sábado, 17 enero, 2026

El Popular se convirtió en objetivo para De Guindos

El fracaso de la operación para que Banco Popular fuera comprado por otra entidad fue un duro golpe para la estrategia del ministro de Economía de Mariano Rajoy. El año 2012 tocaba a su fin. Luis de Guindos había conseguido varios objetivos: acabar con las Cajas de Ahorro, echando tierra sobre su pasado y sobre los partidos que se habían aprovechado espuriamente de ellas, dejando como chivos expiatorios a alguno de sus directivos, probablemente malos gestores unos, probablemente cayendo en prácticas delictivas otros.

Respecto a la desaparición de las Cajas de Ahorro, la estrategia de Luis de Guindos hizo desaparecer a unas entidades claves en el desarrollo de las familias españolas, en la creación de las clases medias que accedieron a la propiedad de sus viviendas gracias a las cajas. Sólo una mente como la del ministro De Guindos pudo concebir tal desmán, ahíto de soberbia, creyendo ser el banquero de inversión que lleva dentro, hizo desaparecer las Cajas de Ahorro cuya función social debidamente recuperada molestaba a los poderosos funcionarios del BCE al servicio de los grandes bancos de inversión. Éstos sólo entienden el negocio bancario como especulación financiera, y no están interesados en la función social de los bancos y de las cajas, ayudando a las empresas y a las familias a desarrollarse profesionalmente, respetando siempre las normas de gestión más sólidas.

De Guindos, además, consiguió el préstamo del Eurogrupo, del que se dispusieron 40.000 millones de euros para ayudas en capital, mientras que un volumen superior se destinó a SAREB que lo distribuyó en forma de bonos a las entidades ayudadas –mal gestionadas- a cambio de unos activos sobrevalorados.

El mercado quedaría definitivamente desequilibrado entre entidades ayudadas directamente o indirectamente y las que no. Competencia desleal en estado puro.

Por otro lado, De Guindos había fracasado en su objetivo de ser el Mario Monti español y suceder a Rajoy que, con su habitual «dontancredismo» recompensó a De Guindos con la renovación del cargo y, haciendo un ridículo universal, le propuso sin éxito para el puesto de presidente del Eurogrupo, cargo prometido previamente por los alemanes —pese al cómico paseo a cámara rápida de Merkel con Rajoy en Santiago de Compostela— a los holandeses.

El Banco Popular se enfrentaba a 2013 reforzado en su capital, pero haciendo frente a una competencia manipulada y dopada con las ayudas, sabiendo que no podían esperar nada bueno ni del ministro ni del Banco de España, cuyos designios habían desafiado, enfrentándose a una economía muy debilitada con el tratamiento aplicado por De Guindos y los alemanes. Popular, un banco de pequeñas y medianas empresas, puede dar fe de que, pese al ministro, las empresas y las familias han sobrevivido a la crisis gracias a su propio esfuerzo.

Visto con perspectiva, parece que las compras de algunas cajas por otros bancos, con regalos de miles de millones de euros en capital, fueron mejores que la compra a pulmón del Banco Pastor por el Popular, a quien nunca se le ofrecieron las mismas condiciones. En palabras de altos directivos del Banco de España, «el Popular puede salvarse solo». De Guindos y otros banqueros idearon un plan, pero el Popular se escabulló, pese a la cooperación necesaria de Oliver Wyman y el consentimiento activo de Fernando Restoy.

Probablemente desde ese momento, los directivos y consejeros del Popular eran un objetivo para el ministro y alguno de los banqueros, porque eran testigos de las tropelías, tenían su destino marcado. La operación del Banco Pastor fue el comienzo de la estrategia de Luis de Guindos para terminar con el Popular, operación que analizaremos en próximas entregas.

Vox ya ha entrado en el Parlamento

Vox ya ha llegado al Congreso de los Diputados. No es que la encuesta de ABC que da 19 escaños a la formación ultraespañolista se haya hecho realidad de la noche a la mañana, como en una de esas distopías de la serie Black Mirror. Es que la extraña fiebre verde parece haber contagiado a algunos diputados del PP (y también de Ciudadanos), hasta tal punto que han hecho suyo el programa electoral de la formación ultra.

En efecto, en los últimos meses el discurso de un sector del Partido Popular se ha radicalizado tanto que cuando Pablo Casado sube a la tribuna de oradores de la Cámara Baja resulta difícil diferenciar si es él quien habla o el mismísimo Santiago Abascal, a quien los viñetistas de El Jueves han dibujado en su portada navideña como un Niño Jesús recién nacido, pero en plan Anticristo, o sea con piel encarnada, diablescos cuernecillos puntiagudos y un rabo amenazante. Escuchando las cosas que está diciendo Casado últimamente, nadie diría que durante un tiempo fue un estrecho colaborador y hasta un fiel escudero del prudente y centrado Mariano Rajoy. Claro que, visto cómo está cayendo el nivel político de nuestro país, y con la perspectiva del tiempo, el gallego de la retranca y los lapsus imposibles hoy parece un estadista moderado a la altura de Winston Churchill o Charles de Gaulle.

Frases pronunciadas por Casado como “o los inmigrantes respetan las costumbres occidentales o se han equivocado de país”; “nuestro Estado del bienestar no es extensible a todos”; o “la Hispanidad es la etapa más brillante, no de España, sino del hombre”, son una buena muestra de que al PP se le está yendo la pinza demasiado a la derecha.

