domingo, 18 enero, 2026

Votar por Andalucía, no contra Cataluña

Los dos partidos de la derecha española, Ciudadanos y Partido Popular, han intentado realizar una campaña electoral en clave nacional. Lo mismo han hecho los ultra fascistas de VOX. Este hecho refleja la imposibilidad por parte de las dos principales formaciones conservadoras de ofrecer a los andaluces soluciones a sus problemas. De ahí que hayan tenido que tirar de repertorio patriotero con el fin de captar el voto de ciudadanos y ciudadanas indecisas que pudieran comprar ese discurso de odio hacia, principalmente, Cataluña.

Albert Rivera ha arengado en diferentes ocasiones a los asistentes a los actos de Ciudadanos para que sus votos vayan en contra del nacionalismo catalán. Para ello ha utilizado un discurso populista en el que ha mezclado la unidad de España con la financiación autonómica y ha llegado a afirmar que una victoria de Susana Díaz sería apoyar a los nacionalistas. Un discurso simple, con dos ideas-fuerza que mezclan lo económico con lo patriótico, ideas que combinadas recuerdan a los modelos de propaganda de regímenes autoritarios del pasado.

Rivera, incluso, ha llegado a afirmar que, si no gana su partido, el nacionalismo llegará a Andalucía, es decir, que ha intentado captar el voto del miedo. Sin embargo, el esperpento del líder catalán de Ciudadanos no conoce límites y ha alcanzado lo absurdo cuando dijo que «ese pacto de la cárcel, que nos avergüenza a los españoles, no quiero que llegue a la Junta de Andalucía. Tenemos que poner freno en las urnas al sanchismo, tenemos que poner freno a los pactos con los Torra, con los rufianes y con los que escupen a ministros de España». Créanselo, Rivera dijo que podría haber un pacto de Susana Díaz con los nacionalistas…, pero, ¿qué nacionalistas hay en Andalucía?

Por parte del Partido Popular, también han retorcido el esperpento y a rozar el absurdo que es propio de los mítines de Rivera. Pablo Casado ha llegado a afirmar que «en la papeleta de Díaz van también Quim Torra y Arnaldo Otegui», además de dar la exclusiva de que los Presupuestos Generales del Estado se están negociando en la cárcel de Lledoners como un modo de utilización de la estrategia del miedo a la hora de asimilar esos PGE con la financiación autonómica. Esto dicho por Casado, líderes del partido de los recortes y de la oposición a mejorar la financiación de las Comunidades Autónomas, suena sarcástico. Sin embargo, el sumun del absurdo lo alcanzó Juan Manuel Moreno Bonilla cuando dijo que Andalucía era «el contrapeso contra el supremacismo nacionalista de Torra y compañía».

El pueblo andaluz votará hoy en libertad por Andalucía, no contra Cataluña. Los mensajes populistas, patrioteros y llenos de odio no dan ninguna solución a los problemas de los y las ciudadanas andaluzas.

La foto que avergüenza a España ante el mundo libre

Oriol Junqueras, Jordi Cuixart, Josep Rull, Jordi Turull, Raül Romeva, Joaquim Forn y Jordi Sànchez son los políticos presos catalanes que se encuentran en la cárcel de Lledoners. Omnium Cultural ha hecho pública una fotografía de los siete encarcelados, una imagen que debería avergonzar a la clase política española y que genera un verdadero desprestigio para nuestra democracia.

Ninguno de los políticos presos debería estar en Lledoners porque el agravio comparativo con otras personas de este país que ya han sido condenadas por delitos de corrupción es insostenible. Junqueras y el resto de políticos está en prisión porque la jueza Carmen Lamela determinó que había riesgo de fuga. Sin embargo, la Justicia española permitió que Iñaki Urdangarín se instalara en Suiza incluso después de haberse dictado sentencia o que Rodrigo Rato no ingresara en prisión hasta que se terminó el plazo.

En otro orden de cosas, que los políticos y políticas catalanas se hallen encarceladas a la espera de juicio por unos presuntos delitos que están en duda de que se hubiesen cometido es un escándalo internacional. Además, hay que tener en cuenta que, tal y como ya he expuesto el juez Fernando Presencia en estas páginas, la causa del Procés es nula por los errores en la instrucción del juez Llarena y porque el acta del nombramiento del magistrado para la instrucción del procedimiento está «falsificada». Llarena, incluso, llegó a acusar a los políticos catalanes presos de delitos que no están en el Código Penal.

Además, los pronunciamientos de las administraciones judiciales de distintos países de la Unión Europea rebaten los argumentos de la Justicia española en relación a que los encarcelados y encarceladas del Procés pudieran haber cometido los delitos de rebelión y sedición. Por tanto, sólo quedaría la acusación por malversación de fondos públicos, un hecho que la semana pasada sufrió un varapalo al confirmar la Guardia Civil que la Generalitat no financió ni subvencionó a Omnium Cultural para el referéndum del 1-O.

