lunes, 12 enero, 2026

¿Y si las bases de Podemos y PSOE dicen no?

Muy confiados andan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias respecto a la opinión de sus bases como para andarse con unas no-negociaciones respecto a la investidura del primero. Una pelea de niños mimados y soberbios que quieren centrar en los cargos cuando se está pidiendo una concreción programática desde distintos ámbitos. Una pelea con amenazas sobre futuras elecciones, algo que ha gustado en la CEOE y que, por tanto, debería alertar a ambos dirigentes. La jugada de nuevas elecciones, cargarse a Rivera por el camino y lograr un gobierno PSOE-Cs, que ya ha pedido por activa y pasiva Ana Botín, ha gustado a la patronal que no sabemos si tendrá conexión diaria con el camarlengo monclovita. Eso sí, la desafección cuenta y mucho para esa repetición.

Dejemos esto de momento y pasemos un poco a la política ficción, aunque no tan ficción. Las bases del PSOE en su mayoría no quieren un gobierno de coalición sino de sumisión de Podemos a los deseos de dirigente máximo. Como mucho se pide un acuerdo programático y que apoyen después todo lo que quiera Sánchez, salvo que se negocie con Ciudadanos, que ya en ese momento hasta sobran los podemitas. No quieren a nadie de Podemos cerca de un ministerio o la Moncloa. Hablan del pacto a la portuguesa como si en el país vecino los partidos a la izquierda del socialista no pintasen nada o como si fuese la isla de Utopía. Cuando la mayoría no sabría decir qué políticas se han aplicado en acuerdo con quién. No quieren a Podemos y ya está. “Con Rivera no” pero “Con Iglesias tampoco” es el lema de las bases socialdemócratas. El mismo que mantenían desde 2015 los barones, por cierto.

En Podemos tampoco están mejor las cosas. O se entra en el Gobierno o que Sánchez se busque socios por la derecha que es lo que parece querer, es lo que piensan. Ni acuerdo de mínimos, ni nada por el estilo. O Gobierno, o nuevas elecciones. Piensan que si dan cuerda a los socialdemócratas acabarán traicionándoles como ha pasado en algunas de las votaciones que se han dado en Portugal, por ejemplo. Creen que sólo con Iglesias en el Gobierno es posible un gobierno que se pueda catalogar de izquierdas. En mayor medida que en el PSOE están convencidos de que éste acabará votando junto a Ciudadanos las leyes importantes y mirando a la derecha.

Vistas así las cosas cualquier acuerdo que se acabe votando, como estipulan los estatutos de ambos partidos, posiblemente contaría con pocos apoyos. Por mucho que sus dirigentes apretasen, algo menos según sea el acuerdo en el caso de Iglesias, la posibilidad de votar contra el pacto es real. Por culpa de ambos dirigentes se ha creado un clima tan irrespirable entre ambas formaciones que es complicado pedir a ambas bases aceptar un acuerdo con quien ahora ven más enemigo que la ultraderecha. Si fuese rechazado el acuerdo por ambas o una de las bases, aunque al ser electrónico las trampas son sencillas de hacer, sería la plasmación de una política postmoderna y populista que no sirve para nada.

En la derecha, más allá de alguna salida de pata de banco, tardan poco en sentarse, negociar programa y gobernar juntos. En la izquierda parece haber una maldición y eso que ambas formaciones hablan de pactar con los otros como socios preferentes. La unidad de la izquierda, respetando las especificidades de cada cual (que tampoco son tan distintas), parece imposible en España. Cuando las personas que se piensan de izquierdas claman por la unión, los dirigentes, que se creen vanguardia y no son más que camarilla, se empeñan en seguir divididos. Problemas personales, soberbia y creerse más de lo que realmente se es enturbian lo que parecería lógico. Sentarse y negociar un programa para luego ponerse a hablar de cargos o lo que sea, pero la estrategia cortoplacista, líquida si quieren, de los comunicólogos de la nada es más fuerte que lo racional. Deberían tener cuidado en ambas formaciones porque muchas personas ya están diciendo que la próxima vez los va a votar su…

La izquierda “carapolla”

Ha tenido fortuna cierta gracieta de la izquierda contra el actual alcalde de Madrid José Luis Martínez Almeida. Han decidido unos grandes pensadores que nada había mejor que hacerse unas pegatinas con el eslogan “Almeida Carapolla”, pegatinas por las que han sido sancionados al suponer un insulto a la persona que ocupa el poder en la capital del Estado español. Más allá del infantilismo de la pegatina, que carece de gracia alguna pues no deja de ser un insulto a una persona que, guste más o menos, no deja de ser eso, persona. Los mismos que se ofenden, con razón, cuando a alguien le dicen “maricón de mierda” y piden sanciones por ello, parece que pueden hacer del insulto algo normal si es contra personas que están en otra adscripción ideológica. Y no, el insulto es grave o no lo es en todos los casos.