El viaje de los populares hacia el mundo reaccionario de Mordor tiene una explicación fundamental: si el miedo al inmigrante vende y da votos en las urnas (ahí es donde radica el secreto del éxito de Vox, su fórmula mágica de la Cola Cola) hay que entrar como sea en ese nuevo mercado. Y vaya si ha entrado el bueno de Pablo. Lo ha hecho a saco y con todas las consecuencias, aún a riesgo de que lo tachen de xenófobo. Si su estrategia política resulta acertada o fallida, si su plan para evitar que el PP se hunda y quede reducido a una especie de ruinosa UCD del siglo XXI, solo el tiempo lo dirá. Pero de momento la decisión del presidente popular ya está tomada: o se muestra más papista que el papa, o es más facha que la competencia, o acaba engullido por los camisas azules. De ahí que un día arremeta contra el inmigrante que salta la valla de Melilla, al siguiente se desgañite pidiendo el 155 contra Cataluña y cierre la semana exigiendo que dejen en paz al Tío Paco. Cualquier día lo vemos manifestándose en el Valle de los Caídos y cantando aquello de soy el novio de la muerte. De entrada Aznar, sin duda el ingeniero genético del engendro Vox, ya le ha dado el visto bueno a la disparatada hoja de ruta del nuevo PP. Lo cual no extraña, teniendo en cuenta que el expresidente del Gobierno anda sugiriendo por ahí que el PSOE es un partido inconstitucional que debería ser ilegalizado. Mucho nos tememos que el exceso de pádel en verano traiga estas cosas. Los golpes de calor es que son muy malos.

Pero, más allá del postureo neofascistón en el que ha caído Casado, cabe preguntarse si entrar en esa loca carrera por captar el voto ultra no terminará provocando el efecto contrario, es decir, favorecer al propio Vox. Fue Jung quien dijo aquello de que todos nacemos originales y morimos copias. Casado, en su desquiciada deriva falangista, terminará convirtiéndose en un mal clon, en un ridículo doble al que se le verá la barba postiza, en un hombre duplicado, como diría Saramago, otro a quien por lo visto ya nadie lee. Y en ese proceso de abascalización progresivo y fuerte, Casado tiene todas las de perder, porque nadie compra una marca blanca pudiendo comprar el original.

Con todo, lo que sí demuestra el barniz color verde fosforito, casi marciano, que se ha dado Casado tras las convulsas elecciones andaluzas es que Vox ya hace política en el Parlamento. Y eso que todavía no han llegado.

Rivera va a una fábrica… y se olvida de los trabajadores

Él es así. No se esconde cuando está en presencia de los que tienen el poder. Realiza una genuflexión ante los poderosos y habla en su favor porque sabe que ellos (hay pocas ellas) son los que mandan, los que le han colocado donde está, sus verdaderos jefes. Albert Rivera ha tenido la voluntad de acudir a una fábrica de automoción, por cierto con unos operarios sumamente limpios y repeinados, pero no ha dicho nada de los trabajadores. La clase trabajadora, esa que bastardamente califica de clase media trabajadora, y a la que intenta convencer que sólo él puede beneficiarla, no ha aparecido en ninguna parte de su discurso.

Y todo porque no le interesa la clase trabajadora pues es la parte débil del sistema. Ha hablado de pérdida de empleos, cuando lo que realmente quería decir es pérdida de beneficios pues no ha debido mirar alrededor suyo y ver que, en las cadenas de montaje, casi todo está robotizado. Donde están los empleos en cantidad es en la otra parte de la cadena del automóvil que él no ha mencionado. Eso sí, el dieselazo de la ministra Teresa Ribera, o de la ministra María José Montero pues van juntas en esto, no se le ha caído de la boca. “Si hablamos de transición energética, hay que hacerlo de manera acompasada, permitiendo que el sector pueda seguir creando puestos de trabajo y que la innovación nos permita, en un futuro, mantener la competitividad en esos coches eléctricos” ha manifestado y parece lógico. Lo que no ha dicho es que da igual el cambio hacia un motor eléctrico porque no se van a generar más empleos en las fábricas, incluso podrían disminuir. Y todo porque piensa en los beneficios como bien expresa la palabra competitividad. Él debería saber que dinero hacen los que tienen conocimiento, eso que en empresariales se llama Know-how, no los currelas de la planta.

“Los problemas no se solucionan subiendo impuestos” ahí está todo el resumen de su apoyo a la clase obrera. Ya se denunció en estas mismas páginas que la subida de la tarifa del diesel a quien realmente perjudicaba era a la clase trabajadora y a los autónomos precarios (que es como decir clase trabajadora). Pero eso no lo ha mencionado Rivera porque está al apoyo a las grandes multinacionales que si aguantan en España, seamos realistas, y no se van a Hungría o Marruecos es por las bonificaciones, subvenciones y agasajos de todo tipo que reciben de las administraciones del Estado. Si por ellos fuese habrían deslocalizado toda la producción. Esto lo calla Rivera porque está frente a los que le han puesto donde está, claro.

Eso sí, todo el problema es de Pedro Sánchez, o para ser más concisos del sanchismo, ese movimiento en torno al presidente que está llevando a cabo “una política fiscal errónea en un momento en el que España necesita certidumbre”. Aplicar, aplicar no ha aplicado nada. Pero lo que le molesta a Rivera no es que le suban los impuestos a esa chusma trabajadora, sino a sus jefes. La prometida subida de impuestos a quienes ganan más de 100.000 euros, el salario mínimo a 900 euros y la reducción de las bonificaciones a las empresas sí que le molesta porque atentan directamente contra los macrobeneficios de los señores del establishment. Aquellos que siguen enriqueciéndose a costa de la precariedad de los demás no quieren sufragar más gastos de los de abajo y por eso manda a Rivera a que proteste y pare esas intenciones. No es que sea una política errónea, sino una política que atenta contra los más ricos y poderosos.