El mundo libre mira con estupefacción, no sólo que haya políticos presos por haber pretendido realizar una votación, sino que las sospechas de que estas personas no van a tener un juicio justo o que la Justicia española está buscando una condena ejemplarizante, provoca un desprestigio de nuestro sistema democrático que es insostenible.

¿Ha pagado la ultraderecha europea la campaña andaluza de Vox?

Los últimos sondeos sobre las elecciones andaluzas dan a Vox, el partido ultraderechista de Santiago Abascal, entre 2 y 5 escaños. Nunca antes la extrema derecha española había estado tan cerca de tocar poder en las instituciones democráticas. El Partido Popular, y también Ciudadanos, están preocupados por el fulgurante avance de la formación nacionalista, que amenaza con desbancar a los partidos de la derecha tradicional. El pánico en Génova 13 es más que evidente y algunos líderes populares han empezado a sacar trapos sucios contra Abascal y los suyos. En los últimos días Javier Maroto, vicesecretario de Organización del Partido Popular, acusó a Vox de estar recibiendo, “presuntamente”, financiación de partidos de extrema derecha europea partidarios de la independencia de Cataluña. Entre los posibles “mecenas” estarían el Frente Nacional francés; el Partido de la Libertad de Geert Wilders, en Países Bajos; y Alternativa por Alemania de Frauke Petry.

Las explosivas declaraciones de Maroto provocaron la ira inmediata de Abascal, que se sintió herido en su honor y en su orgullo patriótico al ser relacionado con formaciones europeas próximas al independentismo de Carles Puigdemont. Tal fue el enfado de Abascal con el político popular que se enfrascó con él en una discusión pública a través de las redes sociales, en las que le respondió airadamente y tratando de desprestigiarlo.

¿Había dado en la diana el vicesecretario del PP? “Maroto, ¿por qué dices “presuntamente”? Porque sabes que mientes miserablemente y sin escrúpulos, y porque no tienes lo que hay que tener para asumir una querella y sentarte en los tribunales por difamar y por atribuirnos un delito de financiación ilegal. Eres un cobarde”, afirmó el presidente de Vox en su cuenta de Twitter.

Abascal siguió interpelando sin compasión: “Puigdemont dio un golpe de Estado y está en libertad porque el Gobierno que apoyabas, Maroto, no evitó ni lo uno ni lo otro. No tenemos financiación de nadie, más que de los españoles. Eres un mentiroso y solo pretendes hacerte querer por tu peluquero de Bildu”.

La furia de Abascal contra todo aquel que insinúa que Vox recibe fondos de organizaciones ultras europeas se ha desatado en plena campaña de las elecciones andaluzas, incluso contra el diario El Mundo, que el pasado 29 de noviembre publicó un artículo bajo el pseudónimo Tadeu destapando este asunto. La columna, titulada Voxemos, aseguraba: “¿Quién paga los actos de presentación y la campaña andaluza (las encuesta le dan tres escaños) de Vox? Podemos hubo de irrumpir en las europeas para que se le empezase a tomar en serio, y surgieran dudas sobre su financiación, que nunca llegó a aclararse. Vox es un movimiento tan antisistema como Podemos (en Italia podrían gobernar juntos), a pesar del nacionalismo de los unos y el internacionalismo de los otros (…) ¿Quién financia a Vox? Conviene saberlo”.

La reacción de Abascal fue tan dura como su programa político al asegurar que periodistas de El Mundo como Jorge Bustos habían inaugurado un nuevo tipo de periodismo: “la insinuación”. Además, llamó “cobarde” al redactor. “¿Os lo dictan vuestros amos oligarcas?”, preguntó Abascal al reportero, que contestó: “No me obligue usted a contar las súplicas a los medios de los oligarcas para que le saquen”. ¿Quiénes son esos oligarcas de los que habla Bustos? ¿Quién pone el dinero de Vox?

El PP se vuelve antisistema

En ocasiones hay que dudar de las capacidades cognitivas de la clase política que tenemos en España. En especial con ciertas personas que se sitúan a la derecha del espectro político y más en los últimos tiempos donde acceden al poder de sus respectivas organizaciones aparateros y gentes que sólo han vivido de la política durante casi toda su vida. Lo curioso es que nos venden currículums amplios pero se observa que la mediocridad es su campo de juego. La simpleza de su lenguaje, de su pensamiento y de su acción política demuestra que no es cierto eso de que el pueblo está representado en las instituciones, bien al contrario, parece que es casi lo peor de ese pueblo lo que allí se aposenta. Porque no se entiende que se defienda la constitución a todas, no les caiga de la boca y acudan a un acto donde se pone en cuestión el propio texto constitucional.

