Sánchez se ríe

Un doctorado no sólo es una muestra de saber investigar; de saber mucho sobre un tema muy concreto (casi infinitesimal); de mostrar madurez intelectual; también supone que la persona que ostenta el título posee algunas virtudes. Entre ellas utilizar la razón. El uso de la razón impediría a cualquier doctor tomar la decisión más estúpida de todas las posibles sin base científica. Las dudas sobre el doctorado del presidente Pedro Sánchez no vienen tanto por el copia y pega que haya podido hacer, sino por la carencia absoluta de las virtudes que genera la realización del doctorado.

Se ha comentado en esta columna, justo en los días previos, que la sexta ola estaba siendo utilizada por la clase política (toda la que tiene responsabilidades a distintos niveles) para tapar sus miserias programáticas o de ejecución. También que empezar a reducir la libertad de las personas podría conllevar una sublevación por medidas que no son congruentes, ni eficaces. Y va el presidente del Gobierno –sin aportar ningún documento de expertos (como pasó anteriormente que el Comité famoso ni existía)- y decide tomar las decisiones más acientíficas, irracionales y que atentan más contra la libertad de la personas. Ha conseguido lo que nunca se podría imaginar: hacer coincidir a ciudadanos de cualquier ideología.

Mascarillas en exteriores, te las metes en los…

Más de un mensaje en redes sociales (de gentes de toda condición) dice lo siguiente: “mascarillas en exteriores, te las metes en los cojones”. Una clara muestra del hartazgo que ha conseguido el presidente y su equipo de gobierno con una decisión que no tiene base científica. Puede que en la calle Preciados de Madrid (y alrededores) tenga sentido ponerse la mascarilla por el apelotonamiento de las personas. Esto lo ha venido haciendo la gente porque tiene más cabeza y más sentido común que quienes están al mando. Pero ¿ponerse mascarilla en Villanueva de los Infantes (precioso pueblo, por cierto) cuando por las calles no hay casi ni personas?

Tener un doctorado serviría para valorar estas cuestiones. Quitar el grano de la paja y tomar decisiones consecuentes, con probidad y equitativas. Hacer pagar a justos por traidores no es una buena medida y por eso hay contestación. Porque las personas, en su mayoría, han hecho todo bien. De hecho muchas van con su mascarilla por la calle sin que exista obligación. Ahí está la libertad dentro de la prudencia. Lo paradójico es que impone las mascarillas en las calles pero para tomarse una cerveza o dos dentro de un bar se pueden quitar. Estúpido de todas formas.

Punitivismo y cuerpos represivos del Estado

Se ha instalado en las élites europeas una forma de actuar peligrosa. Gracias a los diversos confinamientos –que resultaron efectivos en el primer empuje del coronavirus- se han creído que ya pueden imponer, con la excusa sanitaria, todo tipo de medidas punitivas que las masas del pueblo ese deben obedecer. Han perdido todo carácter democrático que podrían decir tener (sólo hay que ver las dictaduras que tienen todos dentro de sus partidos) y se lanzan al punitivismo más liberticida que puede existir. Como diría Michel Foucault, están castigando los cuerpos más allá de lo admisible.

Y hay algo que no han considerado, que no hay nada peor que permitir a las fuerzas de represión del Estado vayan por las calles amonestando, sancionando y apaleando a quienes no lleven mascarilla. Hay muy buenos policías sí, pero los hay torciditos también. Harry el sucio imponiendo el uso de la mascarilla no es la mejor imagen de un régimen democrático. Salvo que tenga la valentía de pasar del Gobierno y sumarse a la ciudadanía.

Recuperar jubilados cuando hay listas de médicos en paro

La otra medida estrella es recuperar a médicos jubilados para que se incorporen a los servicios médicos y así paliar la falta de personal. Igual, sólo igual, podrían contratar, desde el Gobierno central, a los miles de médicos que están en paro, en bolsas de trabajo, con contratos de días y demás precariedad sanitaria. Sin olvidar a todo el resto de personal sanitario que es fundamental, igual más que médicos, para las instituciones sanitarias funcionen (y que están tan precarizados). Que las PCRs las suelen hacer una enfermera o una auxiliar sanitaria.

Es tal lo irracional de la medida que asombra que el presidente haya hecho su doctorado pasando por todas las etapas (sin contar que toda su vida académica ha transcurrido en la universidad privada). No ha pensado ni en esos médicos jubilados –que sí, que van a volver a meterse en el lío-, que por edad estarían más expuestos al virus. Salvo que quiera practicar la eugenesia con los jubilados ni laboral, ni sanitariamente tiene sentido la medida.

Bandazos

Como buen gobierno mediático (o de postureo si lo prefieren) está a la que salta. Mucho Instagram, muchas fotitos, mucha pose, muchos discursos de libro de autoayuda pero a la hora de la verdad, cuando hay que gobernar, se lanzan a lo primero que se les ocurre. Millones gastados en una Oficina de Prospectiva ¿para esto? Tras echar al camarlengo monclovita y rodearse de sus amigos de Pepiño la cosa va a peor. Dirán que ha habido presión de los medios, pero la realidad es que cualquier Gobierno (y más si tiene un doctor a la cabeza) debe tomar decisiones son prestar atención a los aparatos ideológicos.

Van dando bandazos porque son casi todos del mismo perfil, aparateros de partido que han ido saltando de un cargo a otro que siempre piensan más en no pisar callos, y seguir montados en la burra, que en tomar decisiones racionales. Por eso hay mucha irracionalidad en las medidas porque son, presuntamente, para contentar a medios de comunicación, lobbies farmacéuticos y/o por tomar alguna medida para aparentar que hacen algo. Un doctorado y no se le ocurre nada mejor, al menos ha unido a los españoles en los insultos hacia su persona, menos sus palmeros favoritos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here