miércoles, 22 abril, 2026

Será país para mujeres

Hoy 25N Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las mujeres vamos a poner sobre la mesa datos estremecedores que hacen que esta fecha siga siendo necesaria. 925 mujeres asesinadas desde 2003, una violación cada ocho horas, una brecha salarial entre hombres y mujeres del 30%, un reparto desigual del trabajo no remunerado (cuidados), una mayor temporalidad del empleo, y un largo etc.

En nuestro país, desde la transición la lucha de las mujeres ha ido consiguiendo victorias como el divorcio, la legalización de los anticonceptivos, la inclusión de planes de igualdad en empleo, derechos políticos y sociales que han hecho este país un poquito más habitable, aunque como nos recuerdan no sólo los datos si no también nuestras vivencias, las mujeres sufrimos violencias y desigualdad en todos los espacios que habitamos.

Durante los últimos años hemos visto cómo se aprobaban leyes como la de violencia de género o la ley de derechos reproductivos de 2010, fruto de la demanda y movilización  de las mujeres. Estas leyes supusieron un avance para nuestro país y nos marcan un camino como sociedad. Pero como nos alertan los datos, estas medidas no son suficientes y suelen quedarse en una mera foto, como el último “Pacto de Estado contra la Violencia de Género” aprobado este mismo año sin presupuesto ni calendario concreto de aplicación.

Hay un dicho que dice “a grandes problemas, grandes soluciones” , El problema  de la violencia que se ejerce contra las mujeres es un problema estructural que para ser atajado tiene que ser atacado de raíz. ¿Y cuál es la raíz? El sistema económico y el patriarcado que nos discriminan, nos empobrecen, nos hacen dependientes y con ello, vulnerables a la explotación y a la violencia.

Es imprescindible que pongamos nombre a lo que causa esta vulnerabilidad y poder combatirla, para hacer políticas que de verdad tengan impacto en la defensa de la autonomía vital de las mujeres. Sólo quedarnos con titulares, no hacer análisis  de las causas y no invertir en recursos nos hacen vivir situaciones tales como que tienes que ser agredida físicamente para que los jueces e instituciones públicas tengan en cuenta tu situación.

Es imprescindible invertir en recursos para que las mujeres que se encuentren en situaciones de violencia puedan salir del infierno, pero tenemos la obligación de poner todos los medios posibles con políticas transformadoras para prevenir, en lugar de curar.

Es incompatible  firmar “pactos de Estado” como tirita a una grave enfermedad sistémica  y luego apoyar reformas laborales que nos precarizan.  De nada sirve ponerse  lazos morados, si se sigue recortando y privatizando en los servicios públicos (dependencia, salud, sanidad) que sumado  a la precariedad laboral termina con la vuelta de la mujer a casa. No se pueden dar discursos grandilocuentes sobre la “igualdad”, mientras se sigue fomentando un sistema de vivienda basado en la especulación y no en el derecho a techo.

No se puede “abrazar” la igualdad y luego poner en marcha la LOMCE, una ley que fomenta desde la educación la desigualdad. ( La educación una herramienta básica para combatir el patriarcado.) No podemos tolerar “fotos por la igualdad” con los mismos que están creando la pobreza que nos llevan a la explotación de nuestros cuerpos, ya sea como vientres de alquiler u objetos para disfrute masculino. Basta ya de 5 minutos de silencio, mientras que se recortan en servicios de atención a víctimas de violencia.

Afortunadamente, en nuestro país tenemos un movimiento feminista que está marcando el paso de la historia, cómo en los grandes procesos de transformación social, la defensa de la vida del movimiento de las mujeres será el que ponga las bases para la construcción de un nuevo país. Un país en el que desde peques se nos eduque en la corresponsabilidad, en la lucha contra los estereotipos, en el respeto a las mujeres como personas que somos. Un país en el que la defensa de la vida signifique tener las condiciones materiales básicas cubiertas y no estar dependiendo de explotadores y usureros. Un país en el que las calles sean para el uso y disfrute de todo el mundo sin tener miedo a ser acosadas o violadas.

Un país que solo será para mujeres si lo cambiamos.

Hoy volvemos a salir a las calles a denunciar que nos venden, nos explotan, nos violan, nos acosan y nos matan. Este 25N tiene que ser un gran paso más hacia la consecución de ese país para mujeres que queremos construir, una gran movilización para preparar la huelga feminista el próximo 8 de marzo.

El PSRM asegura que la única manera de acabar con la violencia de género es atajándola desde la raíz

La vicesecretaria general del PSRM, Gloria Alarcón, ha asegurado que la única manera de acabar con la violencia de género es atajándola desde la raíz a través de políticas públicas.

Alarcón ha señalado que la falta de interés por las violencias machistas está en consonancia con el hecho de que cada vez que hay una agresión sexual contra una mujer, el primer juicio es sobre la víctima.

“Las víctimas han de pertrecharse de pruebas que justifiquen su denuncia, mientras que los agresores no. A falta de datos específicos, no parece que la violencia machista vicaria que se ejerce contra niños y niñas como personas interpuestas despierte mayor sensibilidad social hacia sus madres”.

La dirigente socialista ha recordado que la violencia machista es un problema muy grave que estructuralmente representa un “atentado persistente a los derechos humanos del 50 por ciento de la población en las sociedades contemporáneas y modernas”.

“No es fácil pensar que las administraciones públicas, los poderes públicos no puedan erradicarlo. Claro que se puede hacer. Lo que sucede es que no se hace”, ha añadido.

Alarcón ha asegurado que “combatirlas depende de que todas las acciones públicas incorporen la perspectiva de género y que las políticas principales se diseñen contando con estas desigualdades y contengan acciones para su erradicación”.