Eso le ha pasado al Partido Popular con su participación, aunque no han acudido los grandes espadas sino que han enviado a los chusqueros del partido, en la concentración en favor de España, como si la gente de izquierdas no quisiese a su país, y contra el federalismo asimétrico, que es lo mismo que decir el sistema autonómico. No se han dado cuenta los próceres del PP, que allí han acudido, que las personas que les acompañaban, en un número muchísimo menor a lo que intentan vender los medios, no quieren un Estado de las Autonomías. O al menos no uno como el actual y que queda recogido en la Constitución de 1978 que esta misma semana celebra su cuadragésimo aniversario. El federalismo asimétrico que detestan en la Fundación Denaes, convocante del acto, y que tampoco gusta a Vox es lo que tenemos en España constitucionalmente. Al menos en lo relativo a las competencias y descentralización administrativa, que no en el nombre de las articulaciones territoriales. Claro que la Fundación y Vox tienen un fuerte vínculo con Santiago Abascal, el dirigente de la extrema derecha que está haciendo mucho daño al PP (fue su presidente).

No quieren los convocantes lo que Amando de Miguel llama elefantiásis autonómica, o lo que es lo mismo, el desarrollo del Título 8° de la Constitución. No quieren Estado de las autonomías, sino una España dominada por el centro y que aniquile todas las manifestaciones culturales de los distintos pueblos de España. Quieren acabar con la riqueza de España en nombre de una nación española que sólo ha existido en la cabeza del régimen fascista que dominó el país durante casi 40 años. Son más de los coros y danzas que de la riqueza de tener varios idiomas, de tener varias manifestaciones culturales conformando una España más rica. Curiosamente algo que ha potenciado el PP durante años, como el valenciano en las escuelas con Camps de presidente, o el gallego con Feijóo en Galicia. Pues eso no lo quieren ni Denaes ni Vox y eso es lo que ha apoyado el PP.

Debe ser cuestión de ignorancia o de regresión a los años anteriores a la aprobación de la Constitución Española, cuando en el PP (entonces AP) estaban los siete magníficos del régimen dictatorial, se abstenían en la votación de la constitución muchos de sus representantes y apostaban por la abstención en la votación de la ciudadanía. Una regresión ideológica hacia posturas plenamente fascistas, hoy en día neofascistas, que alejan al PP, por miedo a perder muchos votos por su extrema derecha, de la moderación que piden a los demás curiosamente. Quiere vender Isabel Díaz Ayuso, secretaria de Comunicación, que se manifestaban contra un gobierno rendido ante los independentistas, algo que nadie ha podido probar. Pero la verdad es que se manifestaban contra parte de la Constitución. Una manifestación antisistema contra un gobierno legítimo no es muy buena idea para un partido que se vende como constitucionalista y elimina a los demás de esa calificación.

“Crean problemas donde no los había; instigan al odio y a la división; reescriben la historia faltando al pacto que se dio el pueblo español; fomentan una falsa necesidad republicana; hispanofobia” ha dicho Díaz Ayuso contra el gobierno mientras se manifestaba contra la Constitución. Curiosamente el PP faltó al pacto del pueblo español el mismo día en que se producía ese pacto. La necesidad republicana no es fomentada por el gobierno, es más, como se ha podido leer aquí, tienen una actitud ampliamente cortesana. Cuestión bien distinta es que la sociedad sea republicana y se haya cansado de las corruptelas y manejos de los Borbones. Y la hispanofobia no existe en nadie salvo en las mentes perturbadas de cuatro en Cataluña y, por lo que se ve, en la calle Génova. Pensar en una España plurinacional es ser consecuentes con la realidad, no pensar en una España monocorde que no existe. No han leído estas gentes del PP y así les pasa. Pero es que no han leído ni a los clásicos del liberalismo que se asustarían de que estas personas se autocalifiquen de liberales.

Como sucedió hace cuarenta años, hoy el PP se ha vuelto a oponer a la Constitución y a la voluntad del pueblo español. Se han acercado al fascismo, a la ultraderecha, a lo antisistema, frente al Estado liberal y democrático. Ese intento de robarse la Constitución a las personas que realmente lucharon por ella, junto a su amigo Albert Rivera, parece no estar ya en sus prioridades. Ahora son antisistema y anticatalanes. Y una cosa es no estar de acuerdo del proceso secesionista lanzado por la derecha catalana principalmente y otra criminalizar a todos los pueblos españoles, como también han hecho insultando a los andaluces y andaluzas. Ya en su fundación afirmaron que se oponían a la legalización de partidos comunistas y nacionalistas, justo igual que hoy. No es que al PP haya vuelto Aznar, es que han vuelto Gonzalo Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente, Laureano López Rodó, Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Carlos Arias Navarro, Manuel Fraga, Enrique Thomas de Carranza y Gregorio López Bravo.

Entre el socialismo de Teresa y el social-liberalismo de Susana

Lo dijo Antonio Maíllo y nadie salió a desmentirle: “Hay más socialismo en Adelante Andalucía que en el PSOE-A”. De esta forma la confluencia de izquierdas le quitaba a Díaz la propiedad del socialismo que sus antecesores habrían defendido. No es imaginable que a Griñán o Alfonso Guerra le hubiesen quitado la bandera del socialismo andaluz, el “socialismo de los descamisados”. Pero la actual ocupante de San Telmo está a otras cosas, a otras legitimidades ideológicas, a lo suyo en otras palabras. Por tanto, la ciudadanía andaluza de izquierdas deberá elegir entre el socialismo que se encarna ahora en Teresa Rodríguez o en el social-liberalismo de Susana Díaz.