Y para rematar su visita a una fábrica, que no parece que le haya servido para conocer de primera mano los problemas a los que se enfrenta la clase trabajadora vinculada a esa rama de la industria (él habrá visto españoles nada más), se ha lanzado a su mantra de los últimos días, el no constitucionalismo del PSOE. Así, sin que haya pestañeado, pero sí tocándose la nariz, ha afirmado que “se cumple un año de la primera victoria de un partido constitucionalista en Cataluña”. Habría que recordarle que el PSC de Maragall venció en 2003 en número de votos, que no de escaños, a la todopoderosa CiU. Por tanto no es la primera victoria, sino la segunda y además no le ha servido para nada. Aunque claro, para Rivera el PSC es aún menos constitucionalista que el PSOE de Sánchez.

Sus manías en dividir en mundo entre buenos y malos para insuflar el odio contra los malos, hacen que hoy esté echando fuera al PSOE que algo de constitucionalismo y defensa de la Constitución de 1978 algo sabe. Su odio a Sánchez, porque le gustaría estar en su puesto y piensa que no ha sido así porque no ha convocado elecciones, le lleva a criminalizar al partido y eso lo pagará en muchos sitios. De momento lo está pagando en Andalucía donde, gustosamente, camina hacia el abrazo con los neofascistas. Todo el día hablando de los fascistas y populistas catalanes para caer en brazos de otros similares, con la diferencia de que los andaluces llevan banderita en la muñeca. Y si son españoles son de los suyos.

Un día en una fábrica de Albert Rivera para hacer la pelota a la clase dominante, para atacar a Sánchez y para pasearse por España. Eso sí, la clase trabajadora quedaba excluida salvo para la fotos y porque iban limpios. Que igual si fuesen sucios y sin peinar no se hacía las fotos. Más bien con un operario porque no se le ha visto cerca de muchos más, que igual no son españoles, o transmiten enfermedades contagiosas, o no tienen ánimo emprendedor. Que aún hay clases y Rivera sabe a cuál defiende y en cual le gustaría acabar sus días de la mano de las gentes de Bilderberg. Vamos como su amado José María Aznar. Un día en la fábrica para hacerse la foto y pedir favores para los que mandan a través de él.

Así restringen la publicidad del juego en Europa

Tal y como ya hemos indicado en Diario16, el crecimiento del juego y de las apuestas deportivas está provocando un problema de salud pública con el incremento de la ludopatía. España no es una excepción a un hecho que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno. Sin embargo, mientras en el Congreso de los Diputados se está trabajando para legislar sobre el asunto, otros países ya han tomado medidas restrictivas.

La publicidad agresiva que utilizan las distintas casas de juego, independientemente de si se trata de apuestas, casino, bingo, etc., es una de las claves para que, sobre todo los jóvenes, la gente empiece a jugar o a apostar, personas a las que, hasta hace pocos años, ni se le ocurriría poner los pies en un casino o pisar un hipódromo para realizar una apuesta, gente que, como mucho, jugaba a la lotería, echaba la quiniela o pasaba la tarde con tres cartones de bingo. Sin embargo, esa publicidad tan agresiva, la presencia de personajes famosos (futbolistas, periodistas deportivos, actores, presentadores de televisión), hacen que cada vez sean más jóvenes quienes se acercan al mundo del juego sin darse cuenta de las repercusiones que puede tener.

Por esta razón, ya ha habido países que están legislando para restringir, sobre todo, la publicidad. Italia, por ejemplo, prohibirá a partir del 1 de enero de 2019 los anuncios de juegos de azar y apuestas. El viceprimer ministro, Luigi di Magio, ya lo prometió en la campaña electoral y, una vez que accedió al poder en coalición con la Liga Norte, prohibió explícitamente los anuncios de apuestas en televisión, radio, prensa e internet, al igual que el marketing de afiliación.

En Bélgica también se van a implementar medidas restrictivas. Aunque no llega a ser tan estricto como el modelo italiano, quedarán totalmente prohibida la publicidad de casino online y la de apuestas deportivas quedará restringida a un horario de emisión fuera del prime time. Por otro lado, las empresas de juego no podrán emitir anuncios de apuestas durante la retransmisión de eventos deportivos ni patrocinar a celebridades o atletas.

En España, por su parte, se sigue discutiendo. Se le quiere dar el mismo rango que a la publicidad del tabaco o el alcohol, pero no aplicar una prohibición tan restrictiva como la italiana.

Sin embargo, hay una práctica unanimidad en el debate social que, para poder controlar los incrementos de ludopatía provocada por el juego online o las apuestas, hay que poner coto a la publicidad. Se trata de un elemento fundamental de prevención, sobre todo para los más jóvenes.

Susana Díaz reivindica la igualdad de hombres y mujeres

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La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía en funciones, Susana Díaz, ha destacado, en la inauguración del museo dedicado a “La Casa de Bernarda Alba” en Valderrubio (Granada), que «las mujeres no estamos dispuestas ya a que se nos vuelva a meter entre paredes y entre ventanas, entre ladrillos, sino que vamos a seguir reivindicando esa igualdad y queremos que se conozca lo que hemos vivido para que nadie desande el camino recorrido».

Díaz ha asistido en Valderrubio (Granada) al acto de inauguración de este nuevo equipamiento, ubicado en el inmueble en el que se inspiró Federico García Lorca para escribir esta obra. La vivienda ha sido rehabilitada y acondicionada para su apertura al público.

La apertura del museo supone, tal y como ha destacado la presidenta en funciones, un hito más en «un año especial, en el que el genio -de Federico García Lorca- vuelve a casa», haciendo así «justicia» con el poeta «y con nuestra tierra». Susana Díaz ha considerado que Lorca fue «el mejor embajador del acento andaluz, un poeta universal que hizo universal lo andaluz».