Esto supone, ha añadido, que las políticas públicas de educación, sanidad, dependencia o servicios sociales, las de urbanismo o infraestructuras, por citar algunas principales, pongan su mirada en la igualdad de género.

Esto es, que en los edificios públicos diseñen sus actuaciones teniendo presente las necesidades de mujeres y hombres, niñas y niños y que lo hagan por igual. En este trabajo es fundamental la interacción de los poderes públicos con las asociaciones feministas, de mujeres y de todas aquellas que tengan como valor o eje promover la igualdad entre mujeres y hombres en nuestro municipio, en nuestra comunidad autónoma en nuestro estado, o allá donde se sitúen.

La vicesecretaria general socialista ha destacado que tanto el Pacto estatal contra la violencia de género y el futuro Pacto autonómico se convertirán en despropósitos si no son acompañadas de reales dotaciones presupuestarias. Para ello es necesario cuantificar la violencia de género en todas sus fases. Valorar sus costes y asignar dotaciones presupuestarias en cada partida y para cada acción”.

Un centenar de personas participan en una marcha para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer

Un año más, Puerto Lumbreras ha acogido una marcha solidaria coincidiendo con la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, en la que han participado cerca de un centenar de personas, entre las que se encontraba la alcaldesa de la localidad, Mª Ángeles Túnez.

 

Tras recorrer las principales calles del municipio, los participantes llegaron a la pasarela peatonal “Muelles del Puerto” donde se guardó un minuto de silencio y se leyó un manifiesto en recuerdo a las víctimas mortales por la violencia de género.

 

La concejal de Igualdad de Oportunidades, Sonia López, ha destacado que “desde el Ayuntamiento hemos realizado un llamamiento a toda la ciudadanía de Puerto Lumbreras para que se sume a esta marcha que tiene como objetivo generar conciencia sobre un problema tan grave como es el de la violencia de género”.

Para dar mayor visibilidad a la lucha contra esta lacra social, el Ayuntamiento de Puerto Lumbreras ha instalado carteles reivindicativos en las fachadas de algunos edificios públicos e instalaciones deportivas. Además, como novedad, el Ayuntamiento ha pintado mensajes contra la violencia machista en las entradas de los colegios públicos del municipio como una medida más encaminada a concienciar y comprometer a toda la ciudadanía en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres.

Cabe señalar que desde la Concejalía de Igualdad de Oportunidades se ha elaborado un programa con más de una decena de actividades, cuyo objetivo es sensibilizar y concienciar a toda la población, y en especial a los más jóvenes, sobre la importancia de prevenir la violencia de género.

La programación finaliza hoy con un taller de defensa personal para mujeres, impartido por la boxeadora profesional y campeona de España de Kick Boxing, Mª Carmen Romero, en colaboración con la Policía Local del municipio.

Rock and Roses, una exposición que rinde tributo a la mujer en el rock y el metal

Cuando se piensa en el rock y en el metal, de forma genérica, suele asociarse a la imagen de hombres. Ellos han sido los protagonistas indiscutibles. Algo así como si este medio de expresión artística no tuviese nada que ver con las mujeres. O como si las mujeres asociadas a él fuesen mas un objeto que un sujeto.

Si bien es cierto que la representación sigue siendo ocupada mayoritariamente por hombres, también lo es que existen mujeres haciendo música rockera y metalera desde hace décadas. El fenómeno da como para hacer un análisis de género y apreciar cómo los patrones de desigualdad no son ajenos a la música.

No parece casual que haya mayor presencia de mujeres en estilos más populares, como el Pop, y menos en los estilos más duros y extremos, estos últimos más asociados a la transgresión, agresividad, dominación o dureza. Características asignadas tradicionalmente al género masculino y no tanto a las mujeres. Tampoco parece casual que haya más vocalistas que mujeres componiendo o tocando algún instrumento, al menos en el ámbito occidental. A fin de cuentas la música no deja de ser un espejo de la realidad patriarcal en la que se vive.

Para Unai Endemaño, crítico musical y colaborador de publicaciones como Metalhammer, Ruta 66, DiabloRock.com o Mondo Sonoro, el rock y el metal «es un campo que ha estado olvidado para ellas». También es el autor de ‘Rock and Roses’, una exposición fotográfica que recoge en 30 imágenes un tributo a mujeres artistas del ámbito nacional e internacional, como forma de visibilizar su aportación al rock y el metal. «Son mujeres a las que admiro y merecen estar ahí por algo».

Endemaño, que se autodefine como «un heavy que ama la música y que saca fotos» destaca en su trabajo fotográfico por captar el ánima de sus protagonistas, sin caer en la constante cosificación ni en destacar el componente sexual de las mujeres. «No son objetos, son artistas», por eso, sus fotografías se centran en la música y lo que la artista le transmite, no en sus cuerpos. «Cuando fotografío en un concierto, nunca me paro a pensar en la sexualidad de la artista. Los conciertos y la música en sí, es mucho mas serio que eso».

En esta muestra fotográfica se encuentran artistas como Jinx Dawson, de la banda Coven surgida en la década de los sesenta, y considerada como «una de las pioneras del heavy metal y la precursora de la mano cornuta, el famoso signo de los cuernos» que simboliza hoy en día el heavy metal. Una década después y como ha ocurrido históricamente con las aportaciones de las mujeres, Ronnie James Dio, se apropiaba del gesto de Jinx y se erigía como el pionero en el uso de la mano cornuta.