Más allá de la soez campaña de las pegatinas, resulta que como eslogan puntero ha venido triunfando en las redes sociales, especialmente Twitter, el #AlmeidaCaraPolla que se ha difundido desde las cuentas de toda la izquierda. No de unas sí y otras no, sino de las distintas divisiones de la izquierda patria. Más o menos famosos, no ha habido quien no haya hecho el mensaje con el eslogan para no se sabe bien qué. ¿Protestar porque han sancionado a unos chavales que llevaban las pegatinas? El derecho a la libertad de expresión acaba cuando comienza el insulto o ¿no? Lo preocupante es que se ha utilizado también como mecanismo de oposición, de dañar la imagen de un cargo público mediante una guerra en las redes sociales. Si con sólo dejar hacer a Martínez Almeida ya se hace parte de la oposición él solo, así que no hacía falta insultarle o ponerle el mote de “Carapolla”. Pero había que ganar la batalla de las redes y hacer tendencia el eslogan para ver que se es de izquierdas y se le gana a la derecha en las redes sociales. El problema es que las redes no son la realidad. No son ni la infinitésima parte de la realidad social y por mucho que se ganen batallas de tendencias, la realidad viene con el mazo y pone a cada cual en su sitio.

Más bien parece que la izquierda es la “carapolla”. Una izquierda incapaz de confrontar a la derecha con ideas y con movilizaciones. Una izquierda que se conforma en muchas ocasiones con tener muchos seguidores y tener tuits muy extendidos. Una izquierda que mientras Martínez Almeida desmonta lo poco que hizo Carmena en Madrid, pero vale para cualquier otro lugar de España, se ve incapaz de frenar la acumulación por desposesión que están comenzando a llevar a cabo. En cierto sentido porque en muchos aspectos son sosias en lo económico, en otro sentido porque han perdido la capacidad de análisis de la realidad. Se quedan en lo chusco, en lo mediático, en lo que “vende” en vez de estar fijándose en lo que sucede realmente. Cuando la ciudadanía comprometida con la izquierda se queda en casa, habiendo hasta tres opciones, igual es porque algo se está haciendo mal en el plano analítico. Que lo de #CaraPolla es muy gracioso sí, pero no sirve para nada. En Alcorcón, por ejemplo, a David Pérez se pasaron ocho años llamándole “el Fleki” y como si nada. Gobernó y les dio sopas con honda en el plano de la batalla cultural. Esa que gusta tanto a los gramscianos.

Cuando pensadores como Diego Fusaro o Juan Manuel de Prada parecen más de izquierdas que los que se autodenominan como la “izquierda verdadera” o los “progresistas” es que algo está mal. Se puede atacar al mensajero, como han sufrido Esteban Hernández o Daniel Bernabé, pero la realidad es que los análisis que presentan como contrapartida ni movilizan, ni parecen algo más allá de un liberalismo light. Dan la razón, aunque él mismo se la haya quitado en parte, a Francis Fukuyama cuando afirmaba que parecía que había llegado el fin de la historia al no haber alternativa. Ahora dice el autor estadounidense que la hay en forma de identidad, pero no deja de ser una fase más del propio neoliberalismo. Eso sí, esta izquierda “carapolla” bien que señala con el dedo a quienes sostienen una análisis materialista de la sociedad, o a quienes indican que el eje izquierda-derecha sigue funcionando mucho más que el global-nacional. Todos esos son o rojipardos, o viejos, o sin capacidad analítica.

Así Alberto Garzón, que escribió un libro titulado “Por qué soy comunista”, es capaz de negar la vigencia de la lucha de clases, o del materialismo marxista, o de la prevalencia de la clase trabajadora. Al contrario lo importante es lo hegemónico, lo cultural, las luchas subalternas que ni transforman, ni revolucionan, ni niegan dialécticamente el propio sistema. Quieren al final un capitalismo con ellos mandando o algo por el estilo porque no se entiende que se niegue lo material como elemento analítico para pasarse la vida en la superestructura. Marx no dijo que la estructura material del capitalismo determinase la superestructura, pero tampoco que lo supraestructural campase a sus anchas sin conexión alguna. Las luchas subalternas son parte de una mayor Justicia social sin lugar a dudas, pero en esas luchas no hay en muchas ocasiones una oposición al sistema. Bien al contrario, son deseos de incorporarse de al reparto de la miseria que está proporcionando el capitalismo postfordista.

Y como no hay análisis, ni ganas de lucha, ni de revolución, pues lo mejor dedicarse a la guerra cultural (que es importante sí, pero no la única), a lograr no se sabe bien qué hegemonía pues los aparatos ideológicos del Estado y de los entes supraestatales ejercen su dominación, o dedicarse a las guerras en las redes sociales. El problema es cuando un tradicionalista critica con mayor fiereza al capitalismo que quienes se dicen comunistas o socialistas (los socialdemócratas quedan más allá, junto a los populistas). Se pelean porque Ferreras les saque cinco minutos en antena mucho más que por defender los derechos del pueblo, de la clase trabajadora. Y llegan a decir que las “palabras tienen peso” (Adriana Lastra dixit) como si hubiesen descubierto la lingüística. El día que se enteren de la formación de mitologemas igual levitan. Una izquierda para la cual un tuit es más fructífero que el compromiso de lucha no es menos “carapolla” que el alcalde. Y ya si hacen canciones se está a un paso de…

Garzón cree urgente abordar la “derogación de la reforma laboral”

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El coordinador federal de Izquierda Unida y portavoz adjunto de Unidas Podemos, Alberto Garzón, ha considerado “imperioso” que se aborde “la derogación de la reforma laboral” en vigor que impuso el anterior Gobierno del PP en 2012 y ha advertido a la dirección socialista que “no mire hacia otro lado” porque la mayoría de la “base social que votó al PSOE” en las últimas elecciones está de acuerdo con ello.