La diferenciación no es baladí pero refleja perfectamente los posicionamientos que ambas contendientes han mostrado durante estos meses de pre-campaña y campaña electoral. ¿Es Díaz una candidata de derechas? No, aunque desde posiciones más a su izquierda se afirme que sí. Pero es el mejor ejemplo de esa izquierda que se ha quedado anclada en el pasado, con recetas del pasado, modos del pasado y aspiraciones sociales más propias de sociedades estancadas que en continuo avance. A Susana Díaz le gusta más la adaptación al entorno en el que se encuentra que la transformación. No le gustan los entornos que no maneja, como se pudo ver en su enfrentamiento con Pedro Sánchez, y prefiere gestionar socialmente lo dado que intentar algún tipo de transformación hacia el futuro.

Al contrario Teresa Rodríguez, pese a manejar conceptos igual más antiguos (el marxismo es una influencia), quiere llevar a cabo una transformación de lo dado. No le gusta el sistema en el que vive y trabaja y prefiere avanzar hacia una transformación de ese sistema para el beneficio de todas las personas. Eso sí, no es ajena a los problemas del día a día, a “las cosas del comer”, y por ello también cuestiona la mera gestión que se viene dando en la Junta de Andalucía. No le gustan las escuelas de calor, ni que a los niños y niñas les den almuerzos de catering barato en las escuelas, ni que los profesionales sanitarios estén saturados por la falta de inversión, ni que los recursos se pierdan antes que a las personas. Un forma de gestión diferente en un mismo entorno hostil a lo que pueden ser políticas de izquierdas, como se puede ver en las críticas que se lleva el presidente Pedro Sánchez por sus alianzas con Unidos Podemos, por ejemplo.

Susana Díaz tiene una visión mecanicista de la asunción del poder del Estado. Piensa que solamente con estar en el gobierno teniendo una mentalidad social y feminista ya está todo resuelto. De ser así la máxima de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista del gobierno como consejo de administración de la burguesía sería completamente cierta y no lo es. No comprende que el Estado, y una comunidad autónoma es parte del Estado, es una compleja red de relaciones entre el mismo y la sociedad civil. En ese momento actúa una selectividad estratégica producto de esas relaciones que actúan en favor del poder del sistema. Por ejemplo, puede establecer una ley para acabar con la brecha salarial, pero sin actuar directamente en las empresas y las familias no se consigue nada. La mujer siempre estará mucho más sujeta a los cuidados y por ello no participará en los turnos nocturnos mejor pagado, por ejemplo. No es que no sea de izquierdas sino que esas fórmulas de sólo legislar sin más no sirven en una sociedad compleja. No entienden en el PSOE-A es nueva complejidad y están a gusto con el liberalismo económico al que quieren poner parches sin percatarse que esa clase dominante se introduce en el Estado para amoldar la acción de éste a sus deseos.

En Adelante Andalucía, pese a ser marxistas en su gran mayoría, han entendido este mecanismo y por ello no sólo quieren legislar sino actuar socialmente mediante la batalla de la hegemonía cultural. Esto es, conseguir que las personas se capaciten y piensen fuera de las estructuras mentales del capitalismo. Quieren que las acciones del Estado no se vinculen a las selectividades provocadas por los poderosos y no tienen miedo en intervenir en el propio proceso. ¿Por qué hay que educar a los jueces en femenino, por ejemplo? Porque la estructura de pensamiento patriarcal impide que frente a una violación grupal, como la de la manada, se la califique así habiendo un resquicio legal. Siempre se acogen al resquicio legal, que ha de estar por una cuestión democrática, desde la judicatura cuando hay un poderoso o un machista en el banquillo.

Salvo la pequeña aldea gala de Izquierda Socialista del PSOE-A, no hay en el partido de Díaz casi nadie que se tome la molestia en discernir estas cuestiones prácticas que afectan a la implementación de las políticas públicas. En Adelante Andalucía sí lo han hecho y por eso se puede decir que unos representan el social-liberalismo y otras el socialismo. No son posiciones excluyentes y lo lógico es que, si no interviniesen fobias personalistas, el lunes se sentasen para acordar un gobierno de coalición de izquierdas. No se producirá porque Díaz es sumamente personalista y sólo piensa en ella misma como única representación de lo que quiera que represente según se levanta por las mañanas. Un excesivo individualismo y culto a la líder es lo que suele gustarle, pero tendrá que modificar su actitud respecto al gobierno y tender puentes con la otra izquierda. Aunque es de todos y todas conocido que preferiría el pacto amable con la derecha extrema de Ciudadanos. Al fin y al cabo ven España de la misma forma. Eso del federalismo y lo plurinacional ella no lo ve, en Adelante Andalucía lo entienden como consustancial en la composición de eso que se llama España.

Ediciones Akal, ¡Dejen de publicar tan buenos libros!