También la muestra recoge a artistas como Marilu Glez. Tudanca, la primera mujer en el Estado español que se subió a un escenario al frente de una banda de heavy metal. O Patricia Andrade, de la banda Sinistro y que utiliza su voz como una herramienta de expresión dramática. Su puesta en escena juega con su faceta de actriz, dando rienda suelta a un tipo de interpretación con sello propio. Endemaño retrata igualmente a Virginia Fernández, batería del grupo bilbaino Last Fair Deal. Diva Satánica, de la formación de death metal Bloodhunter y que sorprendía en la primera ronda de La Voz cantando en gutural. O Leire Prettykiller, vocalista de Fear Crowd y que se acercó a la inauguración ‘Rocks and Rosesen el Centro Cultural Clara Campoamor de Barakaldo (hasta el 29 de noviembre).

En el plano internacional se destacan imágenes de la formación estadounidense de hard rock y glam metal fundada en 1980, Vixen, compuesta íntegramente por mujeres. O la canadiense Alissa White-Gluz mezzosoprano y actual vocalista de Arch Enemy y conocida por ser una de las pocas mujeres en usar voces guturales, cambiando radicalmente de tipo de voz. Igualmente está la imagen de la vocalista sueca Elin Larsson en Blues Pills, la bajista británica Lena Abé, de la formación My Dying Bride o Cammie Gilbert, cantante de Oceans of Slumber y posiblemente una de las pocas mujeres negras que se encuentran en el mundo del metal.

Proteger a las maltratadas, eterna asignatura pendiente

Según cifras oficiales, desde principios de año, 45 mujeres y siete menores (hijos/as de la mujer con edades comprendidas entre los ocho meses y los 12 años) han sido asesinados en un contexto de violencia de pareja, cifra a la que podrían llegar a añadirse otros tres casos “en proceso de investigación”. A falta de algo más de un mes para que termine el año, son 52 víctimas mortales frente a las 45 de 2016 (44 mujeres y un menor). En el caso de los siete menores asesinados, estamos ante la cifra anual más alta de toda la serie histórica.

Los dos últimos casos conocidos en este mismo mes de noviembre son el de Jessica Bravo, asesinada por su expareja, que después se suicidó, de cinco disparos a las puertas del colegio en presencia del hijo común y el asesinato de la niña de dos años en Alzira, cuya madre ha declarado que sufría malos tratos y amenazas desde que le pidió el divorcio a su agresor.

Son los dos últimos casos de entre las casi 1.100 mujeres asesinadas por su pareja o expareja y un número indeterminado de menores (ni siquiera contamos con cifras estadísticamente fiables al respecto) desde el año 2000. Y lo cierto es que el sistema actual ha demostrado sobradamente su limitada capacidad para predecir y prevenir adecuadamente estos comportamientos. A mi juicio estas serían las principales razones:

 

En primer lugar, necesitamos un modelo que, a diferencia del actual, no haga depender la protección de la mujer –que sabemos (o podemos saber) que se encuentra en situaciones de elevado riesgo– de la previa presentación de denuncia. El porcentaje de denuncias de las mujeres que han sido asesinadas en contextos de pareja o expareja en los últimos años registra guarismos singularmente bajos (entre un 15 y un 20%). Las víctimas, especialmente en los casos más graves (arraigo de la relación de dominio y control abusivo), generalmente no se encuentran en condiciones de denunciar y, por diversas razones, tampoco funcionan los mecanismos de denuncia paralelos que pueden ser ejercitados por terceros.

Uno de los objetivos del sistema de protección debe ser la consecución de tasas muy superiores de denuncia. Sin embargo, tal objetivo no se va a conseguir a corto plazo y tampoco se debe presionar de forma extrema a la víctima a presentar dicha denuncia mientras no se den las condiciones adecuadas para ello, en especial las relativas a su seguridad personal.

Las limitaciones constitucionales impiden, si no hay denuncia, cualquier tipo de medida restrictiva (prisión provisional, orden de alejamiento, etc.) sobre el supuesto agresor, pero en absoluto imposibilitan la protección de la mujer, cuya situación de máximo riesgo ha sido identificada, lo que no es en absoluto infrecuente.

Ahora bien, para que este modelo funcione resulta imprescindible, en segundo lugar, contar con un sistema verdaderamente eficaz de detección, valoración y gestión del riesgo. Hemos visto que la inmensa mayoría de las mujeres que son y serán asesinadas en este contexto ni denuncian ni llegarán nunca a denunciar. Las pocas que sí lo hacen, como Jessica Bravo, sólo a veces, son sometidas a un proceso de valoración del riesgo. Sin embargo, los vigentes sistemas de valoración (VPR) han demostrado su ineficacia en la identificación de riesgos de feminicidio. Según el Informe sobre víctimas mortales de la Violencia de Género y de la Violencia Doméstica en el ámbito de la pareja o ex pareja en 2014 (publicado el 8 de noviembre de 2016), sólo 18 de las 54 mujeres asesinadas en el año 2014, o bien habían formulado previamente denuncia contra su agresor o bien existían respecto a las mismas antecedentes judiciales de violencia de género (33,3%). De esas 18 mujeres, únicamente a nueve se les realizó una valoración policial del riesgo (VPR) (16,6% sobre el total). La mayor parte de las valoraciones dieron un resultado de riesgo “No Apreciado” (+/-60%) y ni una sola de riesgo “Extremo” (0%), siendo esta última la única que, como ya se apuntó, posibilita la adopción de medidas de protección física personal directa sobre la víctima.