Garzón hizo estas declaraciones en los pasillos del Congreso tras encabezar la reunión mantenida por Unidas Podemos con responsables de la dirección del sindicato Unión Sindical Obrera (USO) entre los que estaba su secretario general, Joaquín Pérez da Silva, y a la que asistieron, entre otros/s, los/as también diputados/as del grupo Rafa Mayoral y Yolanda Díaz.

“Es imperioso -insistió el máximo responsable de IU- abordar la derogación de la reforma laboral del PP”, pero “también la anterior” del PSOE, ya que ambas “han facilitado el incremento de la explotación y de la precariedad, y no pueden ser parte del futuro del país”.

A preguntas de los/as periodistas sobre las reticencias de la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, para acabar por completo con la reforma laboral de los ‘populares’ argumentó que “la base social que votó al PSOE estaría probablemente más cerca de nuestra posición que de la de Calviño”.

Alberto Garzón lamentó profundamente la “inactividad” demostrada por el Gobierno socialista en materia laboral y “no sólo ahora, sino desde la moción de censura”, por lo que destacó que un futuro gobierno de coalición es “perfectamente legítimo” para abordar estos cambios.

Recordó que para poder conseguir cosas de este calado “la política también es ceder”, pero entendiendo que “el ámbito laboral es central” porque “articula los ingresos de las familias trabajadoras y sus condiciones de vida”.

La derecha más incapaz de España está en Madrid

Debe ser que el agua del Canal de Isabel II (ya no se llama así pero así se le seguirá llamando porque los madrileños no están a los cambios por culpa de las corruptelas) tiene algo extraño en su composición, algo que afecta principalmente a las personas de derechas. No cabe otra explicación ante la concentración de tanta incpacidad en esa franja de la política madrileña. En el sector de la izquierda andan a golpes todo el día (que si los posmodernos, que si los diversos, que si los populistas, que si los que no saben ni qué son), pero el cainismo tras el abandono de cualquier aproximación científica a la realidad es normal (incluso ha pasado en la derecha). Pero la derecha madrileña se lleva el premio gordo en esta época de clase política para echar de comer aparte.

Recuerden que cuando Albert Rivera llegó a la capital española parecía hasta liberal para acabar transformándose en el ser que es hoy. Lo mismo ocurre con diputadas y diputados, que al transcurrir de los meses y tomar el agua madrileña, acaban por creerse hasta importantes y con dotes intelectuales, y acaban dando pena. Pero la clase política madrileña, especialmente la de la derecha, ya estaba aquí cuando los demás llegaban. Ya llevaba años bebiendo al agua y respirando el aire tóxico por lo que deberían haber aprendido a convivir con el entorno, adaptarse o haber evolucionado. Da igual que hayan pasado tiempo en el extranjero viviendo, como es el caso de algún dirigente de Vox, los restos del agua quedan impregnados. La señora de las ranas y los sapos ya saben las majaderías que viene diciendo y las corruptelas que tuvo; algún ser extraño como Rosa Díez ya se sabe cómo ha quedado tras vivir un tiempo en Madrid. El único inmune parece M. Rajoy. El resto hacen de la inutilidad virtud porque no se puede explicar el espectáculo lamentable, contraviniendo incluso la legislación, que están ofreciendo.

Bien es sabido que la derecha patrimonializa las instituciones, creen que son suyas por derecho natural, pero de ahí a no cumplir ni con las leyes que desde la derecha se han dado es de manicomio o ser muy mediocre, o las dos. Resulta que en la Comunidad de Madrid tenían que convocar Pleno de Investidura de manera legal y el señor presidente, como su candidata tiene menos votos que el candidato de la izquierda, ha decidido convocar la sesión sin candidato/a. Esto supone que se llegará al día elegido (10 de julio) pudiendo votarse a dos o seis candidatos convirtiendo el propio pleno en una pantomima y llevándose la democracia representativa por delante. Como Isabel Díaz Ayuso tiene menos apoyos que Ángel Gabilondo, a la espera de que la ultraderecha se baje los pantalones, o quienes se rajen sean los dirigentes de Ciudadanos (como ya han hecho en Murcia), no se ha atrevido a señalar candidato.

Pero mejor aún ha sido la propuesta, a la que se ha acogido el diputado Alfonso Serrano (PP), de hacer un manifiesto para que haya un gobierno de centro derecha y liberal. Para eso debería estar algún partido en el centro, ese lugar inexistente al que todos los partidos adoran. Como cualquier dios vamos. Y  lo del liberalismo con lo económico no basta. Creen quienes han lanzado la campaña que esa presión hará que en Vox piensen en dar sus votos de forma gratuita a PP y Ciudadanos sin negociar ni una coma. Ya es complicado que en Vox piensen de forma racional, pero que cierta presión en las redes o manifiestos les haga pensar es aún más utópico. Rocío Monasterio no tiene nada que perder y, por otro lado, al no ceder a las presiones tiene el altavoz mediático que desean para seguir inoculando sus mensajes. Mientras en Ciudadanos quedan retratados, no sólo como cuñados, sino como más cobardes que la derecha cobarde, la ultraderecha logra sus propósitos. Aunque sean los mínimos, que tampoco están para pedir la rendición de Roma.