No es la editorial que cualquier lector de literatura tenga entre sus editoriales preferidas con seguridad, y eso que tienen una serie de clásicos de la literatura comentados que es una maravilla, pero es una editorial de ensayos, de libros de pensar y para pensar. Y en este campo están acabando con los pocos euros que muchos y muchas disponemos para seguir nutriendo las mentes con ese pensamiento crítico que tan bien manejan. En el último año, pese a las buenas publicaciones que vienen publicando desde su fundación, lo están bordando y acertando casi con cada nueva entrega que presentan al público. Por ello les pedimos que paren un poco porque ni tenemos dinero, ni tiempo para sumergirnos en tan magnífica apuesta editorial.

Si alguno de los muchos lectores y lectoras que suelen pasearse por nuestros artículos se fijan son muchos los autores que hemos citado en nuestros análisis de la realidad política que tienen sus libros publicados en Akal. Perry Anderson, David Harvey, Louis Althusser o Daniel Bernabé están en sus estantes esperando la llamada de algún lector ávido de ese pensamiento crítico. Porque lo que define a Akal como editorial es la preocupación por publicar aquellos títulos y autores que se salen de lo común, del mainstream de la oficialidad cultural y académica. No es que se dediquen a autores o autoras semiclandestinas, pero no son esos libros que recomiendan los grandes medios de comunicación de masas constantemente. Alguno, como La trampa de la diversidad, el verdadero bombazo del año, de Bernabé logra colarse en esos pseudosesudos análisis de ciertos medios del sistema. Por eso no serán tan conocidos o manejados en España, pero son en muchas ocasiones joyas del pensamiento actual.

Para este invierno han salido con fuerza para la celebración del cuadragésimo aniversario de la Constitución Española con un libro que tiene una visión crítica de ese aniversario: Fraude o esperanza: 40 años de la Constitución. Ensayo coordinado por Rafael Escudero y Sebastián Martín que recoge un análisis pormenorizado de diversos aspectos de la carta magna gracias a unos cuantos buenos y buenas especialistas. También han publicado no hace mucho una serie de ensayos sobre la figura del filósofo Slavoj Zizek: Zizek reloaded. Editado por Ricardo Espinoza Lolas y Óscar Barroso Fernández nos presenta la figura del polémico pensador desde muy diversas perspectivas y con la colaboración de grandes pensadores españoles como José Antonio Pérez Tapias.

Van dos de dos. A ellos habría que sumar la profunda reflexión sobre la derecha y la izquierda realizada por Esteban Hernández, El tiempo pervertido. “El libro traza un mapa esencial para entender las fuerzas que están definiendo nuestra época y comprender las dimensiones del giro conservador emprendido. La obra contiene un recorrido por el futuro que nos espera, un resumen de las transformaciones en las que estamos inmersos y de la orientación política que las anima, así como un avance de las consecuencias que producirán” afirman en la presentación del libro. Y si les interesa la Rusia de Vladimir Putin nada mejor que introducirse de la mano de alguien que ha vivido in situ en el país: Entender la Rusia de Putin de Rafael Poch-de-Feliu.

Si prefieren algo más relacionado con la lucha de clases, la clase trabajadora o el sujeto de transformación pueden empezar con otra de sus novedades: El pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010) de Selina Todd. Obra que ha sido alabada por uno de los pensadores más influyentes en las redes sociales como Owen Jones que ha afirmado que “La vasta y apasionada historia que compone Selina Todd constituye una contribución más que necesaria a la renovada pujanza del pensamiento sobre las clases sociales… Todd aborda la misión de pintar la clase obrera de nuevo contra el lienzo de la historia”. En otro sentido pero relacionado con este tipo de análisis han publicado La palabra H de Perry Anderson, un ensayo imprescindible para entender el significado de la hegemonía a lo largo del tiempo, lo que entronca con su antiguo ensayo (también reeditado por Akal, Las antinomias de Antonio Gramsci). Y si quieren una mirada irreverente de La Movida tienen a Víctor Lenore y su Espectros de la Movida.

Si a todo esto, que no es más que un pequeño resumen de lo mucho y bueno publicado, les sumamos que también tienen Siglo XXI Editores que está alimentando desde hace muchos años nuestras mentes y, en los últimos tiempos, han sacado libros muy interesantes y lúcidos, lo dicho, nos quedamos sin dinero para tanto y bueno. Sólo por citar algunos textos cabría destacar Antonio Gramsci. La pasión de estar en el mundo de Diego Fusaro; La invención de Jesús de Nazaret de Fernando Bermejo Rubio; o La clase trabajadora ¿Sujeto de cambio en el siglo XXI? de José Manuel Rivas y Adrián Tarín (eds.). Y especialmente cabe destacar la obra de Clara Ramas San Miguel, Fetiche y mistificación capitalistas, un gran descubrimiento de un análisis profundo sobre la opacidad del sistema capitalista. Más todo el fondo editorial de gran calidad de años. Una acertada apuesta editorial que está acertando con sus muy buenas publicaciones y a un precio más que aceptable.