En el año 2013 del total de asesinadas (52) sólo a cuatro se les había realizado la VPR y a ninguna se le atribuyó riesgo extremo y tampoco alto. Del mismo modo, en el año 2012 del total de mujeres asesinadas (49), únicamente a cinco se les había realizado la VPR y, de ellas, sólo una se identificó con riesgo alto y ninguna con riesgo extremo. Los feminicidas, reales y potenciales, presentan características parcialmente diferenciadas respecto al resto de maltratadores, que deben permitir mejorar sensiblemente los ratios de identificación, a través de métodos de valoración construidos en términos cualitativos (y no sólo cuantitativos como los actuales) para, a partir de ahí, establecer estrategias específicas diferenciadas de protección a la víctima.

En tercer lugar, ante determinados perfiles de maltratadores, es preciso elaborar programas para una correcta gestión del riesgo en procesos de ruptura de la relación a instancias de la mujer maltratada. En la primera toma de datos relevante que se llevó a cabo en España tras cada feminicidio (por parte del Centro Reina Sofía para el Estudio de la violencia sobre la mujer) desde el año 2000 y hasta su desaparición en octubre de 2011, ya se detectaba un factor concurrente que sobresalía por encima de los demás: el elevado número de supuestos en los que constaba que víctima y agresor estaban “en trámites de separación”, exactamente igual que en el caso de Jessica Bravo y la niña de Alzira.

Los datos relativos a dicho indicador pueden hoy actualizarse utilizando datos del Portal Estadístico de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Pues bien, examinado el periodo 2003-2017 el porcentaje de supuestos en que víctima y agresor se encontraban en fase de ruptura (conocida) es de aproximadamente un 40%. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la referencia a “en trámites de separación” o “fase de separación” sólo parece predicable de aquellos casos en los que existía un previo vínculo matrimonial. Además, en muchas ocasiones, la decisión de ruptura no ha transcendido, y por ello no consta en las estadísticas, por lo que en realidad esta cifra es muy superior.

Una vez que conocemos que el proceso o decisión de ruptura en determinado tipo de relaciones de dominio es un factor de máximo riesgo, las potenciales víctimas deben contar con opciones específicas de protección, llegando en determinados casos, a la protección física personal. Además, es precisa la construcción de canales para trasladar adecuadamente esta información a las potenciales víctimas y a la sociedad en general, de cara a conseguir que las mujeres que, en este contexto de violencia, han iniciado o decidido iniciar un proceso de ruptura, no aceptada por el agresor, sean conscientes de la situación de riesgo en que se pueden encontrar, a fin de adoptar también las medidas adecuadas de autoprotección.

Para terminar de enfocar el fenómeno analizado, en cuarto lugar, no podemos seguir sustentando gran parte del modelo de protección en el endurecimiento de las penas, bajo la idea –errónea– de que todos los seres humanos somos motivables por la amenaza penal, pues frente a determinados perfiles de agresores dicho mecanismo no funciona. Hoy puede afirmarse que los feminicidios de pareja o expareja se corresponden en su inmensa mayoría con un perfil determinado de autor, una de cuyas características es precisamente que no se activa el factor motivador esperado, derivado de la amenaza penal. Dicha afirmación puede ser constada por varias vías, pero sin duda la más relevante parte del análisis retrospectivo del propio comportamiento de estos sujetos, tras acabar con la vida de su pareja o expareja. En particular, más de un 30% de ellos (en el último periodo esa cifra se aproxima ya al 40%) se suicidan o lo intentan. Además sabemos que, por lo general, el feminicidio y el propio suicidio se planean previamente como un solo acto; no se trata –salvo excepciones– de una decisión de homicidio que da lugar a una (posterior) decisión de suicidio, como dos hechos distintos; por el contrario, ambas conductas, homicidio y posterior suicidio, por lo general, obedecen, como decimos, a un plan común, en cuya ejecución apenas se aprecian rasgos de improvisación. Pero además, la inmensa mayoría de los restantes feminicidas (los que no se suicidan ni lo intentan) se entregan inmediatamente a las autoridades policiales o esperan a ser detenidos sin oposición. Aceptan, en definitiva, la respuesta penal (sea cual sea) que prevea el sistema para ellos, porque la resolución traumática de su conflicto está muy por encima de todo lo demás.

En definitiva, las medidas penales y procesales previstas (incluido el alejamiento y control del agresor) revisten escasa utilidad como mecanismos de control de estos comportamientos. Frente a estos perfiles es preciso recurrir a otras fórmulas, en las que con frecuencia resultará imprescindible la protección física directa de la víctima, al menos de manera temporal. Sin embargo, ello sólo será posible en un número limitado de supuestos, por lo que a su vez resulta ineludible la configuración de mecanismos de detección del maltrato y evaluación de riesgo que, como apuntamos, necesariamente deben tener estrechos márgenes de error.

“Las mujeres tienen mucho miedo a no ser creídas, a las consecuencias de la denuncia”

La directora de la Fundación Mujeres es una de las activistas más importantes del colectivo feminista que lucha por visibilizar una lacra que aún emite señales y datos escalofriantes mientras la sociedad de este país sigue en cierto modo mirando hacia otro lado con una pasividad inconcebible. Consciente de que no cabe otro final en una sociedad democrática que vencer definitivamente el machismo milenario que impera aún en pleno siglo XXI y desterrar de una vez por todas los feminicidios, Marisa Soleto insta a la clase política española en general y a los distintos estamentos del poder judicial a poner mucho más de su parte. Bastaría con que se limitaran a aplicar con esmero la ley y poner en marcha medidas aprobadas por el Pacto de Estado contra la violencia machista que aún no se han ejecutado por intereses partidistas o simplemente por dejadez e inercia.

La lacra machista sigue siendo una realidad aplastante que no disimula unos balances estremecedores mes a mes, trimestre a trimestre, año tras año. Y también ya tenemos, además de una ley integral, un supuesto Pacto de Estado. ¿Y a partir de ahora qué?