«Se está recuperando nuestra memoria histórica, cultural y nuestro patrimonio en su figura», ha indicado Díaz, que ha señalado además la «oportunidad económica» que supone este nuevo equipamiento para Valderrubio, cuya creación como municipio cumple cinco años.

El emblemático edificio donde se ubica el Museo fue adquirido por el Consorcio Vega-Sierra Elvira y cedido al Consistorio de la localidad para su rehabilitación y puesta en valor. Se trata de una vivienda tradicional de labor con dos plantas, concebida también como espacio donde almacenar la cosecha, con un amplio patio que ofrece múltiples posibilidades para la programación de actividad cultural.

La actuación ha tenido como objeto convertir la casa en un espacio turístico-cultural abierto al visitante, donde se difunda la importancia de Lorca en el teatro y de Valderrubio como fuente de inspiración.

A la inauguración han asistido, entre otros, Laura García Lorca, sobrina del poeta; el bailaor Rafael Amargo y la escritora Antonina Rodrigo, ambos medallas de Andalucía; la alcaldesa de Valderrubio, Francisca Blanco; la consejera de Igualdad, María José Sánchez Rubio; el presidente de la Diputación de Granada, José Entrena, y la subdelegada del Gobierno en Granada, Inmaculada López.

Generales, Andaluzas y Europeas en abril 2019

Al leer el titular pueden pensar en una locura, en algo que es surrealista, en algo ¿imposible? No, imposible no es. Si se aplicase el cálculo de probabilidades a las ecuaciones políticas que están en marcha y no terminan de despejar la X sustancial, el resultado sería de una alta probabilidad de que a finales de marzo o comienzos de abril de 2019 se produzcan las elecciones generales, andaluzas y europeas. Vamos a explicarlo para que ustedes, pacientes lectores, juzguen por sí mismos esa probabilidad que en estos momentos puede parecerle, y se entiende, increíble.

Elecciones Generales: Presupuestos, Conflicto Catalán, Presión del Establishment.

La fecha clave en este asunto es el 21 de diciembre si, como parece, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se entrevista con el de la Generalitat, Quim Torra, y establecen cauces de diálogo y acuerdos sobre los Presupuestos Generales del Estado. Desde el gobierno catalán reclamarán la libertad de los políticos presos y un diálogo para un posible referéndum pactado, con total probabilidad, mientras que el presidente de España no podrá ofrecerle ese camino hacia la independencia. Como mucho una mejora de las condiciones de los presos. Nada más y a lo mejor ni eso. Por tanto, sin esa parte de la ecuación de la mayoría que se produjo durante la moción de censura a Mariano Rajoy, las dificultades para tener unos presupuestos para 2019 aumentan. Y sin presupuestos el gobierno del PSOE estaría atado de pies y manos para poder aplicar las reformas que desea.

Por muchos decretos ley que lance, si no son refrendados por el Parlamento, la acción de gobierno será similar a la del PP en términos globales. Atados de pies y manos con el gasto y debiendo realizar ajustes presupuestarios rígidos cuyo impacto sería en lo social principalmente. Aunque los ingresos aumentasen, el gasto estaría muy condicionado a los presupuestos prorrogados y los deseos de la Troika. Un panorama macroeconómico sumamente preocupante y con escasa activación por la vía de la demanda. Por ejemplo, las infraestructuras y gastos prometidos por el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, estarían comprometidos. Y eso lo saben en La Moncloa perfectamente. De hecho, los socios preferenciales, Podemos, han comenzado su campaña de primarias y de confección de listas para unas posibles elecciones generales. Pablo Iglesias, como ha afirmado en diversas ocasiones, espera que no ocurra, pero tiene la intuición de que sin presupuestos la legislatura ha acabado.

En la derecha, además, no van a perdonar ni una a Sánchez. Se ven con fuerzas suficientes para derrocarle y aumentan las expectativas por lo que vienen pronosticando las encuestas y la propia realidad (un tanto falseada por los medios) de lo acontecido en Andalucía. Demasiados frentes abiertos para un gobierno que tendrá que soportar día sí, día también la presión ejercida desde las derechas y con el tema catalán sin visos de ser resueltos porque Torra no va a dar su brazo a torcer por unas migajas. A todo esto, el establishment que no ha sido nada condescendiente con el gobierno hasta el momento, sólo hay que recordar al nuevo jefe de la patronal quejándose por no contar con ella en el acuerdo con sindicatos, cuando sí que estaba presente pero no le gustaba lo que allí se acordaba, sacará todas sus armas. Unas armas mediáticas que están blanqueando todo lo que pueden a Vox y dando alimento a la inoculación del odio y la catástrofe que proclaman Albert Rivera y Pablo Casado todos los días.

No sería, por tanto de extrañar, que en el PSOE se retomase la idea de convocar elecciones generales en marzo/abril cuando el desgaste que podría sufrir el gobierno es menor que un mes o dos más tarde. Las encuestas comienzan a mostrar una bajada de la intención de voto del PSOE, mínima pero bajada, que se ve aliviada por el hundimiento del PP y el estancamiento de Ciudadanos. Es, en estos momentos, un escenario demoscópico ideal para el gobierno, el cual podría contar, además, con la exhumación del dictador como carta que jugar. Sánchez sabemos que aguanta lo que le echen encima, aunque sea aceite hirviendo, pero el resto de la cúpula más afín puede que no tenga tanto aguante y no tenga deseos de autoinmolarse llevando las elecciones a otoño de 2019. Diez meses de presión y sin poder gestionar serían el fin del PSOE piensan algunos y algunas en Ferraz. Por tanto, adelantar la fecha no sería descartable y en Ferraz tampoco descartan un “superdomingo” pero el tiempo demoscópico apremia y la volatilidad actual es clave para la decisión.