SIDA, la lucha debe continuar

En memoria de mi hermano Javi, otro año en mi recuerdo

1 de Diciembre, Día Internacional de la lucha contra el sida. Un día para reivindicar mayores esfuerzos contra esta cruel enfermedad, reflexionar sobre lo que no hacemos bien, denunciar a los gobiernos que no se implican lo suficiente, o simplemente para recordar a nuestros muertos.

Precisamente en referencia a los recuerdos vuelvo la vista atrás al no tan lejano 1992, en el que la pérdida de mi hermano por este monstruo me hizo implicar de lleno con quienes llevaban años de una desigual lucha, en concreto con la Comisión Ciudadana Anti Sida.

Recuerdo los esfuerzos por convencer al Parlamento de Navarra, del que en aquel instante formaba parte, para que aprobaran medidas que intentaran frenar la expansión de la pandemia, o la terquedad de un Gobierno de Navarra de UPN empeñado en no entender, que el uso del preservativo era una de las medidas más eficaces.

Incluso, no sin una cierta vergüenza ajena, aquel episodio que nos hizo ser noticia nacional, cuando descubrimos que el entonces Consejero de Salud había dado orden de quitar el preservativo de un kit anti sida, cuya distribución se aprobó por dicho Parlamento después de  una ardua lucha política.

No ha pasado demasiado tiempo de aquello, y aunque todavía hoy siguen existiendo reductos conservadores en nuestra sociedad, que defienden la abstinencia sexual como forma de evitar su contagio, algo hemos avanzado. Pero no conviene bajar la guardia y síntomas de ello se detectan especialmente entre los jóvenes, por eso este 1 de Diciembre debe servir también para alertar a las autoridades de ese peligro. Ni un paso atrás en esta difícil lucha.

Hay que continuar igualmente con el apoyo a las víctimas, en un momento que tanto se habla de otras. Uno de los problemas mayores es la estigmatización  de las personas afectadas, que aún se detecta desde sectores importantes de nuestra sociedad.

Apoyo que debe ir dirigido no sólo a su atención sanitaria, también a la social, e incluso a la cultural o económica. Se ha avanzado bastante en este terreno desde 1992, pero aún nos queda mucho camino que recorrer.

Pero no podemos, no debemos, quedarnos sólo en la atención de los más próximos, tenemos que alzar nuestra mirada y dirigirla a la tremenda e injusta situación en el Tercer mundo, en especial en ese continente masacrado por las guerras, el hambre…., y el sida: África. Sin olvidar el sudeste asiático, parte del Caribe y los países del este europeo.

Allí cada día más de 8.000 personas mueren de sida. Cada hora, cerca de 600 personas se infectan, y lo que resulta aún más dramático, cada minuto un niño muere a causa del virus. En África la irresponsable actuación de las industrias farmacéuticas, impide que los medicamentos genéricos que existen se puedan repartir al resultar mucho más baratos.

Una forma de crimen colectivo, de genocidio encubierto que debemos denunciar contundentemente. Eso con la colaboración de sectores de la Iglesia Católica, empeñados en hacer campañas irresponsables contra el uso del preservativo.

Afortunadamente la aparición de un nuevo Papa Francisco está cambiando el sentido de la marcha, de una jerarquía que marchaba de espaldas a la realidad, pero lamentablemente ese cambio va demasiado despacio.

Mucho se habla en la época actual de la defensa de los Derechos Humanos. ¿No es el principal el derecho a la vida? ¿Cómo consentimos entonces esta vulneración en masa? ¿Seguiremos mirando hacia otro lado, siendo cómplices de esta situación, cuando nos enseñan esas terribles imágenes?

Defiendo la relativa eficacia de los denominados “días internacionales de…”, porque cumplen la función de recordar, de volver a denunciar. Por eso escribo estas líneas en la proximidad de este nuevo 1 de Diciembre.

A los que nos ha tocado de cerca esta terrible enfermedad no nos hacen falta, porque cada día pasan por nuestra memoria imágenes del ser querido que nos arrebató, y la maldecimos mil veces, pero para el resto de nuestra sociedad sí son necesarios, aunque sólo sea para que no se olviden de que existe.

Por eso desde aquí manifiesto mi solidaridad con quienes la sufren, mi apoyo a las organizaciones que colaboran a “pie de obra” para hacerles una vida más fácil y evitar que nuevas personas acaben sufriéndola.

Al mismo tiempo que alzo mi voz, denuncio y maldigo a todos aquéllos, sean gobiernos, industrias, o instituciones religiosas, que impiden que se pongan medios eficaces para evitar su progresión, ya sea abaratando las medicinas o con medidas preventivas eficaces como el uso del preservativo.

Este 1 de Diciembre de 2018 será otro más de lucha contra el sida, y nuevamente el lazo rojo lucirá en nuestro ropaje, aunque no debemos quedarnos exclusivamente en eso, ni que solo sea durante este día, sino que nuestra implicación, nuestra lucha, se traslade a los 365 días del año.

Europa humilla a los afectados del Popular

Las constantes negativas que los afectados del Banco Popular están recibiendo por parte de la Junta Única de Resolución para acceder a los documentos íntegros, sin censura, sobre los que se asentó la decisión de resolver a la entidad española ya está rozando la humillación porque da la sensación de que les están tomando por idiotas.