En el PP tampoco pueden tirar cohetes ni cargar toda la prueba de la culpa en Ciudadanos porque son ellos, con sus acuerdos que no cumplen (no han dado las concejalías firmadas a Vox), los que han provocado también este esperpento. Que la firma de un político o política del PP vale menos que una moneda de tres euros era conocido, pero pensaba Santiago Abascal que entre bomberos no se irían a pisar la manguera. Y más que pisarla a Vox no le han dejado ni acercarse a ella y acabarán pagando las consecuencias.

Todo es una completa inutilidad porque sus programas electorales en lo económico, que es lo importante al final, o lo que importa a los florentinos, botines y demás financieros de los partidos, son iguales. Desregulación de todo lo que se pueda e invasión, a cargo del erario público, de lo público. No es que primen la libertad sino que priman la acumulación por desposesión. Eso sí, la izquierda socialdemócrata, populista y postmoderna a verlas venir enfangados en la dialéctica cultural. Dándose codazos para salir en más fotos del Orgullo y ser los más de lo más, como demostró Manuela Carmena dejando abandonados los distritos de clase trabajadora. Gabilondo ni eso porque él está en ese lugar donde la metafísica se queda el perpetuidad del idealismo hegeliano.

La inutilidad que demuestran para lograr un acuerdo de mínimos cuando desde la derecha nadie reprocharía ese acuerdo, desde la izquierda dirían que han llevado a los fascistas a las instituciones (¡como si se hubieran ido alguna vez!), pero eso nunca le ha importado a la derecha. Siempre ha querido el poder para moralizar, explotar y dar las ganancias a sus amos. No son libres, ni lo pretenden ser, por lo que no tienen necesidad de aparentar el grado de inutilidad que demuestra Juan Trinidad, Ignacio Aguado (con sus tuits amenazando a Vox de hacer una pinza con el PSOE. ¡Sí como lo leen!) o los peperos que intentan poner paz entrambos.

Y para colmo José Luis Martínez Almeida y Begoña Villacís quitando maceteros por Madrid como símbolo de una lucha contra no se sabe bien qué. O prohibiendo conciertos de gente como Def con Dos por ser subversivos. Si es que no sólo son inútiles, ya que permitir el concierto les daría pátina de liberales, sino que son más carcas que José María Álvarez del Manzano o Alberto Ruíz Gallardón, que ya es decir. Si con no hacer nada ya tendrían mucho ganado, sólo tienen que fijarse en el carmenismo que con dos tontadas parecía que había cambiado la capital y, en realidad, era todo puro marketing de los biempensantes. Nunca menos políticas hicieron que pareciesen más. Pero como hay que hacer cosas nada mejor que meter la pata (cuando venga la multa de la UE por la contaminación que se la cobren a PP y Cs). Eso sí, no meten aún a Vox en los cargos importantes para que no les digan cosas cuando vayan al Orgullo, que el gaycapitalismo tiene mucha fuerza. La derecha inútil que luego intentan vendernos como la más capaz pero el agua de Madrid les debe afectar las neuronas… para mal claro.

García Sempere exige al Gobierno que explique “cómo va a garantizar precios justos en el olivar”

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La diputada andaluza de Izquierda Unida, Eva García Sempere, ha registrado una iniciativa parlamentaria en la que exige al Gobierno en funciones del PSOE que explique, entre otras cuestiones, “qué medidas piensa poner en marcha para garantizar precios justos en el olivar”. Se trata de saber cómo piensa hacer frente de forma efectiva a la “gravísima especulación” en el sector orquestada por los grandes grupos de distribución, que “pone en peligro el modelo de producción familiar y el olivar tradicional”.

García Sempere argumenta en su iniciativa que “agricultores y agricultoras, cooperativas y las organizaciones agrarias llevan meses alertando sobre la crisis de los precios del aceite en una campaña que debería haber sido buena”. Detalla al Gobierno que el precio medio del aceite de oliva en origen estaba a principios de mayo en 2,40 euros/kilo (según POOLred, el virgen extra se vendía de media a 2,51 euros/kilo, el virgen a 2,07 euros/kilo y el lampante a 2,01 euros/kilo).

La diputada malagueña encuadrada en el grupo de Unidas Podemos resume que esta situación “supone una caída de un 43% respecto al precio medio de las últimas cuatro campañas y se sitúa muy por debajo de los costes de producción del aceite de oliva en España, que estaría entre 2,73 euros/kilo y 2,75 euros/kilo, según las referencias utilizadas. Además, el precio ha ido cayendo un 18% a lo largo de esta misma campaña”.

Eva García Sempere plantea al Gobierno en su batería de preguntas escritas si “considera necesario actualizar los precios de referencia por encima de los costes de producción” y si piensa “prohibir la venta a pérdidas que tanto daño causa a las personas productoras”.

Incluye también en su análisis sobre lo que está ocurriendo que en los últimos cinco años se han puesto en producción otras 100.000 hectáreas de olivos, casi todas en un modelo intensivo. “El manejo de este aceite en manos de grandes grupos productores sí que cubre los costes de producción con sus precios, mientras que pone en peligro el modelo de producción familiar y el olivar tradicional”, denuncia.

Para García Sempere, “parece evidente que se está produciendo un movimiento especulativo en el sector provocado por los siete grupos de distribución, en cuyas manos acaban las 1.750 almazaras con 1.305 comercializadoras”.

“Es decir -constata-, lo que hay es un movimiento especulativo por parte de los grupos distribuidores. Con esta estructura, y sin capacidad de los productores para incidir en la cadena alimentaria, la solución de más exportación con más hectáreas de producción intensiva solo perjudica a la producción familiar”.