El dilema de Ciudadanos para no mancharse con Vox.

Sobre la posible repetición de elecciones en Andalucía ya dimos cuenta en estas mismas páginas hace unos días. El dilema al que se enfrenta Rivera y su pacto con Vox es enorme porque supondría perder la legitimidad en Europa, en Cataluña y en toda España. Si ha manifestado que con los populistas, del signo que sean, nada, lo lógico es que haya elecciones de nuevo en Andalucía. Juan Manuel Moreno Bonilla, el presidenciable, ha afirmado en Onda Cero que a él nadie de Ciudadanos le ha dicho algo malo sobre su reunión con Vox para pactar un acuerdo gubernamental. Y tiene toda la razón. Según hemos contado en Ciudadanos están deseosos de firmar el acuerdo sea con Vox o con la Falange Auténtica. No tienen problemas morales en ello, pero el qué dirán y la posibilidad de que puedan perder votos en otras elecciones que consideran más importantes les aparta de entregarse en cuerpo y alma a sacar a Susana Díaz de San Telmo.

Muchos catalanes y catalanas abandonaron el PSC por ver que no estaba defendiendo sus intereses en Cataluña con la misma visceralidad que en Ciudadanos. En una dicotomía catalán/español abandonaron el templar gaitas por el combate directo pues lo viven en su día a día con los CDR o Arrán. Pero esos mismos españoles no aprobarían el pacto con una fuerza neofascista. Su estómago no se lo permitiría porque hay una historia pasada de lucha contra el mal que Vox encarna y que no esperaban encontrar en Ciudadanos mediante pactos. Eso mismo pasaría en otros lugares, especialmente en entornos urbanos, que son precisamente donde la formación naranja tiene mayor fuerza. En Madrid podría suponer el pacto con Vox no conseguir la victoria en la capital y en la comunidad, al menos en votos. Todo el electorado social-liberal o socialdemócrata que han conseguido arrastrar saldría huyendo en las próximas elecciones autonómicas y municipales. Esto lo saben perfectamente en Ciudadanos y es lo que atenaza a Rivera para dar el paso del pacto con Vox. Si no lo puede vender sin mancharse, algo prácticamente imposible, no habrá acuerdo.

Rivera dirá que toda la culpa es del PSOE-A que no les ha apoyado en un gobierno de perdedores, para no pagar la culpa de la repetición de las elecciones (cuestión bien distinta es que consiga que su argumento funcione), pero habrá nueva votación. Y a saber qué resultado habría en unas elecciones nuevas, salvo que coincidiesen con las generales que les taparía su fracaso en parte. Lo que no quería Díaz puede que al final acabe siendo su salvación. Que coincidan ambas elecciones porque los plazos legales las harían coincidir. Al PP de Casado tampoco le vendría mal, aunque a Moreno Bonilla le supondría un varapalo seguramente. Pero donde manda patrón… La fecha clave para saber qué pasará el 27 de diciembre después del primer atracón navideño.

Adelantar las europeas para evitar voto de castigo.

Así pues tenemos las dos elecciones con probabilidades de coincidir. Las europeas ¿por qué se adelantarían? Lo primero antes de nada, habría que esperar a que la Comisión Europea aceptase ese adelanto, que al ser de poco tiempo no habría problemas, pues en otras ocasiones se ha hecho. El porqué del adelanto tendría una lógica claramente partidista, evitar el castigo al Gobierno en unas elecciones que se considera por parte de la ciudadanía como menores por el alejamiento con el que se observan las instituciones europeas. No sería la primera vez que se hace algo así, sólo hay que recordar los dos diputados de Ruíz Mateos. Al encajar las elecciones generales con las europeas se intentaría buscar una especie de efecto arrastre que compactase el voto en una sola opción. De hecho hay numerosos estudios que muestran esa homogeneización del voto cuando coinciden ambas elecciones.

El gobierno de Pedro Sánchez, y con él el PSOE, no quieren dejar ningún espacio a la improvisación y la perdida institucional. Y las elecciones europeas, aunque en España se vean como algo menor, a nivel internacional tienen su importancia y su valor. El establishment lo valora y por tanto concederle algún tipo de argumento para defenestrarte no es una buena estrategia. Además, en el plano interno, servirían para situar a muchas personas que están esperando esa oportunidad del cargo. Mejor una bronca con los que se van a quedar fuera de una vez, dándoles la posibilidad de que busquen acomodo en las listas locales o autonómicas, que estar tres o cuatro meses de peleas por las listas. También es importante apuntar que, al separar las elecciones generales/europeas de las autonómicas, Sánchez y su equipo no podrán ser acusados de haber hundido a los barones o alcaldes. Si éstos no quieren a Sánchez por si les perjudica, en Ferraz tampoco quieren ser el muñeco de pim-pam-pum de posibles derrotas. Y al contrario, los barones no quieren que sus victorias pudieran ser acaparadas por la dirección. De esta forma todos contentos.

No es más que una elucubración, apoyado en evidentes deseos expresados por unos y otros y estrategias que valoran en las distintas direcciones, pero las probabilidades de que se encadenasen todos estos acontecimientos están ahí. Lo normal es que no acabe pasando; que Sánchez lograse un acuerdo de mínimos con los independentistas para los presupuestos; que Rivera acabe abrazándose a Vox que es lo que le pide el cuerpo; que todo siga una senda sin tanta volatilidad e inestabilidad institucional; que España comience a madurar políticamente aunque sea a marchas forzadas. Pero también es cierto que los deseos a veces no se cumplen. Las probabilidades más absurdas tornan posibilidad fáctica cuanto más tenebroso es el tiempo que se recorre. Y el tiempo de hoy está lleno de monstruos, crisis, inestabilidad y volatilidad.