Las medidas de prevención previstas en la ley no se han puesto plenamente en marcha

Aunque parezca una obviedad, a partir de ahora hay que cumplir la ley y poner en marcha las medidas del Pacto de Estado de forma efectiva. De hecho, muchas de las medidas del Pacto de Estado son cuestiones que no se han ejecutado adecuadamente a pesar de ser una parte de los objetivos de las políticas y el contenido de la legislación en materia de igualdad y prevención de la violencia de género. Debemos exigir que los compromisos se cumplan y, además, hacer seguimiento de su ejecución para comprobar que están consiguiendo los efectos deseados.

Con esta tasa insoportable de feminicidios y denuncias por violencia machista, ¿hay algo que celebrar institucionalmente o simplemente es una fecha para tomar conciencia de un problema que sigue dando señales alarmantes?

El 25 de Noviembre es una fecha sin duda para la toma de conciencia del problema, pero sobre todo es un día de homenaje a las víctimas, a todas, pero especialmente a las que han sido asesinadas. No las hemos podido proteger y esta es una forma también de pedirles perdón.

El tema de los menores ante la violencia de género ha sido uno de los aspectos más olvidados

¿De qué manera las instituciones no deben asumir con resignación que la lacra machista seguirá aún institucionalizada a todos los niveles en la sociedad española?

Nosotras, las organizaciones feministas no nos resignamos. Esta es una batalla larga, pero la vamos a ganar porque no cabe otro final en una sociedad democrática. No vamos a dejar que las instituciones se resignen.

Evidentemente se ha avanzado y se avanza en esta lucha, pero a veces son más llamativos los escollos que los impulsos hacia adelante. ¿Es simplemente un problema generacional basado en la educación o todo lo que rodea la violencia machista es mucho más complejo? Encuestas realizadas a nuestros jóvenes no dan motivo para la esperanza en este sentido precisamente.

El caldo de cultivo de la violencia de género es el machismo y la forma en que se entienden las relaciones entre mujeres y hombres en el mismo. Si no hacemos nada para contrarrestar los estereotipos sobre sumisión y control en la pareja que están presentes en muchos productos culturales y de entretenimiento que consumen niños, niñas y jóvenes, seguiremos alentando un modelo de relaciones afectivas propenso al desarrollo de violencia de género. Las medidas de prevención previstas en la legislación de igualdad y de violencia de género no se han puesto plenamente en marcha, por lo que no hay nada que frene la inercia social hacia el machismo. No es un problema generacional, es un problema cultural y hay que intervenir, desde la educación sí, pero también desde la sensibilización y el compromiso de toda la sociedad.

¿Por qué aún existen sectores de la sociedad que ven en el movimiento feminista más un problema a derrocar que un estímulo que todos deberíamos compartir más allá de guerras de sexos indeseables?

El feminismo y las feministas hemos tenido siempre muy mala fama. Todavía hay muchas voces muy influyentes, desde los medios, desde la política, desde la cultura, etc… que continúan denostando a las feministas y al pensamiento feminista. Creo que esto está cambiando y que cada vez hay más gente, mujeres y hombres, que saben que el feminismo, lejos de ser un pensamiento radical y totalitario, es una propuesta esencial para mejorar el funcionamiento social y democrático, pero costará tiempo. Estamos en ello y cada vez somos más.

Son muy necesarios los minutos de silencio tras un crimen machista. Sí, indudablemente. Pero, ¿no cree que existe aún demasiada complacencia institucional en este sentido mientras se relajan los esfuerzos donde precisamente hay que incidir? Es decir, más medios públicos, más coordinación entre estamentos implicados en la lucha contra esta lacra, más profesionalización de servicios…

Son necesarias las dos cosas. Cuando un Ayuntamiento se manifiesta públicamente contra un crimen cometido en su ciudad, no sólo rinde homenaje y condolencias, sino que está de alguna manera educando a toda la sociedad sobre el daño que nos hace la violencia contra las mujeres. Evidentemente no nos podemos queda ahí y necesitamos la reforma de la Ley de bases de régimen local urgentemente, así como más recursos para programas municipales de prevención y erradicación de la violencia de género. Creo que esta es la medida más urgente e importante del Pacto de Estado.

Esta es una batalla larga, pero la vamos a ganar porque no cabe otro final

Las víctimas están perdiendo el miedo a denunciar, sí, pero a continuación algo falla cuando estos casos entran en vía judicial, donde parece que el calvario para ellas continúa. La tasa de sentencias judiciales absolutorias son elevadísimas y el índice de mujeres que retiran sus denuncias tampoco mueve a la esperanza. Entonces, ¿qué se puede hacer?

No estoy de acuerdo. Las víctimas siguen teniendo mucho miedo a denunciar. De hecho, el principal problema que seguimos teniendo muchos años después de la entrada en vigor de la Ley Integral es que la mayoría de las víctimas no denuncian. Las mujeres tienen mucho miedo a no ser creídas, a las consecuencias de la denuncia, a perder a sus hijos e hijas, y otras muchas cosas. La justicia, en muchas ocasiones, no da una respuesta adecuada a las denuncias de las víctimas y esto se convierte en un desincentivo para todas las demás. Necesitamos mejorar la respuesta de la justicia y, por ejemplo, ha sido un error que el pacto de Estado no propusiera la reforma del artículo 416 de la Ley de enjuiciamiento criminal. Como este ejemplo, quedan muchos elementos en el procedimiento judicial que son verdaderos desincentivos para las mujeres, y hay que eliminarlos uno por uno.