Ante este panorama, la diputada malagueña de Izquierda Unida interroga al Gobierno del PSOE sobre “qué controles fiscales a la industria y envasadoras va a poner en marcha”, si considera que “la Comisión Nacional de la Competencia debería iniciar una investigación de la situación del mercado del aceite de oliva en nuestro país” y si ve necesario “crear una agencia específica del aceite de oliva que certifique la calidad y pureza, y garantice su trazabilidad”.

Eva García Sempere insta también en nombre de Izquierda Unida a participar en la movilización convocada el próximo día 9 por el sindicato agrario COAG en defensa del olivar tradicional.

Ciudadanos quiere hacerse perdonar con los vientres de alquiler

Justo en la semana en que el Orgullo LGTBi va a protagonizar el desfile típico por las calles de Madrid, Ciudadanos intenta congraciarse con el gaycapitalismo patrio presentando su iniciativa legislativa sobre los vientres de alquiler. No es que no lo hubiesen intentado antes, que lo hicieron y se rechazó, sino que lo utilizan como moneda de cambio para quedar bien, en una muestra más de cuñadismo ideológico, con el potente lobby gay. Patricia Reyes ha sido la encargada de presentar la muestra más palpable de lo inmanente en Ciudadanos, más allá de proclamas: bajo el capitalismo todo se puede comprar y vender, tan sólo hay que saber encontrar el precio adecuado. Y ese todo incluye a las mujeres, cuyos aparatos reproductivos deben ponerse al servicio de la causa del dinero.

Intentan desde Ciudadanos vender los vientres de alquiler como algo altruista aunque incluyen una especie de compensación por las molestias, lo cual no deja de ser sino la puerta de entrada para la compra/venta de bebés. Si durante el franquismo, por poner el ejemplo español, las familias pudientes compraban bebés a monjas y médicos conchabados en el negocio, en la actualidad Ciudadanos quiere que cualquier mujer pueda ejercer de receptáculo de los deseos de quienes tienen dinero para comprarse un hijo.

La libertad de las mujeres para hacer con su cuerpo lo que deseen nos venden desde la formación naranja, o desde las agencias de consecución de bebés por el mundo, o desde lobby gaycapitalista, que es el que interesa realmente a Ciudadanos pues las familias formadas por hombre y mujer son escasas en esta situación en comparación con las otras familias. Intentan transformar en derecho un simple deseo, como hace todo el capitalismo en sí por cierto, en una situación donde la mujer es explotada completamente. Hace años ya advirtió Friedrich Engels que el capitalismo intentaría prostituir y utilizar a las mujeres de los pobres y ahora en Ciudadanos le dan la razón.

La propuesta de Ciudadanos curiosamente es una copia de la Iniciativa Legislativa Popular que presentaron la Asociación por la Gestación Subrogada y Son Nuestros Hijos (gracias por el apunte a Gemma) donde la consanguineidad ya es permitida (una hermana puede parir el hijo de su hermano) junto con el pago por las molestias, que es la forma de abonar el precio del bebé. Explotación reproductiva que será rechazada por el PSOE, salvo que las Juventudes Socialistas (o mejor dicho Senectudes) y el lobby gay hagan suficiente presión y entren las dudas, por una parte de Podemos, por el PP, por el PNV y por Vox. Una iniciativa que no tiene visos de avanzar legislativamente pero que sirve a Ciudadanos para intentar ganarse un buen número de votos del lobby gaycapitalista (nada que ver con ese movimiento de defensa de los derechos civiles por el que luchó Shangay Lily por ejemplo) y quedar bien ahora que sus socios de Vox andan pidiendo los nombres de personas LGTBi y diciendo que el Orgullo vaya lejos de las miradas de las personas “normales”. Una forma de hacer cuñadismo ideológico siempre en favor de la explotación capitalista que es la norma en la casa de la calle Alcalá.

Cuando el Parlamento está sin actividad e igual no la tiene esta legislatura, Ciudadanos intenta volver a tener amistad con el lobby LGTBi potentado, el que mueve en los medios las demandas, el que maneja todo el cotarro y quiere elevar a derecho el deseo de tener hijos más allá de las imposibilidades físicas. Podrían adoptar, como hacen muchas parejas gays y heterosexuales, pero el deseo es que sean genéticamente propios y por ello el deseo les lleva a explotar a las mujeres. En granjas ucranianas, estadounidenses, indias o españolas que es lo que quieren. Aprovecharse de la pobreza de la mujer, que no es otra cosa que aprovecharse de la necesidad determinada por la clase social a la que se pertenece (algo que se oculta siempre), para cumplir un deseo personal similar a comprarse un coche o el último móvil que esté más de moda. En Ciudadanos saben que estar a bien con el lobby gaycapitalista supone tener buena prensa en los medios de comunicación y apoyar los vientres de alquiler no contradice sus principios de llevar el capitalismo hasta el último lugar donde se pueda sacar un euro de beneficio. Como ha explicado recientemente Ken Loach hasta hace poco había límites compartidos por todos sobre hasta dónde podía llegar la explotación humana, hoy eso ya no existe y se quiere llegar hasta lo más íntimo y profundo. Hoy es la compra/venta de bebés, mañana la de órganos.