Banco Popular: Acta parcial del 6 de junio de 2017

Llama la atención poderosamente que el Acta del 6 de junio sea parcial. En el entendimiento de los expertos, no cabe un Acta Parcial, sino una reproducción parcial de un Acta. En ésta ni se concretan las deliberaciones, ni se sabe si responde a lo realmente tratado. El diario económico Cinco Días del 18 de mayo decía  «que diversos consejeros consultados se contradecían sobre si el Consejo había debatido sobre la solvencia, negándolo alguno de ellos, diciendo que sólo se había debatido sobre la liquidez y la declaración de inviabilidad». Resulta curioso que las menciones a posibles revisiones de valor de los activos no aparezcan antes en las Actas de los Consejos y que no se acompañen de ningún documento externo que las justifique.

Pues bien, en esa acta del 6 de junio se declara la inviabilidad. Al analizar la situación del banco que lleva a adoptar esta decisión se subraya que el 18 de mayo el consejo comunicó al BCE el incumplimiento de la ratio LCR –por cierto, y que con las medidas en marcha se solucionaría el incumplimiento antes de fin de mes- y de las medidas para retomar el cumplimiento y manifiesta que desde entonces se ha agravado hasta hacerse insostenible.

Saracho asegura que desde el 1 de mayo hasta el día 5 de junio han salido 10.977 millones de euros y en solo un día 2.984 millones. Es muy curioso porque la mayor parte de los fondos habían salido ya del Banco el 29 de mayo, y como hemos podido ver en el del acta de ese día, nada se reflejó de esa situación angustiosa, sólo una referencia al cabreo de Saracho con el BCE.

Informa de que el día anterior, día 5, se solicita la ELA por importe de 9.500 millones de euros de los que solo se puede disponer de 3.500 millones de euros. Es increíble que esa solicitud no se haya hecho antes, que no se haya comunicado a los mercados en sentido positivo para mitigar la desconfianza de la clientela y que los gestores del Banco no se merezcan crédito para aguantar sólo unos días más, según indicó en su carta del 5 de junio, el día anterior, a Nouy, en la que le hablaba de problemas de liquidez –sin afirmar que va a declarar la inviabilidad al día siguiente- y que está avanzando en una operación corporativa o en una ampliación de capital.

Termina afirmado que hasta que las autoridades competentes no adopten unan decisión tras la declaración de inviabilidad, el consejo acuerda continuar buscando una salida privada a su situación actual mediante una operación corporativa, así como seguir trabajando en planes de acción alternativos que puedan permitir a la entidad la captación de capital para el caso de que no prosperase ninguna de las vías de negociación que se tienen abiertas en el marco de la operación corporativa.

No obstante, todos los reguladores saben qué ocurre en el Banco con detalle y que el problema procede de la salida descontrolada de la liquidez. A pesar de eso, se declara el dato información privilegiada en lugar de ponerle fin a ese problema.

Pero, ¿cómo lo hacen? Si Saracho llegó a la presidencia del Banco Popular exclusivamente para dejarlo en situación de ser intervenido y vendido al Santander por un euro tal y como, varios años atrás, fue diseñado en la operación Washington. Todo había sido decidido por el Gobierno del PP de común acuerdo en el BCE y con el visto bueno de las autoridades comunitarias en una “OPERACIÓN DIABOLICA”.

Así comenzó De Guindos a debilitar al Banco Popular

El banquero que tenía influencia en Cataluña, del que hablamos en artículos anteriores, ofreció a Ángel Ron ser el vicepresidente de distintas áreas de negocio de su banco. La operación no salió adelante.

Luis De Guindos aceptó la propuesta del banquero, que sería el ariete desde la presidencia de la CECA para la destrucción y desaparición del sector de Cajas. Eso le obligaba a poner el Popular en una situación delicada para que admitiese la oferta de la entidad cuyo presidente tenía mucha influencia en Cataluña. La presión sobre Ron y su equipo fue in crescendo. El equipo encabezado por Jacobo González Robatto, director financiero del Popular, no salía de su asombro; las reuniones conjuntas entre el Popular, Oliver Wyman y el Banco de España se saldaban siempre con un acuerdo entre los dos últimos para incrementar las provisiones de Popular a consecuencia de cambios metodológicos en el test de estrés.

Aunque la opinión pública creía que el talón de Aquiles del Popular era la exposición inmobiliaria, como el propio banco expuso, era el estrés practicado sobre las pymes el que resultaba más dañino para el Popular. Hasta tal punto eso fue así que los ingresos previstos por el test de estrés para diciembre de 2012 se habían superado ya en septiembre y en diciembre habían sido superiores en más de cuatrocientos millones de euros.

Sorprendentemente, Fernando Restoy, subgobernador del Banco de España, propuso al Popular una alternativa ante el desastroso resultado que esperaba en el test de estrés: «pasad el test de estrés con BMN», dijo. Los directivos del Popular se lo transmitieron a Ángel Ron e, inmediatamente, recibieron la llamada de Carlos Egea, presidente de BMN, miembro del Opus Dei como De Guindos.

Los directivos del Popular estaban perplejos. Mientras las cúpulas de las dos entidades se reunían, Oliver Wyman y el Banco de España apretaban al Popular, a la vez que el segundo ofrecía una alternativa: aliarse con la antigua caja de la que había sido consejero De Guindos y que a la postre es la que recibió más ayudas públicas, más que Bankia en términos relativos.