El 25-N es un día de homenaje a las víctimas. No las hemos podido proteger y esta es una forma también de pedirles perdón

También el apartado de la protección a las maltratadas deja mucho que desear, empezando por el detalle de que los jueces siguen denegando una cantidad importante de solicitudes. ¿La insuficiencia de medios puede ser en este sentido una excusa a la que se recurre con demasiada asiduidad?

Es evidente que se necesitan más medios, pero sobe todo se necesita una mejor intervención. La falta de una respuesta adecuada en muchos casos por parte de la justicia, los errores en las valoraciones del riesgo, la mala aplicación de medidas cautelares en el caso de menores, por ejemplo, no siempre son cuestión de medios sino de la aplicación de creencias y valores inadecuados. Por ejemplo, desde el feminismo se ha denunciado intensamente que un maltratador no puede ser un buen padre; sin embargo, la retirada de visitas o patria potestad sigue siendo muy baja en las medidas judiciales. Este año los asesinatos de menores por esta causa son al menos ocho, según datos oficiales. No, no siempre es una cuestión de recursos también es ideología.

A modo de balance, ¿estamos mejor que en 2004, año en que se aprobó la ley integral, pero no lo suficiente 13 años después?

Estamos mejor, conocemos mucho mejor el problema y hay un instrumento, la Ley Integral, que, a pesar de sus fallos y problemas de ejecución, ha permitido que muchas mujeres denuncien. Tenemos una sociedad que es mucho más sensible y todo esto son pasos importantes. Hemos fallado en aspectos relacionados con la protección de las víctimas, y el tema de los menores ante la violencia de género ha sido uno de los aspectos más olvidados, especialmente hasta la reforma de 2015. Hay mucho margen de mejora y hay que seguir trabajando.

El machismo no es un problema generacional, es un problema cultural y hay que intervenir

A modo de vaticinio, ¿cómo prevé la evolución de la lucha contra la violencia de género en la próxima década?

Ya he dicho que el machismo y la violencia contra las mujeres solo pueden desaparecer porque es la respuesta lógica de una sociedad democrática a su propuesta de convivencia. Seguramente nos cueste algo más de una década, seguramente, pero lo importante es que cada década, cada año, cada día nos acerque más al objetivo.

El feminismo es una propuesta esencial para mejorar el funcionamiento social y democrático, pero costará tiempo

 

Los mapas de la violencia

Ante los datos y las cifras sobran las palabras. Mucho más que un artículo de opinión, en un 25 de Noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, cobra mucho más valor tanto para el análisis como para su visibilidad mostrar las cifras de la violencia contra las mujeres en sus diferentes mapas. Para empezar, quiero hacerlo con las cifras de las asesinadas en este 2017, que cada tres días varían ya que en este país cada tres días un hombre asesina a una mujer. Las cifras mal llamadas ‘no oficiales’, que son las únicas que considero creíbles, son las que tienen las organizaciones de mujeres o en este caso Feninicidios.net.

Ellas nos hablan y tienen datadas a 45 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Pero hay cifras que no figuran en la oficialidad, no sé si por vergüenza o por complicidad, y que nos hablan de 90 asesinadas. Porque la violencia de género no sólo es la violencia que  ejercen contra las mujeres los hombres que mantenían una relación de pareja sino que es la violencia que se ejerce contra todas las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Las 90 asesinadas fueron mujeres y niñas, víctimas de sus padres, maridos, novios, exnovios, víctimas de la trata y tráfico de mujeres y niñas, víctimas de otros miembros de la familia como hermanos, cuñados, excuñados, nietos, víctimas de proxenetas y clientes consumidores de prostitución. Y como apunte, añadir que en este país tenemos mas de 4.000 clubs de alterne, donde se alterna impunemente la violencia, la privación de libertad, la extorsión  y  la esclavitud de mujeres, incluidas menores.

Este país también, como apunte a estos mapas de la vergüenza, es el primero de Europa con mayor consumo de prostitución. En este país cada ocho horas un hombre viola a una mujer, y cada año se denuncian mil violaciones, un dato que significa una décima parte de la realidad ya que sólo se denuncian un diez por cien de violaciones. Este país, según informes de la propia Policía correspondientes a 2016, es uno de los que están a la cabeza de las redes de pornografía infantil, y se cifran entren 50.000 y 60.000 el número de esclavas sexuales. En los últimos seis años fueron asesinadas 37 mujeres  por trata y prostitución que jamás aparecieron en ninguna estadística ni mapa, que serán siempre las víctimas invisibles. Como tampoco aparecen en ninguna estadística las más de 400 mujeres que cada año se suicidan en este país teniendo detrás un cuadro de violencia en cualquiera de sus formas.

Y frente a estas violencias tenemos también las institucionales, que se resumen en que los presupuestos para la igualdad y la lucha contra la violencia de genero suponen el 0,01% de los Presupuestos Generales del Estado.

Que a nadie se le llene la boca con palabras como democracia cuando los hogares de este país son los lugares mas peligrosos para las mujeres, cuando ni las calles ni la noche son nuestras, cuando la justicia se escribe en masculino, cuando el aire viene cargado de violencia. Ninguna democracia podrá ganarse el nombre mientas las mujeres, que somos más del 50% de la población vivamos como ciudadanas de segunda, en la periferia de los derechos, sin poder ejercerlos a pesar de ser portadoras de los mismos.