Esto es el feminismo liberal, someter a la mujer a los dictados del mercado para satisfacer los deseos de cualquiera. Utilizan argumentos utilitaristas cuando afirman que así se consigue mayor felicidad porque las personas consiguen un hijo genéticamente propio y las madres reciben una pequeña compensación por las molestias ocasionadas al llevar dentro un bebé durante nueve meses, eso sí, bajo una gran cantidad de condicionantes y exigencias que debe cumplir a rajatabla y así entregar a la criatura nada más dar a luz en perfecto estado. Como pasaría con un móvil, nuevo a utilizar. Eso sí, si el niño viniese con algún defecto que no gustase a los padres, estos podrían devolverlo como si fuese un frigorífico, y/o provocar que la madre abortase. Como se puede comprobar los del feminismo liberal apoyan que la madre de la criatura carezca de decisión sobre el bebé salvo ser una especie de horno en el que se cocina el bollo a consumir por quien pueda permitírselo. COGAM, que firmó un manifiesto en favor de los vientres de alquiler, seguro que empieza a mirar con buena cara de nuevo a Ciudadanos y les deja pasearse por el esperpento en el que se ha convertido el desfile del orgullo gay. Cuando no deberían permitir partido político alguno si no hubiese intereses cruzados. Pero el dinero manda.

Vox se cansa del cuñadismo de Rivera

Pensaban en Ciudadanos y el PP que podían hacer lo que les diese la gana y engañar a Vox siempre que lo deseasen porque la ultraderecha tragaría antes que ver a la izquierda en el poder. Les han intentado engañar en Andalucía, lo han hecho en el Ayuntamiento de Madrid y pensaban hacerlo en la Región de Murcia y la Comunidad de Madrid. Pero en Vox, cansados de llamar derecha cobarde al PP, se han cansado de ser muletas y que los consideren unos apestados quienes quieren sus votos para tener un poder institucional que no quieren compartir con ellos y ellas para no mancharse.

Albert Rivera ha jugado a que ellos jamás se sentaban en la mesa con la ultraderecha y que si les votaban era porque les parecía bien, o que los acuerdos a los que llegasen con el PP no eran vinculantes para Ciudadanos. Cuñadismo en grado sumo para ocultar lo que es evidente, que hacen lo que les piden desde Vox siempre, como demuestra la defensa viene haciendo Juan Marín de las peticiones de la ultraderecha.

Resulta que Vox no ha querido regalar sus votos a PP y Ciudadanos en la Región de Murcia y han pedido sentarse y repartir entre los tres. A ello se han negado en Ciudadanos no vaya a ser que en la Unión Europea les digan que no son liberales sino otra cosa. Y como en Vox ya están cansados han lanzado su órdago y no les han dado gratis sus votos. Esto ha sentado mal a Ciudadanos y se han lanzado a criticarles en las redes sociales, señalándoles por votar junto al PSOE y Podemos (como si en Ciudadanos jamás lo hubiesen hecho claro), lo que ha provocado una airada respuesta de la formación de ultraderecha. Así han calificado a Rivera de “acojonado y sinvergüenza”. Lo que piensan la mayoría de españoles, tampoco hay que escandalizarse, pero de forma pública y sin medias tintas.

Posteriormente han rectificado, sin borrar el mensaje, afirmando que habría que cuidar el mensaje. Pero que “no es fácil aguantar callados el desprecio de Ciudadanos a nuestros votantes y las mentiras a los suyos”. Mentiras porque en la formación de ultraderecha saben lo que están acordando, en cuartos oscuros y tenebrosos, con Ciudadanos y el PP. De ahí que esas palabras en las que piden a Rivera que “se deje de cordones sanitarios, de lamerle el culo a Macron y que os permita sentaros en una mesa y llegar a acuerdos como gente normal”, tengan mucho de realidad de lo que viene ocurriendo. Fran Hervías, quien ha provocado la jaculatoria de Vox, pensaba que con un mensajito iba a acobardar a la ultraderecha y, además, él se podría poner la medalla. Pues no, parece que esta vez en Vox van en serio y quieren a Ciudadanos en la mesa sentaditos y formando acuerdos. Si no, a nuevas elecciones. La ultraderecha nada tiene que perder y en Ciudadanos sí.

Lo que ha pasado en Murcia se podría repetir en Madrid la semana que viene, por ello ha salido el PP ha intentar poner calma entre los dos socios de gobierno. Han pedido desde la formación conservadora que no se insulten y se sienten en las mesas de negociar para impedir que el socialismo toque poder. Como ven en la derecha parece que sí tienen claro quiénes son los malos para ellos, pero eso no empece para que la ultraderecha apriete y siente en su mesa de negociación a la formación naranja. Si quieren sus votos para tener consejerías y mamandurrias varias, al menos que tengan la vergüenza de sentarse a mirarles a los ojitos. Si no quieren pues nuevas elecciones y que expliquen a los votantes ese cordón sanitario, que igual pierden más votos. Lo raro es que si Rivera quiere liderar la derecha española tenga tantos remilgos a sentarse con quienes comparte programa económico y buena parte del social. Pero de momento ya le han señalado como “acojonado” desde Vox.

Sanfermines: fiesta y efemérides

Escribo esta reflexión apenas unas horas del comienzo de esta fiesta universal, para muchos la mejor del mundo, los sanfermines.

Unas fiestas inigualables donde la alegría, la música, el blanco y rojo inundan las calles de la vieja Iruña, Pamplona. Porque los sanfermines se desarrollan fundamentalmente en la calle, donde acabas encontrándote con gentes que hacía un año no veías, o entablas debates con quienes te separan años luz en lo ideológico, en lo vivencial.