Las conversaciones entre las dos entidades no avanzaban. Egea y sus directivos querían acuerdo a toda costa y señalaban la voluntad del Banco de España y del ministro De Guindos en cerrar el acuerdo.

Pero el curso de las aguas no fue el previsto por el ministro y Restoy. En el Popular extrañaba que dos personajes tan distanciados en lo personal y en lo político estuviesen de acuerdo. Más les sorprendía que, de acuerdo con la metodología del test de Oliver Wyman, sus estimaciones para BMN, un banco que no llegaba a ser la cuarta parte que el Popular, eran de unas necesidades no inferiores a 2.500 millones de euros, a lo que habría que sumar lo que determinase para Popular.

Desde el Banco de España llegó la solución al acertijo: sus directivos, de las auditoras implicadas en el proceso y de los bancos de inversión advirtieron al Popular que la operación en marcha pasaba por una absorción de BMN, en el que se diluirían los asuntos de la entidad y De Guindos, su antiguo consejero y miembro de su Comisión de Auditoría podría descansar en paz para, a continuación de ese anuncio, endurecer las condiciones del test de estrés y entregar el Popular/BMN a otra entidad.

El Popular reaccionó con rapidez, envió un burofax a la sede de Oliver Wyman advirtiéndoles de los errores intencionados cometidos en el test de estrés, burofax que aún pone nerviosos a sus directivos; el Popular encargó a Deutsche Bank un informe sobre la valoración del Banco, de la que se deducía que había una entidad quería pagar 6.000 millones de euros menos. Popular no contestó e impuso condiciones a BMN que éstos no pudieron aceptar para dinamitar la operación. A la vez Ángel Ron y su equipo se movieron para ejecutar una ampliación de capital que protegiese al banco.

Cuando se anunció la operación, completamente garantizada, el Banco de España, perplejo, arrastró los pies con la autorización y la entidad que quería hacerse con el Popular se lanzó a vender acciones en los últimos minutos de cada sesión para chafar el plan.

Los fantasmas del pasado ajustan cuentas con Camps

No era cosa de cuatro trajes. Por lo visto había más. Mucho más. Y todo ha estallado en el año 2018 que ahora termina, el peor en la carrera política del siempre excesivamente melodramático y enfático Francisco Camps. Hasta cuatro imputaciones acumula ya el honorable president de la Generalitat Valenciana, entre ellas el caso Fórmula I, las supuestas irregularidades en la vista del Papa y las adjudicaciones del Gobierno valenciano a la trama Gürtel. La última de ellas se ha conocido hace solo unas horas, después de que el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata haya acordado citar como investigado a Camps para que declare por la presunta adjudicación irregular a la empresa Orange Market del contrato para la instalación de un stand expositor en la feria de turismo Fitur 2009.

El magistrado quiere saber si Camps cometió delitos de prevaricación y fraude a la administración. La citación para la comparecencia del ex líder del PPCV no tiene fecha por el momento y se señalará en función “de las disponibilidades de agenda del Juzgado Central de Instrucción 5”, según una nota de prensa difundida ayer por la Audiencia Nacional.

Desde que en enero de 2012 Camps se sentara en el banquillo de los acusados para responder a la acusación de haber aceptado unos cuantos trajes a medida de la trama mafiosa Gürtel, la Justicia no ha parado de hurgar en las polémicas decisiones políticas del expresidente. Del feo asunto de los trajes Camps consiguió salir absuelto sobre la campana (un jurado popular lo declaró inocente del delito de cohecho pasivo impropio por cinco votos a favor y cuatro en contra) pero su imagen personal y política quedó seriamente tocada. Durante aquel juicio se escucharon las grabaciones en las que mantenía sospechosas conversaciones con Álvaro Pérez ‘El Bigotes’, uno de los empresarios implicados en la red corrupta. En esos audios, el presidente valenciano llamaba “amiguito del alma” a ‘El Bigotes’ y le obsequiaba con amables palabras como “te quiero un huevo”. Todo aquello parecía enterrado y olvidado, Camps salvó el pellejo in extremis y terminó esfumándose de la vida pública como un Houdini de la política.

Sin embargo, pese a que en los últimos años Camps ha practicado el escapismo tratando de pasar a un discreto segundo plano, el pasado siempre tozudo parece revolverse una y otra vez contra él. Así, durante el juicio por la trama levantina de Gürtel, cuya sentencia se conoció el pasado verano, varios acusados apuntaron directamente al president como máximo responsable de la financiación irregular del PP valenciano y de los contratos que se pudiesen haber adjudicado al margen de los procedimientos legales. Fue el caso de Ricardo Costa, número 2 de Camps, que fue condenado a 4 años de prisión. Al ser preguntado por quién era la persona que ordenaba las adjudicaciones en el Gobierno autonómico, apuntó directamente a su jefe. “Sí, es cierto que el PP se financiaba con dinero negro”, dijo contundentemente. Tampoco ‘El Bigotes’ se mordió la lengua cuando tuvo que señalar con el dedo acusador al honorable. “Costa llamó a la persona que le consultaba todo y le dice: aquí hay problemas muy serios y esa persona le dice que es la única forma de cobrar. Esa persona es Francisco Camps”.

Desde ese mismo momento, la posición de Camps resultaba insostenible. Ayer, en un auto de última hora, el magistrado De la Mata acordaba la imputación del expresidente a petición de la Fiscalía Anticorrupción. El magistrado afirma en su resolución que “lo cierto es que han sido puestos de manifiesto elementos que relacionan a Camps Ortiz con los hechos con la suficiente consistencia como para, en este momento, dirigir contra él el procedimiento en calidad de persona investigada”.

