del cliché espectacular y electoral, ni hablar del tema concreto que se debate en ese mismo momento, como le pasó ayer en el parlamento español. Se hablaba de la Unión Europea (o temas internacionales que tienen importancia en este mundo global) y a eso le ha dedicado tres frases. Sí. Ni más, ni menos. Y lo peor es que son tres frases que visitan los lugares comunes y que contradicen lo que está haciendo su partido en las comunidades donde comparte poder y allende las fronteras.

Para Rivera el parlamento es la justificación semanal para poder acudir a los programas de televión de la mañana a dar la tabarra con su discurso populista. Ayer, día de la Diada, como no podía ser de otra forma, el dirigente naranja aprovechó para hablar de su tema favorito “¡Que malos son los independentistas!” (esos con los que pacta el sanchismo, como coletilla). En cuanto cruza las puertas del parlamento rápidamente habla de ETA, independentismo, sanchismo o lo mal que está España al no tenerle a él mandando. Si él gobernase todo sería perfecto, como su partido que no acepta a personas gordas y feas, y el maná caería del cielo para saciar al pueblo español. Aunque la realidad es que cada día que pasa a Rivera se le está poniendo cara de Salvini. Con un añadido que no tiene el italiano, a Rivera le han puesto la cruz desde la clase dominante por no hacer caso a quienes le han puesto ahí.

“Los catalanes decentes que cumplen la ley no pueden celebrar la Diada” ha dicho Rivera. Lo que no ha dicho es si siente que aquel 11 de septiembre se constituyó el pueblo catalán como distinto en todo al español. Algo que sería una contradicción con su discurso españolista. Igual le apetece celebrar el Aberri Eguna que es similar y lo tiene escondido en su fuero interno. La verdad es que la Diada le importa un pimiento almeriense, lo que quiere es meter el dedo en la llaga e inocular odio contra todas esas personas que no piensan como él. No tolera a todas esas gentes que no siguen lo que ha ideado junto a su comandita naranja de “intelectuales”. Como Franco no toleraba a los rojos, judíos y masones, por ejemplo. Es el mismo mecanismo mental que lleva inmanente el totalitarismo. Ya le ha dicho Sánchez que le quitan ETA y el 155 y su discurso se queda vacío.

Vacío como lo que ha manifestado respecto al tema a tratar. “No sólo hay que copiar y pegar lo que hace la Comisión Europea, sino preocuparse también de sectores como la agricultura, la automoción o los derechos y libertades de quienes viven en el Campo de Gibraltar” ha dicho sin que se le caiga la cara de vergüenza. Él, que viene apoyando todos los tratados comerciales firmados por la UE y que han perjudicado al campo español, tiene la cara de pedir al presidente del Gobierno que se rebele contra la Comisión Europea. ¿Cuándo ha protestado Rivera por el boicot de EEUU a la aceituna de mesa española? Ni una sola vez, si es que sabe que existe, porque Ciudadanos está a lo que diga el Imperio. ¿Cuándo ha protestado por el veto de Rusia a los productos españoles que tanto perjudican a Almería por no salirse ni una coma de los deseos de Trump? Mudo. ¿Cuándo se ha preocupado de lo agrícola en toda su vida? Realmente de Europa le preocupa que la Euroorden no sirva para meter a Puigdemont en la cárcel, el resto que hagan lo que quieran que él lo firma, pegando codazos si hace falta para hacerse la foto.

Por suerte para la población española a Rivera le quedan dos telediarios de seguir negándose a pactar con Pedro Sánchez. Para la clase dominante es culpa suya que a día de hoy no haya un gobierno estable con suficiente mayoría para lo que ha de venir, una nueva crisis económica. Que apoyen ahora a Podemos es circunstancial, porque les interesa quemar a toda la izquierda. Pero viene derivado de la negativa de Ciudadanos a juntarse con el presidente del Gobierno y no querer acordar con Pablo Casado en España Suma. Si hay elecciones, como parece, piensan aguantarlo por si hay suerte y las tres derechas suman, pero una vez que pasen y Rivera y su alegre muchachada vuelvan a no querer juntarse con el PSOE (si diese la suma), le notificarán el despido sin indemnización. Y no le quedará otra que volver a La Caixa.