Gentes variadas de diferentes talantes ideológicos e incluso religiosos, del mundo de la política, de la prensa, de la música, de las artes, que quizás durante estas fiestas se transformen, en este caso para bien, produciéndose el milagro de que quien el resto del año no te habla o ni siquiera te saluda ahora te abrace alborozado.

Esa mezcla, esa pluralidad desde el respeto son unas de las características de los sanfermines. La diversidad de maneras de enfrentarse a ellos, de divertirse, o simplemente de sumergirte en una especie de ritual ancestral que te lleva por caminos diferentes a los conocidos.

En una fiesta como esta existe libertad, pero no puede ni debe interpretarse como libertinaje, como el “aquí todo vale”. Debe hacerse; quienes vengan de fuera y algunos de los de dentro, respetando sus normas, algunas no escritas y sobre todo ejercitar ese respeto por unas fiesta que tienen sus líneas rojas que jamás deben ser cruzadas, ni por los de aquí ni por los de allí. Pamplona no puede, no debe convertirse en una ciudad sin ley, o se corre el peligro de que esta fiesta sin igual muera de éxito.
Pero no solamente es todo eso, también en esos largos 9 días que van desde el chupinazo del 6 de Julio hasta el “pobre de mí” de la medianoche del 14, suponen el encuentro con efemérides impactantes.

El 8 de Julio de 1978, se cumplen ahora 41 años, la fiesta vivió instantes dramáticos. Recuerdo aquella fecha que se quedó grabada en mi memoria como si fuera hoy. Como cada año había acudido desde Madrid a sanfermines. Era un ritual, como una manera de no alejarme de mis raíces.

Ese 8 de Julio estaba en la Plaza de Toros de Pamplona, en la parte de arriba de sol con la peña San Juan con la que acudía regularmente hasta hacerme de mi peña actual, el Muthiko Alaiak. Vi salir la pancarta de “Amnistía” con la entrada de los txikis al final de la corrida y a los pocos minutos como si de una pesadilla se tratara, un numeroso grupo de “grises” a toda velocidad sacudiendo a diestro y siniestro.

Me fijé en un mando con pistola en mano, los rifles de los gases y pelotas y toda una plaza protestando de  manera airada. Entrar así ante más de 20.000 personas con una dosis de alcohol elevado a esa altura de la película, no se le ocurre a cualquiera. ¿Fue deliberado? ¿Se deseaba provocar lo que ocurrió?

Era un momento convulso del inicio de la transición y aún no se han esclarecido estos pormenores, aunque sospecho que sí, que se intentaba provocar graves incidentes como los que así ocurrieron.

Después indignación, cabreo, heridos, ataques de ambas partes, confusión, las fuerzas del “orden” sitiadas en el Gobierno Civil, rumores de un muerto por bala, más indignación, llegada de refuerzos, contraataque. Un día negro.

Suspensión de las fiestas, luto, consternación, ansias de conocer la verdad, de que se hiciera justicia que aún hoy reivindicamos y esperamos. Visto desde ahora una fecha negra para la memoria colectiva.

No va a ser la única efemérides que se va a dar durante los sanfermines. Otras fechas trágicas son las que van desde el 10 al 12 de Julio de 1997. El secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco.

También recuerdo esa tarde en la Plaza de Toros y la noticia corriendo como un reguero de pólvora. Una impresión profunda, con un toque de esperanza. No lo harán, seguro que no lo harán nos repetíamos con el vano deseo de que al final sólo fuera una bravuconada, que serían algo menos salvajes y sanguinarios de lo que fueron realmente.

Nos equivocamos, ETA cumplió su amenaza y el brutal “Kantauri” se encargó de asesinarle con dos disparos en la cabeza, después de un ritual cruel de intento de humillación, obligándole a arrodillarse ante él. ¿Intentaba de esta manera humillar al Estado y a la sociedad española y vasca? Probablemente, aunque no lo consiguió.

El día 13 fue una catarsis colectiva, de alguna manera nos asesinaban a todos y cada uno de nosotros, o al menos intentaron hacerlo. Se equivocaron y lo que lograron fue que se perdió el miedo, algunos hacía años que lo habíamos perdido, pero esa día esa sensación fue colectiva, apabullante. Hay imágenes que siempre quedarán grabadas en la memoria de esta sociedad, como esa puerta del Ayuntamiento llena de pañuelos rojos y velas encendidas. Era una especie de grito desgarrador ante la sinrazón, y el síntoma de que hasta ahí habíamos llegado.

Antes, dos días de tensión. Quizás el lugar donde más afectó lo ocurrido esos días, además de Érmua, fue en Pamplona. Una ciudad en fiestas impactada, en shock, perpleja, expectante. Hubo mucho silencio esas 48 horas, no había ganas de juerga, mucho menos después de conocer su muerte justo cuando entrábamos en la plaza el penúltimo día de las fiestas.

Suspensión de la corrida, enfrentamientos, debate sobre si se debían suspender los sanfermines o no, dolor, mucho dolor.

A partir de ahí más indignación, una explosión de cabreo, ante la mirada atónita de quienes hasta ese instante les vitoreaban. Pamplona expresó con contundencia su condena y en muchos sectores de la izquierda abertzale se abrió una grieta que probablemente les llevó a su final. Al menos como se les conocía hasta ese terrible acontecimiento.