Al final, los viejos fantasmas del pasado han vuelto para ajustar cuentas con Camps. Ese hombre a quien el periodista Arcadi Espada define en uno de sus libros como “un buen tío”. Ese hombre a quien, cierto día, Mariano Rajoy le dijo aquello de “yo creo en ti”, antes de prometerle que siempre estaría “detrás” de él “o delante o a un lado”. Elogios elocuentes que quedaron para la historia. Lástima que las palabras se las lleve el viento y hoy Camps esté más solo que nunca ante su enésimo reto judicial.

Ciudadanos no sabe cómo justificar su pacto con Vox

“Complicadas por la postura de Ciudadanos para que no se vea su pacto con Vox” así califican fuentes internas del Partido Popular la situación sobre el pacto de gobierno en Andalucía. Aún insisten, según nos cuentan, en la formación naranja en presentar a Juan Marín como presidenciable para intentar que el PSOE les apoye. Algo que desde el PP y el propio PSOE-A saben que va a ser imposible. Por lógica, el que más votos ha obtenido no va a ceder, y por necesidad política de las derechas por quitarle al PSOE de Pedro Sánchez su joya de la corona. Así pues, aunque insisten, han aceptado que será Juan Manuel Moreno Bonilla el presidente pero, siempre están los peros que pueden echar abajo la negociación, quieren que el PSOE apoye la operación de alguna o, esto es lo que se está negociando ahora, que no se note que en Ciudadano se juntan con Vox.

Ayer por la mañana el portavoz más chulo de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, ha intentado desviar el tiro de lo que realmente se está negociando. En un intento de esconder que van a ir de la mano de Vox, el neofascismo/populismo/ultraderecha en España, pidiendo a Susana Díaz que no bloquee la investidura. Eso sí, ha expresado que “prioriza la negociación con el PP” evitando hablar del partido de Santiago Abascal. Según nos cuentan de fuentes de la negociación, la misma avanza en casi todas las materias importantes, lo que no es de extrañar pues llevaban el mismo programa económico y social, e incluso en el reparto de cargos, salvo algunas matizaciones y deseos libidinosos de alguna de las partes, también existe acuerdo. ¿Dónde está el problema? Que en realidad sólo tienen 47 escaños que apoyen esas medidas y repartos mientras que la izquierda sumaría 50 escaños.

Quieren en Ciudadanos, como afirma Albert Rivera en los últimos días (veremos qué dice en su visita semanal a Griso o Quintana), el apoyo gratuito del PSOE-A o en su defecto de Vox. Aceptarían, pues no les queda otro remedio, una abstención sin ningún tipo de pacto con la formación neofascista. Algo que desde el PP, el famoso café en el Alfonso XIII para darse los números entre Moreno Bonilla y Francisco Serrano para negociar, les han recordado que es imposible. Una cuestión es que la mesa del Parlamento pudiese ser negociada, como quieren en Ciudadanos, entre PSOE, PP y Cs y otra es el gobierno. Según nos cuentan las fuentes populares, están intentando hacer ver a José Manuel Villegas (Marín es sólo un peón que está a las órdenes del comisario político naranja) que la estabilidad gubernamental estaría dañada constantemente si no hay un acuerdo de mínimos, al menos, con Vox. Pero Ciudadanos no sabe cómo justificar ante sus amigos de ALDE que pactan con la ultraderecha.

Moreno Bonilla, Maroto y García-Egea a su llegada a las negociaciones

No es una estrategia para hacerse los interesantes, según nos cuentan, sino que Rivera ha entrado en un estado de pavor indescifrable porque la amenaza de sus socios europeos y la posible no vinculación con Manuel Valls para el Ayuntamiento de Barcelona es una guadaña que le persigue de verdad. En el PP no tienen problemas de pactar con Vox, al fin y al cabo los consideran los hermanos pequeños cabreados, parte de la famiglia. Todo el acuerdo está cerrado salvo ese punto sobre cómo vender Rivera y su secta naranja que pactan con populistas de derechas, pero populistas como los calificó el propio presidente de Cs. Y, además, cuentan con un hándicap, el establishment ha decidido no hacer presión sobre Díaz o el PSOE porque debe ser Rivera quien tenga la valentía de pactar con Vox o no hacerlo con todas las consecuencias. Bastante están blanqueando a los neofascistas desde los medios de comunicación para que Rivera se ponga con pijoterías.

Acuerdo existe en todos los puntos programáticos, a falta de flecos y matices, pero falta la valentía de Ciudadanos para posicionarse en un sitio u otro. Quieren echar al PSOE, como repiten Rivera y Girauta, pero no saben cómo hacerlo por el miedo a perder más que a ganar en Ciudadanos. Intentan hacer ver que Vox no existe, que en una entidad fantasmagórica y que el problema se reduce a tres partidos. Están intentando desde Ciudadanos que pensemos los demás que la realidad es distinta a como lo es. Hasta el momento han jugado con esa posverdad que le alimentaban los medios de comunicación, pero Vox es tan hijo del PP como de la inoculación de odio que lleva más de dos años realizando Albert Rivera. Hoy tienen que hacerse cargo de ese hijo por mucho que no quieran. Acuerdo cerrado en su totalidad pero cobardía en la toma de decisiones en Ciudadanos. En el PP encantados porque se demuestra que la formación naranja es una estafa política y en el PSOE también porque va a terminar pactando con Vox por presiones de los mismos que han puesto a Rivera en lo más alto. Hay ganas de muchas empresas del Ibex-35 de repartirse el botín andaluz y Rivera, salvo que quiera poner su cuello en juego, no va a ser un impedimento. San Telmo será ocupado por Moreno Bonilla le guste o no a Rivera pactar con Vox. Que lo hará.