En un documento al que ha tenido acceso Diario16 se afirma lo siguiente:

Por tanto, la JUR censura los documentos porque podría mostrar el estado real del Banco Popular aquel día 6 de junio y, sobre todo, los elementos verdaderos sobre los que se tomó la decisión, es decir, que Europa está reconociendo que hay datos que no quiere mostrar porque, posiblemente, demostrarían que la resolución del Banco Popular y la ruina de más de 305.000 familias se tomó en base un informe precipitado de Deloitte que mostraba a una entidad en liquidación cuando, en realidad, era solvente. La JUR tiene razón cuando afirma que si hiciera públicos esos datos se pondría en peligro al sistema financiero europeo porque, evidentemente, perdería toda su credibilidad si los mercados conocieran que el supervisor bancario europeo resolvió a una entidad que no debía haber sido resuelta. «La divulgación de dicha información podría tener consecuencias de mayor alcance para los mercados financieros y podría poner en peligro a más de una institución». ¿Se estará refiriendo al Santander?

Por otro lado, la JUR reconoce directamente que no hace públicos ni entrega los documentos a los afectados porque los datos que muestran afectarían a los intereses comerciales del Santander. Decirlo abiertamente es una humillación para las víctimas de la resolución: la JUR no da datos que son fundamentales para las acciones legales que están interpuestas por parte de los afectados del Popular porque irían en contra de los intereses del Santander.

En definitiva, la JUR y todas las instituciones europeas se han puesto del lado del Santander en el Caso Banco Popular. Este hecho es muy grave. ¿Cómo no va a crecer el euroescepticismo cuando el proyecto de la Unión Europea se ha puesto al servicio de los intereses de las élites financieras?

PP y C’s pugnan por ganar el papel de segundón en Andalucía

Se acabó la campaña electoral en Andalucía. La suerte está echada. No parece que haya demasiado margen para la sorpresa; las encuestas dan como ganador al PSOE de Susana Díaz, mientras que todo queda abierto e igualado para la segunda plaza. Pese a la victoria casi segura, los socialistas probablemente no conseguirán la mayoría suficiente para gobernar en solitario, y Teresa Rodríguez, la candidata de Adelante Andalucía, no parece muy dispuesta a pactar con su archienemiga Díaz. Es ahí donde se abre un resquicio, una puerta para las derechas.

En principio, y a falta de que hablen las urnas, solo un pacto entre PP y Ciudadanos, quizá con el apoyo de Vox –el partido ultra de Santiago Abascal a quien los sondeos dan entre dos y tres escaños–, podría terminar con el susanismo y con uno de los dos candidatos de la derecha en el poder regional.  De ahí que ambos líderes, Juanma Moreno Bonilla por el PP y Juan Marín por C’s, hayan planteado la campaña no tanto como una ofensiva contra Susana Díaz, que parece segura vencedora, sino como una competición entre ellos dos para tratar de aglutinar el mayor voto posible de la derecha. Es tal la encarnizada batalla entre Bonilla y Marín que en las últimas horas ambos candidatos se han mostrado dispuestos a presentarse a una hipotética investidura (aún sin haber ganado las elecciones) para pedir el apoyo de la cámara autonómica y derribar a Díaz.

En este envite es el Partido Popular quien tiene más que perder. El PP tiembla ante la posibilidad de que C’s pueda arrebatarle esa privilegiada segunda plaza que en los últimos años ha ostentado como principal partido de la oposición. En el caso de que la formación de Albert Rivera se alce como segunda lista más votada, por detrás del PSOE, el PP no solo cosecharía la mayor derrota de su historia en esta comunidad autónoma sino que lo condenaría a una posición intrascendente en el mapa político local.

Ese escenario −que el Partido Popular termine sufriendo el sorpaso de Ciudadanos−, horroriza a Pablo Casado, que se ha tomado muy en serio, casi como una cuestión personal, estas elecciones andaluzas. El presidente popular le ha dado a estas autonómicas la importancia que tienen como posible ensayo para las generales y como una forma de tomarle el pulso al volátil electorado de derechas, que en la carta ya no tiene un solo menú para elegir, sino tres.

La competencia que le ha surgido con C’s, y también con Vox, amenaza no solo la supervivencia del PP en Andalucía, sino su futuro como aspirante al Gobierno de la nación. Es por ello que los populares se juegan mucho como partido este 2D, aunque quien más se juega es el propio Casado. Tras las primarias, su estrategia política sigue siendo muy cuestionada por un cierto sector de Génova 13, que aún duda de su capacidad de liderazgo y de que sea el hombre apropiado para sacar al PP de la grave crisis en la que se encuentra tras los numerosos casos de corrupción que asolan al partido y la moción de censura que lo desbancó del poder. Quizá por esa tensión, por ese cara y cruz al que se enfrenta, a Pablo Casado se le ha visto más sobreactuado, más nervioso y más duro de lo habitual. Y eso le pasa porque, indudablemente, cuando mira por el espejo retrovisor ve el coche naranja tuneado de Rivera comiéndole el terreno y a lo lejos otra máquina verdosa con la matrícula de Vox que parece propulsada por un gas que el PP está perdiendo.