Ahora se cumplen 22 años, conviene no olvidarlo aunque estemos en otro momento de nuestra historia muy diferente. Resulta triste observar que el oportunismo político nuevamente intenta “arrimar el ascua a su sardina”. Para algunos da la sensación de que “con ETA vivían mejor”. Lamentable.

Visto desde hoy parece una pesadilla, pero ocurrió, ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco lo mismo que la policía a Germán Rodríguez. Ambos en sanfermines………

Y por último lo social, otros dos acontecimientos que impactaron en la fiesta, el asesinato en 2008 de Nagore Lafage y en 2017 la agresión sexual, la violación de “la manada”.

Son efemérides que no pueden eclipsar esos 9 días de fiesta, pero que tendrán su instante de recuerdo durante la misma. Porque el olvido sería imperdonable y además porque los dos últimos nos llevan a la reflexión final dirigida a los de casa y a los de fuera.

Los sanfermines son días para disfrutar, para gozar, para divertirse, pero siempre desde el respeto al “otro”.

Ojalá los de 2019 lo sean así…..

Veremos.

Israel legaliza asentamientos en tierras propiedad de palestinos

El tribunal israelí del distrito de Jerusalén ha aceptado “la legalización” retroactiva de las viviendas que fueron edificadas «por error» en tierras privadas palestinas, justificando que estas construcciones «se basaban en viejos mapas trazados con tecnología anticuada».

La sentencia, que está pendiente de resolución por el Tribunal Supremo, abre las puertas a la legalización de unas 2000 viviendas ilegales israelíes construidas sin permisos en la ocupada Cisjordania, en especial, en el asentamiento de Alei Zahav.

La decisión fue tomada a pesar de que Michael Lynk, relator especial de la ONU sobre los Derechos Humanos en Palestina, advirtiera el viernes que los asentamientos ilegales construidos por el régimen israelí en Jerusalén y Cisjordania constituyen una nueva «violación flagrante» del derecho internacional y de las resoluciones emitidas al respecto por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Más de 600.000 colonos israelíes viven en más de 230 asentamientos ilegales erigidos en los territorios ocupados de Palestina, incluidas la ciudad de Jerusalén y Cisjordania.

La ONU y la Unión Europea (UE), además de la mayoría de los países del mundo, entre los que se encuentra España, consideran ilegales los asentamientos israelíes en Palestina, ya que la Convención de Ginebra prohíbe construir en tierras bajo ocupación.

A mediados de junio, la viceministra de Exteriores del régimen de Israel, Tzipi Hotovely, llamó a imponer la «soberanía israelí» sobre la llamada zona C, que equivale al 60 % de la superficie de la ocupada Cisjordania. La mayoría de los asentamientos israelíes se ha construido en la zona C, todos ellos ilegales, conforme al derecho internacional.

Las pruebas documentales son contundentes y demuestran que, mientras para los palestinos es extremadamente difícil obtener un permiso para construir, las colonias israelíes ilegales siguen expandiéndose rápidamente.

Caso Popular: el Estado al servicio de los intereses del Banco Santander

En el día de mañana se celebrará en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea la vista en la que tanto el Banco de Santander como el Estado español harán su defensa de la operación que arruinó a más de 305.000 familias. Es decir, defenderán que la Junta Única de Resolución (JUR) resolvió de manera correcta al Banco Popular y lo vendió por un euro a la entidad cántabra, algo que, según lo publicado por Diario16 en los dos últimos años y la documentación que soportaba dichas publicaciones, está demostrado que no fue así. Hubo demasiadas irregularidades que favorecieron los intereses de un banco privado en contra de los de sus accionistas, bonistas y clientes.

Sin embargo, en todo el Caso Popular el Santander es juez y parte, puesto que forma parte del organigrama de la JUR, tal y como podemos comprobar en el siguiente documento:

Es cierto que dentro de la organización interna de la JUR hay otras entidades europeas. Sin embargo, en el Caso Popular resulta, cuanto menos extraño, que el banco que se ha beneficiado de una decisión adoptada por la Junta continúe dentro de sus órganos de decisiones, sobre todo en lo referido a la planificación de procesos de resolución que se pudieran dar en España e Irlanda. Por tanto, esto convierte al banco presidido por Ana Patricia Botín en juez y parte de un proceso en el que hay más de un millón de personas afectadas, familias que fueron arruinadas por una decisión injusta que sólo benefició al Santander.

Además, el hecho de ser el representante del Estado español en la JUR convierte al banco cántabro no sólo en el beneficiario de la resolución del Popular sino, también, en el ejecutor de la decisión.

En este estado de las cosas, el Estado defenderá mañana ante el TJUE que la operación y el proceso de resolución, se realizaron de manera correcta. Por lo tanto, al igual que ya pasó en el caso del IRPH, España estará defendiendo los intereses de la banca en vez de posicionarse en favor de los afectados por sus abusos.

Por tanto, el Estado y, en concreto, el Gobierno aún está a tiempo de «no caer en el error moral e ideológico que cometió al no retirar la Abogacía del Estado en la vista del IRPH y enfrentar, por tanto, al Estado contra sus ciudadanos y ciudadanas. El socialismo real y verdadero prioriza los problemas del pueblo a los de las élites. Perdió una oportunidad, ahora es el momento de ser vanguardia de lealtad a quienes tienen la soberanía del Reino de España», afirmó Manuel Domínguez Moreno en un artículo anterior.