Todas y todos podemos. Rajoy lo desea, el Gobierno y el Congreso no quieren

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Mariano demostraste cuando la sinrazón de ETA atacó a uno de nuestros medios en la persona de nuestro delegado y hermano en Euskadi en aquellos años y tuviste un comportamiento humano cuando nos recibiste en la Moncloa para ponerte a disposición del medio. Son razones suficientes para que tenerte respeto y creer en lo que dices en más ocasiones de las que pudieras pensar. Que tú ayer dijeses que deseabas que diez de diez mujeres se libren del terrorismo machista, es tu deseo de persona más que de Presidente, pero no es lo que demuestran ni tu Gobierno ni el Congreso de los Diputados al que tú también perteneces. Pero si tu gobierno y la clase política quisiesen hacer realidad tu deseo, lo mismo que se protegió a los amenazados por ETA, ahora las mujeres amenazadas por el terrorismo machista necesitan de la misma protección. En los presupuestos de Interior y Defensa habría que asignar más recursos para este fin, tal y como hemos reivindicado en muchas ocasiones en estas páginas. No las podéis dejar indefensas ni vosotros ni la Justicia. Como consecuencia de ello, hacemos la siguiente reflexión.

Todas y todos llevamos en el alma la libertad dormida o expectante. Ha llegado el momento en el que no se debe ni se puede esperar más, así lo creemos en Diario16 mujeres y hombres. Se necesita despertar por necesidad, por dignidad, por rebelión de las conciencias contra la injusticia de la desigualdad, del maltrato, del terrorismo machista, frente al asesinato, el ultraje, la coacción, el chantaje, la traición y el abuso del miedo.

Es tiempo de poner en acción la libertad junto a la razón sin miedo, es tiempo de que la sociedad en general ponga a disposición de la mujer el reconocimiento de una fuerza de valores que le proporcione capacidad legal y humana para que puedan resolver la mayor de las dificultades, vencer la resistencia de la intolerancia machista y patriarcal que las empujan constantemente a un abismo de prepotencia, soberbia e incomprensiones.

La razón sin miedo que magnifica la dignidad nos hará a todas y a todos más útiles, más libres, más fuertes, más humanos en definitiva, para que podamos ser capaces de crear una sociedad fundamentada en el respeto y la tolerancia en favor de una igualdad absoluta sin dudas de ningún tipo. Hay que lograr entre todas y todos, con honestidad y actitudes positivas, transformar los privilegios con sabiduría, los narcóticos de la vanidad en justicia social y la pérdida del sentido de la realidad social en libertad con dignidad.

En definitiva, en esta sociedad autoritaria, controladora, intolerante, terrorista y violenta fundamentalmente contra la mujer, el riesgo no es arriesgarse, el riesgo lo transformaremos en justicia. Un pueblo jamás será libre, democrático y digno si las  mujeres no ostentan los mismos derechos que los hombres en todo y para todo, sin distinción social en absolutamente en nada.

Ha llegado la hora de que la mujer consiga vivir en democracia con dignidad, igualdad y justicia. Los malos tratos, la desigualdad, el terrorismo machista y el asesinato avanzan casi como un “poder en sí mismo”, un modelo de éxito del poder de la intolerancia y la dictadura machista, un “poder” de desgobierno en ausencia de garantías legales e intolerancia e injusticia desmedida.

Las mujeres deben exigir a la sociedad habilitar unas condiciones democráticas adecuadas, porque sin duda lo están en sabiduría, derecho y razón para encarar los retos por derecho, convicción o compulsión por delante de la propia existencia. Defendemos la libertad, la igualdad y el derecho a que la mujer pueda ser feliz, y que no necesite permiso para ello.

La puerta violeta

Ayer, mi querida amiga, mi Mari, ahora ya por todos conocida como «La Rozalén» me enviaba un mensaje, unas palabras como ella: contundentes, serenas, llenas de aire, duras, sorprendentes, que dibujan una melodía que te mece el alma. En su mensaje me cuenta que su Sierra (la del Segura en Albacete) se ha quemado, que todo ha quedado sin vida, que puede respirar el olor de las cenizas entre un silencio que se puede masticar.

Por eso su canción tiene este vídeo. 

Cuando te has situado en ese lugar, en ese desierto negro, gris, es cuando ha preparado tu corazón para entender que ella habla de algo más. «El machismo que todo lo quema» comienza su siguiente línea.

«Las mujeres que lucharon por nuestros derechos y susurran en la nuca. Las humilladas, esclavas, codificadas, asesinadas… siempre presentes.»

«Nos queremos libres, felices, Vivas.»

Y mientras veo el vídeo me quedo pensando en cuántas mujeres están ahora mismo sufriendo. Cuántas, que aparentan llevar una vida perfectamente normal, sienten terror cuando cierran la puerta de sus casas. Esas que van muriendo por dentro pero, lastre a lastre piensan que siempre pueden aguantar un poco más.

Pienso en que nos asesinan. Nuestras parejas. Los padres de nuestros hijos. Capaces de hacer daño utilizando a sus propios hijos contra nosotras. Pienso en esos que hacen bromas que nos humillan, en los que están convencidos de que somos mucho menos capaces que cualquier hombre pero somos seres adorables a los que proteger y cuidar. Pienso en todas esas mujeres que se expresan con vehemencia, que pelean por su libertad y son «las locas, histéricas, despechadas o resentidas». En la cantidad de años, de vidas, de generaciones que ellas han vivido toda la Historia que nos han contado desde una perspectiva muy diferente a la versión «oficial» de todo lo que ha pasado. Maltratadas, violadas, silenciadas, ninguneadas, humilladas, asesinadas.

Pienso que no hemos aprendido nada. Que es inasumible que el ser humano haya llegado a descubrir, a inventar chismes increíbles que hacen cosas impensables, mientras no hemos sido capaces de respetarnos. La violencia. Todo lo inunda, por todas partes se cuela. Palabras, imágenes, costumbres. Que, por muy inocentes que parezcan ser, van calando día a día. Violencia que llama a más violencia. La consumimos, la buscamos, la criticamos, pero no somos capaces de identificarla.