¿Matará la ultraderecha el susanismo?

Que Andalucía es una tierra de enormes contradicciones lo sabe hasta el apuntador. Que se lo pregunten a insignes andaluces como Luis Cernuda, Antonio Machado o Pablo Ruiz Picasso, sólo por poner tres ejemplos. Dicho sea de paso, los restos de ninguno de ellos reposan en la tierra que los vio nacer. Casi como les ocurre hoy, en claro paralelismo a aquéllos, a decenas de miles de jóvenes andaluces emigrados, con másteres en los bolsillos y repartidos por media Europa y Estados Unidos, que han tenido mil y un impedimentos para emitir su voto este 2-D, un día para la historia de Andalucía, España y la humanidad, parafraseando el lema del escudo oficial autonómico.

Este 2-D no dirime ya sólo si se vuelve a la política de bloques, de las derechas contra las izquierdas, o si se mantiene el statu quo

Pasado, presente y futuro de Andalucía se entrecruzan inexcusablemente con sus peculiaridades este domingo 2 de diciembre de 2018, un día decisivo para el devenir de Andalucía y también de todo el país, que mira de reojo estos resultados como el violinista al director de orquesta para saber qué tempo adecuado darle al acorde.

Este 2-D puede quedar registrado en los libros de historia casi como aquel 4-D de 1977 en que las calles más concurridas de esta tierra, la más poblada del país y la segunda más extensa, se llenaron de banderas blanca y verde cuando aún olía a pachuli y la caspa franquista se resistía a irse de nuestras seseras.

En una de las campañas electorales andaluzas más mediocres y grises que se recuerdan, un dragón de cuatro cabezas, un pollo sin ella a lomos de su corcel, una heroína de serie televisiva y una malvada bruja de la misma superproducción, una catedral argentina, un pescador sin caña, amén de un fantasma que ya puebla los parlamentos de media Europa llamado fascismo, han protagonizado los atriles mitineros, mientras los cabezas de cartel han terminado la campaña exhaustos, afónicos y hasta agradecidos de no tener que prometer a la ciudadanía andaluza más deseos incumplibles, o incluso directamente mentiras con mayúsculas.

Este 2-D no dirime ya sólo si se vuelve a la política de bloques, de las derechas contra las izquierdas, o si se mantiene el statu quo de un peculiar socialismo andaluz, aquí denominado susanismo, a derecha e izquierda del interfecto, apoyado en la muleta del nuevo neoliberalismo amable de Ciudadanos, como lo ha venido haciendo los últimos tres años y medio con relativo éxito para descontento de las masas populares más desfavorecidas.

Tras el cierre de los colegios electorales, se ventilará sobre todo la duda de si el citado susanismo mantiene las fuerzas necesarias para poder conformar un gobierno que se augura inestable y sin mayoría que la sostente o, por el contrario, pierde el poder por su flanco derecho, con la entrada más que probable de la ultraderecha por primera vez en un parlamento español desde la transición democrática. Y no solo eso, ya que, aunque ningún sondeo así lo prevea, VOX puede ser determinante incluso para configurar un pacto de fuerzas de derechas (PP-Ciudadanos-VOX) que ponga fin a cuatro décadas de socialismo en la tierra donde el paro sigue siendo un lastre estructural que mantiene a la región entre las más empobrecidas y con tasas alarmantes de toda la Unión Europea pese a su potencial económico.

En una entrevista en El País, la candidata de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, define así qué es el susanismo: “Un PSOE de segunda generación acomodado que no ha conocido la lucha sindical ni el franquismo, alejado de la clase trabajadora, sin ideología, que ha abierto de par en par las puertas a la derecha y que habla un lenguaje que nosotros no somos capaces de entender. El susanismo es incompatible con el socialismo”.

Protagonistas de la campaña: un dragón de cuatro cabezas, un pollo sin ella a lomos de su corcel, una heroína de serie televisiva y una malvada bruja de la misma superproducción, una catedral argentina y un pescador sin caña

Probablemente la instantánea que más quedará para el recuerdo de los andaluces de estos días de campaña, al margen de las ofrecidas por candidato del Partido Popular cantando a modo de verbena popular, abrazado a una vaca o a las puertas de un antiguo prostíbulo para denunciar corruptelas varias de ex dirigentes socialistas andaluces, sea la de una sonriente mujer embarazada junto a su número dos de un proyecto netamente andaluz. La fuerza parece acompañarles, aunque el líder popular diga que la república está de su parte junto a figuritas de La guerra de las galaxias. ¿En qué estarían pensando los asesores de campaña?

La última temporada del Juego de Tronos andaluz no ha hecho más que empezar a rodar. El guion sigue abierto a imprevistos de última hora. Y no son pocos los que pueden deparar los resultados de este histórico 2-D, para Andalucía, España y la humanidad.