Violencia cuando conduces. Cuando interactúan en las redes sociales. Cuando enciendes el televisor. Todo carga las pilas de la rabia, de la agresividad. Necesitamos una cultura de la no violencia. Como el aire para respirar.

Combatir la violencia no es (solamente) denunciarla, manifestarse contra ella, establecer leyes que la prohíban en su manera más brutal, y compadecer a las víctimas.

Combatir la violencia es educar, es cuidar, es fomentar. Más que prohibir. Es hacer comprender el sentido del respeto, la convivencia, y en definitiva el amor. 

Necesitamos protegernos de la vorágine que nos desnaturaliza, nos deshumaniza, nos embrutece. De esta oleada de inseguridad, miedo, incertidumbre. Nos quieren con miedo, nos quieren dóciles, nos quieren vulnerables.

Solamente despertando, abriendo esa puerta Violeta de la que habla María, podremos vivir en un mundo en color, muy lejos de este terruño que hemos destrozado.

Ámen (con tilde en la A)

“Le damos rango de normalidad a lo que no es normal, a la esclavitud sexual”

Dos mujeres rotas por motivos bien distintos intentan recomponer el puzle quebradizo de sus vidas uniendo sus fuerzas. La nueva novela de Carmen Amoraga, Basta con vivir (Destino), ahonda en la necesidad del ser humano de arrimar el hombro de forma solidaria cuando flaquean las fuerzas y todo está a punto de caer por la borda. La sociedad es, en muchas ocasiones como este tema que propone Amoraga en su nueva obra, un lobo cruel que normaliza el instinto más primario de la voracidad animal por encima de condicionantes éticos que se suponen nos otorgan el rango de seres inteligentes, cuando en realidad no lo demostramos en el día a día ante los hechos más cotidianos. Homo homini lupus.

Pepa, la protagonista de su nueva novela, es una mujer en quiebra emocional. Hasta que se cruza en su vida otra mujer víctima también de sus circunstancias, muy diferentes a las de la primera. ¿Cruce providencial?

Pepa y Crina representan las dos caras del dolor. Pepa es el dolor cotidiano, del día a día, de que no te pase “nada” que muchas veces es igual de duro que si te pasa algo grave, un dolor con el que nos podemos sentir identificados. Crina en cambio es el dolor que no queremos ver, ante el que permanecemos ciegos: es víctima de una red de trata de personas y su drama se produce cada día en cualquier rotonda o club de carretera sin que nos dignemos a verlo. Le damos rango de normalidad a lo que no es normal, a la esclavitud sexual. El cruce que se produce entre ellas es providencial para ambas, porque las salva mutuamente. Ayudar a otra persona es la mejor forma de ayudarte a ti mismo.

Ayudar a otra persona es la mejor forma de ayudarte a ti

En la nota final de la novela usted concreta cuál fue el germen de la concepción de esta protagonista. ¿Es la realidad el mejor escaparate de donde entresacar historias novelables?

La realidad es una fuente inagotable de historias, tan duras, tan extraordinarias, que pensamos al leerlas que son ficción. Y en mi caso, la realidad siempre es el germen de todas mis novelas. Creo que nunca he escrito una novela de ficción sino que he ficcionado la vida.

Su nuevo trabajo habla de la soledad, de la explotación de la mujer, del inframundo asombrosamente cotidiano y cercano de la prostitución. ¿Se puede concienciar contra esta lacra a través de la ficción?

Estoy convencida de que debemos utilizar todas las herramientas que estén a nuestro alcance para concienciar de los dramas sociales que ocurren a nuestro alrededor, y la ficción es una herramienta inmejorable porque muchas veces empatizamos más con las historias de una novela o de una película que con la realidad.

¿Hasta en las situaciones más injustas y lacerantes puede existir un rayo de esperanza?

Eso siempre. Siempre hay esperanza.

Ser periodista de formación y profesión, ¿ayuda o entorpece la carrera del escritor de ficción, del novelista?

Ayuda. Ayuda porque los periodistas y los novelistas lo que hacemos es contar historias y para contar historias hay que ver las historias. Ser periodista, ser escritor, es tener una mirada curiosa y una necesidad por compartir con el resto el resultado de esa curiosidad.

¿Por qué existen aún reticencias sobre las escritoras que escriben sobre mujeres con problemas y sentimientos que no tienen género?

Pues eso tendría que preguntárselo a quienes tienen esas reticencias, pero supongo que tiene que ver con el poso machista que todavía existe en nuestra sociedad y que se niega a aceptar que las mujeres somos la mitad de una población que tiene exactamente el mismo derecho que la otra mitad. Y no me refiero al derecho a hacer lo mismo que los hombres, sino el derecho a tomar las propias decisiones, a recibir el mismo sueldo por el mismo trabajo, a romper el techo de cristal y, lo más importante de todo, a que no nos maten por el hecho de ser mujeres.

Ser periodista, ser escritor, es tener una mirada curiosa y una necesidad por compartir con el resto el resultado de esa curiosidad

¿Realmente basta con vivir? ¿no puede ser poco o, al contrario, demasiado?

En general, y es algo que ocurre en todas mis novelas, el mensaje, si lo hay, es el que está dentro de cada persona que lee la novela. Trato de poner un espejo que refleja la vida, y en la vida, más que lo que te pasa importa cómo vives lo que te pasa, por eso cada persona saca su propia conclusión sobre lo que lee, sobre lo que vive. El mensaje que yo, como autora, extraigo de esta novela, después de haberla tenido en la cabeza años, después de haberla escrito, es que muchas veces, muchas muchas veces, somos nuestros propios enemigos a la hora de vivir. Porque para vivir, como dice Luis Rosales, basta con vivir como quien da limosna.